Sergio González siempre nos engañó por los resultados

Después de la dolorosa derrota (2-1) ante el Girona FC, el Real Valladolid afronta la sexta jornada de LaLiga Santander con un encuentro importante. Cualquier duelo en el Estadio José Zorrilla es capital, pero si el rival es un conjunto que está, clasificatoriamente, por debajo de los blanquivioleta, más. Así, la visita del Cádiz CF es importante para las aspiraciones y evoluciones pucelanas. El conjunto vallisoletano recibe al equipo gaditano y, por consiguiente, a Sergio González. Considero que la visita del entrenador catalán no es relevante para los de José Rojo, Pacheta, pero su regreso obliga a una reflexión.

Pese a que éste fue un rincón en el que se analizó mucho al entrenador catalán en su etapa pucelana, los tiempos de su salida y despedida evitaron un análisis final sobre una figura que, con total sinceridad, considero negativa para el Real Valladolid. Como no me considero resultadista quiero analizar a Sergio González sin poner el foco en las dos salvaciones, el ascenso y el descenso. Quiero opinar sobre su figura por cómo fue su etapa en Zorrilla y qué legado dejó tras ella. 

Analizar el Real Valladolid que se encontró José Rojo, Pacheta, es un drama. Futbolísticamente, el Real Valladolid era un equipo roto. Los futbolistas pucelanos eran jugadores sin alma, sin confianza, sin seguridad y, lo que es peor, sin apego. Ahí, contribuyó el cortoplacismo y la simpleza desde la que trabaja el catalán, alguien que bloqueó las posibilidades de crecimiento de la institución porque los resultados taparon mucho de lo que él mostraba al vivir de la gestión de rentas e inercias.

Sergio González hizo que el Real Valladolid consiguiese un ascenso. Aquél fue su gran mérito, aunque quizás se le elogió de forma excesiva por él. Ésta es una opinión que siempre he expresado. Adquirió un equipo roto, sí, pero contra el anterior entrenador. Físicamente, aquel equipo estaba bien y, fútbolísticamente, tenía jugadores asentados. Recibió un Jaime Mata con 26 goles, por ejemplo. Aquéllo queda lejos pero demuestra el aprovechamiento de situaciones e inercias. Sergio es un entrenador que no tiene capacidad de crear. Aprovecha lo que se encuentra o lo que consigue. Lo ha demostrado en todos los sentidos.

Detalles y gestiones
Detalló correctamente al Real Valladolid de Luis César Sampedro y consiguió un meritorio ascenso. Posteriormente, aprovechó la inercia creada en aquel ascenso y consiguió una permanencia. No sin dificultades para crear nuevas situaciones. A Sergio le costó mucho incluir a Enes Ünal en sus planes. Al turco y a otros tantos. Daniele Verde, Hatem Ben Arfa, Kike Pérez, Jorge de Frutos, Jota Felipe… ¡Álvaro Aguado! ¿Cuántos de esos jugadores parecían no tener nivel para LaLiga Santander? Sergio se debilita cuando debe crear un punto de crecimiento.

Con todo, se encontró en una encrucijada que creyó que sabría dominar porque creía que él estaba por encima del Club. Por momentos, el catalán se creyó el motor del Club. Se lo creyó porque, en parte, se lo hicieron creer desde algún sector externo a la entidad. Sergio González, en 2019, ninguneó a aquéllos que no le veían capaz de liderar el barco pucelano. No les dio argumentos para que creyeran en él ni se atrevió a debatir con ellos. Como siempre ha visto una crítica como un ataque, impuso vivir del pasado porque había conseguido resultados, aquéllos que consideró históricos para una insititución como la blanquivioleta.

Aunque cueste dejar a un lado en este análisis el menosprecio con el que Sergio González siempre trató la historia del Real Valladolid, entiendo que su principal problema fueron los resultados y los detalles escondidos que estos dejaron. Se creó una corriente sobre él que nunca comprendí y que, muy posiblemente, generó esta situación. Si un entrenador que consiguió un ascenso y dos permanencias puede no ser bien recibido en Valladolid es que su legado es negativo y el de Sergio lo es. Indudablemente.

Su triste legado
El actual entrenador del Cádiz CF consiguió que la mediocridad se instalase en el Estadio José Zorrilla. Cuando tuvo que crear y responder con liderazgo se le vieron unas costuras que nunca había conseguido tapar con rotundidad. Siempre estuvieron presentes pero las salvó por errores ajenos y nunca por aciertos propios. Éste es un punto del análisis sobre la figura de Sergio que se quiso ignorar y que él supo gestionar para que se tapase. Las salvaciones se veían como éxitos históricos cuando estas están firmadas más por detalles ajenos que por méritos propios.

Sergio González llegó en 2018 al Estadio José Zorrilla desesperado para aprovechar una bala inesperada en su carrera que supo gestionar. Ahora, Sergio vuelve a Valladolid, aquélla ciudad que no le debe nada. Absolutamente nada. Su regreso llega en un ambiente que no es hostil pero que no será cómodo. Su legado obliga a ello. Siempre quiso engañar con lo que había conseguido. Siempre quiso que se viera más el envoltorio de su etapa que la realidad que había tras él. Lo hacía porque sabía que el interior estaba vacío. Su legado era inexistente.

Sergio se va sin dar las explicaciones que prometió

Sergio González ya es historia del Real Valladolid. Mucho más tarde de lo esperado y necesitado, el entrenador catalán ha dicho adiós al Estadio José Zorrilla. Lo ha hecho mal pero, a su vez, ha firmado esa salida en el nivel al que ha estado en los últimos meses. Creyendo desde el inicio de la temporada que ésta era una campaña que, muy posiblemente, sobraba al entrenador por cómo afrontó el año desde un inicio, la evolución de la temporada ha ido aumentando sus carencias y, a la vez, su falta de respuesta y liderazgo.

Sergio ha sabido estar en la foto para las celebraciones y los elogios, pero no ha sabido dirigir al equipo en los momentos duros. Sin capacidad para esas fases donde el líder demuestra su peso y convencimiento, el final de la temporada y su despedida están al nivel de los últimos meses del equipo y del propio entrenador. El Real Valladolid no ha estado a la altura de la competición cuando más exigente era el momento.

Ni el equipo, ni los jugadores ni, tampoco, el entrenador. Sergio no ha sido el líder que necesitaba el Club en la gestión de la temporada ni en su final. Demorar la despedida y hacerla tan irreal como decidió Miguel Ángel Gómez no es lo que necesita el entorno. Ya no sólo el aficionado sino, también, todo lo que engloba al Real Valladolid exigían un análisis. No era cuestión de justificaciones o perdones, era una necesidad de explicaciones valientes, con personalidad y argumentos.

Constantes debilidades
Tras el fracaso y con el equipo en LaLiga SmartBank asegurar que la afición es el «corazón» del Club o que son días «duros» son mensajes vacíos. Sergio González era el responsable técnico del Real Valladolid y, como tal, debía explicar y analizar cuestiones deportivas que nunca quiso hacer durante la temporada. Emplazando siempre a final de temporada, Sergio esperaba a su marcha voluntaria y no a su destitución para analizar la temporada. 

La realidad ha sido otra y el Real Valladolid ha descendió y, por consiguiente, el catalán se ha escondido detrás de un comunicado lleno de tópicos. Como en sus respuestas preparadas de las ruedas de prensa, el ya exentrenador pucelano deja atrás su etapa en Zorrilla confirmando que hace mucho tiempo que dejó de ser lo que necesitaba el Real Valladolid en cualquier aspecto. Futbolístico, social o de liderazgo. Las sensaciones siempre fueron rotundas sobre él, pero los tiempos y la forma de su despedida las confirman. ¡Adiós, Sergio!

Sergio González abandona Valladolid siendo entrenador

«Sé cómo funciona el fútbol». Ésta ha sido una frase muy escuchada de Sergio González en su estancia en Valladolid pero, sobre todo, en la última temporada, cuando peor han ido los resultados y mayor ha sido la exigencia sobre su figura. El catalán ha sufrido un importante desgaste en estos últimos meses pero estoy convencido que valorará mucho lo vivido en esta campaña con el paso de los años. Su primer gran golpe en los banquillos le hará analizar todo su trabajo y mejorar y perfeccionar diferentes enfoques que ha realizado en esta temporada. El principal cambio que tendrá Sergio tras este año será el prisma desde el que mira el fútbol.

Tres temporadas dan para mucho y tres años en un banquillo cambian a cualquiera. Sergio no ha sido diferente y ha vivido una importante variación. Ahora, su perfil de entrenador nada tiene que ver con el estilo con el que llegó a Zorrilla. El catalán llegó a Pucela como una prueba en la que nadie perdía nada y se va como un entrenador con cartel de Primera. Pese al descenso, Sergio se ha creado un nombre pero, sobre todo, ha variado su pensamiento y su forma de ver y afrontar la realidad del día a día porque él ya es un entrenador.

Creyendo que Sergio siempre se ha visto como un jugador, los últimos meses le han obligado a analizar todo como el preparado que es. Ya no es visto ni se debe mirar como un jugador metido a entrenador. Sergio González ya es y ya se ve como entrenador y esa variación le ayudará a su futuro pero, tristemente, ha costado un descenso al Real Valladolid. La gestión que el catalán ha hecho no ha sido la mejor y no la ha sido porque esta temporada no ha sabido mirar como tocaba o porque, quizás, lo hizo muy tarde.

Mala elección del momento
Sergio ha sido el protagonista de toda la temporada, un rol y un peso que no le tocaba pero que, en gran parte, le ha gustado. Creo que en muy pocas ocasiones se ha dado tanto protagonismo a los resultados de unaa temporada como con Sergio en el Real Valladolid. El equipo era de «autor» y las temporadas, también. Ha sido el protagonista para las victorias y las derrotas. Ahí ha estado el error del catalán. Creo que él lo ha potenciado porque creo que a él le ha gustado estar siempre con la sensación de sentirse aún jugador y no mirar su realidad como la del entrenador.

Con todo, la gestión no ha sido buena y no la ha sido porque Sergio no era, tampoco, en esto lo que necesitaba el equipo, tal y como se confirmó en Vitoria. En aquella rueda de prensa, el catalán vio que el equipo no aceptaba su estilo y, por ello, quiso sacar pecho y marcar territorio. Era tarde pero, muy posiblemente, fue la puntilla para matar su liderazgo y convencimiento sobre una plantilla con la que rompió en aquel momento, el único en el que Sergio no miró como ha hecho siempre pero como dejará de hacerlo tras esta temporada: con el prisma de jugador.

Sergio debe hablar para cerrar esta horrible temporada

Ya se ha superado una semana desde que el Real Valladolid perdiera la categoría de forma oficial. Ésta, muy posiblemente, se consumó antes de la visita del Atlético de Madrid, pero el paso colchonero por Valladolid lo certificó. Horas después, el Club confirmó las destituciones de Miguel Ángel Gómez y Sergio González. Si bien el director deportivo ha realizado un comunicado desde sus redes sociales, de Sergio no se sabe absolutamente nada. El catalán no ha analizado nada y no se ha despedido.

Pese a que durante la temporada he sido muy crítico con el catalán y aunque su discurso haya sido uno de los principales problemas del Real Valladolid en los últimos años pero, sobre todo, en la última temporada, Sergio se debe despedir del mundo blanquivioleta con una rueda de prensa. Debe hacerlo porque debe contestar a múltiples preguntas que emplazó al final de temporada.

Durante las últimas comparecencias de prensa, aquéllas en la que el catalán aseguraba tener la situación controlada y con confianza para la salvación, Sergio sólo miraba al corto plazo y no quería analizar ninguna situación de forma completa. Ni personal ni global. «Todo a final de temporada», aseguraba. Desde esa confianza en salvar la categoría, Sergio esperaba que el análisis fuera desde una salvación que lo empañaría todo y que reduciría muchas de las cuestiones.

Una vía real
Con el Club en LaLiga SmartBank es momento de que Sergio analice qué ha pasado, por qué ha tomado ciertas decisiones y cómo ha vivido diferentes hechos que, muy posiblemente, no pudiera comentar siendo un trabajador del Club. La temporada 2020/2021 tiene muchas preguntas sin respuesta y estas obligan a que director deportivo y entrenador hablen y no a que se comuniquen desde sus redes sociales. Miguel Ángel Gómez optó por una vía menos real y, quizás, más cómoda pero tras una semana nada se sabe del que ha sido entrenador del Club en las tres últimas temporadas y media.

Sabiendo qué es mucho de lo que va a decir Sergio y cómo se va a querer justificar, la necesidad de que la temporada 2020/2021 termine tiene un punto importante en la rueda de prensa del entrenador. Convencido de que al estar desvinculado del Real Valladolid dará cierta de esa sinceridad que tanto ha necesitado el Club este año, la temporada del descenso se cerrará con el adiós y las palabras de su mayor y máximo responsable.

¿Por qué Sergio nunca supo resetear con naturalidad?

Sergio González ha demostrado en sus más de 300 comparecencias como entrenador del Real Valladolid que es un preparador que explota al máximo determinados términos. Su etapa en el Estadio José Zorrilla, más del reciente descenso y de las dos salvaciones previas, será recordado siempre por un concepto: «sinergias». Es un término que ha utilizado es demasía, como en otros momentos habló de «reseteo». Cualquier mal resultado, dinámica o partido del equipo conllevaba una petición de reseteo por parte del catalán, siendo ese el movimiento que el propio entrenador no ha sabido realizar.

Sabiendo dar ese golpe de efecto a su llegada, en esta campaña el principal problema del entrenador ha estado en su poca flexibilidad y en ese nulo reseteo o cambio de timón que hubiera liberado al equipo y a ciertos jugadores. El problema en el análisis sobre Sergio está en elogiar en exceso lo que consiguió a su llegada a Valladolid. En aquellas ocho jornadas no hizo nada especial pero sí firmó detalles determinantes.

Sergio ha muerto por los mismos problemas por los que llegó: el ego. Luis César Sampedro no tenía capacidad de adaptación ni de mejora por egocentrismo. Sergio, por el contrario, llegó y sumó lo que el equipo necesitaba. No fue casual. Fue un acierto entre la oferta y la demanda. Aquel equipo necesitaba lo que Sergio ofrecía. Pasados tres años, el catalán ya no era lo que este equipo pedía y él, con la seguridad de saber que no iba a se destituido, no se atrevió a buscar lo que el equipo necesitaba.

Ya fuera por falta de argumentos o escasez de ideas, Sergio no consiguió dotar al equipo de lo que éste pedía y, sin él, perdió liderazgo. ¿Por qué el equipo creyó tanto en él a su llegada? Porque dio lo que éste quería y, sobre todo, porque mostró naturalidad. Desde ella, llegan los cambios justificados y las decisiones lógicas. Todo tiene sentido y credibilidad. Desde esa naturalidad llega el liderazgo y cualquier «reseteo» es comprendido y respetado ya que tiene un fundamento. El de 2018 lo tenía. En 2021 no lo hubo porque no se supo ni vender ni ofrecer.

Dos versiones de entrenador
Perdiendo liderazgo desde la poca aclimatación y adaptación al vestuario y a las necesidades del equipo, Sergio González propuso cambios que más que reseteo se vieron como bandazos. No creía en nada y, obviamente, no hacía creer en nada. Era inviable pensar y confiar en una evolución porque él mismo era el que no sabía ofrecer las herramientas para conseguirlo. Con ello y por ello, el final de temporada fue una agonía.

El catalán no supo salir del bucle en el que convirtió la temporada porque adoleció de aquéllo que le hizo grande. Si al Estadio José Zorrilla llega el Sergio González de la temporada 2020/2021, su periplo hubiera sido tan testimonial como el de Alberto López. Hubiera cumplido con el expediente de intentar frenar la caída libre de Luis César Sampedro pero se hubiera tenido que excusar en las múltiples heridas generadas por el pasado. Como le ocurrió a Alberto con Miguel Ángel Portugal. Aquélla temporada, con el Sergio más reciente hubiera sido desastrosa. La presente, en cambio, con el Sergio del inicio, hubiera sido triunfal.

Adaptándose, evolucionando y reseteando, Sergio González hubiera dado al Club todo lo que éste necesitaba y pedía pero, tristemente, la evolución del entrenador fue hacia contextos propios y de obcecación que no han ayudado al Real Valladolid ni, tampoco, al propio Sergio. Esa versión egocéntrica y encorsetada de los últimos muchos meses que ha estado en el banquillo blanquivioleta son por los que se va a recordar a un preparador que destacó por la naturalidad en su llegada a Zorrilla. Bendita sencillez y reseteo que consiguió pero que nunca consiguió ofrecer esta campaña. ¡Qué pena! Por el Pucela y por él

Sergio González nunca supo mirar por el Real Valladolid

Leyendo este martes la información que Arturo Alvarado ha publicado en ElMundo-Diario de Valladolid, en la que asegura que el vestuario blanquivioleta no había estado cómodo durante esta temporada y que fueron varias las quejas que el cuerpo técnico recibió por la ausencia de entrenamientos y de tareas para mejorar en el terreno de juego, he vuelto a llegar al punto sobre el que inicié y marqué muchas de las críticas que he realizado esta temporada a Sergio González.

Creo firmemente que el entrenador catalán no ha sido lo que el Club ha necesitado en muchos momentos, y me resulta incomprensible. No puedo entender que un «hombre de fútbol» como Sergio, aquél que se jactaba de decir que él «sabe» cómo va este deporte, no quisiera crecer con el Club. Lo cierto es que el Real Valladolid necesitaba cambiar su plantilla. Ésta pedía diferentes variaciones y ésta obligaba a firmar otro tipo de jugadores. Cualquier entidad que quiera crecer pide jugadores en propiedad y ahí ha estado el problema de Sergio y, en gran parte, también, su egoísmo.

Cuando llegó a Valladolid, el catalán tenía un equipo debilitado pero hecho. Había que detallarlo pero no trabajarlo. Muchos de los jugadores no se encontraban bien, es cierto, pero sabían dónde estaban. LaLiga SmartBank no era una competición nueva para ellos y sólo se les debía dar las herramientas que necesitaban. Se las tenían que ofrecer, pero no se las debían construir, que es muy diferente.

Para esta temporada, desde el inicio, el perfil de jugador era otro. Si el Pucela quiere jugadores en propiedad, muchas de las apuestas deben ser por jugadores jóvenes, sin experiencia en la élite pero con tanto potencial como margen de mejora. Así, Luis Pérez, Jawad El Yamiq, Saidy Janko o Marcos André pedían trabajo y dedicación. Era una fase de crecimiento y potenciación de su potencial.

Un coste para Sergio
El Real Valladolid debía hacer crecer a sus jugadores, pero Sergio no fue capaz
. Por tozudez, falta de confianza o, quizás, falta de argumentos y herramientas, Sergio nunca supo mirar por las necesidades del Club, aquél con el que tenía vinculación hasta el año 2022. Si con una unión firmada para cinco temporadas, Sergio no supo entender que lo que era mejor para el equipo era lo mejor para él, el descenso es la mejor definición de la temporada blanquivioleta y del coste que va a suponer este descenso para el catalán.

Sergio y el bucle de una campaña que nunca dominó

«Llevas dos años queriéndote cargar a Sergio», me dijeron una vez. Éste es un argumento pobre e irreal, ciertamente. Lo que llevaba era tres años opinando DE lo que no me gustaba del entrenador catalán, que era mucho, la verdad. Siendo una cuestión futbolística y nunca personal, creo que los tiempos de su destitución se han gestionado muy mal. No comprendo que no pasaran 24 horas desde el descenso y el Club ya informada de su salida. Ese «luto» y respeto quizás habría que haberlo mantenido hasta la comparecencia de Ronaldo Nazário este lunes, pero el Club, demostrando que sólo mira por el resultado, prescindió del catalán horas después del cierre de la temporada.

Sergio ya es historia en el Estadio José Zorrilla y lo es por un error que le condenó desde el inicio de la presente temporada. Desde que el club realiza un cambio necesario en los patrones de su plantilla, el catalán se ve incómodo. Pierde parte de su seguridad y los roles desde los que había montado su estructura y una verdad que, a veces, era hasta paralela a la real. Con ello, desde el inicio se vio que el entrenador no estaba preparado para lo que le venía.

Cierto es que tampoco eran grandes cambios los que sufría el equipo pero él los engrandeció en el terreno de juego y en sus declaraciones. Sergio siguió con lo expuesto y  trabajado en temporadas atrás y, claro, el fracaso, poco a poco, fue llegando. Pese a que de un año a otro el Club sólo decidió prescindir de Javi Moyano y Antoñito Regal, su ausencia, y sobre todo, la de Kiko Olivas desestabilizó a un Sergio que no se dio cuenta de qué tenía y cómo lo quería trabajar.

Buscando los miSmos argumentos de temporadas pasadas, el Real Valladolid jamás ha rozado lo que podía ser. Nunca se podrá saber a qué podía aspirar este Real Valladolid porque nunca se ha trabajado sobre las necesidades del equipo, ya fueran futbolísticas como psicológicas. Para esta campaña, el Pucela se hizo con jugadores de un ego diferente al de temporadas atrás. No eran jugadores que agradecían llegar a la élite o que vivían un sueño en la LaLiga Santander.

Fabián Orellana, Roberto Jiménez, Lucas Olaza o Roque Mesa son un perfil de jugador que necesita de unos contextos de juego y de ambición que Sergio no le ha sabido dar al equipo. Agradeciendo jugar en LaLiga Santander y contentándose con enfrentarse a equipos como el Real Madrid o el Fútbol Club Barcelona, el vestuario no creyó en él o dejó de hacerlo. Orellana, por ejemplo, no necesita escuchar lo importante y «bonito» que es visitar el Camp Nou. El chileno necesita saber cómo se puede ir a por el partido. Era, simplemente, una evolución a lo realizado en temporadas atrás pero Sergio lo vio como un cambio y se bloqueó.

Perdido y sin ayuda
Sin entender esos contextos a Sergio se le cruzó la temporada. Se sintió desprotegido y señalado. Entendió que desde el Club se le exigía romper con su estilo y propuesta cuando, en realidad, se le invitaba a crecer con el Club y sobre ese contrato hasta 2022 que les unía. Un entrenador profesional debe tener más argumentos de los que el catalán había mostrado hasta el pasado mes de agosto pero él, muy posiblemente, no ha sido capaz de confirmarlos por el empecinamiento en sus ideas y la poca capacidad de adaptación a los nuevos argumentos adquiridos.

Anclado en el pasado y en unos frutos elogiables, Sergio se dejó influir por ese aroma de éxito histórico que tenía en sus declaraciones. Por momentos, el catalán creyó estar firmado los mejores momentos de la historia blanquivioleta cuando, en realidad, ‘sólo’ había devuelto devuelto al Club a los mínimos de su historia.

No era poco, es cierto, pero no lo era todo y analizando mal esa realidad, el catalán sólo miro atrás y nunca al presente ni al futuro. No sabía cómo dominar los registros en los que estaba inmerso y, después, no le convenía hacerlo. Con todo, la temporada se convirtió en un bucle del que no salió porque no supo y, después, porque no le dejaron. Entre tanto, el Club está en Segunda.

El Real Valladolid hace suya la incapacidad de Sergio

El Real Valladolid es equipo de LaLiga SmartBank y el Club ha movido pieza con rapidez. Con el resultado de la temporada en la mano, Ronaldo Nazário ha tomado decisiones y ha decidido prescindir de Sergio González como entrenador y de Miguel Angel Gómez como director deportivo. Tanto una como otra, aunque sea por diferentes motivos, me parecen decisiones tardías. Creyendo que el catalán debió salir del Estadio José Zorrilla antes, entiendo que la salida del líder de una dirección deportiva debe realizarse mucho antes de finales del mes de mayo ya que su trabajo es igual con un resultado u otro.

Entendiendo y señalando cuál es la parte de responsabilidad de cada uno de los protagonistas, el problema del Real Valladolid con esta doble medida es importante. La entidad blanquivioleta toma la decisión en relación al resultado, como Sergio ha hecho esta temporada con la lectura de sus partidos. En más de una ocasión, el ya exentrenador blanquivioleta demostraba en el terreno de juego que él actuaba y entendía el partido desde el marcador.

En el empate (1-1) ante el Cádiz CF, por ejemplo, Sergio confirmó que antes del tanto de Juan Cala «no había pasado nada» y es cierto. Según su visión, el partido estaba igual. Mirando al marcador, el paso por los vestuarios no cambió nada aunque, realmente, lo había variado todo. El equipo gaditano estaba mucho mejor que los blanquivioleta y el gol estaba muy cerca pero él no movió el banquillo ni su idea hasta que no llegó el tanto visitante.

Extrapolando el movimiento, el Real Valladolid ha decidido actuar igual y ha hecho suya la incapacidad del catalán para tomar el control y cambiar la situación. Pese a que la dinámica del equipo era la de llegar a Segunda división si nada se cambiaba, el Club sólo ha actuado tras saber el resultado final de la temporada. Viendo al equipo con sus huesos en Segunda división, Miguel Ángel Gómez y Sergio González sobran. La decisión es, en parte, lógica pero, en su mayoría, ridícula. No por merecida, éste sea el momento.

Ronaldo Nazário
No comprendo las prisas por tomar una decisión que el Club pedía desde hace semanas y que se negó hasta la saciedad y que, ahora, con el resultado se apresura a tomar. Sin ese tiempo de luto que Sergio González siempre pide, el Real Valladolid ha roto con lo establecido y me resulta triste. Lo es porque nunca comprenderé tomar decisiones por un resultado. Son ellos los que marcan el devenir de los equipos pero las entidades están obligadas a entender, a analizar y a crear los caminos que llevan a él.

Por todo y pese a que un fracaso como un descenso se cobre muchas víctimas, la realidad pucelana debía llevar otros tiempos. Ahora y durante la recién terminada temporada. Comprendo que haya que cambiar el rumbo pero no entenderé nunca que el rumbo sólo se haya querido variar tras el descenso y no en el proceso innegable que iba a llevar al Real Valladolid a LaLiga SmartBank. Un profesional del fútbol entiende que este juego se decide por los procesos, su comprensión y las decisiones que se tomen sobre ellos y, ahí, el Real Valladolid de Ronaldo Nazário y Ronaldo Nazário con el Real Valladolid han estado tan lentos como perdidos.

Y tanto que importan las palabras de los entrenadores

De todo en la vida se aprende y en el fútbol no es diferente. La 2020/2021 ha sido una campaña muy compleja y dura para el Real Valladolid pero en ella, incluso, se puede tener una evolución en el análisis. Para mí, y sobre la figura de un entrenador, es importante resaltar más que nunca la importancia que tienen las declaraciones. Con ellas no se gana, obviamente, ni tampoco se pierde pero sí que se confirma cómo está el equipo, el entorno y los ánimos. Sergio lo ha ido mostrando durante toda la temporada pero lo ha ratificado en las últimas horas.

En la previa al duelo final ante el Atlético de Madrid, el preparador catalán ha confirmado que dejó de ser hace mucho tiempo lo que necesitaba el Real Valladolid. Sin convencimiento sobre la situación actual del equipo, todas sus declaraciones desde la dura derrota (4-1) del equipo en San Sebastián están marcadas por el mensaje de que el equipo no está preparado para lo que necesita conseguir y que no lo está desde un momento concreto.

Es importante analizar lo que dice y, aún más, cómo lo dice. Son casi 300 las comparecencias que el catalán ha firmado como entrenador pucelano y, con ellas, se le ha conocido. Se sabe qué quiere decir y qué busca con ello. Así, y en la previa al enfrentamiento ante el Atlético de Madrid, se ha confirmado que él no tiene fuerza y que no contagia convencimiento a sus jugadores. No lo hace desde la derrota (3-0) en el Estadio de Mestalla. Aquel encuentro, y tal y como él ha confirmado, sentenció al equipo y a su credibilidad.

El descenso de Valencia
Desde aquel día, Sergio no cree y, claro, el equipo, tampoco. Entendiendo que en el fútbol el entrenador es el reflejo del equipo, Sergio no ha creído y, por lo tanto, el equipo no ha tenido arrojo ni argumentos. Con todo, y como las lamentables declaraciones del entrenador así lo han dicho durante la semana, las opciones del Pucela por la salvación son nulas. Es imposible que el equipo se salve porque es imposible que este equipo gane un partido. No lo ha hecho en las últimas 11 jornadas y no lo va a hacer ahora.

No es cuestión del rival ni de lo objetivos que éste tenga. El problema es el propio Pucela y sus argumentos. Si un equipo no sabe convencer desde sus palabras es imposible que lo haga con el juego. Así, el Real Valladolid se ha ido rompiendo de forma progresiva durante todo el año. Desde las declaraciones del entrenador no se ha perdido pero se ha mostrado que el camino que se estaba trabajando no era el correcto. Era imposible mejorar y crecer si el líder futbolístico no asume sus errores y sus problemas.

Con vendas sobre la realidad, ésta ha explotado en la cara del entrenador y del equipo y el Real Real Valladolid llega a la última jornada descendido. No es un descenso matemático pero sí real. Los pucelanos no tienen opciones porque su entrenador así lo ha confesado esta semana y, también, porque desde la derrota en el Estadio de Mestalla, el equipo dijo adiós al objetivo ya que su entrenador tiró la toalla tras aquella derrota.