Ejemplo: Un error fubolístico que define la falta de ideas

El Real Valladolid caía con merecimiento (1-0) este viernes ante el Deportivo Alavés en un encuentro en el que los pucelanos fueron inferiores a los vitorianos, un rival directo, en todo. Los blanquivioleta no estuvieron a la altura del duelo ni, como diría Sergio, en la «frecuencia» del rival ni de un partido relevante. El Pucela no supo rendir en el duelo pero, además, no supo responder a las exigencias que se fue encontrando. El encuentro en el Estadio de Mendizorroza fue muy pobre y lo fue, también, futbolísticamente hablando.

Pese a que la comparecencia de Sergio González estuvo muy centrada en el contexto ambiental y psicológico del equipo, la realidad, también, mira a un equipo que a nivel de juego estuvo muy lejos de poder ofrecer respuestas y soluciones. Para mí, hay un detalle capital a la hora de entender por qué el equipo fue inferior al rival y fue en los segundos que van tras el robo de balón. El Deportivo Alavés tampoco estuvo muy fino en el encuentro y, sobre todo, en los primeros 45 minutos.

En la primera parte se vio a un rival dubitativo. Tanto él como su entrenador estaban con mucha ansiedad. Muy nerviosos. Se notaba en la asimilación del error y de las decisiones del árbitro pero, también, en saber encontrar los huecos en el ataque rival. El Alavés no sabía meter mano a la débil defensa blanquivioleta pero tampoco le generaba mucho problemas porque tras la pérdida, el Pucela no generaba nada. No cosquillas.

Sin acierto, intención
La falta de ideas del Real Valladolid era tal que tras el robo de balón, la posesión apenas duraba unos segundos. Sin desmarques ni movimientos de apoyo, los de Sergio González no tenían salida y el dominio no dejaba de ser del Deportivo Alavés porque el Pucela no conseguía sacudirse la superioridad que los de Abelardo generaban en intención y claridad. Lejos de acierto, los vitorianos tuvieron propuesta, todo lo contrario de un Pucela roto en Mendizorroza en todos los conceptos, incluido, obviamente, el futbolístico.

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Gravedad y preocupación; Preocupación y gravedad

Es todo y es nada. La gravedad del Real Valladolid es todo lo que deja el equipo y la preocupación es ver que el equipo no consigue nada. La preocupación de ver que el Pucela sigue en declive no supera la gravedad de una situación que ha generado que Sergio González señale a los jugadores de una forma tan radical como final. El Real Valladolid en Vitoria tocó fondo. A nivel de imagen y fútbol, este equipo con este entrenador dio un paso más a su final. No fue capaz de ofrecer nada y sucumbió en un marcador ajustado pero en una imagen lamentable.

Cuando a este equipo no lo salva ni el discurso de su entrenador, el problema es muy grande porque, a la vez, las soluciones son pocas. Pese a que el entrenador catalán afrontase el duelo buscando «sensaciones» cuando, realmente, el Real Valladolid necesitaba credibilidad, convicción y respuestas, los 90 minutos dejaron a un Pucela con problemas en todas las facetas. Pese a que el blanquivioleta sea un problema de convencimiento y de no comprar el discurso del entrenador, el Pucela tiene, obviamente, un problema de juego. Aunque éste sea un equipo sin respuesta y esa limitación sea analizada por la personalidad del grupo, el equipo tiene una limitación de trabajo importante.

Después de 22 jornadas, el Pucela no ha ofrecido regularidad, consistencia ni aprovechamiento de las oportunidades. El equipo no ha estado en situación de sacar todo su rendimiento y eso es responsabilidad del entrenador. No es cuestión de que los rivales te hagan estar dentro o fuera de la zona de descenso. La realidad es que el equipo está mal y que toca fondo cada jornada. Perder (1-3) ante la Sociedad Deportiva Huesca fue un mazazo incalculable que ha quedado menosprecido una semana después al ver a un Real Valladolid muerto.

Esa sensación de que lo que viene es peor ha estado acompañando al Real Valladolid en las últimas semanas. La mala imagen en la derrota (0-1) ante el Valencia CF fue el inicio pero, posteriormente, se fue ampliando. En el empate (2-2) ante el Elche CF se vio un Pucela débil. En Copa del Rey no fue diferente y los pucelanos fueron eliminados (2-4) con merecimiento. El equipo ha ido perdiendo fuerza y lo ha hecho mientras sus preocupaciones crecían a la par que la gravedad de la situación.

Problemas graves y preocupantes
El Real Valladolid lleva noqueado semanas pero Sergio ha querido enmascarar la realidad con un discurso tan alejado de la realidad como innecesario. Sólo él quería hacer ver que la situación no era como es. Lo preocupante de la décima derrota no es que llegue es que, como ocurrió ante la SD Huesca, no sorprenda. No llama la atención que el Real Valladolid caiga en estos partidos ni, tampoco, que lo haga como lo ha hecho.

Superado, ridiculizado y bloqueado, este Real Valladolid analiza su realidad entre problemas y preocupación. Todos ellos con un tinte de gravedad absoluto que se lleva por delante cualquier posibilidad de creencia. Actualmente, no creo ni en la plantilla. Ésta ha roto con su entrenador y ambos se la han jugado en un momento de la temporada en la que los números son elocuentes. Dos puntos en cinco duelos ante rivales directos, en tres duelos en Zorrilla y en tres partidos en los que los rivales empezaban el duelo por debajo del Pucela en la tabla muestran las carencias, la falta de ideas y la ausencia de fútbol en un equipo con problemas tan graves como preocupantes.

Sergio González sólo quiere seguir siendo entrenador

Escuchada y vista, hasta en dos ocasiones, la rueda de prensa de Sergio González tras la derrota (1-0) ante el Deportivo Alavés, la sensación es clara: se ve fuera del Real Valladolid por su vestuario y por sus jugadores. Por los motivos que sean, el entrenador blanquivioleta sabe que ya no es el líder del equipo blanquivioleta y que su camino se ha cerrado. Él ya no es lo que necesita el equipo y, en la fase de asimilación, ha roto con el vestuario, la parte a la que más fuerza ha dado desde su llegada a Valladolid. Antes de asumir su responsabilidad, que lo hará como «hombre de fútbol» que es, se considera y se define, el entrenador ha querido ofrecerse como una víctima.

Es muy importante entender que las declaraciones de Sergio llegan tras un nuevo golpe en el terreno de juego. El factor caliente es válido pero, como ha asegurada @AlberCuesta17, la comparecencia estaba «ultra pensada». Algo ha ocurrido durante la semana o en las últimas jornadas en el día a día del Real Valladolid que ha hecho que Sergio vea que el equipo no está con él. Mencionando tantos barcos como se hace en el entorno del Estadio José Zorrilla en las últimas semanas, la gestión blanquivioleta ha hecho aguas y Sergio, antes de permitir que se mojase su imagen, la ha metido en un bote salvavidas.

El catalán es entrenador de fútbol antes que del Real Valladolid. Pese a que parezca que el catalán debe más al mundo blanquivioleta por los dos años y medio de pucelano que un aficionado por 20 años de fidelidad, Sergio, como cualquiera, mirará por él y su futuro y es lo que el catalán hizo en la sala de prensa de Vitoria. El aún blanquivioleta ve el final de su etapa en Zorrilla cerca y quiere que todo le salpique lo mínimo posible. Él quiere seguir entrenando. Lejos, quizás, de que cualquier análisis consiga mostrar cuál es el problema pucelano, la realidad de la rueda de prensa de Sergio González en el Estadio de Mendizorroza es la de un entrenador superado que ha roto con su vestuario.

Sergio, consciente
Sus declaraciones quieren señalar a los jugadores, a su compromiso con él y con el Club. Sergio González ha responsabilizado a sus futbolistas de todo en una comparecencia que hace que su continuidad sea imposible. Es inviable que el catalán pueda seguir en el Estadio José Zorrilla tras lo asegurado después de la décima derrota de la temporada. Él es consciente y pese a que pueda rectificar, el catalán saldrá de Valladolid más pronto que tarde y su intención es hacerlo manchado con la menos sangre posible del destrozo que se quedará en Zorrilla, su casa en los dos últimos años y medio. No más.

Sergio González: Nunca digas nunca con este declive

El Real Valladolid, en voz de David Espinar y Miguel Ángel Gómez, portavoz institucional y deportivo, respectivamente, del Club, anunciaron este martes que la entidad confía al 100% en Sergio González y que el catalán iba a estar, sin duda, pasase lo que pasase en Vitoria y que terminará la temporada «seguro». La seguridad era sorprendente al ver que los blanquivioleta pierden y pierden y tras demostrar que no tienen soluciones porque no consiguen poner freno a esos problemas que se están haciendo endémicos.

Creyendo que la ratificación es el primer paso para la destitución y seguro de que lo que se vivió esta semana en el Estadio José Zorrilla era lo normal y lo que desde el Club se debía vender, entiendo que lo transmitido no era lo que el Real Valladolid siente porque, sinceramente, lo visto ante el Deportivo Alavés no fue sorprendente. El mal partido blanquivioleta en el Estadio de Mendizorroza fue la continuidad de una dinámica de un equipo roto y al que sólo le negaba la realidad y problemas el discurso de su entrenador.

Pese a que Sergio González aceptaba las críticas un viernes y las rechazaba categóricamente el miércoles siguiente, las dos últimas comparecencias del catalán tras los partidos han mostrado a un entrenador tan enfadado como triste y decepcionado. Él sabe que su discurso no llega a los jugadores y que el Real Valladolid necesita un importante cambio de tendencia que él, incluso, no puede ofrecer. Sergio, por lo conseguido y por la memoria, se merece tener crédito ilimitado pero la situación, no. En absoluto.

Un Real Valladolid bloqueado
El equipo está en declive total y no por una falta de opciones sino de confianza y fútbol. No es sólo cuestión de los nuevos. Rubén Alcaraz y Joaquín Fernández son una sombra de lo que fueron. Aún recuerdo con estupor el partido que el Real Valladolid de Juan Ignacio Martínez firmó en el Estadio de Los Cármenes. Aquel 10 de enero de 2014, los pucelanos estuvieron impotentes en un duelo directo. Más allá del lamentable resultado (4-0), recuerdo una secuencia en la que Zakarya Bergdich quiso poner un centro y no tener la claridad ni fuerza para ponerlo. No tengo grabados cuántos fueron sus intentos pero sí sé con seguridad que no fueron ni uno ni dos.

Aquel Pucela estaba muy tocado. Estaba «enfermito» como dijo su entrenador, pero éste es diferente. El actual Real Valladolid no está enfermo. Está bloqueado. No encuentra soluciones y es por ello por lo que debía ir a Vitoria buscando mucho más que «sensaciones». Sergio las quería pero el equipo necesitaba mucho más. Así, asegurar que Sergio va a acabar la temporada «seguro» en el Real Valladolid es un error.

No es una cuestión por la figura de Sergio y sí por la realidad de un equipo que semana tras semana genera peores «sensaciones» pero, sobre todo, peor fútbol, peores respuestas y menos claridad. El Pucela está bloqueado. ¿Por qué? Eso daría para dos o tres artículos más que espero tener esta semana. Los firmaré con mayor frialdad y tras digerir el nuevo revés que ha sufrido el equipo y un Sergio tan ratificado como debilitado, algo que él se ha encargado de remarcar en su rueda de prensa.

Sergio no sólo puede buscar «sensaciones» en Vitoria

Sergio González sabe que la situación del Real Valladolid es complicada pero el catalán está confiado. Lo está de cara al importante encuentro ante el Deportivo Alavés y, también, tras lo conseguido por el equipo en la temporada. Recordando que estáN fuera de la zona de descenso en varias ocasiones de su comparecencia previa a la visita pucelana a Vitoria, el preparador catalán ha dejado atrás la dolorosa derrota (1-3) ante la Sociedad Deportiva Huesca y se ha centrado en el futuro más a corto plazo.

Pese a que pide que se valoren más las cuatro victorias del equipo y, sobre todo, la situación clasificatoria, el entrenador catalán sabe que lo que se va a vivir en el Estadio de Mendizorroza es determinante y crucial. Por ello, deja atrás cualquier análisis y bloque de partidos y se centra al 100% en lo que se va a vivir ante el conjunto de Abelardo Fernández. El duelo de Vitoria es necesario en todos los aspectos. La demanda blanquivioleta es completa. Si bien Sergio la centra en «sensaciones», los pucelanos llegarán a este encuentro pidiendo y necesitando mucho.

Puntos, imagen, rendimiento… y sensaciones. El Real Valladolid debe conseguir mucho porque llega con el agua al cuello. Tal es el agobio que la clasificación queda en un segundo plano cuando el equipo llega a un duelo como éste con la mala dinámica de las últimas semanas. No es cuestión de haber acumulado dos puntos de 12 posibles ante rivales directos o sumar una victoria en los últimos ocho partidos. El problema pucelano es una cuestión de números y de juego. El equipo está bloqueado y sin respuestas. Nada hace presagiar un cambio, ciertamente, y la comparecencia de Sergio González antes de la vigésimosegunda jornada, tampoco.

Si tras el partido ante la Sociedad Deportiva Huesca y preso de una enfado mayúsculo, Sergio aseguró que iba a «aceptar» todas las críticas que se produjeran, su visión fría le llevó este miércoles a rechazar ciertos análisis y cuestiones y seguir mirando a lo poco conseguido y al rédito que a éste se le puede sacar. El Real Valladolid con todo lo que ha vivido en los últimos cuatro partidos no debe estar orgulloso ni, por supuesto, puede bloquear las críticas. Una visión «autocrítica», como pregona el entrenador, no se puede quedar con que las segundas partes ante el Valencia CF y ante el Elche CF fueron «buenas» y que el análisis se fija demasiado en la derrota ante la SD Huesca.

Desde la «fortaleza defensiva»
El crecimiento y la exigencia se deben centrar en ver mejorar al equipo y no en querer conformarse con lo conseguido. Los de Sergio González están en una situación delicada, pero no límite. Vitoria y cómo afronte el equipo este partido, puede dejar la situación como final. Creo que es casi más importante ver cómo afronta el equipo el partido que el resultado que el Pucela obtenga en él. El Real Valladolid debe responder y se debe exigir el máximo. Tiene que hacerlo en un partido en el que Sergio quiere recuperar la «fortaleza defensiva» pero en el que, como dijo Miguel Ángel Gómez, el Real Valladolid debe tener «actitud e intensidad ante la adversidad». Sin ella es imposible cualquier objetivo.

Desde ese convencimiento, intensidad, intención y capacidad de respuesta, el Real Valladolid firmará un buen partido y lo hará buscando «estar agresivos, juntos, compactos»  para «sacar el fútbol que tenemos». Sergio cree que debemos «ser fiables y estar convencidos de lo que vamos a hacer en la parcela defensiva» y, después de una nueva división del juego,  «tener capacidad» con el balón. Siempre desde la «concentración» de un equipo que debe recuperar mucho más que «sensaciones» porque estas se demandan tras un golpe pero no tras una situación como ésta.

Perdidos: El atajo que quiso utilizar Sergio González

Fue una lástima y un tremendo error que Sergio González va a lamentar. La comparecencia del entrenador catalán previa a la visita ante la Sociedad Deportiva Huesca fue el inicio del fin de su etapa en el Estadio José Zorrilla. Pasados ya 10 días desde aquella comparecencia, mi pregunta sigue siendo la misma: ¿Por qué? Sigo sin entender qué le llevo a esa comparecencia, a ese cambio de guión, a esa variación de expectativas y a esa innecesaria versión resultadista.

No es sólo una cuestión personal sino de la identidad que necesita cualquier equipo. Creo que Sergio pensó que el cómo y el qué iban separados cuando, en realidad, sabe que están muy unidos. No es cuestión de hacerlo «bien» o «bonito» es cuestión de hacerlo de forma regular, constante y segura. El Real Valladolid en las primeras cinco jornadas tenía dos de estos tres términos pero verse colista, derrumbó a Sergio. La temporada pasada, tras la salvación, el catalán sacó pecho después de que el equipo no hubiese estado nunca en zona de descenso. Uno de sus principales baluartes se había caído muy pronto y el ex líder de el equipo se derrumbó.

Viéndose en esa zona peligrosa, en lugar de ser consecuente y creer en su trabajo, el camino más costoso pero, quizás, no el más largo, Sergio quiso hacer lo más sencillo, que no siempre es lo mejor. Atajó y se equivocó. Quiso ver en una victoria la solución a todos los problemas y lo que ha conseguido es romper al grupo y su posible evolución. El Real Valladolid está descentrado y lo demuestran sus dos últimos partidos. Ante la Sociedad Deportiva Huesca y el Deportivo Alavés, el Pucela ha sido el peor de todo el año y, posiblemente, el peor de la etapa de Sergio.

Rota la calculadora…
Sin identidad, sin respuestas, sin fuerza y sin credibilidad, el Real Valladolid de Sergio tocó fondo ante el Deportivo Alavés. El daño de la derrota (1-2) ante la Sociedad Deportivo Éibar es irreparable porque Sergio no tiene margen de puntos ni respuestas. Siendo un entrenador que siempre se ha manejado bien con calculadora, la última visita de José Luis Mendilibar al Estadio de Zorrilla rompió al Pucela. No de inmediato pero sí tras la mala gestión de después.

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Sergio ha perdido al Real Valladolid con tanto «reseteo»

La derrota (1-2) ante la Sociedad Deportiva Éibar hizo mucho daño al Real Valladolid. Muchísimo. El equipo de Sergio González se rompió en el encuentro ante los de José Luis Mendilibar. La tendencia era evolutiva en las primeras cinco jornadas pero ese gol de Kevin Rodrigues en el minuto 90 rompió los esquemas de Sergio González que, directamente, ha perdido el rumbo. Nervioso al verse colista, el entrenador del Real Valladolid ha querido tocar todo para ganar pero no ha dado con la tecla idónea. Entre cambios de ideas y de jugadores, el Pucela ha perdido la estela que parecía tener.

Aludiendo a un término muy utilizado por el entrenador en sus comparecencias de prensa, el Real Valladolid se ha centrado tanto en «resetear» que ha perdido su sustento. Queriendo olvidar lo hecho mal e, incluso, perdiendo la lógica de los cambios planteados al verse en el puesto de colista, Sergio ha perdido el rumbo. Ya no es el líder que del equipo y, a la vez, no es el perfil de entrenador que necesitan los blanquivioleta. En los primeros partidos de la temporada mencionados, el equipo tenía una evolución. Era lenta peros constante. Sólo faltaba trabajo. El problema estuvo en la previa del duelo ante la Sociedad Deportiva Huesca y en la gestión del duelo en el Estadio de El Alcoraz y ante el Deportivo Alavés.

En los últimos 180 minutos de juego, el Real Valladolid no ha tenido rigor ni estabilidad. Desde la sensación de que Jordi Masip vaya a ser el portero titular en Huesca y que, en el último momento, sea Roberto Jiménez. Éste es sólo un punto más. La titularidad este domingo de Saidy Janko, el momento que vive Pablo Hervías o la titularidad y posterior suplencia de Waldo Rubio tras asumir el peso de un penalti sabiendo lo que suponía en el vestuario. El Real Valladolid deja en las últimas semanas un importante aroma a improvisación que preocupa y que se demuestra con la mala dinámica y la caída del equipo en los dos últimos partidos.

El reflejo del equipo
El equipo no estuvo mal en los primeros 30 minutos ante la Sociedad Deportiva Éibar. Al revés. Mejoró parte de lo que venía haciendo, pero perdió. Ese golpe fue muy duro para Sergio que ha perdido todos sus credenciales. Hablar del entrenador del Real Valladolid actualmente es hacerlo de un preparador perdido en sus decisióones y medidas. No sabe qué quiere ni cómo puede devolver al equipo a su equilibrio o al nuevo margen que demanda el vestuario. El Real Valladolid ha cavado una pequeña tumba en los dos últimos partidos por la ilógica con la que su entrenador ha vendido y ha gestionado la situación.

Hablando de un «reseteo» semanal después de cualquier resultado negativo, lo lógico es ver al Real Valladolid de Huesca y ante el Deportivo Alavés. Dejando a un lado la digna imagen blanquivioleta en los primeros 20 minutos de partido de este domingo, la respuesta posterior es la misma de aquel equipo que en una «final» no sabe gestionar una renta de dos goles ni durante 60 segundos. Este Real Valladolid estaba muy capacitado para crecer desde el progreso medido y la evolución controlada. Cambiadas las expectativas, las exigencias y las obligaciones, el equipo está, futbolísticamente, tan roto, debilitado y perdido como su entrenador, aquél que ya ve muy lejos el objetivo global de la temporada. Lógico.

Rotos en Zorrilla: Sin líder y hundidos individualmente

¿De lo individual a lo grupal o de lo grupal a lo individual? Cada situación futbolística tiene unos contextos diferentes pero, actualmente, el Real Valladolid está mal en ambos. Los pucelanos no funcionan como grupo pero, tampoco, hay nadie que destaque sobre el resto y al que se le pueda encomendar un cambio de guión. Perdidos aún por la injustificada variación que Sergio González dio en la rueda de prensa previa a la visita a la Sociedad Deportiva Huesca, el Pucela está hundido.

El Real Valladolid no sabe qué quiere. No consigue encontrar su punto de equilibrio y ahora no tiene nada a lo que agarrarse. Antes de esa fatídica comparecencia de Sergio en la que el entrenador catalán descentró los focos y los puntos del equipo, el análisis tenía una base sobre la que tener una visión positiva. Hasta en la derrota (2-0) ante el Real Betis, los blanquivioleta mostraron algo. En el Estadio de El Alcoraz y ante el Deportivo Alavés, el Pucela no ha tenido nada. Nada de nada. No hay nada que llevase a la boca ni a la esperanza porque el equipo está totalmente roto y hundido.

Siempre he creído que cualquier grupo, ya sea deportivo, laboral o social, es lo que quiere ser su líder. El epicentro de este Real Valladolid había sido en los dos últimos años su entrenador. Con el aura del ascenso conseguido en el año 2018, Sergio era el que marcaba el camino. Gustaba o no pero el equipo creía y nunca se mostró tan roto y debilitado como en este encuentro ante el Alavés. Los jugadores nunca mostraron la sensación de derrotados que sí tuvieron en los 30 últimos minutos de este domingo. Ellos no dejaron detalles de saber, tampoco de confiar y, ni mucho menos, de buscar. Los jugadores estaban con los brazos bajados mucho antes del segundo gol vitoriano.

Un líder perdido
El marcador, aquél al que se quería mirar tanto en la previa ante la Sociedad Deportiva Huesca, señalaba una distancia de sólo un gol pero el equipo no tenía respuestas para afrontarlo, lo que, obviamente, mira a su entrenador. La imagen era mucho peor que el de una derrota por la mínima. Un equipo largo, sin movimientos y en el que nadie pedía el balón ni lo buscaba, no entendía muchas de las claves del partido. El Real Valladolid no tenía respuestas, como tampoco parecía ofrecerlas un Sergio González presente en el área técnica pero impasible a todo lo que iba ocurriendo sobre el terreno de juego. Él, como líder, era el primer derrotado y lo transmitía a unos jugadores más rotos que nunca.

La clave de saber que el partido durará los 90 minutos

El Real Valladolid recibe este domingo al Deportivo Alavés en un encuentro muy importante para los pucelanos. Los de Sergio González tienen necesidad de ganar pero, también, de convencerse. Deben conseguir un punto de inflexión pero no sólo sobre resultados. El Pucela tiene que mostrar un camino, una confianza y una seguridad que son necesarias para mirar más allá de un resultado. Sin alegrías en los primeros seis partidos, Sergio González y los suyos deben conseguir una victoria pero, sobre todo, una idea y una razón para creer más allá de un marcador.

La situación no es fácil y las exigencias son muy altas. Considerando aún que el Real Valladolid no está capacitado para jugar finales, como tampoco lo está su entrenador, la lectura que se debe hacer del duelo ante el Deportivo Alavés es de un encuentro largo, con exigencia a medio plazo y lectura sosegada. En el empate (2-2) en el Estadio de El Alcoraz, el Pucela dejó más detalles negativos que positivos. Los pucelanos se marcharon de Huesca con la sensación de derrota porque no supieron afrontar los 90 minutos del duelo y, nuevamente, un golpe del rival resultó mortal.

El Pucela no está hecho aún para asumir su parte de debilidad. Le cuesta sacar partido a sus fortalezas y paga en excesos sus errores. No es un equipo hecho y sí un conjunto capaz de perder una renta de dos goles pero, a la vez, exigirse en voz de su entrenador ganar finales. Un encuentro definitivo exige unas credenciales que el Pucela no tiene actualmente. Los blanquivioleta deben mejorar y deben crecer desde la competición y es ésta la que, ahora, les pide jugar un partido de 90 minutos.

Parece una redundancia pero es la realidad sobre un equipo que debe intentar mejorar sus prestaciones en el tiempo. Desde el primer día, y salvo en el duelo ante la Sociedad Deportiva Huesca, el Pucela ha dejado detalles e ideas en todas sus participaciones. En el empate (1-1) ante la Real Sociedad o en la derrota (1-0) ante el Real Madrid, por ejemplo, los de Sergio González ofrecieron credenciales. No consiguieron obtener resultado de ellas, es cierto, pero sí que hicieron fracciones de juego ilusionantes. Supieron jugar y proponer, pero no sufrir y ahí está el problema.

Desde la competición
Sin hechuras aún para golpes, tal y como aseguró Sergio González en la previa a la visita del Deportivo Alavés al Estadio José Zorrilla, el Real Valladolid debe crecer en la competición y en los tiempos de juego. Por ello, y sabiendo que el aspecto mental es capital para el cuerpo técnico, una de las grandes claves del partido ante los de Pablo Machín pasa por leer los 90 minutos de juego. Esa capacidad de sufrimiento que necesita cualquier equipo y que en temporadas pasadas sí ha tenido el Real Valladolid ha desaparecido.

Sin ella, el Real Valladolid no termina de saber rendir ni competir en los partidos, costándole sacar rédito a lo que sí hace bien y pagando aquello que hace mal. Así, no se le puede exigir ganar finales pero sí un crecimiento que lleva a la victoria y a la mejora. Todo, porque no es cuestión de ganar un partido y sí la exigencia de ganar varios. Ahí es dónde está el famoso cómo antes del qué, aunque no tienen por qué ir separados.