Sergio se va sin dar las explicaciones que prometió

Sergio González ya es historia del Real Valladolid. Mucho más tarde de lo esperado y necesitado, el entrenador catalán ha dicho adiós al Estadio José Zorrilla. Lo ha hecho mal pero, a su vez, ha firmado esa salida en el nivel al que ha estado en los últimos meses. Creyendo desde el inicio de la temporada que ésta era una campaña que, muy posiblemente, sobraba al entrenador por cómo afrontó el año desde un inicio, la evolución de la temporada ha ido aumentando sus carencias y, a la vez, su falta de respuesta y liderazgo.

Sergio ha sabido estar en la foto para las celebraciones y los elogios, pero no ha sabido dirigir al equipo en los momentos duros. Sin capacidad para esas fases donde el líder demuestra su peso y convencimiento, el final de la temporada y su despedida están al nivel de los últimos meses del equipo y del propio entrenador. El Real Valladolid no ha estado a la altura de la competición cuando más exigente era el momento.

Ni el equipo, ni los jugadores ni, tampoco, el entrenador. Sergio no ha sido el líder que necesitaba el Club en la gestión de la temporada ni en su final. Demorar la despedida y hacerla tan irreal como decidió Miguel Ángel Gómez no es lo que necesita el entorno. Ya no sólo el aficionado sino, también, todo lo que engloba al Real Valladolid exigían un análisis. No era cuestión de justificaciones o perdones, era una necesidad de explicaciones valientes, con personalidad y argumentos.

Constantes debilidades
Tras el fracaso y con el equipo en LaLiga SmartBank asegurar que la afición es el «corazón» del Club o que son días «duros» son mensajes vacíos. Sergio González era el responsable técnico del Real Valladolid y, como tal, debía explicar y analizar cuestiones deportivas que nunca quiso hacer durante la temporada. Emplazando siempre a final de temporada, Sergio esperaba a su marcha voluntaria y no a su destitución para analizar la temporada. 

La realidad ha sido otra y el Real Valladolid ha descendió y, por consiguiente, el catalán se ha escondido detrás de un comunicado lleno de tópicos. Como en sus respuestas preparadas de las ruedas de prensa, el ya exentrenador pucelano deja atrás su etapa en Zorrilla confirmando que hace mucho tiempo que dejó de ser lo que necesitaba el Real Valladolid en cualquier aspecto. Futbolístico, social o de liderazgo. Las sensaciones siempre fueron rotundas sobre él, pero los tiempos y la forma de su despedida las confirman. ¡Adiós, Sergio!

Medio siglo después y un descenso con paralelismos

De cualquier entidad nonagenaria, sea del tipo que sea, pueden realizarse multitud de estudios, análisis y comparaciones. Entre esas entidades entra, obviamente, un club de fútbol fundado en 1928 a orillas del Pisuerga y que en estas tristes fechas debe tener un análisis que, cuando menos, pueda servir de reflexión a los dirigentes del Real Valladolid. El club de nuestros amores tiene en la actualidad gente más cualificada que yo y también la tuvo en otras épocas. Deseo que la siga teniendo y que recupere la posición que por su historia y, sobre todo, por la ciudad que representa merece ocupar.

En una entidad casi centenaria, al finalizar un ejercicio pueden establecerse diversos estudios y análisis y con ellos programar un futuro ejercicio. En un club de fútbol deben analizarse fundamentalmente los resultados obtenidos, abonados conseguidos, rendimiento de los jugadores, grado de competencia del entrenador, ingresos económicos por publicidad, nivel de los nuevos fichajes, rentabilidad de la cantera, próximas adquisiciones y posibles bajas…

A nadie se le escapa que la temporada 2020/2021 ha sido un fiasco en todos los sentidos, pero no hay que rasgarse las vestiduras en exceso porque no es la primera vez que el Real Valladolid desciende a Segunda división. Es más, en la temporada 1969/1970 bajó a Tercera. Recuerdo aquella campaña perfectamente y entiendo que tiene un cierto paralelismo con la 2020/2021.

Dura época blanquivioleta
En la larga travesía del Real Valladolid por Segunda entre los años 60 y 70, el equipo del viejo Estadio Zorrilla siempre despertaba una moderada esperanza entre los aficionados y quizá esa temporada de 1969/1970 el equipo disponía de una plantilla más que ‘apañadita’.
No voy a relacionar toda esa plantilla pero sí mencionaré a los que dieron un salto a equipos de Primera tras aquel año que terminó en descenso. Jesús Aguilar al Deportivo de La Coruña; Antonio De la Cruz y José María Lasa al Granada CF ambos y luego al Barcelona y al Athletic  Club, respectivamente; Paco Docal se marchó al RCD Espanyol; y Antonio Rivas al Celta De Vigo.

En esa competitiva plantilla también destacaban ‘Cachito’ Endériz, Marañón, Moya y el todoterreno Lizarralde entre otros. Como digo anteriormente la plantilla de esa temporada estaba bien diseñada y podía aspirar a mucho más de lo que consiguió que fue un vergonzoso descenso a Tercera.

En la edición de Segunda división de aquella temporada se batían equipos como RCD Espanyol, Real Betis, Sporting de Gijón, CD Málaga, Rayo Vallecano o Real Murcia pero, también, peleaban otros San Andrés, Córdoba CF, Burgos CF, Calvo Sotelo, Onteniente… o el filial del Elche CF.

El Real Valladolid navegó cierto tiempo en una zona de nadie hasta que el Burgos CF, con una relevante victoria (1-3), colocó un misil en la línea de flotación del Pucela y lo dejó medio hundido aunque ya venía de Oviedo haciendo aguas. Tras estas dos goleadas, el Real Valladolid fue incapaz de conseguir un solo punto en los siguientes cinco partidos que provocaron un total de siete encuentros sin puntuar.

Grandes similitudes
Creo que el paralelismo es obvio entre esas dos temporadas al tener ambas plantillas confeccionadas para conseguir unos alcanzables resultados: ascender a Primera y mantenerse en la élite. Tristemente, el final de temporada fue y es triste y lamentable por resultados totalmente calamitosos. Aún siendo una temporada para olvidar aquélla de 1970, el Real Valladolid ganó 12 partidos y uno de sus jugadores, Paco Docal, marcó 10 goles.

Afortunadamente, un año después el equipo recobró el orgullo y, junto con el CD Tenerife, ascendió a Segunda gracias al acierto del gaditano Manolo Álvarez, que perforó las redes adversarias en 24 ocasiones. Ojalá el paralelismo se mantenga la próxima campaña y un goleador como Shon Weissman sea el protagonista del regreso pucelano a la categoría que no debió perder en este 2021, como tampoco debió hacerlo en aquel duro 1970.

La doble carencia de juego que ha marcado el descenso

Sergio González no ha sabido gestionar la temporada 2020/2021. Es una obviedad que la sucesión de acontecimientos han superado al entrenador catalán pero, con todo y con ello, hay que analizar los contextos futbolísticos que han marcado el duro caminar del Real Valladolid hasta consumar su descenso de categoría. Con una mala gestión, el liderazgo no ha existido en el Esatdio José Zorrilla y, con todo, el fútbol se ha resentido, aunque quizás el orden de los factores haya sido diferente.

El principal problema blanquivioleta ha sido de gestión, la falta de autocrítica y la ausencia de liderazgo, pero en el terreno de juego se han visto carencias y problemas de enorme relevancia. Los números hablan de que el Pucela ni ha atacado (quinto equipo menos goleador) ni ha defendido (tercer equipo que más ha encajado), pero el análisis obliga a examinar por qué han ocurrido esos dos factores y por qué se ha terminado la campaña con 34 goles anotados y 57 encajados.

Principalmente, el problema es de discurso y de ese pensamiento de Sergio González de dividir de una forma tan clara y rotunda el ataque de la defensa. El entrenador catalán disocia ambos conceptos, casi como un equipo de balonmano. En esa lectura está el por qué de las dificultades pucelanas para transitar. Tanto en ataque como en defensa. El gol de Óscar Plano en la derrota (1-2) ante el Atletico de Madrid sorprendió. Una transición tan bien llevada no ha sido la norma habitual de un equipo que desde el ascenso a LaLiga Santander ha tenido problemas para saber correr con balón.

La enorme distancia con el área rival y los pocos efectivos que el equipo ha acumulado por delante de la línea de balón son los principales justificantes para ver y entender por qué el Real Valladolid ha transitado tan mal como lo ha hecho. El Pucela de Sergio y los problemas para atacar en contragolpe han sido todo uno pero esta temporada, también, se han sumado los problemas a las espaldas.

El equipo ha sufrido, también, en transiciones defensivas. Ésta sí era una novedad porque en años atrás no ocurría. No sucedía ya que los blanquivioleta defendían tan atrás que no tenían problemas para replegar. En esta ocasión, sí, y todo por el hecho de «adelantar la línea» y entender que ésa era la solución. Adelantar sólo la línea.

Consecuencias…no trabajadas
Sergio González, incluso antes de terminar la temporada 2019/2020, ya habló de avanzar la línea defensiva unos metros. La marcha de Mohammed Salisu y la lesión de Kiko Olivas invitaba a ello. Joaquín Fernández y Javi Sánchez, ya presentes en el equipo, parecían tener las cualidades para defender un campo abierto. Jawad El Yamiq, también. El equipo quiso proponer más adelantado pero sin entender y, quizás, sin trabajar todo lo que este cambio generaba.

Adelantar la defensa no es sólo obligar a que los centrales y los laterales se sitúen 10 metros más arriba. La puntualización es mucho más alta y todas las consecuencias que genera parecen haber estado muy poco controladas por el Real Valladolid. Sin saber cómo actuar con las líneas mínimamente más arriba, el equipo ha seguido teniendo los problemas para correr en ataque pero, también, para defender. Ese movimiento estructural rompió el modelo de Sergio y al propio entrenador.

La anarquía ha reinado por fases en el equipo blanquivioleta por la poca fuerza que los pucelanos han tenido para dominar las transiciones. Éste, además de ser un aspecto que marca mucho el fútbol moderno, es ese rasgo que une el ataque y la defensa, la defensa y el ataque. Ambos, aspectos del juego muy diferenciados por Sergio tienen una unión que el Pucela no ha entendido. No lo hizo cuando llegó a LaLiga Santander, es cierto, pero lo ha multiplicado en la pasada temporada al acentuar todos los problemas de los blanquivioleta creyendo que al colocar al equipo más arriba los problemas se solucionarían y las críticas se reducirían. Todo lo contrario.

2010, 2014 y 2021, diferentes orígenes para descender

Cuando se consuma un fracaso, como supone descender a LaLiga SmartBank, se buscan responsables pero, también, se mira al pasado y se tiende a comparar. En muchas ocasiones esa mirada a otro errores es productiva pero en el Estadio José Zorrilla y a la hora de analizar los descensos, no. No lo es porque las tres últimas pérdidas de categoría han tenido unos orígenes muy diferentes. 

Al producirse el descenso en el tercer año, la comparativa del reciente y el del 2010 es sencilla. En ambas se reduce todo al entrenador. Sergio González, como José Luis Mendilibar, comenzaba la temporada con un desgaste acumulado. Pese a ello, y siendo responsables de un ascenso y dos salvaciones, la comparación no es justa ni merecida. La temporada no fue igual y no sólo por el hecho de que uno haya terminado la campaña y el otro no lo hiciera.

El problema de la temporada 2009/2010 no estuvo en la destitución de José Luis Mendilibar. La elección del sustituto y cómo se llegó a prescindir del entrenador vasco fueron los grandes motivos. Destituido, el final del Pucela estaba cerca. Onésimo Sánchez no era, ni de lejos, lo que pedía el equipo pero, sobe todo, en aquella temporada hubo un grave problema: la relación de Roberto Olabe y Mendilibar. Los diferencias entre ambos y el pulso que jugó y ganó el director deportivo generó una ruptura en el Club que este año, pública y casi privadamente, no se ha dado. 

La calidad de 2014
La postura de Miguel Gómez con Sergio nada ha tenido que ver con lo que se vivió en la temporada 2009/2010, aquélla totalmente condicionada y marcada por la ruptura entre los dos grandes responsables deportivos. Este año, el divorcio no ha existido. El desgaste y el distanciamiento han sido palpables pero no para compararse con los problemas que marcaron el descenso de 2010, aquel que nada tiene que ver con el reciente o con el de Juan Ignacio Martínez.

Ése, el de 2014, sí que está definido por una plantilla falta de calidad, templanza y variantes. Estos son argumentos que se han sentido esta temporada con un equipo lejos del rendimiento pero no de posibilidades que si que faltaban en un vestuario con jugadores de varios países, diferentes idiomas, formaciones cuestionables pero todos carentes de experiencia y argumentos àra una competición como LaLiga Santander o similar. Nada que ver con lo de 2010 o los últimos meses.

El principal problema de vestuario en el Real Valladolid

Sergio González, Ronaldo Nazário y Miguel Ángel Gómez son responsables del descenso del Real Valladolid. Sin un reparto ecuánime, los tres han quedados señalados tras la pérdida de categoría. El brasileño ha prescindido del entrenador y del director deportivo en una innegable muestra de lo que él entiende como responsabilidad. Entre los tres suman un alto porcentaje del resumen de la mala temporada 2020/2021 pero otra parte de las respuestas está, también, en la plantilla.

El vestuario, aquél que se reforzó mucho y, personalmente, bien en el pasado verano, no ha cumplido con ninguna expectativa, ni siquiera con las menos esperanzadoras. El equipo ha carecido del nivel esperado y, por ello, las críticas y las responsabilidades también llegan a los que eran jugadores de Sergio González. Tras dos permanencias en LaLiga Santander, el Pucela ha descendido y la mirada se centra sobre los fichajes y ahí está el principal error. El principal enfoque al poco rendimiento de la temporada se debe hacer sobre aquéllos que ya habían mostrado su opciones de rendimiento y que se encontraban asentados en el Club y en la ciudad.

Creyendo que aquéllos que conocen la casa son los que deben asumir un mayor porcentaje de peso, ése ha sido un gran problema. Quizás el mayor. Eran varios los jugadores del último Pucela los que habían convivido en la temporada 2019/2020 e, incluso, en el 2018/2019. Además, una parte importante firmó el ascenso de 2018. Ellos tenían un nivel que mantener, no al que llegar, y no lo han conseguido, creando un importante problema

Creyendo que no se puede exigir al nuevo aquéllo que no da el veterano, el Real Valladolid se ha desquebrajado entre exigencias y realidades de nuevos y conocidos. Obviamente, muchos fichajes no han dado el salto de calidad y posibilidades que se esperaba de ellos y se les presuponía por sus perfiles. Fabián Orellana no ha sido decisivo, Shon Weissman no ha sido el goleador que se soñaba, Luis Pérez y Saidy Janko no han tenido regularidad en el lateral… Los fichajes no han estado sobre lo esperado, pero los veteranos no han ofrecido lo que ya se sabía que podían ofrecer, dejado, así, muchas preguntas. Demasiadas.

Dudas y certezas
¿Qué ha sumado esta temporada para el currículum de Joaquín Fernández? ¿Por qué Rubén Alcaraz ha bajado tanto su relevancia en el equipo? ¿Qué le ha pasado a Nacho Martínez para no ser ni un porcentaje mínimo de lo que fue? ¿Por qué Sergi Guardiola ha estado tan terriblemente mal? ¿Qué ha aportado en ataque Pablo Hervías esta campaña? ¿Cuántos puntos ha dado Jordi Masip está temporada? Estas son cuestiones básicas, tangibles y objetivas sobre el rendimiento que podía y no ha sabido ofrecer el equipo.

Saber cómo se iba a aclimatar Shon Weissman al Real Valladolid y a España era una incógnita. Valorar cuánto rendimiento podía obtener Sergio González de Fabián Orellana o cómo podía entender las necesidades de Roque Mesa, también. Determinadas cuestiones estaban en el aire pero otras, por el contrario, supuestamente estaban confirmadas.

Una gran parte de la base de otros años se mantenía, pero si esa estructura no es fiable, como se ha demostrado, no hay posibilidad de crecimiento y el salto de calidad que se busca se convierte en un salto al vacío. Con todo y obligando a que cualquier detalle tenga un análisis futbolístico, el responsable máximo es uno, aquél que no consiguió dar al equipo las pautas, la regularidad, el equilibrio y el salto diferencial que necesitaba este proyecto con incógnitas pero, también, con una buena y rentabilizada base que no ha sabido repetir sus expectativas.

Un descenso anunciado desde hace muchos meses

Cuando un equipo deportivo, da igual la disciplina que practique, desciende de categoría en una competición liguera, no lo es por casualidad pues se lo ha ido ganando a lo largo de toda una temporada. Este es el caso del Real Valladolid. Normalmente cuando esto ocurre, es debido a varios factores y no sólo a errores arbitrales que éstos últimos pueden costarte la pérdida de algún partido simplemente.

Uno de los factores que sí pueden condenarte al descenso es la nefasta gestión directiva porque el equipo puede estar en manos de un presidente y de una  junta  sin escrúpulos, sin conocimientos y que sólo buscan medrar y enriquecerse en poco tiempo o blanquear dinero. En España, todos sabemos que en ciertos clubs han aparecido magnates de estas características que han hundido no sólo deportiva sino también económicamente a ciertos equipos de Primera y segunda división. El Pucela, afortunadamente, no es uno de esos pues Ronaldo es un hombre del fútbol y con él el club de la ciudad del Pisuerga ha dado – lo necesitaba – un salto cualitativo y cuantitativo. Es más, se ha echado a sus espaldas el legendario club de baloncesto.

La dirección técnica a nivel de despachos ha corrido a cargo de Miguel Ángel Gómez un hombre capaz y honrado que ha hecho todo lo que ha podido en los años que lleva a cargo de la secretaría técnica. Su misión ha sido formar un equipo competitivo acorde a las posibilidades económicas del club, y a mi entender, lo ha conseguido aunque, obviamente, algún jugador no ha alcanzado las expectativas que de él se esperaban. 

Los factores más importante en los éxitos o fracasos de un equipo son los jugadores y los enormes equipos técnicos de la actualidad: entrenador, segundo entrenador, adjunto al entrenador, entrenador de porteros, analistas, recuperadores, fisioterapeutas… Se tiene por costumbre culpar al entrenador de los fracasos y a los jugadores otorgarles el éxito de una temporada. Pienso que no es del todo cierta esta reflexión. El fracaso de esta temporada tiene que repartirse entre jugadores y técnicos, al menos a esa pléyade que se sienta cada semana en el banquillo y se les considera ‘técnicos’.

Como he dicho anteriormente, Miguel Ángel Gómez confeccionó un equipo competitivo. Lo que diríamos en nuestra tierra como «apañadito». Era muy similar a una decena de los que han competido en la misma liga que nosotros. Hemos tenido un equipo muy compensado en todas sus líneas, circunstancia que no siempre ha pasado, incluso compitiendo en LaLiga Santander. Con equipos más limitados técnicamente que éste, hemos hecho campañas muy dignas.

Es más, que yo sepa esta temporada no ha habido ningún jugador que por su comportamiento fuera del terreno de juego, desestabilizara al resto de la plantilla y al cuerpo técnico. A nadie se le escapa entonces que el problema ha estado en el banquillo. Ronaldo confirmó a Sergio y sus motivos tendría. El entrenador contaba con el aval de un ascenso y tres temporadas en la misma categoría, aunque esta es mejor olvidar. Eso nadie lo puede discutir.

Ciertamente todo en esta vida tiene un límite y una duración. Las tácticas y técnicas que se empleaban en los siglos XIX y XX ya no se emplean ni en los terrenos de operaciones ni en los terrenos de juego de ningún deporte. Los medios tampoco son los mismos. El equipo, a mi entender, estaba roto anímicamente desde el mes de marzo. Sin moral ni voluntad de vencer no se puede salir a competir a ningún terreno de juego. La cara de los jugadores ante la adversidad era el reflejo de su corazón. La actitud del entrenador fundamentalmente y la de ciertos jugadores en los últimos partidos ha sido decepcionante, impropia de unos profesionales de Primera.

Ausencia de trabajo
Si a la falta de fe en la victoria unes una manifiesta falta de preparación táctica, no hay duda: el adversario que conoce tu debilidad, te machaca y te vence aunque sea in extremis. ¿Cuántos partidos hemos perdido por los mismos errores tácticos?
Los errores tácticos a que me refiero entre otros muchos han sido: pérdidas continuas de balón en la frontal del área, errores de marcajes dentro del área, contraataques del adversario sin prevenir, ausencia de flexibilidad en los planteamientos de los partidos, falta de motivación en los jugadores…

Estos lances del juego, hoy día con tanto vídeo, tanto analista y tanto ojeador tienen que ensayarse hasta la saciedad así como los puntos débiles del adversario. Por lo visto, en los Campos Anexos, o no se ensayaban o se ensayaban muy poco porque los errores han sido continuos y de la misma identidad. Creo que con todo lo expuesto anteriormente he dejado claro quién es el culpable principal de este descenso y quiénes son los secundarios. El descenso se empezó a fraguar hace ya unos meses.

Espero que el pozo deportivo que es LaLiga SmartBank no atrape indefinidamente al Real Valladolid y lo hunda tanto deportiva como económicamente. La amargura y el desencanto que ha sufrido la afición esta temporada y en especial tras los últimos y vergonzosos encuentros debe transformarse la próxima temporada en alegría y esperanza. No será fácil. La ilusión de todos los blanquivioleta es volver a ver a nuestro Pucela muy pronto en el sitio que por historia le corresponde: la Primera división del fútbol español. 

El Real Valladolid no se gestiona como el Real Madrid

El Real Valladolid 2020/2021 ya es historia. Sin Sergio González ni Miguel Ángel Gómez en el Estadio José Zorrilla, desde el Club se mira al futuro y a la campaña 2021/2022. Ronaldo Nazário ya está centrado en ella pero antes ha tenido que repasar lo vivido en los últimos meses y, por ello, ha sido cuestionado en profundidad en la rueda de prensa que ha realizado este lunes. Superando los 40 minutos de exposición, el máximo accionista pucelano se ha sentido incómodo ante muchas de las preguntas.

Poco acostumbrado a responder como presidente del Real Valladolid y sí a hacerlo como el delantero y la leyenda que fue, Ronaldo Nazário no ha ofrecido las respuestas ni los argumentos que el momento pedía. Una de las principales cuestiones a las que el brasileño debía responder era la continuidad de Sergio González. Confesando que fue una «decisión» suya, Ronaldo no ha argumento, dentro de las necesidades que tiene un Club como el Real Valladolid, por qué decidió seguir con el entrenador catalán y condenar, en su gran mayoría, al equipo al descenso.

Hablando de unas estadísticas que no se sostienen y que en ningún caso defienden la decisión tomada, sí que es cierto que me ha gustado escuchar la voz de un «hombre de fútbol». Así se define a Ronaldo porque así lo es y es importante el uso que haga de su experiencia para liderar el Real Valladolid. Con sus muchos años en el fútbol español, su voz es autorizada aunque, en este caso, no tenga el enfoque necesario.

Doble reflexión
Él decidió que Sergio terminara la temporada. Es un peaje importante y un coste que, muy posiblemente, ha llevado al equipo a Segunda pero, con todo, Ronaldo debe saber que su experiencia en temas así no siempre es válida porque él nunca jugó en un club como el Real Valladolid y él jamás compitió por los objetivos del Real Valladolid. El peso, la relevancia y la gestión de un entrenador en el mundo blanquivioleta nada tiene que ver con uno en el Real Madrid. Absolutamente nada.

Ya fuera por inexperiencia o por querer llevar una gestión que una entidad como el Pucela no debe llevar, Ronaldo protagoniza el primer fracaso desde su llegada al Real Valladolid. Él mantuvo a Sergio pese a todas las voces que le pedían cambio y, ahora, él debe reflexionar sobre la decisión y sobre la gestión deportiva que quiere implantar para un Club como el suyo.

El Real Valladolid hace suya la incapacidad de Sergio

El Real Valladolid es equipo de LaLiga SmartBank y el Club ha movido pieza con rapidez. Con el resultado de la temporada en la mano, Ronaldo Nazário ha tomado decisiones y ha decidido prescindir de Sergio González como entrenador y de Miguel Angel Gómez como director deportivo. Tanto una como otra, aunque sea por diferentes motivos, me parecen decisiones tardías. Creyendo que el catalán debió salir del Estadio José Zorrilla antes, entiendo que la salida del líder de una dirección deportiva debe realizarse mucho antes de finales del mes de mayo ya que su trabajo es igual con un resultado u otro.

Entendiendo y señalando cuál es la parte de responsabilidad de cada uno de los protagonistas, el problema del Real Valladolid con esta doble medida es importante. La entidad blanquivioleta toma la decisión en relación al resultado, como Sergio ha hecho esta temporada con la lectura de sus partidos. En más de una ocasión, el ya exentrenador blanquivioleta demostraba en el terreno de juego que él actuaba y entendía el partido desde el marcador.

En el empate (1-1) ante el Cádiz CF, por ejemplo, Sergio confirmó que antes del tanto de Juan Cala «no había pasado nada» y es cierto. Según su visión, el partido estaba igual. Mirando al marcador, el paso por los vestuarios no cambió nada aunque, realmente, lo había variado todo. El equipo gaditano estaba mucho mejor que los blanquivioleta y el gol estaba muy cerca pero él no movió el banquillo ni su idea hasta que no llegó el tanto visitante.

Extrapolando el movimiento, el Real Valladolid ha decidido actuar igual y ha hecho suya la incapacidad del catalán para tomar el control y cambiar la situación. Pese a que la dinámica del equipo era la de llegar a Segunda división si nada se cambiaba, el Club sólo ha actuado tras saber el resultado final de la temporada. Viendo al equipo con sus huesos en Segunda división, Miguel Ángel Gómez y Sergio González sobran. La decisión es, en parte, lógica pero, en su mayoría, ridícula. No por merecida, éste sea el momento.

Ronaldo Nazário
No comprendo las prisas por tomar una decisión que el Club pedía desde hace semanas y que se negó hasta la saciedad y que, ahora, con el resultado se apresura a tomar. Sin ese tiempo de luto que Sergio González siempre pide, el Real Valladolid ha roto con lo establecido y me resulta triste. Lo es porque nunca comprenderé tomar decisiones por un resultado. Son ellos los que marcan el devenir de los equipos pero las entidades están obligadas a entender, a analizar y a crear los caminos que llevan a él.

Por todo y pese a que un fracaso como un descenso se cobre muchas víctimas, la realidad pucelana debía llevar otros tiempos. Ahora y durante la recién terminada temporada. Comprendo que haya que cambiar el rumbo pero no entenderé nunca que el rumbo sólo se haya querido variar tras el descenso y no en el proceso innegable que iba a llevar al Real Valladolid a LaLiga SmartBank. Un profesional del fútbol entiende que este juego se decide por los procesos, su comprensión y las decisiones que se tomen sobre ellos y, ahí, el Real Valladolid de Ronaldo Nazário y Ronaldo Nazário con el Real Valladolid han estado tan lentos como perdidos.

Tras el luto siempre llegan el enfado y las preguntas

La temporada 2020/2021 nunca se debe olvidar. Cerrarla ha sido una liberación, sí, pero no por ello se debe dejar atrás todo lo que ha generado la pérdida de categoría. El Real Valladolid desciende de forma merecida y lo hizo antes de que el Atlético de Madrid fuera campeón. La visita colchonera certificó el descenso pero la pérdida de categoría llegó con la derrota (4-1) ante la Real Sociedad o, quizás y tal y como dijo Sergio González, tras perder (3-0) en el Estadio de Mestalla.

Que el Pucela vaya a jugar en LaLiga SmartBank era una realidad asumida desde hace, como poco, una semana y, por ello, no es momento de tener luto, tal y como pide Sergio González. El mundo blanquivioleta está, ahora, en un momento de enfado y preguntas. Tras asumir que la realidad iba a ser otra de la esperada, el dolor y la decepción han tornado en una semana en enfado y, sobre todo, en múltiples preguntas.

¿Por qué Sergio González ha terminado la temporada? ¿Por qué nadie se ha atrevido a tomar las decisiones que pedía la situación? ¿Por qué ningún jugador de este equipo ha estado al nivel esperado o lo que es, peor, al nivel mostrado? ¿Por qué? ¿Por qué ¿Por qué? Las preguntas se suceden en el mundo blanquivioleta porque éste es un descenso que duele mucho. La historia reciente del equipo vallisoletano hace pensar y ver siempre el descenso como una posible realidad pero nunca desde los registros que se han firmado esta temporada.

Formas y formas
Es imperdonable tener a un equipo que sólo haya sumado 31 puntos, es intolerable que el Real Valladolid haya ganado sólo cinco partidos y, con todo, es incomprensible que los blanquivioleta marcaran un camino hacia Segunda y nadie, absolutamente nadie, tomara las riendas de la situación. Así, el enfado crece y las preguntas se acumulan en un momento que hace ya unas jornadas dejó de ser de luto porque el descenso ya era una realidad palpable.