Una victoria ilusionante plagada de individualidades

Siempre se dice que un equipo en construcción es simplemente un grupo y no un equipo. Sin estar compactado, cohesionado y unido, un vestuario de jugadores es sólo eso. Actualmente, el Real Valladolid está en esa fase. Los de Paulo Pezzolano, sin pretemporada realizada en las piernas como grupo, es un vestuario con jugadores a los que le falta adaptarse. Son muchos futbolistas nuevos acoplándose a una idea de juego de un entrenador al que aún no terminan de conocer. Por ello, victorias como la de este domingo en el Estadio Carlos Tartiere fortalecen a un grupo de individualidades y no de conceptos grupales.

Aunque en el mundo del fútbol se asegure que «los equipos se forjan desde las victorias», el Real Valladolid está buscando su identidad y ésta se empezó a vislumbrar, quizás, en el segundo periodo en Oviedo. En la última hora de juego ante el equipo asturiano, los pucelanos mostraron qué buscan y cuánto de cerca o lejos están de conseguirlo. Se vieron detalles positivos e ilusionantes porque el rendimiento individual de varios activos fue muy positivo. El tanto de Marcos André define la calidad de un vestuario con interesantes jugadores.

Bajo el amparo de la calidad individual, que no de la cohesión grupal, el Real Valladolid sumó un triunfo de mérito e ilusión. La segunda victoria consecutiva dice que los pucelanos tienen mimbres, aquéllos que ejemplifican Monchu Rodríguez, Enzo Boyomo, Stanko Juric, Iván Sánchez o Raúl Moro, además del mencionado Marcos André, que sin estar bien en la temporada ni acertado en el duelo confirmó que el suyo es un juego diferencial para el Real Valladolid y LaLiga Hypermotion. Bajo el rendimiento individual de estos jugadores, que en muchos de los casos aún no están asentados en el equipo, el Real Valladolid tiene su actual sustento.

Responsabilidad
Lejos de ganar partidos por inercia grupal y por tendencia de un vestuario hecho a sus compañeros, las dos últimas victorias pucelanas ha llegado por acertados, concretos, determinados y determinantes rendimiento individuales. Pensar en la victoria ante el Real Oviedo siempre va a llevar al gol de marcos André pero, antes, está el buen hacer de Enzo Boyomo, el despliegue de David Torres, la seguridad de Stanko Juric, la verticalidad de Raúl Moro, el liderazgo y lectura de Monchu Rodriguez y el protagonismo con balón de Iván Sánchez. Ningún aspecto de la victoria vallisoletana deja sensación «coral», como se denomina actualmente, pero la preocupación y/o exigencia quizás no debe ser esa.

Sabiendo el momento del equipo, la tardía formación del proyecto deportivo, la llegada de jugadores en el último momento, el cuestionable estado de forma de determinados futbolistas y el ambiente que engloba al equipo en la temporada, pedir más que aquéllo de lo que es habitual es, quizás, irresponsable y, ahora, el Real Valladolid de Paulo Pezzolano necesita responsabilidad en todos lo frentes y uno de ellos es, sin duda, el del análisis y la exigencia. En ambos sentidos, el Pucela está para ser analizado por detalles y no por cuestiones globales. En los detalles mandan los jugadores. En lo global, el equipo.

Quizás Paulo Pezzolano merece un voto de confianza

Las ruedas de prensa son, para mí, determinantes en el mundo del fútbol. Dicen mucho. ¡Muchísimo! En el actual Real Valladolid, por fortuna, es así. Paulo Pezzolano habla mucho en sus comparecencias públicas. Lo hace con claridad y sin miedo, sobre todo en las previas, aquéllas en las que tiene tiempo para preparar qué quiere decir y cómo. Con la frialdad del tiempo, el técnico uruguayo consigue aportar sensatez al momento de su equipo. Por ello, y siguiendo el guión que ha marcado en las últimas semanas, creo que que se merece un voto de confianza tras la victoria en Oviedo.

En la rueda de prensa previa al duelo ante el Fútbol Club Cartagena, el preparador blanquivioleta tuvo que tragar saliva en varias ocasiones. Se mascaba la tensión en la sala de prensa del Estadio José Zorrilla. Él mismo pudo asegurar que se le criticaba por todo. Si gesticula, si no lo hace… Cuando los resultados no llegan, los cuchillos se afilan. Ahora, tras dos victorias agónicas del equipo, la situación es diferente. El resultadismo templa los nervios, pero lo que los calma de verdad es ver que el camino marcado por el líder comienza a vislumbrarse.

Dentro de esa exposición clara y contundente que Pezzolano suele hacer de la situación del Real Valladolid, él ha pedido tiempo para conseguir un equipo serio, fiable y seguro, aquél que se ha podido ver en el Estadio Carlos Tartiere en la segunda parte y, ante todo, en los últimos 25 minutos. En esa franja el equipo fue maduro, evolutivo y rotundo. En un fútbol en el que no consiste ser mejor que el rival sino, más bien, conseguir hacer tu partido, el Real Valladolid puede darse por contento y no sólo por ganar en el minuto 93. El cómo se ganó señala un camino costoso y aún nublado pero que comienza a ser real.

Incomodidad y seguridad
El equipo blanquivioleta se mostró seguro en el partido en todas las fases de él. Sufrió en el inicio, sí, pero supo hacerlo. Se ajustó al devenir del duelo y consiguió llegar al descanso con una tendencia positiva. Tras los primeros 45 minutos, el duelo estaba más en lo que quería y buscaban los visitantes que los locales. La balanza ya estaba inclinada en favor blanquivioleta. Tras el paso por vestuarios, el Real Valladolid no tuvo prisas y fue progresivamente a por el duelo. Incluyendo la presencia de dos delanteros, el factor diferencial de Raúl Moro fue determinante.

Si prisas y correcto tácticamente, el aroma en los últimos 25/30 minutos era positivo. El Real Valladolid ganó muchas segundas jugadas y se supo anteponer al rival. El Real Oviedo no veía peligrar el duelo, pero se encontraba incómodo. Si bien los pucelanos conseguían mostrarse seguros y convincentes, el rival estaba dudando. ¿Cómo se ve que un planteamiento está saliendo bien? Ganando segundas jugadas. ¿Cómo se ve que un equipo está incómodo? Analizando la cantidad de errores no forzados.

Bajo este guión, el gol de Marcos André en el minuto 93 es justo. Lo es por la templanza, la seguridad, la madurez y la evolución que el Real Valladolid ha mostrado en el partido. El encuentro ha tenido muchas fases pero en todas el equipo de Paulo Pezzolano ha mostrado aquéllo que el uruguayo ha avisado que iba a buscar por creencia en ello. Viendo que lo que asegura va apareciendo, pese a decisiones que sigo considerando innecesarias, entiendo que Pezzolano y su cuerpo técnico se merecen un voto de confianza. No por dos victorias consecutivas sino porque estas llegan por lo que el entrenador asegura que están trabajando y preparando.

Pacheta se movió en Oviedo entre la valentía y la osadia

¿Cómo va a conseguir el actual Real Valladolid sus diferentes objetivos y el ansiado regreso a LaLiga Santander? Con personalidad, valentía, seguridad, confianza y hasta cierta osadia. El Real Valladolid debe tener una identidad propia para momentos clave de la temporada y Oviedo, en gran parte, lo era. Conseguir dos victorias consecutivas lejos del Estadio José Zorrilla en el tramo final de temporada era un golpe de efecto casi definitivo que los pucelanos no consiguieron al verse superados en los segundos 45 minutos por el equipo asturiano.

Los blanquivioleta cayeron en el segundo acto de un duelo marcado por la expulsión de Raúl Carnero y pese a que nadie, ni el más contrario ni exigente con este Pucela puede negar el peso de la inferioridad, tras ella hay una lectura futbolística que muestra que los pucelanos no estuvieron bien. El Real Valladolid no estuvo acertado en la lectura del partido porque su entrenador, quizás, no lo estuvo. Pasadas las horas y analizando el encuentro en frío, lo que ofreció el Pucela no tiene sentido, pero no lo tiene por el resultado final sino por la poca capacidad de respuesta que ofreció.

Por esa nula doble vertiente en el juego, el Real Valladolid murió antes del minuto 60. No se había disputado ni una hora de encuentro y el Real Oviedo ya sabía que había ganado el encuentro. Los pucelanos tiraron la toalla porque quisieron morir con su idea. Si bien es cierto que la expulsión de Carnero y la amonestación de Toni Villa a los 20 minutos obligó a la sustitución del ’19’ para la entrada de Nacho Martínez, el duelo fue tomando un camino en el que Pacheta debía haber intervenido antes pero en el que no entró por valentía o, quizás, por osadía.

Plan B
Pacheta vive pendiente de inyectar personalidad y moral a su equipo. El burgalés quiere que su Pucela crea siempre en lo que hace y no supo o no quiso salirse de su idea en el encuentro de Oviedo. Lo lógico y lo natural hubiera sido adaptarse a lo que demandaba un encuentro con una inferioridad tan destacada como ésta, pero Pacheta quiso abogar por su estilo, su propuesta y su idea. La valentía de hacerlo fue alta, tanto que se puede entender como osadía porque, además, el equipo no estuvo en ningún momento dentro de lo que suele ofrecer.

La inferioridad numérica lastró la propuesta pucelana para generar superioridades con balón y poder ganar espacios en campo rival. De esta forma, y tras potenciar la presencia de la idea global del equipo, Pacheta acabó sucumbiendo. Salió de su idea y se adaptó al duelo, pero ya era tarde. Él quiso mantener su propuesta y no abandonar su idea porque entendía que pese a ser con uno menos, el equipo sabía qué debía hacer. Con el resultado en contra se adaptó al duelo. Esa intervención fue no hacer más sangre con un resultado que hubiera sido más abultado pero no más doloroso.

Oviedo supone la excepción del «proceso» de Pacheta

La victoria (1-4) en Tenerife fue ilustrativa del momento que vive el Real Valladolid pero, sobre todo, de la forma en la que el equipo de José Rojo, Pacheta, obtiene los resultados. Los blanquivioleta se definen por un «proceso» en el que siempre salen ganadores. Durante la narración del duelo en el Heliodoro Rodríguez López, Juan Eduardo Esnaider, comentarista de Movistar Fútbol, analizaba la fuerza con la que el equipo termina los duelos. Destacando un nivel físico, el argentino no dejaba pasar la fuerza pucelana en ideas y claridad.

El Real Valladolid confía en lo que hace y, por ello, sabe dominar partidos largos y encuentros de profundidad. Tenerife fue la confirmación y Oviedo ha sido la excepción. Si los vallisoletanos son un equipo que han confirmado en las últimas jornadas que el paso de los minutos le sienta bien, el en Estadio Carlos Tartiere fue todo lo contrario. La tempranera expulsión de Raúl García Carnero marcó el duelo e hizo que el Pucela sólo estuviera vivo hasta el minuto 58.

Antes de llegar a la hora de juego, el Pucela cerró el encuentro. Las reacciones de los jugadores tras el tanto de Borja Bastón dictaminó el final del encuentro y el rechazo a un posible «proceso» como el de jornadas atrás. El Real Valladolid no tuvo convicción para los últimos 30 minutos por el golpe moral que supuso el inicio de la segunda parte. La tardía intervención de Pacheta en el partido y la ausencia de adaptación al encuentro obligaron a un único camino que salió cruz tras la reanudación.

Lenguaje gestual
La exigencia que tiene un equipo con una inferioridad numérica tan grande como la que vivió el Real Valladolid en Oviedo es psicológica y el Real Valladolid resistió sólo durante una fase concreta del encuentro. El equipo de Pacheta fue resultadista en su mentalidad. Sobrevivir con un jugador menos es complicado, pero los blanquivioleta lo hacían por el sustento que tenía con el marcador. Rota la única fortaleza pucelana en el duelo, el juego se inclinó hacia la portería de Jordi Masip y el lenguaje gestual del Real Valladolid confirmó que el equipo no tenía fuerza para remontar el partido y, ni tan siquiera, para sostener esa desventaja de dos goles.

El encuentro había tomado un camino en el que el Real Valladolid estaba muy perjudicado. Una inferioridad numérica como la que tuvieron que afrontar los de Pacheta limita a cualquiera y lleva a un «proceso» tan lógico y frustrante como opuesto a lo que habían conseguido ofrecer los pucelanos en las últimas fechas. En ellas se mostró el verdadero rostro y blanquivioleta y la fuente para el último tramo de la temporada, aquél que tiene en Oviedo a la expcepción del «proceso».

El liderazgo Pacheta se ganó al grupo, pero no la batalla

José Rojo, Pacheta, entrenador del Real Valladolid, confía mucho en el equipo y, también, en él. Esta semana, tras lo vivido con Gonzalo Plata, el burgalés ha mostrado dos caras porque parecía estar más enfadado y dolido por lo sucedido con el ecuatoriano tras el partido que en la previa. En frío y con el tema bien reposado, el entrenador blanquivioleta estaba más enfadado, que no resignado. Lo estaba porque pese a la confianza que tiene en que su discurso es bueno para el grupo y que su estilo influye en los jugadores, el partido resultó negativo.

En la previa, Pacheta estaba convencido de llevar al equipo a un camino en el que lo sucedido extradeportivamente no iba a influir en el equipo, todo lo contrario de lo que ocurrió. Nada más lejos de la realidad. Gonzalo Plata fue uno de los grandes protagonista del duelo. Lo fue en varias fases y desde el principio. Sin estar entre los once elegidos, Pacheta mostró personalidad y gestión de grupo. Dejándolo fuera de la lista, el burgalés, muy posiblemente, se ganó al grupo. La gestión del entrenador fue buena y, además, sensata.

Dándole una argumentación de no ver al jugador centrado, tener a Gonzalo Plata en el banquillo hubiera invitado a usarle durante el partido. En la preparación del duelo, la baza del ecuatoriano en el banquillo era golosa. Con el partido iniciado, más aún porque que el equipo necesitaba un perfil como el suyo. Con todo, Pacheta arriesgó y lo hizo por el grupo, aquél al que se le vio afectado y condicionado desde el primer instante. Pese al gol de Shon Weissman en el inicio del partido, el equipo estaba ciertamente descontrolado y descentrado.

Dos versiones de Pacheta
Pese a gestionar bien la sensación de peligro del rival, el Real Valladolid no fue él y no lo fue por el peso de lo vivido con Gonzalo Plata y la batalla perdida por Pacheta en esa gestión.
Las dos caras del de Salas de los Infantes sobre el tema son claras. En la previa se le veía de resignado y contrariado. Tras el partido, enfadado. El cambio, muy posiblemente, llegó al ver el peso que todo lo vivido había tenido en el grupo. Al Real Valladolid se le vio afectado porque una semana como ésta afecta pese a que su entrenador se mostrara convencido de saber gestionar la situación.

Así, y tras el duelo, se confirma que Pacheta gestionó bien al equipo al mostrar personalidad y carisma. A largo plazo se podrá palpar qué peso tiene esta gestión. A corto, la batalla estuvo perdida porque Gonzalo Plata fue protagonista y el equipo estuvo debilitado. De ahí que Pacheta mostrara dos caras en este asunto y que el enfado llegara no por el hecho y sí por la repercusión que ese hecho tuvo en el equipo y en su juego.

Gonzalo Plata influyó en el partido más de lo deseado

El fútbol está lleno de tópicos que han llegado a instalarse en los análisis, aunque tengan poco de real. Durante la temporada he analizado y he opinado sobre esa manida frase que resume todo en «cada partido es un mundo». Es un error. Lo es por concepto y porque no se ajusta a la realidad. Cada encuentro se prepara y está condicionado por el anterior. De la misma forma no es real aquello que tantas veces se escucha y se lee de que el partido se juega sólo en el césped. Supuestamente, nada más influye, todo lo contrario de lo que demostró el Real Valladolid en la visita del Real Oviedo al Estadio José Zorrilla.

La disputa de la jornada 20 en LaLiga SmartBank mostró un Real Valladolid impreciso en ataque y sin confianza. Tras vivir una semana «muy complicada», tal y como aseguró José Rojo, Pacheta, el equipo estuvo influenciado por factores externos al juego. Durante el partido lo demostró pero durante la semana le influyeron. Lo vivido con Gonzalo Plata elevó niveles que superaron al equipo, al entrenador y al Club. Pese a querer apaciguar los nervios con diferentes comparecencias, el equipo notó todo lo vivido y firmó un encuentro discreto y marcado por cierta dosis de fortuna.

Si Pacheta en Huesca no se quiso defender con las estadísticas para argumentar la derrota, la victoria ante el Real Oviedo le devuelven aquella superioridad que no consiguió demostrar en el Alto Aragón. De ser mejor y no ganar a no serlo y quedarse con los tres puntos. El Real Valladolid estuvo impreciso en ataque ante los de José Ángel Ziganda y lo estuvo porque la preparación del duelo estuvo marcada por un hecho extradeportivo que influyó en el equipo como, también, lo hicieron las bajas. Sin Roque Mesa ni el extremo ecuatoriano, el Pucela demostró carencias en el último cuarto y, sin ellos, el equipo no supo encontrar la portería de Joan Femenías como debía.

Más protagonista de lo deseado
La irregularidad en el juego sigue siendo un lastre para el análisis de la temporada pucelana. A nivel de juego y creación de ocasiones, la derrota en Huesca es más completa pero, en esta ocasión, el condicionante en la preparación del duelo es tan importante que el análisis resultadista queda en un lugar más destacado. No se debe entender todo porque el equipo ganó pero sí que se debe ser menos crítico con el juego del equipo porque éste vivió una semana poco futbolística y sí muy extradeportiva.

Un partido de fútbol está condicionado por muchos aspectos. No todo depende de las ganas o de la actitud de un equipo. Éste es un análisis simple del que quiero separar. En estas líneas no busco ni buscaré enfocar el análisis sobre aspectos así pero sí que dada la situación entiendo que en el encuentro ante el Real Oviedo, Gonzalo Plata fue más protagonista de lo deseado.

En aspectos futbolísticos lo fue. Un jugador de su calidad y rendimiento siempre es añorado pero, ante todo, su repercusión fue social. Lo vivido durante la semana condicionó para que no se viera la mejor versión pucelana. A nivel de juego sonrió la fortuna y faltó fútbol, todo lo contrario que en Huesca. En El Alcoraz viendo lo que debilitan los condicionantes externos, al equipo se le debió de pedir más. Ante el Real Oviedo, quizás, no. 

Ningún modelo de juego puede asegurar la brillantez

El mundo del fútbol está lleno de matices, términos y cuestiones subjetivas. ¿Es lo mismo jugar bien que jugar bonito? ¿Qué es jugar bonito y qué es jugar bien? Estas son preguntas constantes, pero no las únicas. A José Rojo, Pacheta, se le acusa o señala de tener un juego «alegre». ¿Qué es jugar alegre? ¿Qué es no ser alegre? Entendiendo que las diferencias están en lo que asumes para el ataque y lo que expones a la defensa, el actual Real Valladolid es un equipo vistoso y ambicioso. Así quiere su entrenador que sea. Para él, no hay mejor forma de cerrar el partido que buscar el siguiente gol. Ese estilo lleva a perder puntos, como ocurrió ante la UD Ibiza, pero, también, a estar cerca de un modelo de juego que se debe ajustar.

Pese a que el Real Valladolid esté, tras la victoria ante el Real Oviedo, a dos puntos de la zona de ascenso directo tras 10 victorias en la temporada, el equipo sigue necesitando ajustes. Dentro del modelo de juego propio del equipo, el Pucela se puede y se debe ajustar más. Debe fortalecerse más para que no le ocurra como le sucedió en Huesca. En la derrota (3-2) en el Estadio de El Alcoraz, el Pucela pagó en exceso los tramos en los que fue inferior al rival. En cambio, en los que fue superior al equipo oscense no consiguió materializarlo en goles.

Al equipo le falta ajustarse. Desde esos ajustes, el equipo será mucho más equilibrado y con equilibrio, regular. La evolución debe llegar porque un equipo que quiere estar en la zona alta de la clasificación no puede mostrar una hoja de presentación de cinco victorias seguidas como local pero, a su vez, tres derrotas seguidas lejos de Zorrilla. El equipo debe estar equilibrado porque así podrá estar más cerca de conseguir la brillantez que, erróneamente, se le pide al Club en LaLiga SmartBank. El Real Valladolid en Segunda debe ser bueno y aparentarlo pero no hay ningún modelo de juego que lo asegure.

Consistencia y confianza
La brillantez que, obviamente, no ha tenido el Real Valladolid ante el Real Oviedo no da puntos, pero crecerse en la adversidad, sí. El duelo ante los de José Ángel Ziganda no dejó un Pucela de excelso movimientos. Firmó un partido de ciertas carencias pero de enorme seguridad. Es cierto, como ha narrado el propio Pacheta, que el equipo tuvo «fortuna». El tanto de Nacho Martínez llega por ella y el error de Borja Bastón casi también. Pese a ello, el equipo mostró una de sus grandes necesidades: capacidad para saber sufrir cuando es inferior o cuando el rival tiene sensación de peligro.

Tras una igualada primera parte, los segundos 45 minutos fueron del Real Oviedo. El equipo asturiano tuvo la posesión y la sensación de estar cerca del gol, pero sólo eso. El primer lanzamiento de los de Ziganda en la segunda parte entre los tres palos llegó en el tiempo de añadido. El Real Valladolid supo sufrir y lo hizo bien. No defendió casi ninguna inferioridad y solventó con éxito muchas de las necesidades de las que viene necesitando el equipo. Actualmente, y para ser regular y fiable, las dos grandes demandas del equipo, el Pucela no necesita brillantez. Demanda consistencia y confianza y estas sí las tuvo para la décima victoria de la temporada.

¿Y si la temporada aún no está del todo cerrada?

Real Oviedo 1 – 2 Real Valladolid | Primera victoria del Pucela de Sergio

La derrota (0-1) ante el Sporting de Gijón hizo bajar la persiana de la temporada. Ésta ya estaba cerrada. La previa del partido era catastrófica. No podía ser peor. Entre el dolor por la última derrota y el panorama tras las bajas que se iban produciendo durante toda la semana, el Real Valladolid viajaba a Oviedo para cerrar la temporada. La sensación era clara en un inicio pero, ahora, tras el partido, el mundo blanquivioleta quiere que se vuelva a levantar esa persiana que muchos cerraron días atrás. Se busca un nuevo empuje para el tramo final de la temporada porque los de Sergio González ganan fuera de casa y consiguen hacerlo desde un partido maduro. Todo lo que se envidió del Sporting de Gijón días atrás parece tenerlo el Real Valladolid, siendo la base de toda esperanza. Hasta de volver a creer en el play off.

Los jugadores del Real Valladolid celebran la victoria sobre el césped del Estadio Carlos Tartiere | <em><strong>Foto: LaLiga</strong></em>
Los jugadores del Real Valladolid celebran la victoria sobre el césped del Estadio Carlos Tartiere | Foto: LaLiga

Ambición
Llega el minuto 94 y Eiriz Mata, colegiado del partido, señala el final del partido y Sergio González celebra con rabia la victoria del Real Valladolid en el Estadio Carlos Tartiere. La angustia por el gol de Miguel Linares apretaba el cuello de un entrenador que con el final del encuentro soltaba toda la tensión acumulada y la alegría por ver parte del Pucela que él quiere ver. Si ante el Sporting de Gijón era imposible ver un pequeño atisbo de cuál iba a ser su equipo y aunque en Oviedo seguía siendo difícil, Sergio ya había tenido algo más de tiempo para formar y concienciar a los jugadores. 

Con dos semanas de trabajo, el catalán y su cuerpo técnico han tenido más tiempo para convencer a la plantilla de que éste era un partido trascendental y cuál era la forma en la que se iba a atacar. Con una buena lectura del partido y una ejecución «madura», como así la calificó Sergio en sala de prensa, el Real Valladolid sumaba tres puntos importantes, tanto como para que aquellos que cerramos la temporada tras perder ante el Sporting queramos volver a levantar la persiana. ¡Vuelve la esperanza!

Orgullo, casta y honor
La expectativa del Real Valladolid, ahora, es otra bien distinta y lo es por la forma en la que el Real Valladolid afrontó el partido. Nunca he visto a este equipo falto de actitud pero sí carente de ideas y ambición. Ahora, con el cambio de entrenador, parece que las tiene y, además, en Oviedo el fútbol le sonrió un poco. Le dio un pequeño regalo que terminó siendo inmenso. La casta y el orgullo con el que el Pucela trabajó durante los 90 minutos ofrecieron un resquicio determinante con el segundo gol.

Tras el tanto de Jaime Mata, el gol, en propia puerta, de Ramón Folch espoleó la lectura sosegada del partido. Los pucelanos sabían en todo momento qué debían hacer y, tras el segundo gol, mucho más. Con opción para el margen de error, como ocurrió con el gol de Miguel Linares, Sergio González terminó firmando su primera victoria con el Real Valladolid para asegurar que esta temporada no está cerrada y que su equipo, cada vez más suyo, va a dar que hablar en el objetivo de entrar en el play-off.

La victoria más importante de toda la temporada

Real Valladolid 3 – 1 Real Oviedo = Los de Sampedro, por fin, cierran la mala racha

Antes de recibir la visita de los de Juan Antonio Anquela, el Real Valladolid había ganado siete partidos, cinco ligueros y dos coperos. Todos, obviamente, tenían su importancia pero hasta este sábado el Pucela no había firmado una victoria como el que consiguieron los jugadores de Luis César Sampedro. Romper la racha de cinco jornadas consecutivas sin ganar, espantar ciertos fantasmas que había sobre el equipo y volver a pisar las inmediaciones del play-off dejan el duelo como la victoria más importante del año. Da igual cómo. Nadie lo cuestiona. Lo debate pero no lo pone en duda. El Real Valladolid debía ganar al Real Oviedo y lo hizo. Necesita una victoria para creer en el estilo, en el trabajo y romper con el estrés. Dicho y conseguido. Ahora debe comenzar un nuevo Real Valladolid, aquél liberado tras tres puntos determinantes.

· La crónica, realizada para ElDesmarque Valladolid | “Apacigua la tormenta” ·

Los jugadores del Real Valladolid celebran el tanto de Deivid Rodríguez, el primero de la victoria <em><strong>(RealValladolid.es)</strong></em>
Los jugadores del Real Valladolid celebran el tanto de Deivid Rodríguez, el primero de la victoria (RealValladolid.es)

Frenar fantasmas
En el empate (1-1) ante el Sporting de Gijón demostraba que el Real Valladolid tenía problemas. Debilidades de confianza con su estilo. El equipo de Luis César Sampedro era el peor rival del propio equipo del entrenador gallego. Por todo ello el duelo ante el Real Oviedo no era una “final” para el objetivo pucelano pero lo parecía en el estado anímico y mental de sus jugadores. El Pucela parecía bloqueado en las últimas fechas. Tras cinco jornadas consecutivas sin ganar, los vallisoletanos debían ofrecer una versión resultadista. Ganar o ganar. No había otra oportunidad. El objetivo era claro y la lectura se haría sólo por el marcador.

Los goles de Deivid Rodríguez, Jaime Mata y Míchel Herrero dejaron como inerte en tanto de Miguel Linares. Con tres tantos a favor y sólo uno en contra, el Real Valladolid sumaba la victoria y hacía bueno cualquier análisis. Los blanquivioleta tenían que ganar, y así lo hicieron. Mostraron debilidades, problemas en aspectos del juego ya existentes y deficiencias en ciertos movimientos defensivos. No fue el partido perfecto pero sí el resultado que el equipo necesitaba. Un resumen más que suficiente.

En muchas ocasiones, el estilo debe ser refrendado y pesa más el cómo que el qué. Ganar no es determinante. En esta ocasión, ganar era la única posibilidad y el Real Valladolid lo conseguía. Sumaba tres puntos determinantes y un pequeño éxito que debe dar consistencia al equipo. Con esta victoria el Pucela puede y debe crecer. Se han eliminado fantasmas, se ha frenado la sangría de puntos que había perdido el equipo y, ojalá, se puede haber dado un espaldarazo a la moral de muchos de sus jugadores.

Por el momento no son sólo tres puntos. Es la victoria más importante de la temporada, un partido que debe hacer crecer al Real Valladolid y dejar mostrar a sus futbolistas la calidad, fútbol y cualidades de grupo que poseen. Si el camino es el correcto, Luis César Sampedro valorará esta victoria ante el Real Oviedo como el encuentro que dejó confirmar y exponer todo el fútbol que tiene su equipo pero que, durante varias semanas, estaba taponado. En ese momento, que ojalá pueda llegar, la visita del Real Oviedo al Estadio José Zorrilla será mucho más que la victoria más importante del año. Mucho más.