Iván Sánchez, el gran señalado tras la lesión de Plano

La temporada 2021/2022 ha terminado para Óscar Plano. El ’10’ del Real Valladolid no va a poder sumar ningún minuto más hasta el final de la presente temporada. El Pucela sufre y José Rojo, Pacheta, más. La ausencia del madrileño debilita la propuesta y la confianza del entrenador burgalés por la importancia que tiene para él en un concepto en el que siempre le ha destacado: el «interlineado». Para el cuerpo técnico, Plano es un jugador único en el juego entre líneas. Esa capacidad de asociación de mediapunta del ’10’ parece única en la plantilla pucelana, pero no es así.

Analizando las muchas posibilidades que el vestuario blanquivioleta ofrece para sustituirle, Iván Sánchez es la más similar para conseguir ese «interlineado» mencionado por Pacheta recientemente. Si bien es cierto que Gonzalo Plata es el principal candidato para tomar su puesto y adoptar un rol capital en los próximos meses, Iván es el gran señalado para tomar el peso, la relevancia y el juego de Óscar Plano.

Ambos, madrileño y jienense, son jugadores zurdos que se sienten más cómodos en el perfil derecho. Buscando el juego interior, como Gonzalo Plata, ambos ofrecen su mayor confianza y su mejor rendimiento, por ese orden. Los tres, contando al ecuatoriano, optan por jugar en dicha posición, pero entre el ’12’ y los otros dos hay una gran diferencia en cómo ser diferencial y marcar diferencias. Si bien es cierto que Iván posee una conducción más vertical que Plano, las demandas para ser ese jugador interiorizado que sepa asumir peso en la recepción de balones y pases de seguridad son intrínsecas al propio ’21’.

Con 100 minutos
El perfil de Iván Sánchez tiene muchos de los detalles que, ahora, deja sueltos la lesión de Óscar Plano. Por momento de la temporada, el Pucela necesita liderazgo y personalidad. Él la tiene. A los atributos psicológicos se suman, obviamente, los futbolísticos. En ellos, y con casi 100 minutos ya en las piernas, Iván está para sumar esa variante del juego que deja Óscar Plano.

Asumiendo que será Gonzalo Plata el futbolista que tome galones y fuerza en las próximas semanas sin el ’10’, Iván Sánchez, por su parte, ofrece esos registros que para Pacheta son tan importantes. Él los pone sobre la mesa y el burgalés, obviamente, los conoce. Por ello llegaría al Estadio José Zorrilla en invierno y por ello se va a ver, ahora, la mejor versión del jugador. Seguro.

¿Qué pierde el Pucela con la lesión de Óscar Plano?

La temporada esta llegando a su final. La mejor muestra para verlo es la forma en la que el Real Valladolid anunció la lesión de Óscar Plano. El ’10’ sufrió una importante rotura muscular en la victoria (4-1) ante el Club Deportivo Lugo y se perderá «lo que resta de temporada», tal y como anunció el Club en su página web. De esta forma, el Pucela pierde a un jugador muy importante. Inicialmente, el análisis a la ausencia del madrileño se analiza desde la vertiente de ser uno de los jugadores más utilizados por José Rojo, Pacheta, pero, también, por un activo que no estaba rindiendo a su mejor nivel.

Tres goles y cuatro asistencias en los más de 2.100 minutos sumados esta campaña en LaLiga SmartBank hablan de un rendimiento débil del jugador pero, a su vez, destacan el importante peso que ha tenido para el cuerpo técnico en las 34 jornadas disputadas hasta la fecha. Óscar Plano ha sido capital para Pacheta. Más para el entrenador que para el equipo. El burgalés lo ha utilizado en 32 jornadas. Siempre que ha podido, le ha dado minutos y en 28 de esas 32 fechas, desde la titularidad. El peso del jugador ha sido capital y en muchos momentos no se ha entendido el porqué. El peso no estaba unido al rendimiento, pero sí a detalles que para Pacheta eran y son capitales.

La confianza que el entrenador burgalés ha tenido en el ’10’ en esta temporada ha sido importante. Dejar a dos delanteros en el banquillo para darle la titularidad a él en determinadas fase de la temporada habla del peso que Pacheta quería para Plano. Asegurando que rendía mejor «por dentro», Pacheta confió en Plano como enganche en momentos clave de la temporada. No era una apuesta más. Se trataba de la potenciación de la mayor virtud que el de Salas de los Infantes veía en el jugador: el «interlineado».

La seguridad de Pacheta
En una de sus últimas comparecencias, Pacheta destacó el peso de Óscar Plano entre líneas. Para el entrenador, el ’10’ era capital en la salida de balón y, ante todo, en la exigencia blanquivioleta de superar líneas. Situándose y buscando siempre el juego interior, Plano daba mucho al Real Valladolid. En esa idea de ser vertical, estar presente en campo contrario y generar superioridades, el ’10’ era un punto diferencial. Pacheta lo sabía y se mostraba tranquilo y convencido de obtenerlo.

«La lesión de Óscar Plano es dura para el Real Valladolid ero, sobre todo, para las ideas y planteamientos de Pacheta»

Pese a que el jugador nunca se ha mostrado cómodo de la temporada y jamás ha tenido un rendimiento regular, Pacheta no le ha retirado su confianza. Esa cierta facilidad para aparecer en una línea superior en la que está el balón, esa seguridad para ofrecerse como pase de seguridad filtrado, esa calidad para descargar el juego… Esos movimientos del ’10’, que, a su vez, son tan de mediapunta, han valido para que el jugador tuviera un peso destacado en la temporada y para que su lesión sea una triste noticia. Perderle es duro. Lo es para el equipo pero, sobre todo, para su entrenador. La confianza que Pacheta tenía en él iba por encima de la posición e, incluso, del rendimiento.

En este Real Valladolid, Óscar Plano ofrecía conceptos que eran capitales para los contextos en los que se ha movido el juego del equipo y en los que se va a mover. Ya fuera con posesiones breves pero verticales, como hasta la fecha, o con manejos del balón de mayor control y calidad, como se espera en las próximas semanas, Pacheta quería a Óscar Plano. El entrenador veía este proyecto con el ’10’ y, ahora, en el momento clave lo tendrá que detallar sin las cualidades de un mediapunta que pocas veces se ha movido en su verdadera demarcación peor que nunca ha dejado de ser importante.

El Real Valladolid necesita jugar siempre con extremos

La victoria (1-2) del Real Valladolid ante la Agrupación Deportiva Alcorcón ha dejado muchas dudas. Tanto en caliente como en frío. Los tres puntos en el Estadio de Santo Domingo no han arrojado tranquilidad al bando blanquivioleta y no lo han hecho, entre otros asuntos, por cuestiones futbolísticas en las que José Rojo, Pacheta, no estuvo acertado. El entrenador blanquivioleta varió el esquema en el duelo de la jornada 33 de LaLiga SmartBank y el equipo no se mostró ni seguro ni convincente.

Al Real Valladolid no se le vio cómodo en tierras alfareras y no lo estuvo porque el esquema privó de los jugadores que más necesita este equipo. Pese a que la nueva formación y dibujo blanquivioleta se definía por la presencia de Monchu Rodríguez, Álvaaro Aguado y Roque Mesa, el problema no está en los tres y sí en la desaparición de los extremos. Perderlos es limitar la fase de construcción de este equipo, ralentizar su velocidad de juego y privar de muchas de las superioridades que el equipo suele y sabe generar. Jugar con tres futbolistas por dentro es una propuesta que puede beneficiar al Pucela siempre y cuando se acompañe bien esa idea.

Juntar a los tres jugadores que se unieron en el centro del campo de Alcorcón es sinónimo de necesidad de balón, calidad en la conducción, relativa facilidad para superar líneas rivales y carisma para llegar al área rival y a las inmediaciones de la portería rival. Juntar al ‘8’, al ’16’ y al ’17 significa querer protagonismo pero, para ello, se les debe acompañar de detalles que Pacheta no les dio en esta ocasión.

El Real Valladolid se pierde cuando juega con tres centrocampistas porque siempre que lo ha hecho ha carecido de extremos y de esas sujeciones para llegar al último cuarto que ofrecen jugadores exteriores en zonas de peligro. Pacheta quiere un equipo ofensivo y vertical y, así, debe llegar en superioridad a los últimos metros. Para ello tiene que ser bueno en el juego exterior y, ahí, falló la propuesta en Alcorcón. Generar un pase de seguridad hacia un extremo fija a la defensa rival y en ese detalle el Pucela no estuvo acertado en su último partido.

Su propia identidad
Pacheta quiso fijar al equipo rival en zonas interiores para dar protagonismo a los laterales. La elección de esas demarcaciones no fue un error por la circunstancia de los elegidos y sí por la exposición que se hizo de ellos. Arriesgar con un activo no es el proceder habitual de Pacheta pero el burgalés lo hizo al privar al equipo de la sujeción que ayuda a ganar verticalidad, a ser superior en ataque y a ser dominador en campo rival.

«Con extremos, el Real Valladolid tiene mayor capacidad para dominar el partido y generar sus contextos»

Siendo cierto que este equipo quiere llegar en oleadas y con jugadores en varias líneas y zonas de remate, el Real Valladolid necesita fijar a jugadores en el juego exterior. Antes de la llegada de los laterales y de las posibles superioridades que generen, el actual Pucela demanda una referencia exterior desde la que iniciar muchos de sus ataques y con la que sujetar a las defensas rivales. Desde ella el Real Valladolid se convierte en un equipo con su identidad y con mayor capacidad para dominar el partido y generar sus contextos. Todo lo contrario de lo que ocurrió en Alcorcón.

Los dos términos en los que se mueve el Real Valladolid

El Real Valladolid está en un momento de dudas. Es lógico. Dos derrotas consecutivas llevan a ello. Tras la derrota (0-1) ante la Unión Deportiva Las Palmas aseguré que la derrota en el Estadio José Zorrilla no hacía saltar las alarmas, pero que sí hacia saltar muchas dudas. Sin saber qué es peor, la realidad habla de una situación compleja en el equipo blanquivioleta. El Pucela está tocado, pero sólo eso. La situación es complicada pero no límite, ni mucho menos, y es por ello que José Rojo, Pacheta, debe entender bien en qué momento está el equipo y qué demanda éste de él.

A diez jornadas para el final de la temporada, el Real Valladolid tiene un estilo, una dinámica y una inercia pero todo ello se ha visto debilitado en las dos últimas jornadas. Las dos derrotas han frenado la euforia y han aumentado las dudas y las suspicacias. Los ojos están más abiertos que nunca y creo, honestamente, que es positivo. A falta de diez partidos o, quizás, de 14, es positivo que todo merezca una reflexión pero, con todo y con ello, el término que debe definir a la actualidad pucelana debe ser el concreto y el preciso. El Real Valladolid no debe romper con todo pero sí tiene que detallar todo.

El tiempo será el único juez que valore esta pequeña crisis de resultados, pero las dudas actuales pueden haber llegado en un momento crucial y capital de la temporada. Los dos resultados y las dudas generadas pueden y deben ser ese toque de atención que obligue a que el Real Valladolid detalle determinados aspectos de su juego y de su gestión. Llega un momento crucial y definitivo y no todo se puede afrontar de la misma forma. Creyendo que ahora se puede entender cierto resultadismo para analizar un partido y sabiendo que los detalles son más determinantes que nunca, detallar todo lo que engloba al Real Valladolid en estos momentos es capital.

En dinámica
Con 32 jornadas, el equipo blanquivioleta está en situación de ascender. Ha perdido cierta inercia pero todo depende de sus partidos. Haciendo sus deberes, el Real Valladolid ascenderá, pero, ahora, importa mucho cómo hará esos deberes. No es cuestión de forma de jugar y sí de detallar cómo actuar, jugar, gestionar y afrontar determinados resultados. El Pucela tiene su inercia y vivirá de ella siempre y cuando entienda cómo detallar la realidad que le vive.

Si se entiende esta actualidad como lógica en una competición tan ajustada, los detalles harán grande a un Real Valladolid hecho en más de un 80% pero sobre el que quedan diferentes detalles que son determinantes para fortalecer al grupo y potenciar el juego.

Detallar siempre es interesante. Romper con lo establecido, no, porque en esta ocasión, además, innecesario. Así, la diferencia de términos entre detallar el estilo y el modelo y romper con ambos es capital en la realidad del Real Valladolid. Esa es la que debe liderar Pacheta en las próximas semanas. En la respuesta de las dos o tres próximas jornadas estará la detección de cómo se ha gestionado la actualidad y cómo se ha detallado un estilo y un camino que ha llevado al Real Valladolid a depender de sus partidos para conseguir el objetivo.

La gestión de Pacheta está obligada a un nuevo estilo

José Rojo, Pacheta, ha tenido muy claro desde su primer instante en Valladolid cómo quiere que sea gestionado su equipo. Él tiene una idea y ésta está por encima de muchos aspectos futbolísticos. Mirando el aspecto humano antes que el deportivo, como él mismo ha narrado, el entrenador burgalés ha marcado la temporada por una gestión en la que todos los jugadores se sientan importantes y aquélla en la que, pese a los papeles instaurados por la competición, el futbolista sea el gran protagonista. Hasta la fecha, la gestión de los partidos define cómo quiere Pacheta que sea su equipo.

La variación del reglamento ayuda mucho a esta idea del cuerpo técnico. La posibilidad de cinco cambios amplía la rotación de minutos y la potenciación de todos los jugadores, pero estos son detalles que no siempre son positivos. En la dura derrota (0-1) ante la Unión Deportiva Las Palmas, el Pucela volvió a ser un equipo que quemó todas sus ventanas y sustituciones. El Real Valladolid explotó el reglamento, pero no consiguió ser mejor en el final del encuentro que en el inicio. No es lo habitual pero tampoco es la primera vez en la que el equipo acaba peor un partido de lo que lo empieza. Los cambios pueden limitar las capacidades y respuestas del equipo y, ahora, con sólo 10 jornadas por delante, llega el momento de Pacheta.

Los dos últimas jornadas han lastrado a los pucelanos. El Real Valladolid no ha sumado ni ha marcado y las dudas han saltado en el mundo blanquivioleta y, posiblemente, en pequeños detalles del propio vestuario. En esta fase de la temporada y ante este golpe, el Pucela necesita liderazgo y éste lo debe ofrecer su entrenador. Por el momento y la tendencia, Pacheta debe asumir y aglutinar más peso que nunca y desde ese nueva perspectiva tendrá, muy posiblemente, que asumir un nuevo rol y, quizás, hasta una nueva gestión.

Los detalles de la inercia
No es momento de dudar del trabajo realizado ni, tampoco, de romper con lo establecido, pero sí es la fase clave para tomar el poder de la situación y asumir exigencias tan nuevas como necesarias. Sabiendo cómo está ahora el equipo y a qué se va a enfrentar en las próximas semanas, el objetivo del equipo está en el grupo y no en sus individuos. El motor del grupo son los futbolistas y sin destacar ni potenciar a todos y cada uno de sus integrantes el avión no despega pero, ahora, el objetivo es otro. El Real Valladolid ya tiene su inercia. Sea mejor o pero es la suya y ésta se ha creado por el estilo de gestión de Pacheta. Ahora, con esa inercia, deben cambiar ciertos detalles.

Ha llegado el momento del entrenador, de su personalidad y de su convencimiento lejos de los minutos de juego. Pacheta ha querido convencer a sus jugadores desde las oportunidades de la competición. Ahora, la exigencia es otra y la necesidad, también. El Real Valladolid demanda un liderazgo que actualmente no existe pero que su entrenador sabe dar. Seguro. Tras llegar a la jornada 32 con una gestión en la que los jugadores eran los protagonistas, las últimas diez fechas piden que Pacheta tome un protagonismo especial y determinante.

Si Paco Herrera hablaba siempre de la importancia de las últimas 10 jornadas para localizar el mejor estado del equipo y de sus jugadores, en esta temporada los últimos 30 puntos miran directamente al entrenador y a su gestión de vestuario. Éste se ha regido por un estilo durante todo el año pero, ahora, en el momento clave, la situación merece un pequeño cambio y un liderazgo ciertamente más autoritario y directo de su máximo responsable. Ahora, en lo que a gestión se refiere, sólo preocupa cómo consigues los objetivos y no con quién.

¿Tan preocupante debe ser la derrota en el Tartiere?

«El tramo final de la temporada es aquel en el que Oviedo es la excepción del «proceso» del equipo de Pacheta», aseguré este lunes en el análisis de la derrota (3-0) del Real Valladolid en el Estadio Carlos Tartiere. Lo aseguré y lo mantengo porque creo firmemente que el equipo blanquivioleta vivió un mal día en Asturias. La decepción pucelana llega por el resultado firmado. Encajar una goleada como la que sufrió es un mazazo para un conjunto que llegaba con unos datos y sensaciones envidiables. Son éstas, las ideas y no los marcadores, los que me hacen confiar en el momento del equipo y, a su vez, en su respuesta a corto plazo.

El encuentro de este sábado ante la Unión Deportiva Las Palmas es un duelo capital para calibrar la respuesta pucelana y, ante todo, para descartar preocupación sobre un equipo que fue superado, sí, pero que estuvo condicionado. Detrás de cada partido hay un análisis futbolístico y en Oviedo el Real Valladolid no estuvo bien, pero no lo estuvo porque no supo actuar ni responder con 10. ¿El Real Valladolid estuvo bien en su partido desde el minuto 14? No. ¿El Pucela pudo ofrecer más? Sí. ¿Debe haber preocupación en el seno blanquivioleta por el partido en Oviedo? No. ¿Puede ser el resultado obtenido un punto de inflexión negativo? Obviamente, no.

Analizar el encuentro del Real Valladolid en Oviedo obliga a dos puntos. Por un lado está la exigencia de ver y saber que el equipo tuvo que ofrecer más y que Pacheta debió ofrecer una mejor intervención y, por otro punto y totalmente opuesto, entender que el duelo estaba condicionado y que no cambia la tendencia del equipo en los últimos tres meses. ¿Debe variar la percepción sobre el Pucela una derrota como ésta? ¿Se debe imponer un partido así sobre una dinámica de 11 jornadas sin perder?

Nula preocupación
Las dos preguntas dejan una respuesta negativa y la tienen porque una excepción nunca cambia el camino. El fútbol, en esta ocasión, no es como la vida. Cuesta mucho conseguir una buena inercia de juego, tanto como una buena imagen. En la vida esa buena imagen se puede perder por un detalle. Una tendencia futbolística no se pierde por un partido y menos si ese partido se disputa bajo los condicionantes en los que estuvo el Real Valladolid en Oviedo. Con esos contextos y, ante todo, con la figura de Pacheta, la preocupación blanquivioleta por el Tartiere debe ser nula.

«Todos los equipos sufrirán resultados como éste, pero no todos con partidos tan contextualizados como el del Real Valladolid en Oviedo»

Si en tramos como el actual todas las temporadas se habla de que el que más nervioso se ponga no «sale en la foto», este año, más. Sabiendo que el objetivo se conseguirá por detalles y por la fuerza, credibilidad y seguridad en los duelos directos, la lectura sosegada, creíble, ambiciosa y realista de resultados y partidos como el de Oviedo harán fuerte al Real Valladolid. Todos van a conseguir resultados así, si no lo han hecho antes, pero no todos los sufrirán en un partido tan contextualizado como el del Tartiere.