La gran ‘gesta’ blanquivioleta con Mohammed Salisu

Así lo he escrito en ElDesmarque Valladolid y así lo creo. Lo de Mohammed Salisu ha sido un aprovechamiento de circunstancias y momentos que tanto el jugador como el Real Valladolid han sabido entender y extender. En un deporte tan exigente en las decisiones como el fútbol, el Club ha sabido sacar todo el provecho posible al jugador y, de la misma forma, el africano al Real Valladolid. La etapa entre ambos ha sido perfecta y, ahora, se cierra porque así debe ser.

Mohammed Salisu ha explotado como muy pocos han hecho con las oportunidades que ha tenido. Pisó brevemente la base blanquivioleta, como casi lo hizo en el Promesas. El Club confió en él pero, también, es cierto, él tuvo la fortuna de estar en los contextos necesarios. Si bien es cierto que todo lo que pasó hace un año en el primer equipo, con la salida de Fernando Calero, las dudas de Joaquín Fernández para el perfil zurdo y el mal rendimiento de Fede Barba, le invitó a debutar en el primer equipo cuando había disputado menos minutos en la pretemporada que Diego Alende, por ejemplo, su salto al filial no fue diferente.

En un contexto normal, su salto a Segunda división B no hubiera llegado en ese momento y la apuesta por él se hubiera reducido tras su tormentoso debut. Pese a todo, el Club confió en él pero, en parte, lo hizo porque no tenía nada que perder. Como los enchufados en el mundo laboral, las oportunidades le han ido aparecido casi por magia desde su llegada a Valladolid, pero el ghanés ha sabido aprovecharlas y, ante todo, explotarlas y exprimirlas. En el contexto del primer equipo su crecimiento tiene el nombre propio de Sergio González. El catalán es, indudablemente, el gran factor de su profesionalización.

La gran apuesta de Sergio
No por una cuestión de suerte y sí por una de entendimiento, entrenador y jugador han sabido sacar rendimiento a su unión. Conociendo su potencial, Sergio quiso trabajarlo desde el verano de 2018. En una medida de Club, el catalán pulió al jugador, haciéndolo debutar en Copa del Rey, para esta temporada, tras lo vivido en verano, darle la oportunidad. Pese a que el catalán venda su gran apuesta por el jugador para el debut en el Estadio Benito Villamarín, algo que no termino de comprar, la gran confianza por el jugador llegó después de tres o cuatro jornadas.

La explosión inicial del futbolista llamó la atención pero, poco a poco, se le fueron viendo las carencias. Sergio las corrigió, cubrió al jugador, retrasó la línea unos metros, Kiko Olivas le ayudó y el jugador se liberó para crecer en sus cualidades, aquéllas que se asemejan a las demandas de Sergio. Con todo, Salisu explotó. Es indudable que ha rendido y que ha mostrado cualidades por encima de las expectativas pero, también, es importante señalar que estas ilusiones están muy cercanas al precio por el que se ha vendido al jugador.

Con mucho por pulir y detalles que eliminar, una cifra cercana a los 12 millones por el futbolista es mucho más que una de esas «gestas» que denomina Sergio. Con todo el crecimiento y el rendimiento ofrecido, Mohammed Salisu no vale actualmente mucho más de lo pagado por el Southampton FC al estar muy condicionado por el contexto en el que ha jugado, aquél que detalló Sergio para potenciar su gran y firme apuesta desde que está en el Estadio José Zorrilla y que es, ahora, la mayor venta de la historia blanquivioleta.

Una decisión que define el crecimiento blanquivioleta

La información es buena, real y muy positiva para el Real Valladolid y la consagración del Club. El futuro de Mohammed Salisu parece haber dado un importante giro ya que el Pucela se ha decantado por la opción de aceptar la oferta del Rennes FC, como se ha podido leer en las últimas horas. La entidad blanquivioleta parece haber dado prioridad a la propuesta francesa por delante de la del Atlético de Madrid en un movimiento que, más allá del jugador, confirma una actuación de grandeza y poder de la entidad de Ronaldo Nazário. Poder rechazar a un club como el rojiblanco y anteponer sus intereses marcan la fuerza con la que está creciendo el Real Valladolid.

En otras ocasiones y puramente por una cuestión de realidad y techos de crecimiento que existían, el Pucela hubiera apostado por un acuerdo con el Atlético de Madrid. Al Real Valladolid le interesaba tender la mano a un ‘grande’ español y, muy posiblemente, aceptaba tener poco margen en la negociación. Así, estaba condenado a aceptar exigencias de la otra parte poco provechosas para sus intereses. Además, los síntomas que deja la negociación rojiblanca son de cierta desconfianza por el jugador. Prendados por un hipotético futuro del futbolista, Simeone y los suyos quieren creer en el futbolista pero no lo hacen de una forma ciega, algo que ha podido detectar el jugador y su entorno. Creen en él, sí, pero a regañadientes y más por el ‘boom’ de lo que puede ser que por la realidad de lo que ya ha ofrecido.

Los tiempos, pucelanos
Así, la opción de una cesión en el propio Pucela del ghanés o, como confirma Marca, prestamos o traspasos de diferentes jugadores madrileños, restaban credibilidad a la apuesta del Atlético de Madrid en el ’27’ e, incluso, ofrecían cierto menosprecio sobre el Real Valladolid. Bajo estas credenciales, los blanquivioleta han podido confirmar que ellos mandan y que ellos eligen muchos de los condicionantes de la negociación. Se trata de un gesto de crecimiento del Club muy importante. Ninguna otra entidad está para decirle al Pucela cuáles deben ser parte de los jugadores de su plantilla. Miguel Ángel Gómez y los suyos tienen sus frentes y objetivos localizados, y no pueden perderlos, ni por la más que posible salida del segundo jugador de campo con más minutos esta campaña.

El Real Valladolid ha dado importante giro en la más que posible salida de Mohammed Salisu del Estadio José Zorrilla al imponer sus condiciones e intereses

Sin poder confirmar que el africano acabará al 100% en la Ligue 1 ni descartar su llegada al Wanda Metropolitano, la realidad sí asegura que el Real Valladolid ha dado un importante giro a la negociación con la imposición de sus condiciones y con el toque de atención al Atlético de Madrid, aquél que, ahora, está obligado a responder al interés en el jugador dentro de las condiciones pucelanas.

Mohammed Salisu, un negocio en todas sus vertientes

El fútbol está parado pero sólo en la práctica y en lo que a entrenamientos y partidos se refiere. En la sombra se sigue trabajando y ya se diseña, incluso, la próxima temporada. En ella, el Real Valladolid sabe que, casi al 100% tendrá que preparar, nuevamente, la salida de un defensa central. Si bien el pasado verano fue la de Fernando Calero, en los próximos meses será la de Mohammed Salisu. El ghanés, con grandes propuestas en la mesa, parece tener asumido que saldrá del Estadio José Zorrilla el próximo verano. Pese a que Marca habla de una posible cesión del Atlético de Madrid tras su fichaje, el Real Valladolid tendrá que asumir la salida del ’27’, una venta que es un negocio, se mire por donde se mire y siempre que se analice con un prisma real, objetivo y futbolístico.

Embolsar los 12 millones de su cláusula de rescisión por el rendimiento ofrecido en los tres años que lleva de blanquivioleta es un éxito y creo que es ahí hasta donde debemos leer y analizar. Examinar su traspaso por lo que supuestamente pueda ofrecer en un futuro no rebajaría ni por asomo el éxito de un jugador al que el Real Valladolid ha sacado todo el jugo que ha podido y al que ha expuesto para realizar una venta exitosa en todas las posibilidades y variantes reales de una entidad como el Pucela.

Un supuesto gran futuro
Mohammed Salisu es un central moderno, de esos que gustan mucho en la actualidad. Su perfil zurdo, su envergadura, su contundencia, su fuerza, su proyección… Todo son alicientes para la apuesta deportiva y económica que se puede y se va a hacer por él en el próximo verano. Se le presupone mucho éxito en el futuro por el gran margen de mejora que tiene un jugador que ha rendido tanto y tan bien pero al que se ven carencias muy localizadas.

Sin analizar estas limitaciones de un jugador por hacer, las cifras de su traspaso se asoman a los números actuales por el futuro que se presupone a un futbolista con muchas realidades pero, también, extensas incertidumbres. Con la experiencia reciente de Fernando Calero y su doble cara tras verse en un juego muy diferente al blanquivioleta, recibir más de 10 millones por un jugador con sólo una temporada en la élite en sus piernas es un negocio brillante y, como demuestra el pasado más reciente, un éxito.

Recibir 12 millones por un jugador como Salisu es una gran gestión. Es joven, sí, tiene futuro, sí, tiene margen de mejora, también, pero, actualmente, es un jugador con carencias en la salida de balón y con limitaciones en las perfilaciones que sólo tapan las suposiciones de mejora en un club de mayor envergadura que el Real Valladolid. También es cierto que en ese equipo será visto como un jugador más, sin la actual protección, con exigencia por un desembolso y en un juego en que los centrales no estarán tan cubiertos ni con un área propia tan bien defendida. Salisu mejorará, sí, pero no como puede parecer ni nos pretende ilusionar, y sí como marcan los actuales 12 millones.

Desgranando al Real Valladolid: la unión por excelencia

Reflexionando sobre las sinergias y parejas que hay en el fútbol de Sergio González, el análisis me llevó, indudablemente, a la defensa, su gran prioridad. La importancia que tiene el equilibrio para el entrenador se demuestra en el peso que da a la pareja de centrales. Desde su llegada al Estadio José Zorrilla ha apostado por una y sólo ha cambiado por la obligación o la salida del club de uno de ellos. Con Kiko Olivas como eje central, el Real Valladolid busca un equilibrio en las funciones de esa pareja. Como en el doble pivote, uno y otro tiene funciones muy concretas que se demuestran en el campo y en la compenetración de ambos.

No me considero un gran admirador de Kiko Olivas porque creo que condiciona mucho el juego y la propuesta de Sergio González pero no escondo la enorme responsabilidad que tiene en que sus dos compañeros de zaga hayan sido diferenciales. Que Fernando Calero y Mohammed Salisu estén o hayan estado en el mercado es responsabilidad del cuerpo técnico y del ‘4’. Un líder excepcional que tiene unas cualidades muy concretas. Su experiencia le hacen saber esconder sus carencias y explotar las virtudes que tiene. Eso, junto a la confianza y el liderazgo que se le otorga, hacen del de Antequera el líder perfecto para la sinergia y la pareja que marca el juego, el estilo, la propuesta y los resultados del actual Real Valladolid.

Muchas veces en el fútbol no se trata a un portero como un jugador más. Se le mira como una pieza intocable por la necesidad de que ofrezca seguridad. De igual forma puede ocurrir en los centrales o, al menos, eso se ve en este Real Valladolid. Para Sergio han sido más indiscutibles los centrales que el portero y así entiendo la reflexión que hacía en estas líneas. Bajo este enfoque del entrenador catalán «se entiende la apuesta por Mohammed Salisu, el peso de Kiko Olivas, el rendimiento de Fernando Calero, el cambio de posición de Joaquín Fernández y el poco éxito de Javi Sánchez, por ejemplo». El actual Pucela no regala los cambios y el cuerpo técnico ve que desde los centrales puede ofrecer la seguridad que su modelo de juego tanto necesita.

División de funciones
Por ello, Olivas es fijo y, con él, Salisu como lo fue Calero. El resto de centrales ni asustan la pareja. Ni Joaquín Fernández la temporada pasada ni Javi Sánchez ésta. Es más factible un cambio de posición, como ha ocurrido con el almeriense o con Fede Barba, a una suplencia de uno de esos centrales. Se busca la seguridad y el mejor estado de ambos desde la confianza y la compenetración. La cobertura constante que ejerce el ‘4’ sobre la espalda de su compañero, facilita para que Salisu, ahora, y Calero, hasta este verano, asuman protagonismo en la salida de balón. Las mejores dotes técnicas y de salida del ‘central zurdo’ de esta propuesta ayudan al equilibrio y compenetración de la pareja y la unión que este Real Valladolid cuida por encima del resto. La importancia del eje central de la defensa calibra el momento del equipo y desde él se busca crecer en el juego y en esa propuesta de sinergia, uniones…

Mohamed Salisu mata los tiempos de maduración

La titularidad de Mohamed Salisu en la victoria (1-2) en Sevilla se vio como un ‘parche’. La sanción de Fede Barba junto al perfil de juego de Joaquín Fernández dejaron al ghanés como el acompañante de Kiko Olivas. Se vio como testimonial algo que, ahora, se ha hecho regular y no sólo por el rendimiento del ’27’. Su asentamiento se produce por la madurez y el crecimiento que ha mostrado. Visto como un ‘proyecto’, su análisis se podría mirar a medio y largo plazo y se perdonarían errores. Esa idea no es real porque al jugador se le mira desde la madurez y consistencia que muestra en un juego que ha devorado todas las etapas de maduración.

55 días inolvidables
Mohamed Salisu suma ya 693 minutos en Primera con el Real Valladolid. Son ocho titularidades de un jugador que estaba marcado esta temporada para dar un paso más en su crecimiento y formación. Su lugar era el Real Valladolid Promesas o en una cesión a Segunda, pero los pasos se aceleraron en el mes de agosto. Tras la venta de Fernando Calero, Joaquín Fernández parecía ser el señalado para sustituirle. El rendimiento de la temporada pasada valía para creer que era el idóneo. Sus cualidades para el fútbol moderno gustaban pero el perfil de su juego condicionó la lectura que Sergio González hizo sobre él. Con ello, y de forma inesperada, Fede Barba dio un paso al frente. Su titularidad en el último encuentro de pretemporada le daba la esperanza de ser titular en el estreno liguero pero una sanción, y el tardío conocimiento de ello, precipitaron los hechos.

Con sólo 91 minutos veraniegos, por los 146 de Javi Sánchez y los 206, incluso, de Diego Alende, el análisis de Sergio González de la pretemporada llevó a que en el último momento se decidiese por Mohamed Salisu. No fue algo precipitado e impulsivo pero sí casi improvisado. Los detalles del fútbol dejaron una enorme oportunidad para el jugador y, ahora, al Real Valladolid y a su proyección. De aquel duelo en el Estadio Benito Villamarín han pasado 55 días, poco menos de dos meses que lo han cambiado todo. Esa oportunidad en Sevilla ofreció una alternativa que el africano ha aprovechado para dar un curso intensivo de rendimiento, evolución y maduración. Otorgando al equipo de Sergio González nuevas credenciales en la faceta ofensiva y defensiva, el jugador ha crecido de una forma indescriptible.

Otra gran oportunidad
Esa evolución no es sólo futbolística. En cada partido se le ve más hecho y más cómodo. Cada día es más él. Devorando el salto entre Segunda B y la élite tras sus primeras sensaciones en el equipo, Salisu ya no es sólo un proyecto. Es la realidad de un jugador que aumenta la amplitud del equipo en la salida de balón, la contundencia en área propia y rival, la velocidad de juego en la zona de inicio y la rápida respuesta para iniciar una transición.

Todas estas credenciales estaban en el equipo pero nadie reparó en explotarlas hasta que Sergio González se encontró con la oportunidad. Es un desprecio hablar de entrenadores con “flor” pero es parte del fútbol creer en los preparadores que aprovechan las oportunidades que surgen y Sergio sabe hacerlo. Le ocurrió con Toni Villa en Oviedo y, ahora, con Salisu. Él le dio la oportunidad, sí, pero porque la realidad se las puso en bandeja.