Los números avalan el ascenso a Primera… y la victoria

El gol del alfarera Giovanni Zarfino a la Sociedad Deportiva Éibar es historia del Real Valladolid, pero sólo a medias. El tanto del jugador uruguayo hizo que el Pucela confirmase su ascenso a LaLiga Santander. Sin él, los de José Rojo, Pacheta, hubiera conseguido el ascenso de igual manera. Hubiera sido oficial de la misma forma porque los blanquivioleta habían conseguido su victoria. Habían hecho sus deberes. ¡Y de qué manera! Los habían conseguido en un partido con evolución en el juego y con la muestra de todo lo que ha trabajado el equipo en la temporada.

El encuentro fue lo que el cuerpo técnico siempre ha querido y prometido que iba a sería el equipo. Si a las ideas se suman los números, el éxito llega y es lo que ha ocurrido con este Real Valladolid. Es cierto que no son todo cifras pero tener un goleador de que marca 20 goles ayuda a conseguir el objetivo. Obviamente, un ‘9’ llega a las dos decenas de dianas si se genera un estilo de juego acorde al suyo. Sin él, imposible llegar a las cifras conseguidas. De igual forma, el objetivo está más cerca si el equipo tiene una segunda línea con gol. Tener extremos con seis y cinco goles ayuda, tanto como creer en ellos. Tener laterales con llegada y gol, suma, tanto como el acierto de los centrales en balón parado. Todo se trabaja y se potencia. De la propuesta a los resultados.

La sucesión de datos que ayudan a entender el ascenso del Real Valladolid son constantes, pero lo son por una idea y la comodidad del equipo dentro de esa propuesta. Cómo ha jugado el equipo en la temporada 2021/2022 es capital para entender que el Pucela haya sido el más goleador de la categoría. Por calidad pero, también, por concepción e idea, el Real Valladolid ha conseguido merecidamente el ascenso a LaLiga Santander.

Desde ellos
Sin los dos empates consecutivos de la Unión Deportiva Almería en las dos últimas jornadas, el ascenso pucelano no hubiera sido real. Sin ellos ni el pinchazo de la Sociedad Deportiva Éibar en Alcorcón, el Pucela no estaría de vuelta a la élite. La realidad dice eso tanto como que sin las cuatro últimas victorias consecutivas de los de Pacheta, el ascenso pucelano no sería real. El Real Valladolid no ascendió gracias a los pinchazos de los rivales sino al aprovechamiento que los vallisoletanos hicieron de ellos. Por ellos y por los números, el Pucela está merecidamente en LaLiga Santander. 81 puntos son imposibles de tapar.

El premio a una propuesta trabajada e individualizada

El Real Valladolid es de LaLiga Santander y, con ello, todo parece quedar en un segundo plano, pero nada más lejos de la realidad. No es sólo a dónde has llegado, sino cómo y en este Pucela, más aún. La temporada pasada y la actual han demostrado que las formas son importantes. No para conseguir objetivos sino para confiar en ellos. Si bien en la campaña 2020/2021 la sensación de descenso estaba asentada desde mucho antes de consumarse la tragedia, en la 2021/2022 la confianza por el ascenso siempre ha estado presente. La tendencia en ambas temporadas estaba clara y con Pacheta la creencia en el ascenso existía porque el equipo jugaba para ello.

Entendiendo el fútbol como el premio que mereces y no el que quieres, el Real Valladolid ha conseguido el objetivo principal porque siempre ha creído en él y porque siempre lo ha buscado. Este Pucela no ha especulado jamás porque sus jugadores no son activos para ello. El vestuario blanquivioleta necesitaba que se confiara en él y que se le guiara y eso es lo que ha hecho el actual cuerpo técnico. Los elogios a Pacheta y su staff son los primeros que se deben realizar y escuchar tras el ascenso. No por el cambio de categoría sino por cómo se ha buscado y por todo el trabajo que hay detrás de esas formas utilizadas.

Convencer a este vestuario del cambio que ha dado es merecedor ya de un éxito como el conseguido. La variación de la  propuesta en el Real Valladolid ha sido radical y el convencimiento, complicado. Por mucho que los jugadores supieran, como el 95% de los presentes, que el estilo para Shon Weissman, Luis Pérez, Roque Mesa, Jawad El Yamiq, Toni Villa o Joaquín Fernández era el actual, salir de lo vivido en los últimos años para llegar a este punto no ha sido sencillo y sí laborioso. Con todo, el Pucela ha llegado al destino marcado y no de cualquier manera.

Lo prometido es deuda
Aunque la temporada 2021/2022 se recordará desde el gol de la Agrupación Deportiva Alcorcón a la Sociedad Deportiva Éibar, el encuentro con el que el Real Valladolid optó a que ese gol de Giovanni Zarfino diera el éxito es el mejor ejemplo de qué han querido los pucelanos y cómo lo han buscado. Pese a depender de otros resultados, el Real Valladolid firmó unos segundos 45 minutos de su partido ante la Sociedad Deportiva Huesca que tuvieron todo aquello que Pacheta había anunciado desde su primer día en un mensaje con el que ha machacado al grupo.

No «especular», «vivir en campo contrario», buscar «un gol más», ser «verticales», no cambiar en relación al resultado… Estos y otros muchos han sido los mensajes de Pacheta durante la temporada y estos fueron corroborados por el equipo en el último partido de LaLiga SmartBank. Metiendo miedo a sus rivales con una segunda parte perfecta, el Real Valladolid fue vertical, dominador en campo contrario, protagonista con balón y buscó siempre un gol más. Así consiguió el premio que mereció durante toda la temporada gracias a que Pacheta sí supo entender cuál era la idea que demandaba el vestuario. Sabiéndola, la trabajó, la individualizó y la machacó y, así, el Real Valladolid vuelve a la élite por merecimiento propio.

El ascenso del Real Valladolid tiene un gran protagonista

Siempre se dice que «el fútbol es de los futbolistas». Éste es un argumento muy utilizado en este deporte, pero tiene muchos matices. Los jugadores son los protagonistas, sí, pero desde el orden y la dirección de un entrenador y, ante todo, de un cuerpo técnico. Sin estar bien dirigidos es imposible poder conseguir un éxito. Sin un liderazgo importante desde la figura principal del vestuario, nada es posible y el Real Valladolid sabe a qué me refiero. La mala dirección técnica de la temporada 2020/2021 costó muy cara al Club. El Pucela no descendió por jugadores y, ahora, no sólo ha ascendido por ellos.

Cuando un rendimiento cambia tanto en menos de 12 meses, la realidad señala al líder, que en esta ocasión es el entrenador. Así, el ascenso del Real Valladolid en la temporada 2021/2022 tiene como principal protagonista a José Rojo, Pacheta. Es cierto que Shon Weissman ha hecho 20 goles, que Luis Pérez ha dado un plus diferencial al equipo, que Roque Mesa ha liderado el juego o que Jawad El Yamiq ha sido capital. Uno, otro y otro son jugadores que la temporada pasada ya estuvieron en Valladolid. Muchos rendimientos, por no decir todos, han cambiado y lo han hecho porque desde el cuerpo técnico se ha invitado a ello. Se ha potenciado su estilo.

De los fichajes realizados esta temporada, sólo Gonzalo Plata ha sido protagonista capital y diferencial. El resto, sin contar a un Álvaro Aguado con el que no se quiso contar la pasada campaña, son jugadores que vivieron el descenso y que, ahora, se quitan el lastre de la temporada pasada con un ascenso. Psicológicamente, el cambio es importante y lo es por la mentalización que Pacheta ha trabajado desde el primer día.

Promesa complida
A la llegada del entrenador burgalés, el vestuario pucelano no era un solar, pero casi. Había activos de relevancia y nivel que estaban menospreciados y poco valorados. Ante ello, el burgalés trabajó para recuperar jugadores. Ese ha sido un trabajo largo y costoso pero, a su vez, provechoso y gratificante. Ver el nivel de juego y progresión al que ha llegado este equipo en momentos concretos de la temporada señala directamente a Pacheta.

Creyendo en él desde el primer momento, este ascenso se convierte en algo especial. Siempre he creído en este vestuario, en este equipo y en muchos de estos jugadores. Sólo faltaba un detalle capital: el entrenador. Este Real Valladolid, peculiar como todos, demandaba un entrenador que supiera dirigir al equipo. Ese entrenador era José Rojo, Pacheta, y por ello, tras el ascenso, las primeras líneas son para él. Nada hubiera sido posible sin él. Él, con más peso que nadie, ha trabajado y ha diseñado esta temporada, aquélla que devuelve el Real Valladolid a LaLiga Santander por la puerta grande, tal y como prometió desde el primer día.

El discurso de Pacheta es real, pero no es el necesario

La derrota (3-2) del Real Valladolid en Huesca es dolorosa. Lo es por la sensación de debilidad que el equipo mostró en etapas importantes del encuentro pero, también, por la nueva oportunidad que se deja escapar. Los blanquivioleta, que tuvieron buenas fases de juego en el encuentro, se marcharon de vacío de Huesca por la falta de poso competitivo de un equipo que no está encontrando en su entrenador el discurso que, posiblemente, se necesite. Creyendo que el juego nunca debe ser resultadista, el discurso de un entrenador sí que se mira más por y desde los resultados y, ahí, Pacheta está más señalado por el análisis tras el duelo que por el partido.

Un nuevo traspié como el vivido en Huesca supone un gran frenazo a las esperanzas e ilusiones blanquivioleta. Los pucelanos ven frenadas, nuevamente, sus ambiciones más altas. Una mala lectura de los primeros minutos por parte del cuerpo técnico deja al burgalés desguarnecido, pero no tanto como le dejaron sus declaraciones tras el partido. El análisis del preparador es, en gran parte, cierto pero, también, es innnecesario. Tras la tercera derrota consecutiva lejos del Estadio José Zorrilla y el sexto partido perdido de la temporada, el mundo blanquivioleta no necesita escuchar que el partido fue «digno» y que hubo fases «muy buenas» en el partido. Puede ser verdad pero no toca decirlo.

Partidos como el de El Alcoraz reabren heridas del pasado y las formas en las que Pacheta las quiere curar no son, ahora, las mejores. Si bien en sus primeras declaraciones como entrenador pucelano el burgalés tocó la fibra que necesitaba el ambiente, en las últimas semanas lo que el entrenador narra y asegura está muy lejos de ser lo que el entorno necesita pero, ante todo, lo que parece demandar el equipo para encontrar su mejora. Al Real Valladolid no le vale con hacer un partido «digno». El Pucela no se puede permitir estar «mal ajustado» los primeros 20 minutos. Los pucelanos no se puede centrar sólo en «trabajar» y «mejorar». A este equipo se le debe pedir más, exigir más y criticar más.

Un nuevo frente
Esa crítica se debe hacer desde dentro y se debe hacer con criterio. Es cierto que el partido en Huesca no es malo y que el equipo tuvo fases buenas de juego y acercamientos. Que Andrés Fernández, portero rival, sea uno de los jugadores más destacados del duelo, dice mucho del partido pero, con todo, al Real Valladolid se le debe pedir más y, sobre todo, se le debe exigir lo que necesita en ese momento. Los paños calientes dejaron de ser necesarios en el Estadio José Zorrilla hace muchos meses. Más de un año, incluso. Ahora, el frente vallisoletano es otro y Pacheta parecía que lo sabía, pero no.

No es cuestión de un discurso puramente populista pero sí un estilo convencido, directo y con frentes claros. El sustento del Real Valladolid, actualmente, es Zorrilla y lo es porque el público aprieta. Por ello, Pacheta debe saber a quién convencer y, en parte, con quién ‘quedar’ mejor. Pese a que muchos de los términos que utilizó en la sala de prensa de El Alcoraz fueron ciertos, casi ninguno de ellos era digno de aparecer tras una nueva derrota. El tercer duelo perdido de forma consecutiva señala al entrenador y a su discurso. De esta forma, el enfoque es erróneo porque no era el necesario.

Unos ajustes que se hacen eternos al Real Valladolid

Cuatro victorias consecutivas en el Estadio José Zorrilla son un buen bagaje. A nivel numérico lo son y a nivel de juego, también. En las visitas de la Sociedad Deportiva Éibar, Club Deportivo Mirandés, Club de Fútbol Fuenlabrada y Fútbol Club Cartagena, el Real Valladolid fue merecedor de la victoria. Lo fue por ocasiones, juego, evolución y respuestas. Los de José Rojo, Pacheta, ganaron esos encuentros con merecimiento, todo lo contrario de lo que mostraron en Amorebieta y Almería. Pese a que la derrota ante el líder de la categoría está muy contextualizada, lo que quedó claro en los viajes a Bilbao y Andalucía es que el Real Valladolid tiene dos caras: la local y la visitante.

El Real Valladolid es un equipo irregular que carece de fiabilidad y seguridad. Es un equipo capaz de lo mejor pero, también, sin consistencia para ofrecer credibilidad a medio y largo plazo. Actualmente, los de Pacheta son un grupo que pueden hacer un gran partido pero que, en un breve espacio de tiempo, firman una actuación muy lejana de sus mejores registros. Con todo, al Real Valladolid le falta consistencia y regularidad. Sin estos dos condicionantes es imposible que el equipo sea seguro y que, con ello, puede luchar por cualquier reto que tenga que afrontar en la temporada.

Tras 20 partidos oficiales sigue sin ser momento de calibrar al equipo por el ascenso directo o el play off. Aún no toca ese frente. Esa etapa llegará, pero aún queda. Al Pucela se le debe mirar por saber si tiene, primero, ideas y, después, respuestas. De una petición a otra hay sólo un término: ajustes. Desde ellos un equipo se hace fiable y lo es porque mantiene la idea y la seguridad en su plan, todo lo contrario del Real Valladolid. El Pucela, actualmente, no es un equipo fiable porque cualquier ajuste le parece un mundo y cualquier detalle favorable al rival, le debilita.

Buscando poso competitivo
Desde este prisma entiendo la derrota en Huesca. Creo que lo vivido en el Estadio de El Alcoraz no es un partido infame del Real Valladolid. Nada tiene que ver con lo vivido en Burgos (3-0) o Amorebieta (4-1). La imagen del equipo no fue la misma. Ésta no lo fue porque el equipo tuvo detalles de control pero que estos llegaron, muy posiblemente, tarde. El Pucela se vio sorprendido, tal y como aseguró Xisco Muñoz en sala de prensa, y la respuesta a esa sorpresa llegó tarde. Los pucelanos no se esperaban la propuesta inicial de la SD Huesca y cuando quisieron responder ya iban por detrás en el marcador.

Ante un rival muy débil y con una mochila psicológica muy grande, el Real Valladolid adoleció de falta de variantes y, por ello, no aprovechó los momentos de tremenda debilidad de los oscenses. Con una propuesta mal ajustada y con una tardía intervención de Pacheta al duelo, el Pucela mostró dos caras. Castigado por la primera, el Pucela vuelva a dejar detalles muy lejanos a la seguridad, la fiabilidad y la consistencia que demanda un equipo que quiere se protagonista y ganador. Con estos condicionantes se quiere conseguir el ascenso pero, ahora, ese objetivo queda lejos porque el Pucela no reúne los condicionantes para conseguirlo y eso que ha disputado 20 partidos, 19 ligueros y uno copero. Tiempo más que suficiente para tener argumentos y poso competitivo.

Joaquín Fernández: El gran ejemplo del mal momento

Lo peor de la derrota (1-3) ante la Sociedad Deportiva Huesca en el Estadio José Zorrilla no fue encajar tres goles ante el colista ni caer ante un equipo que sólo había ganado un partido. El principal problema pucelano es saber que el resultado no fue una sorpresa. Perder ante los de ‘Pacheta’ fue un golpe, sí, pero confirmar el mal momento que vive el equipo y todos sus jugadores es un mazazo que exige cambios y medidas drásticas. Tengo muy claro que Sergio González ya no es el entrenador que necesita el Real Valladolid y muchos de los jugadores pucelanos.

Por su discurso, principalmente, el entrenador catalán debe abandonar el Estadio José Zorrilla. Sus palabras están vacías y ya no calan entre un vestuario roto a nivel grupal y sin convencimiento en el aspecto individual. Hay muchos jugadores que no están en su mejor momento pero hay uno que es especialmente sangrante: Joaquín Fernández. El almeriense, señalado de forma clara, rotunda y personal en los dos primeros goles de Rafa Mir, es el ejemplo de que el equipo no está y que éste necesita un cambio.

Joaquín está muy lejos de su mejor nivel. No toma buenas decisiones y está perdido en el juego. Actualmente, no tiene respuestas y está en un innegable declive. Lleva semanas muy bajo de rendimiento pero cada jornada consigue empeorar sus registros y actuaciones. Él es el ejemplo pero no es, ni mucho menos, el único. Fabián Orellana o Nacho Martínez son otros ejemplos de una situación individual que muestra que Joaquín, sin ir más lejos, no está para sumar. El ’24’ no parece que, sin cambios, pueda sumar a este equipo. Lo hace de la misma forma que el Real Valladolid está alejado de ganar. Pensar en una victoria blanquivioleta es tan utópico como creer en una buena versión del central.

Ejemplo pero no culpable
La sensación es muy mala y lo es porque el Club parece estar sentenciado la temporada como la campaña puede sentenciar el potencial y la proyección de un Joaquín Fernández que está en horas bajas y que vive un mal momento por las carencias de un Real Valladolid tocado y casi hundido. El almeriense, aquél jugador por el que todos apostamos desde su llegada, es el ejemplo del mal momento pero no el culpable.

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Este Real Valladolid ya no necesita a Sergio González

Tras la vergonzosa derrota (1-3) del Real Valladolid ante la Sociedad Deportiva Huesca, Sergio González asumió toda su responsabilidad. No era para menos porque el equipo había firmado 90 minutos de un pobre nivel. Si el empate (2-2) ante el Levante UD tuvo un complicado análisis porque se vieron varios encuentros dentro del mismo partido, la visita oscense al Estadio José Zorrilla tiene una lectura simple: el colista de la categoría humilló, maltrató y superó al equipo de Sergio González.

Sabiendo que lo vivido en el terreno de juego es innegable, la pregunta principal es por qué y esa razón señala directamente a Sergio González. El catalán es el responsable de la lamentable imagen de los blanquivioleta y lo es por el hecho de que su discurso no cala. Si ésta es la imagen que el equipo sabe tener en un encuentro que se afronta con la misma «responsabilidad» que una final, su tiempo en Zorrilla ha terminado y lo debe hacer más pronto que tarde. Da igual qué pueda ocurrir en otro momento y qué tipo de historia haya firmado el Club, Sergio González ya no es lo que necesita este equipo y este Club. ¡No hay más! Lo que ocurra sin él será otra historia porque la suya ha terminado.

La situación ha superado al entrenador catalán. Ésta es una sensación propia desde hace semanas pero que tras el duelo ante la Sociedad Deportiva Huesca se ha confirmado. «No he sabido inculcar la importancia del partido», aseguraba Sergio tras el duelo en una declaración que asegura cuál es el final y cuál es la única solución posible a este momento. Él es el responsable de este partido, de la dinámica del equipo pero, sobre todo, de la mediocridad que se ha instalado en el Estadio José Zorrilla y que se ha multiplicado tras verse superado y humillado por el colista, un rival que sólo había ganado un partido de 20.

Un discurso vacio
Hace unas pocas semanas, con la muerte de Vicente Cantatore, diferentes jugadores que pasaron por Zorrilla durante su estancia en el Real Valladolid hablaban de cuál era su estilo. Pocos le destacaban en aspectos tácticos, de lectura de partidos o de preparación de los encuentros. Eso sí, en motivación y convencimiento, todos definían al exentrenador pucelano como ese entrenador que cambiaba vestuarios y que hacía creer que todos eran mejores de lo que en ese momento se sentían. Sergio, en su momento, lo consiguió. Llegó al Estadio José Zorrilla, se adaptó y cambió a muchos jugadores. Su discurso caló como hacía el de Vicente Cantatore. Ahora, no. Ni mucho menos. Su discurso no tiene fundamento y llega a ser un lastre.

Atrapado en tópicos, el mensaje de Sergio González está vacío y el cómo llega a los jugadores es la gran demostración. Si el equipo iba a dar «lo imposible» por pasar la eliminatoria copera y el resultado fue esa dura y merecida derrota (2-4), la «responsabilidad» pucelana era total para la visita oscense. Los términos eran de elevada envergadura pero la demostración, pobre, patética e injustificada. Cómo ha maltratado el Real Valladolid su imagen es una penalización que no salva a nadie, ni a Sergio González, un entrenador sin discurso que ha confirmado ante la Sociedad Deportiva Huesca que ya no es lo que necesita el Real Valladolid.

Sampedro: La SD Huesca ya sentenció a un entrenador

El 16 de febrero de 2018 fue viernes, como este 29 de enero de 2021. Aquel día, la Sociedad Deportiva Huesca visitó al Real Valladolid de Luis César Sampedro. Los de ‘Rubi’ llegaban como líderes destacados de LaLiga SmartBank y con una diferencia de ocho puntos con el segundo clasificado. Pasados los 90 minutos, el equipo local se impuso tras un duelo loco. La victoria llegó con un gol de Óscar Plano en el minuto 85 pero las formas y el cómo se produjeron aquellos tres puntos (3-2) confirmaron que el entrenador gallego estaba sentenciado.

Pese a ganar al líder de la categoría y superar a un rival que sólo había perdido cuatro de 27 duelos, la sensación era clara y casi mayoritaria. Hace casi tres años un Estadio José Zorrilla con afición confirmó que Luis César Sampedro no era lo que necesitaba el Real Valladolid. El Club, en aquel momento, tardó siete jornadas más en destituir al gallego. Fue un error que, ahora, la entidad no se puede volver a permitir. La visita oscense confirma en esta ocasión lo mismo que hace más de 35 meses, pero con Sergio González como protagonista.

El Real Valladolid del entrenador catalán se ha quedado sin margen. Por resultados, oportunidades perdidas y un descenso en el rendimiento innegable, el Real valladolid pide un cambio. La decisión que se necesita y que se demanda es la misma que se debió tomar en la mañana de aquel sábado 17 de febrero de 2018. La victoria en aquel momento tapó una sensación que se fue ratificando con el paso de las semanas y que se hizo insostenible tras perder en Tarragona. Ahora, la experiencia debe valer para que el Real Valladolid sepa qué debe hacer. La situación es muy similar.

Memoria vs presente
Sergio González ha dado mucho al Real Valladolid. Ha firmado un ascenso y dos permanencias. Son datos que hablan por sí solos pero que, ahora mismo, no valen para minimizar el golpe que ha dado una Sociedad Deportiva Huesca que no había marcado en los cuatro últimos partidos y que sólo había conseguido una victoria en 20 partidos. El equipo de ‘Pacheta’ ha destapado el frasco de las carencias y de las necesidades del Real Valladolid, ese equipo que, tres años después, vive otra insostenible situación y que pide el mismo cambio que la Sociedad Deportiva Huesca mostró cuando con un jugador menos desde el minuto 40 obligó a que el Pucela le ganase en el 85.

Era otra categoría, sí, pero lo vivido aquel día y aquéllas semanas no dista mucho de lo que se vive en el Real Valladolid en la actualidad y que, innegablemente, se ha multiplicado con el triplete de Rafa Mir en el Estadio José Zorrilla, un estadio sin gente pero que sabe que el discurso de su entrenador ya no cala. Sergio ya no es lo que necesita este equipo como Luis César Sampedro no lo era tras aquella engañosa victoria. Al gallego se le regalaron siete semanas más. A Sergio, posiblemente, se le hayan regalado muchas más por lo que ha conseguido pero que ahora no parece que vaya a repetir.

El problema de este Real Valladolid es de protagonismo

La sensación del Real Valladolid tras la derrota (1-2) ante la Sociedad Deportiva Éibar fue muy mala. El equipo de Sergio González caía ante el de José Luis Mendilibar en el tiempo de añadido. El golpe fue durísimo. Los blanquivioleta caían al último puesto de la clasificación con fuerza por cómo se producía esa derrota. Dos semanas después, el equipo sufría otro golpe de grandes dimensiones al salir con la sensación de derrota de su visita a Huesca. El enfrentamiento ante los oscenses parecía capital y los blanquivioleta no estuvieron a la altura.

Más allá del punto, el partido del Real Valladolid en El Alcoraz fue muy débil. Lo fue a nivel global pero, sobre todo, en aquellos momentos en los que el equipo tuvo que mandar. Dejando a un lado cualquier opción de cambio en el modelo y la propuesta de juego, los pucelanos siguen teniendo problemas en los momentos de exigencia. Si tiene que proponer, liderar y ser protagonista, el Real Valladolid carece de ideas, intensidad e intención

No es cuestión sólo de cómo lo propone sino, también, de qué propone. Al Real Valladolid le cuesta ofrecer credenciales en momentos en los que se supone que debe liderar el partido. Ante la Sociedad Deportiva Éibar, la expulsión de Pape Diop fue un golpe para los pucelanos. En Huesca el mazazo fue el segundo gol blanquivioleta. Con una renta de dos tantos, el partido estaba de cara para los de Sergio pero, a  la vez, exigía un golpe sobre la mesa en forma de personalidad. Nada más lejos de la realidad. El equipo se derrumbó al no saber defender una acción simple tras el gol de Waldo Rubio y, posteriormente, al no digerir el tanto de Rafa Mir.

Personalidad oscense
Tras recortar distancias, la Sociedad Deportiva Huesca acogotó al Real Valladolid. Lo hizo por empuje, intención y carisma, todo lo contrario de lo que había mostrado el Pucela en los minutos anteriores y ante el Huesca. Los de Míchel Sánchez sabían qué debían hacer y cómo debían buscarlo. Generaban seguridad en su propuesta, suscitando miedo en su rival sobre el terreno de juego y envidia en el entorno blanquivioleta. ¿Cómo suele reaccionar el Pucela tras encajar un gol? Bajando los brazos. ¿Cómo lo hizo el Huesca? Buscando un saque de centro ofensivo que le llevara en 10 segundos al área rival.

El Real Valladolid, por norma general en las dos últimas temporadas, ha sido un equipo carente de respuestas. Le costaba tener una versión alternativa al plan inicial y, ahora, todas esas negaciones se han multiplicado con los cambios de guión de Sergio González. La rueda de prensa del entrenador catalán el pasado viernes ha hecho daño a un equipo que no tiene un líder. Sin él, los blanquivioleta potenciaron en Huesca una versión sin personalidad ni carisma. Por segunda jornada consecutiva, el Real Valladolid no supo sacar rendimiento a esos momentos en los que debía liderar, proponer y autoexigirse y se fue de Huesca con un punto que bien sabe a derrota y a pérdida de confianza.