El arma de doble filo de unas rotaciones tan radicales

«Vamos a cambiar al equipo entero», narró José Rojo, Pacheta, en la previa al estreno copero ante el CD Marchamalo. El entrenador burgalés quería dar una oportunidad a la segunda unidad del equipo y confirmó que las rotaciones iban a ser totales, como así fue. La obsesión por tener a todos los jugadores en dinámica y con la motivación necesaria para la competición hizo que Pacheta sacara a ciertos jugadores de puesto para cambiar los 11 futbolistas. En Marchamalo no quedaba absolutamente nada del equipo que ganó (2-0) al Fútbol Club Cartagena y, claro, al equipo le costó mucho.

No es cuestión de liberar de presión al equipo ni limar un ápice al mal encuentro pucelano en tierras alcarreñas, pero sí que hay que entender el arma de doble filo que generan rotaciones como estas. Centrándome sólo en el once titular del Real Valladolid, éste ofrecía los primeros minutos de un jugador que sale de una lesión de larga duración y un importante elenco de jugadores lejos del mejor momento de forma y, por supuesto, del estado de confianza idóneo. Querer dar minutos al mayor número posible de jugadores generó que Kike Pérez o Anuar Tuhami jugaran fuera de puesto. Ilógico y contraproducente.

Creyendo que regalar minutos en una demarcación lejana a la que invita a pensar en el mejor rendimiento de cada jugador es un error, el Real Valladolid estuvo muy condicionado en el duelo. No es excusa, pero sí un condicionante para entender parte del rendimiento pucelano en la primera ronda copera. El equipo no estuvo bien y hay que entender por qué. Descartando opciones que señalen la falta de profesionalidad del equipo o la falta de ambición del grupo, rotar tanto como lo hizo Pacheta es un arma de doble filo, independientemente de la categoría del rival.

Variantes de nivel
Obviamente, los actuales suplentes del Real Valladolid, entre los que están un lateral como Lucas Olaza, un central con la jerarquía de Kiko Olivas, un centrocampista como Rubén Alcaraz, un delantero como Cristo González y dos ex del Promesas como Kike Pérez y Anuar Tuhami, están más que capacitados para superar a un rival de la categoría del CD Marchamalo. No hay dudas de su superioridad pero ésta es una superioridad individual y no colectiva. Esa «fuerza grupal» que Pacheta destaca de su equipo en LaLiga SmartBank ha costado mucho conseguirla. Ha tardado semanas y muchos minutos de juego, uniones, sinergias. Sí, «sinergias».

La debilidad y falta de consistencia que este Real Valladolid tuvo en partidos como ante el Real Zaragoza, Burgos CF o Club Deportivo Tenerife confirman la necesidad de tiempo y de evolución de los estados de forma y de confianza de los jugadores. El mencionado «proceso». El Pucela ha crecido mucho para llegar al estado actual pero, obviamente, sólo lo ha conseguido en LaLiga. Sin querer señalar ni destacar las vitolas de titulares y suplentes entre el equipo, sí que es importante limitar entre el Real Valladolid liguero y el copero y en cómo quiere Pacheta afrontar esta Copa del Rey.

Copa del Rey: La ley del mínimo esfuerzo futbolístico

Superando a un rival de Tercera división de forma solvente y tranquila y eliminando a dos equipos de Segunda división B en la prórroga, siendo una de ellas más que merecida, el Real Valladolid llegaba a los octavos de final de la Copa del Rey para enfrentarse a un rival de LaLiga Santander. El Levante UD visitaba el Estadio José Zorrilla en un duelo que iba a poner a prueba a los jugadores de Sergio González  al propio entrenador para saber si interesaba o no la Copa del Rey. Creyendo que el torneo era una herramienta y no un fin, el Pucela cayó eliminado ante su primera gran exigencia en la confirmación de la ley del mínimo esfuerzo con la que ha convivido este equipo.

Haciendo lo justo e imponiendo la calidad y el mayor ritmo competitivo, los pucelanos superaron al Marbella FC, en una prórroga posiblemente injusta, y a la Peña Deportiva. El Real Valladolid no superó a malagueños e ibicencos por hacer un partido en el que demostró ser mejor sino porque, en el fondo, era mejor. La calidad se impuso en ambos partidos pero no el juego ni la propuesta. Consiguiendo esas clasificaciones, el qué parecía tan importante que nunca se analizó el cómo.

Ese ‘cómo’ era muy pobre y un rival de LaLiga Santander ha confirmado que la ley del mínimo esfuerzo sólo vale para rivales de dos categorías menos. El análisis nunca ha sido el correcto porque los de Sergio González han ido pasando eliminatorias sin una exigencia mayor por el tono de la competición. Las eliminaciones de otros rivales de la categoría hacían pensar que el Pucela estaba consiguiendo éxitos cuando lo que hacía era cumplir con lo mínimo. Dar por excelentes esas clasificaciones fue el problema que tienen, también, los estudiantes mediocres.

El mal estudiante
Aquellos estudiantes que viven con la ley del mínimo esfuerzo viven siempre centrados en que los suspensos de sus compañeros aumentan sus aprobados o disminuyen el dolor de sus malos resultados. Se trata de una conformidad con la que conviven hasta que se llevan un golpe que les devuelve a la realidad. Ese mazazo es un suspenso que obliga a replantearse todo porque los estudios dan una segunda oportunidad que el Pucela no va a tener en Copa del Rey.

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El futuro no siempre va a curar las heridas del pasado

El Real Valladolid recibía al Levante UD en el duelo de Copa del Rey con muchos condicionantes. El listado de bajas del equipo era capital en la previa al duelo. La ausencia de jugadores importantes y de futbolistas que serían titulares en este encuentro definían la situación blanquivioleta antes de disputar una eliminatoria que supuso una eliminación justa. Que el equipo de Paco López consiguiera pasar de ronda en el Estadio José Zorrilla es doloroso pero el problema no es que un rival directo muestre que es superior a ti en tu casa.

La situación del vestuario blanquivioleta condicionó el partido pero no excusa la eliminación ni, sobre todo, la imagen del equipo en la segunda parte. Pese al triple cambio realizado para los últimos 25 minutos de partido, la sensación pucelana es de desprecio a la Copa del Rey y de focalizar todos sus intereses y esfuerzos en el encuentro liguero del próximo viernes. Olvidándose de lo que se estaba jugando y mirando a la visita de la Sociedad Deportiva Huesca, el Real Valladolid muestra, para mi gusto, mediocridad futbolística.

Dar por perdido un partido y no ofrecer todo por cambiar la imagen, primero, y el resultado, después, es algo imperdonable pero es una sensación que está marcando la actualidad pucelana en las últimas semanas. Desde la victoria (0-1) ante el Getafe CF, el Pucela se ha centrado más en lo que viene que en lo que deja. Creyendo firmemente que lo vivido suma para el futuro, los de Sergio González sólo miran a lo que pueden aspirar pero no se centran en cómo llegan a ese horizonte. Tras el error de Ignasi Vilarrasa y el segundo tanto del Levante UD, el Real Valladolid miró a la Sociedad Deportiva Huesca. El presente ya no le valía. ¡Error!

Conformismo vs ambición
El cuerpo técnico activó el plan de partido ante el equipo oscense y se olvidó de lo que estaba viviendo. Para mí, un error mayúsculo que no curará ni una victoria ante el equipo altoaragonés. Aunque el Real Valladolid se imponga al equipo de Pacheta con solvencia, la oportunidad perdida ante el equipo de Paco López seguirá viva. De igual forma ocurre con partidos pasados. Aunque se consiga la victoria el viernes, el mazazo de la derrota (0-1) ante el Valencia CD será el mismo.

Mirar el futuro, olvidar el pasado y creer que éste se va a curar porque lo que viene será mejor es, para mí, un argumento pobre y un gesto de mediocridad que puede quedar muy reducido y neutralizado sino se compra esta forma en la que se va a vender la eliminación copera. La mediocridad puede existir en cualquier análisis de partido y más en aquellos en los que los condicionantes se tornan en excusas, como es el caso.

El problema no está en ese análisis sino en que ese examen se propague en el entorno. El error del Real Valladolid es manifiesto porque el futuro no siempre cura las heridas del pasado y más si estas tienen tintes de mediocridad como un partido de Copa al nivel de ese aroma de conformismo que rodea al equipo y que deja a un lado cualquier gesto de ambición.

Vida: Las excusas no deben superar los condicionantes

Entiendo que es capital escuchar las comparecencias de los entrenadores en la previa y tras el partido porque son herramientas para entender, primero, dónde están los objetivos y las obligaciones del equipo y, posteriormente, saber en qué se basa el propio entrenador para analizar el resultado final. En el caso de la eliminación copera del Real Valladolid ante el Levante UD, la previa y la comparecencia tras el partido de Sergio González muestran que el equipo encaró los octavos de final con muchos condicionantes pero, curiosamente, la eliminación se entiende sólo desde excusas individuales y concretas que parecen lejos de ver los problemas del equipo.

Las bajas eran un importante condicionante del partido, lógicamente. En otras circunstancias y con todos los jugadores disponibles, el Pucela hubiera formado con un once diferente. Muy posiblemente ninguno de los tres jugadores del Promesas hubiera sido titulares, por ejemplo y ésta es una afirmación que les exculpa de cualquier responsabilidad de la eliminación pese a que Ignasi Vilarrasa sea el lógico señalado tras el segundo gol valenciano.

Volviendo a la previa y a cómo se afrontaba el partido y cómo se ha gestionado el duelo, creo que el equipo y Sergio no se han adaptado al partido pero sí se han conformado con lo que han vivido en él. Entendiendo, a su vez, que la adaptación es la herramienta que más grande hace a los equipos y a los entrenadores, el Real Valladolid tenía una inesperada oportunidad que aprovechar. En pleno mercado, muchos jugadores recibían una alternativa. En la previa se vio o, al menos eso quiso vender Sergio, que ésta una gran oportunidad pero durante el partido nada se asemejó a ese objetivo.

Con un ojo en la SD Huesca
Los condicionantes de la previa se fueron tornando en excusa con el segundo gol del Levante UD. El error de Ignasi Vilarrasa sentenció al Real Valladolid. Con otro marcador y otra dinámica, el equipo y el entrenador hubieran afrontado la segunda parte con otra mentalidad y otros condicionantes pero el error y la dinámica ya adquirida hicieron centrarse en excusas y en mirar al duelo ante la Sociedad Deportiva Huesca.

Centrándose en el próximo encuentro de LaLiga Santander, el Pucela no hizo «lo imposible» sobre el terreno de juego. Quiso creer que lo buscaba pero no forzó por conseguirlo. Pese al triple cambio del minuto 65 con dos jugadores que fueron titulares en el último encuentro liguero y con tres de los que pueden formar el once del duelo ante los oscenses, la Copa del Rey hacía minutos que no tenía los condicionantes que Sergio ofreció en la previa y que, obviamente, eran muy difícil comprarle.

Pese a la rotundidad del entrenador catalán antes de enfrentarse al Levante UD, el partido no ha mostrado los credenciales que él marcaba como objetivos ni, tan siquiera, aquéllos que él veía como obligatorios. Dejando claro que se podía convivir, gestionar y clasificar con condicionantes, el cómo asumió Sergio la realidad del partido y de su equipo en el «directo» del duelo convirtieron los condicionantes en excusas y estas se transformaron en una justa eliminación que está lejos de ser una liberación porque en el fútbol, como en la vida, las excusas no pueden superar a los condicionantes.

«Lo imposible» es comprar la previa de Sergio González

Sergio González lo intenta pero le cuesta. El entrenador del Real Valladolid quiere mostrar ilusión por la Copa del Rey pero no suena creíble. No termina de mostrar un discurso convencido de que su equipo cree en el torneo. Los pucelanos quieren vender ilusión pero muestran pocos argumentos para poder ver que afrontan estos duelos con ambición. El importante número de bajas con el que afronta el Pucela el cuarto encuentro copero de la temporada es un condicionante pero, a la vez, es insuficiente.

No es válido porque la comparecencia previa de Sergio González al duelo ante el Levante UD tuvo los mismos tintes que, por ejemplo, la que precedió al viaje a Marbella. En aquella ocasión, el catalán aceptó muy gustosamente cuestiones ligueras. Sin poner peros a sus contestaciones, el entrenador del Real Valladolid mostró que la Copa era una herramienta pero no un fin. El equipo quería utilizar estos encuentros para crecer pero no como un objetivo directo. Los pucelanos miraban a corto plazo y lo hacían ante equipos de, como poco, dos categorías menos. En esta ocasión, y antes de recibir a un rival de LaLiga Santander, Sergio ha elevado la ambición pero lo ha hecho con la boca pequeña.

«Haremos lo imposible por pasar la eliminatoria», aseguraba. Es lógico. No va a tirar el partido pero el once titular que saque no se corresponde a «lo imposible». Hacer todo lo posible es sinónimo de arriesgar y de no mirar al medio plazo. Poner toda la carne en el asador es lo mismo que no rotar y que no mirar a LaLiga. «Lo imposible» es mirar por y para la Copa del Rey, nada de lo que va a ocurrir en el segundo encuentro ante el Levante UD en apenas cinco días.

Con un ojo y parte de la cabeza en el encuentro ante la Sociedad Deportiva Huesca, Sergio quiere ganar el partido pero dejando claro que lo importante es poder utilizarlo para otros frentes y que éste no sea un duelo que condicione esos objetivos. Vivir en este partido un lastre como el que supuso la lesión de Javi Sánchez en Ibiza supondría un mazazo importante para un equipo que hará lo «imposible» en el terreno de juego pero no en la previa al saltar al terreno de juego.

Un rival más liguero
Antes, incluso, de comenzar el partido, el Real Valladolid y Sergio González confirmarán qué buscan con el encuentro y con la Copa del Rey. No es lo mismo el devenir del partido que la apuesta que se hace para él. Con todo, los blanquivioleta esperan vivir un encuentro similar al del empate (1-1) ante el Levante UD en Zorrilla esta temporada. Sergio aseguraba que espera un duelo así aunque lo hace con otros protagonistas bien distintos, siendo ellos los que harán el encuentro totalmente diferente. «Los protagonistas van a ser otros, pero los estilos serán prácticamente los mismos», aseguraba Sergio en una afirmación que no resulta muy coherente ni muy propia de él.

No es lo mismo contar con Luis Pérez de central que hacerlo con Bruno González, por ejemplo. El equipo gana en unos aspectos pero, obviamente, pierde en otros. La elección de los jugadores hará de este encuentro un duelo muy diferente al del pasado viernes y, muy posiblemente, al del 27 de noviembre, cuando el Pucela tuvo en la mano ganar a un rival que, ahora, llegará a Valladolid con cambios en su once pero, posiblemente, con una propuesta más reconocible porque las bajas son mejores y porque la apuesta será más liguera que copera que la de Sergio. Por ello, y pese a que Sergio venda lo que debe ofrecer, es imposible comprar su previa. Sabe dónde tiene la mente y que los cambios en el once serán determinantes.

¿Cuál era el plan de partido ante la Peña Deportiva?

En muchas ocasiones se confunde el ser crítico con el ser respetuoso. Yo respeto mucho a Sergio González. Ser entrenador profesional ya es, para mí, un motivo para ser respetuoso con él. Haber conseguido objetivos deportivos aumenta ese respeto. Todo ello no quita para ser crítico con actuaciones que no entiendo ni comprendo y, por ejemplo, en Ibiza hubo muchas. La gestión del encuentro ante la SCR Peña Deportiva deja muchos interrogantes y dudas y me lleva a preguntar cual era el ‘plan de partido’ del Real Valladolid.

Este término (plan de partido) lo aprendí hace poco en un reportaje de cómo trabaja Carolina Marín y su entrenador. Al ser un deporte tan individual como el bádminton, todo lleva un estudio y ese ‘plan de partido’ es muy importante. Para su preparador, Fernando Rivas, es capital; para ella, algo menos. Él dispone a Carolina de unas herramientas e ideas que, durante el partido, ella ejecuta. Ahí manda el «directo» que tanto menciona Sergio pero para llegar a él hay que tener un plan que, a mí, me deja muchas dudas en el caso del Real Valladolid en este encuentro copero.

No dudo de la profesionalidad de Sergio y su cuerpo técnico, obviamente, pero sí que cuestiono que su plan de trabajo fuera el más correcto. La imagen de la primera parte, más allá del gol anotado por el equipo balear, es la demostración de un equipo que no estaba concienciado. La necesidad de dos cambios en el descanso confirma que la preparación no fue la correcta y que pese a tener «ilusión copera», la exigencia de la clasificación era por ser un rival de Segunda B. Quitando esa ‘presión’, el Real Valladolid no mostró ambición por hacerse con el partido. No la tuvo o no la demostró que, ante un rival de dos categorías menos, es casi lo mismo.

La gestión del cambio
El plan de partido no fue el correcto y la preparación del encuentro tampoco. La guinda es, sin duda, la gestión del sexto cambio. Lo ocurrido con la entrada de Lucas Freitas y el hecho de que el Real Valladolid viviera casi diez minutos con un jugador menos al no saber cuál era la normativa muestra una improvisación impropia del mundo profesional. El detalle es preocupante y confirma que la visita a Ibiza no era una gran oportunidad para los jugadores de Sergio González ni para el propio entrenador.

Cuando se ve en un duelo una opción de crecer y ésta es una gran oportunidad, conceptos que Sergio vendió en la previa, el plan de partido está trabajado, detallado y completo. De él se sacan respuestas para el directo. En esta ocasión, tanto en el terreno de juego como fuera de él, la sensación es que la preparación no fue la mejor ni la que se esperaba de un entrenador al que le gusta más la competición que entrenar y al que no le «sobra» ningún partido. Creyendo esas palabras, la demostración en Ibiza no fue la correcta y esas sensaciones, muy posiblemente, no se confirmaron en una eliminación porque Roque Mesa salió, lideró, marcó y remontó.

Ilusión copera: El viaje a Ibiza ha sido contraproducente

Siempre se ha dicho que en el fútbol, las sumas no salen en todas las ocasiones. «Dos más dos no siempre son cuatro», es una idea que se extiende mucho en este deporte y la clasificación copera del Real Valladolid en Ibiza ante el SCR Peña Deportiva lo demuestra. Si bien una clasificación para octavos de final supone un punto de confianza y fuerza para cualquier equipo, en el caso blanquivioleta, la situación es diferente porque nada de lo que ofreció el equipo en el terreno de juego fue positivo. A nivel de grupo, el encuentro en Ibiza es malo.

La clasificación no se entiende por un éxito futbolístico del Real Valladolid y sí por detalles individuales y se centra en que los primeros 60 minutos de partido son impropios de un equipo que valora este torneo y que se ilusiona con él. La sensación en la previa era que la Copa del Rey era una herramienta para Sergio González pero, en ningún caso, un fin. El equipo y el entrenador no miran al torneo como una opción real de éxito. Así, la imagen pucelana en Ibizia es mala. Pese a ser evolutiva, no deja ilusión ninguna. Ni por la clasificación.

Señalando, nuevamente, que el cómo es importante en este deporte, el camino para llegar a octavos de final es determinante para ver cómo se afronta el torneo y cuáles son, realmente, las ilusiones del Club. Tras esa primera hora de juego y pese a la evolución en la segunda hora, el Real Valladolid ha dejado bien claro que la Copa del Rey no le interesa. Ya sea como herramienta para LaLiga Santander o como un fin para un equipo que busca llegar lejos en el torneo, los 120 minutos pucelanos en Ibiza son preocupantes. Para determinados jugadores y, sobre todo, para el cuerpo técnico.

Muchas oportunidades desperdiciadas
Toni Villa no estuvo bien en Ibiza, Fabián Orellana dio un paso atrás aún mayor que el de otras ocasiones, Míchel Herrero no consiguió ser diferencial e Ignasi Vilarrasa no aprovechó la oportunidad. Son muchos los nombres propios que han desaprovechando esta oportunidad dejando claro que el enfoque que se ha dado desde el cuerpo técnico a este partido no ha sido el propio ni el acertado. Exigiendo ganar simplemente porque el Pucela es un equipo de LaLiga Santander y el rival, de Segunda B, el argumento blanquivioleta se queda corto y, muy posiblemente, suma miedo, dudas e incertidumbre a la situación global del equipo.

Por todo, la incongruencia se apodera de la situación copera del Real Valladolid porque pese a la clasificación, la sensación no es positiva, entre otros rasgos, porque el equipo, en todos sus ámbitos, no ha demostrado estar interesado en vivir un partido copero más. El duelo de octavos de final, visto lo visto en Ibiza, será un partido más entre los objetivos ligueros cuando, realmente, debería ser una ilusión y una motivación por escribir una página de oro en el libro del Real Valladolid. Mostrada la poca ilusión, el viaje a Ibiza ha sido contraproducente.

La Copa confirma la realidad actual del Real Valladolid

Un partido, un único encuentro no vale para tomar grandes conclusiones peor sí para confirmar tendencias. De la misma forma que el debut de Jawad El Yamiq en la derrota (1-2) del Real Valladolid ante la Sociedad Deportiva Éibar no era suficiente para valorar al central marroquí, ocurrió con la primera titularidad de Jota Filipe. Ésta no era termómetro suficiente para calibrar qué podía sumar el portugués en fracciones altas de juego. Ellos, entre otros fichajes del verano, se vieron examinados con su llegada a un Pucela que tenía y tiene una columna vertebral muy fija. Jordi Masip, Nacho Martínez, Joaquín Fernández, Rubén Alcaraz, Óscar Plano y Sergi Guardiola formaban y forman la base del Real Valladolid.

Todos ellos, y alguno lesionado como Kiko Olivas y otro en algún rol secundario como Míchel Herrero, forman el eje central de un equipo que no parece estar dando un cambio generacional ni de nombres de forma muy alta pero sí que vive un momento en el que estos jugadores no están bien y no son los jugadores más en forma del equipo. Que jugaran el duelo de Marbella ya viene a demostrar en qué momento y fase están ahora. El rendimiento de muchos de ellos en el Estadio Antonio Lorenzo Cuevas ha confirmado su mal estado.

Todos ellos son jugadores con un nombre en el Estadio José Zorrilla pero activos que no está en su mejor momento. En Copa del Rey y ante un equipo de Segunda división B lo confirmaron. Alcaraz y Míchel no impusieron el nivel de juego de otras temporadas, Joaquín no estuvo lo solvente que se le espera y Sergi Guardiola no fue el faro que debe ser. Se trata de diferentes rendimientos que no son acordes a estatus tan altos como los que defienden. En un deporte voraz y cortoplacista, la realidad del equipo quedó patente en Marbella, aquella ciudad que marca un nuevo estilo de meritocracia en el Pucela.

Merecida clasificación
En lo que al partido copero se refiere, el equipo tuvo que haber conseguido, porque lo mereció, el pase tras los primeros 90 minutos. Lo tuvo que firmar porque hizo méritos para ello pero, siendo globales en el análisis, el Real Valladolid no tuvo todo lo controlado que debía un encuentro como éste. No lo tuvo porque sus protagonistas no están bien. Son jugadores con unos méritos en el Estadio José Zorrilla pero éxitos pasados y el fútbol mide la actualidad, aquélla en la que Sergio González tiene jugadores en mejor estado de forma que el núcleo fuerte del vestuario.

Lejos de ser un problema, éste es el punto de crecimiento de un equipo con potencial, variantes y posibilidades. En temporadas atrás, el Real Valladolid tenía un vestuario más reducido y Sergio comprendía que tenía que mejorar el mal rendimiento y el mal estado de los jugadores desde titularidades y minutos. Ahora, la gestión ha cambiado porque los ingredientes son otros. Si el equipo puede y debe aspirar a más en le terreno de juego, la exigencia para todos los jugadores, ya sean nuevos, veteranos, jóvenes o experimentados, debe ser otra. El equipo lo requiere. El proyecto lo permite.

Entre el «respeto máximo» y los cambios planificados

Héroes del silencio y Enrique Bumbury se movían ‘entre dos tierras’ al igual que Sergio González se ha movido para la segunda ronda de la Copa del Rey entre dos caminos y entre dos términos que parecen estar muy alejados el uno del otro. Si bien en la previa hablaba de «respeto máximo» a la competición, sus declaraciones previas estaban centradas en contextos coperos y ligueros. Así, el Real Valladolid miraba al duelo ante el Marbella FC pero, con un ojo, al del Valencia CF. El estilo liguero para afrontar los partidos no es el copero. 

Sergio se quería centrar en el contexto copero pero le costaba, al igual que en el partido cuando varios de los cambios se han centrado en resguardar a jugadores con peso liguero o condicionados físicamente antes que mirar por el camino del duelo. Retirar a Sergi Guardiola en un duelo en el que el Real Valladolid no estaba por delante en el marcador suena llamativo. Si el ‘7’ ha sido titular dos veces en apenas una semana con molestias, el «riesgo» de Cádiz se multiplicaría en un encuentro con cambios planificados y programados. La sensación de otorgarle 60 minutos planificados al de Jumilla es real tanto como la de ofrecer 45 a Joaquín Fernández para recuperar su mejor nivel pero no cargarle con mucho peso. 

Con ambos cambios apuntados en el plan de juego del cuerpo técnico, el encuentro queda en un segundo plano porque no todo estaba enfocado por y para la victoria. El Real Valladolid y Sergio González miraban a contextos más lejanos del encuentro en vivo. Siguiendo la teoría del propio entrenador catalán de que «el partido más importante es el que viene», la Copa de Rey tiene un enfoque diferente o, al menos, si la categoría del rival lo permite.

Comedido, conservador y organizado
Pese a que el Marbella sea un rival de supuesta entidad en Segunda división B, la planificación del Real Valladolid para el segundo duelo copero de la temporada ha estado enfocada en no limar las posibilidades pucelanas para el importante duelo liguero del próximo domingo. Tiene sentido, sí, pero resulta ilógico con las palabras de un Sergio González que quería ser ambicioso en Copa del Rey pero que, en el directo, fue comedido, conservador y organizado de cara y por LaLiga Santander.

Pese a los contextos condicionantes del y en el duelo, el Real Valladolid consiguió una exigente clasificación en un duelo que dominó en fases importantes, sobre todo tras la salida de Toni Villa al partido. El ’19’ cambió la verticalidad y la confianza del equipo en un encuentro que buscaba muchas respuestas en jugadores concretos pero que, simplemente, dejó un partido contextualizado y condicionado por una planificación liguera que demuestran los cambios de Joaquín Fernández y Sergi Guardiola por jugadores del Promesas cuando el Pucela no tenía ventaja en el marcador y eso que tuvo tres.