El Real Valladolid no encuentra el juego que supuestamente busca Gaizka Garitano
Obviamente, este Real Valladolid no es el que quiere Gaizka Garitano. En lo que al juego se refiere, el momento blanquivioleta deja una imagen muy lejana a la que le podría gustar a cualquier preparador. La cuestión actual es saber si los objetivos que tiene el proyecto pucelano concuerdan con los que tiene el cuerpo técnico. La exigencia y circunstancias de la plaza quizás no dejan que el entrenador muestre sus verdaderas ideas futbolísticas. En sus últimas ruedas de prensa, el ex de la Sociedad Deportiva Éibar ha dejado detalles que muestran que vive obsesionado por detalles futbolísticos que en su anterior club no eran prioritarios. Además, en algunas de sus afirmaciones muestra la necesidad u obligación, quién sabe, de contar con diferentes jugadores. Por todas estas suposiciones, aunque, quizás, por ninguna realidad, es necesario analizar si lo que este Real Valladolid está trabajando y por lo que vive obsesionado es una propuesta acorde con la del cuerpo técnico. Quizás, en ese punto, está la principal debilidad de un proyecto que no arrancó y que ahora hace aguas.

El ejemplo de Juan Villar
“A mí Juan Villar me gusta más arriba que en banda”. Con estas sorprendentes palabras Gaizka Garitano terminaba su comparecencia tras el partido en Soria ante el Numancia. Tras empatar (2-2) ante los de Jagoba Arrasate y en pleno proceso de adaptación de los diferentes fichajes de última hora, el entrenador pareció señalar una supuesta grieta entre la dirección deportiva y el banquillo. “Entiendo que también tiene que jugar Rodri…” porque “los tenemos que ir sacando”, sentenciaba antes de abandonar Los Pajaritos. “Entiendo” y “tenemos” son términos que no hablan de ilusión a la hora de disponer los onces. Ni motivación ni convencimiento.
Estas palabras pudieron pasar desapercibidas hace casi un mes porque Diego Rubio estaba entrando paulatinamente en el equipo y ya que Erick Moreno estaba en pleno periodo de aclimatación y puesta en forma. Pasados los días y las semanas y en plena negatividad en el entorno tras perder ante el Real Oviedo, éstas son palabras que pueden mostrar la situación que puede estar viviendo el Real Valladolid. Quizás este proyecto tiene un problema de base, una carencia de idea y una incongruencia de vender una propuesta que no es conjunta. Actualmente, parece haber dos equipos. El que se confía haber realizado desde el club y otro, el que se trabaja desde el banquillo. Sea uno u otro, lo que está claro es que este Real Valladolid tiene poco del Éibar de Gaizka Garitano. Si el entrenador vasco llegó en verano hasta el estadio José Zorrilla fue por la brillante imagen que dejó el equipo armero hace dos años. Ahora, el entrenador no está sabiendo plasmar nada de aquel equipo.
La antítesis de su Éibar
Hace dos temporadas la Sociedad Deportiva Éibar era el equipo al que todos querían copiar. Un equipo modesto, formado a última hora y sin un objetivo ambicioso que llegaba a Primera división en una temporada en la que adquirieron un estilo de juego inconfundible. Con el liderazgo de Gaizka Garitano, el equipo armero consiguió el campeonato liguero de una forma tan sorprendente como brillante.
Un equipo agresivo, muy potente en los últimos metros, líder en las transiciones ofensivas en las que era extremadamente peligroso y finalizador. Con ellas, potenciaba el contragolpe como un arte ofensivo. Aquel Éibar, se basaba en estar seguro defensivamente, sin conceder ocasiones al rival y ser atrevido en pocos segundos con el balón. Éste no era un equipo obsesionado con la posesión del esférico y sí con el repliegue y la presión. No vivía pensando en tener el balón sino en saber qué hacer con él cuando lo robaba. Aquella era una propuesta sin complejos, con una personalidad muy alta y con una confianza entre sus integrantes altísima. Aquel histórico Éibar era un conjunto que conseguía llevarte a su terreno.
Después de aquello, Gaizka Garitano no está consiguiendo repetir nada. Su Real Valladolid no es fuerte, no es agresivo y no es protagonista. Vamos, el equipo no tiene nada de por lo que llegó el preparador hasta Pucela. No es nada y no lo es, posiblemente, porque el propio entrenador no quiere que lo sea. Por plantilla, por supuesta calidad, por potencial del proyecto, de la plaza y de la entidad, el entrenador vasco quizás se está viendo obligado a formar una idea que no es la suya, una propuesta en la que no cree y en la que no confía al 100%. Es obvio que Éibar no es Valladolid y que la propuesta que se debe hacer para las dos entidades debe ser diferente y, hoy por hoy, lo son, tanto en juego como, sobre todo, en resultados. Ahora, con el agua al cuello, tocará ver qué propuesta de fútbol elige Garitano y cuánta personalidad tiene en ella el entrenador pucelano.











