Lo escribí tras la victoria (2-4) y clasificación del equipo en Ávila. Superar a un equipo de Segunda Federación pareció tener brotes verdes, pero, realmente, los vimos por lo sencillo y facilón que es un aficionado al fútbol. En aquel momento se quiso enfocar la victoria a la irrupción de Marcos Andrés. El brasileño era el foco del equipo en aquel momento, pero ésta fue una mirada simple. El problema del Real Valladolid era y es enorme. Se vio en aquel partido, quedó claro en la victoria (1-0) ante el Valencia CF y se confirmó ante el Girona FC. La llegada de Diego Cocca no ha sumado nada al Real Valladolid. No ha dado ningún plus, tal y como él ha confirmado en la rueda de prensa tras la eliminación copera de este domingo.
Ronaldo Nazário ha sido analizado siempre con «luz corta». Ourense demuestra que el equipo y su concepto futbolístico, también
Caer (3-2) ante un equipo de Primera Federación ha demostrado el momento del equipo. La rueda de prensa posterior de su entrenador, la errónea apuesta por él. Pese a las críticas por el rendimiento del equipo, Cocca se ha mostrado tranquilo porque han crecido sus conocimientos de la plantilla. La Copa del Rey no es un sustento vital para el equipo, pero la imagen, sí. El Real Valladolid se ha devaluado aún más en el Estadio de O Couto porque no existe conocimiento del entrenador con sus jugadores, entre otros factores. El principal problema del Real Valladolid no es su preparador, ni mucho menos. Cocca tiene responsabilidad, sí, pero el que menos de todos.
Nadie le ha apoyado ni le apoyará porque el Club está en un momento de egoísmo máximo. Nadie quiere que este declive le salpique y todos quieren pasar de puntillas por la actual situación. Con todo, el vestuario suma una nueva muesca en el ridículo de su temporada. Esto es insalvable. No hay nada a lo que agarrarse, como tampoco lo hubo en Ávila ni ante el Valencia. Analizándolo en frío, esas victorias tuvieron dos factores ajenos al Pucela que invitaron a pensar en que el resultadismo daría frutos, pero nunca lo da. Ni los dará.
Nada de nada
Fue poco y ha sido por muy poco tiempo pero esas dos victorias hicieron pensar que el equipo tenía algo sobre lo que agarrarse, pero no. No hay fútbol, no hay recursos, no hay alma, no hay coraje, no hay ambición, no hay liderazgo, no hay figuras emergentes… ¡No hay nada! Sólo hubo dos victorias que se produjeron por la diferencia de categoría ante el Real Ávila y por la dinámica de autodestrucción que vivía el equipo de Rubén Baraja. Por el propio Real Valladolid, nada. La culpa del Club, de los jugadores, de los entrenadores y del entorno.
Este golpe copero llega por la exigencia al equipo de ganar un duelo ante un Primera Federación, por los brotes que quisimos hacer verdes tras dos insulsas victorias y por el supuesto efecto del nuevo entrenador. Con estos tres ingredientes se exigía una presencia en octavos de final de la Copa del Rey que, indudablemente, venía grande al equipo y a la entidad. Se daba por hecha por una diferencia de categoría que debían imponerse cuando, realmente, ha vuelto a imperar la «luz corta» con la que se ha analizado al equipo y al Club en los últimos tres años.







