Joaquín Fernández sale devaluado del José Zorrilla

Cinco temporadas, cuatro de ellas en LaLiga Santander, 120 partidos oficiales, siendo 85 en la élite, portar un brazalete de capitán… Los ingredientes que dejan la etapa de Joaquín Fernández en el Real Valladolid son propios de un jugador que sale del Club con un estatus elevado y siendo un jugador de un potencial y una realidad ilusionante. Tristemente, éste no es el caso del jugador almeriense. La realidad del defensa es la de un jugador que, con 27 años, abandona el Estadio José Zorrilla y lo hace con una expectativa y un potencial más débil que cuando llegó a Pucela en 2018.

La sensación sobre el andaluz es la de un jugador que se ha estancado y al que se le han cerrado muchas de las puertas a las que podía aspirar en sus primeras temporadas en el Estadio José Zorrilla. Sus dos primeros años como blanquivioleta, pese a los pocos minutos de los que disfrutaba con Sergio González, imaginaban un central de enorme futuro. Físicamente imperial, sus posibilidades eran las de un jugador dotado para el juego moderno y para dominar todos los aspectos de las transiciones. Ahora, tras su segundo descenso en el Club, su realidad es otra bien distinta. La última temporada le ha dejado muy tocada la imagen y cerradas muchas de sus posibilidades de futuro.

Imaginar en 2018 qué sería de Joaquín en 2023 nada tendría que ver con la realidad actual. Señalado para cumplir grandes cotas y afrontar retos individuales de gran calado en el Real Valladolid, su dinámica ha sido descendente. Tanto es así que, con 27 años, su salida de Zorrilla llega con la sensación de estancamiento y no por razones similares a las de Óscar Plano. El suyo ha sido un problema de rendimiento y de errores tan puntuales como groseros. El problema de Joaquín no ha sido, en ningún momento, el de una etapa terminada y sí el de unas expectativas que nunca cumplió y techos a los que nunca, posiblemente, se acercó.

Cuestión de protagonismo
El principal problema y la máxima carencia que hay que señalar de la etapa de Joaquín Fernández es la del protagonismo. Actualmente, el análisis que se hace sobre él es unánime. Su salida es lógica, natural y necesaria. Hace cuatro años, por ejemplo, la unanimidad existía, pero para demandar más minutos y protagonismo. Así, y dejando a un lado unas lesiones que siempre le han condicionado, el freno que ha marcado al jugador es del no rendir en exigencias altas y en estatus elevados. Ante esos frentes, el almeriense ha estado lejos de su mejor nivel y muy alejado de poder cumplir con las expectativas que él había creado.

Sin llegar a esos mínimos en niveles altos, su periplo en Valladolid finaliza y lo hace con lógica. Su crecimiento ha sido mínimo cuando ha tenido que dar un paso al frente y liderar y, por ello, su etapa se termina con una expectativa mucho menor de aquélla que tenía cuando firmó en el Estadio José Zorrilla. Ésta es menor porque en los cinco años de blanquivioleta, Joaquín Fernández se ha topado con un techo mucho más inferior del que se le podía imaginar y del que él quería aspirar.

¿Es Joaquín una opción real para el centro del campo?

El Real Valladolid ha perdido a Fede San Emeterio y está cerca de confirmar la salida de Rubén Alcaraz. Sin el cántabro ni el catalán, las opciones pucelanas para el centro del campo se reducen considerablemente. Se mantienen, en cambio, las cinco variantes para el centro de la defensa. Por una cuestión de número, el mundo blanquivioleta analiza las posibilidades vallisoletanas. Así, con carencia en el centro del campo y posibilidades en la defensa la pregunta es clara: ¿Joaquín Fernández debe jugar en el centro del campo?

Viendo que Fede San Emeterio era sentenciado por el perfil de jugador que quiere José Rojo, Pacheta, para el doble pivote y las dificultades que estaba teniendo Rubén Alcaraz para asentarse en la demarcación, las dudas de saber si el almeriense cumple el perfil son constantes. Personalmente, entiendo que Joaquín es central y que debe jugar sólo como defensa en este Real Valladolid. Asentándose en una demarcación, el más beneficiado es el propio Club. El ’24’ necesita poso, minutos y rodaje en una misma posición. El jugador debe asentarse como central para confirmar ese potencial que siempre se le ha supuesto pero por el que nunca se ha apostado de forma ciega.

Por diferentes circunstancias, en muchas ocasiones lesiones, Joaquín Fernández nunca ha sido visto como un jugador indiscutible para el Real Valladolid. Desde 2018 ha sido catalogado como un activo secundario y es por ello, principalmente, por lo que debe vivir en una demarcación y, personalmente, entiendo que ésta debe ser la defensa central. Más allá de una opinión, el proceder del mercado invernal puede dejar al jugador como una variante real para el centro del campo y será en ese punto cuando aparezca la duda de saber si el almeriense cumple el perfil que demanda Pacheta para la zona.

Un perfil físico
Analizando lo más básico, es obvio que el ’24’ no tiene nada que ver con Roque Mesa o Álvaro Aguado. El suyo es un estilo totalmente diferente. ¿Y con Rubén Alcaraz? Ahí puede estar la gran pregunta. Siendo el catalán la gran variante del juego para la propuesta de Pacheta, el almeriense tiene un estilo que podría ser visto como alternativo a la idea del actual Pucela. Sería aprovechable pero, como otros perfiles, terminaría chirriando. 

Pese a ser central, el perfil de Joaquín no es el de un centrocampista posicional. Ese no es el problema. Su atributos físicos y su dominio para las transiciones le hacen abarcar muchos metros. Pudiendo llegar a ser un jugador de llegada y de recorrido por las opciones que ofrece de llegar y volver, los rasgos técnicos son aquéllos en los que más debilitado está el futbolista para ser un centrocampista del perfil de Pacheta. Sin lectura para el último pase y sin determinación para el último cuarto, Joaquín es un jugador para aparecer de forma espontánea y concreta en el área rival, pero no para vivir en ella.

Sin Fede San Emeterio ni Rubén Alcaraz, el Real Valladolid puede estar obligado a reforzar el centro del campo en el mercado invernal

Pacheta quiere que su doble pivote genere constantes superioridades numéricas en el último cuarto de campo y Joaquín no es ese perfil de jugador. Puede cumplir las exigencias pero sólo de forma puntual y concreta ya que él es central y los rasgos de un defensa distan mucho de los centrocampista que quiere Pacheta.

Así, sin Fede San Emeterio, con Rubén Alcaraz preparado para salir y con Kike Pérez y Anuar Tuhami muy lejos de la rutina de la posición, la opción de Joaquín no debe ser vista como la del nuevo centrocampista del Real Valladolid. El club banquivioleta, con dos bajas en la zona, está obligado a mirar al mercado y reforzarse con un perfil acorde a las demandas del modelo de juego. Joaquín no las cumple porque él no era ni un centrocampista válido al 100% para la idea de Sergio.

¿Hay que hacer un esfuerzo por recuperar decepciones?

La situación actual en el Real Valladolid es de análisis. Fran Sánchez, nuevo director deportivo, es la persona sobre la que se centra la mayor porción de responsabilidad y decisión en estos momentos. El cambio de mes variará el foco sobre José Rojo, Pacheta, pero, por el momento, es el de Orihuela el que debe recopilar información y opiniones, entrevistar jugadores y entornos y palpar sensaciones. Con todo ello, la nueva dirección deportiva del Real Valladolid debe entender hasta qué punto y nivel está capacitado para resetear y motivar a decepciones que se produjeron durante la pasada campaña.

Cualquier parte del entorno del Real Valladolid tiene claro que Joaquín Fernández y Rubén Alcaraz fueron dos de las grandes decepciones. Entre las más destacados o, posiblemente, las más importantes. El almeriense y el catalán, por expectativas creadas y rendimiento no creado, fueron dos justificaciones claras de por qué el equipo terminó como lo hizo. Creyendo, además, que tanto uno como otro vivían temporadas importantes para sus carreras pero, ante todo, para su rol y relevancia en el equipo, Fran Sánchez debe calibrar y examinar mucho sus situaciones.

El nivel de esas exigencias creadas hace que se mantenga la esperanza y la motivación de que ambos, con los cambios que se preparan, sepan entender este paso atrás en su carreras como el empuje y el motor que necesitan. Tanto uno como otro fueron importantes, pero no decisivos. Este último término es el que señala su presente pero, a su vez, el que puede marcar su futuro. Analizando su situación individual, recopilando la información que dejan y palpando las sensaciones propias y del entorno, Fran Sánchez debe decidir cómo se puede recuperar una decepción o, por el contrario, si los coloca en el mercado.

Joaquín Fernández y Rubén Alcaraz fueron una decepción la temporada pasada. Es innegable. Lo es, incluso, para ellos y lo es, sobre todo, por la falta de liderazgo. Sin Kiko Olivas y con Míchel Herrero en un segundo plano, ambos debían haber ofrecido más, pero no lo consiguieron y, por ello, ahora se debe calibrar su motivación, su hambre, sus ganas de revertir la situación y su capacidad para esta nueva exigencia a la que se van a a enfrentar.

¿Cómo están después del golpe del descenso? ¿Cómo valoran ellos su temporada 2020/2021? ¿Qué creen que pasó? ¿Se ven capacitados para liderar el equipo ahora? ¿Cómo los ve el vestuario? ¿Qué opina Pacheta de ellos? ¿Qué supone para sus carreras volver a LaLiga SmartBank? ¿Cómo de viable es hacer un esfuerzo económico por ellos? Estas son preguntas que pueden parecer básicas pero son cuestiones que invitan a entender su situación pero, sobre todo, que obligan a leer entre líneas para saber si dos de las grandes decepciones de la pasada temporada están capacitados para sumar, participar y liderar en la siguiente.

Joaquín Fernández: El gran ejemplo del mal momento

Lo peor de la derrota (1-3) ante la Sociedad Deportiva Huesca en el Estadio José Zorrilla no fue encajar tres goles ante el colista ni caer ante un equipo que sólo había ganado un partido. El principal problema pucelano es saber que el resultado no fue una sorpresa. Perder ante los de ‘Pacheta’ fue un golpe, sí, pero confirmar el mal momento que vive el equipo y todos sus jugadores es un mazazo que exige cambios y medidas drásticas. Tengo muy claro que Sergio González ya no es el entrenador que necesita el Real Valladolid y muchos de los jugadores pucelanos.

Por su discurso, principalmente, el entrenador catalán debe abandonar el Estadio José Zorrilla. Sus palabras están vacías y ya no calan entre un vestuario roto a nivel grupal y sin convencimiento en el aspecto individual. Hay muchos jugadores que no están en su mejor momento pero hay uno que es especialmente sangrante: Joaquín Fernández. El almeriense, señalado de forma clara, rotunda y personal en los dos primeros goles de Rafa Mir, es el ejemplo de que el equipo no está y que éste necesita un cambio.

Joaquín está muy lejos de su mejor nivel. No toma buenas decisiones y está perdido en el juego. Actualmente, no tiene respuestas y está en un innegable declive. Lleva semanas muy bajo de rendimiento pero cada jornada consigue empeorar sus registros y actuaciones. Él es el ejemplo pero no es, ni mucho menos, el único. Fabián Orellana o Nacho Martínez son otros ejemplos de una situación individual que muestra que Joaquín, sin ir más lejos, no está para sumar. El ’24’ no parece que, sin cambios, pueda sumar a este equipo. Lo hace de la misma forma que el Real Valladolid está alejado de ganar. Pensar en una victoria blanquivioleta es tan utópico como creer en una buena versión del central.

Ejemplo pero no culpable
La sensación es muy mala y lo es porque el Club parece estar sentenciado la temporada como la campaña puede sentenciar el potencial y la proyección de un Joaquín Fernández que está en horas bajas y que vive un mal momento por las carencias de un Real Valladolid tocado y casi hundido. El almeriense, aquél jugador por el que todos apostamos desde su llegada, es el ejemplo del mal momento pero no el culpable.

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El mal momento deportivo y de rendimiento de Joaquín

Es muy difícil que no haya discrepancia con determinados jugadores y sobre determinados equipos. En el Real Valladolid y en cualquier otro. En el contexto profesional y en cualquier otro. Ni los propios protagonistas se ponen siempre de acuerdo ni, por supuesto, el entorno. Hay muchas diferencias en las opiniones. Sobre el Estadio José Zorrilla, por ejemplo, hay opiniones muy diferentes sobre Jordi Masip. Ciertas voces lo ven como insustituible mientras que otras, como la mía, lo vemos como un jugador de picos de rendimiento y de excesivo papel protagonista.

Es imposible tener una voz consensuada para todo aunque sí para ciertos contextos, como aquél que dice que Joaquín Fernández es uno de los mejores potenciales que tiene el Real Valladolid y uno de esos futbolistas que todos quisieran tener en su equipo. El almeriense tiene la aprobación del entorno y del Club blanquivioleta, aunque últimamente no esté nada bien. La realidad del jugador es la de inseguridad, errores de bulto y falta de confianza. El ’24’ no está siendo ese jugador fiable y seguro de temporadas atrás. A nivel de juego y rendimiento, la realidad dice que el jugador no está bien.

La demostración de que el jugador no vive sus mejores momento es analizar sus tres últimas participaciones y ver que en contextos globales y puntuales, su actuación no es la mejor. En el empate (1-1) ante el Levante UD, él firmó la acción del penalti que valdrían el tanto de José Campaña. Posteriormente, en la victoria (3-2) ante el Club Atlético Osasuna, el defensa central no estuvo bien. Fallos groseros y de nivel definieron su actuación durante los 90 minutos.

¿Cuestión física?
Tras no estar disponible en el empate (1-1) ante el Sevilla FC, su regreso se produjo ante el Fútbol Club Barcelona. La placentera victoria (0-3) culé no le dejó en buen lugar. Errores de bulto en acciones en las que siempre se ha defendido bien resumieron su penúltimo encuentro del año 2020 pero, sobre todo, ratificaron su mal momento de forma y rednimeitno. Creyendo, como todos los frentes y sectores pucelanos, que Joaquín es un jugador diferencial para el presente y el futuro pucelano, su momento no es bueno.

Un mal momento físico, su principal hándicap en estas temporadas, le puede llevar a no estar con la confianza plena que necesita un defensa central y, ante todo, un jugador que está notando, por fin, la confianza de la titularidad. Joaquín está siendo una apuesta de Sergio González en su demarcación aunque quizás no siempre en las mejores condiciones físicas, como, posiblemente, ocurrió ante el Fútbol Club Barcelona, duelo que disputó cuando tres días antes no pudo ni entrar en la lista de convocados. Ése, quizás, es el motivo para el innegable mal momento futbolístico y de rendimiento de Joaquín.

Joaquín Fernández necesita una apuesta como ésta

Siempre pensé que Joaquín Fernández era «mucho más que una inversión» para el Real Valladolid. De la misma forma, entendía que desde el club blanquivioleta se creía mucho en él pero que nunca se terminaba de apostar por su juego y su demarcación. En las dos temporadas pasadas siempre estuvo en un segundo plano. Fue suplente. En números, titularidades y sensaciones, el almeriense siempre estaba un paso por detrás de los centrales y los centrocampistas. Con todo, su evolución era innegable y los poco más de 800 minutos ligueros del primer año se vieron doblados la pasada campaña.

Con más de 1.600 minutos en su segundo año en Valladolid y en LaLiga Santander, el ’24’ dio un salto de calidad al equipo y una zancada en su carrera. Pese a ello, la sensación de que seguía por detrás de otros jugadores era evidente, tanto para el entro del campo como, sobre todo, para la defensa. Joaquín no era indiscutible y era una obviedad. Kiko Olivas y Mohammed Salisu jugaron más minutos y disfrutaron de más titularidades que él. De la misma forma Fede San Emeterio, Míchel Herrero y Rubén Alcaraz. Pese a ello, a segunda campaña terminaba, la salvación era una realidad tras su tanto al Deportivo Alavés y Joaquín, por fin, había adquirido una inercia, aquélla que le ha valido ahora para vivir su gran apuesta en el Real Valladolid.

Utilizando su polivalencia como un arma para la lectura de partidos, como la realizada en la victoria (1-3) en Granada, la primera gran apuesta por el almeriense está llegando gracias al hecho de potenciarle en una demarcación, su posición. Pese a tener esa variante para el centro del campo, Joaquín Fernández es central. Lo es por formación, por rendimiento y por su fichaje. Todo lo que ha envuelto al jugador es desde el eje central de la zaga, aquél que en otras temporadas no pisaba. Sin Fernando Calero, sin Mohammed Salisu y con Kiko Olivas lesionado, Joaquín está participando en su posición y desde ella está creciendo exponencialmente.

Peso en el proyecto
Lo suyo es una evolución constante pero en esta ocasión con un contextos de confianza que nunca antes había tenido. Esa regularidad que, ahora sí, le está otorgando Sergio González se ha visto unida con la buena dinámica física. Tras superar la primera lesión de la temporada, Joaquín acumula ya cinco partidos completos seguidos. Iniciándolos como central pero viendo adelantada su posición durante el encuentro, el ’24’ ha crecido y ha aumentado su peso en el proyecto.

Ya es el central titular del Real Valladolid y más que lo será cuando Sergio González solucione uno de sus mayores debilidades del momento. Añadiendo a jugadores como Roque Mesa a sus planteamientos y recuperando a Kike Pérez, Joaquín dejará de dar el salto de posición durante los partidos, el mismo que fue útil en Granada pero que fue inservible en el empate (1-1) ante el Levante UD.

Con jugadores activados para el centro del campo, Joaquín seguirá creciendo en su asentamiento en el centro de la defensa y, con él, el equipo podrá retomar la senda de la propuesta de un estilo que liderarían centrales de las características de Joaquín Fernández y Javi Sánchez. Ese sería un modelo para atacar y defender en campo abierto, rasgos que pide y necesita este equipo desde el peso protagonista por jugadores en los que se ha creído pero no por los que se ha apostado y que les puede «consagrar» en la élite.

Joaquín y Javi Sánchez, otros protagonistas del cambio

Sigo pensando que el empate (2-2) del Real Valladolid ante el Sporting de Braga dice mucho de lo que vamos a ver esta temporada en el Estadio José Zorrilla. Inicialmente, en lo que a nombres de protagonistas se refiere y, posteriormente, al estilo del equipo. Los de Sergio González van a tener un modelo más atrevido, directo y abierto. Van a mostrar una propuesta en el que Fabián Orellana sea protagonista y en el que Joaquín Fernández y Javi Sanchez, como se esperaba, tendrán mucho que decir.

En el análisis de ese último encuentro de pretemporada hablé de que un papel protagonista del almeriense y el madrileño cambia mucho al Real Valladolid. En la forma y en las sensaciones. La imagen que se va a mostrar del estilo blanquivioleta va a ser de menos seguridad que la de temporadas pasadas, pero estoy convencido que va a ser sólo eso: una cuestión de imagen. Sergio González va a volver a proponer un estilo consistente y fiable pero con herramientas diferentes. Asumiendo el reto al que se enfrenta el técnico catalán, los vallisoletanos no van a vivir tan cerca de su área y no lo van a estar porque la pareja de centrales así lo dice.

En Braga el equipo concedió ocasiones y regaló cierta sensación de peligro pero de una forma controlada. Tiene cierto aroma a lógico porque son detalles esperados por el estilo de los dos jugadores. Con el equipo más abierto, el Pucela genera más pero, también, concede algo más. Eso sí, la respuesta ante esas concesiones es inmediata. Luis César Sampedro confirmó que Kiko Olivas no puede jugar en campo abierto, algo que Joaquín Fernández y Javi Sánchez piden para poder exponer su mejor versión.

Señalando a ambos como los sustitutos a la sensible baja del ‘4’ y el cambio de orientación que ésta genera, toca entender qué van a proponer juntos. Sus cualidades físicas y la respuesta a la pérdida son factores que se esperan en ambos jugadores y que en Braga demostraron. Aún en fase de evolución, el Real Valladolid confirmó en Portugal que su pareja de centrales es novedosa, que no nueva, y que va a exigir una lectura sosegada pero, también, ambiciosa.

Tiempo al tiempo
Es un cambio importante y una variación que requiere de tiempo, tal y como Sergio González anunció tras el primer encuentro de pretemporada. Con un estilo diferente al visto con el entrenador catalán, Joaquín y Javi Sánchez harán del juego del Real Valladolid el mejor contexto para su rendimiento. Entendiéndolo y sabiendo que la exigencia ya no estará tanto en la seguridad controlada como en la respuesta a la pérdida, el futuro blanquivioleta será exitoso con la paciencia y la tranquilidad que requiere un cambio de esta magnitud. 

Con los 90 minutos de Braga y sumándole los 45 del primer encuentro de pretemporada ante el Málaga CF, ambos suman sólo 212 minutos juntos. Los 77 minutos iniciales de la victoria (1-0) ante el Deportivo Alavés de la pasada campaña son el único bagaje competitivo de dos jugadores que demuestran esa necesidad que tiene el Real Valladolid de vivir en campo rival. Asentado ya en LaLiga Santander, dejando atrás el condicionante de la experiencia, y pudiendo invertir como lo está haciendo este verano el equipo, el Real Valladolid debe mirar más a campo rival y lo puede hacer desde esta novedosa y potente pareja de centrales.

Veamos a Joaquín como central y no como polivalente

La llegada de Bruno González ha podido generar dudas en lo que, para mí, debe ser una de las grandes apuestas del Real Valladolid para la temporada 2020/2021: la apuesta por Joaquín Fernández como central. Sin Kiko Olivas, el Club y, sobre todo, Sergio González deben dar un plus al jugador almeriense en la posición en la que mejor le ve el propio entrenador y por la que el Pucela apostó por él. Creyendo que están todos los condicionantes para que el ’24’ pueda explotar en sus condiciones, el futbolista sigue ofreciendo una posibilidad para el centro del campo.

Dentro de los parámetros de plantilla que busca el equipo para la próxima temporada, con 22 jugadores del primer equipo, tal y como aseguró Miguel Ángel Gómez este miércoles, la doble variante del jugador es importante pero, a su vez, no debe restar Club la necesidad de potenciar al andaluz de su gran horizonte, aquél que ayudaría al equipo a crecer en sus necesidades futbolísticas. Para el Real Valladolid de la temporada 2019/2020 Joaquín podía ser, como así se demostró, un activo importante en el doble pivote o, incluso, en las funciones de engranaje defensivo. De cara al futuro que se espera en el juego pucelano, el ’24’ debe ser central.

Los cambios de protagonistas que está firmando el Real Valladolid invitan y casi obligan a matices en el modelo de juego. Los de Sergio González pueden vivir un poco más arriba. Queriendo ser más peligrosos y ofensivos, el gran debe del equipo en la última temporada, el Pucela debe adelantar sus líneas. La propuesta no debe ser más abierta pero sí más adelantada. Buscando el equilibrio entre líneas, potenciando el trabajo de presión y creando movimientos del equipo en campo contrario sin balón, el Real Valladolid será un equipo menos previsible y más ambicioso, requisitos que se le deben pedir a una entidad que quiere crecer y ser mejor cada año. 

La polivalencia a un lado
En esta necesidad que se puede tornar en exigencia, el Real Valladolid necesita a Joaquín González en la defensa. Es cierto que el ’24’ puede rendir en el centro del campo pero su lugar para el mejor crecimiento del equipo tiene que estar en el centro de la zaga. Desde esa demarcación puede sumar mucho al crecimiento del equipo. Asumiendo el liderazgo que deja vacante Kiko Olivas, Joaquín hará al Pucela más propenso a dominar las transiciones defensivas, propondrá mejor en las ofensivas y tendrá un crecimiento en las variantes aéreas y de centímetros. Sin querer olvidar ese plus que puede dar en el centro del campo, las circunstancias invitan a ver a Joaquín como central y al Real Valladolid a nutriste de este asentamiento.

Sin querer ser repetitivo, el almeriense ha cerrado su etapa de cubrir posiciones y ser polivalente. Ya no debe ser un parche y sí un activo capital para terminar siendo diferencial. En muchas ocasiones en el fútbol aquel que es polivalente es secundario en todas las posiciones y no termina siendo importante en ninguna. Sabiendo de las posibilidades del Pucela para el centro del campo y, ante todo, de las necesidades pucelanas para el centro de la zaga, la idea de ver al almeriense por delante de la defensa debe ser una variante, pero sólo eso. Nada más. Así, Joaquín será el central titular del Real Valladolid y no un futbolista polivalente dentro de la plantilla.

La opción de consagrar a Joaquín como central de élite

El Real Valladolid necesitaba un central que sustituyera a Kiko Olivas y el Club ha fichado a Bruno González. Es una apuesta casi segura para cubrir la vacante del central de Antequera pero se trata de una incorporación que no debe variar el frente que se debe marcar Sergio González para la próxima temporada: la explosión definitiva de Joaquín Fernández. En ese debate que se produjo tras la salvación sobre si conseguir un objetivo era un «éxito» o no mencioné que el crecimiento del almeriense y su despedida del rol de suplente valdría para dar a la temporada 2019/2020 tintes exitosos que, en ese momento, no sentía y que, por el momento, sigo sin sentir.

En el crecimiento del ’24’ del Real Valladolid está parte del futuro blanquivioleta y para ello hay que sumar dos factores: el papel del jugador desde su llegada a Zorrilla y la posición en la que Sergio González le ve mejor. En la pasada campaña, Joaquín no fue indiscutible ni como central ni como centrocampista. Kiko Olivas, Mohammed Salisu, Míchel Herrero y Rubén Alcaraz jugaron más minutos, más partidos y más titularidades que él. Por ello, la temporada 2020/2021, con la lesión de Olivas como gran condicionante, debe ser la campaña de la explosión de Joaquín Fernández en su posición, aquélla en la que Sergio mejor le ve.

Pese a que la unión de Kiko Olivas con Fernando Calero, primero, y con Mohammed Salisu, después, hayan condicionado el rendimiento de Joaquín como central, Sergio lo ve como defensa, tal y como aseguró en una entrevista en Radio Marca Valladolid esta campaña. Para el entrenador del Real Valladolid, Joaquín es central y la oportunidad que ha surgido de cara a la próxima temporada es importante y casi irrechazable. En muchas ocasiones se ha hablado de que Joaquín tenía tapado el hueco por la presencia de Kiko Olivas. Ahora, con su baja y con el paso al frente que se pretende dar al juego, Sergio tiene una oportunidad que no puede dejar escapar.

Éxito asegurado
Siendo el líder de la defensa, Joaquín Fernández dará un paso importante para su carrera de la misma forma que el Real Valladolid crecerá en las necesidades y ambiciones que tiene. Con todo ello, la oportunidad que ofrece el jugador almeriense y su posible crecimiento a corto y medio plazo en el Estadio José Zorrilla son opciones irrechazables. Se trata, resumiendo, de la opción de consagrar a Joaquín en la titularidad en el Pucela, en su posición y en la que mejor le ve Sergio. En definitiva, un reto personal para el entrenador y futbolístico para el jugador con muchas opciones de triunfar.