Este Real Valladolid está lleno de ilógicas futbolísticas

«El Real Valladolid tiene poca calidad». Ésta es una afirmación muy escuchada en el seno del Estadio José Zorrilla. La situación blanquivioleta se entiende desde los pocos recursos del equipo que, ahora, entrena Álvaro Rubio. El riojano tiene pocas posibilidades futbolísticas, es cierto, pero siempre he defendido que posee más de las que se han utilizado, potenciado y valorado en toda la temporada. El Real Valladolid no tiene una plantilla para estar en la situación en la que está. Ni plantilla ni, sobre todo, jugadores.

«Iván Sánchez no había sido titular en el último mes y apenas había sumado el 12% en los últimos siete partidos»

Sin poder negar que las cualidades del Real Valladolid son limitadas, creo firmemente que este vestuario está desaprovechado. Creo que desde un primer momento está mal gestionado y, con ello y por ello, el rendimiento esta siendo tan nefasto. Pensando, como siempre decía Sergio González, desde la mejor versión de cada uno, el Pucela tiene activos de verdadero nivel e Iván Sánchez es uno de ellos. El empate (1-1) ante la Unión Deportiva Las Palmas ha tenido como gran protagonista. Lo ha conseguido en un duelo en el que no ha sido titular y en una fase en la que no ha tenido peso para el equipo.

Iván Sánchez ha sumado este viernes algo más de media hora, pero no sumaba minutos desde hace tres jornadas. Sin ser titular desde hace más de un mes y con sólo el 12% de los últimos siete encuentros, su situación era ilógica. Lo era antes del rendimiento y lo es, obviamente, tras la aportación sumada ante el equipo grancanario. En el tercio de partido que ha podido sumar, Iván Sánchez ha mostrado ganas, ambición, personalidad e individualidad. En un momento tan crítico como éste, el Real Valladolid necesita jugadores que quieran y necesiten destacar.

Necesidad de él
El clima del Estadio José Zorrilla no invita al optimismo pero, tampoco, al atrevimiento. Pedirla, recibirla y encarar no es fácil. No es sencillo ni habitual, pero Iván Sánchez lo ha hecho este viernes. Ha entrado al terreno de juego en un momento en el que el equipo estaba en el área pero en el que no conseguía cargar los últimos metros. Había presencia, pero era testimonial. Con él, el equipo ha dado un plus y ha conseguido que las acciones en los últimos metros no dejaran opción al contragolpe rival.

«Álvaro Rubio no puede desaprovechar más a un jugador como Iván Sánchez para una situación como ésta»

Con Iván Sánchez en el terreno de juego el Real Valladolid ha sido más fuerte, más consistente y más seguro. Ha firmado una de las mejores fases de juego de la temporada en ataque. Lo ha hecho ante un rival cansado por una inferioridad de más de una hora de juego, pero no hay que olvidar que el que ha firmado media hora de juego consistente, ofensivo y de variantes ha sido el colista, aquél que sumaba seis derrotas consecutivas, gracias al liderazgo de un jugador inexistente en el último mes.

El ’10’ debe tomar mucho más peso en el equipo de cara a las próximas 12 jornadas. El Real Valladolid tiene una necesidad imperiosa de un jugador como él. En un equipo al que le cuesta profundizar, llegar al último cuarto, sumar calidad y tener determinación, un perfil como el del jienense es capital. Iván Sánchez debe sumar y Álvaro Rubio no puede desaprovechar más a un jugador como él para una situación como ésta.

Cuando menos puede valer, más se debería de valorar

Empate en casa, ante un rival de tu nivel y en el que has tenido una superioridad numérica durante más de hora de juego. Los condicionantes al empate del Real Valladolid en la visita de la Unión Deportiva Las Palmas al Estadio José Zorrilla dejan un aroma a decepción, pero, personalmente, me parece un partido interesante para el colista de la competición y para un equipo que acumulaba seis derrotas consecutivas y una victoria en los últimos nueve partidos oficiales.

«Un equipo que llega de ser goleado hace cinco días no puede tener un techo de resultado y sí de intención e ideas»

El Real Valladolid es el peor equipo de la competición por méritos propios. Los pucelanos se han ganado la etiqueta que defiende actualmente con merecimiento. Tanto deportivo como de gestión. El equipo tiene muchas carencias y el Club es un drama. El último ejemplo es ver la manifestación de antes del partido. Ésta ensombrecía el encuentro y, a su vez, lo definía. Es por ello que un equipo que llegaba de ser goleado (7-1) ante el Athletic Club no puede tener un techo de resultado y sí de intención e ideas.

Obviamente, el partido está condicionado por la pronta expulsión de Scott Mckenna pero ésta, lejos de facilitar todo para el Real Valladolid, elevaba una exigencia que este equipo no sabe gestionar en estos momentos. Sumar demandas al equipo de Álvaro Rubio es contraproducente. Pese a que la expulsión del central escocés llegaba con el tanto de Sandro Ramírez en el marcador, la expulsión amarilla no era 100% productiva para los locales. El clima, la situación, el recuerdo del último partido… todo generaba una sensación de presión para un equipo sin carisma.

Cuando no existe fuerza para tomar decisiones y liderar una situación compleja, la exigencia es el peor aliado. Este Real Valladolid quiere y necesita vivir en un perfil bajo y el encuentro no invitó a ello. El momento del Club invita a tener personalidad y, para ello, Álvaro Rubio tiene que dar con los jugadores preparados para ello. Raúl Moro, Iván Sánchez, Florian Grillitsch… Desde ellos se puede llegar a formar un carácter competitivo, como el que ha tenido el equipo en la última media hora ante el equipo de Diego Martínez.

Acoso sin derribo
Sin capacidad para poder cargar el área, el Real Valladolid ha sido vulgar y, ante todo, miedoso. Los pucelanos han necesitado de la individualidad del ’11’ para llevar el partido a un acoso sin derribo sobre la portería rival. La última media hora de juego del colista de la categoría ha sido muy buena. No ha sido propia de un equipo sin argumentos, sin confianza y sin personalidad. Más allá del importante condicionante de la superioridad numérica, los pucelanos han firmado un encuentro para ganar.

La necesidad blanquivioleta de conseguir puntos es altísima pero, antes de ello, el Real Valladolid necesitaba generar recursos y méritos para ganar. Tras varias semanas sin generarlos, la apuesta por los mejores activos para el momento actual y para el duelo en particular han llevado a los pucelanos a sumar un punto, pero a merecer tres. Así, es cierto que sabe a poco un empate, pero por cómo estaba el equipo y por cómo llegaba, el empte, a mal que sepa, más se debe valorar.

Este Real Valladolid necesita un entrenador atrevido

El Real Valladolid ha caído en el Estadio de Gran Canaria en un duelo que ya se había firmado, visto y sufrido esta temporada. Un equipo blanquivioleta con poca credibilidad y capacidad de respuesta ha caído derrotado este sábado ante un rival que no parece necesitar de su mejor versión. Ocurrió en varias ocasiones esta temporada y ha sucedido en un duelo en Las Palmas de Gran Canaria en el que Álvaro Rubio iba a ser examinado. Tendríamos que ser muy cínicos para evaluar al riojano en el primer equipo por este partido. Me niego a pensar que un entrenador se puede quedar en un banquillo con una previsión de más de 20 jornadas por lo que consiga en un duelo que ha podido preparar con un puñado mínimo de entrenamientos.

Creo firmemente que el histórico exjugador pucelano estaba en el banquillo en Las Palmas porque el Club no ha encontrado otro. A la entidad se le cayeron los tiempos la pasada semana y el riojano estaba presente en el banquillo del Gran Canaria casi sin darse cuenta. Entiendo que lo que ocurra en un futuro a corto plazo nada tiene que ver con la undécima derrota del equipo. Me parecería injusto. Es imposible tener respuestas ciertas y seguras cuando apenas llevas una semana en el cargo, pero lo cierto que el riojano ha preparado el duelo como si lo estuviera haciendo el propio Paulo Pezzolano.

En Las Palmas no se ha visto un cambio en el Real Valladolid. Este partido ya se había visto porque el planteamiento ya se había sufrido. La sensación que he creado durante el encuentro es que el entrenador pucelano no conocía a los jugadores. Obviamente esto no es real, pero es la sensación que me ha dado la intervención que el cuerpo técnico ha tenido en el partido. Insisto en decir que es muy difícil poder cambiar un equipo, por poco que sea, en dos o tres sesiones, pero el problema de Álvaro Rubio no ha estado ahí.

Sin atrevimiento
Criticar las sustituciones que puede hacer un entrenador en un duelo es de los más absurdo que se puede hacer en un análisis. No se sabe ni el 10% de los motivos que llevan a producirse los cambios, pero los consecuencias tácticas que estas permutas generan, sí. Bajo este criterio me resultan muy difícil de entender las sustituciones fáciles o, mejor dicho, ‘facilonas’. Creo que un entrenador está para tomar decisiones y no  para «refrescar», tal y como ha justificado Álvaro Rubio la salida del terreno de juego de Marcos André. No voy a señalar a la salida del brasileño como la justificación de la derrota, pero sí como la demostración de la poca intervención que el entrenador interino ha tenido en el duelo.

«Esta dura realidad ya había ocurrido anteriormente esta temporada» | Un partido con los ingredientes de juego de Pezzolano

La idea de partido, en la previa, era una y ésta no ha variado nada durante el propio en encuentro. Así lo dicen los cambios. El Real Valladolid ha jugado un partido determinante para su futuro sin decisiones y sí con cambios sencillos. Ha parecido, desde el banquillo, un duelo casi amistoso para equilibrar cargas y evitar lesiones. «Hombre por hombre» o «cambio de cromos», que se dice en los análisis más básicos. Entrando un poco más en el duelo, Álvaro Rubio no se atrevió o no quiso intervenir en el juego. Es cierto que el equipo es lo que es, que el banquillo era el que era y que el momento del vestuario es muy malo, pero, con todo ello, el momento general era el de arriesgar y atreverse. El suyo y el del equipo. El Real Valladolid debe tener atrevimiento y, para ello, necesita un entrenador atrevido y valiente, y Álvaro Rubio, en Las Palmas, ha mostrado más intención de apaciguar que de activar.

Un partido con los ingredientes de juego de Pezzolano

El Real Valladolid ha perdido, con el viaje a Gran Canaria, un total de 11 partidos ligueros. Los pucelanos rozan las docena de derrotas y en ellas hay un dominador común: el estilo. La forma en la que se han producido un alto porcentaje de esos partidos es la misma de la que se ha visto en el duelo ante la Unión Deportiva Las Palmas. En el estadio canario se ha podido ver a un equipo débil e inseguro, pero no a un Pucela muy inferior a su rival. En esta decimosexta jornada de LaLiga EA Sports, el equipo local no ha sido infinitamente superior a los pucelanos, y es ahí donde está el gran problema blanquivioleta.

La realidad que viene definiendo a los pucelanos esta temporada es aquélla que dice que nadie debe llegar a su mejor versión para ser merecedor de la victoria. Éste es un síntoma que no se ha visto sólo en Gran Canaria. Esa sensación es la misma que se tuvo en Pamplona, en el Estadio Ramón Sánchez Pizjuán, en Vigo, en Getafe o, incluso, en Zorrilla ante el Rayo Vallecano. El Real Valladolid es un equipo tan débil e inseguro que no exige en demasía a su rival. No es capaz de exigirla, pero, tampoco, es necesaria verla para ser superado de forma clara. El Real Valladolid ha perdido ya once partidos y analizándolos fríamente, todos han sido merecidos.

De forma honesta no encuentro ningún partido que haya dejado un regusto a injusticia. Ni los seis que se han perdido por una renta de un gol dejan la sensación de que el Pucela haya estado cerca del empate. Un simple gol, una simple jugada acertada o un error del rival podían haber llevado al Pucela a sumar un punto que no hubiera sido merecido ni, tampoco, buscado. Ésta es la sensación que tristemente deja el Pucela esta temporada y que de forma tan clara se pudo ver en el duelo ante la UD Las Palmas.

Pezzolano, presente
La derrota ante el equipo de Diego Martínez demuestra un equipo sin excesiva fuerza ni convencimiento y, a su vez, un conjunto sin capacidad para ofrecer más. Los últimos minutos del duelo ante el equipo amarillo no se inclinaron hacia la portería local porque el Pucela no supo hacerlo. Sin argumentos para conseguirlo, el duelo se movió por el planteamiento y necesidades del rival. Tras el segundo gol el encuentro muere. Sin argumentos sobre el campo ni una lectura acertada por parte del cuerpo técnico, Las Palmas durmió el juego y el Real Valladolid se sumó a ese sueño en el que pasaron los minutos. Sin carisma, ideas ni empuje, los pucelanos ni vieron pasar los minutos cuando, de repente, el cuarto árbitro mostró el tiempo añadido. Esta dura realidad ya había ocurrido anteriormente esta temporada.

«Álvaro Rubio, en Las Palmas, ha mostrado más intención de apaciguar que de activar» | Este Real Valladolid necesita un entrenador atrevido

Duelos dormidos, sin ocasiones y sin ritmo parecen beneficiar al Real Valladolid, pero nada más lejos de la realidad. Esa idea que había instaurado Paulo Pezzolano en los encuentros pucelanos no tienen nada que ver con las necesidades de un equipo que debe estar activo y exprimido hasta su último gota. El Pucela es un equipo con muchas carencias. Tiene poca calidad y es por ello que ganar los duelos en detalles parece estar muy lejano de su supervivencia. Este guion del partido ha ocurrido tantas veces que el entrenador del Real Valladolid debería haberlo tenido más estudiado para haber trabajado la mentalidad en un duelo que no define a Álvaro Rubio como entrenador pero que, muy posiblemente, le sentencia para dirigir al equipo esta temporada.

El porqué de la errónea intervención de Pacheta

José Rojo, Pacheta, se llevó grandes elogios en su primer partido como entrenador del Real Valladolid en el Estadio José Zorrilla. La victoria (2-0) ante el Real Zaragoza en el mes de agosto llevaba su firma. El burgalés realizó un diseño de partido y una apuesta por Sekou Gassama que no salió bien. Pese a la victoria, el de Salas de los Infantes no se dejó llevar por el marcador e intervino con éxito en el tiempo de descanso. La tendencia del juego obligaba a buscar alternativas y un plan B en el equipo que se consiguió con un cambio llamativo.

Pese a la exigencia con la que Pacheta quería y quiere estar en el Estadio José Zorrilla y los objetivos y obligaciones que ha definido para el equipo en los duelos como local, aquella intervención fue tan llamativa como necesaria. Fede San Emeterio sustituía al mencionado Sekou Gassama y el Real Valladolid comenzaba a tener controlado el duelo y el juego. El partido fue otro tras el descanso y esa necesaria intervención de Pacheta. En aquel momento llegaron los elogios para el burgalés, todo lo contrario de lo que pasó este domingo con la visita de la Unión Deportiva Las Palmas.

El encuentro ante los grancanarios tiene similitudes con el de aquella segunda jornada liguera. Se parecen por detalles que obligaban a una intervención rápida del cuerpo técnico que no llegó. Pese a que el encuentro llegaba al descanso con el empate inicial, el juego mostraba las carencias pucelanas para dominar los tiempos y las necesidades del partido. Sin ver a un rival extremadamente superior al Pucela, los primeros 45 minutos sí que dejaban una tendencia en la que los de García Pimienta eran mejores y, ante todo, en la que se encontraban más cómodos.

El descanso era el momento de cambiar la dinámica y buscar una inercia que hiciera que los pucelanos se metieran en el partido. El Real Valladolid necesitaba equilibrar el juego y saber vivir entre líneas. Sin ser placentero, el duelo de Las Palmas era cómodo y esa fue la gran debilidad del Pucela. Ante ella, Pacheta estuvo mal y lo estuvo por el recelo y la falta de seguridad de intervenir en el duelo. En agosto era más sencillo para él intervenir en el juego y variar al equipo en el descanso o, incluso, antes de él.

Inercia perdida
Con un puñado de entrenamientos y sin tener bagaje liguero, el vestuario pucelano no tenían definidos los estatus y los roles tanto como ahora. Sin creer que actualmente existan jugador que juegan por decreto, sí que creo que este Real Valladolid se rige por unas ‘normas’ que estuvieron muy presentes en el encuentro ante Las Palmas. Que Monchu Rodríguez sea suplente tras sus últimas participaciones es incomprensible, por ejemplo. Lo es tanto como que Álvaro Aguado fuera sustituido antes que Roque Mesa o Sergio León que Shon Weissman.

Este Real Valladolid esta bastante definido y eso, en parte, es un problema. En duelos como éste, la intervención de José Rojo, Pacheta, debía ser directa y sin mirar el bagaje o peso que cada jugador había tenido en el duelo. No es sencillo. Los papeles se obtienen tras muchas semanas y no se puede perder por un partido pero sí se deben gestionar durante un encuentro, algo que Pacheta sí ha hecho en determinados momentos pero no en la jornada 32. Éste fue un error que condenó al Pucela a la derrota y, ante todo, a perder gran parte de su inercia de juego y superioridad.

El Real Valladolid de Pacheta y el problema de la tensión

Sigo pensando lo mismo del duelo del Real Valladolid ante el Real Oviedo. La derrota (3-0) en el Estadio Carlos Tartiere llega por la expulsión de Raúl García Carnero. Obviamente, jugar con 10 jugadores durante 80 minutos lastra a cualquier equipo. Ya en el duelo en inferioridad, el Pucela pudo estar mejor y debió ofrecer más. Los blanquivioleta no entendieron bien el duelo y cayeron por la errónea gestión de José Rojo, Pacheta, del duelo. Ciertamente, el burgalés no está bien en sus últimas intervenciones. Pese a ello, él ya avisó del principal problema vallisoletano en el duelo ante la Unión Deportiva Las Palmas.

Tras la victoria (5-1) ante la Sociedad Deportiva Amorebieta, Pacheta aseguró que la falta de tensión era el principal peligro de su equipo. Sin achacar dicha situación a la derrota en Asturias, sí que considero que esa falta de tensión es uno de los justificantes del mal partido y consiguiente derrota ante el equipo de García Pimienta. No es una cuestión sólo de querer sino de saber cómo querer. El Real Valladolid no estuvo bien desde el inicio del duelo. La entrada de los pucelanos al encuentro fue mala. Los amarillos eran superiores desde el primer balón y fue esa tendencia inicial la que condicionó a los blanquivioleta.

Sin una inercia positiva, el equipo no tuvo carisma ni personalidad para asumir la situación. Se dejó llevar en muchos momentos y sin esa tensión competitiva, nadie sumó. Ni los que estaban en el campo, ni los que salieron desde e banquillo ni, obviamente, el que dirigía la entrada de unos y la salida de otros. En el duelo de la jornada 32 de LaLiga SmartBank se potenciaron los malos momentos y tendencias de varios jugadores. Roque Mesa o Shon Weissman, activos determinantes del Pucela, no mostraron su mejor nivel y multiplicaron las dudas de su momento.

¿Qué es la tensión?
Sin ellos, el Real Valladolid fue muy superior al Club Deportivo Tenerife en el duelo del Heliodoro Rodríguez López. Pese a ello, Pacheta sigue apostando por ellos. El papel adquirido por ambos en la temporada es lógico y el burgalés lo mantiene pese a su estado de forma actual y su ausencia de carisma para liderar al equipo e inyectar toda la tensión que este Pucela necesita para ser él. Por todo lo que se puede generar y con todo lo que ha generado, el momento del Real Valladolid es complicado. Son sólo dos derrotas consecutivas pero el principal problema no está en no haber sumado ningún punto en los dos últimos partidos. El problema está en por qué no se ha sumado.

El Real Valladolid tiene un problema de tensión que se genera por el mal momento de ciertos jugadores y por el rol destacado que puede que muchos de ellos tengan. Con una plantilla como la blanquivioleta, las rotaciones no son obligatorias pero la potenciación de los momentos y los estados, sí. Aahí, falla Pacheta y desde ahí se ha generado el principal problema del equipo. Tensión no es sólo ganar un balón dividido y superar al rival en una acción aérea. La mentalidad y el carisma ofrecen una tensión que el Real Valladolid no tuvo ante la Unión Deportiva Las Palmas y por ello firmó la octava derrota de la temporada.

Cuando lo peor no son las dos derrotas consecutivas…

La visita de la Unión Deportiva Las Palmas al Estadio José Zorrilla ha sido durísima, es durísima y va a ser durísima. Es el partido más complicado de entender de la temporada porque el Real Valladolid se ha visto superado por un rival que no ha necesitado ofrecer su mejor versión para superar ampliamente a los de José Rojo, Pacheta, en el juego. Los blanquivioleta no han estado bien en ningún momento y en ningún detalle. Así se entiende de una forma tan complicada el duelo ante los grancanarios.

El rival te puede superar, como ha sido el caso, pero éste debe estar exigido en ofrecer su mejor versión, detalle que no ha ocurrido. Los pucelanos no han hecho que el rival muestra su mejor versión. La propuesta vallisoletana no ha sido la correcta, la intervención del cuerpo técnico ha dejado mucho que desear y la evolución del juego ha sido, como poco, cuestionable. El Real Valladolid ha estado mal. Lo ha estado durante todo el encuentro y, por ello, la sensación tras el gol de Armando Sadiku era de derrota inevitable.

Pese a que restaba más de media hora hasta el final del partido, el Real Valladolid no dejaba un atisbo de esperanza de poder empatar el duelo. Por un detalle de calidad no sería. Los pucelanos no iban a conseguir sumar en la visita de los de García Pimienta a Zorrilla por un acierto suyo. Solamente un error mayúsculo de los canarios iba a evitar la octava derrota de la temporada. El equipo estaba falto de confianza y de seguridad y, por ello, en el minuto 94 nadie creyó en que Monchu Rodróguez fuera a anotar el libre directo del que disfrutó desde la frontal.

Injusticia propia
El juego del equipo había lastrado la confianza de todo aquel que estuviera viendo el partido y la sensación de que el duelo se había perdido desde el primer minuto era total. Un detalle, y muy posiblemente ajeno, podía hacer sumar al Real Valladolid un punto pero sería un empate ilógico e injusto. Sin analizar el duelo de la UD Las Palmas, sumar bajo este rendimiento blanquivioleta hubiera sido tremendamente injusto. No por el rival y sí por la exigencia pucelana.

Entrando mal en el partido, evolucionando mal, interviniendo, muy posiblemente, de forma errónea pero, seguro, en un momento tardío, la jornada 32 de LaLiga SmartBank deja muchos dudas alrededor del equipo de Pacheta. Con ellas y desde ellas se sustenta la actualidad del equipo y una racha que no sólo son dos derrotas seguidas. A los 180 minutos sin gol se suman las malas sensaciones, las pocas respuestas, las escasas variantes en el juego y la peor versión de Pacheta. Por ello llegan esas dos derrotas y por eso el momento es delicado. Cuando lo peor no son dos derrotas consecutivas… el problema puede ser grande. Puede. De momento, puede.

Hay papeles que ya están muy definidos en el Zorrilla

La Copa del Rey no está o, al menos, no debería estar para que los jugadores con menos minutos se ganen protagonismo sino para que esos suplentes tengan herramientas para ser importantes y salir de su situación. José Rojo, Pacheta, tanto en la previa como en el análisis tras el partido, quiso enfocar que en su equipo no hay etiquetas de ‘titulares’ y ‘suplentes’ sino, más bien, confianza y minutos. «En este momento» o «ahora» han sido matices que el burgalés ha querido imponer en sus análisis para enfocar por qué juegan unos y otros no. El quería aprovechar el encuentro ante la Unión Deportiva Las Palmas para potenciar a diferentes jugadores y, al contrario que en Marchamalo, lo consiguió.

Cristo González, protagonista en la previa, salió, por ejemplo, beneficiado del partido. La segunda ronda de la Copa del Rey ha sido productiva para el jugador tinerfeño. Lo ha sido porque ha conseguido sumar desde donde él sabe y desde donde él necesita ahora. Pacheta se ha adaptado a determinados jugadores y no ha regalado nada. O casi nada. Ha aprovechado tendencias individuales y se ha sostenido en papeles y roles actuales para sacar jugo a este segundo partido. Con todo, el Pucela obtiene un beneficio mayor que el de la clasificación por la naturalidad con la que el equipo ha asumido quién es importante ahora y quién no y cómo se pueden aprovechar esos roles.

Como titulaba en la crónica del partido para ElDesmarque Valladolid, Roque Mesa «guió» la victoria y Shon Weissman la «sentenció». Sin uno y sin otro y, obviamente, sin los dos y, muy posiblemente, sin el peso determinado que cada uno tuvo, el Real Valladolid no hubiera sacado el rendimiento que sacó al partido. La confianza de uno y de otro es alta ahora. El ’17’ y el ‘9’ son estandartes para el equipo en las últimas semanas y sobre ellos se sostiene la victoria copera. Es imposible pensar en la victoria sin ellos y pensar en el rol de ambos sin comprender el momento que viven.

Aprovechando inercias
Siendo los dos los sustentos del Real Valladolid en la actualidad, el equipo se contagia. Tener en el terreno de juego a compañeros en un buen momento de forma es capital para aprovechar la inercia del partido. Sin el empuje, el carisma y la forma de Weissman, el equipo no hubiera superado al rival como lo hizo en la última media hora. Los de Pepe Mel bajaron los brazos, sí, pero es importante preguntarse por qué. ¿Qué hizo que los amarillos dieran el partido por perdido? La evolución del Pucela y la confianza individual de muchos jugadores.

Entendiendo esta situación y esa evolución y mejoría durante el partido como un reflejo del «proceso» que quiere Pacheta, el Real Valladolid aprovecha la clasificación copera para dejar claro quiénes son los jugadores importantes y referencia del equipo en este momento y, a su vez, para destacar a muchos más futbolistas de lo que se pudo hacer en el primer encuentro. Marchamalo sentó peor que la visita de Las Palmas a Zorrilla porque el sustento del equipo era peor o porque, posiblemente, en uno hubo liderazgo y en el otro, no. Cuestión de los papeles en el equipo y de la utilización de estos.

Pacheta le da un enfoque relevante a la Copa del Rey

Lo confesé y lo mantengo. No me gustó cómo preparó José Rojo, Pacheta, la primera ronda de la Copa del Rey. La visita del Real Valladolid a Marchamalo estuvo, bajo mi punto de vista, mal gestionada. Rotar tanto como hizo el equipo daba la sensación de regalar minutos. El equipo no gestionó el partido. Miró quién llevaba menos peso, carga y protagonismo en los últimos encuentros y los seleccionó. Más tarde los intentó ordenar. Fue un intento porque, visto lo visto en el césped alcarreño, la prueba no fue productiva. No lo fue para el equipo ni para ninguno de sus jugadores.

Nadie salió beneficiado del primer encuentro copero de la temporada, hecho muy diferente del que ha ocurrido con la clasificación ante la Unión Deportiva Las Palmas. A nivel de nombres, ninguno de los activos utilizados en Marchamalo ganó peso en ese encuentro. No fue sólo por el resultado sino por cómo lo gestionó el cuerpo técnico. Era difícil que alguien pudiera salir beneficiado de aquello. Semanas después pero sólo una ronda más, el Real Valladolid vivió todo de manera diferente porque Pacheta lo gestionó de otra forma.

Si bien es cierto que varios de los jugadores seleccionados en el once titular estaban incluidos casi por obligación, la posición de algunos era llamativa. Ver a Diogo Queirós como lateral derecho o a Raúl Carnero como central zurdo ponía en dudas el planteamiento de un Pacheta que generaba cierta confianza al tener a Roque Mesa y Sergio León en el once titular. Tener activos de renombre en la temporada sobre el terreno de juego genera importancia sobre la Copa del Rey y el burgalés lo consiguió por la presencia de ambos y, ante todo, por la gestión que hizo del encuentro.

Contextos y protagonistas
Dar entrada a Shon Weissman, Toni Villa y Rubén Alcaraz en el minuto 60 fue un gesto de ambición copera que el equipo demandaba y que este vestuario necesitaba. Este movimiento no se valora por la victoria final sino porque es este movimiento el que genera la victoria final. El Real Valladolid dio un paso de cara a la última media hora y fue por ello por lo que el encuentro tomó los tintes con los que se le va a recordar. En un partido de miércoles, Roque Mesa, Shon Weissman, Toni Villa y Sergio León, jugadores con peso en la actualidad, disputaron más de un tercio del partido y hacen del nuevo enfoque copero del equipo un acierto. Desde ellos se creó la victoria y se ayudó a otros activos pucelanos.

Si Pacheta quiere recuperar a Cristo González le debe ofrecer los registros que éste demanda. Si Lucas Olaza debe ser un jugador importante, el uruguayo debe jugar en su posición. Si Kike Pérez y Anuar Tuhami deben tener un peso destacado y no residual, deben sumar minutos de calidad. Si Kiko Olivas tiene que recuperar su tono físico y su confianza plena, debe disfrutar de minutos de liderazgo. Como bien narró Pacheta tras el partido, el encuentro deja el regusto de estar bien gestionado. La victoria amplía esa sensación cuando en realidad es una consecuencia de que el cuerpo técnico haya dado a la Copa del Rey un enfoque importante, ese que tanto necesita este equipo y este Club.