Desgranando un bochorno: un peaje lógico para Anuar

Antes de que la temporada 2024/2025 se definiera con el descenso del Real Valladolid, la posibilidad de que Anuar Tuhami no continuara en el Real Valladolid era real. Viable y, muy posiblemente, necesaria. La etapa del ceutí en el Estadio José Zorrilla ha sido importante, que no legendaria, pero debía cerrarse ya. La sensación de final de ciclo era claro y manifiesto para ambos lados. Ni el Real Valladolid podría ofrecer más al jugador ni éste podía dar más a la entidad. El romanticismo debía terminar y la situación blanquivioleta no es, en este caso, un problema sino una solución o, al menos, una invitación para la solución final. 

Anuar es un jugador que ha ofrecido una enorme implicación al Club. Ha sumado de forma puntual, importante y diferencial al equipo. Ha sido siempre un jugador de plantilla y un activo de implicación, que no carisma. Ha sido un ejemplo para todo jugador de la cantera que con trabajo, sacrificio y pundonor quiere cumplir un sueño, pero el fútbol es más y el ceutí debe salir del Estadio José Zorrilla para acometer nuevas experiencias, exigencias y vivencias. De la misma forma, el Real Valladolid.

«A Anuar se le ve más como a un trabajador que como a un futbolista y, así, nunca será relevante»

Con la salida de Anuar creo que el Pucela no pierde o, al menos, no se resiente. Es un buen jugador pero no es un activo sobre el que crear una idea o generar una visión. El ’23’ es el futbolista que todo entrenador quiere en su equipo por la facilidad que siempre genera para un vestuario. Esa sensación se convierte, por momentos, en comodidad. Ahí está el problema. Tomar decisiones sobre un chico de casa, discreto y polivalente es muy sencillo. Todos los quieren, pero nadie apuesta por él.

La información de Arturo Alvarado sobre el por qué de la salida del jugador se centra en el peaje de la presente temporada. Ésta ha hecho daño. A él y a cualquiera, pero en el pensamiento del jugador seguro que está la mirada deportiva que se tiene en él. Anuar nunca va a ser visto en el Estadio José Zorrilla como un jugador relevante. Jamás va a ser el jugador franquicia. Nunca va a estar en el grupo de jugadores referencias del Club para una temporada y él, con tres ascensos y más de 50 partidos en Primera, quiere más. No ya en economía o en categoría sino en sentimiento, apoyo y reconocimiento.

De todos y para todos
Anuar entiende que en Valladolid se le reconoce como un jugador de empuje y pundonor. Se le ve más como a un trabajador que como a un futbolista. Por mucho que uno sepa cuál es su techo, el reconocimiento alaga y Anuar nunca lo va a tener en el Estadio José Zorrilla más allá de un rol secundario. Éste va a definir siempre al ’23’ en Valladolid. En la teoría, todos queremos y buscamos jugadores que se impliquen al 100% y que muestren amor y compromiso pero, posteriormente, en la práctica, la apuesta llega por el que tiene mejores condiciones futbolísticas.

«Anuar llegó a su techo en el Real Valladolid hace ya varias temporadas»

Anuar lo sabe y lo entiende y, de la misma forma, comprende que el Real Valladolid no le puede dar más. En cuestión de techos, el Estadio José Zorrilla ya ha cumplido el suyo. Muy posiblemente ya lo tuvo hace varias temporadas pero la indefinición del Club y los constantes cambios de categoría hicieron que se viera al ’23’ como un jugador válido para buscar esa definición que nunca ha llegado. Sin ese sustento, la etapa termina. Lo hace con lógica y no como un peaje por una campaña vergonzosa de todos y para todos.

Desgranando un bochorno: otro partido de mínimos

No sé cuál es el nivel de exigencia que se quiere imponer en el Real Valladolid y, sinceramente, me da igual. No es cuestión de entender, analizar y comprender que el nivel del equipo es éste. He considerado, desde el inicio de la temporada, que este vestuario tenía problemas y carencias. Estos eran mucho mayores que las virtudes pero, en ningún caso, esperaba que el conjunto iba a estar descendido con cinco jornadas de antelación y que no se llegaría a los 20 puntos. El Pucela tenía para más, para mucho más, pero diferentes criterios de exigencia y ambición del pasado reciente han desembocado en este dantesco final de temporada.

Pese a que pareciera que se tocó fondo con la derrota (5-1) ante el Real Betis, que supuso el descenso matemático, la penuria blanquivioleta se ha ido aumentando en las últimas semanas por la condescendencia con la que lo han tratado los diferentes rivales. Si bien es cierto que desde hace dos meses los partidos pucelanos muestran una ley de mínimos para superar a los de Álvaro Rubio, las tres últimas jornadas muestran un posible análisis que nada tiene que ver con el resultadismo.

«El Real Valladolid se está defiendo, incluido en este final de temporada, como un equipo impropio para el deporte de alto rendimiento»

Este martes veía la rueda de prensa de presentación de Luis César Sampedro en el Gimnàstic de Tarragona. En ella comentaba que no es importante dejar la portería a cero sino qué haces para no encajar un gol. «No te puedes sentir orgulloso de no encajar si tu portero ha sido el mejor o si el rival ha fallado tres penaltis», aseguraba. Pese a que todo aquello que pueda decir el gallego sea inapropiado en tierras pucelanas, lleva razón y la lleva en un sentido similar al actual Pucela.

Pese a derrotas como las tres últimas, con un marcador ajustado, los problemas pucelanos son los mismos. El equipo se comporta de forma impropia para el deporte de alto rendimiento. Creo que éste es un matiz importante. Se está exagerando el uso de «fútbol profesional» al enfocarlo sólo en las competiciones de LaLiga. El profesionalismo es mucho más, pero el alto rendimiento, no. El Pucela, con todo, está muy lejos de ser un equipo de máximos y de rendimientos elevados. Por ello pierde por la mínima, da por bueno un resultado así y se olvida de que en dos de esos tres partidos el rival le ha remontado y no ha sufrido para mantener la ventaja.

Si bien es cierto que el duelo ante el Girona FC mostró algo más de empuje y coraje que los anteriores, la realidad pucelana se centra en los mínimos que se ven en todos los encuentros. Tanto de un lado como de otro. El Real Valladolid ofrece lo mínimo para que el clima no pueda ser más nocivo y peligroso. Los jugadores muestran cierta imagen y mínimo coraje. No tienen acierto, porque tampoco lo buscan con insistencia, pero sí un lenguaje corporal aceptable. Los rivales, por su parte, no se exprimen para superar al Real Valladolid. No hace falta.

Un rival cómodo
En cualquier planificación física, los duelos contra el equipo de Álvaro Rubio no dejan impacto ni huella. El Pucela es un equipo sin agresividad, sin ambición, sin arrojo…. sin maldad. Es fácil superar a los de Álvaro Rubio y, más aún, mantenerlos lejos del peligro. El Real Valladolid es un equipo muy fácil de adiestrar a tu antojo en un partido. Poco le invita a reivindicarse y, obviamente, a llevar la iniciativa. El equipo y el grupo están acomodados. Viven conformados con la realidad que se han trabajado y ganado. Con ello son un rival fácil, un equipo que no va a hacer daño. Ni física ni futbolísticamente.

«El Real Valladolid es un rival cómodo, un equipo que no va a hacer daño. Ni física ni futbolísticamente»

El Pucela es un rival que está pasando con mucha pena por las últimas jornadas. No podemos equivocar el análisis. No está rindiendo mejor. Ni mucho menos se está «compitiendo». La temporada está demostrando que este grupo es un triste juguete en manos de los rivales, aquéllos que tiene paternalismo con él porque si necesitan hacerle más daño lo harán, pero ven que no es necesario. Con poco se le gana, se le remonta y se le tiene alejado de cualquier peligro. 

Desgranando un bochorno: 14 días de patético silencio

Este jueves se cumplen 14 días desde que el Real Valladolid consumó su descenso a LaLiga Hypermotion. Son dos semanas desde la derrota (5-1) ante el Real Betis. Los análisis por el regreso del equipo a la categoría de plata han existido, pero no han sido pormenorizados. No se ha puesto el foco en buscar las causas de un nuevo descenso porque éste era un drama que se venía asumiendo desde hace muchos meses. Desde el entorno se daba por hecho una pérdida de categoría que ha confirmado, nuevamente, el principal problema de la entidad estos meses: el oscurantismo.

Si en el proceso del fracaso se ha visto a un club alejado de su realidad, tras él no ha sido menos. Es más, tras saber que el Club volverá a Segunda, la distancia es mayor y todo apunta a que se ampliará en las próximas semanas. Si cuando la situación podía tener solución el Club se escondía, ahora más. Mucho más. Son dos semanas en las que la entidad quiere dejar pasar el tiempo. Necesita que la situación se enfríe y que la dura realidad parezca que se aleja.

Desconocimiento
Los dirigentes del Real Valladolid siguen sin saber dónde están, qué club manejan y cuáles son las necesidades reales e inmediatas del entorno. Una entidad seria no debe estar centrada en actuar hacia el entorno, pero este Pucela, sí. Con un poco de inteligencia y liderazgo, el Club se hubiera puesto en manos de su masa social y no en forma de reuniones presenciales e individuales vacías. El Real Valladolid debía haber tenido una gestión carismática desde el primer instante.

Con el récord absoluto de abonados, la obligación era centrarse en ellos. Existía una inercia que se ha perdido y que, tristemente, se ha vuelto en contra. Cuando más masa social existía, menos se ha trabajado por ella. Cuando más volumen de sentimiento existía, menos se ha trabajado por él. Cuando más información se demandaba, más oscurantismo ha existido. Las altas instancias pucelanas no han sabido liderar la situación. Nunca. No ahora, tras el descenso. Este Real Valladolid ha vivido alejado de su realidad.

Cuando el Club estaba más fuerte alrededor del césped y del Estadio José Zorrilla, más se ha desprotegido. Cuando todo era más fácil, menos se ha hecho por trabajar desde la lógica, que no desde el populismo. El Club no ha sabido liderar esta temporada desde sus inicios. Ha faltado carisma y líderes y, sin ellos, el declive ha sido tal que nadie se ha atrevido a hablar en 14 días.

Una triste y elocuente publicación de la realidad pucelana ha demostrado que el Real Valladolid está en las peores manos posibles. Ahora, hace nueve meses e, incluso, un año. Tras el ascenso, esta sensación queda ratificada pero las ganas de volver a Primera nublaron una realidad que, ahora, nadie puede negar ni, sobre todo, silenciar. Pese a que desde el Club se quiera negar desde el oscurantismo.

Desgranando un bochorno: preguntas a Álvaro Rubio

No todos los exjugadores están capacitados para ser entrenadores y no todos los entrenadores están capacitados para entrenar a un equipo de las condiciones y circunstancias del Real Valladolid. Álvaro Rubio sabía dónde entraba cuando se hizo de forma oficiosa, que no oficial, con el banquillo del primer equipo. Tras la salida de Diego Cocca, el entrenador riojano asumió el vestuario hasta final de temporada. Aún quedan cinco partidos pero nada de lo que vaya a ocurrir en ellos va a limar el lastre y, en su figura, a quitar la etiqueta que ya le va a marcar en el mundo de los banquillos.

«Me gustaría saber por qué Álvaro Rubio ha actuado así, por qué se ha dejado utilizar y por qué no ha puesto freno»

Si bien es cierto que el exjugador no ha tenido el carisma, el liderazgo y la personalidad que requería la situación, otra realidad es la de debatir si ésta era una oportunidad que le venía grande o, quizás, pronto. Con todo, la principal duda que me surge con la figura del entrenador es la siguiente: ¿por qué? Si pudiera hablar con él mi pregunta sería esa: ¿por qué, Álvaro? Por qué todo, realmente. Me gustaría saber por qué ha actuado así, por qué se ha dejado utilizar y por qué no ha puesto freno. No vale la respuesta de ser ‘hombre de la casa’. Él sabe mejor que nadie que ha estado superado y que, tras ello, ha sido absorbido por la realidad general.

La situación le ha podido, pero realmente, él también ha sumado para que la actualidad sea así. Por todo y con todo, se me ocurren cientos de preguntas que poder hacer al actual entrenador pucelano. ¿Por qué el equipo desciende con Luis Pérez en el terreno de juego? Ésta es, por ejemplo, la última incógnita que se me ocurre para Álvaro Rubio y que confirma su peso en el presente. La gestión ha sido muy cuestionable y hay detalles en todos los momentos. Se pueden señalar momentos concretos y, también, generales.

¿Por qué?
Ver a Álvaro Rubio me lleva, directamente, a preguntar por qué ha aceptado tener esta imagen y por qué asumió ser él el que firmara el descenso más doloroso de la historia. ¿Por qué has seguido hasta el final? Le preguntaría. ¿Por qué ha entendido que ésta era una buena oportunidad? Insisto, no me creo que haya sido por una cuestión de amor y Club. Álvaro Rubio ha puesto en juego su imagen y su futuro. Éste, quizás por agradecimiento, puede seguir en la entidad, pero nunca enfocado a un banquillo. El riojano se ha mostrado como un incapaz para situaciones límite y momentos que han estado muy presentes en la historia blanquivioleta.

«¿Por qué has dejado, Álvaro, tu reputación en manos de alguien que sabes, como todos, que están destrozando el Club?»

El Real Valladolid es un club de picos y, en ellos, Álvaro Rubio no sabe liderar. Esta etapa lo ha demostrado. Sólo ha sabido mostrarse como el perfil que piden unos dirigentes cobardes que están a la deriva. Ahí, el señalado es él. ¿Por qué, Álvaro? ¿Por qué has dejado tu reputación en manos de alguien que sabes, como todos, que están destrozando el Club? ¿Por qué has sido su escudo cuando sabías que la situación era límite? ¿Por qué has puesto en juego tu imagen y tu carrera? ¿Por qué no has dicho lo que vemos todos? ¿Por qué te has hecho este daño, Álvaro? ¿Por qué?

El próximo objetivo del Real Valladolid no es ‘volver’

Nunca he tenido una lesión grave. Nunca he sentido la frustración de tener que volver a empezar como, por ejemplo, sí ha sentido Sergio Asenjo. El portero palentino es un gran ejemplo para el fútbol de alto rendimiento. Tuvo que reiniciar su carrera en varios momentos. Pensando en él y en el nuevo descenso del Real Valladolid, imagino los mensajes de apoyo que recibiría el exblanquivioleta cuando sufrió su último revés. En ese momento, Asenjo no necesitaría escuchar que iba a volver. Necesitaba saber que iba a tener la fuerza para levantarse todos los días e iniciar, nuevamente, un nuevo camino.

«¿Tengo fuerzas para empezar de nuevo? Ésta es la pregunta que retumba ahora en la cabeza de todos los aficionados del Real Valladolid»

En ese punto exacto estoy yo. El descenso del Real Valladolid es muy duro. Es tremendamente duro. Para mí, es el fin de su etapa. El Real Valladolid va a dejar de existir tal y como lo hemos recordado hasta la fecha. Ronaldo Názario, esa leyenda y ese hombre de fútbol, ha abandonado la entidad. El Club está muerto y, por ello, no necesito escuchar o leer que «volveremos». Agradezco esos mensajes, pero, realmente, no valen nada. No tienen fundamento dada la situación real en el Estadio José Zorrilla.

Antes de pensar el volver hay que pensar en vivir. Antes de que Sergio Asenjo vislumbrara su vuelta a los terrenos de juego tras una nueva lesión de rodilla, el portero debía pensar cómo sería la primera noche tras saber que debía parar nuevamente. En ese momento, Asenjo debe asumir que todo el trabajo hecho anteriormente ya no vale. Hay que empezar de cero. En ese punto, lo importante no es el fin sino el inicio. ¿Tengo fuerzas para empezar otra vez? Ésta es una pregunta que llegaría a la cabeza del palentino en más de una ocasión y que, ahora, en otro sentido, está en la cabeza de todos los aficionados del Real Valladolid

Miedos y dudas
Ojalá el Club pueda volver a la élite del fútbol español. ¡Ojalá! Será el mejor colofón a una sucesión de noticias que se deben de producir, gestionar y ganar, pero que están muy lejos de poder concretarse. Siempre he pensado que el Real Valladolid no necesita un ascenso. Este club demanda una salvación en LaLiga EA Sports. Conseguirla, actualmente, parece una utopía.

«‘El principal objetivo del Real Valladolid en la actualidad no es ‘volver'»

Pensar en el futuro del Real Valladolid es doloroso. Nada hace pensar en algo medianamente ilusionante. Las dudas son altas pero, posiblemente, los miedos sean mayores. El entorno está ahora con el pánico propio a los momentos previos a una nueva operación. Nadie sabe ni imagina qué va a pasar en las próximas semanas. Todo son conjeturas y en estas se apodera el miedo y el sufrimiento que se han vivido en situaciones similares. Ahora es imposible mirar al final. Nada hace pensar en qué ocurrirá en 10 meses, por ejemplo.

La situación es tan delicada que sólo se puede analizar el presente y éste da miedo. Mucho miedo. Es por ello no quiero escuchar que «volveremos». Primero porque no sé si esto ocurrirá y segundo y más importante, porque éste no es el fin blanquivioleta ahora. Para volver hay que estar y desconozco si el Real Valladolid, realmente, está.