Nunca terminaremos de perder esta ilusión. O sí

El Real Valladolid debe recortar cinco puntos en los próximos seis partidos para llegar al play-off. Un reto para un equipo que ha perdido el 39% de sus partidos

«Si llegamos a creer durante la temporada pasada, por qué no vamos a hacerla en ésta». La reflexión parece clara. Pese a que la actual temporada no esté siendo histórica ni ilusionante, el horizonte blanquivioleta es mucho más esperanzador que el de la temporada pasada. El proyecto de Paco Herrera tiene diferentes sustentos. Entre unos puntos y otros, el actual Pucela aún genera esperanzas de poder llegar al play-off de ascenso. Pese a que con el empate (1-1) ante el Club Deportivo Numancia se perdió una gran oportunidad e, incluso, pese a la unión cercana con la goleada (6-2) ante el Sevilla Atlético, las matemáticas hacen creer en el equipo. La ilusión sigue vive. Está muy apaciguada pero aún sigue activa. Toca cuestionarse hasta cuándo.

Los jugadores del Real Valladolid y del Club Deportivo Numancia en una jugada durante el pasado sábado <em><strong>(RealValladolid.es)</strong></em>
Los jugadores del Real Valladolid y del Club Deportivo Numancia en una jugada durante el pasado sábado (RealValladolid.es)

Hasta el último segundo
El Real Valladolid está a cinco puntos de la zona de promoción, aquélla que se marcó esta temporada entre objetivo y obligación. Pese a las muchas caras nuevas del vestuario, el Club casi definía estar entre los seis primeros clasificación como una obligación. Ahora, en el tramo más decisivo de la temporada, parece difícil llegar. El Pucela está a una distancia de cinco puntos con sólo 18 en juego. Es decir, debe recortar el 28% de los puntos en juego cuando, durante toda la temporada, ha dejado escapar más del 54% de los que ha disputado.

Es posible. Las matemáticas lo dicen y la ilusión blanquivioleta, también. Pese a las muchas críticas que se puedan hacer del Real Valladolid, de su afición y de su entorno, que siempre se han hecho y se harán, nadie pierde la ilusión en el seno del Estadio José Zorrilla. La temporada pasada, en un peor momento, con un vestuario más debilitado y una tendencia horrible, siempre hubo ilusión sobre las opciones de que el equipo de Miguel Ángel Portugal pudiera llegar al play-off. Pese a derrotas tan duras como las de Butarque o Anduva, la ilusión seguía viva.

Esa opción estuvo encendida hasta su marcha. Tres derrotas consecutivas hicieron salir al entrenador burgalés y, por consiguiente, a romper esa ilusión. El discurso del exentrenador pucelano mantenía la ilusión. Alberto López la rompió. Mostró la realidad, aquélla que parecía desconocerse. Ahora, las palabras de Paco Herrera van más por mantener viva una ilusión raquítica que por mostrar una realidad de oportunidades perdidas. Pese a los ridículos firmados esta temporada, el calendario volvía a ofrecer una opción de engancharse al play-off ante el Club Deportivo Numancia. La opción murió pero no con ella la ilusión. Al menos, de momento.

Ilusión. No esperanza
La sensación que deja el Real Valladolid en el entorno es de ilusión o, lo que para la RAE es, “concepto sin verdadera realidad, sugerido por la imaginación o el engaño”. Éste es un término muy diferente al de esperanza, aquél que parece muy lejano al Pucela. Lo que generan los de Paco Herrera no es un “estado de ánimo que surge cuando se presente como alcanzable aquello que se desea”. Es cierto que el Real Valladolid desea llegar a la promoción de ascenso pero, tan cierto como ello, es verdad que ésta no se ve como algo “alcanzable”.

Se espera que llegue. Con ilusión. Con un poco de engaño pero nunca con confianza ni esperanza. De igual forma se convivió la temporada pasada. Hasta que llegó Alberto López y se apoderó de aquel discurso que se necesitaba en el Estadio José Zorrilla, la ilusión seguía viva. No había esperanza. Sí irrealidad e imaginación. Como ahora, cuando el Real Valladolid debe curar todos sus males en seis semanas para conseguir aquello que no ha hecho en toda la temporada. Es cuestión de ilusión. No de realidad. Si fuera por ella…

Lo «jodido» que es remontar en Segunda división

El Real Valladolid firma dos años sin remontar un partido en una categoría que promedia más de una por jornada. Mientras, el Pucela lleva 91 partidos sin hacerlo

[quote style=»3″] Ya lo decía Pepe Bordalás la temporada pasada. Es muy jodido remontar en Segunda división
Pau Torres, portero del Real Valladolid, tras la derrota (1-0) ante el Real Oviedo en el Estadio Carlos Tartiere[/quote]

El Real Valladolid tiene un problema grave. Una situación que lejos de ser un análisis curioso deja al club blanquivioleta con la duda de saber qué ocurre en una entidad que acumula más de dos años sin remontar un encuentro. El equipo, ahora entrenado por Paco Herrera, no da con la tecla para afrontar unas dificultades que siempre se superan en Segunda. En esta temporada son ya 23 remontadas las que se han producido mientras que en el Real Valladolid no lo ha hecho en los últimos 91 partidos, en los cuales ha tenido la oportunidad en 42. Por el contrario, en esta campaña los pucelanos han sido remontado en dos ocasiones. 

Once titular del Real Valladolid en el reciente duelo ante el Real Oviedoen el Carlos Tartiere <em><strong>(RealValladolid.es)</strong></em>
Once titular del Real Valladolid en el reciente duelo ante el Real Oviedoen el Carlos Tartiere (RealValladolid.es)

¿Qué es una remontada?
Hace varios años debatía con un amigo qué es remontar en el fútbol. Él, tras ver cómo el Real Valladolid pasaba de una abultada derrota (3-0) en El Sadar a un valioso empate (3-3), me aseguraba que eso no era una “remontada”. Para ser tal debían conseguirse los tres puntos. Siguiendo el criterio de la RAE, ‘remontada’ es una “superación de un resultado” y hacer de una dolorosa derrota un valioso empate, sí lo considero una remontada. Por ello, en el fútbol, en mi fútbol, entiendo entre remontada y ‘remontada total’. Como dicen que “sumar siempre es bueno” en el fútbol, un empate es positivo y, por lo tanto, sí lo considero como remontada.

Con todos estos ingredientes, el Real Valladolid lleva sin hacer una ‘remontada completa’ dos años. Lleva consiguiendo pequeñas y contadas remontadas con los últimos cinco entrenadores pero sin conseguir esa gran satisfacción que es ganar tras ver que el rival se pone por delante en el marcador. Esa muestra de potencial, hechura de gran equipo y ráfaga de madurez no existe en el equipo de Paco Herrera, como tampoco ocurrió en la parte final de Rubi ni con Miguel Ángel Portugal, Gaizka Garitano o Alberto López.

En el seno pucelano no ocurre y no porque no exista en la categoría ni contra los pucelanos. En la actual edición de ‘LaLiga 1|2|3’ se han vivido, en las 22 jornadas disputadas, 23 remontadas totales. Más de una por jornada. De igual forma, el equipo blanquivioleta se ha visto superado tras adelantarse en el marcador en dos ocasiones. Tanto en la derrota (1-2) ante la Sociedad Deportiva Huesca como en la jornada siguiente, perdiendo (3-2) ante el Levante UD en el Ciutat de Valencia, el Pucela ha visto cómo ocurrió todo aquello de lo que él adolece. Esa seguridad, confianza y potencial desde el banquillo del equipo de Juan Antonio Anquela y de Juan Ramón López Muñiz no existe en el seno blanquivioleta. El Pucela no tiene la fuerza de superar los obstáculos que aparecen en sus partidos.

23 ‘jodidas’ remontadas
Decía Pau Torres, tras perder (1-0) ante el Real Oviedo, que remontar en Segunda es muy “jodido”. Que ya lo decía Pepe Bordalás la temporada pasada cuando estaba en el Deportivo Alavés con él. Hacer dos goles a un equipo que está con el marcador no es tarea fácil pero este año lo han conseguido ya 14 de los 22 conjuntos de la categoría. Salvo el Real Valladolid y siete conjuntos más, todos han mostrado fuerza para superar un gol en contra.

Listado de las 23 remontadas que se ha producido esta temporada en LaLiga 1|2|3

Desde la primera jornada, se han dado remontadas y en la última, también se produjo. No es fácil. De los 242 partidos disputados hasta la fecha en Segunda, sólo se ha producido en 23 de ellos. Es decir, sólo en un 9,5%. Parafraseando al portero pucelano, sí que es “jodido” remontar pero no tanto como para ponerse la venda por no haberlo conseguido desde hace 91 partidos y después de tener la oportunidad en 42 de ellos.

Los datos de la vergüenza
Desde aquella victoria en Mallorca, el Real Valladolid ha disputado casi 100 partidos. Tras Rubi, autor desde el banquillo de aquella victoria en Son Moix, el Pucela ha tenido cuatro entrenadores más y ninguno ha conseguido materializar una remontada. Han podido estar más cerca o más lejos pero tras ponerse con el marcador en contra, el Real Valladolid sólo ha obtenido siete puntos. Siete de 114 puntos puestos en juego ya que de esos 42 partidos con opciones de remontada hay tres de Copa del Rey y uno del play-off de ascenso del año 2015.

Datos de las ‘no remontadas’ del Real Valladolid en las tres últimas temporadas. 91 partidos sin remontar

Los datos son de vergüenza. No hay otro término que lo pueda explicar. El Real Valladolid no tiene fuerza mental para superar un bache. Se ampara en lo “jodido” que es remontar en Segunda, que lo es, pero esta temporada es junto a Agrupación Deportiva Alcorcón, Reus Deportiu, Real Zaragoza, Córdoba CF, Real Club Deportivo Mallorca, Real Oviedo y Rayo Vallecano el único equipo que aún lo ha hecho. Otros 14 equipos de la categoría lo han conseguido. Por qué ellos sí y el Pucela no es un tema para un nuevo artículo.

La pelea de un entrenador por mantener el grupo

El egoísmo de los futbolistas supera ya cualquier objetivo global del fútbol

El apasionante mundo de las ruedas de prensa dio un cambio hace unas semanas. En la previa de la última jornada en Primera división, Víctor Sánchez del Amo resumía cómo había sido la temporada en el Deportivo de la Coruña. El ya ex preparador deportivista emprendía voluntariamente un discurso lleno de contenido, polémica y egos. Demostrando, nuevamente, que el fútbol está contaminado por el premio individual, el madrileño abría puertas al análisis. El fútbol es, cada día, un deporte más individualista en el que sólo un integrante busca el éxito grupal. Mientras los jugadores y sus entornos buscan el éxito propio, el entrenador debe buscar el bien común. A veces es complicado. Otras imposible. El Real Valladolid lo ha vivido esta temporada. La forma en la que se busca el premio final no siempre es la misma y no tiene una forma ortodoxa. Es difícil pero todo entrenador la busca. Alberto López lo ha hecho y ha conseguido el objetivo por el que llegó al Real Valladolid; salvar al equipo del descenso de categoría.

Alberto López da instrucciones durante un partido en el estadio José Zorrilla (RealValladolid.es)
Alberto López da instrucciones durante un partido en el estadio José Zorrilla (RealValladolid.es)

Johan Mojica
Hace unos pocos días, Arturo Alvarado, en las líneas de El Mundo Diario de Valladolid, aseguraba que el Real Valladolid había sancionado a Johan Mojica por petición de Alberto López tras el primer partido del entrenador vasco como blanquivioleta. 500 € de multa reflejaban la noticia por lo que el entrenador consideraba una mala actitud en el empate (1-1) ante el Club Deportivo Lugo.

Dejando a un lado la cuantía económica de la decisión, el tema principal ha estado en saber cómo y por qué un jugador que fue sancionado por una mala actitud y en una media que buscaba dar ejemplo al vestuario, tuvo un lugar privilegiado en los siguientes partidos. La respuesta se encuentra en el equipo y en la supuesta calidad diferencial del jugador. Pese a que tras esa actitud sancionada, a Alberto lo que le pediría el cuerpo era dejar fuera del equipo al colombiano, el entrenador no lo pudo hacer. No tuvo la opción de hacer lo que quería por el equipo. El Real Valladolid, en la situación en la que ha estado desde su llegada, no podía perder a nadie más. No podía autolesionarse más.

• «¿Por qué no vale nada para este Real Valladolid?», reflexión pucelana muy personal •

Pese a que es cierto que en el fútbol aquel que no suma, resta, Mojica podía restar a nivel de compromiso, trabajo y actitud pero su fútbol era determinante. Sí, decisivo. Puede parecer incomprensible pero ha sido la realidad en este tramo final. Llega un momento en la temporada en la que todo se evalúa por los resultados. Por un gol, un punto o una victoria, un entrenador es capaz de todo. Miente o engaña al entorno. Todo vale. Todo suma y por todo es capaz de apostar un entrenador si así considera que está más cerca de sumar.

Experiencia propia
En mi caso, el de un simple entrenador de fútbol con el placer de entrenar diferentes equipos durante nueve años, la experiencia también existe en este punto. Hace tres temporadas acepté la propuesta de ser segundo entrenador en Regional Preferente, una categoría por debajo de Tercera división. El grupo era bueno. Una base de buenos jugadores que vivían su segunda temporada en la categoría que ellos habían conseguido.

Es cierto que la unión era buena. Aquel era un grupo de amigos, como se suele decir pero, también es verdad, que se trataba de un vestuario con un principio de agotamiento y determinados vicios adquiridos. Acostumbrados a ganar y a recopilar éxitos, la temporada no comenzó bien. Los resultados lastraban el trabajo e invitaban a que se asomaran pequeños y grandes egos. En esa pelea destacaban dos gallos. Uno, de supuesta trascendencia, forzó su salida. Otro, preso del miedo, nunca propuso salir. No dio el paso pese a que era lo que le pedía el cuerpo. Es más, siempre estaba disponible. A su manera pero activo.

Este segundo jugador era diferencial en el campo. Fuera de él su actitud no era la más correcta. Dentro del partido, tampoco. Eso sí, era el goleador. El que nos hacía ganar partidos y puntos en nuestra pelea por evitar el descenso. En un momento de la temporada, lo fácil y, posiblemente, lo más recomendado, era eliminar del vestuario a este jugador. Yo, como segundo entrenador, propuse no actuar así. Lo mío eran sólo propuestas. Las decisiones, obviamente, del primer entrenador. Así creo que funciona y debe funcionar el fútbol.

Por suerte, mi propuesta se aceptó y el jugador continuó en el equipo. Seguramente, para la armonía y buena dinámica del vestuario lo mejor hubiera sido eliminar ese activo. El vestuario lo hubiera agradecido en el día a día y en el trabajo pero no en el juego. Su actitud era reprochable, sí. Su contaminación era activa, también. Pero sus goles eran necesarios. Suficiente nos habían debilitado las decisiones de los jugadores, los movimientos del mercado y los egos como para asumir más decisiones drásticas. No podíamos. Estábamos atados.

¡Enhorabuena, Alberto!
El entrenador está atado. Un preparador se debe aclimatar a lo que tiene. Muchos jugadores se borran durante la temporada. Tiran incluso el brazalete de capitán para defender su ego. Los entornos no ayudan. Más bien al revés. Todos restan. Todos complican y debilitan la evolución. Un entrenador no trabaja sobre lo que dispone. Pelea ante lo que le disponen. Le lastran el día a día y él debe aclimatarse una y otra vez.

• «Los aspectos a «años luz» que vislumbra Alberto», sus deberes en la presentación • 

Adaptarse es lo que ha hecho Alberto López en el Real Valladolid. Posiblemente haya tomado decisiones impropias para él y de las que no se sienta orgulloso pero el objetivo del Pucela mandaba. Él ha sabido sacarle partido al equipo y a las limitaciones y trabas que se ha encontrado. Yo, como segundo entrenador, no supe recomendar más para salvar a un equipo que terminó descendiendo al fallar un penalti en el minuto 88.

Alberto quema su última baza demasiado pronto

La convocatoria de Alberto López ante el Albacete señala demasiado al vestuario. La desconvocatoria de dos jugadores utilizados en sus dos primeros partidos chirría

• Cuando un entrenador elimina de golpe y porrazo a dos jugadores que han sido importantes en los últimos partidos demuestra incoherencia en su discurso o grandes errores. De una u otra forma, se debilita y enfrenta al vestuario •

Saltaba la sorpresa. Guzmán Casaseca y Samuel Llorca se han quedado fuera de la convocatoria para el partido ante el Albacete. Extremo y central, conocedores del entrenador de Irún de su época en el Deportivo Alavés, son los grandes señalados por el entrenador para el trascendental partido ante los manchegos. Esta medida, además de sorprender, demuestra nuevamente cómo de débil está el proyecto pucelano. El Real Valladolid carece de un guion, un estilo y un patrón. Dejar fuera a dos de los jugadores que han participado en los dos partidos de la nueva aventura debilitan la figura de Alberto, su brillante discurso inicial y, por si fuera poco, le enfrentan con el vestuario. Sobre el papel y desde fuera del estadio José Zorrilla son demasiados los problemas que genera esta medida.

Alberto López da instrucciones a sus jugadores en la que fue su primera sesión de entrenamiento (RealValladolid.es)
Alberto López da instrucciones a sus jugadores en la que fue su primera sesión de entrenamiento (RealValladolid.es)

El vestuario
Decía hace pocos días Arturo Alvarado en una tertulia de ‘Directo Marca Valladolid’ en la que participaba con él que “un vestuario no es tonto y sabe cuándo se está produciendo una injusticia”. Si a esa frase hay que añadirle un detalle más es afirmar que un vestuario profesional no entiende los cambios bruscos de confianza. Pasar del banquillo a la grada o viceversa es incomprensible y un equipo lo ven como una injusticia o una pérdida de papeles del entrenador. Pese a que un futbolista se vea favorecido por ese movimiento, no le gusta nunca.

No lo comparte porque sabe que si ése es el criterio del entrenador, una semana puede salir beneficiado pero en la siguiente puede salir perjudicado. Que un entrenador pierda el criterio no es bueno para nadie y, tristemente, desde fuera, parece que Alberto López lo ha perdido con la convocatoria ante el Albacete Balompié.

Sea justo o injusto por el rendimiento dado, dejar fuera de la citación a Guzmán Casaseca y Samuel Llorca es contraproducente. Lo es porque la filosofía de un entrenador no puede variar tanto en sólo unos días. No es lógico que después de que ambos entraran en las citaciones de los dos últimos partidos e, incluso, jugaran ante Club Deportivo Lugo y Deportivo Alavés, ahora se vean fuera. Son los principales señalados y eso el jugador, cualquier futbolista y cualquier vestuario, no lo soporta.

Planteamiento o club
Puede ser que el planteamiento de Alberto, después de conocer la semana de entrenamientos, sea colocar a Mario Hermoso como central y a Nikos Karampelas o Johan Mojica como lateral. Marcelo Silva seguiría fuera del once titular pero continuaría en la convocatoria. Seguramente tenga una explicación pero cuesta mucho entenderla. Los pasos lógicos no se han cumplido. El entrenador de Irún podrá argumentar por qué deja fuera a dos activos que ha utilizado en sus dos primeros partidos pero no convencerá en ninguna variante.

Ésta puede ser una explicación buena y convincente pero nadie la va a entender con facilidad. Si hay complejidad en la lectura, mal pinta el futuro. Esa necesidad de puntos imperiosa que tiene el equipo se limita. No quiere decir que se vaya a paralizar pero sí se ve claramente debilitada. El futuro se ve tocado como la imagen del entrenador. Alberto López queda señalado al ver que los jugadores que han servido para dos partidos no lo valen para un tercero. La confianza inicial ya no existe. Ésa seguridad regresa sobre los señalados la semana pasada.

Manu del Moral y Vincenzo Rennella les pasan la patata caliente a Guzmán y Samuel. Curiosamente, entre estos cuatro nombres se encuentra tres de los seis jugadores con contrato más allá del próximo 30 de junio. Alberto, que llegó al estadio José Zorrilla por el club y para el club, vive el presente. Como todos, la realidad y el día a día pueden con cualquier ilusión o proyecto. El vasco vive el suyo pero muy pronto, quizás demasiado, ha quemado su última baza, aquella de la motivación. Ha señalado al vestuario, como lo hizo Miguel Ángel portugal tras perder ante la Sociedad Deportiva Huesca, y así el tiempo cómodo para el trabajo desaparece. La tensión ya está instalada de nuevo tras el nuevo cambio de entrenador. Lo que le faltaba a este Real Valladolid.

Los pasos en falso que está dando Alberto López

Alberto López no ha cambiado al Pucela como se esperaba. Ya no era por un cambio de dinámica en los resultados sino por la filosofía que parece necesitar el equipo

• Visualmente, principalmente, el segundo cambio de entrenador en el Real Valladolid no ha cambiado nada al equipo. El Pucela sigue teniendo los mismos problemas y sigue afrontando las dificultades de una forma similar •

Cualquier entrenador necesita de un tiempo de aclimatación y, sobre todo, de unas jornadas y unas sesiones de entrenamiento para que se pueda ver su trabajo. Alberto López sabe que no tiene esa oportunidad y que sus semanas son meses en otras planificaciones. Si a un entrenador se le exigen resultados, a uno que llega para siete jornadas, más aún. El entrenador de Irún necesita puntos y el equipo se los tiene que dar con una filosofía diferente. Mucho se ha hablado del cambio de objetivo del equipo pero poco de una nueva mentalidad. Los pucelanos siguen afrontando los encuentros con la misma idea y filosofía que en el tramo final de Miguel Ángel Portugal y, obviamente, los resultados son los mismos: derrotas y empates intrascendentes.

Alberto López da instrucciones durante el partido ante el Deportivo Alavés disputado en Mendizorroza (RV.es)
Alberto López da instrucciones durante el partido ante el Deportivo Alavés disputado en Mendizorroza (RV.es)

Sus palabras
Desde hace un tiempo tengo un problema. Una afición que se está convirtiendo en una obligación. Tras los partidos me gusta ver las ruedas de prensa de los diferentes entrenadores. Al ser subjetivas el trabajo consiste en interpretar. Como tal, descifrar el contenido de una comparecencia pública es propio. No tengo la razón absoluta en ningún momento pero me gusta buscar la “mentira” que asegura Joaquín Caparrós que hay en cualquier rueda de prensa de un entrenador. El ex del Deportivo de la Coruña o Athletic Club aseguraba hace unos años que un entrenador debe “mentir” cuando se enfrenta a los micrófonos.

No debe decir siempre la verdad porque debe proteger al vestuario. En muchas ocasiones tiene que decir lo que el vestuario quiere oír o lo que necesita escuchar. Un vestuario escucha y asimila lo que el entrenador dice públicamente  y lo encaja o lo rechaza. En una versión u otra, lo que es obvio es que reacciona ante esas palabras.

• «El discurso que este Real Valladolid necesitaba», la llegada de Alberto López al Pucela •

Dejando a un lado la interpretación pero sí reaccionando ante ellas, las palabras de Alberto López tras el duelo ante el Deportivo Alavés me decepcionaron y me ratificaron la sensación que tengo de que este club saca lo peor de cada uno de suss entrenadores. El Pucela devora la autoestima de cada uno. Lo hizo con Juan Ignacio Martínez, con Rubi, con Gaizka Garitano y, ahora, con Alberto López. Ese discurso convincente de los primeros días se ha disipado. Esa intención de afrontar la situación del equipo con fuerza ya no existe. El ex jugador blanquivioleta ha pasado de la convicción al conformismo, de la fortaleza a la resignación y de las ganas por conseguir puntos a conformarse con que el equipo “compite” en intensidad con el rival. Surrealista e innecesario para este equipo. El Pucela necesita puntos y victorias, no empates en intensidad y coraje. Éstos ya no dan de comer.

Sin juego
Dicen que las palabras se las lleva el viento pero en muchas ocasiones son el reflejo del sentimiento y de la realidad. Ese conformismo sobre el que ha tornado el discurso de Alberto se ha visto en el campo. Tras dos encuentros y después de 180 minutos del nuevo Real Valladolid, la triste sensación es que nada ha cambiado. Esa metamorfosis que iba a tener el equipo no ha existido. Ni se ha mejorado defensivamente ni se han reducido los “años luz” que había con su visión.

Alberto no quiso señalar a los jugadores en su primera comparecencia pero no lo ha hecho tampoco tras sus dos primeras alineaciones y planteamientos. Solamente ha variado los nombres de la defensa en su esquema. Marcelo Silva no ha entrado en sus planes quedándose como el único señalado tras el cambio de entrenador. El jugador uruguayo, prototipo de la profesionalidad y ejemplo de todo aquello que pide Alberto para un equipo de la categoría, no ha participado desde su llegada.

Lejos de ser el ejemplo del cambio del entrenador, la salida del ex de Las Palmas demuestra los pasos en falso que ha dado el vasco a su llegada. Esa idea férrea que vendió y que convenció no ha tenido correspondencia ni en el juego ni en las alineaciones. El Real Valladolid no ha cambiado y pese a que el ex del Deportivo Alavés quisiera creer en su trabajo y en sus capacidades de revertir la situación y esos casos individuales que mencionaba, el Real Valladolid no puede perder el tiempo. No lo ha podido hacer durante toda la temporada y mucho menos lo puede hacer cuando cada encuentro que pasa el equipo queda más cerca de la zona que obliga a jugar en Segunda división B. Este Pucela no se puede permitir ni un paso más en falso. Son ya muchos.

Los aspectos a «años luz» que vislumbra Alberto

En su presentación, Alberto dejó un gran titular. Hay detalles en el Real Valladolid muy lejos de lo que él quiere y que buscará erradicar a la mayor brevedad

• La dinámica del Real Valladolid demuestra que hay muchos problemas en el vestuario pucelano. Futbolísticamente el equipo tiene muchas limitaciones y deficiencias. Estas soluciones pueden pasar por la eliminación •

Fue sincero en su presentación con el Real Valladolid. Con ese discurso que todos los pucelanos necesitaban escuchar, Alberto López se ganó el respeto y, al menos, el beneficio de la duda de todo el entorno. Demostró que no ha llegado a Pucela para forjarse un nombre y utilizar al Real Valladolid como trampolín. Está en el estadio José Zorrilla para solventar los problemas del Real Valladolid y para que éste termine la temporada de forma digna y sin el miedo de los puestos de descenso que, con esta dinámica, cada vez están más cerca. Señalando en su primera comparecencia que existen dinámicas, sensaciones o problemas que están «a años luz de lo que quiero», el vasco llega con ganas de trabajar y solventar la situación, empezando por esos aspectos que él vislumbra.

Alberto López, junto a Braulio Vázquez, en la rueda de prensa donde señaló los problemas pucelanos (RealValladolid.es)
Alberto López, junto a Braulio Vázquez, en la rueda de prensa donde señaló los problemas pucelanos (RealValladolid.es)

Señalados
“Años luz” es un término muy relativo. Depende de quién lo pronuncie para saber sus dimensiones. Sin conocer aún al nuevo entrenador pucelano y el valor de sus palabras, la afirmación asustó. Señaló directamente al vestuario y los dimes y diretes comenzaron. “¿Por qué lo dirá?” o “¿A quién señalará?” fueron las primeras preguntas que saltaron tras su comparecencia. Dos días más tarde y tras analizar muchos de los movimientos del preparador en las dos sesiones ejercidas, la intensidad defensiva es la gran señalada. Entre otros muchos aspectos.

Como bien aseguraba Javi Moyano en la rueda de prensa tras la segunda sesión de Alberto, “el equipo no defiende como grupo”. Éste es un punto inadmisible en Segunda división. Alberto lo sabe y ha trabajado desde el primer instante en el que pisó los Anexos para solucionarlo. Lo ha hecho de forma global y, también, individualizada. El Real Valladolid que se acerca al estilo del tercer entrenador de la temporada es un equipo seguro. Sin concesiones. Ese formato de buscar los espacios, correr y asumir inferioridades en el repliegue es pasado. Porque no ha valido al Pucela como equipo en los resultados y porque no le vale ahora a él como idea. Con siete jornadas por delante, el entrenador de Irún quiere un equipo seguro y sin fisuras. Así el Pucela se podrá acercar a la versión de lo que debe ser un equipo puntero y fiable de la categoría de plata.

Nada que perder
“Es una oportunidad para mí, está claro pero si estoy aquí por el sentimiento sobre el Real Valladolid”. Estas palabras también son de Alberto López. El preparador confirmaba que veía su llegada al estadio José Zorrilla como una gran opción. Lo es y en su discurso no mintió. El vasco se juega una buena oportunidad en su carrera profesional pero no va a anteponer esta opción sobre el resto.

El vasco tiene poco que perder y el Real Valladolid, visto lo visto, tampoco. El entrenador debe tomar las mejores decisiones para cerrar la temporada de una forma digna. Si para buscar el mayor éxito a estas siete jornadas la solución pasa por señalar, apartar o eliminar a algunos jugadores, lo hará. Javier Clemente lo hizo y casi consiguió el objetivo clasificatorio por el que llegó en una situación similar.

La institución se juega mucho en estas jornadas que restan. La imagen del club no puede ser pisoteada más y Alberto lo tiene muy claro. No va a permitir más desplantes al escudo y por ello quiere restar esa distancia de “años luz” que ha detectado durante la temporada. Si para que la institución quede por encima tiene que eliminar jugadores, no hay duda de que lo hará. Tiene muy claro cuáles son sus prioridades actualmente. Sin señalar a nadie, todo aquel que haya visualizado algún encuentro del Real Valladolid entiende cuáles pueden ser algunos de los cuestionados por el nuevo entrenador. En su rendimiento en los próximos partidos y en el éxito que puedan aportar al equipo estará gran parte del éxito que se marca Alberto. Superar esas deficiencias que él detecta sería un buen bagaje a su etapa en el estadio José Zorrilla. La mejor, más allá de un resultado u otro. Anteponiendo la salvación del equipo en Segunda división, claro está.

El discurso que este Real Valladolid necesitaba

Alberto López se ha presentado en Valladolid con un discurso rotundo y sincero

Con un gran sentimiento sobre el club vallisoletano, Alberto López ha inyectado rabia y realidad en el Pucela y en su entorno en el primer enfrentamiento ante el micrófono. El vasco ha definido a la perfección el sentimiento actual de gran parte de los blanquivioleta. El equipo no está a la altura y los parches que colocaba Miguel Ángel Portugal intentaban esconder la realidad que ha podido con los escondites. Con rotundidad y dejando a un lado las migajas de las obviedades, el entrenador vasco se ha presentado en el Real Valladolid con buenas palabras y grandes verdades. Antes de ponerse a trabajar y demostrar sobre el campo y con sensaciones todo ese sentimiento que ha enseñado en su presentación, el ex del Deportivo Alavés ha dicho aquello que el entono necesitaba. Realismo y fuerza.

[quote style=»2″] El objetivo del que estamos hablando es de recuperar jugadores y sensaciones.[/quote]

Alberto López, con la camiseta blanquivioleta, en su presentación en el estadio José Zorrila (RealValladolid.es)
Alberto López, con la camiseta blanquivioleta, en su presentación en el estadio José Zorrila (RealValladolid.es)

Cuestión personal
“Si dejas tu mascota a alguien, que sea alguien de confianza”. Éste es uno de los principales consejos que se pueden dar cuando compras por primera vez un animal de compañía. Tal recomendación también vale para el fútbol y, en la actualidad, para el Real Valladolid. El club está tocado y, por ello Carlos Suárez ha apostado por un entrenador como Alberto López. El vasco, ex portero blanquivioleta, llega al estadio José Zorrilla con el discurso muy bien aprendido pero, sobre todo, con un amor y cariño por la entidad que han sido vitales para su vinculación y que ahora son buenos argumentos para confiar en el nuevo entrenador.

Sin esa “cuestión personal” que mencionaba en la presentación, Alberto no estaría en el Real Valladolid y éste, posiblemente, no hubiera dado con la tecla que necesita. El resumen más sincero y directo de la presentación del entrenador es que ha dado con la calve. Las palabras las tiene claras y que éstas son sólo eso, también.

Alberto López quiere cambiar la dinámica y busca hacerlo desde dentro. Mejorando los aspectos que él ve en el equipo, el Pucela tiene potencial y el nuevo entrenador tiene muy claro su objetivo. “Estamos hablando de recuperar jugadores, recuperar sensaciones y conseguir que el jugador se siente orgulloso y que la afición se sienta orgullosa”, decía. Sabiendo las exigencias, ahora toca trabajar. Lo tiene claro y lo afronta con fortaleza.

Sin obviedades
“Valladolid lo llevo dentro”, decía en su estreno. Lo lleva y lo demuestra. Por ello asegura que “la oferta del Valladolid es otra cosa”. Dejando muy claro, en varias ocasiones, que el sentimiento por el club es muy alto, Alberto dejó las migajas de un discurso para ir a lo importante. Sin tapujos, ni paños calientes ni obviedades, el nuevo entrenador del Real Valladolid habló claro.

“No entiendo de buenas o de malas suertes. Hay cosas que uno se tiene que ganar” y si el Pucela no lo está consiguiendo es por su poco espíritu de equipo. “Sin objetivo de equipo crecen las ambiciones individuales y, ahora, debemos recobrar movimientos de equipo”. El equipo no está salvado. La temporada no ha terminado. Alberto lo tiene claro y busca potenciar la parte más importante de la temporada.

“Lo más importante de una temporada son las 10 últimas jornadas”, decía. Sin dudar que “esta gente quiere terminar bien”, todos deben mejorar. Que existan aspectos que «están a años luz de lo que yo entiendo”, como decía Alberto, es el reflejo del mal momento del equipo. Muy pocos aspectos son positivos en la actualidad pucelana. El “hambre futbolístico”, como él lo definía, parece que se ha perdido y no es cuestión de jugar “bonito o feo”. Es cuestión de limpiar la imagen del Real Valladolid.

El Pucela debe asumir su situación y pelear por mejorarla. El primer paso para superar un error, una mala dinámica o una triste situación es reconocerla. Alberto López lo ha hecho. Ha señalado los problemas y ha asegurado que está dispuesto a solucionarlos. Con un vestuario receptivo y profesional, como parece que sí es éste, el Pucela puede cambiar la dinámica. Un líder sin tapujos ha llegado y lo ha hecho con el discurso que este Real Valladolid necesita. Toca esperar para ver qué tal le transmite esta idea al equipo.

La experiencia del fútbol, el aval para un banquillo

El sustituto de Portugal cumple los requisitos que pedía la situación. Conocedor de la casa, del fútbol, de la categoría y de la situación. Todo fomenta a Alberto López

• La experiencia de 53 partidos como entrenador de Alberto López no son un inconveniente para su llegada. El vasco sabe y conoce cómo es el club, cuáles son sus exigencias y sus limitaciones pero, sobre todo, cómo debe actuar •

Avalado por su experiencia en el fútbol, su conocimiento de la casa y su corto pero exitoso bagaje en el Deportivo Alavés, el Real Valladolid ha apostado por Alberto López para terminar la presente temporada de una forma honrosa y, ante todo, para cerrar las heridas y taponar la enorme hemorragia que vive el club pucelano. En el segundo cambio de entrenador de la temporada Braulio Vázquez y Carlos Suárez apuestan por un perfil muy diferente al de los ortos entrenadores. Por estilo y formato, el cambio se produce buscando que el nuevo estilo repercuta en la motivación de un grupo dolido, tocado y sin ambición grupal.

Alberto López en el banquillo del estadio José Zorrilla en su presentación como entrenador blanquivioleta (RalValladolid.es)
Alberto López en el banquillo del estadio José Zorrilla en su presentación como entrenador blanquivioleta (RalValladolid.es)

La experiencia es un grado
Hace más de cuatro años, cuando el Real Valladolid de Miroslav Djukic planeaba su regreso a Primera división el nombre de Asier del Horno apareció de nuevo en la mesa del equipo blanquivioleta. Alberto Marcos, entonces director deportivo pucelano, tenía en la mano la opción de firmar el regreso del ex jugador vasco. Antes de tomar una decisión, el actual director de la Fundación blanquivioleta, lo habló con el míster. El exitoso pero egocéntrico entrenador serbio bloqueó la operación. No quería un jugador de esa edad.

El hueco del típico jugador secundario pero con experiencia que supiese estar en un segundo plano durante la temporada pero dar el nivel en los momentos de necesidad era un perfil que Djukic no quería. No lo veía necesario. Ese rol, más de apoyo y dirección que de juego no le interesaba. El entrenador quería jugadores que rindiesen en el campo porque de la gestión del vestuario se encargaba él. Pese a que su experiencia en los banquillos no era muy grande y su resultado en Primera, tampoco, el entonces entrenador pucelano confiaba en él. Su bagaje futbolístico era alto y con él, ese rol lo asumía el propio entrenador. Esa gestión y ese dominio del vestuario parece haber regresado al estadio José Zorrilla de Valladolid.

Ahora, tras dos perfiles de entrenadores muy diferentes en el Real Valladolid, llega el de un entrenador sin mucho bagaje en los banquillos pero con mucha experiencia en el fútbol. Alberto López no es Gaizka Garitano en la gestión de un vestuario pero tampoco es MIguel Ángel Portugal. No quiere el control que parecía necesitar de la situación el vasco ni pretende ser el amigo que, por momentos, parecía querer ser el burgalés. Alberto sabe qué necesita el jugador porque ha estado mucho tiempo en su situación. Las casi dos décadas de jugador profesional que vivió pueden con los 54 partidos que ha vivido como entrenador.

Un entrenador en potencia
Puede la experiencia de los casi 500 partidos disputados con los poco más de 50 que ha vivido fuera porque durante sus últimos años como jugador ya vivió este rol. Aprendió sobre la marcha y vivió un máster en el día a día. Varias fueron las temporadas en las que Alberto, como jugador, fue secundario. Por ejemplo, en la temporada 2002/2003, cuando la Real Sociedad cerca estuvo de ganar una liga, su papel fue residual. En un momento decisivo estuvo a la sombra del trabajo de Sander Westerveld.

«Alberto siempre tenía ese consejo o esas palabras sabias en momentos determinantes”

Ese tiempo, como otras muchas temporadas, entre ellas las dos últimas en el Real Valladolid, Alberto se dedicó a trabajar en la gestión, en el liderazgo y en la enseñanza. Jacobo Sanz ya contó en varias ocasiones que la presencia del vasco en la temporada 2006/2007 fue vital para él. Sus enseñanzas en los entrenamientos fueron determinante para el portero vallisoletano. Iván Hernández, otro de los ex compañeros en la temporada del ascenso de 2007, hablaba de él para LAV. En el recuerdo de aquel ascenso publicado hace cuatro años, el que fuera, también, jugador del Sporting de Gijón decía que “era experiencia en todos los aspectos”. “Venía de jugar 19 años en la Real Sociedad y siempre tenía ese consejo o esas palabras sabias en momentos determinantes”, dijo.

Alberto sabía transmitir. Su vida ha girado siempre alrededor del fútbol. El, un tipo muy inteligente, supo adquirir lo conocimientos en todas las circunstancias que le deparó este deporte. Nunca creó un problema ante una situación y con la honestidad de la que siempre ha hecho gala, creó desde bien joven su estilo de entrenador. Ese formato llega ahora al estadio José Zorrilla y lo hace como un aval más que suficiente para aprovechar esa oportunidad de solamente siete partidos.

Alberto López, tercer entrenador de la temporada

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