Épica nobleza castellana para conquistar el José Zorrilla

El sabio refranero español, que tiene expresiones muy acertadas a todos los avatares humanos, nos dice en una de sus múltiples aportaciones que «a moro muerto, gran lanzada”. Es un refrán que se refiere a quien critica o condena a toro pasado o en ausencia de peligro una actuación o un hecho sin haberlo hecho cuando convenía o era el momento y el caso. No seré yo quien actúe con Sergio González ahora dándole una «gran lanzada».

El entrenador barcelonés es ya historia en el Real Valladolid y el Club y su entorno miran y deben centrarse en el fútbol que desde el pasado jueves cuenta como referencia con el saleño, salense o serranomatiego, como se prefiera el gentilicio, de José Rojo Martín, Pacheta. El que fuera fino interior pero enorme rematador de cabeza tiene un historial humilde tanto como jugador como entrenador, especialmente como preparador pues su experiencia en LaLiga Santander es breve. Al nuevo entrenador del Real Valladolid le avala haber jugado en Primera y haber sido discípulo de entrenadores como José Antonio Camacho o Marcelo Bielsa.

Fuera de esos formulismos que obligan a pensar que uno es buen entrenador si ha sido buen jugador, lo que más me gusta de Pacheta, ahora mismo, es su presentación. Me gustó lo que dijo y me gustaron seis detalles de su discurso. Me gustó su naturalidad, porque no hay duda que no es un impostor; su franqueza, ya que no es un hombre oscuro; su claridad de ideas, porque no divaga en sus expresiones; su rotundidad en los juicios, sabiendo dónde está, el equipo que entrena, qué metas debe conseguir y cuáles son sus misiones; su respeto, ya que habla con cariño a la afición, jugadores y medios de comunicación, y también me gustó su nobleza, al confesar los duros comienzos y su inicial trayectoria como entrenador y secretario técnico.

Nobleza castellana
Todo esto parece que hoy es lo habitual, pero no es así
. Actualmente hay entrenadores que ante los medios de comunicación no dicen nada utilizando los mismos términos que ciertos políticos o previamente ya tienen la respuesta preparada. Mucha palabrería pero poco contenido.

Si el de Salas de los Infantes, a pesar de la chaqueta que llevó a su rueda de prensa, transmite a los jugadores del Real Valladolid los mismos ideales que emitió en la rueda de prensa y les inyecta en la sangre la pasión, la constancia y el tesón como lo hizo en Elche y Huesca, no tengo duda que nuestro Pucela recobrará el puesto de privilegio que le corresponde en la división de oro del fútbol español. Así, una vez más, la épica nobleza castellana conquistará el Estadio José Zorrilla.

Pacheta, simplemente el entrenador del Real Valladolid

No voy a estar comparando constantemente a José Rojo, Pacheta, y Sergio González. Es innecesario e ilógico pero sí que quiero destacar una serie de declaraciones de la presentación del burgalés para explicar y señalar por qué me gusta tanto el nuevo entrenador, por qué creo que es lo que necesita ahora el equipo y, a su vez, por qué creía que el enfoque a la última temporada de Sergio González fue errónea. ¿Cuántas veces durante la dramática temporada 2020/2021 se escuchó asegurar que ciertos de los fichajes no eran del perfil del entrenador catalán? ¿Cuántas? ¡Muchas! ¿Cuántas? ¡Demasiadas!

Durante la pasada campaña aseguré, tanto en estas líneas como en las tertulias de Radio Marca Valladolid, que Sergio no actuaba como entrenador de Club ni como ese preparador con una vinculación de más de cuatro años con la entidad. Si alguien debía saber cómo guiar y liderar al Real Valladolid, ese debía ser Sergio. El catalán no quiso ofrecer un trabajo de Club y sí una propuesta personal.

Fue un error pensar que la entidad debía mirar sólo por el perfil del catalán y no por las necesidades del Club. Fue un error pensarlo, fue un error que Sergio lo filtrara y, obviamente, fue un mayúsculo error que se comprara dicha idea. El Real Valladolid está por encima de un entrenador, de su gusto y de su perfil, tal y como dejó bien claro Pacheta en su rueda de prensa de presentación.

Mirar más por uno mismo que por el Club es un error. Tengas una vinculación de un año, de dos o de tres. La temporada 20202/2021 demostró que cada departamento del Real Valladolid se debe desgastar por sus funciones. En el fútbol, como escuché una vez a Jagoba Arrasate en una sesión de entrenamiento con el Club Deportivo Numancia, cada uno se debe preocupar de tener su parcela limpia para, después, poder exigir que el resto lo estén. Mirar más a las ajenas que a las propias es un signo de mediocridad que Pacheta quiso evitar este jueves.

Zapatero, a tus zapatos
«Suficiente tengo ya», aseguró el burgalés y lo comentó porque es verdad. Cada uno tiene sus funciones, algo que en la temporada 2020/2021 no se quiso entender y que de forma privada y, en parte de forma pública, no se supo gestionar. El enfoque que se vendió sobre el perfil de la plantilla, la intervención de Sergio y una supuesta mala planificación eran erróneos y se vieron derrumbados en la presentación de Pacheta, el nuevo entrenador del Real Valladolid. Entrenador, simple y llanamente, que no es poco, y más de cara a la temporada 2021/2022.

Un discurso y un enfoque tan naturales como sinceros

Siempre he pensado que un entrenador de fútbol es, en gran parte, un vendedor. Debe hacer llegar sus ideas al equipo de la mejor forma posible y, también, con el estilo que más y mejor puedan recibir en ese vestuario. Para ello es importante saber qué tipo de grupo hay, qué tipo de necesidad tiene ese equipo y cuáles son sus necesidades. Es una cuestión de conocimiento, algo que en la última temporada no supo hacer Sergio González. El catalán no entendió las exigencias pucelanas y se centró en intentar repetir el guión de otras temporadas.

Ahí se empezó a cruzar la temporada y el Club, el vestuario y el entorno estaban en la necesidad de volver a creer. Ese «reseteo» del que tanto hablaba el entrenador catalán debía llegar con otra voz, otro discurso, otro enfoque y otra ilusión. Siempre he creído que José Rojo, Pacheta, es mucho de lo que necesita el Real Valladolid y este jueves, en su presentación en el Estadio José Zorrilla, lo confirmaba. El burgalés es lo que demanda el Club y el propio Pucela es lo que él necesita.

La blanquivioleta es su gran oportunidad y él lo ha dejado claro. Entre tantas expresiones acertadas, necesarias y bien enfocadas, Pacheta aseguró este jueves que «tengo la sensación de que voy cumpliendo etapas. No ha sido fácil llegar hasta aquí. Tengo un proyecto ilusionante. Sé cuál es mi responsabilidad, pero me siento preparado y responsabilizado. Me siento muy, muy feliz». La lectura que hago de estas declaraciones es la de la ilusión, la del sentimiento y la del orgullo. Viniendo de dónde viene el Real Valladolid, estos son tres conceptos que se demandaban con exigencia. El mundo blanquivioleta debía volver a creer y se debía volver a ilusionar. Como fuera, pero con celeridad.

Ilusión y convencimiento
Pacheta en sus primeras horas como entrenador del Real Valladolid lo ha conseguido. Ha generado ilusión y cierto convencimiento. No en el ascenso y sí en él. Su presentación como nuevo entrenador blanquivioleta tuvo contenido, fútbol, promesas, exigencias y delimitaciones. El burgalés se definió y se mostró como el entrenador, con todo lo que conlleva el término, que necesita el Real Valladolid para la nueva temporada. No va a ser una tarea fácil pero, por lo menos, ya se ha ganado la atención.

Sus primeras palabras convencieron y lo hicieron por su sinceridad. El mundo blanquivioleta necesita optimismo, sí, pero, sobre todo, realidad. Si como él asegura, «hacemos una de indios», hablamos de indios y no de vaqueros. Cualquier entorno futbolístico actualmente es exigente. El vallisoletano no es menos, pero tiene unas connotaciones que el burgalés sí ha entendido. Su llegada y sus primeras horas han generado más empatía que toda la temporada pasada. ¿Por qué? Porque el nuevo entrenador ha sabido llegar al aficionado pucelano y ha sabido señalar aquéllo que el Club necesita y que no ha sabido dar en los últimos meses.

La complicidad, la sinceridad o la identificación con un Club son conceptos que no han existido en los últimos meses. El egocentrismo y cierta soberbia ha marcado el camino blanquivioleta en la temporada 2020/2021 y el resultado ha sido la desunión, el desapego, el distanciamiento e, incluso, la indiferencia. Estos conceptos son todo lo contrario a lo que se vivió en la presentación de Pacheta. Sabía que era lo que tenía que decir, sí, pero es que hacía mucho tiempo que no se escuchaba en Zorrilla ni en Valladolid. Era necesario.

Cuánto necesitaba el Real Valladolid una sinceridad así

Jose Rojo, Pacheta, llegaba a Valladolid este miércoles y este jueves ha sido presentado en el Estadio José Zorrilla y el efecto de positividad que ha generado ha sido total. Yo, admirador del burgalés desde hace años, he sentido su llegada como una bocanada de aire fresco. Desde hace semanas creía que el estilo y el discurso del ex del Elche CF o de la Sociedad Deportiva Huesca era algo que necesitaba el entorno blanquivioleta. Había y hay una pequeña duda de que ese estilo del nuevo entrenador cale entre los aficionados pucelanos pero, a la vez, he visto confirmado este jueves que su presencia es lo que se necesita de forma global.

Pacheta es un hombre enérgico y convincente. Escuchar, ya fuera en Elche o Huesca, sus comparecencias era vivir una bocanada de sinceridad, realidad, cariño y, sobre todo, sentimiento. El nuevo entrenador del Real Valladolid transmite identidad y cariño y ambos son rasgos que el mundo blanquivioleta necesita ahora. Después de un año muy duro, en el que desde el Club se ha perdido la empatía con el aficionado y en el que desde el vestuario se ha vendido enfado y mediocridad a partes iguales, la presentación del burgalés es todo lo que necesitaba el aficionado pucelano.

El Real Valladolid, sus trabajadores, su entorno y todo aquel que sienta admiración, devoción, cariño o amor por el club blanquivioleta debe dejar atrás la temporada 202020/2021. Siempre he pensado que lo vivido no se debe olvidar. Se debe trabajar sobre esas heridas y problemas para crecer con el patrimonio adquirido. El Real Valladolid necesita esa evolución y Pacheta es el hombre capacitado para ella.

Con el Real Valladolid
Este jueves, en sus primeras palabras como entrenador del Real Valladolid, el burgalés ha confirmado ser el primer gran blanquivioleta presente en la sala. No ha sido un papel ni un gesto de profesionalidad. Ha sido sentimiento. Pacheta siempre ha sentido devolución y admiración por el Real Valladolid. Por ello «los astros», como él ha confirmado, se aliaron para su llegada pero se conjugaron también porque él hizo para que se unieran.

Pacheta quiere estar en Valladolid. Pacheta quiere hacer crecer al Real Valladolid. Pacheta quiere ascender con el Real Valladolid. Pacheta quiere vivir y sentir el Real Valladolid desde dentro. Estos son aspectos que el burgalés ha confirmado este jueves y estos eran argumentos que el entorno quería escuchar. ¡Y tanto que los necesita!

Pacheta y una propuesta de juego para todo el equipo

Pacheta es nuevo entrenador del Real Valladolid. El entrenador burgalés llega al Estadio José Zorrilla para las dos temporadas. Siendo un preparador conocido y de cierto renombre en los últimos meses, el ex de la SD Huesca y el Elche CF destaca por un discurso motivador y enérgico, por una evolución clara en su perfil en las últimas temporadas pero no por un estilo de juego muy cerrado a sus ideas.

Así, la típica pregunta de cómo va a jugar el Real Valladolid de Pacheta no tiene, actualmente, una respuesta clara. Así lo ha demostrado él en su rueda de prensa. Hablando de «valentía» y dejando atrás la «especulación», Pacheta no ha confirmado ni el esquema. Para ello, el burgalés querrá conocer a su plantilla, pese a que la haya visto y se haya enfrentado a ella para, después, crear un modelo de juego y ser meticuloso con él.

El nuevo cuerpo técnico del Real Valladolid es amoldable a lo que se encuentre. Richi Gil, segundo entrenador en su etapa en el Real Oviedo, narraba en El Periódico de Aragón que la propuesta de juego que ellos tuvieron en el Estadio Carlos Tartiere nada tenía que ver con la que propuso en el Martínez Valero. Si bien en Asturias la propuesta de Pacheta era de juego directo y segunda jugada, la que tuvo en Elche era más combinativa y de elaboración. Por el contrario, la base en Huesca fue de verticalidad y transición.

Tomando como referencia el estilo de Oviedo y el de Elche, la Sociedad Deportiva Huesca hubiera tenido muchos problemas para podre creer en la salvación, como sí hizo con el burgalés. Siendo dominador desde la posesión, los oscenses hubieran evolucionado mal en los partidos y en la temporada. Jugando directo, el equipo hubiera tenido grandes problemas para generar superioridades ofensivas, y eso que contaba con Rafa Mir y sus 186 centímetros y Sandro Ramírez y sus facilidad para jugar entre líneas.

Un modelo integrador
Pese a esos dos jugadores, dadas las circunstancias y las necesidades, Pacheta armó un modelo con una defensa de cinco jugadores y mucho protagonismo de los carrileros. Aprovechó la inercia que dejó Míchel Sánchez con Javier Galán y el refuerzo de Pablo Maffeo para hacer de su Sociedad Deportiva Huesca un equipo de grandes transiciones. Robar y correr era la gran idea y propuesta de un equipo atrevido y descarado. Con el nuevo entrenador del Real Valladolid en el banquillo, los oscenses creían y mostraban que el modelo de juego propuesto era el más acorde para todos. ¡Para todos!

Con Pacheta en El Alcoraz no sólo destacaron Rafa Mir y Sandro Ramírez. El burgalés obtuvo rendimiento de perfiles tan diferentes como David Ferreiro, Dimitrios Siovas o Denis Vavro. Todo estaba mirado por los jugadores existentes. Eso de mirar sólo por aquellos que cuadran en el estilo más propio para el entrenador es agua pasada en Zorrilla. Esa etapa se ha cerrado y «un trabajador del Club» mira por y para el Club y no por él y los suyos.

Esperando a saber el modelo y el resultado que éste obtiene, con Pacheta en Zorrilla no existirán frenos ni obcecaciones. Ese tiempo ya ha pasado y se abre, también a nivel de juego, una ventana de aire fresco. Ojalá la frescura genere identidad y ésta, resultados.

Vocación tardía que se ha convertido en ambición total

Son muchos los exjugadores que llegan a ser entrenadores por inercia. Parece que es la prolongación de su vida profesional. Ejemplos existen múltiples y variados pero Pacheta no es uno de ellos. El nuevo entrenador del Real Valladolid nunca tuvo una ambición máxima por sentarse en un banquillo pero sí por seguir ligado al fútbol. Iniciándose como adjunto a la dirección deportiva del Club Deportivo Numancia tras colgar las botas, José Rojo se tomó con cierta calma lo de llegar a los banquillos. No era una prioridad para él. 

Tras una carrera amplia como futbolista, con más de 180 partidos en LaLiga Santander y más de 100 en LaLiga SmartBank, Pacheta terminó su carrera futbolística en Soria y allí se asentó. Siendo un hombre importante en la historia numantina, él nunca se vio como entrenador. Cerrando la etapa como jugador él se vislumbraba en los despachos, como así fue. Se reinició en la confección de las plantillas para, poco a poco, ser tentado por los banquillos. No ha sido un camino fácil para el burgalés llegar a los banquillos del fútbol profesional español.

No fue simple ni, tan siquiera, fue un camino sólo en España. Tras una breve y, quizás, hasta errónea etapa en el Club Deportivo Numancia en el año 2009, el nuevo entrenador del Real Valladolid tuvo que salir de España para comenzar a forjarse un nombre y, sobre todo, para comenzar a tener seguridad y confianza para liderar un vestuario desde los conceptos técnicos. Marcado por una etapa inicial en Polonia pero, ante todo, por una en Tailandia, el nuevo preparador blanquivioleta se ha tenido que forjar para ser designado por un club como el Real Valladolid para su banquillo.

El burgalés llegó, incluso, en 2013 a ser el entrenador de las sesiones AFE para jugadores sin equipo. Pacheta, pese a ser exjugador profesional y tener un bagaje y un reconocimiento en la élite, no ha tenido nada fácil llegar a un banquillo como el pucelano. Ha tenido que forjarse una carrera en los despachos, emigrar, volver a España y, tras saber que lo suyo era una vocación tardía, pelear en Segunda división B.

Perfil y unión blanquivioleta
Cierto es que llegar a entidades como el Real Oviedo, el FC Cartagena, el Hércules de Alicante o el Elche CF en la categoría de bronce es un lujo pero que un exjugador se forje en una categoría así, no. Es más, que un perfil como el del burgalés emigre a Tailandia no es lo normal. No es lo habitual porque, realmente, Pacheta no es el perfil habitual del exjugador que llega a un banquillo y emprende una nueva etapa.

Si bien el nuevo preparador pucelano tiene una vocación desmedida por el fútbol, ese deporte que vive con extrema pasión y gratitud, su llegada a los banquillos fue tardía. En sus inicios nunca pensaría en el Estadio José Zorrilla como una opción. Mostrando siempre admiración por el mundo blanquivioleta, Pacheta veía el Real Valladolid como una opción lejana para él. Incluso irreal.

Su banquillo era algo inalcanzable que se ha tornado en realidad con el avance del tiempo, la inmejorable gestión que ha hecho de las emociones de sus equipos y por la definición que ha conseguido sobre su perfil. En las últimas tres temporadas, el nuevo entrenador pucelano se ha definido como todo aquello que necesita ahora un Club recién descendido, como él, pero con una ambición máxima ante este reto, como el propio Pacheta.

Pacheta: múltiple experiencia y una oportunidad única

José Rojo, Pacheta, es nuevo entrenador del Real Valladolid y con él llega un perfil concreto de preparador pero, sobre todo, un hombre de fútbol experimentado. Con 53 años, el burgalés está en el mejor momento de su carrera. Es la fase en la que más reconocimiento y admiración genera y eso es significativo para alguien que vivió 12 temporadas como futbolista profesional. Debutando en Primera con 26 años, para Pacheta nada ha sido fácil pero todo se ha convertido en un reto que, poco a poco, ha ido consiguiendo.

Su breve estancia en el banquillo del CD Numancia en 2009 y su llegada al Estadio de El Alcoraz el pasado mes de enero son su bagaje en LaLiga Santander pero, todo, llega muy condicionado por cómo se produjeron sus llegadas. Ahora, y por mucho que sea en LaLiga SmartBank, Pacheta recibe una oportunidad única. Firmar por un equipo recién descendido es la mejor opción que ha tenido en toda su carrera deportiva desde que decidió colgar las botas en 2003.

Pese a que llegar a la Sociedad Deportiva Huesca fuera ilusionante por ser Primera, la blanquivioleta es la mejor opción para un hombre de fútbol de elevadísima experiencia pero un entrenador con el sueño y la ambición del más joven. Mucha de su dedicación y mucho de su esfuerzo desde que dio el salto a los banquillos se hizo para vivir lo que, ahora, le viene. Su experiencia no le va a llevar a vivir con vértigo la exigencia.

Novedades, sí; sorpresas, no
Es cierto que él nunca se ha movido en sus diferentes experiencias en LaLiga Smartbank con el objetivo del ascenso pero, con todo y con ello, nada de lo que vaya a ocurrir en los próximos meses va a sorprender al nuevo entrenador pucelano. Será nueva para él en el mundo del entrenador pero no en el del fútbol, aquél en el que lleva desde hace más de 30 años.

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Un perfil que ofrece mucho de lo que necesita Pucela

El Real Valladolid está en LaLiga SmartBank. Caer a Segunda división siempre es duro pero hacerlo como lo hizo el Pucela, más. Toda la esperanza y toda la ilusión de la pretemporada, con fichajes como Shon Weissman o Fabián Orellana, se derrumbaron desde muy pronto. El equipo no tuvo personalidad ni liderazgo. Nadie supo dar al equipo lo que éste necesitaba pero, sobre todo, nadie supo cambiar la situación que se demandaba y que pedía el entorno.

La temporada 2020/2021 siempre se va a recordar como aquélla en la que desde el Club, desde el banquillo y desde el vestuario faltó empatía. Desde la desaparición de los canales de comunicación e interacción con el entorno, desde un discurso lleno de excusas por parte del entrenador y desde un estilo con reproches por parte del vestuario, el Real Valladolid rompió con lo establecido para, cuando ya no había solución, darse cuenta de lo mal que se había gestionado todo. El Real Valladolid 2020/2020 y sus protagonistas no supieron dominar la realidad del equipo y, por ello, la llegada de José Rojo, Pacheta, ahora, es una bocanada de aire fresco.

Pacheta es lo que necesita el vestuario, el Club, el entorno y la mentalidad de todos. La forma de vivir el fútbol del burgalés y la ilusión que va a transmitir por este proyecto desde el primer minuto van a ser la mejor receta para que el Real Valladolid comience a dejar atrás las heridas del pasado. La última campaña no se debe negar. No es, en absoluto, una campaña para olvidar y sí que curar. Los vestigios de los últimos meses son altos, pero si alguien tiene las cualidades para convencer de que se puede crecer desde ese dolor, resentimiento, enfado y resignación, ése es Pacheta.

Un punto diferencial
Desde los jugadores hasta el entorno, pasando por medios y trabajadores, todos van a ser taladrados por la filosofía del nuevo entrenador. Ésta es muy diferente a la vivida en las últimas temporadas pero, ojalá, sea igual de influenciable. Yo prefiero la ilusión, el convencimiento, el agradecimiento y la motivación que los reproches, y Pacheta nunca reprochará nada. No lo hará, primero, porque no es su estilo pero, después, porque sabe que no es lo que necesita el Club ni su entorno. Para curar la temporada 2020/2021, el Real Valladolid necesita comprensión e ilusión y, ahí, el burgalés sabe ser diferencial.

«Energía es la palabra que mejor define a Pacheta»

¿Por qué me gusta Pacheta? ¿Por qué creo que es lo que necesita actualmente el Real Valladolid? Principalmente, porque tiene la energía y la fuerza que demanda el mundo blanquivioleta en la actualidad. Tras el descenso, el Real Valladolid está como la Sociedad Deportiva Huesca cuando el burgalés llegó en el pasado mes de enero. Tras una gran temporada 2019/2020, la llegada a LaLiga Santander generó muchas dudas. No era, como en la anterior ocasión, una cuestión de ver que la categoría le iba grande sino de saber que a los oscenses les faltaba convencimiento.

Como bien aseguró el nuevo entrenador burgalés en aquella presentación del pasado 14 de enero, el mundo altoaragonés tenía asumido el descenso cuando se llevaban sólo 18 jornadas y cuando aún restaban 20 más. A nivel de números y con sólo una victoria, la realidad era compleja pero no imposible. Se debía resetear al equipo y al entorno y Pacheta lo hizo desde la energía que Richi Gil, entrenador aragonés y su segundo en el Real Oviedo, señaló a su llegada a Huesca en una entrevista en El Periódico de Aragón.

«En una situación de emergencia un entrenador debe transmitir energía, competir y sacar el máximo de los recursos que tiene», aseguraba el zaragozano y Pacheta lo hizo. Los tiempos son diferentes, sí, pero las necesidades, no. El Real Valladolid, ahora, necesita lo mismo que la Sociedad Deportiva Huesca en enero. Los pucelanos deben recuperar la confianza y deben ver que lo que tienen es mejor de lo que se ha demostrado.

Conseguir el cambio de mentalidad es capital. Ahora lo es en el Real Valladolid y hace unos meses lo era en Huesca. Para conseguir la salvación, primero, había que cerrar muchos otros objetivos y, poco a poco y de forma progresiva, el nuevo entrenador blanquivioleta lo hizo. «Vais a estar orgullosos de Huesca», aseguró en su presentación y no pudo estar más en lo cierto. Con derrotas, victorias, decepciones y alegrías, la afición azulgrana se mostró ilusionada porque, como dicen en tierras cercanas al Pirineo, el equipo no rebla. Con Pacheta no se rebló y con el burgalés, convenció.

Cualquier detalle y situación
Fue un proceso costoso y un final complicado y, quizás, hasta decepcionante. Descender tras no ganar al Valencia CF en la última jornada fue duro, pero lo fue porque se llegó a creer que el equipo podía conseguirlo, todo lo contrario de lo que se sentía a la llegada del burgalés. Pacheta cambió el Estadio de El Alcoraz pero, sobre todo, la mentalidad de su equipo y eso es lo que debe repetir, ahora, en el Estadio José Zorrilla. 

Pacheta no se debe centrar en el ascenso desde el primer día. Él sabe, como pocos, que para llegar a mirar al ascenso a la cara hay que convencer al grupo y al aficionado. Ésta es una exigencia alta pero él está capacitado para ello. En Huesca lo consiguió porque, como asegura Richi Gil, «llega al jugador y al aficionado» ya que «energía es la palabra que lo define por excelencia» desde esa «tremenda positividad que tiene entrenando y compitiendo».

Pacheta es «un motivador nato» que «lo da todo en cada situación» y esto es justo lo que necesita el Real Valladolid para recuperar la confianza y la credibilidad y, desde ese proceso diario, mirar al ascenso y a recuperar la categoría que el equipo perdió y que, por hecho y formas, ha dejado un legado sobre el que trabajar y al que curar.