Desgranando un bochorno: otro partido de mínimos

No sé cuál es el nivel de exigencia que se quiere imponer en el Real Valladolid y, sinceramente, me da igual. No es cuestión de entender, analizar y comprender que el nivel del equipo es éste. He considerado, desde el inicio de la temporada, que este vestuario tenía problemas y carencias. Estos eran mucho mayores que las virtudes pero, en ningún caso, esperaba que el conjunto iba a estar descendido con cinco jornadas de antelación y que no se llegaría a los 20 puntos. El Pucela tenía para más, para mucho más, pero diferentes criterios de exigencia y ambición del pasado reciente han desembocado en este dantesco final de temporada.

Pese a que pareciera que se tocó fondo con la derrota (5-1) ante el Real Betis, que supuso el descenso matemático, la penuria blanquivioleta se ha ido aumentando en las últimas semanas por la condescendencia con la que lo han tratado los diferentes rivales. Si bien es cierto que desde hace dos meses los partidos pucelanos muestran una ley de mínimos para superar a los de Álvaro Rubio, las tres últimas jornadas muestran un posible análisis que nada tiene que ver con el resultadismo.

«El Real Valladolid se está defiendo, incluido en este final de temporada, como un equipo impropio para el deporte de alto rendimiento»

Este martes veía la rueda de prensa de presentación de Luis César Sampedro en el Gimnàstic de Tarragona. En ella comentaba que no es importante dejar la portería a cero sino qué haces para no encajar un gol. «No te puedes sentir orgulloso de no encajar si tu portero ha sido el mejor o si el rival ha fallado tres penaltis», aseguraba. Pese a que todo aquello que pueda decir el gallego sea inapropiado en tierras pucelanas, lleva razón y la lleva en un sentido similar al actual Pucela.

Pese a derrotas como las tres últimas, con un marcador ajustado, los problemas pucelanos son los mismos. El equipo se comporta de forma impropia para el deporte de alto rendimiento. Creo que éste es un matiz importante. Se está exagerando el uso de «fútbol profesional» al enfocarlo sólo en las competiciones de LaLiga. El profesionalismo es mucho más, pero el alto rendimiento, no. El Pucela, con todo, está muy lejos de ser un equipo de máximos y de rendimientos elevados. Por ello pierde por la mínima, da por bueno un resultado así y se olvida de que en dos de esos tres partidos el rival le ha remontado y no ha sufrido para mantener la ventaja.

Si bien es cierto que el duelo ante el Girona FC mostró algo más de empuje y coraje que los anteriores, la realidad pucelana se centra en los mínimos que se ven en todos los encuentros. Tanto de un lado como de otro. El Real Valladolid ofrece lo mínimo para que el clima no pueda ser más nocivo y peligroso. Los jugadores muestran cierta imagen y mínimo coraje. No tienen acierto, porque tampoco lo buscan con insistencia, pero sí un lenguaje corporal aceptable. Los rivales, por su parte, no se exprimen para superar al Real Valladolid. No hace falta.

Un rival cómodo
En cualquier planificación física, los duelos contra el equipo de Álvaro Rubio no dejan impacto ni huella. El Pucela es un equipo sin agresividad, sin ambición, sin arrojo…. sin maldad. Es fácil superar a los de Álvaro Rubio y, más aún, mantenerlos lejos del peligro. El Real Valladolid es un equipo muy fácil de adiestrar a tu antojo en un partido. Poco le invita a reivindicarse y, obviamente, a llevar la iniciativa. El equipo y el grupo están acomodados. Viven conformados con la realidad que se han trabajado y ganado. Con ello son un rival fácil, un equipo que no va a hacer daño. Ni física ni futbolísticamente.

«El Real Valladolid es un rival cómodo, un equipo que no va a hacer daño. Ni física ni futbolísticamente»

El Pucela es un rival que está pasando con mucha pena por las últimas jornadas. No podemos equivocar el análisis. No está rindiendo mejor. Ni mucho menos se está «compitiendo». La temporada está demostrando que este grupo es un triste juguete en manos de los rivales, aquéllos que tiene paternalismo con él porque si necesitan hacerle más daño lo harán, pero ven que no es necesario. Con poco se le gana, se le remonta y se le tiene alejado de cualquier peligro. 

Pacheta ya avisó que este tipo de derrotas iban a llegar

La victoria (1-0) del Real Valladolid ante la Unión Deportiva Almería fue muy importante. El regreso de Shon Weissman fue por la puerta grande y lo fue en un encuentro que elevó las expectativas e ilusiones del mundo blanquivioleta. El tiempo, los puntos y las formas marcaron la ilusión del equipo, pero José Rojo, Pacheta, frenó cierta ilusión al asegurar que esa magnifica sensación de una victoria en el tramo final también se tornaría en tragedia. La forma de jugar de los pucelanos y su modelo de juego invitan a victorias como la conseguida en el Estadio José Zorrilla pero, también, generan derrotas como las del Estadio de Montilivi.

Cuando expones tanto y cuando buscas la portería y el área rival con tanta insistencia, la línea entre la victoria y la derrota es fina. En apenas cinco días, el Real Valladolid vivió las dos caras del riesgo, aquél por el que tanto apuesta este Pucela y aquel que define a Pacheta. Con un resultado u otro, con la alegría de una gran victoria o el dolor de una derrota dura, la sensación es similar y es aquélla de un equipo que sabe qué quiere, que sabe lo que busca y que cada jornada está más hecho, más engrasado y aclimatado.

Salvo en la derrota (4-0) en el Camp Nou, el Real Valladolid ha dejado momentos muy buenos de juego en todos los partidos oficiales disputados. ¡En todos! La cuestión está en cómo ha sabido obtener resultado de esas fases del juego, cuánto ha conseguido alargarlas y cuánto ha sufrido en aquéllas en las que ha sido inferior al rival. En mayor o menor medida, las cuatro jornadas mencionadas han dejado la sensación de igualdad en el encuentro y eso confirma que los de José Rojo, Pacheta, están en evolución, tal y como se confirmó en el Estadio de Montilivi.

Un camino en la élite
Con errores, con fases de inferioridad y con momentos de debilidad, el Real Valladolid firmó un encuentro muy digno en tierras catalanas. Dominó fases del juego, aspectos de la propuesta y, ante todo, los blanquivioleta fueron en muchos momentos lo que ellos quieren ser. Dominadores del balón, controladores de las transiciones y generadores de verticalidad, los vallisoletanos firmaron un partido que deja una dura derrota pero que, en el fondo, vale como un encuentro en el que sumaron minutos de calidad, determinación y evolución. Sin mirar al gol de Oriol Romeu, el Real Valladolid evolucionó en su asentamiento en la competición con la quinta jornada.

Lo vivido ante los de Míchel Sánchez sumará para la evolución pucelana. Lo hará a medio y largo plazo pero, también, a corto. La primera gran actuación de Gonzalo Plata en la temporada, la regularidad de Kike Pérez, el salto de Iván Fresneda o el liderazgo de Monchu Rodríguez son rasgos individuales que sumaron para ver a un Real Valladolid que sin ser perfecto sí mostró una evolución digna de mencionar y propia para sostener una seguridad en haber encontrado el camino en la élite. Con todas las dificultades y obstáculos que el equipo se está encontrando, incluyendo actuaciones arbitrales «asombrosas», como determinó Pacheta.

Ojalá el Real Valladolid firmara siempre partidos así

José Rojo, Pacheta, ha inculcado de forma muy clara cómo quiere que sea su Real Valladolid. Los jugadores lo ejecutan y lo hacen porque se sienten cómodos con el estilo propuesto. Los pucelanos crecen semana a semana. No hay duda de que los blanquivioleta son seguros en el Estadio José Zorrilla. Cada jornada como local es una demostración de la evolución y consistencia del equipo, tal y como se demostró este sábado ante el Girona FC. Ante un equipo completo, en juego, potencial, variantes y resultados, el Pucela firmó un encuentro soberbio.

Pese a que la altura de la temporada invite a pensar más en resultados, puntos y ascensos en la tabla que en sensaciones y juego, el primero de los objetivos es imposible sin el segundo y, así, partidos como el de la jornada 27 de LaLiga SmartBank son determinantes. Ojalá el Real Valladolid firme más partidos como éste antes del final de temporada. Encuentros como el firmado por el equipo de Pacheta ante un rival tan potente y dominador como el Girona FC son señales inequívocas de que el Pucela está en el camino deseado pero, sobre todo, en el correcto.

El equipo fue superior al rival y ese es un éxito, pero no el principal. Que el Pucela sea mejor que el rival tras conseguir ejecutar su plan de juego es la gran victoria pucelana en el encuentro. Esos primeros 30 minutos de partido son un reflejo y un poso importante para el equipo. Lo es porque desde ahí se puede crecer y con lo mostrado se puede hacer creer. Confiar en la idea es determinante y el Pucela lo hace y sólo le resta hacer creer a un entorno que, lógicamente, mira más a los resultados y a la situación clasificatoria que al juego.

Contadas ocasiones
La ansiedad por ascender es total. Toda semana que el Real Valladolid pase lejos de los dos primeros puestos es una exigencia para el equipo de José Rojo, Pacheta, entrenador que viene recordando constantemente que no se sube en octubre, ni en diciembre ni, tampoco, en febrero. Estar en los dos primeros puestos durante la temporada es importante, pero no crucial. Tener una base, una idea y una evolución, sí. Estar preparado para los momentos capitales es fundamental y el Real Valladolid lo está, tal y como demostró en el empate ante el Girona FC.

La igualada es la única mala noticia que deja el encuentro. Es cierto que es un resultado perjudicial para el Club pero, de la misma forma, el cómo se produjo el empate debe confirmar que el equipo sabe qué quiere hacer y cómo debe buscarlo. En el estilo y en las formas está el éxito final y es ese en el que el Real Valladolid tiene muchas posibilidades de triunfar tras partidos como ante el Girona FC. Con un estilo y la aceptación de éste por parte del equipo, el equipo conseguirá sus objetivos porque duelos como éste siempre saldrán de cara. Salvo en contadas ocasiones, partidos tan brillantes como éste no terminarán en el casillero pucelano. Ahí está la buena noticia del Real Valladolid.

El problema pucelano no está en el acierto goleador

El Real Valladolid hizo un gran partido ante el Girona FC. Para mí, personalmente, es muy difícil no sentirme orgulloso del partido del equipo de José Rojo, Pacheta. Es complicado no tener empatia con el avance, el juego y la evolución del equipo tras duelos tan completos como el vivido este sábado ante el equipo catalán. Lo lógico y lo normal es ganar este partido. Como se dice en muchas ocasiones en el fútbol, éste es un duelo que se gana 99 de cien ocasiones. Los pucelanos vivieron la excepción y hay que preguntarse por qué.

Siendo contadas las ocasiones en las que un partido así no termina en victoria, el Real Valladolid debe cuestionarse por qué y esa respuesta está en la precipitación que el equipo tiene en los metros finales. Los pucelanos son un equipo que genera superioridades y que lo hace casi con cierta facilidad. Llega, como quiere su entrenador, con seguridad al área rival. Lo hace con cierta facilidad pero, además, con mucha gente en zona de remate. El equipo es vertical y genera que sean muchos los jugadores que lleguen a los metros finales, pero no siempre en zonas reales de su posición.

Esta llegada al área es, obviamente, positiva. Un equipo que quiere vivir más en campo rival que en el propio debe ser seguro a la hora de generar y el Real Valladolid lo es. Genera acercamientos y sensación de peligro, primero. Esos registros se transforman pronto en ocasiones que, sean más o menos claras, obligan a rendir al equipo rival. En ciertas fases del juego, el Pucela somete al rival y es éste el que debe buscar su mejor versión. En otros momentos es el propio Pucela el que falla y el que no está a la altura por un excesiva ansiedad de finalización y una excesiva celeridad y urgencia por definir o dar el último pase.

Elección final
Gonzalo Plata, Toni Villa, Cristo González, Óscar Plano o, incluso, Sergio León no siempre están eligiendo bien en el momento final. La última decisión del Real Valladolid no siempre es la correcta. ¿Cuántas veces el equipo ha dejado la sensación de no elegir bien el los últimos metros? En todos los partidos hay acciones así y estos son momentos que perjudican al equipo. Queriendo tener muchas ocasiones y esquivando la calidad por tener cantidad, el Real Valladolid tiene muchas oportunidades pero no todo lo claras que se buscan.

Gracias a las superioridades que genera el equipo, el Pucela llega con opciones de remate pero, a su vez, elige mal. Dejando la sensación de querer acumular mucha sensación de peligro y muchas ocasiones, el Real Valladolid no siempre acierta en la última decisión y es ese el punto negativo de un equipo que no tiene acierto, sí, pero que, como siempre, debe analizar el problema por la raíz y no por el resultado que en este caso está en la diferencia entre las ocasiones generadas y los goles anotados.

Me resulta imposible no creer en este Real Valladolid

Durante el partido, y preso del ‘directo’, aseguré en Twitter que «es imposible no estar con un equipo que propone lo que este Real Valladolid pero, sobre todo, por cómo lo hace» y, en frío, creo que debo hacer un matiz. No es que sea imposible es que, a mí, me resulta totalmente imposible no creer en este Pucela. Dejando los resultados a un lado, es imposible no que no crea en un equipo con una puesta en escena como éste ni, tampoco, con una evolución como la que demuestra este equipo en muchos momentos de los partidos.

Ver al Real Valladolid de Pacheta en el Estadio José Zorrilla supone una dosis de felicidad que no tenía con una versión del Pucela desde hace muchos años. ¡Muchísimos! La confianza, felicidad y confianza sobre este equipo me llega por la propuesta que tiene. Tras el mencionado tweet, la primera respuesta que recibí fue @Kolvjose y me negaba la afirmación. «Con proponer no se asciende», me decía y, siendo cierto, no estoy nada de acuerdo. Obviamente la propuesta no hace ascender. No hay que jugar de una manera concreta para poder conseguir el ascenso, pero sí tener una idea clara, mejorarla, perfeccionarla y confiar en ella. En todo ello, el Real Valladolid tiene ventaja. Mucha ventaja.

La visita del Girona FC al Estadio José Zorrilla deja una sensación similar a la de la Unión Deportiva Ibiza. El equipo balear pasó por Valladolid y se llevó un punto después de ser sometido por el Pucela como lo ha sido el equipo de Míchel Sánchez. En ambos encuentros, el Pucela no ganó pero hizo todo para ganar y, lo que es aún más importante, marcó un camino para conseguir victorias, crecer, mejorar y ascender. La propuesta de Pacheta no te hace ascender, es verdad, pero es la que saca la mejor versión de muchos de los actuales jugadores y, por ello, es la que más acerca al Real Valladolid al ascenso.

Propuesta…y respuesta
Quitando las porterías, el análisis queda tan cojo como perfecto en esta jornada 27 de LaLiga SmartBank. Sin los goles de unos y de otros, el partido es aquel que quiere el Real Valladolid. Es más, quitando las porterías e, incluso, las áreas, el encuentro del Real Valladolid es inmejorable. Lo es por los registros que el equipo busca y por la propuesta que tiene. La idea está clara pero lo mejor es cómo la busca el Real Valladolid. Pacheta ha inyectado pasión, ambición y coraje en un equipo débil y desconfiado.

Yo disfruto con un equipo que quiere mandar, que mira a campo rival, que siempre quiere vivir en campo rival y que no cambia su mentalidad y el Real Valladolid lo hace, como ante el Girona FC. Daba igual el momento del partido que fuera porque los blanquivioleta buscaban la portería rival. Tras un gran inicio y siendo merecedores de una ventaja, los pucelanos encajaron pero ello no les hizo perder la idea y lo demostraron con dos fases que son determinantes para conseguir los objetivos.

La respuesta blanquivioleta entre los minutos que transcurrieron tras el gol de Bernardo Espinosa y hasta el descanso y los primeros cinco minutos del encuentro me confirman que es imposible no estar con este equipo, más allá de los resultados, de los goles y de errores. Las ideas y las formas del Pucela me encantan. Disfruto con este equipo y, además, creo que va camino de sus objetivos.

Pacheta se debilita por una sucesión de acontecimientos

El Real Valladolid tiene grandes y graves problemas de confianza. El equipo no cree en la idea de José Rojo, Pacheta. No confía en ella o, como poco, no la tiene clara. Eso se demuestra en las pocas respuestas que los jugadores ofrecen sobre el campo. Para mí, y como desarrolle en el directo del partido con la crónica para ElDesmarque Valladolid de la derrota (1-0) ante el Girona FC, este equipo tiene carencias psicológicas y futbolísticas. Personalmente creo que las primeras son más, mayores y más importantes y que sin curar estas no se puede atacar las segundas, pero nada debe quitar los problemas de propuesta, ejecución y respuesta que tiene este equipo.

Lo único estable que tiene el equipo en estas fechas en el dibujo, el esquema o el sistema, se llame como se quiera. Las piezas está situadas siempre de la misma forma. La ejecución no siempre es la misma y no lo es porque el equipo no tiene la confianza ni las herramientas para ofrecerlo. El Real Valladolid no es consistente y no lo es porque los pucelanos están lejos de aquéllo que mejor define a muchos de sus jugadores. Si algo quedó claro en el Estadio de Montilivi es que el equipo quiere crecer desde la verticalidad de los carrilleros.

Nacho Martinez y Luis Pérez eran el punto de salida y el pase de seguridad del equipo en muchas acciones. Tanto en campo propio como rival, el Real Valladolid intentaba crear desde centros laterales que, obviamente, exigen referencias de remate. El equipo no las ofrecía y ahí comenzaba el problema. El Pucela jugó en Gerona y juega de forma habitual sin referencias. Ni para el área ni para la construcción.

Desde ese punto, el Real Valladolid es un equipo roto y un equipo endeble porque no tiene un rol posicional ni un jugador que mantenga el equilibrio en el centro del campo. Para mí, todo se rompe desde ahí. Roque Mesa no está ofreciendo lo que debe, merece y sabe porque no está jugando donde mejor puede llegar a esos registros.

Carencias y debilidades
Pacheta siempre ha asegurado que jugará con los jugadores que mejor estén y que se adaptará a lo que le pidan los propios futbolistas. Por el momento, esa afirmación no se está cumpliendo. Ni de lejos. Después de un trabajo de conocimiento de la plantilla, el burgalés está tocando piezas para dar con la tecla. Ha cambiado nombres pero ha seguido manteniendo la incertidumbre de saber qué busca y por qué. El Real Valladolid está mal situado sobre el terreno de juego y, por ello, transita mal. Tanto en defensa como en ataque pero, sobre todo, tras el robo, los de Pacheta tienen carencias en leer el primer pase.

El Real Valladolid se autolimita porque no sabe qué hacer cuando roba. No es superior a ningún rival porque no está bien estructurado. De base, el equipo no tiene las ideas claras y no parte bien. No inicia correctamente. Después llega el desorden y las batallas individuales. Pacheta, en la previa a Montilivi, habló de utilizar la individualidad para forjar una identidad grupal pero nada está siendo más lejos de la realidad. El Real Valladolid muestra individualidades pero para romper al equipo.

Sin una buena estructura, el Pucela flojea. Cuando se debilita se rompe porque se engrandecen sus debilidades y carencias. Desde esas carencias, el equipo se inmola y muestra su peor versión al no saber entender qué tipo de individualidad necesita. Con todo se demuestra que el mensaje no cala, que Pacheta no está convenciendo y que el equipo, lejos de mejorar, sigue instalado en aspectos futbolísticos, psicológicos y de gestión de la temporada pasada. Desde ahí se entienden muchos de los problemas del equipo, aquéllos que son más graves que tres derrotas seguidas.

El Real Valladolid no consigue levantarse de la lona

Tras perder (1-0) en el Estadio de Montilivi, José Rojo, Pacheta, argumentó que se marchaba de Gerona con «sensaciones más positivas» que en los últimos partidos y, ciertamente, es verdad. El equipo no estuvo bien, pero sí que ofreció más que en la derrotas (3-0) ante el Burgos CF y (0-2) ante el Club Deportivo Tenerife. Obviamente, es insuficiente pero sí que es un pequeño paso que necesita el Real Valladolid. De no ser por el gol de Cristian Stuani, el Pucela podría haber cerrado esta sexta jornada de LaLiga SmartBank con un pequeño punto de inflexión. Podría.

Durante toda la semana previa al enfrentamiento ante el equipo de Míchel Sánchez llevo pensando en el símil del Real Valladolid y el boxeador que roza el noqueo. Sin ser aficionado en este deporte, sí que entiendo que cuando un púgil está contra las cuerdas le toca empezar de cero. Son pequeños momentos dentro de un mismo combate. Si el rival le tira a la lona y no lo noquea, el propio boxeador duda. Tiene momentos de incertidumbre en los que se pone a prueba su capacidad de respuesta. Tras levantarse de la lona, el boxeador no está para tomar el control del combate. Sólo puede exigirse crecer en los siguientes minutos. La prioridad no es tomar el control y sí no volver a caer.

Esa evolución es, en parte, lo que se puede demandar al Real Valladolid actualmente. Los pucelanos deben formar una identidad que, por el momento, no tienen y lo deben hacer desde pequeños pasos y confirmaciones. Por ello, lo visto y realizado en el Estadio de Montilivi es insuficiente, sí, pero es un pequeño paso para la reconstrucción del equipo. Ganar un duelo con solvencia no cerraría las heridas del equipo ni, tampoco, haría olvidar sus carencias. Estas siguen existiendo y van a estar presentes durante varias semanas. No se pueden eliminar de un plumazo y sí semana a semana, partido a partido y de forma progresiva.

Piedra a piedra
En cualquier momento de crisis o dudas, siempre recuerdo la victoria (4-0) que el Real Valladolid de José Luis Mendilibar consiguió en la temporada 2009/2010 ante el Deportivo de la Coruña. Eran todo dudas en el Estadio José Zorrilla y aquélla goleada dejó la sensación de haber cerrado todas las heridas, pero nada más lejos de la realidad. Este Real Valladolid, como aquel, necesita crecer desde la credibilidad de tener un camino, unos protagonistas y un líder, y todo esto tarda en aparecer. 

Estos son conceptos que cualquier equipo demanda pero, ante todo, que necesita un grupo en construcción o recuperación. El Real Valladolid debe crecer y evolucionar semana a semana para conseguir todo aquello que quiere para ser lo que en fases de las primeras tres jornadas sí fue. Esas primeras jornadas no mostraron un Real Valladolid hecho y maduro pero sí un Pucela que creía en parte en sus argumentos y armas.

Ahora, la debilidad es la mayor expresión de un equipo que está en la lona y que necesita tiempo para asimilar los golpes que está recibiendo, que lo tienen casi noqueado y que le obligan a volver a empezar para colocar piedra a piedra la estructura de lo que quiere que sea este dubitativo Real Valladolid que para imponer cuestiones futbolísticas debe afianzar detalles psicológicos y de grupo.

El esquema no es el gran problema del Real Valladolid

«El debate del esquema yo no lo voy a abrir», ha asegurado José Rojo, Pacheta, en dos ocasiones en sus últimas ruedas de prensa. El entrenador del Real Valladolid no quiere centrar ni focalizar nada sobre el dibujo que viene utilizando el equipo en este inicio de LaLiga SmartBank. «Se han ganado campeonatos con todos los esquemas», ha narrado. Seguro de que los tres centrales y los dos carrileros en lo mejor para el equipo en este momento, el preparador burgalés no se quiere centrar en las piezas porque sabe que ese no es el problema. 

La carencia pucelana, obviamente, es mucho mayor de lo que puede entramar un sistema. El Real Valladolid tiene un problema de confianza y creencia en su juego y en su propuesta. Sea el esquema que sea. El lenguaje corporal del equipo en los partidos es preocupante porque nadie parece tener las respuestas ni las ideas para saber ejecutar lo que el grupo trabaja semana a semana. Creyendo que el principal problema blanquivioleta es psicológico y no futbolístico, los pucelanos parecen estar muy lejos de encontrar la solución a sus problemas.

En la previa a esta sexta jornada, Pacheta aseguró que el equipo debe crecer desde las individualidades por y para el equipo. El Real Valladolid necesita crecer en confianza y en ideas. En ese orden. Sin saber de lo que un jugador es capaz, es imposible que ese futbolista sume por y para el equipo y éste está siendo el problema pucelano. Pacheta no tiene a ningún jugador que crea en sus posibilidades y cualidades. Sin confianza en saber qué puede ofrecer, el equipo se rompe por falta de madurez, ideas y liderazgo.

Problemas mayores
Son estos tres detalles los que marcan la actualidad del Pucela. Sin lideragzo, el equipo se rompe. Psicológica y futbolísticamente. Llega a ese punto de ruptura y división porque el equipo no tiene ideas de juego ni personalidad para imponer su estilo, aquél en el que no cree al 100%. Lejos de esa arrogancia y seguridad que necesita cualquier equipo, los de Pacheta están muy lejos de su mejor estado, forma y cualidades. Alejados de todo ello, el último de los problemas del equipo es el sistema. Podría jugar con tres centrales, con dos carrileros largos, con dos laterales, con mediapunta o con delanteros. Los problemas y las carencias serían las mismas.

El Real Valladolid no es un equipo equilibrado ni conjuntado ni, tampoco, sabe correr con balón ni aprovechar las posibilidades de verticalidad desde el juego exterior. Obviamente tiene problemas de juego y futbolísticos, pero porque todo empieza con un equipo débil, desestructurado y sin confianza en lo que propone ofrece y se exige. Ahí está el problema y el miedo de un Real Valladolid que suma tres derrotas pero que, como con el esquema, ese es el menor de sus problemas. El gran problema pucelano es cómo se han llegado a ellas y por qué.

Querer muchas veces es sinónimo de saber hacer

Real Valladolid 1 – 0 Girona FC | Victoria blanquivioleta de gran trascendencia

Ésta sí que era una final. Uno de esos partidos determinantes en los que no se puede fallar. La necesidad de puntos era determinante pero, en esta ocasión, todo quedaba ampliado por la situación del rival. Los de Eusebio Sacristán llegaron al Estadio José Zorrilla jugándose la situación algo menos que el Real Valladolid pero en una situación similar. Por ello no se entiende menos la ‘facilidad’ y la poca muestra de querer de los catalanes. En esta ocasión, los de Sergio González pusieron todo en el asador. Quisieron y, en muchas ocasiones, querer es sinónimo de saber hacer y el Real Valladolid lo confirmó para una victoria de renombre.

· La CRÓNICA de la victoria (1-0) ante el Girona FC, para ElDesmarque Valladolid ·

Los jugadores del Real Valladolid celebran la victoria ante el Girona FC | Foto: LaLiga

Doble propuesta
Dice que querer es poder pero no siempre, querer es saber ni saber, hacer. El ciclo parece simple desde el exterior pero complejo desde el interior del fútbol. Todo equipo profesional de fútbol quiere ganar un partido de fútbol siempre. Por norma general puede y sabe hacerlo, para ello entrenan, pero no siempre lo hacen. El saber y el poder, generalmente, es cuestión propia. El hacer que, en este caso, es ganar, no. El árbitro, las condiciones del partido, el acierto, el rival… Mucho influye en el resultado final.

El Real Valladolid, como pocos equipos, sabe esta temporada la capacidad de influencia de un arbitraje. Éste influye. Puede ser y ha sido determinante pero en la visita del Girona FC, el partido más importante de la temporada para los de Sergio, el factor diferencial estuvo en la propuesta y en la intención blanquivioleta. El Real Valladolid quiso, propuso y mandó en el juego. El Girona FC, no.

Con una propuesta insistente, de presión alta y combinativa y, posteriormente, con un juego más directo, vertical y contragolpeador, el Real Valladolid intentó hacerse dueño y señor del partido. Quiso, supo y lo consiguió. Tuvo el éxito pero, obviamente, destacando la triste propuesta del equipo de Eusebio Sacristán. El Pucela fue mejor que un equipo que no supo, no consiguió y que, posiblemente, no quiso atacar ni ser superior al rival. No buscó ser mejor que el Real Valladolid en ataque porque no entraba en sus planes.

Sufrimiento controlado
Pese a la pobre intención del equipo catalán, las victorias en el fútbol profesional y más en Primera división son muy caras. Aunque seas muy superior al rival, como fue este caso, la victoria se vende cara y el Real Valladolid tuvo que sufrir para amarrar los tres puntos. Pese a que Jordi Masip no fue muy exigido ni el Pucela encerrado en su área, el tramo final del partido se vivió más en el campo local que en el visitante y fue más por una cuestión de nervio y resultado que de propuesta y convencimiento, donde el Pucela fue superior los 90 minutos.