Sergio Asenjo falló porque Pacheta le invitó a hacerlo

La alegría que se vivió en el Estadio José Zorrilla con la victoria (1-0) ante la Unión deportiva Almería se vio frenada con la derrota (2-1) en los instantes finales del encuentro ante el Girona FC. Perder en el Estadio de Montilivi fue duro. Caer, una semana después, ante el Cádiz CF en la última jugada del encuentro es un mazazo importante que es, a su vez, una demostración de los peligros de este equipo, de la propuesta de Pacheta y de los riesgos que asumen estos jugadores. La cuarta derrota de la temporada tiene la firma de Sergio Asenjo, sí, pero, también, la del cambio de una tendencia de juego que era blanquivioleta.

Más allá de estadísticas, que confirman de forma clara y rotunda que la propuesta local fue la protagonista y la que se impuso en el terreno de juego, la sensación del duelo deja un Real Valladolid cómodo que se hizo dominador del juego. Los de Pacheta tuvieron controlado el encuentro y lo mantuvieron en sus objetivos hasta que el burgalés rompió el partido. Arrastrado por la tendencia y la inercia que hizo que los pucelanos tuvieran minutos de dominio total de los registros del juego y un número importante de ocasiones, Pacheta rompió el equipo al obligarle a buscar superioridades en las zonas en las que no debía.

El Real Valladolid estaba cómodo en la llegada al área, pero sin fijar esa presencia. La superioridad estaba en hacerse fuerte en los inicios de las transiciones. Esa presencia estática que buscó el burgalés con la entrada de Juanjo Narváez y Sergio León rompió al Pucela. Pacheta entendió que los blanquivioleta debían aprovechar esa innegable superioridad, pero falló en el cómo. Prescindir de los tres centrocampistas y, muy posiblemente, no contar con Álvaro Aguado fueron unos lujos que el equipo pagó y que le lastró en la lectura y ejecución de los condicionantes que pedía el partido.

Cambio de tendencia
Sergio González aseguró en la rueda de prensa tras el partido que el Cádiz CF fue superior a los pucelanos en los últimos 15 minutos. Para él, su equipo dio un paso. Es cierto, sí, pero invitado por los espacios que se encontró gracias al cambio de sistema del Real Valladolid. En esos últimos 15 minutos, los gaditanos se sintieron superiores porque los locales se desarbolaron y porque dieron alas a un rival debilitado y sin confianza que no estaba consiguiendo ejecutar su plan de partido. Hubo una fase en la que el Real Valladolid sometió a los andaluces como a nadie en la presente temporada y como a pocos en la pasada. Ahí estaban las respuestas y los argumentos que explotar.

Todo esa fortaleza, plan ejecutado y superioridad quedaron lastrados por cierta ansiedad de Pacheta en la lectura del partido. El burgalés vio el encuentro en la tendencia que quería y no supo entender que esa dinámica se había generado por un esquema y unos jugadores que no se debían retirar. El equipo había marcado un camino que era perfecto y que acogotaba al rival, pero Pacheta cambió el rumbo. Lo hizo para dar alas a Cádiz CF y para limar las opciones pucelanas. El burgalés rompió un partido que Sergio Asenjo sentenció porque el equipo dio un paso atrás. En la tendencia de los primeros 75 minutos, el gol hubiera sido tan impensable como imposible. Tristemente, Pacheta lo hizo viable.

Sergio González siempre nos engañó por los resultados

Después de la dolorosa derrota (2-1) ante el Girona FC, el Real Valladolid afronta la sexta jornada de LaLiga Santander con un encuentro importante. Cualquier duelo en el Estadio José Zorrilla es capital, pero si el rival es un conjunto que está, clasificatoriamente, por debajo de los blanquivioleta, más. Así, la visita del Cádiz CF es importante para las aspiraciones y evoluciones pucelanas. El conjunto vallisoletano recibe al equipo gaditano y, por consiguiente, a Sergio González. Considero que la visita del entrenador catalán no es relevante para los de José Rojo, Pacheta, pero su regreso obliga a una reflexión.

Pese a que éste fue un rincón en el que se analizó mucho al entrenador catalán en su etapa pucelana, los tiempos de su salida y despedida evitaron un análisis final sobre una figura que, con total sinceridad, considero negativa para el Real Valladolid. Como no me considero resultadista quiero analizar a Sergio González sin poner el foco en las dos salvaciones, el ascenso y el descenso. Quiero opinar sobre su figura por cómo fue su etapa en Zorrilla y qué legado dejó tras ella. 

Analizar el Real Valladolid que se encontró José Rojo, Pacheta, es un drama. Futbolísticamente, el Real Valladolid era un equipo roto. Los futbolistas pucelanos eran jugadores sin alma, sin confianza, sin seguridad y, lo que es peor, sin apego. Ahí, contribuyó el cortoplacismo y la simpleza desde la que trabaja el catalán, alguien que bloqueó las posibilidades de crecimiento de la institución porque los resultados taparon mucho de lo que él mostraba al vivir de la gestión de rentas e inercias.

Sergio González hizo que el Real Valladolid consiguiese un ascenso. Aquél fue su gran mérito, aunque quizás se le elogió de forma excesiva por él. Ésta es una opinión que siempre he expresado. Adquirió un equipo roto, sí, pero contra el anterior entrenador. Físicamente, aquel equipo estaba bien y, fútbolísticamente, tenía jugadores asentados. Recibió un Jaime Mata con 26 goles, por ejemplo. Aquéllo queda lejos pero demuestra el aprovechamiento de situaciones e inercias. Sergio es un entrenador que no tiene capacidad de crear. Aprovecha lo que se encuentra o lo que consigue. Lo ha demostrado en todos los sentidos.

Detalles y gestiones
Detalló correctamente al Real Valladolid de Luis César Sampedro y consiguió un meritorio ascenso. Posteriormente, aprovechó la inercia creada en aquel ascenso y consiguió una permanencia. No sin dificultades para crear nuevas situaciones. A Sergio le costó mucho incluir a Enes Ünal en sus planes. Al turco y a otros tantos. Daniele Verde, Hatem Ben Arfa, Kike Pérez, Jorge de Frutos, Jota Felipe… ¡Álvaro Aguado! ¿Cuántos de esos jugadores parecían no tener nivel para LaLiga Santander? Sergio se debilita cuando debe crear un punto de crecimiento.

Con todo, se encontró en una encrucijada que creyó que sabría dominar porque creía que él estaba por encima del Club. Por momentos, el catalán se creyó el motor del Club. Se lo creyó porque, en parte, se lo hicieron creer desde algún sector externo a la entidad. Sergio González, en 2019, ninguneó a aquéllos que no le veían capaz de liderar el barco pucelano. No les dio argumentos para que creyeran en él ni se atrevió a debatir con ellos. Como siempre ha visto una crítica como un ataque, impuso vivir del pasado porque había conseguido resultados, aquéllos que consideró históricos para una insititución como la blanquivioleta.

Aunque cueste dejar a un lado en este análisis el menosprecio con el que Sergio González siempre trató la historia del Real Valladolid, entiendo que su principal problema fueron los resultados y los detalles escondidos que estos dejaron. Se creó una corriente sobre él que nunca comprendí y que, muy posiblemente, generó esta situación. Si un entrenador que consiguió un ascenso y dos permanencias puede no ser bien recibido en Valladolid es que su legado es negativo y el de Sergio lo es. Indudablemente.

Su triste legado
El actual entrenador del Cádiz CF consiguió que la mediocridad se instalase en el Estadio José Zorrilla. Cuando tuvo que crear y responder con liderazgo se le vieron unas costuras que nunca había conseguido tapar con rotundidad. Siempre estuvieron presentes pero las salvó por errores ajenos y nunca por aciertos propios. Éste es un punto del análisis sobre la figura de Sergio que se quiso ignorar y que él supo gestionar para que se tapase. Las salvaciones se veían como éxitos históricos cuando estas están firmadas más por detalles ajenos que por méritos propios.

Sergio González llegó en 2018 al Estadio José Zorrilla desesperado para aprovechar una bala inesperada en su carrera que supo gestionar. Ahora, Sergio vuelve a Valladolid, aquélla ciudad que no le debe nada. Absolutamente nada. Su regreso llega en un ambiente que no es hostil pero que no será cómodo. Su legado obliga a ello. Siempre quiso engañar con lo que había conseguido. Siempre quiso que se viera más el envoltorio de su etapa que la realidad que había tras él. Lo hacía porque sabía que el interior estaba vacío. Su legado era inexistente.

Dureza: La diferencia que ha devorado al Real Valladolid

De la debilidad de Elche al golpe ante el Cádiz hay pocos días. En una fase de la temporada en la que el Real Valladolid tenía dos encuentros determinantes para su futuro, los de Sergio González han obtenido apenas dos puntos. Sumando este fracaso con la derrota (1-2) ante el Granada CF, la realidad del equipo blanquivioleta es muy compleja y lo es, principalmente, por la diferencia existente entre el entrenador y los jugadores. Transcurridas 32 jornadas, el equipo se mueve por los mimos problemas del mes de septiembre y eso señala al enfoque del trabajo del cuerpo técnico.

Con más de 3.000 minutos de juego en esta temporada la sensación global es la de un equipo que aún se sigue buscando y que, a estas alturas, aún no ha atacado la diferencia entre las ideas y las capacidades del entrenador y el potencial del equipo. Está ya más que demostrado que Sergio González no se siente cómodo con el equipo en bloque alto. Los pucelanos, por cualidades y necesidades de jugadores como Shon Weissman, Fabián Orellana o Jawad El Yamiq, piden vivir en campo contrario y cerca del área. Esa necesidad no es correspondida por el entrenador como merece.

Esa diferencia es capital. La distancia entre unas ideas y las posibilidades es capital y es la gran señalada para entender el camino que ha afrontado el Real Valladolid y que cada semana está más asumido en el entorno. El sentimiento hacia el descenso comienza a ser ya irrefutable. El camino lleva a pensar que no se puede salvar la temporada y los análisis de por qué están, cada vez, más centrados en esa diferencia entre el rendimiento y el potencial.

La comodidad de Sergio
El Real Valladolid ofrece durante fases concretas de los partidos aspectos del juego que son convincentes. El equipo muestra tendencias para vivir cerca de sus posibilidades. Es creíble pensar en que los pucelanos pueden salir de esa situación y aumentar el rendimiento de todos sus jugadores. Ese convencimiento es pasajero y muy fugaz. Lo es porque Sergio siempre termina llevando el planteamiento a su idea y a su terreno, aquél en el que él se siente cómodo y en el que el Real Valladolid de las dos temporadas anteriores estaba fuerte. ¡El de temporadas anteriores! No el de ésta.

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El Real Valladolid agoniza por los problemas de verano

En los empates que ha firmado el Real Valladolid está temporada está (o estaba) la salvación. Convertir tres de esas igualadas en victorias hubiera sido un golpe definitivo para que el equipo estuviera, a estas alturas, donde quiere. Sergio González asegurará que es una «deuda» del fútbol con el equipo cuando, en realidad, es una carencia de gestión de un vestuario que ha firmado este partido en varias ocasiones. Perder dos puntos tras hacer una buena primera parte y caerse en los segundos 45 minutos es un proceder conocido por este Pucela, de la misma forma que fue la dinámica que llevó a la derrota (1-2) ante el Granada CF.

Al equipo le falta regularidad y lo importante está en saber por qué le falta esa consistencia. Después de 32 partidos ligueros, éste es ya un equipo con poca capacidad y convencimiento para cambiar su realidad. El margen de mejora en el que creía hace unas pocas semanas ya no es un argumento para creer en una posible salvación. No es viable confiar desde ese punto de evolución porque pese a las jornadas pasadas, los entrenamientos realizados y los golpes sufridos, el equipo sigue teniendo la poca credibilidad en su juego y la falta de argumentos en sus respuestas de un equipo en formación.

Esa sensación de estar evolucionando y tener un margen de error ha sido el proceder del Real Valladolid durante toda la temporada. Siempre ha dado impresión de que el equipo iba a ir a más y que, con el tiempo, iba a tener controladas esas situaciones que en los meses de septiembre y octubre se le escapaban. El tiempo ha pasado y la realidad es la misma. Sin el fallo grotesco de Jordi Masip, la igualada ante el Cádiz CF tiene tintes similares del empate (1-1) en la primera jornada ante la Real Sociedad.

Bipolaridad blanquivioleta
En ese partido del mes de septiembre se vio a un Real Valladolid con fuerza y credibilidad ofensiva. En los primeros 45 minutos quiso vivir en campo rival, hacer una buena presión y ser vertical tras el robo. Generó ocasiones y tuvo la primera parte en los contextos que Sergio quería y que, en gran parte, demandaban los jugadores. Ocho meses después, la primera parte ante el Cádiz CF fue parecida. Dominio, control, creación de ocasiones y superioridad. Como en aquel duelo del 13 de septiembre, el descanso llegaba de forma rápida. El equipo quería más y el paso por vestuarios sentó muy mal.

Sin saber qué ocurrió en el descanso, la realidad en aquel encuentro ante los vascos y en el disputado ante los gaditanos es que el segundo tiempo se hizo largo a los pucelanos. No por una cuestión de goles encajados sino por el juego y los contextos que llevaron a esos goles. El análisis no se debe hacer por el hecho de cómo encajó el Real Valladolid ante las vascos y los andaluces. Lo importante es entender por qué encajó. Sergio dio terreno al entrenador rival. Éste también juega, es cierto, pero cuando los resultados y la dinámicas son siempre tan parecidas, el principal responsable es uno mismo y en esta ocasión es Sergio González.

Ya sea con unos jugadores o con otros, en una etapa de la temporada o en otra o, incluso, ante un rival u otro, la realidad pucelana dice que este equipo no sabe gestionar sus tendencias ni, tampoco, su potencial. El Real Valladolid y su entrenador no saben qué hacer para vivir fuertes en un partido largo y consistente. Sin explicaciones ni argumentos, las herramientas no aparecen ni en septiembre ni en noviembre. El que no las tiene, obviamente, se aleja por si solo de sus objetivos, tal y como está demostrado semana tras semana este débil y poco evolucionado Real Valladolid.

Madurez y fútbol, grandes enemigos del actual Pucela

Tras el empate (1-1) ante el Elche CF el Real Valladolid salió «debilitado» del Estadio Martínez Valero. Una jornada después, los pucelanos salen tocados del empate (1-1) ante el Cádiz CF. El equipo está con más dudas que nunca, algo diferente pero similar a lo que vive Sergio González. El preparador catalán parece estar sentenciado tras el encuentro ante los de Álvaro Cervera. El equipo ha sumado, sí, pero, a la vez, ha perdido dos puntos y, además, una gran oportunidad. El problema principal no es la pérdida de puntos es la nueva pérdida de puntos.

Ese matiz de ‘nueva’ es el que más señala a Sergio González porque lo vivido ante el equipo gaditano no es nuevo. Este partido ya se había vivido. Lo visto en los primeros 45 minutos es la muestra de un equipo con potencial pero lo triste y preocupante es la poca fuerza de regularidad y convicción de ese potencial. El equipo posee armas, pero hay que buscar el juego desde ellas, algo que Sergio no hace pese a la petición de liderazgo y personalidad de la previa.

En esa misma comparecencia antes del partido del entrenador, éste aseguró que en Elche se consiguió uno de esos puntos que «el fútbol debe» al Real Valladolid. Siendo que ésta es una frase que, como dijo Alberto Cuesta en el podcast #3 es, como poco, absurda, el análisis entre deber y obtener tiene, también, una nueva acepción: renunciar.

Opciones, perdidas
Viendo lo que ha ofrecido el equipo en los primeros 45 minutos ante el Cádiz CF, desde dónde lo ha buscado y todo lo que ha generado, mi pregunta es saber a cuántos puntos, partidos, victorias y evolución ha hecho renunciar Sergio al imponer sus ideas por encima de las de sus jugadores y no saber atacar la diferencia existente entre su estilo y las posibilidades del equipo. Ahí se ha perdido mucha fuerza y, posiblemente, se haya escapado hasta la salvación en LaLiga Santander. Casi nada.

Definición: El Real Valladolid de la temporada 2020/2021

Siempre he pensado que a este Real Valladolid lo que más le ha costado esta temporada es la regularidad y la consistencia. Tiene buenas ideas y tiene buenos jugadores, pero no posee la fuerza para hacer de esos conceptos su definición. El equipo no ha conseguido a lo largo de la temporada ser consistente ni mostrar ambición. En pequeñas dosis y fragmentos, sí, pero no como es necesario, tal y como ha quedado demostrado en el insuficiente empate ante el Cádiz CF.

Como defino en la crónica de ElDesmarque Valladolid, el empate es «insuficiente y mediocre», a partes iguales. Lo es como lo ha sido tantas y tantas veces pero en esta ocasión duele más al ver de lo que es capaz este equipo pero la poca credibilidad que tiene para hacerlo. El actual Real Valladolid es mediocre y lo es por el discurso que existe a su alrededor y que ha calado tanto que hace que una buena acción o una buena fase de juego no pueda ser ampliada. Este equipo, sea por la razón que sea, no se cree sus argumentos. Tras 45 minutos brillantes, el equipo claudicó en la segunda parte. Fueron 45 minutos de escaso nivel porque los de Sergio dieron un paso atrás.

En lugar de pensar que lo hecho era un camino y un argumento para volver a repetir la exposición y la propuesta, el pobre resultado a lo ofrecido hizo pensar que el equipo no podía aspirar a más y antes, incluso, de que el Cádiz CF quisiera levantar las líneas, Sergio González ya había invitado a Álvaro Cervera a que lo hiciera. Los pucelanos vendieron muy barata su propuesta y su esfuerzo en los primeros 15 minutos de la segunda parte y, con ello, lo peor no era el gol de Juan Cala. El mayor problema era dónde estaba ya el partido.

Otro partido largo
El Real Valladolid no tenía controlado el duelo y, nuevamente, la falta de ideas iba a hacer el encuentro muy largo y costoso. La fuerza, la credibilidad y la consistencia de los pucelanos en los primeros 45 minutos hicieron que el tiempo volase. Alberola Rojas decretaba el final de los primeros 45 minutos y la sensación era de que el equipo quería más. Llegaba el final de los 90 y el equipo ya había dejado varias sensaciones de necesitar el final del encuentro. Esa falta de argumentos y de solidez hicieron fuerza en el equipo como lo han hecho en toda la temporada.

Con todo, la visita del Cádiz CF al Estadio José Zorrilla define cómo está siendo la temporada del equipo de Sergio González. Quieren, pueden pero no confían y, así, en ese camino, los pucelanos empatan, empatan y empatan y son ya muchas las ocasiones en las que pierden dos puntos en momentos clave por su deméritos. El último ejemplo es la visita de un recién ascendido al Zorrilla, uno de esos partidos que este Pucela y esta versión de Sergio no saben gestionar ni liderar y que se pierden como el equipo ve escapar su objetivo final.

Sergio González pide lo que a él tanto le cuesta ofrecer

Antes del importante viaje del Real Valladolid al Estadio Martínez Valero, Sergio González habló de la importancia del «camino» del equipo. Desde él, los pucelanos iban a conseguir tres puntos importantes pero, además, pensar en que había forjado una identidad para conseguir más victorias y, por qué no, la salvación. Pocas horas después de aquello y tras salir muy debilitados del enfrentamiento ante el Elche CF, el entrenador catalán cambia mínimamente su idea y discurso y se centra en otro término con un objetivo más simple.

Desde remarcar la importancia de hacer «nuestra faena», Sergio habla de ganar. Es obvio. La necesidad blanquivioleta está en conseguir victorias y puntos pero, también, en regularidad. No creo que el objetivo blanquivioleta, y esto ya es una opinión personal, sea superar al Cádic CF en la jornada 32 con un gran resultado. La necesidad del Real Valladolid no es esa. Por mucho que pueda gustar una goleada, el Real Valladolid no estará más cerca de la salvación por marcar cuatro goles al equipo de Álvaro Cervera que si gana por un único tanto.

Por el contrario, consiguiendo un juego equilibrado, estable y regular, los pucelanos sí que tendrán posibilidades de crecer desde una hipotética victoria ante los gaditanos. Por pocos encuentros que resten, el futuro pucelano no es sólo de un partido. Hay más y los de Sergio González necesitan más. Con una victoria no estará la salvación y con un partido no se cambiará la realidad ni del equipo ni de su juego.

Personalidad y liderazgo
Esa faena tiene un camino y ese camino tiene unos obstáculos que existen pero que, últimamente, no está limitando mucho al Real Valladolid. Desde el Camp Nou, el equipo ha mostrado una cara muy mala y eso que las carencias de efectivos y posibilidades no estaban en el plan. Sergio González ha recuperado muchos jugadores para los tres últimos partidos. Es más, la presencia de futbolistas del filial es casi nula en estas jornadas. Problemas de efectivos no hay, lectura sobre ellos, sí. La «experiencia» así lo dice.

En la derrota (1-2) ante el Granada CF no se utilizaron bien las opciones del banquillo y, días después, en el empate (1-1) ante el Elche CF, Sergio González no supo cambiar nada pese a utilizar cinco cambios. Sin personalidad desde el banquillo para, como poco, buscar un cambio de dirección es difícil creer en este Real Valladolid y en un entrenador que sabe que el futuro pasa por tener arrojo, confianza y liderazgo. El futuro blanquivioleta está en los detalles pero, también, en cómo se buscan esos detalles. Por ello, la necesidad de ganar es alta pero, también, desde cómo se consigue.

«Sin interferencias» pero, también, sin excusas, Sergio pedía desde la previa ver a un Real Valladolid que «imponga ritmo». Con y sin balón. Desde «estabilidad emocional», los pucelanos estarán cerca de conseguir, primero, un cambio de imagen y, con él, una victoria y, quizás, una seguridad para tener regularidad y consistencia, rasgos que llevarán al equipo a una, dos y hasta tres victorias, aquéllas que necesita el grupo para, clasificatoria y futbolísticamente, estar al nivel de sus exigencias.

Portería a cero: Una necesaria doble lectura del ‘éxito’

Sergio está convencido de que desde la portería a cero su equipo va a crecer. Tiene sentido porque ha sido la base desde la que ha conseguido las dos salvaciones que acumula con el equipo en LaLiga Santaner pero, sinceramente, no creo que éste deba ser un punto para estar contento por el agrio empate (0-0) firmado ante el Cádiz CF. Los blanquivioleta firmaron un pobre encuentro en el Estadio Ramón de Carranza y nada de lo ofrecido sobre el césped gaditano va a hacer crecer al equipo vallisoletano.

Sin evolución en el juego, sin ocasiones de gran calado, sin una buena gestión de la figura de delantero y sin una muestra de seguridad en el equipo, el duelo no puede ofrecer registros de ilusión ni esperanza. Conseguir dejar la puerta a cero es motivador, sí, pero el cómo se consiguió, no. Yo no vi en Cádiz a un Real Valladolid sólido ni con ideas y objetivos claros. En cambio, sí vi imprecisiones, desajustes y un equipo muy largo en el terreno de juego. No creo, honestamente, que los de Sergio González consiguieran el principal objetivo del entrenador por méritos de la propuesta.

Los méritos del Real Valladolid en el partido no fueron para conseguir dejar la portería a cero. En otros encuentros, muy posiblemente, el equipo haya hecho más méritos para conseguir este importante objetivo que siempre ha marcado Sergio. Por ello, y viendo el partido del Pucela en Cádiz al completo, el resultadismo no debe ser la receta que marque la lectura de este duelo, aquél que deja más aspectos negativos y para crecer que éxitos y puntos para celebrar.

Insuficiente
El partido en Cádiz, como ante el Fútbol Club Barcelona, fue malo. Los últimos 180 minutos del año 2020 no dejan en buen lugar al Real Valladolid ni, obviamente, a su entrenador y sólo la lectura que demanda la situación del equipo blanquivioleta mostrará que lo conseguido en el Estadio Ramón de Carranza es insuficiente.

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El Pucela y Sergio han pisado el freno de la evolución

Tras el empate (1-1) ante el Sevilla FC, el Real Valladolid estaba en un gran momento. El equipo de Sergio González tenía todo lo que debía tener. Llegando al duelo en el Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán tras una gran victoria (3-2) ante el Club Atlético Osasuna y después de un duelo con doble sabor a victoria, los últimos dos encuentros han frenado la evolución pucelana y la confianza que se habían ganado el vestuario y el entrenador durante las últimas semanas. El equipo estaba en evolución pero ésta se ha visto frenada en los últimos 180 minutos.

Intentando dejar a un lado el análisis de la oportunidad perdida ante un Fútbol Club Barcelona, el empate culé (1-1) ante la Sociedad Deportiva Éibar multiplica la mala sensación que dejaron los blanquivioleta en el penúltimo partido del año 2020 y que se multiplicó en este último. En los últimos dos partidos lo único positivo que llevarse a la boca del Real Valladolid ha sido la portería a cero, un objetivo demasiado caro si para él se deben debe firmar encuentros con tan poco bagaje, tan mala lectura y tan pobre en evolución como el firmado en el Estadio Ramón de Carranza.

Pese a ese gran objetivo conseguido para Sergio González, nada de lo mostrado en Cádiz genera ilusión ni esperanza. En cuestión de lectura, intervención y evolución, la última jornada del 2020 ofrece más dudas que esperanzas y más para un equipo con el déficit de puntos que tiene éste. Sin comprar ninguno de los argumentos que Sergio González señaló en la rueda de prensa posterior al duelo y en los que señalaba que el equipo no leyó bien los últimos 20 minutos del partido por la «presión» y «la situación clasificatoria», el Real Valladolid se puede y se debe exigir más.

Existen contextos y detalles muy globales y subjetivos sobre los que se centran el acierto del equipo pero no una exigencia clara ante la falta de lectura y evolución de un equipo que debe ganar partidos. Tras 16 jornadas, el Real Valladolid no está en una situación límite pero sí que puede llegar a ella si no consigue imponerse en momentos cruciales y determinantes, como era la visita a Cádiz. Un duelo como éste debía ofrecer una lectura ambiciosa y futbolística del Real Valladolid. El equipo debía ofrecer su mejor cara e intención, y no consiguió mostrarla.

Dinámica perdida
Sumó y consiguió un reto primordial para su entrenador pero estos son objetivos menores para un equipo en zona de descenso y, muy posiblemente, para el conjunto que salió del Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán. En Sevilla se vio un Real Valladolid ambicioso y que evolucionó mucho en la segunda parte. Ante los de Julen Lopetegui, el Pucela mostró todo aquello que venía defendiendo en las últimas jornadas. Leyendo bien los cambios y potenciando los contextos de cada jugador, el Pucela sumó un justo e importante punto. Con la enorme alegría y la motivación del gol de Raúl Carnero se afrontaban los últimos 180 minutos del año que, finalmente, resultaron decepcionantes.

Sabiendo que ante el Fútbol Club Barcelona se perdió una gran oportunidad y que no se estuvo a la altura de un rival en horas bajas, el duelo ante el Cádiz CF muestra que los pucelanos han perdido la estela de su crecimiento. Los 180 minutos firmados en los últimos dos partidos del año 2020 son impropios de un equipo que tiene argumentos para salir de la zona de descenso y que firmó, de forma consecutiva, los duelos ante CA Osasuna y Sevilla FC.