Detalles: El sustento para la prudente ilusión pucelana

Hace unas semanas, tras la disputa de la Copa del Rey de baloncesto en la que el FC Barcelona se impuso al Real Madrid, Twitter ofreció una unión de tweets de enorme envergadura. Si bien la explicación que Pablo Laso, entrenador blanco, sobre la importancia de los detalles es recomendable, la interpretación que Pep Mari hizo del tiempo muerto del equipo es, aún, mejor. El entrenador aseguraba que los detalles importan y el psicológo, desde su cuenta personal, confirmaba que son estos los que «decantan la balanza». Para ganar o para generar un halo de esperanza.

«Si buscas la excelencia, debes obsesionarte por los detalles», aseguraba ejemplificando que «unos zapatos sucios arruinan el mejor traje». Extrapolando, como siempre, al Real Valladolid, los detalles y la consecución de estos es uno de los principales problemas del equipo de Sergio González pero, también, parte de la prudente ilusión que presiento tras el empate (1-1) en Vigo.

Lo vivido en el Estadio de Balaídos es insuficiente para los intereses pucelanos pero, también, mínimamente ilusionante. La visita del Getafe CF al Estadio José Zorrilla el próximo sábado marcará muchos de los análisis y de esos posibles brotes verdes que se vieron en pequeños detalles y fracciones de Vigo. Queriendo ser positivo pero no irreal, el Real Valladolid estuvo cerca de la victoria y si lo estuvo es porque hizo aspectos del juego bien. Me gustó la llegada de Saidy Janko a campo rival y el equilibrio de Lucas Olaza, vi interesante la intensidad de Óscar Plano, considero viable la unión entre Sergi Guardiola y Shon Weissman e, incluso, me generó seguridad la presencia de Roberto Jiménez.

Detalles, que no es poco
Con todo, y pese al mazazo del gol encajado y la debilidad que muestra por cómo se recibe el tanto de Jeison Murillo, lo obtenido es menos que lo ofrecido y es por ello y por los detalles que el equipo queda debilitado en lo que al resultado se refiere pero, también, reforzado e ilusionado por lo generado. Con un margen de mejora tan alto como el que tiene este equipo, partidos como el de Vigo dejan un resquicio de ilusión que marcan ciertos detalles individuales y grupales. Detalles. Sólo eso, aunque no es poco.

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Todo se puede entrenar, mejorar e inventar en el fútbol

Para mi gusto, el Real Valladolid ha ofrecido ante el RC Celta de Vigo buenos aspectos. Es cierto que no son registros de elevada esperanza pero si suficientes para creer en que se puede haber generado un cambio y que en el Estadio de Balaídos se vieron brotes verdes en los futbolistas pucelanos. En determinadas acciones, los de Sergio González tuvieron empuje y carisma. Generalmente, estos rasgos llegaron con balón, muestra del potencial del equipo. Tristemente, sin balón, al Real Valladolid le faltó arrojo, confianza y personalidad.

Partiendo de esta sensación, las dos acciones de los goles marcan por qué pienso así y por qué creo que este equipo sigue necesitando «trabajo», tal y como aseguré después de la derrota (1-2) ante la Sociedad Deportiva Éibar en el mes de octubre. El gol del Real Valladolid llega por una acción ofensiva y de confianza pucelana. Iniciando la combinación por el golpeo de Roberto Jiménez, todas las intervenciones restantes son ofensivas, individuales y con cierto descaro, aquel que tanto se añoró en esa última acción del partido que pidió un paso al frente de varios jugadores, como Roberto Jiménez.

Volviendo a la acción del gol, Óscar Plano prolonga el balón, Roque Mesa regatea y conduce buscando campo rival y Shon Weissman participa para encarar la portería rival y busca la finalización, igual que un Fabián Orellana que ataca la portería gallega en busca de una posible segunda jugada. La confianza y las cualidades con balón se mostraban en dicha acción que define la evolución de juego del Real Valladolid en un partido en el que, quizás, no mostró mejores ideas pero sí más que en partidos pasados.

A nivel global se pudo ver la personalidad de un equipo que con balón se siente cómodo pero que está lejos de su mejor momento de confianza. El Real Valladolid tiene miedo a vivir en su campo porque se ve con paca seguridad sin balón e intenta cerrar las ocasiones de una forma que, a veces, es hasta brusca e infantil. Vigo no fue la excepción porque el final del partido en Balaídos es, por ejemplo, el mismo que en Éibar.

No está todo inventado
El empate (1-1) en el Estadio de Ipurúa terminó con una falta lateral que el equipo defendió dentro del área. Con todo, no es cuestión de problemas mayores o menores, es la concatenación de una situación que se va detallando pero que no se mejora, ni en sensaciones ni en resultados. «Esta semana hemos cambiado la estructura» pero «tenemos que darle una vuelta de tuerca», ha asegurado Sergio González en la rueda de prensa tras el partido.

Ese análisis en el que se asegura que el equipo aún debe definir cómo se encuentran mejor los jugadores asegura que en el fútbol todo se puede entrenar, trabajar y mejorar. No concibo este deporte desde el argumento de que «ya está todo inventado», porque no es así. En el día a día la posibilidad de evolución y crecimiento de un equipo es máxima. Desde ella se dota a un vestuario del atrevimiento que marca la jugada del gol anotado en Vigo pero, también, de todo aquello que falta en acciones con la de los dos últimos tantos anotados.

Después de lo vivido en la derrota (0-1) ante el Real Madrid, en el minuto 93 del duelo en Vigo el miedo se apoderó de un Real Valladolid que ha trabajado esa acción, sí, pero que no tiene argumentos para defender una situación que ocurre en el 97% de los partidos y en la que el Pucela no es fiable en el 100% de las ocasiones. Los de Sergio no muestran seguridad sin balón ni, tampoco, en acciones de estrategia. Por condiciones, respuestas y personalidad, aspectos en el fútbol que, como todos, se trabajan y se mejoran.

Brotes verdes: Zorrilla dirá si existen o si es sólo humo

Es complicado comentar un partido en caliente. Uno de los mayores elogios que, por mi parte, debe recibir un entrenador es el del análisis de las ruedas de prensa tras el partido. Comparecer ante los medios de comunicación y tus aficionados sólo 10 o 15 minutos después del partido es una tarea complicada para que los propios entrenadores se preparan. En mi caso, opinar sobre un encuentro en caliente es complicado y más si en él hay una jugada decisiva como la de Jeison Murillo. El gol encajado por el Real Valladolid con el tiempo cumplido marca el resultado y la sensación, pero no debería hacerlo con el análisis.

El Real Valladolid ha perdido una importante oportunidad en Vigo, sí, pero, por el contrario, ha dejado unas sensaciones diferentes. Cierto es que el partido no es perfecto ni contiene ningún adjetivo que se le parezca o que sea sinónimo pero sí que deja un equipo equilibrado y evolutivo. Los 90 minutos me dejan la sensación de ver brotes verdes en un equipo que comenzó bien el duelo y que consiguió superarse tras un mal momento. El inicio de la segunda parte fue local pero, tras ello, el Pucela consiguió volver a inclinar la balanza. Los pucelanos se hicieron con el control y con las ocasiones y el campo vigués era más transitado que el pucelano.

La sensación era buena y es ella la que debe prevalecer en el análisis del equipo. Creyendo que el mayor éxito de una situación está en el proceso de adaptación, el Real Valladolid se debe adecuar a la competición en la que está. La actual edición de LaLiga Santander está siendo muy pobre. Pese a los tristes números del equipo, unidos a las malas sensaciones de juego, el Real Valladolid no es que esté vivo, es que está en la pelea. Los de Sergio no están a más de un partido del objetivo y es por ello que, superada la dolencia del gol encajado, el análisis no es malo.

Nueva oportunidad
La personalidad en determinados momentos
, la victoria en diferentes segundas jugadas y en balones divididos y la agresividad para el robo y tras el robo hacen que el grueso duro del partido sea positivo. Obviamente, el tanto de Jeison Murillo limita lo conseguido pero no lo ofrecido. Con todo, he visto brotes verdes en el equipo. Pese a ser la jornada 25, el análisis no debe ser del todo malo. No lo debe ser porque el equipo no está descolgado y porque sus carencias, de momento, no le están matando. Sigue habiendo tiempo y margen.

El Real Valladolid tiene que disputar 13 partidos para saber cuál es su futuro. Muy posiblemente, en otros momentos el equipo estaría ya sentenciado, pero el Pucela vive en una competición que está dejando constantes oportunidades. Por ello, el problema sigue existiendo pero no es final. Pese al paso de las jornadas, la situación puede ser similar al principio de temporada porque el equipo sigue alternando estar dentro del objetivo y no. Con y por ello, la mejora futbolística debe seguir siendo el principal objetivo de un equipo que ante el Getafe CF y en Zorrilla se jugará demostrar si lo de Vigo son brotes verdes y mejoría o, simplemente, humo que tapa la realidad pucelana.

La clave de llevar al límite tus posibilidades futbolísticas

En la previa al duelo, Sergio González habló de una línea «continuista». Desde ella entiende el entrenador catalán que el Real Valladolid va a estar cerca del objetivo. Parece incongruente que las ideas que te han llevado a una delicada situación te vayan a sacar de ella, pero Sergio así lo cree. El que más sabe sobre la situación del equipo así lo ve e invita a que el entorno lo ratifique. Él mismo marcó así los objetivos para un duelo que analizó futbolísticamente desde un contenido que no suele ser habitual en sus comparecencias previas. Sergio marcó objetivos de juego y de propuesta para hacer frente a un RC Celta de Vigo con matices novedosos en relación a la primera vuelta.

El entrenador del Real Valladolid marca mucho sobre lo que se vio ante su equipo pero, en esta ocasión, habló mucho de las necesidades del Pucela de adaptarse a la «verticalidad» del rival, a su «juego interior», a su capacidad para buscar centros al área, a Iago Aspas y a Renato Tapia. Entre todos esos rasgos anunciados el más diferencial es el ’10’ pero el más determinante, el peruano. El centrocampista del RC Celta de Vigo es un jugador diferencial para la propuesta gallega y ese futbolista que hace superioridad numérica en la salida de balón gallega.

Desde él se crea el juego que quiere el equipo de Eduardo Coudet y a él se debe adaptar el Real Valladolid. Para ello, considero que la línea «continuista» de juego del Pucela y de sus ideas será insuficiente en el Estadio de Balaídos. Los de Sergio González no pueden esperar al rival como hacen en la mayoría de las ocasiones. Vivir replegados y en campo propio no es una buena receta para un partido determinante.

En este encuentro, que es capital para evitar más fantasmas y miedos, el inicio del mismo es capital. Si bien ante la Sociedad Deportiva Éibar y el Real Madrid, la tendencia inicial fue la base para ver una cierta mejora en el equipo, en este duelo es capital, también, buscar esa superioridad en los primeros 15 minutos.

‘Problemas’ personales
Debilitando la salida de balón del rival, evitando que crezca desde el juego interior y alejándolo del área, el Real Valladolid tendrá mucho ganado para esos primeros minutos. El inicio es capital. El perfil de Coudet es el de un entrenador que quiere el máximo ritmo en los primeros instantes. El Celta de Vigo va a buscar imponerse desde el pitido inicial y el Real Valladolid tendrá que vivir una fase de sufrimiento en los primeros minutos. Sin saber cómo querrá Sergio González hacer frente a esa situación de salida de balón de Tapia ni cómo emparejará las marcas ante ese movimiento, lo que parece claro por su análisis en la previa es que el Real Valladolid no puede vivir en su campo.

Las líneas del Real Valladolid no pueden estar, de base, en campo propio. Sería un error facilitar la construcción de un equipo con jugadores como Brais Mendez o Denis Suárez. Cuanto más incómodo se sienta el Celta de Vigo, mejor para el Real Valladolid. Es una perogrullada, sí, pero también es un análisis que tiene muchos matices porque para que los vigueses se sientan incómodos, Sergio debe exponer a su equipo a ciertos comportamientos en los que él no se ve cómodo. Adelantar las líneas y tener espacio a la espalda de los defensas es un riesgo que Sergio no quiere correr de la misma forma que es contrario a tener a Jordi Masip fuera del área.

Sergio González anunció en la previa cuáles eran las ideas del equipo para el partido y, también, cuáles eran las credenciales del rival. Entre unos condicionantes y otros aparece un Real Valladolid que debe vivir lejos de su área. Evitando estar muy unido a la zona de Masip, el Pucela podrá llevar al límite a un rival que quiere vivir cerca del último cuarto. Desde él, su juego interior se potencia, su verticalidad se hace protagonista y Iago Aspas es aún más diferencial. Con un déficit de juego y resultados como el actual, el Real Valladolid debe arriesgar y debe llevar al límite a su rival. Independiente de lo que le cueste a él o, incluso, a su entrenador, la calve sigue estando en el Pucela.

Sergio González se sigue amparando en el continuismo

No es un partido decisivo para Sergio González pero, posiblemente sí, para el Real Valladolid. Tan incongruente como real. El equipo blanquivioleta está muy condicionado en la clasificación y lo está por la debilidad de los últimos partidos y la sensación de que el equipo tiene aroma de colista. El Pucela no ha tocado fondo y la dinámica es muy compleja. Pese a que Sergio González ha querido con la previa minimizar las críticas al asegurar que «en los últimos partidos el equipo ha estado bien», la realidad pucelana es la de un equipo que necesita un cambio de juego para poder ofrecer un resquicio que lleve a ver al Real Valladolid con posibilidades de ganar más de un partido y conseguir, después, el objetivo.

En esta complicada situación, los pucelanos visitan el Estadio de Balaídos y lo hacen con una idea «continuista» por convencimiento y no «falta de elementos». Dicha diferencia es capital para entender la propuesta que quiere Sergio González para el partido y la temporada. Sin un análisis critico de un equipo que sólo ha ganado un partido en el año 2021, uno de los últimos 11 encuentros ligueros y que apenas ha sumado tres de los últimos 21 puntos, el entrenador catalán realizó una previa con mayor contenido futbolístico y de análisis de lo habitual pero, a la vez, con un pequeño regreso al «ganar por ganar».

Asegurando que el Real Valladolid debe «conseguir la victoria de la forma que sea», Sergio sabe de la importancia del cómo. «Trabajando» y «jugando» por la victoria, los pucelanos estarán más cerca de conseguir tres puntos que de llegar lo harán con la metodología de la temporada pasada y de la anterior. El catalán sigue creyendo que, pese a tener un vestuario diferente al de temporadas atrás, su estilo es el mejor para este equipo. Él lo sigue creyendo y, por ello, se aferra a las «sensaciones» de la derrota (0-1) ante el Real Madrid.

Centrándose en la parte del análisis que más le interesa para hacer una lectura positiva, Sergio González asegura «personalidad» y «energía» para un partido de elevada relevancia. Con sólo 14 jornadas en el horizonte y con la necesidad de conseguir más victorias que las firmadas hasta la fecha, el Real Valladolid debe ofrecer mejoras en el juego. El proceso debe estar presente para una victoria que parece difícil. Es compleja de vislumbrar en la previa porque el entrenador se centra en elogiar donde no es posible hacerlo y ver evolución donde, muy posiblemente, haya estancamiento, falta de ideas y ausencia de adaptación.

«Partido a partido»
Sergio no cree que el equipo haya encontrado el camino sino que lo ha recuperado. El empate (1-1) ante la Sociedad Deportiva Éibar y caer ante el Real Madrid le han dejado aspectos positivos. Él tiene claro que ha encontrado la forma. Lo tiene, públicamente, tan claro que se centra en ganar con él. Lo que sólo ha conseguido una vez desde el cambio de año es el motor que Sergio, públicamente, ve como real para dar el cambio que necesita el equipo para ver la salvación como una posibilidad.

Con todo, y sin tener un punto clasificatorio estable ni una base de juego fiable, el Real Valladolid visita el Estadio de Balaídos convencido de que el equipo ha encontrado las formas y el proceder y que sólo queda seguir dando pasos hacia «delante». Aunque parece difícil ser tan optimista como lo es el entrenador catalán y hacer una lectura tan positiva de lo conseguido por el equipo en las últimas semanas, los pucelanos asumen que todo llegará, si llega, por una línea «continuista». Desde ella se suprimirán unos problemas que se han creado con ella. Ciertamente incongruente.

Insuficiente punto: El Pucela cree con nuevos futbolistas

Antes del duelo ante el Celta de Vigo tenía claro que el «proceso» del que habló Sergio González en la previa a la visita al Real Betis no es sólo grupal. Era y es una exigencia compartida entre el vestuario y diferentes jugadores del primer equipo. Activos como Toni Villa, Luis Pérez, Kike Pérez o Marcos André eran, son y serán jugadores determinantes para el futuro blanquivioleta pero, también, para la actualidad.

Esta semana, con la despedida de Antoñito Regal del Real Valladolid, aseguré que el exlateral blanquivioleta había sido un perfil ‘bajo’ que había permitido que el Pucela pueda ser ahora más ambicioso. El Club mira al futuro gracias a lo conseguido en los tres últimos años y ahí Antoñito fue capital. El sevillano ayudó al proceso y al momento que vive el Real Valladolid, aquél en el que hay jugadores que deben ser vitales por perfil, fútbol, potencial y, también, por la necesidad que el Real Valladolid tiene de ellos.

Que Luis Pérez sea el lateral derecho del equipo debe ser obligado y no generado por la lesión de Javi Moyano. El equipo necesita al ‘2’. Por su verticalidad y transición. De la misma forma ocurre con Kike Pérez. El ‘8’ tiene mucho margen de maniobra y crecimiento pero tiene esa presencia en campo contrario que tanto necesita el equipo. Sergio González necesita a los ‘Pérez’ de la misma forma que demanda la presencia de Marcos André. El brasileño mostró la frescura que le caracteriza en apenas 15 minutos de blanquivioleta. Al poco de saltar ya se había visto que era diferente, como confirmó Toni Villa que es en el juego interior.

Toni Villa por dentro y 10 más
El ’19’ es un jugador decisivo cuando tiene protagonismo y peso. Sobre él se puede y, quizás, se debe crear una cierta estructura de ataque del Real Valladolid. Ante el Celta de Vigo se vio a un jugador ambicioso y capaz de tener ese peso y relevancia en el enganche que tanto se venía demandando sobre él desde hace meses. El murciano es un jugador de una calidad determinante y un activo sobre el que crear mucha de la base y el futuro del Real Valladolid. Él puede liderar un equipo en el que talentos jóvenes, preparados y con cierto margen de paciencia y crecimiento serán determinantes, siempre y cuando tengan la oportunidad y la confianza.

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Un empate que sabe a poco y que debe saber a gloria

En el fútbol, como en el periodismo y el análisis, siempre he creído que los detalles marcan las diferencias. En este caso, y tras el empate (1-1) del Real Valladolid ante el Celta de Vigo, la preposición para la base del análisis es capital para entender el partido. Los de Sergio González crecieron, mejoraron y se mostraron contentos en el empate ante los gallegos pero no con la igualada ante los de Óscar García Junyent. El punto sabe a poco, ciertamente, pero el cómo se consiguió dice mucho del camino y las posibilidades de los de Sergio González.

Al igual que en el duelo inaugural, el Real Valladolid hizo todo por ganar. Inicialmente es más que suficiente. Quiso vivir en campo contrario y estar más cerca de ganar que no perder. Esta igualada nada tiene que ver con muchas de las conseguidas la temporada pasada y, sin ir más lejos, con la firmada ante el mismo rival de este domingo el pasado 17 de junio. En aquel partido (0-0) el Pucela no tuvo argumentos y sumó por el acierto de Jordi Masip. En esta ocasión, el Pucela obtuvo el mismo rédito de aquel día pero con unos argumentos tan diferentes como necesarios actualmente.

Sergio González y los suyos están en el «proceso» de crecer y sacar el máximo partido a la evolución que busca el juego del equipo. Así, sumar de uno en uno ahora no es un problema. Todo lo contrario. Ante el Celta de Vigo se vio a un equipo en fase de crecimiento pero con ideas y arrestos para saber qué busca y lo cerca que está de conseguirlo mientras crece. El estilo que pide este Real Valladolid exige de una riqueza táctica muy elevada y los blanquivioleta la tuvieron en un duelo en el que los jugadores que deben ser protagonistas lo fueron.

Con los mejores protagonistas
Si el Real Valladolid quiere crecer, como indudablemente busca, jugadores del perfil y del fútbol de Kike Pérez, Toni Villa o Luis Pérez deben ser protagonistas. Con los futbolistas correctos y necesarios para el momento que pide el equipo, el empate ante el Celta de Vigo es injusto, insuficiente y mínimo pero, realmente, sabe a gloria. Sabiendo leer lo expuesto por el equipo, los condicionantes con los que se llegaba al partido en forma de lesiones y el margen de crecimiento que tiene y seguirá teniendo el vestuario en las próximas semanas, todo lo que arroja el duelo es positivo.

Obviamente, existen rasgos que mejorar, detalles que erradicar y fases en las que crecer. Sabiendo que el «proceso» de evolución que quiere el equipo es duro y costoso, ver encuentros como los empates ante la Real Sociedad y el Celta de Vigo son signos de ilusión y expectación. Con el juego mostrado en estos dos partidos, el Real Valladolid estará más cerca de ganar que de perder muchos partidos, tal y como ha ocurrido en ambos encuentros. Sabiendo asentar bien el crecimiento del equipo, estos empates tendrán el valor clasificatorio que ya tienen en cuestión futbolística.

La clave de conocer las exigentes etapas de evolución

En la temporada 2020/2021 el Real Valladolid debe avanzar en su propuesta de juego. Por exigencia y propia evolución, el fútbol de las últimas dos temporadas será insuficiente para la presente. La ambición, los jugadores y el obligado crecimiento sobre el césped de esta temporada deben marcar un antes y un después en el Estadio José Zorrilla. El mejor momento institucional de la historia reciente debe corroborarse con un salto de calidad y ambición sobre el terreno de juego. Los de Sergio están exigidos a crecer pero, también, a hacer ver y conocer el proceso de evolución que viven.

Ese término de ‘proceso’ fue utilizado por el propio entrenador en la previa a la visita al Real Betis. Su discurso ha cambiado y ya comienza a exigir conceptos futbolísticos al equipo. Ya no se analiza todo desde ámbitos subjetivos sino, también, desde cuestiones de ambición y crecimiento. El Real Valladolid quiere dar un paso al frente y la visita del Celta de Vigo al Estadio José Zorrilla es una buena oportunidad. Es una magnífica opción de ver jugadores en contextos reales y entender en qué momento del proceso está el equipo.

La tercera jornada de LaLiga Santander va a valer para ver en acción a Kike Pérez y a Luis Pérez, por ejemplo. Ambos son capitales dentro de ese necesario proceso de evolución del equipo. El futuro pasa por ellos y no sólo por una cuestión de edad. La verticalidad, la profundidad y las transiciones del lateral cumplen muchos de los condicionantes que necesita el juego del Pucela, de la misma manera que exige el ritmo del centrocampista. Ambos tienen el juego que pide el Pucela pero, también, demandan unas serie etapas para su proceso personal.

Ellos tienen que liderar parte del juego blanquivioleta pero sin un nivel de exigencia irreal. Soy el primero al que le gustaría ver a un Real Valladolid más ambicioso, más presente en campo contrario y con mayores respuestas. Siempre he creído y más esta temporada que el equipo tiene mucho más de lo que usa y de lo que se asegura pero siempre desde un punto realista. 

El cumplimiento de las fases
El Club ha dado este verano un cambio al vestuario. Se ha dejado de apostar por un perfil ‘bajo’, como puede ser Antoñito Regal, para seguir con la fase de crecimiento con otro tipo de jugadores. La inercia que han dejado futbolistas como el sevillano son tendencias que aprovechar. El nuevo activo de Panathinaikos FC llegó a Zorrilla para sumar de forma inmediata y, a su vez, para conseguir un objetivo claro. Era un contexto tan claro como diferente al actual.

El Real Valladolid de la temporada 2020/2021 debe ser ambicioso, debe mirar al máximo y debe confirmar que lo quiere todo. El entorno y el propio Club se deben convencer de aumentar el techo de exigencia pero sabiendo que en estas primeras jornadas las fases del proceso se deben cumplir y que son ellas las que definen el éxito o no del momento.

Saltarlas, evitarlas y menospreciarlas por cualquier tipo de resultado sería la pérdida del timón creado. Así, la clave para la tercera jornada liguera no sólo mira al propio duelo sino a la lectura y las sensaciones que se puedan sacar de él. El Real Valladolid se tiene que pedir y buscar el máximo pero desde el cumplimiento de las fases. Todo lo que quiere cumplir el Pucela esta temporada es ilusionante y, también, exigible, pero siempre desde la consecución de fases del proceso y no de resultados carentes de base.

Sergio González centra un discurso sin grandes riesgos

La mala imagen del Real Valladolid en los primeros 45 minutos de la derrota (2-0) ante el Real Betis del pasado fin de semana siguen en el aire blanquivioleta. El mal encuentro blanquivioleta firmado en Sevilla exige de una revancha que los pucelanos buscarán ante el Celta de Vigo. Pese a que Sergio, seguro de su discurso, resta trascendencia al duelo ante los gallegos, la realidad blanquivioleta habla de la necesidad de un buen partido y la confirmación de algún cambio. Todo tras una comparecencia en la que el entrenador vallisoletano centra su discurso.

En los últimos días, las declaraciones del míster blanquivioleta iban encaminadas hacia asegurar que quería una plantilla de 22 jugadores cuando, realmente, necesitaba una mayor. El entrenador pucelano no buscaba una plantilla grande ni, tampoco, una exigencia muy alta en el día a día. Sergio quiere una gestión ‘fácil’ y la busca desde una plantilla comprometida y sin grandes distancias. Éste ha sido el sustento de las dos temporadas anteriores, algo que, ahora, está imposibilitado por la necesidad de la competición.

El Real Valladolid, como cualquier otro equipo de la competición, debe tener el mayor número posible de activos disponibles porque no es cuestión de lo que uno quiera sino de lo que uno necesite. Si por tercera jornada consecutiva el equipo no va a poder completar la convocatoria con jugadores profesionales, la realidad es que el plantel se está quedando corto. Por ello es importante que Sergio González haya cambiado su discurso y sepa qué es lo que necesita él y el equipo.

Sin grandes expectativas
El Real Valladolid, en palabras de su entrenador, ha confirmado que ha cambiado su idea y que tendrá más de 22 jugadores. Sergio lo ha confirmado en una rueda de prensa en la que ha regateado la posible exigencia y la necesidad de un buen partido ante el Celta de Vigo. Después de lo vivido en Sevilla, el Pucela necesita lavar su imagen pero, por el momento, el entrenador no quiere exigencias de tiempos. Nunca ha trabajado con ellas y, ahora, no las busca. Desde un perfil bajo, el Real Valladolid se ha movido bien en las dos anteriores temporadas y es lo que Sergio quiere seguir haciendo esta temporada.

Pese al cambio que se espera del equipo y el paso al frente que se busca del estilo de juego, el entrenador blanquivioleta no quiere elevar las expectativas, aumentar la exigencia y potenciar los riesgos. Por ello, y de cara a la tercera jornada liguera, Sergio González habla más del encuentro inaugural que del último. En el empate (1-1) ante la Real Sociedad, el Pucela dejó buenas sensaciones y son esas sobre de las que se nutre Sergio y con las que trabaja y diseña el entrenador blanquivioleta.

Esperando que lo de Sevilla sea la «excepción» de la temporada porque «el día de la Real todos acabamos muy contentos», Sergio quiere frenar las críticas y las exigencias. Él sabe que el equipo tiene que dar un cambio a su estilo y potenciar sus mejores posibilidades y jugadores pero de una forma evolutiva, tranquila y sosegada. Pese a lo visto en los primeros 45 minutos de Sevilla, no es momento para ponerse nervioso y sí para mirar qué ha hecho bien el equipo o, al menos, eso piensa Sergio González.

En una previa marcada por la confirmación de que Shon Weissman no estará en el duelo por motivos personales y religiosos, el nombre propio de la comparecencia de Sergio es el de Jawad El Yamiq. La sexta cara nueva del Real Valladolid para esta temporada es un jugador que puede y debe sumar mucho al equipo y del que el entrenador catalán espera «altura, aplomo, versatilidad, porque pese a su altura se mueve bien, y buen toque de balón». Son condiciones determinantes para la evolución que necesita el Pucela y que puede sumar el central marroquí, un refuerzo de lujo y un jugador que marca el cambio de idea de Sergio González sobre la amplitud de la plantilla.