Más resultados y seguridad que juego y convencimiento

El Real Valladolid consiguió este domingo la quinta victoria consecutiva de la temporada tras un encuentro exigente y épico por parte de ambos equipos. La segunda parte entre los pucelanos y el Club Deportivo Mirandés mostró la intención de los dos conjuntos de atacar la victoria y buscar el campo rival. Cada uno gestionaba sus recursos e ideas, pero no se puede negar que los de Paulo Pezzolano y Alessio Lisci quisieran los objetivos de su plan de partido. Con un equipo local con mucha más posesión y un bando visitante más replegado y contragolpeador, el duelo fue intenso, directo e interesante.

En un encuentro de detalles y duelos individuales, el Real Valladolid salió victorioso porque éste es el momento del conjunto blanquivioleta. Cinco victorias consecutivas tienen una dosis de fortuna y más para un equipo como era el pucelano hace sólo seis jornadas, pero también hay una dosis de juego, mejoría y rendimiento. Éste es un análisis en el que hay que calibrar qué es fortuna y qué es sentimiento. En esta reacción vallisoletana hay mucho más sentimiento, rebeldía y amor propio que, muy posiblemente, juego e idea. En este momento del Real Valladolid hay, como se dice mucha actualmente, resiliencia

Los jugadores pucelanos se han revelado y han mostrado mucho carácter y hambre en las últimas jornadas. Han conseguido 15 puntos en las últimas cinco jornadas y 16 en las últimas seis. A nivel de cifras, el bagaje es perfecto. A nivel de juego, sinceramente, no. Siendo exigentes, el Real Valladolid tiene mucho margen de mejora. A nivel grupal e, incluso, individual la capacidad de mejoría del equipo debe ser alta. Pese a ello, la mejoría conseguida es evidente. El equipo ha crecido desde las victorias y la confianza que estas generan, pero no tanto desde la creación de una identidad.

Mucha posesión
Los pucelanos son, actualmente ,un equipo que muestra seguridad y que obtiene resultados, pero no es un equipo que domine los partidos por su juego y sí por su pegada, como este domingo ante el Club Deportivo Mirandés. Los de Pezzolano disfrutaron ante los burgaleses de mucha posesión. Tras el primer tanto jabato, los de Lisci cedieron literalmente la posesión para dar un paso atrás. Su idea fue clara y el Real Valladolid se hizo, casi involuntariamente, con el balón.

Un equipo convencido de su juego y modelo no hubiera necesitado llegar al minuto 100 para ganar el partido. Con la entrada de Iván Sánchez y Joni Montiel el equipo tenía último pase y disparo de media distancia. Lo que Pezzolano no supo buscar en la derrota (0-2) ante la Agrupación Deportiva Alcorcón sí llegó en este encuentro. El Real Valladolid tuvo los ingredientes, pero no toda la claridad para ejecutar la receta. Es por ello que la victoria llegó al final y más por el empuje de un equipo seguro en sus posibilidades que convencido de su juego.

Los de Pezzolano se han instalado en la épica y lo hacen con una nueva victoria en el tiempo de añadido. Ésta sumará una nueva dosis de fuera y credibilidad al vestuario, pero no al entorno. Éste, exigente, quiere que el equipo domine más registros del juego, como es lógico, porque el Pucela, por el momento, controla más aspectos mentales y psicológicos que futbolísticos. Desde esa seguridad individual, que no tanto grupal, los pucelanos han cambiado su versión, su retos y su imagen porque cinco victorias son muchas para cualquier equipo y para éste, por dónde venía, mucho más.

El Real Valladolid demuestra el potencial de su plantilla

El Real Valladolid se nutre, actualmente, de individualidades. Un equipo hecho y evolucionado tiene una base grupal que detalla y potencia con gestos y detalles individuales. Lo buscado por cualquier entrenador es eso: un vestuario seguro que gana partidos. Aquéllos que no consigue ganar el grupo los superan los gestos individuales de determinados jugadores. El Real Valladolid no está en ese punto, ni mucho menos. Pese a obtener tres victorias consecutivas, la implantación de un modelo de juego y la seguridad de que éste es el fundamento de la victorias y del crecimiento está muy lejano.

El Real Valladolid, como ocurrió en la victoria (0-1) ante el Real Oviedo, vive actualmente de detalles individuales. Por ello, los momentos de sufrimiento son tan elevados y fuertes. Los de Paulo Pezzolano viven de arreones en los partidos. No son un equipo estable y seguro. El Pucela es un conjunto con enormes picos en su rendimiento. Al equipo le falta mucho para estar conjuntado como debe y como quiere. Hasta ese momento, el vestuario confirma su potencial, aquél que nunca ha desaparecido. Marcos André, por ejemplo, lleva dos encuentros muy discretos, pero en los dos ha confirmado que es diferencial.

En Oviedo lo mostró para anotar en el tiempo de añadido y ante el Burgos CF para abrir el partido. Una ocasión, y un gol. Su bagaje en el inicio del encuentro confirma que, pese a no estar bien, es diferencial. Para el juego del equipo y en la categoría. El brasileño suma mucho con pequeños detalles. Su aportación está siendo tan concreta como diferencial, termino que, por fin, está encontrando Robert Kenedy. El extremo se está aproximando a una versión cercana a la que se puede esperar de él. El equipo lo agradece y él marca ciertas diferencias en ataque.

Gestos diferenciales
En un partido equilibrado, un jugador diferente marca el juego y Monchu Rodríguez lo es. El balear lleva siendo el líder del Real Valladolid desde hace meses pero, tras el descenso, ha asumido unos galones que le están llevado a ser uno de los mejores jugadores de LaLiga HyperMotion. Ya no es sólo por el gol olímpico anotado, es, también, la dirección de juego que tiene, el liderazgo que defiende, el carisma que transmite… Todo lo hace bien y, además, en momentos claves y determinantes.

La determinación de jugadores conocidos fue vital para la victoria ante el Burgos CF, para el buen momento del equipo a nivel de resultados y para la esperanza que se ha creado con esta racha. Monchu, Kenedy, Marcos André o Sergio Escudero están aproximándose a su mejor versión y, con ellos, otros se acercan, también, a los niveles esperados y a las expectativas creadas. Enzo Boyomo, David Torres y Stanko Juric son tres de los grandes nombres propios de las dos últimas victorias. Camerunés, canterano y croata se encuentran bien y seguros y, con ellos, el Real Valladolid crece en seguridad.

Actualmente, en ataque o en defensa, el Real Valladolid se suministra de rendimientos individuales. Son los jugadores los que hacen que el equipo esté consiguiendo resultados y se esté aproximando a los niveles globales que se puede esperar de un vestuario con potencial. Los pucelanos tienen una plantilla descompensada, pero con calidad que ha sido diferencial para conseguir tres victorias, crear brotes verdes y, por qué no, un punto de inflexión esperado.

Una victoria ilusionante plagada de individualidades

Siempre se dice que un equipo en construcción es simplemente un grupo y no un equipo. Sin estar compactado, cohesionado y unido, un vestuario de jugadores es sólo eso. Actualmente, el Real Valladolid está en esa fase. Los de Paulo Pezzolano, sin pretemporada realizada en las piernas como grupo, es un vestuario con jugadores a los que le falta adaptarse. Son muchos futbolistas nuevos acoplándose a una idea de juego de un entrenador al que aún no terminan de conocer. Por ello, victorias como la de este domingo en el Estadio Carlos Tartiere fortalecen a un grupo de individualidades y no de conceptos grupales.

Aunque en el mundo del fútbol se asegure que «los equipos se forjan desde las victorias», el Real Valladolid está buscando su identidad y ésta se empezó a vislumbrar, quizás, en el segundo periodo en Oviedo. En la última hora de juego ante el equipo asturiano, los pucelanos mostraron qué buscan y cuánto de cerca o lejos están de conseguirlo. Se vieron detalles positivos e ilusionantes porque el rendimiento individual de varios activos fue muy positivo. El tanto de Marcos André define la calidad de un vestuario con interesantes jugadores.

Bajo el amparo de la calidad individual, que no de la cohesión grupal, el Real Valladolid sumó un triunfo de mérito e ilusión. La segunda victoria consecutiva dice que los pucelanos tienen mimbres, aquéllos que ejemplifican Monchu Rodríguez, Enzo Boyomo, Stanko Juric, Iván Sánchez o Raúl Moro, además del mencionado Marcos André, que sin estar bien en la temporada ni acertado en el duelo confirmó que el suyo es un juego diferencial para el Real Valladolid y LaLiga Hypermotion. Bajo el rendimiento individual de estos jugadores, que en muchos de los casos aún no están asentados en el equipo, el Real Valladolid tiene su actual sustento.

Responsabilidad
Lejos de ganar partidos por inercia grupal y por tendencia de un vestuario hecho a sus compañeros, las dos últimas victorias pucelanas ha llegado por acertados, concretos, determinados y determinantes rendimiento individuales. Pensar en la victoria ante el Real Oviedo siempre va a llevar al gol de marcos André pero, antes, está el buen hacer de Enzo Boyomo, el despliegue de David Torres, la seguridad de Stanko Juric, la verticalidad de Raúl Moro, el liderazgo y lectura de Monchu Rodriguez y el protagonismo con balón de Iván Sánchez. Ningún aspecto de la victoria vallisoletana deja sensación «coral», como se denomina actualmente, pero la preocupación y/o exigencia quizás no debe ser esa.

Sabiendo el momento del equipo, la tardía formación del proyecto deportivo, la llegada de jugadores en el último momento, el cuestionable estado de forma de determinados futbolistas y el ambiente que engloba al equipo en la temporada, pedir más que aquéllo de lo que es habitual es, quizás, irresponsable y, ahora, el Real Valladolid de Paulo Pezzolano necesita responsabilidad en todos lo frentes y uno de ellos es, sin duda, el del análisis y la exigencia. En ambos sentidos, el Pucela está para ser analizado por detalles y no por cuestiones globales. En los detalles mandan los jugadores. En lo global, el equipo.

En el fútbol, como en la vida, no todo vale para ganar

Se dice que «en el amor y en la guerra, todo vale». Éste es un dicho muy común en la sociedad pero yo, quizás, algo romántico, nunca he creído en ello. No creo que el fin justifique los medios porque entiendo que los medios son capitales para llegar al fin. Un éxito puntual no debe ser nublar la vista ni el análisis. Es por ello que considero que en el fútbol y en la vida no todo vale para conseguir un objetivo. Es decir, y centrándome en el duelo del Real Valladolid ante el Fútbol Club Cartagena en el Estadio José Zorrilla, la victoria pucelana no vale o, al menos, no tiene el valor que el equipo debería.

El conjunto de Paulo Pezzolano llegaba al encuentro ante los de Víctor Sánchez del Amo con la necesidad de ganar, sí, pero con la obligatoriedad de mostrar un estilo. El actual Real Valladolid no tiene patrón ni identidad y ese es el principal problema. El equipo pierde y lo hace por ello. Sin una idea real de juego, que obviamente va más allá de un sistema y/o esquema, los jugadores se muestran inestables, como ha ocurrido en las últimas semanas. Las imposiciones del cuerpo técnico, más allá de jugadores y estados, han creado inseguridad y, con ella, el Real Valladolid llegaba muy obligado a este segundo duelo consecutivo como local.

Los resultados, la imagen pero, ante todo, la tendencia del Club creaban de estos dos duelos seguidos en Valladolid un arma compleja y controvertida. El Real Valladolid iba a jugar dos tipos de partidos en estos encuentros, tal y como se vio en la sexta jornada. La visita del FC Cartagena desplegó un encuentro lleno de imprecisiones dentro y de crispaciones fuera. El viaje de fuera (grada) hacia dentro (césped) era complicado. Tanto como al revés. La sensaciones de dentro para fuera no eran buenas. La sinergia, que diría Sergio González, fue compleja durante todo el partido. Ninguna de las partes sumaba para que la otra pudiera evolucionar y, con todo, nadie encontró un punto de unión hasta el tiempo de añadido.

Credibilidad y victorias
Un saque de esquina bien lanzado por Monchu Rodríguez y mal defendido por el rival generó el segundo gol de la temporada de Iván Cédric y la segunda victoria vallisoletana. Volviendo a la senda de los tres puntos el Pucela podría sentirse feliz, pero poco vale al entorno actualmente. El distanciamiento que ha decidido adoptar la entidad y sus integrantes con la realidad pucelana hace que el problema del Club no sea sólo futbolístico y que éste, como poco, no se solucione sólo con tres puntos.

Para liberar, al menos, el problema deportivo, Paulo Pezzolano debe conseguir un equipo seguro, fiable y convincente. Está bien decir que éste es un objetivo que se consigue desde las victorias pero, dándole la vuelta al argumento, la realidad dice que las victorias llegan con un equipo seguro. El Real Valladolid no es un equipo que derroche credibilidad ni convencimiento. Ganando, perdiendo o empatando, los pucelanos son un conjunto inseguro e inestable que ganó este sábado al FC Cartagena, sí, pero que estuvo muy lejos de su mejor versión, de poder convencer y de pensar que los tres puntos son un punto de inflexión en el juego y en la creación de una identidad.

Los resultados no son el problema del Real Valladolid

La semana pasada, tras la tercera derrota consecutiva de la temporada, leí a Juan Carlos Díaz, periodista de TVE, cuestionar qué es más doloroso. Se preguntaba si es más grave tres derrotas seguidas en LaLiga Hypermotion o una goleada en el Estadio Santiago Bernabéu. La respuesta es difícil aunque creo que todos elegiríamos cualquier opción en la que el Real Valladolid este en la élite del fútbol español. Pese a cuestiones de gusto individuales, dicha pregunta me hizo reflexionar sobre cuál es el principal problema y éste está en la falta de identidad del equipo. No en los resultados.

Sea en una categoría u otra, el equipo que cae goleado o que sufre tres derrotas es aquel que no está bien. El último Pucela que cayó goleado en Madrid fue el del último duelo de José Rojo, Pacheta, como blanquivioleta. Ahora, el que ha acumulado tres derrotas seguidas, es el de Paulo Pezzolano. Ambos han firmado dichos resultados por un mal momento de juego y una falta de identidad en su juego y propuesta. El Real Valladolid no está bien desde el primer día y sigue sin estarlo pese a cerrar la mala racha de no sumar nada en tres semanas consecutivas.

El Real Valladolid volvió a puntuar pero lo hizo con muchas carencias y debilidades. Los pucelanos consiguieron frenar su mala racha pero lo hicieron sólo con un empate. Ese ‘sólo’ no se centra únicamente en el mísero punto sino, también, en los argumentos para conseguirlo. El Pucela dejó escapar una oportunidad por las carencias que tiene en todos los ámbitos que llevan al juego. Pezzolano no ha conseguido ofrecer herramientas a sus jugadores. Estos están lejos de poder ser solventes. Es complicado que puedan serlo porque el Real Valladolid vive de individualidades de jugadores lejos de un buen estado de forma.

Individualidades
Cuando un equipo no tiene claro qué busca ni qué necesita se centra en individualidades. El Real Valladolid, actualmente, puede conseguir victorias por detalles concretos y puntuales de determinados jugadores. Este equipo nunca conseguir sumar, ahora, por situaciones globales. No lo puede hacer porque el equipo no sabe quién es ni qué debe buscar. No es importante señalar el esquema y sí qué se busca con él. Pezzolano no está consiguiendo definir nada y, por ello, su equipo está desmoronado. El duelo ante el Elche CF hace que el Real Valladolid se olvide del gerundio como un tiempo verbal. El equipo no se está cayendo. Está caído. No se está rompiendo. Está roto.

En el fútbol se puede perder y más en la quinta jornada. Dando la importancia que tiene un resultado que, obviamente, existe, el momento en el que está el equipo obliga a mirar más allá del marcador. Las formas, la identidad… incluso os brotes verdes. Todo suma para mirar a medio/largo plazo, pero es ahí donde el Real Valladolid muetras sus carencias más allá de tres derrotas o de una goleada. Así, cuanto más analizas al equipo, peor. Los análisis sientan mal al equipo porque nada tiene estabilidad y nadie arroja seguridad. Tales son las carencias que el problema no son los resultados. Lo preocupante es el fondo de por qué llegan esos marcadores y la poca seguridad que hay de que estos cambien.

Responsabilidad grupal, pero culpa sólo de Ronaldo

Cuando se quiere defender a un entrenador pese a los malos resultados de un equipo se argumenta que él «no remata», «no para», «no centra»… Se evita hablar de sus responsabilidades en el devenir y en la evolución del equipo por la realidad palpable de que en el terreno de juego sólo están los jugadores. Si a ese argumento se le intenta dar una vuelta más todo puede sonar a excusa, pero nada más lejos de la realidad. Quiero ir un paso más y asegurar que si el Real Valladolid estuvo tan mal en el Estadio Carlos Belmonte fue por culpa de su máximo accionista: Ronaldo Nazário.

Que el Pucela encajara, por ejemplo, un gol a balón parado no es responsabilidad del brasileño, pero sí es su culpa. Justifico tal enrevesado argumento porque en el día en el que se cierra el mercado de fichajes de verano, el Real Valladolid firma una operación ridícula mientras el equipo se desangra en un terreno de juego. Sin ideas ni respuestas en Albacete, el dueño no ayuda para conseguirlas. De igual forma no toma decisiones que ayuden para que el equipo crezca en sus posibilidades y responsabilidades. Los pucelanos están debilitados en el terreno de juego por las decisiones insititucionales. Así se define todo actualmente en el mundo blanquivioleta.

Voy al último nombre del mercado: Mamadou Sylla. El delantero senegalés cierra una plantilla con carencias en muchas zonas y supone la llegada de un perfil que, en absoluto, cumple con las afirmaciones de Dominga Catoira esta semana y en su presentación. El nuevo director deportivo blanquivioleta hablaba de «calidad» y no de «cantidad». «No firmaremos jugadores para rellenar», aseguraba. El Real Valladolid no está para ello. Necesita dar un salto de calidad. La plantilla lo dice y el juego de los dos últimos duelos lo confirma y ratifica. Pese a toda esta realidad palpable, que no interpretable, Sylla cierra la plantilla. Parece insuficiente. Es insultante.

Pese a la firme creencia de que el vestuario pucelano tiene buenos jugadores y futbolistas con capacidad de ser diferenciales en LaLiga Hypermotion, el equipo demanda decisiones drásticas en la cuarta jornada. Si el primer día del mes de septiembre el equipo demanda medidas importantes y urgentes es que la planificación no ha sido buena y ahí el responsable es, sin duda, Ronaldo Nazário.

Una peligrosa coctelera
En aspectos institucionales está el problema. No es cuestión de perder tres partidos seguidos en la categoría, algo que ya vivió José Rojo, Pacheta, hace dos temporadas. Lo preocupante y exigente es el cómo y el porqué. El Real Valladolid va a peor y, ahora, todo puede saltar por los aires. El calendario más inmediato del equipo de Paulo Pezzolano son dos partidos en el Estadio José Zorrilla y cuando todo puede salir mal…

El clima, los resultados, la presencia de Ronaldo Nazário en el palco, el regreso del entrenador uruguayo al banquillo tras su sanción… Todo suma ingredientes inflamables para las visitas consecutivas del Elche CF y del Fútbol Club Cartagena a Valladolid. La situación va a ser límite en los dos próximos encuentros por la inacción de Ronaldo, aquél que no remata, que no para y que no corre, pero que ve pasar el declive pucelano sin hacer nada pero diciendo que trabaja mucho.

Otorgar responsabilidades conlleva exigencias y obligaciones y, ahí, Ronaldo Nazário está devorado tal y como se pudo ver y comprobar este viernes. En las oficinas se cerró el mercado y en el campo no se ofrecieron respuestas a la caída libre de un equipo que está roto en la cuarta jornada pero que parece no haber tocado fondo. El culpable de todo es Ronaldo porque por algo es el dueño o, lo que es lo mismo, el jefe.

Una derrota que puede generar un daño irreparable

Se lo leía en Twitter a Juan Arranz al final del partido. Es insostenible vivir «hartos» en agosto, y el entorno del Real Valladolid lo está. Es insostenible crecer en una temporada así, pero, también, es imposible imaginar que una campaña así pueda terminar bien. Derrotas como la sufrida ante la Agrupación Deportiva Alcorcón debilitan muchas uniones y rendimientos. Las «sinergias», que diría Sergio González, están totalmente marcadas con sólo tres partidos de competición. Las formas de la derrota ante los alfareros han hecho un daño importante en el clima blanquivioleta y  este es un golpe que puede ser irreparable hacia muchos frentes que deben ser pilares en la temporada.

El debut de John, pese a la ausencia de Jordi Masip, el estreno incomprensible de Gustavo Henrique, la apuesta ilógica por Iván Cédric durante 90 minutos, la insistencia por recuperar en competición oficial a Robert Kenedy, la gestión de los cambios… Son muchos los frentes ilógicos que deja el segundo duelo de la temporada en el Estadio José Zorrilla y todos señalan a una mala gestión y liderazgo de Paulo Pezzolano.

La lectura del uruguayo y de su amplio staff del partido es extremandamente pobre. Privar a un equipo plano y sin último pase de su jugador más diferencial es ilógico. Apostar por variaciones tácticas incompresibles, también. Terminar los últimos 15 minutos cargando el área de jugadores sin capacidad rematadora ante un rival defendiendo en bloque bajo y con solvencia defensiva en el juego aéreo marca, también, una comprensión muy limitada del camino del partido. En gestión, Pezzolano quedó señalado en el inicio. El lectura, con el avance del partido, también.

Cortoplacismo ilógico
Apostar por jugadores de su perfil cuando acumulan sólo un puñado de entrenamientos generó la imagen de un equipo débil y mal estructurado. Señalar a jugadores con un bagaje alto de pretemporada en la tercera jornada liguera abre una herida innecesaria en el mes de agosto. El perfil de Pezzolano es el de un entrenador cerrado y centrado en el corto plazo. Gestionar un equipo en el primer mes de competición como lo haría en el sexto es un error mayúsculo, pero propio de alguien sin visión de medio/largo plazo, como el uruguayo. Su perfil no ayuda a pensar en una evolución individual sino en un aprovechamiento de los momentos individuales.

Considero que todo pasa en el fútbol por el prisma y la exigencia del entrenador. Lo positivo y lo negativo. El duelo ante el Real Sporting de Gijón dejó la sensación de una propuesta clara, pero el tiempo ha confirmado una sensación irreal de aquéllo. En poco más de dos semanas, el Real Valladolid ha sido preso de su propuesta por la falta de evolución, manejo y liderazgo de su entrenador. Todo lo trabajado en momentos anteriores ha quedado olvidado porque él se ha apresurado en apostar por unos protagonistas que no están hechos ni preparados para sumar actualmente en su idea. 

Sin valorar ideas, momentos, condiciones ni estados, Paulo Pezzolano se pegó un tiro en el pie este sábado. El clima del Real Valladolid es el de la inercia marcada por el descenso y por la poca confianza en los perfiles de los actuales protagonistas del Club, aquéllos que están firmando apuestas ilógicas que generan situaciones tan contraproducentes y, posiblemente, irreparables como las que genera algo mucho más duro que la segunda derrota de la temporada. 

La dignidad blanquivioleta de Zaragoza es insuficiente

El fútbol, como la vida, tiene sus términos. Todo debe estar bien determinado y marcado y el momento del equipo de Paulo Pezzolano es un buen ejemplo. El Real Valladolid está limitado, en efectivos y posibilidades, y, por ello, la exigencia sobre el equipo debe ser controlada. Los pucelanos, pese a los condicionantes, deben estar en situación de ganar pero no deben estar exigidos a hacerlo. El matiz, por ejemplo, es diferencial. Buscando definir todo desde el término más apropiado, el Real Valladolid firmó en Zaragoza un encuentro muy digno.

Dicha dignidad es elogiable, pero insuficiente. Para todo. Lo fue para ganar el partido y, también, para ilusionar, convencer y formar un proyecto. Al Real Valladolid se le debe pedir más. En todo y para todo. El encuentro en Zaragoza fue interesante, pero insuficiente. ¿Por qué insuficiente? Porque el equipo tuvo pocas respuestas al juego. La propuesta existió, y fue buena, pero fue insuficiente. No ella, pero sí buscar la victoria sólo con ella. Un equipo que busca la victoria  y que quiere estar en situación de ganar tiene que tener propuesta y respuesta, y los pucelanos sólo tuvieron propuesta. Así, el equipo se cayó en el final de la primera parte.

Los ajustes y los detalles de Fran Escriba hicieron crecer a un Real Zaragoza que tuvo muchas dudas en los primeros minutos del partidos. El inicio del duelo fue blanquivioleta; la evolución del mismo, no. El final del partido, sí, y lo fue porque los cambios sentaron mínimamente bien a un Pucela que ganó en seguridad cuando retiró al único central del primer equipo en el once y en la convocatoria. Con una nueva actuación sobresaliente de César de la Hoz, el Real Valladolid terminó asustando al rival en los últimos 20 minutos, pero antes hubo tramos en los que al equipo pucelanos le faltaron herramientas o ideas, según se mire, para hacer frente al duelo y hacer que éste fuera más que digno.

Condicionantes
La dignidad es mínimamente elogiable para un equipo con muchos condicionantes, que no excusas. Sin tu entrenador en el banquillo, con un director deportivo recién llegado, con un clima socialmente incómodo, con una plantilla con muchas debilidades, con jugadores lejos de su mejor nivel… El Real Valladolid puede estar mínimamente satisfecho, que no contento, con el partido. Lo puede estar porque se enfrentó a uno de los conjuntos más hechos, que no mejores, de la competición. Ante él y con muchos condicionantes, el empate no hubiera sido injusto.

Con Monchu Rodríguez ayudando en la salida de balón y en campo propio, Jony Montiel e Iván Sanchez tenían más libertad. Desde ella el Real Valladolid terminó cómodo, pero impotente. La aparición entre líneas de los dos jugadores interiores mencionados hacia rozar el empate, pero estos estaban poco acompañados. Un lateral izquierdo diestro, un extremo izquierdo agotado, un extremo derecho individualista y un delantero desorientado hicieron que los argumentos finales del Real Valladolid tuvieran poca consistencia y que la propuesta global fuera digna, pero no suficiente. ‘Dignidad’ e ‘insuficiencia’, términos que marcan la actualidad blanquivioleta tras la segunda jornada.

Una grata sorpresa de Paulo Pezzolano en el debut

Pese a que la temporada pasada, en el tiempo en el que Paulo Pezzolano estuvo al mando del Real Valladolid, mi contenido sobre el equipo era muy reducido mostré mi opinión sobre el uruguayo. No me gustaba su perfil y éste es un estilo que no me casa con las necesidades y exigencias de un equipo como el blanquivioleta en una competición como LaLiga Hypermotion. En los 11 partidos en los que estuvo al frente de los vallisoletanos la pasada campaña vi un entrenador con muchos argumentos dialécticos pero muy pocos en contexto futbolístico. El empate (0-0) ante el Getafe CF fue la demostración de las que, para mí, son carencias de propuesta y lectura.

Ese recuerdo prevalece sobre mí pero, pese a ello, el duelo inaugural ante el Sporting de Gijón me deja la sensación de un Real Valladolid con ideas y argumentos. Por lo visto en los primeros 90 minutos y con las exigentes necesidades de cautela, la versión blanquivioleta en el duelo ante los asturianos es la de un equipo con una idea clara y con detalles tan interesantes como bien trabajados. Con una estructura bien armada para la presión y con variantes para ofrecer superioridad numérica en la salida de balón, Pezzolano me ha dejado un regusto muy dulce tras su primer partido ‘real’ como entrenador pucelano.

En su décimosegundo duelo como blanquivioleta, Pezzolano pudo demostrar qué quiere y cómo lo va a buscar. Con un vestuario muy limitado en efectivos y, por consiguiente, en variantes, el Real Valladolid no fue previsible tácticamente. Esto no quiere decir que los pucelanos hayan sido perfectos ni que haya mostrado un estilo engrasado. Ni mucho menos. Con las posibilidades actuales, el Pucela pudo llevar el partido a su terreno. Paramí, más que suficiente. Con metros para atacar y superioridades numéricas en el centro del campo, Iván Sánchez movía muy cómodo y Monchu Rodríguez tenía mucha llegada.

Inteligente
El plan de partido del Real Valladolid para la primera jornada de competición ha sido inteligente. Paulo Pezzolano no se complicó en la preparación del duelo y buscó crear un clima en el que el ‘8’ y el ’10’ estuvieran cómodos. Éste es un movimiento astuto que le salió bien por el resultado pero, sobre todo, por el rendimiento los jugadores mencionados. En un clima marcado por el posicionamieto y despliegue silencioso de César de la Hoz, el Real Valladolid vivía muy cómodo por delante del cántabro. Desde él, los pucelanos eran superiores por el inteligente planteamiento del uruguayo.

No se trata de un movimiento brillante, pero sí de una idea muy lógica y muy madura. En la situación en la que está el Real Valladolid, Pezzolano se podía haber desgastado en otros frentes, pero él fue simple y sencillo para buscar ser eficaz, tal y como ha conseguido en un debut que le deja en una gran posición. Para mí, un estatus inesperado, aunque sea sólo por un partido.