La tozudez de Sergio y el triste final de Míchel Herrero

Muy posiblemente se pueda hacer un doble análisis de la etapa de Míchel Herrero en el Real Valladolid. El ya exjugador blanquivioleta merece una opinión social y futbolística. Por un lado ha estado su personalidad, su peso y su gestión y, por otro, su fútbol. En éste, en el segundo, el valenciano ha sido capital. Siempre le he dicho a @VictoriJime que me encanta cómo analiza el fútbol y este miércoles tras conocerse la marcha del de Burjasot, la sensación es la de siempre: da en el clavo.

Tras el tweet del Club despidiéndose del jugador, su mensaje era tan sencillo como directo: «uno de los jugadores mas importantes en estos años». En un principio me ha sonado fuerte y, quizás, excesivo pero, con un pequeño análisis, lo he visto acertado, concreto y, lo más importante, verdad. El análisis sobre el ’21’ está marcado por ser la gran definición del Real Valladolid de Sergio González y, a su vez, por el papel residual de la última temporada. Estos contextos marcan la visión pero no por ello deben minimizar la importancia que ha tenido un jugador de elevado peso y enorme rendimiento.

Siempre creí que la etapa de Míchel había terminado hace ahora un año. Sus contextos para sumar en el Real Valladolid se reducían mucho. Confirmando la tozudez de Sergio González y la negativa para variar la demarcación y el peso del jugador, la pasada campaña ha sobrado al jugador. Antes de ello, su peso fue determinante y capital para que el Pucela supiese qué hacer en muchos momentos. Al exentrenador se le pueden y deben achacar muchas decisiones y le señalan múltiples medidas incompresibles, pero el uso y el aprovechamiento del ’21’, no. Quizás por ese buen uso llega un final muy deslucido.

Para Sergio, diferencial
Míchel ha sido el jugador más importante de la etapa del entrenador catalán junto con Kiko Olivas. Muy por encima de otros como Óscar Plano, por ejemplo. Cuando Sergio llegó se encontró un Míchel con un pie fuera de Zorrilla. Ni estaba ni se le esperaba y, al final, consiguió sumar y crecer desde un cambio de demarcación interesante pero con fecha de caducidad.

El Míchel centrocampista y creador tenía un final que Sergio no entendió. Anclado en las medidas que le dieron resultado en fases pasadas, el Real Valladolid descendió, Sergio se mostró incapaz y Míchel cerró como no debía la etapa más amplia y regular de su carrera.

Por no saber gestionar ni utilizar los últimos coletazos del ’21’ para el Real Valladolid, la etapa del jugador queda deslucida pero no por ello se debe olvidar que la poca propuesta que en muchos momentos tenía el último Pucela con balón era la que otorgaba y generaba Míchel. Cuando éste pidió sumar calidad y no cantidad, Sergio optó por otro perfil y por una nefasta utilización de un jugador que llevaba meses barruntando que su final estaba cerca pese a que podía sumar detalles tan diferenciales como el volumen de juego y propuesta que había conseguido en temporadas pasadas.

La etapa blanquivioleta de Míchel Herrero, agonizando

El mercado invernal de fichajes se está comenzando a mover. Es cierto que lo hace de una forma muy lenta y progresiva pero son ya muchos los casos que se están analizado y diferentes las circunstancias que se examinan en todos los equipos. El Real Valladolid no es diferente y valora un pequeño retoque a su equipo tras la evolución que éste ha sufrido tras la primera mitad de la temporada. En ella, el equipo ha evolucionado y diferentes jugadores han dado un paso al frente, relegando a otros a un rol secundario y a una situación de difícil cambio.

La explosión de Roque Mesa, que suma seis titularidades en los últimos siete partidos, y las últimas aportaciones de Kike Pérez han dejado en un rol muy secundario a Míchel Herrero. Más aún si cabe, el valenciano está señalado en la actualidad. El ’21’, y no sólo por una cuestión de minutos, está dejando sensaciones de que ésta es una etapa que ha terminado para él. Su estancia en el Estadio José Zorrilla parece estar agonizando después de que haya sumado una titularidad desde el 2 de noviembre y tras acumular sólo el 10,3% de los minutos en las últimas diez jornadas.

A todo ello se suma una cuestión de confianza. Sabiendo que los suyos son, actualmente, unos registros de juego muy concretos y determinados, cuando el Real Valladolid y Sergio González han necesitado de su estilo, el entrenador catalán ha decidido apostar por otro tipo de jugador. Esa poca confianza recibida remarca el poco margen de futuro que tiene un jugador que ha sido importante pero que, actualmente, es residual pese a tener la opción de rendir en un novedoso papel.

En los últimos meses, Míchel ha limitado mucho sus contextos de rendimiento y de juego y, con ellos y esas posibles necesidades pucelanas por firmar un jugador para el centro del campo que potencie el juego y el esquema que necesita el equipo ahora, la etapa del primer capitán blanquivioleta parece haber llegado a su fin. Por el Club y por él, ciertamente. Con 32 años, una etapa como la que se vislumbra que va a firmar al ver que, actualmente, es el quinto centrocampista del equipo, puede debilitarle mucho y cerrarle las puertas para el contrato que quiera firmar este próximo verano.

Una etapa terminada
Sabiendo que el rendimiento del jugador ha sido muy alto en el Real Valladolid, tanto en funciones más ofensivas y de pasador pero, también, en las de creador, el ’21’ del Real Valladolid ha firmado cuatro temporadas de nivel y protagonismo, todo aquello que parecer estar lejos de ofrecer, asegurar, conseguir o, simplemente, tener la oportunidad de buscar. Todo, porque su etapa ha terminado. Tan simple como claro.

Míchel Herrero: Un novedoso pero importante papel

Nunca me ha considerado un gran defensor de Míchel Herrero ni un gran amante de su juego. En gran parte porque creo que desde la llegada de Sergio González, el ’21’ ha jugado fuera de puesto. Creyendo que es un jugador de último pase y posiciones avanzadas, el sistema del entrenador catalán relegaba al jugador a un estilo que no era el suyo. Ralentizando el juego y la salida de balón, el valenciano, que vive del último pase y de la llegada, estaba muy alejado de las zonas donde puede ser determinante. Pese a ello siempre he creído que tiene algo diferente y diferenciador con balón.

Una buena lectura del juego le han hecho sobrevivir en el once titular de Sergio González en las dos temporadas pasada. Es imposible hablar del Real Valladolid entre 2018 y 2020 sin mencionarle. En épocas pasadas ha sido un jugador muy importante par Sergio pero, a nivel global, no ha sido un jugador que me entusiasmase al tener un rol que, para mí, era exagerado. Ahora, en cambio, todo ha cambiado. Para él y para mí.

Míchel Herrero ya no es ese jugador básico en el equipo y que suma titularidad tras titularidad. Con sólo seis participaciones, cuatro titularidades y ningún encuentro completo, durante esta temporada, el ’21’ es un jugador que está llamado a tener un papel concreto y novedoso. Siempre he creído que su continuidad en el Estadio José Zorrilla tenía un «resquicio» y éste es aquél que se pudo ver en el empate (1-1) ante el Sevilla FC. En el Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, Míchel sumó mucho para la segunda parte pucelana. Los casi 20 minutos que vivió en el terreno de juego fueron de calidad.

Última etapa
Con exigencia de balón y creación para el Pucela, Míchel Herrero sumó desde una posibilidad y unos contextos que le va a marcar hasta el final de temporada o el de su etapa en Valladolid. Con participaciones breves, en partidos abiertos y en los que el Pucela tenga que sumar y crear, el ’21’ hará su última aportación al equipo blanquivioleta, aquél en el que lleva desde el verano de 2016 y en el que ha vivido diferentes etapas. La última es novedosa pero, a la vez, determinante.

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Míchel Herrero reduce mucho sus contextos de juego

Míchel Herrero está siendo uno de los jugadores que más debate ha generado este verano. Se habló de una posible salida del Estadio José Zorrilla pero su presencia en el once titular que empató (2-2) ante el Sporting de Braga le hace partir con cierta ventaja para las primeras jornadas ligueras. El ’21’, muy del agrado de Sergio González, seguirá siendo, eso ya es casi inamovible, futbolista de la plantilla pucelana. Será uno de los centrocampistas blanquivioleta para la tercera temporada consecutiva en LaLiga Santander y sólo el tiempo dirá en qué circunstancias.

Desde un principio he tenido claro que la continuidad del valenciano se iba a deber a unos condicionantes muy concretos. Buscando ese enganche que tanto va a liberar al fútbol pucelano, Míchel tiene el juego, el último pase y el liderazgo que se puede necesitar para unir al centro del campo con el delantero. Buscando juego, frescura y ese punto de ritmo más alto que pareció verse en Braga, Míchel está lejos de lo que necesita el Real Valladolid para el doble pivote.

Necesitando aún confirmar quiénes van a ser los jugadores que formen el centro del campo y, sobre todo, quiénes ejercerán el rol y la presión de centrocampistas ofensivos, Míchel Herrero ha confirmado en esta pretemporada que ya no está para el papel de temporadas atrás. Ser el engranaje ofensivo y ese jugador con peso en la creación es un tren que ya le ha pasado. Su falta de regularidad, constancia y velocidad puede llevarle a una situación que nunca ha tenido en el Real Valladolid y que le puede costar entender.

El ritmo de juego de Braga
Braga fue, para mí, muy ejemplificante de lo que necesita el equipo y, en este caso, de lo que puede ofrecer Míchel y lo que ya no es capaz de dar. Siendo un jugador de calidad, el crecimiento y la evolución del Real Valladolid ya no pasan por él. Su momento ya pasó y su etapa, si no ha terminado, ha cambiado radicalmente. El Pucela quiere dar un paso al frente o, al menos, eso se ha vendido desde el Club y desde el cuerpo técnico. Ese crecimiento radica en jugadores con un estilo más moderno y un juego menos arcaico y limitado.

Creyendo que diferenciar tanto los objetivos y las obligaciones de los dos centrocampistas no es una propuesta actual ni beneficiosa, pese a resultado que el Real Valladolid ha conseguido estas temporadas, el futuro a corto plazo del equipo no permitirá, ya no por petición popular o personal sino por ritmo de juego, que Míchel Herrero sea titular en 27 partidos, algo que ha ocurrido en los dos últimos años. De entonces a ahora, Míchel ha ido reduciendo sus credenciales y contextos. Por ello, y viendo el ritmo que el Pucela quiso imponer en Braga, el ’21’ está señalado. Bajo ese fútbol, el valenciano debe estar tener un protagonismo secundario y en una demarcación novedosa a la de los últimos años.

Como enganche y con aportaciones concretas y puntuales, Míchel Herrero puede ampliar su última aportación al Real Valladolid. Pese a que el regreso a partidos con 18 convocados y tres sustituciones le limite aún más en sus posibilidades de sumar, su perfil tiene un contexto claro. Es reducido, sí, pero desde él podrá seguir teniendo un peso que es totalmente inviable en el centro del campo y con el aglutinamiento de poder y peso ofensivo que ha tenido en los dos últimos años en LaLiga Santander.

La continuidad de Míchel solamente tiene un resquicio

El Real Valladolid tiene muy avanzada la plantilla de la próxima temporada. Lo cierto es que la base ya existe y pese a la baja de larga duración de Kiko Olivas, Sergio González tiene muy controlada la estructura de su equipo. Apostando por los detalles firmados y por los ya existentes en el vestuario, el Pucela sólo debe firmar jugadores diferenciales para posiciones concretas. La controlada evolución que quiere hacer el Club para la temporada 2020/2021 es sostenida por lo que no se va a vivir una gran revolución.

Sabiendo que no se quiere perder la base, la estructura ni, tampoco, el equilibrio, mi duda es saber si Míchel Herrero debe seguir en el equipo. Sinceramente, no lo tengo claro al 100%. Creo que su rendimiento de esta temporada ha sido flojo, que no ha estado a la altura y que no ha dado un salto de calidad tras el confinamiento. De la misma forma creo que el equipo tiene opciones de dar un cambio a la demarcación y al perfil ofensivo. Iniciando por Kike Pérez e incluyendo, incluso, a Moctar Sidi El Hacen, sin contar a ese posible fichaje que se quiere hacer desde la dirección deportiva, el Estadio José Zorrilla demanda un cambio. Obviamente, Míchel Herrero no puede ser el faro ofensivo y de creación del Pucela 2020/2021. No puede serlo, al menos, desde el rol que ha tenido con Sergio González.

Una opción de seguir…
Su irregularidad, la falta de continuidad de sus puntos más altos de forma y la evolución que demanda el equipo para una construcción más vertical, agresiva y de transiciones deja en mal lugar al ’21’. Cierto es que parece lejano de dar lo que necesita el Real Valladolid pero la posibilidad real que veo de que Míchel pueda vivir su quinta temporada de blanquivioleta está en los condicionantes de la próxima campaña. Ante una versión de LaLiga Santander de exigencia en fases muy localizadas, con rotaciones y cinco cambios, Míchel puede sumar y aportar calidad en su verdadera posición.

En un equipo sin jugadores entre líneas, el de Burjasot puede ser ese enganche que pocas veces usa Sergio pero que en tantas y tantas ocasiones demanda el estilo de juego de un equipo. Esa posibilidad existe pero parece remota. El valenciano no es el perfil de un jugador que acepte ser un actor secundario y la idea del Club parece no contar con muchos futbolistas en el centro del campo. Queriendo una plantilla de 22 jugadores, la posibilidad de seguir contando con Míchel queda oscurecida y su futuro en Zorrilla, lejano.

¿El último gran aprovechamiento de Míchel Herrero?

Va a comenzar el fútbol, esta nueva versión que va a ofrecer LaLiga Santander tras el parón por el coronavirus, y los detalles van a ser determinantes. Buscando en la adaptación y el aprovechamiento que el Real Valladolid pueda hacer de ellos, existe un nombre propio más allá de Hatem Ben Arfa. El francés, por condiciones de su juego, estilo físico y los condicionantes del fútbol que nos vamos a encontrar en las próximas semanas, está ante una gran oportunidad. En un nivel similar vive, también, Míchel Herrero, experimentado centrocampista blanquivioleta y jugador diferencial para Sergio González.

Si bien el francés es el gran ‘beneficiado’ de este parón para el Real Valladolid por la reducción que ha hecho con las distancias con compañeros y rivales, el caso del ’21’ es similar en el objetivo que puede ofrecer aunque muy diferente por cómo puede llegar a ese rendimiento. En partidos como los que se esperan y con una gestión tan importante como la que va a tener que hacer Sergio González en las próximas semanas, el aprovechamiento que haga de Míchel Herrero y de su juego puede ser capital para el devenir de la presente temporada.

Pese a que el valenciano sea un jugador con un rendimiento que siempre parece invitar a pedirle más, la realidad es que tiene un juego diferencial y único, y más con los roles y estatus que tanto ha definido Sergio en el equipo. Con esos condicionantes, el único capacitado para tomar el pulso a la creación del equipo y al plus en el último cuarto de campo es él. Con la división tan clara de funciones que tiene este equipo en el doble pivote, la creación queda definida para el experimentado centrocampista y, ahora, el Real Valladolid debe sacarle todo el jugo posible.

Un estilo muy definido
Con los condicionantes físicos que tiene y con las dificultades para ser regular que ha ofrecido en las últimas temporadas pero, sobre todo, desde el regreso del equipo a LaLiga Santander, Míchel puede estar señalado para dar un plus concreto al juego del equipo en el fútbol que se espera en las próximas semanas. En partidos de detalles, errores, espasmos y pequeñas puntualizaciones, el ’21’ del Real Valladolid puede dar un salto diferencial al equipo. Será en momentos puntuales, sí, con poca regularidad, es cierto, pero con gestos y detalles que pueden ser determinantes para que el Real Valladolid consiga el objetivo de la salvación y para que él dé, quizás, su última aportación al Real Valladolid.

«La mayor seguridad futbolística es no perderla»

El Real Valladolid tiene jugadores fijos en el once. Algunos desde comienzo de temporada y, otros, con el paso del tiempo. Desde hace ya unas jornadas, Sergio no duda en apostar para que su centro del campo sea la unión entre Míchel Herrero y Rubén Alcaraz. Ambos, marcados como jugadores de llegada al área rival y control de balón, están dominando los partidos del equipo blanquivioleta. Sin un perfil ‘defensivo’ en la formación pucelana, las estadísticas de ambos jugadores confirman que el control del balón, sus pocas pérdidas y la lectura de sus pases son fundamentales. Como diría Juanma Lillo, el Real Valladolid se sustenta porque tiene la «mayor seguridad», aquélla que provoca «no perderla».

De Lillo al Real Valladolid
«La seguridad mayor que hay en el fútbol es no perderla. Si me dices que han puesto jugadores para cuando la pierdas, ya empezamos a prepararnos peor para defender porque damos por sentado que vamos a perderla. Lo mejor es poner a aquellos que tarden más en perderla porque así no hay que correr hacia atrás. Muchas veces elegir jugadores para cuando la pierdes hace que sean ellos los que, curiosamente, más fácil la pierden. Hay alguno que se daría trabajo a sí mismo. Uno intenta que el foco de juego tenga que ver con la intencionalidad de tener una secuencia lo más larga posible para que seamos estables«.

· Palabras de Juan Manuel Lillo en su etapa en Atlético Nacional, en octubre de 2017 ·

Reflexión…
Tendrá todo el ‘nombre’ que se le pueda presuponer pero escuchar hablar de fútbol a Juanma Lillo es un placer. Ofrece un contenido futbolístico sin descanso que, tras la última porción que ofrece Twitter, es muy aplicable a la situación del Real Valladolid. Hace unas semanas parecía imposible que el Pucela pudiera competir, y más cómo lo está haciendo, con dos jugadores ‘ofensivos’ en el eje. Conscientes de que en el fútbol las etiquetas son contraproducentes, el ofensivo centro del campo blanquivioleta es, estadísticamente, un ejemplo de trabajo de recuperación y control de juego.

Con dos futbolistas con formación de mediapuntas y de llegada al área rival, el Real Valladolid está sabiendo cómo jugar, y hacerlo bien. El centro del campo vallisoletano busca avanzar con el balón. Quiere crecer desde él. No quiere pelear la posesión. Busca saber qué hacer cuando la tiene. Los de Sergio no quieren perderla y buscan tener «secuencias» de juego muy largas. En definitiva, el Pucela no mata por la posesión pero cuando lo tiene, se lo queda y trabaja con él. Muy bien, por cierto.

Si tiene el balón, sabe qué hacer. Con espacios y sin ellos y los grandes responsables son, por este orden, Sergio, Alcaraz y Míchel. El entrenador ha sabido encontrar una pareja perfecta; el ’14’ se ha destapado como el jugador total; y, por su parte, Míchel se ha sabido adaptar a las exigencias del juego. La metamorfosis del ’21’ llega potenciada por el plus de personalidad y liderazgo de un jugador único en aspectos no futbolísticos. Sabe qué hacer en cualquier situación y, así, aprovecha las consecuencias del juego de Alcaraz.

…y números
Ser pareja del ex del Girona FC invita a estar con uno de los mejores jugadores del momento de España. Además de ser el segundo futbolista que más recuperaciones realiza (93) es, también, el segundo que más falta recibe (32). Alcaraz se queda el balón, construye con él y no lo pierde. Con él, su acompañante no debe ‘saber’ defender, tiene que saber actuar tras el robo. Ya sea en transición o en construcción. En estas exigencias, no hay mejor nombre en Valladolid que Míchel Herrero.

Siendo Alcaraz el vigésimotercer jugador con más pases de la categoría y Míchel, el trigésimoseptimo, los datos de cómo son esos pases demuestra el estilo. Dejando a un lado la efectividad, el 87% de los pases de ambos son en corto. Además, de los 991 pases entre ambos, sólo tres han sido al hueco.

Más allá de gustos, fobias o exigencias por el fútbol combinativo, las estadísticas demuestran que el Real Valladolid, comandados por su centro del campo, sabe qué hacer. Sin un perfil ‘defensivo’ y con dos jugadores que necesitan el balón para dominar, el Pucela defiende muy bien. Sufre pocas veces a la espalda porque, como argumenta Lillo, sus jugadores son «estables» con el balón, dentro de grandes «secuencias» de juego.

Míchel Herrero, la solución al problema pucelano

A pesar del mazazo, el Real Valladolid podría haber encontrado la solución

La derrota (0-1) ante el Deportivo Alavés en el tiempo añadido fue un palo tremendo. De esos de los que cuesta levantarse. Tirando de tópico, no se puede encajar un gol cuando tienes un saque de esquina a favor y menos en la última jugada del encuentro, perdiendo las marcas como si de principiantes se tratara.

El análisis, con frialdad | «Si no lo ganas en 90 minutos, no lo pierdas en tres»

Míchel Herrero, en una de las acciones del partido ante el Deportivo Alavés | <em><strong>Foto: RealValladolid.es</strong></em>
Míchel Herrero, en una de las acciones del partido ante el Deportivo Alavés | Foto: RealValladolid.es

En la misma línea del análisis, tampoco se puede obviar que en el último tramo del partido los de Sergio González consiguieron realizar el fútbol más fluido de la temporada. En el minuto 66 se produjo el cambio de inflexión. Míchel Herrero entró al partido y todo empezó a funcionar. El valenciano se erigió como jefe, cogió la manija y los pases comenzaron a sucederse a una velocidad superior. Ofreciéndose en todo momento y filtrando balones que rompían las líneas del Deportivo Alavés, el Pucela hizo llegar el balón a posiciones donde sus atacantes se encuentran cómodos y crean peligro.

Las buenas sensaciones no se concretaron en gol, bien por falta de pegada o de confianza, y el jarro de agua fría de Ibai Gómez tapó el buen hacer del centro del campo en los instantes finales. Tanto Borja Fernández como Anuar Tuhami, incluso Rubén Alcaraz, no habían conseguido en los 330 minutos de liga anteriores, manejar el partido y mover el balón como lo hizo Michel en los últimos 25 minutos del domingo, sin que el rival, saque de esquina al margen, pudiera, ni siquiera, salir con peligro hacia la meta de Jordi Masip.

Precisamente fue Sergio quien cambió la dinámica pucelana en la pasada temporada dando la batuta del centro del campo a Míchel, rompiendo un doble pivote que ralentiza mucho el juego blanquivioleta. A pesar del mazazo, el entrenador catalán pudo haber dado de nuevo con la tecla que dé al Real Valladolid el equilibrio necesario para logar la ansiada primera victoria, aquélla que devuelva la tranquilidad tanto al vestuario como al entorno.

¿Sería una locura que Toni sustituyera a Míchel?

Lo tengo claro. Anuar Tuhami va a ser el sustituto de Míchel Herrero en el partido de este jueves ante el Sporting de Gijón. Sergio González no se va a complicar y va a tomar la decisión lógica y, sobre todo, la medida que más fluye por el camino de la razón y de la realidad impuesta por el equipo en las últimas semanas. Salvo en casos extremos, el barcelonés no ha movido piezas y ha solventado los diferentes contratiempos por el camino más sensato. Teniendo claro que el ‘35’ sustituirá al ‘21’, todo me lleva a lanzar una pregunta: ¿Tanta locura sería que fuera Toni Villa el que sustituyera a Míchel en el centro del campo?

Valorando la entrada del ‘19’ en el centro del campo y en esa demarcación de libertad que tanto ha aprovechado Míchel desde la llegada de Sergio y la imposición del reparto de tareas entre los dos centrocampistas, el cambio de posición del murciano invitaría a la entrada de Giannis Gianniotas, un perfil necesario en partidos como el del jueves. El gen competitivo del griego sumaría mucho en la propuesta pucelana.

¿Por qué este cambio?
Reflexionando sobre las líneas de hace pocas semanas en las que hablaba de la necesidad de encontrarle la mejor posición a Toni Villa, todo ha crecido en la previa al duelo más importante de la temporada pucelana. Sin Míchel, el jugador más determinante desde el cambio de entrenador, la variante de retrasar la posición de Toni Villa al centro del campo es una opción que dotaría al Pucela de más control de balón y de más opciones de propuesta y dominio, aspectos que Sergio ve vitales para este partido.

Es cierto que con el perfil físico de Toni el Pucela perdería fuerza en el juego posicional pero tras escuchar los principios de Sergio para este partido, verle en la sala de máquinas sería una opción muy positiva para la construcción y el dominio del partido. El control del balón del murciano es tan alto que es, con sus cualidades y sus altibajos de juego y rendimiento, el noveno jugador del equipo con más recuperaciones de balón. Su control sobre el esférico existe en juego ofensivo y defensivo. Sus cualidades son innegables y ésta es una posición que no sería del todo desconocida para él. Con Luis César Sampedro ya acumuló minutos en ese ‘falso’ centro del campo que Míchel ha ocupado en las últimas jornadas. Si al dominio de balón que añadiría a la zona central se le suman las acciones partiendo desde el perfil izquierdo y la calidad en la salida de balón, Toni sumaría una variante muy interesante para el centro del campo. Desde el inicio o con el duelo iniciado.