El premio a una propuesta trabajada e individualizada

El Real Valladolid es de LaLiga Santander y, con ello, todo parece quedar en un segundo plano, pero nada más lejos de la realidad. No es sólo a dónde has llegado, sino cómo y en este Pucela, más aún. La temporada pasada y la actual han demostrado que las formas son importantes. No para conseguir objetivos sino para confiar en ellos. Si bien en la campaña 2020/2021 la sensación de descenso estaba asentada desde mucho antes de consumarse la tragedia, en la 2021/2022 la confianza por el ascenso siempre ha estado presente. La tendencia en ambas temporadas estaba clara y con Pacheta la creencia en el ascenso existía porque el equipo jugaba para ello.

Entendiendo el fútbol como el premio que mereces y no el que quieres, el Real Valladolid ha conseguido el objetivo principal porque siempre ha creído en él y porque siempre lo ha buscado. Este Pucela no ha especulado jamás porque sus jugadores no son activos para ello. El vestuario blanquivioleta necesitaba que se confiara en él y que se le guiara y eso es lo que ha hecho el actual cuerpo técnico. Los elogios a Pacheta y su staff son los primeros que se deben realizar y escuchar tras el ascenso. No por el cambio de categoría sino por cómo se ha buscado y por todo el trabajo que hay detrás de esas formas utilizadas.

Convencer a este vestuario del cambio que ha dado es merecedor ya de un éxito como el conseguido. La variación de la  propuesta en el Real Valladolid ha sido radical y el convencimiento, complicado. Por mucho que los jugadores supieran, como el 95% de los presentes, que el estilo para Shon Weissman, Luis Pérez, Roque Mesa, Jawad El Yamiq, Toni Villa o Joaquín Fernández era el actual, salir de lo vivido en los últimos años para llegar a este punto no ha sido sencillo y sí laborioso. Con todo, el Pucela ha llegado al destino marcado y no de cualquier manera.

Lo prometido es deuda
Aunque la temporada 2021/2022 se recordará desde el gol de la Agrupación Deportiva Alcorcón a la Sociedad Deportiva Éibar, el encuentro con el que el Real Valladolid optó a que ese gol de Giovanni Zarfino diera el éxito es el mejor ejemplo de qué han querido los pucelanos y cómo lo han buscado. Pese a depender de otros resultados, el Real Valladolid firmó unos segundos 45 minutos de su partido ante la Sociedad Deportiva Huesca que tuvieron todo aquello que Pacheta había anunciado desde su primer día en un mensaje con el que ha machacado al grupo.

No «especular», «vivir en campo contrario», buscar «un gol más», ser «verticales», no cambiar en relación al resultado… Estos y otros muchos han sido los mensajes de Pacheta durante la temporada y estos fueron corroborados por el equipo en el último partido de LaLiga SmartBank. Metiendo miedo a sus rivales con una segunda parte perfecta, el Real Valladolid fue vertical, dominador en campo contrario, protagonista con balón y buscó siempre un gol más. Así consiguió el premio que mereció durante toda la temporada gracias a que Pacheta sí supo entender cuál era la idea que demandaba el vestuario. Sabiéndola, la trabajó, la individualizó y la machacó y, así, el Real Valladolid vuelve a la élite por merecimiento propio.

Ibiza aumenta la fuerza del proyecto blanquivioleta

El Real Valladolid se impuso este sábado a la UD Ibiza en Can Misses. El encuentro no fue sencillo, tal y como se esperaba y no lo fue por lo exigentes que son los equipos de Paco Jémez. Los ibicencos obligaron a los pucelanos a sufrir en la alternancia de dominio del juego que tuvieron ambos durante el encuentro y que marcó, curiosamente, la inferioridad numérica del conjunto local. La expulsión de Manu Molina cambió el devenir del encuentro y expuso a los pucelanos a una exigencia que no controlaron o, como poco, que no supieron mantener.

‘Mantener’ es el concepto que mejor define los segundos 45 minutos del Real Valladolid por la calidad de muchas de las fases de la primera parte. En ella, el Pucela fue tremendamente dominador del juego y lo hizo gracias a acciones individuales y colectivas de gran calidad. Analizando sólo dichos momentos, el Pucela es claro candidato al ascenso. Lo es porque semana tras semana mejora sus prestaciones y porque progresivamente mejora aspectos con y sin balón. El aumento de exigencia y expectativa por la inferioridad rival cambia parte del análisis sobre el partido del Real Valladolid, un conjunto que sale reforzado de Can Misses.

Pese al sufrimiento final, la lectura, más allá incluso de los tres puntos, es positiva. Lo es por esas fracciones de la primera parte en la que se vio un equipo fresco, dominador, ofensivo y agresivo. Creyendo en los márgenes de crecimiento infinitos en equipos de fútbol, el Real Valladolid sigue atacando el suyo. Lo hace desde versiones individuales muy potentes y detalles tácticos localizados por Pacheta en las constantes opciones del conjunto blanquivioleta. Los pucelanos, lejos de conseguir el ascenso directo o no, van a terminar bien la temporada. El equipo está fresco, en piernas y cabeza, y así, la inercia adquirida es potente para todo lo que pueda llegar.

Tema secundario. O no
Tras el partido, Pacheta aseguró que el equipo está «preparado para todo». Refiriéndose a un hipotético play de ascenso, el trabajo pucelano también es a medio plazo. Hablar de la campaña 2022/2023 a estas alturas es ilógico pero no irreal. El Real Valladolid sigue construyéndose. Entendiendo así el fútbol, la visita blanquivioleta a Ibiza deja grandes detalles positivos. El equipo crece y mejora y lo hace por un estado de forma tan óptimo como ilusionante. Los pucelanos llegan bien al final de la temporada.

El Real Valladolid está centrado en su objetivo y mentalizado de sus obligaciones. Así y sólo así los proyectos llegan a buen puerto. Un proyecto no es un ascenso. Es mucho más, y este Pucela demuestra sobre el campo que sabe cuál quiere que sea su camino para llegar a LaLiga Santander y asentarse en ella. Ahora parece secundario, sí, pero no lo es del todo. El «proceso» conlleva mucho tiempo y muchos frentes. Hasta en momentos tan determinantes como la actualidad.

Un empate que nada tiene que ver con el de Málaga

El Real Valladolid marcó dos goles en el encuentro (2-2) ante el Málaga CF y encajó otros dos. En las formas, incluso, el estilo es parecido al del duelo ante la Unión Deportiva Almería. Por resultado final y formas, el partido parece que se parece algo, pero, realmente, no tiene nada que ver. El empate en el Estadio de La Rosaleda dejó la sensación de un Pucela inseguro en el momento decisivo y, en esta ocasión, se vio un equipo seguro, convincente y convencido. Las formas en el fondo son totalmente diferentes y, por ello, la lectura debe ser otra porque son partidos totalmente opuestos.

La sensación que deja el encuentro es aquélla que dice que el Real Valladolid estuvo cómodo en muchas fases del partido, todo lo contrario que el rival. La Unión Deportiva Almería nunca vio los contextos que más le benefician, pero el Pucela, sí. El partido sólo lo pudo ganar un equipo y ese fue el de Pacheta. El control de la situación que tuvo el equipo blanquivioleta ante un equipo del nivel del andaluz, con su misma ambición y objetivo, habla del buen partido pucelano y de lo nada que tiene que ver esta igualada con la anterior.

En común, un duelo y otro sólo tienen el error grosero de Jordi Masip. En el resto, la resaca es totalmente diferente. Las dudas de La Rosaleda chocan con la seguridad de Zorrilla. Las formas son capitales para entender el análisis pero, sobre todo, para afrontar el futuro a corto plazo del Real Valladolid. Los vallisoletanos viajarán a Miranda de Ebro con la seguridad de saber que tienen un estilo acorde de sus exigencias y que ese modelo de juego es uno por el que el equipo y el cuerpo técnico apuestan hasta en momentos como éste.

Sensación de victoria
En un duelo ante un rival directo, a estas alturas de la temporada y con el marcador favorable, el Real Valladolid quiso imponer su estilo. No buscó improvisar. Sólo mostrar y, ahí, los de Pacheta consiguieron ganar adeptos. En directo y, sobre todo, en frío. El Pucela sigue forjando su camino con personalidad. Tener un estilo no es sinónimo de tener la receta perfecta pero sí saber que el equipo entiende cómo debe buscar el objetivo final. El Pucela lo tiene y lo ha ratificado ante un rival de enormes virtudes que no ha estado en posición de ganar el partido nunca.

El convencimiento de que el Pucela sale fortalecido del partido lo noto, también, en las ruedas de prensa de sus entrenadores. Si bien José Rojo, Pacheta, analizaba el duelo en cómo afecta al equipo y en cómo puede y debe mirar al futuro a corto plazo, Joan Francesc Ferrer, Rubi, centró el análisis en el pasado y en lo «bueno» que era el empate antes del partido.

Sin centrar el análisis a un duelo en las formas, que no en los merecimientos, ningún entrenador saca ventaja de un partido. En esta ocasión y en el enfoque blanquivioleta, nada tiene que ver con el partido anterior. Por suerte, los dos últimos empates pucelanos no tienen ninguna similitud más allá del marcador y, por ello, la sensación actual es que el ascenso está más cerca ahora que antes del partido. Pese a perder dos puntos en un acción a balón parado en el minuto 88, el Pucela dio ante la UD Almería un paso relevante.

20 minutos de debilidad que cuestionan la seguridad

Qué bien estuvo el Real Valladolid en la primera parte del partido ante el Málaga CF en el Estadio de La Rosaleda. Para mí, y como expliqué en Twitter, una forma de entender que el plan de partido pucelana estaba saliendo es analizar las veces que el equipo pudo robar el balón en campo rival. Ese es un detalle que lejos de ser insignificante era capital. Los de José Rojo, Pacheta, estaban cómodos. Lo estaban porque su idea de juego se imponía. Lo hizo en los primeros 45 minutos del partido y, también, en el primer cuarto de hora de la segunda parte.

Hasta, como poco, la hora de juego, el Real Valladolid fue merecedor de la victoria. No porque fuera mejor que el rival sino porque hacía que su plan de partido estuviera sobre el césped. El planteamiento de Pacheta estaba claro porque el equipo lo plasmaba. Los visitantes mandaban. Pese a ir por detrás en el marcador desde bien pronto, el Pucela se veía cómodo. Vivía en campo rival, tenía posesiones largas, cortas, verticales, pausadas… El Real Valladolid mandaba y el equipo estaba dominador. Los pucelanos no eran resultadistas y se veían cómodos en el guión de partido.

Lo estuvieron en la primera parte y, también, tras la reanudación. El Real Valladolid era lo que quería Pacheta y, por ello, no tiro la toalla tras el gol de Álvaro Vadillo. Sin ver el camino del partido, el marcador hacía pensar en un duelo dominado por los locales, pero nada más lejos de la realidad. El Pucela mandaba y, por ello, supo hacer bueno a Shon Weissman. Los dos tantos del ‘9’ llegan desde una propuesta que define al equipo blanquivioleta. Desde ella se saca una buena lectura del encuentro. Con esos 60, 65 o, incluso, 70 minutos, el Real Valladolid utiliza la jornada 35. desde los últimos 20, no.

Todo de cara y…
Si bien es cierto que las lesiones de Monchu Rodríguez y Shon Weissman obligaron a cambios a Pacheta, las cinco permutas realizadas por el entrenador de Salas de los Infantes debilitaron al Real Valladolid. Así, el equipo perdió su identidad y, sin ella, la inercia que había conseguido. El último cuarto de hora se vivió más en campo propio que rival y ese es uno de los mandamientos que Pacheta nunca va a soportar. Su Pucela debe estar siempre buscando la portería rival y el equipo no lo hizo en el tramo final. ¿Por qué? Esa es la gran pregunta.

Desde una buena respuesta se entenderá qué no debe repetir el equipo y por qué es tan importante ser equilibrado. En conceptos tácticos y de propuesta. Una versión tan bipolar como la vista en el Estadio de La Rosaleda es perjudicial para la imagen y la confianza pucelana, incluso con divisiones tan radicales como ésta. Pese a que la versión positiva haya sido de 70 minutos y la negativa de 20, la segunda es la que se impone y la que preocupa. Cuando todo estaba de cara para el Real Valladolid, el equipo se perdió.

La crónica de la web oficial del Club habla de que todo estuvo «en contra» del equipo pero lo preocupante no es eso, que puede incluso ser debatido. Lo llamativo y perjudicial para la seguridad pucelana es ver que cuando el equipo tenía todo de cara, el duelo se cayó. Ya sea por las lesiones de Monchu o Weissman, por los cambios de Pacheta, por un hipotético vértigo o por una mala gestión de las emociones, el equipo perdió dos puntos por 20 minutos en los que tenía todo a su favor, pero que no supo gestionar y que debilitan su seguridad para las últimas siete jornadas.

Pacheta avisa de un nuevo estilo de juego en el Pucela

José Rojo, Pacheta, siempre ha asegurado cómo iba a ser su equipo. Confirmando que nunca iba a «especular» con el resultado, el Real Valladolid 2021/2022 siempre iba a mirar a portería contraria. Durante diferentes encuentros lo ha mostrado, lo ha confirmado y lo ha ratificado pero una de las mayores goleadas de la temporada ha mostrado que el camino actual del equipo blanquivioleta es otro. Por el juego realizado ante el Club Deportivo Lugo y por las declaraciones del burgalés, el Real Valladolid afronta las últimas ocho jornadas de la temporada con una variación importante del estilo de juego.

El propio preparador de Salas de los Infantes ha confirmado en varias ocasiones que los equipos cambian mucho durante las temporadas y este Real Valladolid no va a ser menos. Las ideas y los principios pucelanos se van a detallar de cara al tramo final y todo por el peso y el protagonismo de un jugador como Monchu Rodríguez. El balear está obligando a muchos detalles a Pacheta. Si bien el dibujo sobre el terreno de juego es diferente al necesitarle a él, a Álvaro Aguado y a Roque Mesa, la presencia de los tres varia el estilo del equipo.

«Hemos tenido partidos de posesiones muy breves pero muy verticales y, ahora, tenemos posesiones más largas», aseguraba el burgalés tras el partido. Matizando, como siempre, que él se «adapta» al momento de sus jugadores, el Real Valladolid necesita jugar, ahora, con tres centrocampistas y esto cambia, en parte, el estilo de juego del equipo y las posesiones que los pucelanos realicen. De esta forma, y tal y como se pudo ver en el duelo y escuchar en las declaraciones del entrenador después, en las últimas ocho jornadas se va a ver un Pucela más poseedor del balón, menos vertical y, por etiquetarlo de alguna más, más ‘conservador’.

Madurez y seguridad
En cualquier manual de entrenador siempre se asegura que un cambio de dibujo no varía un modelo de juego, pero sí que lo detalla. Con tres centrocampistas, el balón se mantiene más tiempo en la zona central del terreno de juego. Hasta la fecha, Álvaro Aguado y Roque Mesa formaban un doble pivote que estaba para dar velocidad de juego y superioridades numéricas ofensivas. Ahora, el detalle de incluir un jugador más en el centro del campo es diferencial y el Pucela no buscará tanta verticalidad y superioridad como control y calidad.

Si hasta la fecha el Pucela y, ante todo, Pacheta querían una importante cantidad de jugadas y un volumen de ocasiones alto, tras el partido ante el Club Deportivo Lugo y con el asentamiento del nuevo dibujo, el Real Valladolid va a firmar un nuevo estilo que se centrará en posesiones equilibradas, consistentes y largas. Con registros mayores de dominio de balón, un Real Valladolid detallado llega al mundo blanquivioleta y con él se espera aprovechar la situación que deja la jornada 34 de LaLiga SmartBank.

Llegando a las últimas ocho jornadas ligueras dentro de la zona de ascenso directo, el Pucela necesita madurez, seguridad y confianza y estas demandas se van a buscar con detalles nuevos. Si hasta la fecha Pacheta buscaba superioridades en campo rival y cerca de la portería contraria, en las próximas semanas y siempre que la presencia de determinados jugadores se lo permita, el Real Valladolid buscará sus superioridades numéricas en zonas del centro del campo y de la creación, detalle que conlleva ver a un equipo de mayor posesión, menor riesgo y mayor control. De la misma forma, tendrá menos ocasiones pero, a su vez, mayor calidad y control para generarlas. En definitiva, un nuevo Pucela para el tramo final de la temporada.

El problema blanquivioleta es el propio Real Valladolid

Este domingo, con la visita al Estadio de Santo Domingo, el Real Valladolid iniciaba la parte determinante de la temporada. El equipo de José Rojo, Pacheta, inició las últimas 10 jornadas de la temporada. Lo hacía con dudas y miedos, detalles que se ha mantenido tras la victoria ante el equipo de Fran Fernández. El encuentro ante la Agrupación Deportiva Alcorcón no ha sacado al Pucela de ningún problema porque la principal debilidad del equipo blanquivioleta ahora es el propio Real Valladolid.

El Pucela no está en su mejor momento pero, pese a ello, está a un punto de la zona de ascenso directo. La diferencia entre el equipo vallisoletano y la Unión Deportiva Almería es mínima y lo es menos al saber que los andaluces tienen que visitar el Estadio José Zorrilla en las próximas semanas. El objetivo blanquivioleta depende de sus partidos, que no de él mismo, y estoy convencido que depende, incluso, de sus partidos el quedar líder de la categoría y, por lo tanto, campeón de LaLiga SmartBank 2021/2022. La sensación de inseguridad y dudas que dejan los tres primeros equipos de la competición es mucho mayor que, por ejemplo, la que ofrecían Pucela, Celta de Vigo y Deportivo de la Coruña hace justo diez años.

En la temporada 2011/2012, esos tres equipos se jugaban el ascenso directo y el que fallara, perdía. Una derrota te condenaba al play-off. Todo era cuestión de detalles, pero este año, no. Pese a que la diferencia entre temporadas sea sólo de unos pocos puntos, el Real Valladolid ha fallado más de lo normal esta campaña. De igual forma, UD Almería y Sociedad Deportiva Éibar. Los errores no se pagan tanto y, por ello, el Pucela, a falta de nueve jornadas, depende de sus partidos, de su gestión y de su control de situaciones y estados de ánimo.

Débil e inseguro
Pese a restar menos de 30 puntos para el final de la temporada, el Real Valladolid sólo debe mirar a sus partidos. Centrarse en esos 90 minutos obliga a analizar muchas situaciones, aquéllas que el equipo parece no tener controladas en las últimas semanas. El Pucela parecía un equipo fiable tras la victoria (1-4) en Tenerife pero todo ha cambiado en pocas semanas. Tras la derrota (3-0) en Oviedo, el equipo se ha debilitado y en esa gestión diaria, semanal y directa está el sustento de confianza de un equipo que deja la sensación de haberse puesto nervioso. Desde esa inseguridad y desde el miedo que muestra el equipo, el Real Valladolid ha perdido gran parte del rostro ganador que se le había puesto tras visitar Canarias.

Tras golear en el Heliodoro Rodríguez López, los de Pacheta empataron a puntos con la UD Almería. Ahora, la diferencia es sólo de un punto pero es, a su vez, un mundo por la inseguridad y falta de carisma que ha dejado el equipo blanquivioleta en los últimos dos partidos. Miroslav Djukic decía que uno es «tan bueno o malo» como había demostrado en el último duelo y el Real Valladolid, ahora, no es ni bueno ni malo, pero si es un equipo débil e inseguro para afrontar las últimas nueve jornadas ligueras. Un problema propio porque el problema lo ha generado uno mismo.

El Real Valladolid de Pacheta y el problema de la tensión

Sigo pensando lo mismo del duelo del Real Valladolid ante el Real Oviedo. La derrota (3-0) en el Estadio Carlos Tartiere llega por la expulsión de Raúl García Carnero. Obviamente, jugar con 10 jugadores durante 80 minutos lastra a cualquier equipo. Ya en el duelo en inferioridad, el Pucela pudo estar mejor y debió ofrecer más. Los blanquivioleta no entendieron bien el duelo y cayeron por la errónea gestión de José Rojo, Pacheta, del duelo. Ciertamente, el burgalés no está bien en sus últimas intervenciones. Pese a ello, él ya avisó del principal problema vallisoletano en el duelo ante la Unión Deportiva Las Palmas.

Tras la victoria (5-1) ante la Sociedad Deportiva Amorebieta, Pacheta aseguró que la falta de tensión era el principal peligro de su equipo. Sin achacar dicha situación a la derrota en Asturias, sí que considero que esa falta de tensión es uno de los justificantes del mal partido y consiguiente derrota ante el equipo de García Pimienta. No es una cuestión sólo de querer sino de saber cómo querer. El Real Valladolid no estuvo bien desde el inicio del duelo. La entrada de los pucelanos al encuentro fue mala. Los amarillos eran superiores desde el primer balón y fue esa tendencia inicial la que condicionó a los blanquivioleta.

Sin una inercia positiva, el equipo no tuvo carisma ni personalidad para asumir la situación. Se dejó llevar en muchos momentos y sin esa tensión competitiva, nadie sumó. Ni los que estaban en el campo, ni los que salieron desde e banquillo ni, obviamente, el que dirigía la entrada de unos y la salida de otros. En el duelo de la jornada 32 de LaLiga SmartBank se potenciaron los malos momentos y tendencias de varios jugadores. Roque Mesa o Shon Weissman, activos determinantes del Pucela, no mostraron su mejor nivel y multiplicaron las dudas de su momento.

¿Qué es la tensión?
Sin ellos, el Real Valladolid fue muy superior al Club Deportivo Tenerife en el duelo del Heliodoro Rodríguez López. Pese a ello, Pacheta sigue apostando por ellos. El papel adquirido por ambos en la temporada es lógico y el burgalés lo mantiene pese a su estado de forma actual y su ausencia de carisma para liderar al equipo e inyectar toda la tensión que este Pucela necesita para ser él. Por todo lo que se puede generar y con todo lo que ha generado, el momento del Real Valladolid es complicado. Son sólo dos derrotas consecutivas pero el principal problema no está en no haber sumado ningún punto en los dos últimos partidos. El problema está en por qué no se ha sumado.

El Real Valladolid tiene un problema de tensión que se genera por el mal momento de ciertos jugadores y por el rol destacado que puede que muchos de ellos tengan. Con una plantilla como la blanquivioleta, las rotaciones no son obligatorias pero la potenciación de los momentos y los estados, sí. Aahí, falla Pacheta y desde ahí se ha generado el principal problema del equipo. Tensión no es sólo ganar un balón dividido y superar al rival en una acción aérea. La mentalidad y el carisma ofrecen una tensión que el Real Valladolid no tuvo ante la Unión Deportiva Las Palmas y por ello firmó la octava derrota de la temporada.

Oviedo supone la excepción del «proceso» de Pacheta

La victoria (1-4) en Tenerife fue ilustrativa del momento que vive el Real Valladolid pero, sobre todo, de la forma en la que el equipo de José Rojo, Pacheta, obtiene los resultados. Los blanquivioleta se definen por un «proceso» en el que siempre salen ganadores. Durante la narración del duelo en el Heliodoro Rodríguez López, Juan Eduardo Esnaider, comentarista de Movistar Fútbol, analizaba la fuerza con la que el equipo termina los duelos. Destacando un nivel físico, el argentino no dejaba pasar la fuerza pucelana en ideas y claridad.

El Real Valladolid confía en lo que hace y, por ello, sabe dominar partidos largos y encuentros de profundidad. Tenerife fue la confirmación y Oviedo ha sido la excepción. Si los vallisoletanos son un equipo que han confirmado en las últimas jornadas que el paso de los minutos le sienta bien, el en Estadio Carlos Tartiere fue todo lo contrario. La tempranera expulsión de Raúl García Carnero marcó el duelo e hizo que el Pucela sólo estuviera vivo hasta el minuto 58.

Antes de llegar a la hora de juego, el Pucela cerró el encuentro. Las reacciones de los jugadores tras el tanto de Borja Bastón dictaminó el final del encuentro y el rechazo a un posible «proceso» como el de jornadas atrás. El Real Valladolid no tuvo convicción para los últimos 30 minutos por el golpe moral que supuso el inicio de la segunda parte. La tardía intervención de Pacheta en el partido y la ausencia de adaptación al encuentro obligaron a un único camino que salió cruz tras la reanudación.

Lenguaje gestual
La exigencia que tiene un equipo con una inferioridad numérica tan grande como la que vivió el Real Valladolid en Oviedo es psicológica y el Real Valladolid resistió sólo durante una fase concreta del encuentro. El equipo de Pacheta fue resultadista en su mentalidad. Sobrevivir con un jugador menos es complicado, pero los blanquivioleta lo hacían por el sustento que tenía con el marcador. Rota la única fortaleza pucelana en el duelo, el juego se inclinó hacia la portería de Jordi Masip y el lenguaje gestual del Real Valladolid confirmó que el equipo no tenía fuerza para remontar el partido y, ni tan siquiera, para sostener esa desventaja de dos goles.

El encuentro había tomado un camino en el que el Real Valladolid estaba muy perjudicado. Una inferioridad numérica como la que tuvieron que afrontar los de Pacheta limita a cualquiera y lleva a un «proceso» tan lógico y frustrante como opuesto a lo que habían conseguido ofrecer los pucelanos en las últimas fechas. En ellas se mostró el verdadero rostro y blanquivioleta y la fuente para el último tramo de la temporada, aquél que tiene en Oviedo a la expcepción del «proceso».