La dignidad blanquivioleta de Zaragoza es insuficiente

El fútbol, como la vida, tiene sus términos. Todo debe estar bien determinado y marcado y el momento del equipo de Paulo Pezzolano es un buen ejemplo. El Real Valladolid está limitado, en efectivos y posibilidades, y, por ello, la exigencia sobre el equipo debe ser controlada. Los pucelanos, pese a los condicionantes, deben estar en situación de ganar pero no deben estar exigidos a hacerlo. El matiz, por ejemplo, es diferencial. Buscando definir todo desde el término más apropiado, el Real Valladolid firmó en Zaragoza un encuentro muy digno.

Dicha dignidad es elogiable, pero insuficiente. Para todo. Lo fue para ganar el partido y, también, para ilusionar, convencer y formar un proyecto. Al Real Valladolid se le debe pedir más. En todo y para todo. El encuentro en Zaragoza fue interesante, pero insuficiente. ¿Por qué insuficiente? Porque el equipo tuvo pocas respuestas al juego. La propuesta existió, y fue buena, pero fue insuficiente. No ella, pero sí buscar la victoria sólo con ella. Un equipo que busca la victoria  y que quiere estar en situación de ganar tiene que tener propuesta y respuesta, y los pucelanos sólo tuvieron propuesta. Así, el equipo se cayó en el final de la primera parte.

Los ajustes y los detalles de Fran Escriba hicieron crecer a un Real Zaragoza que tuvo muchas dudas en los primeros minutos del partidos. El inicio del duelo fue blanquivioleta; la evolución del mismo, no. El final del partido, sí, y lo fue porque los cambios sentaron mínimamente bien a un Pucela que ganó en seguridad cuando retiró al único central del primer equipo en el once y en la convocatoria. Con una nueva actuación sobresaliente de César de la Hoz, el Real Valladolid terminó asustando al rival en los últimos 20 minutos, pero antes hubo tramos en los que al equipo pucelanos le faltaron herramientas o ideas, según se mire, para hacer frente al duelo y hacer que éste fuera más que digno.

Condicionantes
La dignidad es mínimamente elogiable para un equipo con muchos condicionantes, que no excusas. Sin tu entrenador en el banquillo, con un director deportivo recién llegado, con un clima socialmente incómodo, con una plantilla con muchas debilidades, con jugadores lejos de su mejor nivel… El Real Valladolid puede estar mínimamente satisfecho, que no contento, con el partido. Lo puede estar porque se enfrentó a uno de los conjuntos más hechos, que no mejores, de la competición. Ante él y con muchos condicionantes, el empate no hubiera sido injusto.

Con Monchu Rodríguez ayudando en la salida de balón y en campo propio, Jony Montiel e Iván Sanchez tenían más libertad. Desde ella el Real Valladolid terminó cómodo, pero impotente. La aparición entre líneas de los dos jugadores interiores mencionados hacia rozar el empate, pero estos estaban poco acompañados. Un lateral izquierdo diestro, un extremo izquierdo agotado, un extremo derecho individualista y un delantero desorientado hicieron que los argumentos finales del Real Valladolid tuvieran poca consistencia y que la propuesta global fuera digna, pero no suficiente. ‘Dignidad’ e ‘insuficiencia’, términos que marcan la actualidad blanquivioleta tras la segunda jornada.

Al Real Valladolid se le caen las pinzas en Zaragoza

No es novedad asegurar que el Real Valladolid está justo de efectivos. Paulo Pezzolano tiene argumentos muy limitados para exponer a su equipo en los partidos. Los blanquivioleta no tienen muchos argumentos para cambiar el partido desde el banquillo. En la victoria (2-0) ante el Sporting de Gijón quedó claro que el vestuario tiene muchas carencias y este viernes, en Zaragoza, ha sido igual. El Real Valladolid ha tenido que demostrar, y lo ha hecho, pero no ha tenido fuerza ni argumentos para contestar a los entresijos del partido. Los pucelanos están cogidos con pinzas y en Zaragoza las perdieron.

La victoria ante los asturianos elevó un poco las expectativas pucelanas y en el Estadio de La Romareda se vieron frenadas. Era de esperar. La exigencia aragonesa no iba a ser la asturiana y el partido en Zaragoza se ha llevado a varios jugadores por delante. A la espera de fichajes, punto determinante, la maña será una de las últimas titularidades de Iván Cédric, por ejemplo. Como él, Zaragoza deja señalados a jugadores como Robert Kenedy o Enzo Boyomo. La actualidad habla de un equipo con pocos recursos y, entre ellos, jugadores lejos de poder sumar. Son varios los activos pucelanos lejos de su mejor nivel y capacidad para poder sumar. Por ello, el duelo en Zaragoza elimina cualquiera excusa y límite: se necesitan refuerzos.

Es obvio que el Pucela demanda jugdores pero, tan claro como ello, queda claro que los de Pezzolano necesitan futbolistas para sumar ya. La competición avanza hacia la tercera jornada y los banquivioleta no tiene tiempo que perder. ¡No pueden hacerlo! El entrenador uruguayo demanda jugadores de primer fila y de rendimiento inmediato. Cerrando agosto no es momento de aclimataciones, adaptaciones o evoluciones. Se necesita cantidad, calidad y seguridad. El tiempo apremia y el mercado y las decisiones han llevado a esta situación.

Mala gestión
La evolución de la ventana de fichajes, las decisiones del Club, como la destitución de Fran Sánchez, y las exigencias deportivas obligan a que el Pucela tenga que hacer un esfuerzo este verano. El perfil de fichajes deben conllevar un riesgo mínimo a corto plazo. Quizás, por todo lo narrado, desde el Estadio José Zorrilla, se debe detallar el perfil de jugadores que deben llegar en los próximos días. Estos no son otros que aquéllos que aporten seguridad. El Real Valladolid no puede vivir en en alambre, como hizo ante el Sporting y como confirmó en Zaragoza. La mala gestión del inicio se comienza a pagar ahora al demandar mucho o casi todo en las últimas semanas.

Pacheta se equivocó e incumplió uno de sus principios

La visita del Real Valladolid al Estadio de La Romareda dejó un valioso punto en el equipo blanquivioleta y, a la vez, el posible cambió de tendencia que tanto demanda el equipo de José Rojo, Pacheta. Los pucelanos deben ser un equipo más fiable lejos del Estadio José Zorrilla y, quizás, en Zaragoza se pudo marcar un cambio de tendencia. Pese a que la última visita fue la victoria (0-2) en San Sebastián, los pucelanos acumulaban sólo tres puntos de 12. Con el empate en Zaragoza, la dinámica puede ser otra porque los blanquivioleta cambiaron la tendencia y eso que su entrenador no estuvo del todo acertado en la segunda parte.

La sensación de que Pacheta consume los cambios porque tiene la opción de hacerlos pero no por creencia en ellos existe desde hace semanas y se confirmó en Zaragoza cuando Gonzalo Plata fue expulsado. El burgalés siempre ha sido un entrenador que ha asegurado que el suyo es un equipo que va a por la victoria siempre y que busca el segundo y el tercer gol. Su Pucela nunca va a especular. Él lo tiene claro pero lo cierto es que el equipo quedó muy debilitado para los últimos minutos del partido con lo que le quedó sobre el terreno de juego.

Variar al equipo y refrescar determinadas zonas del terreno de juego no siempre es sinónimo de poder dar un paso al frente, tal y como se vio en Zaragoza. Creyendo que es difícil que un equipo pueda ganar un partido sin su máximo goleador, retirar a Shon Weissman fue un error. Sustituir al ‘9’ fue error para ir a por la victoria. Intentando entender el hecho de prescindir del máximo anotador, entiendo la lectura de transiciones y velocidad que Pacheta quiso incorporar al partido con la entrada de Cristo González y Sergio León. Con el tinerfeño y el cordobés, el Pucela ganaba velocidad y contragolpe pero perdía control y último pase sin Álvaro Aguado.

Una acción esporádica
El movimiento de piezas de Pacheta no me terminó de cuadrar porque él llevó al equipo a una tendencia nada productiva para poder atacar la victoria. Creyendo el discurso de que el suyo es un equipo que siempre buscará la victoria, la lectura que hizo desde el banquillo está algo lejos de lo que el partido demandaba para que los pucelanos tuvieran mentalidad de ir a por los tres puntos hasta el minuto final. Todo puedo cambiar con la acción final de Cristo González, sí, pero tan verdad es que aquella opción fue la excepción de una segunda parte sin potencial ofensiva del equipo de Pacheta.

El nuevo proceso que está trabajando el Real Valladolid

El Real Valladolid llegaba al Estadio de La Romareda en una buena dinámica. Cuatro victorias ligueras de forma consecutiva hacían que el equipo blanquivioleta fuera visto como un rival temido en su enfrentamiento ante el Real Zaragoza de Juan Ignacio Martínez. Al potencial que siempre se le ha señalado a los pucelanos se le suma el buen estado de forma de muchos de sus jugadores. Así, y desde la zona de ascenso directo, el Real Valladolid había confirmado el «proceso» que siempre ha mencionado José Rojo, Pacheta. El entrenador burgalés siempre ha destacado la evolución del equipo sin mencionar la evolución que, ahora, tiene el equipo en contextos lejos de casa.

Los números del Real Valladolid son buenos pero lo son en el Estadio José Zorrilla. Tres de las últimas cuatro victorias son como locales. Si bien es cierto que el equipo ha ganado sus siete últimos duelos en Zorrilla, los de Pacheta apenas habían conseguido tres de los últimos 12 puntos lejos de casa. El Real Valladolid es bipolar y en esa doble versión es sobre la que trabaja el equipo ahora. Pacheta sabe que la bipolaridad limitará al equipo y condicionará el camino. Trasladando ese proceso global a los encuentros como visitante, el Real Valladolid está en un momento crucial de la temporada y de su futuro.

Ser fiable lejos del Estadio José Zorrilla es el principal objetivo blanquivioleta. Siendo regulares lejos de Pucela, el equipo no verá lastrados sus buenos números como local. Sabiendo que estos se reducirán en algún momento y que el equipo no contará todos sus partidos como local por victorias, el Real Valladolid está obligado a evolucionar lejos de casa. Tras encuentros como los firmados en Bilbao o Almería e, incluso, en Huesca, la visita a Zaragoza ha dejado el aroma a evolución en el entorno vallisoletano.

Un necesario complemento
Siendo cierto que los pucelanos se enfrentaban a un equipo que rozaba los 400 minutos sin hacer gol, el duelo mostró un camino ciertamente evolutivo. No fue la mejor versión del Real Valladolid pero sí fue una de mejoría, evolución y ciertos brotes verdes en sus necesidades más inmediatas. Los blanquivioleta demandan consistencia, seguridad y contextos muy concretos en sus partidos lejos de Zorilla y en Zaragoza hubo dos de sus demandas.

Si bien es cierto que, como ante el Burgos CF, el encuentro no estuvo dentro de los objetivos futbolísticos en los que mejor se mueve el equipo blanquivioleta, el Real Valladolid sí que mostró cierta seguridad y consistencia. Obviamente, éste no es el techo pucelano. Los de Pacheta pueden pedirse más y deben exigirse más pero sabiendo que el punto de partida existe. Tras encajar 10 goles en sus anteriores cuatro salidas, el Pucela demanda un proceso para su pelea lejos de Zorrilla y éste parece haber llegado tras lo vivido en San Sebastián y lo conseguido en Zaragoza. No es mucho pero sí lo suficiente para comenzar una nueva etapa, aquélla que complementará la fuerza del Pucela como local.

Fede San Emeterio ajusta toda la propuesta de Pacheta

Durante la pasada temporada, Fede San Emeterio amplió su contrato con el Real Valladolid. Pese a no ser un jugador capital para Sergio González, el Club apostó por ampliar la vinculación del cántabro. Tras firmar el contrato, el entrenador catalán fue cuestionado por el ’20’ y confirmó que es un jugador «que quiere cualquier entrenador». Compartiendo la reflexión del expreparador pucelano hay que entender los contextos en los que mejor se mueve el jugador e interpretar que muchos de ellos son en los que se quiere manejar, ahora, el Pucela de José Rojo, Pacheta.

La primera gran intervención del entrenador burgalés en el Real Valladolid fue con el cántabro como protagonista y es que para la idea de juego que quiere imponer el nuevo cuerpo técnico, con tres centrales, dos delanteros y mucha verticalidad exterior, un jugador del perfil de Fede San Emeterio es capital para dar consistencia al equipo y equilibrio a las posibles inferioridades. El centrocampista cántabro es ese perfil de jugador que ajusta y equilibra todo. No destaca por el balón pero sí sin él. En un equipo con buen pie y con dominio del balón, tal y como narró Pacheta tras el partido, este tipo de futbolista es más necesario que nunca.

Entre tanto jugador que salte con balón o que acompañe una transición ofensiva tiene que existir equilibrio y seguridad y es eso lo que ofrece un Fede San Emeterio que, en el segundo partido de Pacheta, ha confirmado que es él el que hace bueno el entramado y la propuesta del burgalés. Con tres centrales, la propuesta de balón pasa por un equilibrio que ofrezca el centro del campo y siendo el Real Valladolid un equipo de transiciones, el ’20’ dominará tanto las ofensivas como las defensivas.

Un ‘ajustado’ jugador
Soñando con ver un Real Valladolid tan ajustado y detallista como es el Real Zaragoza, Pacheta ya sabe que su Pucela pasa por tener en un rol más importante y destacado a Fede San Emeterio. El centrocampista fue el que cambió el partido porque Pacheta supo que sus cualidades eran las que necesitaba el equipo para el partido pero, de la misma forma, para confeccionar y crear su modelo de juego, su esquema y el dominio que quiere que ejerza su Real Valladolid y que en la victoria ante los maños sólo consiguió con Fede San Emeterio en el campo.

El equipo que le quedaría al Pucela es muy interesante

La rueda de prensa de José Rojo, Pacheta, tras el partido del Real Valladolid ante el Real Zaragoza dejó dos partes muy bien diferenciadas. Si por un lado estuvo el análisis del partido, por el otro estaba el análisis a la situación de Marcos André. Siendo el ‘7’ el gran protagonista de la previa y del encuentro, las palabras del entrenador pucelano definen muy bien cuál es su situación y qué se puede esperar del equipo en las próximas semanas. Tal y como anunció en su presentación, Pacheta sólo va a contar con los que «tengan la cabeza en Valladolid». Sabiendo que su forma de demostrar quién está en Valladolid es con la titularidad, el equipo que se le puede quedar a los pucelanos es muy interesante.

Sabiendo que la situación cambia de una semana para otra, tal y como confirma Marcos André, ver en el once titular del Real Valladolid a Roque Mesa, Shon Weissman, Lucas Olaza, Toni Villa y Óscar Plano genera tranquilidad de saber qué equipo van a tener los pucelanos y qué se puede esperar de él. Si estos jugadores son titulares es porque están comprometidos y si lo están, el Pucela tiene una base importante. Faltan detalles, obviamente, pero los detalles, detalles son. Lo verdaderamente importante es la base y la estructura, y el Real Valladolid la tiene.

La temporada pasada hizo mucho daño al Real Valladolid. A nivel de confianza, este Pucela sigue roto. Le cuesta liderar cualquier aspecto, como demuestra la situación de Marcos André. Que el brasileño esté con más de un pie lejos de Zorrilla no quita para que se deba analizar quién queda en el equipo y qué pueden sumar. La marcha del ‘7’ sería destacable pero la permanencia de esa base y núcleo mencionado es más importante y hará al Real Valladolid más sostenible. Las debilidades pucelanas generadas por la temporada pasada también se ven en los análisis. Hay falta de confianza y seguridad sobre un equipo que, ahora, está convencido, motivado y comprometido.

La base por encima de Marcos André
La confianza actual está en Pacheta, un entrenador que convence a los jugadores, no a todos pero sí a una gran parte; un preparador que interviene en lo partidos con solvencia; y ese líder que guía al Pucela en el convencimiento sobre una afición dolida y debilitada por los acontecimiento recientes. Por ello, y siguiendo su filosofía positiva pero realista, la lectura está en la plantilla y en todos esos «grandes jugadores» que tiene el Real Valladolid.

Perder a Marcos André sería importante, sí, pero ver a muchos jugadores en la titularidad las primeras dos jornadas genera la seguridad de que el equipo que se quedará en Valladolid será interesante y fiable. La estructura y la base del equipo es buena. Necesita rodaje, aclimatación al entrenador y detalles, pero tener esa base es capital para mirar al futuro con solvencia y con la seguridad de que el grupo va a saber atacar todas las mejoras que debe tener.

Ante el Real Zaragoza, el partido tuvo, como en el empate (1-1) en Las Palmas, desequilibrios e irregularidad en el rendimiento. Es normal, el equipo debe crecer y debe mejorar y puede hacerlo desde una base que, por el momento, está comprometida y que tiene el visto bueno de su entrenador. A falta de algo más de una semana para el cierre del mercado es suficiente para, como poco, no estar tan dubitativo como está el clima.

La primera intervención de Pacheta fue difícil y exigente

Después del partido del Real Valladolid ante el Real Zaragoza vi que jugaba el Real Oviedo y, rápidamente, busqué si estaba jugando Luismi Sánchez. Era, simplemente, curiosidad para saber por el exblanquivioleta. El andaluz, recién llegado al equipo asturiano, no estaba en el once ni en la convocatoria, todo lo contrario de lo que ocurrió en su primera etapa en el Estadio Carlos Tartiere. En aquella ocasión, tras la cesión desde el Estadio José Zorrilla, Luismi fue titular con sólo un par de entrenamientos en Oviedo. Las circunstancias eran diferentes, como lo son también en la lectura y en la gestión de los partidos.

Una de las mayores carencias de Sergio González en temporadas pasadas y, sobre todo, en la última era la dificultad que tenía para leer partidos e intervenir en ellos. Confesado por él, hasta el descanso no era «momento» para «ajustar» y el entretiempo nunca era el momento de cambiar a ningún jugador. Todos se merecían una nueva oportunidad tras el paso por vestuarios. Esa lectura es complicada y, como se vio, contraproducente, pero él la mantuvo toda la temporada. Pacheta, en cambio, no la ha firmado ni en la segunda jornada.

Tras los primeros 45 minutos, el Real Valladolid pedía un cambio de dibujo y de protagonistas. La situación era límite y el cuerpo técnico estaba exigido a tomar cartas en el asunto. Quitar a un delantero para dar entrada a un centrocampista posicional no es un movimiento fácil pero sí necesario. No es que el cambio sea bueno porque el Real Valladolid ganara sino que el Real Valladolid ganó por ese cambio. El orden de los factores es diferente.

Decisiones
Todo equipo debe ser versátil y es lo que consiguió generar Pacheta con la sustitución del descanso. Sabiendo cuál es su perfil de entrenador y su condición de psicólogo, el burgalés ha demostrado leer bien el partido. Siendo éste un cambio fácil de ver pero difícil de gestionar, la sustitución muestra el tipo de entrenador con el que se ha hecho el Real Valladolid. Demandando decisiones, participaciones y lecturas de juego que no han existido en los últimas temporadas, los pucelanos estarán cerca de sus objetivos porque en este equipo ya no hay miedo a tomar decisiones.

«Todos los jugadores saben su rol», aseguraba Pacheta hace una semana pero eso no quita para que los blanquivioleta deban tener una gestión importante y marcada por el inicio de temporada. Queriendo convencer al «mayor número» posible de jugadores, como explicó Pacheta en la previa a la visita del Real Zaragoza, hacer un cambio en el descanso es una intervención que hay que saber vender al equipo y a sus protagonistas a estas alturas. Las primeras impresiones son muy importantes y, en estos momentos, el Real Valladolid está conociendo al cuerpo técnico y éste se debe ganar al grupo por encima de un resultado, matiz opuesto a otras fases de la temporada.

Los ajustes se consiguen con tiempo y entrenamientos

Me gustaron mucho las declaraciones de José Rojo, Pacheta, sobre el Real Zaragoza en la previa al partido. En ellas, el actual preparador del Real Valladolid aseguraba que el conjunto zaragocista es un equipo «preciso» y es éste el máximo objetivo que debe tener el equipo blanquivioleta, tal y como ha asegurado tras el encuentro el propio entrenador burgalés. En los partidos del equipo maño ocurren pocas circunstancias y muchas de ellas son controladas y generadas por el propio conjunto aragonés. Es lo que ha conseguido Juan Ignacio Martínez.

Dentro de sus posibilidades y opciones, el equipo maño es un conjunto exprimido y llevado al límite. Sabe dónde están sus limitaciones y explota sus virtudes al máximo. El exentrenador del Real Valladolid conoce al 100% a sus jugadores. Sabe dónde están los detalles y los puntos fuertes y, por ello, tiene la precisión de la que carece el Real Valladolid y con la que sueña Pacheta. Por el momento, esta demanda del burgalés no es preocupante porque en su situación están todos los entrenadores que llegan a cualquier club.

LaLiga SmartBank es una competición muy compleja y exigente. Nada se puede presuponer hasta el punto de que un equipo que ha peleado por evitar el descenso a Segunda división B está más hecho que uno que llega de LaLiga Santander, tal y como demostraron los primeros 45 minutos del duelo entre Real Valladolid y Real Zaragoza. En ellos se vieron las propuestas base de dos conjuntos que buscan objetivos diferentes y que tienen modelos opuestos. En sus ideas principales, el Real Zaragoza está más hecho que el Real Valladolid. En profundidad de plantilla y posibilidades, no.

Desventajas
Cuando uno y otro equipo movieron el banquillo, el Real Valladolid ganó. Ahí se vieron las cualidades de unos y de otros y, también, la primera gran intervención del cuerpo técnico pucelano. Los vallisoletanos tienen opciones de decir mucho en esta temporada y desde el rigor y las ideas de su entrenador pueden hacerlo en estas primeras jornadas en las que el proceso de adaptación es tan importante y diferencial.

Aunque parezca mentira, el Real Valladolid parte en desventaja en estos momentos de la temporada con equipos como el Real Zaragoza y entrenadores como Pacheta lo hacen con otros como Juan Ignacio Martínez. En las primeras jornadas, los conjuntos recién descendidos y los entrenadores recién llegados tienen carencias de información sobre el equipo rival y la categoría. Por ello, el tiempo es la mejor receta para equipos como el Real Valladolid que, dentro de su idea, quieren ser tan seguros, fiables y precisos como lo es el Real Zaragoza de Juan Ignacio Martínez, un equipo llevado al límite de sus posibilidades y cualidades. El límite al que quiere llegar Pacheta y el Pucela.

Pacheta rehúye de excusas pero pide más ingredientes

Segunda jornada de LaLiga SmartBank para el Real Valladolid y José Rojo, Pacheta, entrenador blanquivioleta era cuestionado por si había o veía «nervios» en el vestuario. No ganar la primera jornada podía haber generado cierta ansiedad en el equipo, pero todo lo contrario. La confianza y la seguridad que el entrenador burgalés transmite sobre su equipo es muy alta y lo hace sabiendo además para qué ha llegado al Estadio José Zorrilla. Pacheta recuerda constantemente que ha sido fichado para ascender y para ganar, pero no por ello se olvida del proceso que se debe vivir hasta llegar a ese punto.

Antes de ascender hay que ganar muchos partidos y para firmar muchas victorias hay que forjar una identidad y, antes de ello incluso, saber con quién puede contar el equipo y con quien va a formar el vestuario. Sin tener claros los puntos principales y los más básicos, el Real Valladolid no puede calibrar su futuro ni, tampoco, saber a dónde puede llegar, por el momento. Los de Pacheta no saben cómo ni con quién podrán luchar por su gran objetivo: el ascenso. El Real Valladolid sabe por qué tiene que luchar pero, de cara a la segunda jornada, les faltan entender cómo deberá hacerlo.

Sabiendo que el actual cuerpo técnico basa todo el estilo en las cualidades de sus jugadores, éste debe saber quién va a ser inscrito y quién no. Debe o, como poco, lo agradecería. Es una parte importante de la organización deportiva del equipo y el Real Valladolid, actualmente, no la tiene. Es una losa pero un inconveniente sobre el que no se va a sustentar ninguna excusa. Pese a que Pacheta quisiera que el mercado estuviera cerrado, el entrenador pucelano sigue centrado en aquello que puede dar y exigir al equipo ahora.

Centrado principalmente en el proceso que lleva a ser un equipo fiable y seguro, Pacheta mira a las victorias y al orgullo de la afición. Una exigencia suele ser sinónimo de otra pero, ante todo, genera una unión y vinculación que este equipo necesita y que el cuerpo técnico quiere buscar por encima de todas las ambiciones y necesidades. El actual Real Valladolid demanda confianza y unión y es ese el principal objetivo que se marca el nuevo cuerpo técnico y el que vende y promulga José Rojo, Pacheta.

Insistencia y orgullo
«La afición se debe sentir orgullosa del equipo», ha asegurado en varias ocasiones y es eso lo que él busca con insistencia pese a que sepa de su dificultad y que conseguir unanimidad es una «utopía». En cualquier aspecto de la vida y del fútbol, convencer a todos es imposible pero el actual entrenador pucelano quiere hacer creer «al mayor número posible» de gente. Tanto en el vestuario como en la grada. «Si nos convencemos, corremos por el compañero y si lo hacemos, conseguiremos retos inimaginables», narró Pacheta en su rueda de prensa de presentación y es eso lo que el propio burgalés busca con insistencia y que quiere conseguir desde la primera victoria y el primer duelo de la temporada en Zorrilla.

Lo que vamos a ver durante esta temporada en el Estadio José Zorrilla es un entrenador insistente y testarudo en la consecución de sus objetivos. Las formas se las definirá el mercado, el proceso de trabajo y la evolución de su vestuario. El cómo está por definirse pero los objetivos, no. Este Real Valladolid divide muy bien entre las formas y los objetivos ya que su entrenador sabe qué puede pedir y qué debe exigir.