Una derrota que puede generar un daño irreparable

Se lo leía en Twitter a Juan Arranz al final del partido. Es insostenible vivir «hartos» en agosto, y el entorno del Real Valladolid lo está. Es insostenible crecer en una temporada así, pero, también, es imposible imaginar que una campaña así pueda terminar bien. Derrotas como la sufrida ante la Agrupación Deportiva Alcorcón debilitan muchas uniones y rendimientos. Las «sinergias», que diría Sergio González, están totalmente marcadas con sólo tres partidos de competición. Las formas de la derrota ante los alfareros han hecho un daño importante en el clima blanquivioleta y  este es un golpe que puede ser irreparable hacia muchos frentes que deben ser pilares en la temporada.

El debut de John, pese a la ausencia de Jordi Masip, el estreno incomprensible de Gustavo Henrique, la apuesta ilógica por Iván Cédric durante 90 minutos, la insistencia por recuperar en competición oficial a Robert Kenedy, la gestión de los cambios… Son muchos los frentes ilógicos que deja el segundo duelo de la temporada en el Estadio José Zorrilla y todos señalan a una mala gestión y liderazgo de Paulo Pezzolano.

La lectura del uruguayo y de su amplio staff del partido es extremandamente pobre. Privar a un equipo plano y sin último pase de su jugador más diferencial es ilógico. Apostar por variaciones tácticas incompresibles, también. Terminar los últimos 15 minutos cargando el área de jugadores sin capacidad rematadora ante un rival defendiendo en bloque bajo y con solvencia defensiva en el juego aéreo marca, también, una comprensión muy limitada del camino del partido. En gestión, Pezzolano quedó señalado en el inicio. El lectura, con el avance del partido, también.

Cortoplacismo ilógico
Apostar por jugadores de su perfil cuando acumulan sólo un puñado de entrenamientos generó la imagen de un equipo débil y mal estructurado. Señalar a jugadores con un bagaje alto de pretemporada en la tercera jornada liguera abre una herida innecesaria en el mes de agosto. El perfil de Pezzolano es el de un entrenador cerrado y centrado en el corto plazo. Gestionar un equipo en el primer mes de competición como lo haría en el sexto es un error mayúsculo, pero propio de alguien sin visión de medio/largo plazo, como el uruguayo. Su perfil no ayuda a pensar en una evolución individual sino en un aprovechamiento de los momentos individuales.

Considero que todo pasa en el fútbol por el prisma y la exigencia del entrenador. Lo positivo y lo negativo. El duelo ante el Real Sporting de Gijón dejó la sensación de una propuesta clara, pero el tiempo ha confirmado una sensación irreal de aquéllo. En poco más de dos semanas, el Real Valladolid ha sido preso de su propuesta por la falta de evolución, manejo y liderazgo de su entrenador. Todo lo trabajado en momentos anteriores ha quedado olvidado porque él se ha apresurado en apostar por unos protagonistas que no están hechos ni preparados para sumar actualmente en su idea. 

Sin valorar ideas, momentos, condiciones ni estados, Paulo Pezzolano se pegó un tiro en el pie este sábado. El clima del Real Valladolid es el de la inercia marcada por el descenso y por la poca confianza en los perfiles de los actuales protagonistas del Club, aquéllos que están firmando apuestas ilógicas que generan situaciones tan contraproducentes y, posiblemente, irreparables como las que genera algo mucho más duro que la segunda derrota de la temporada. 

Paulo Pezzolano tiene una merecida dosis de realidad

Me repatea que en el fútbol, y en muchos aspectos de la vida, todo se resuma a la «experiencia». En LaLiga Hypermotion, por ejemplo, muchos entrenadores son analizados desde el principio con una vitola en relación al currículum que tienen en la categoría. En muchas ocasiones se resume todo a las vivencias acumuladas en la competición y, ahora, tras el mal partido del Real Valladolid ante la Agrupación Deportiva Alcorcón, Paulo Pezzolano será examinado y exigido por el nulo bagaje que tiene en España y en la competición blanquivioleta actual.

Creyendo que «la experiencia es un grado», como se dice de forma repetitiva en la sociedad, creo que la afirmación es correcta, pero considero que la experiencia es sólo un grado. ¡Sólo uno! A Pezzolano le falta experiencia en España y en su categoría de plata, pero el problema blanquivioleta no está actualmente en eso y sí en la poca realidad y realismo con la que el uruguayo ha analizado el inicio de temporada.

En la victoria (2-0) ante el Real Sportig de Gijón me sorprendió la idea tan clara que tenía el equipo blanquivioleta con balón. En el debut funcionó e ilusionó. El duelo fue medianamente bueno. Ante una mala versión asturiana, los pucelanos se presentaron con una idea en la que la superioridad interior era capital. Los vallisoletanos ya mostraban carencias en las transiciones defensivas pero aquel día fue suficiente para conseguir tres puntos. En Zaragoza, una semana después, no. El partido pidió variantes y evoluciones que el equipo no tuvo. En la tercera jornada, lejos de ver mejorada la versión ofensiva, ésta ha sido el gran problema de los de Pezzolano.

Arrogancia anticompetitiva
El Real Valladolid ha salido este sábado al Estadio José Zorrilla con la sensación de que su idea de juego está ensamblada y que con ella iba a ser suficiente, pero no contaba que el rival conocía su propuesta y que iba a basar el partido en transiciones ofensivas a sus debilidades. Éste es un aspecto básico del fútbol actual que el Real Valladolid pareció ignorar. Por esas carencias defensivas del equipo ha llegado el primer gol y la constante sensación de debilidad.

Han sido 90 minutos de constantes dudas de un equipo que ha mostrado una idea alejada de su realidad y del momento individual de todos sus jugadores. Es ahí donde  Pezzolano queda señalado. Desde fuera y desde lejos, el encuentro ante el equipo alfarero deja la sensación de un Real Valladolid con cierta soberbia y un equipo alejado de las realidades que marca una categoría como LaLiga Hypermotion. El planteamiento de Pezzolano deja flotando una sensación de que el equipo piensa que con balón es suficiente porque sus jugadores tiene suficiente calidad. Independientemente, incluso, de su estado de forma.

El plan de partido muestra cierta arrogancia de un equipo sin ideas ni propuesta sin balón. Los primeros segundos tras la pérdida fueron elocuentes de los problemas de un equipo al que le falta experiencia en la categoría, pero, sobre todo, al que le puede sobrar soberbia sobre sus cualidades y momentos. El vestuario blanquivioleta no está para la propuesta que Pezzolano quiere ahora. Actualmente, los vallisoletanos no puede correr tanto como han hecho este sábado. No pueden estar tan desprotegidos ni vivir tanto en inferioridad. Por buenos que sean, que lo son, la realidad pucelana es otra sobre la que trabaja, diseña e imagina Pezzolano.

Pacheta, protagonista del gran problema de Alcorcón

Han pasado ya varios días desde la victoria (1-2) del Real Valladolid en el Estadio de Santo Domingo ante la Agrupación Deportiva Alcorcón, pero la realidad del equipo blanquivioleta sigue presente en el duelo en tierras madrileñas. Aún se mira más a lo que ha pasado que al futuro a corto plazo. La actualidad está más pendiente de analizar todo lo que ocurrió en la decimoctava victoria de la temporada que en el importante encuentro ante el Club Deportivo Lugo de Rubén Albés. La resaca de la jornada 33 de LaLiga SmartBank está siendo dura y antes de cerrarla hay que resumirla y, en mi caso, explicar por qué ésta ha sido una fecha tan dura.

Pese a la victoria conseguida tengo muy claro que el Real Valladolid no sale victorioso ni reforzado de dicho partido. Los tres puntos no invitan a reforzar ninguna situación en el juego pucelano. Es más, en Alcorcón se abrieron nuevos debates y dudas y eso, a falta de nueve jornadas, es contraproducente para el equipo de José Rojo, Pacheta. Dando como siempre peso y relevancia al entrenador, creo que el burgalés es el más debilitado tras el paso por Alcorcón y lo es porque no fue ‘él’.

Siempre creí que Pacheta era el entrenador que necesitaba este Pucela. Reconstruir al equipo en pocos meses era su gran tarea y éste la consiguió. Poco a poco, pero sin perder el camino ni las señas de identidad que quería, el Pucela de Pacheta comenzaba a asomarse por la categoría. Toda LaLiga SmartBank sabía cómo era el equipo blanquivioleta y qué buscaba. Tristemente, el Pucela no fue él en Alcorcón y, ahí, está el principal problema y, en mi caso, la principal crítica. Sigo respetando mucho al de Salas de los Infantes y sigo siendo, por llamarlo de alguna forma, un gran ‘pachetista’ pero eso no me impide ver que se equivocó en muchas de sus gestiones y propuestas en Alcorcón.

Tras dos derrotas seguidas pero, ante todo, tras la dolorosa derrota (0-1) ante la Unión Deportiva Las Palmas, el Pucela no debía romper con nada y él, en parte, lo hizo con todo. Hace una semana aseguraba que el Real Valladolid se movía entre dos términos. La situación era de tensión y para solucionarla, Pacheta debía detallar todo. El Pucela necesitaba darle una vuelta a su situación pero, en absoluto, debía romper con nada. Tristemente, el burgalés rompió con mucho en Alcorcón. El mayor problema que hay en el duelo no es el esquema pero sí muchos de los acompañamientos que se hicieron sobre él.

Gestión cuestionable
Javi Pardo comentó el detalle diferencial del duelo esta semana en Twitter. Equiparar a AD Alcorcón y UD Las Palas fue el principal error de Pacheta. Creer que debía cubrir las carencias del duelo en Zorrilla con la visita a Madrid fue el inicio de todos los problemas que ha generado el partido. Visitar el Estadio de Santo Domingo pedía la versión más propia del Real Valladolid. El Pucela debía ser él y todo partiría porque Pacheta debía ser Pacheta. Sin la versión más personal y carismática del entrenador, el Real Valladolid se perdió y dejó de ser lo que necesitaba.

Siendo cierto que creo que el Pucela se debe regir en las próximas semanas por una gestión diferente a la de toda la temporada, Pacheta multiplicó dudas en Alcorcón y ese es el gran problema blanquivoleta en estos momentos. Centrado en la gestión de vestuario y en tener a todos los activos enchufados, el Real Valladolid perdió una gran oportunidad en casa del colista. Visitar al equipo de Fran Fernández no era un día para ganar y hacer las maletas de vuelta. Un duelo como éste, necesitaba una propuesta dominadora, controladora y con personalidad. El duelo ofrecía la posibilidad de recuperar señas de identidad pero Pacheta se equivocó en su gestión.

Nunca sabré qué quiso buscar el entrenador burgalés en el Estadio de Santo Domingo, pero la realidad habla de un partido que ofrecía unas condiciones que ni el equipo ni, sobre todo, su entrenador aceptaron. Buscaron unos cambios y unas variaciones que han debilitado la personalidad y el carisma del entrenador y del equipo. Cuando más fuerte debía ser la confianza y la seguridad del equipo, más se ha debilitado y todo porque Pacheta dudó en exceso tras la derrota ante la UD Las Palmas. Tras ella, su gestión del siguiente partido fue cuestionable y le señalan como el principal protagonista. Negativo, claro.

Pacheta no sabe jugar con tres centrocampistas

No me considero muy de esquemas. Es más, detesto los números para analizar un partido. No entiendo poder comprender un partido por un simple matiz numérico. Para mí, no es cuestión de números y sí de zonas y superioridades. En las últimas semanas existía el análisis sobre el Real Valladolid de José Rojo, Pacheta, de la inferioridad en el centro del campo. Parecía que el problema que generó la derrota (0-1) ante la Unión Deportiva Las Palmas estaba en ser uno menos en el centro del campo. Por ello, y sólo por ello, puedo entender la formación del Pucela en El Estadio de Santo Domingo.

El entrenador burgalés compró esa teoría para visitar a la Agrupación Deportiva Alcorcón e hizo que el equipo perdiese parte del equilibrio que había ganado desde que comenzó a jugar con dos centrocampistas y dejó atrás el esquema tres centrales y dos carrileros. El Real Valladolid de Alcorcón me recordó mucho a la versión pucelana de las primeras jornadas, aquél que estaba descontrolado. En las primeras semanas de competición, el Pucela era un equipo desequilibrado y que no tenía controlada la situación, tal y como ocurrió en la jornada 33 de LaLiga SmartBank.

El partido no deja nada bueno ni positivo ni, tampoco, esperanzador para los pucelanos porque éste no estuvo controlado por el Pucela. Es cierto que Pacheta no quiere un duelo encorsetado y dominado desde una posesión inerte, pero sí que busca una propuesta que tenga en situación de ventaja a su equipo, algo que no consiguió al confirmar que este equipo o, quizás, él no saben jugar con tres centrocampistas. Da igual dentro de qué esquema, la realidad es que este Pucela se convierte en un equipo descontrolado cuando dispone su centro de campo desde la presencia de tres jugadores.

Triple problema
Esa libertad para moverse, realizar desmarques, romper líneas contrarias en conducción y generar superioridades desde el centro del campo ha hecho identidad en el Pucela. Si tu doble pivote son Roque Mesa y Álvaro Aguado, el estilo del juego es el del Pucela durante toda la temporada. Con cierto descontrol, el Real Valladolid ha sido desde la instauración del doble pivote un equipo dominador y controlador, todo lo contrario de lo que ocurrió este domingo. Evitar la superioridad numérica en el centro del campo ha hecho que los de Pacheta perdieran parte del control del juego que suelen tener en sus partidos.

El estilo de control y dominio del Real Valladolid no se centra en superioridades númericas globales sino presenciales y, por ello, el duelo ante la AD Alcorcón no deja nada positivo en los pucelanos. El Real Valladolid estuvo descontrolado porque su estilo no entiende que tener tres jugadores en el centro del campo sea sensación de mayor dominio y control sino mayor desorden y desajustes, tal y como se confirmó al inicio de temporada y se ha ratificado en Alcorcón. Todo porque un sistema así demanda unos criterios que Pacheta no quiere, que el Pucela no tiene y que los jugadores propuestos no pueden ofrecer.

El problema blanquivioleta es el propio Real Valladolid

Este domingo, con la visita al Estadio de Santo Domingo, el Real Valladolid iniciaba la parte determinante de la temporada. El equipo de José Rojo, Pacheta, inició las últimas 10 jornadas de la temporada. Lo hacía con dudas y miedos, detalles que se ha mantenido tras la victoria ante el equipo de Fran Fernández. El encuentro ante la Agrupación Deportiva Alcorcón no ha sacado al Pucela de ningún problema porque la principal debilidad del equipo blanquivioleta ahora es el propio Real Valladolid.

El Pucela no está en su mejor momento pero, pese a ello, está a un punto de la zona de ascenso directo. La diferencia entre el equipo vallisoletano y la Unión Deportiva Almería es mínima y lo es menos al saber que los andaluces tienen que visitar el Estadio José Zorrilla en las próximas semanas. El objetivo blanquivioleta depende de sus partidos, que no de él mismo, y estoy convencido que depende, incluso, de sus partidos el quedar líder de la categoría y, por lo tanto, campeón de LaLiga SmartBank 2021/2022. La sensación de inseguridad y dudas que dejan los tres primeros equipos de la competición es mucho mayor que, por ejemplo, la que ofrecían Pucela, Celta de Vigo y Deportivo de la Coruña hace justo diez años.

En la temporada 2011/2012, esos tres equipos se jugaban el ascenso directo y el que fallara, perdía. Una derrota te condenaba al play-off. Todo era cuestión de detalles, pero este año, no. Pese a que la diferencia entre temporadas sea sólo de unos pocos puntos, el Real Valladolid ha fallado más de lo normal esta campaña. De igual forma, UD Almería y Sociedad Deportiva Éibar. Los errores no se pagan tanto y, por ello, el Pucela, a falta de nueve jornadas, depende de sus partidos, de su gestión y de su control de situaciones y estados de ánimo.

Débil e inseguro
Pese a restar menos de 30 puntos para el final de la temporada, el Real Valladolid sólo debe mirar a sus partidos. Centrarse en esos 90 minutos obliga a analizar muchas situaciones, aquéllas que el equipo parece no tener controladas en las últimas semanas. El Pucela parecía un equipo fiable tras la victoria (1-4) en Tenerife pero todo ha cambiado en pocas semanas. Tras la derrota (3-0) en Oviedo, el equipo se ha debilitado y en esa gestión diaria, semanal y directa está el sustento de confianza de un equipo que deja la sensación de haberse puesto nervioso. Desde esa inseguridad y desde el miedo que muestra el equipo, el Real Valladolid ha perdido gran parte del rostro ganador que se le había puesto tras visitar Canarias.

Tras golear en el Heliodoro Rodríguez López, los de Pacheta empataron a puntos con la UD Almería. Ahora, la diferencia es sólo de un punto pero es, a su vez, un mundo por la inseguridad y falta de carisma que ha dejado el equipo blanquivioleta en los últimos dos partidos. Miroslav Djukic decía que uno es «tan bueno o malo» como había demostrado en el último duelo y el Real Valladolid, ahora, no es ni bueno ni malo, pero si es un equipo débil e inseguro para afrontar las últimas nueve jornadas ligueras. Un problema propio porque el problema lo ha generado uno mismo.

El resultadismo siempre tendrá las patas muy cortas

Dos derrotas consecutivas habían hecho que el Real Valladolid tuviera dudas. Estas habían saltado y lo habían hecho, sobre todo, tras la derrota (0-1) ante la Unión Deportiva Las Palmas. Caer (3-0) ante el Real Oviedo estuvo totalmente condicionado, pero ante los grancanarios, no. El duelo ante el equipo de García Pimienta debilitó la propuesta pucelana y los de José Rojo, Pacheta, han viajado este domingo hasta Alcorcón con la necesidad de ganar. «Sí o sí» había que conseguir los tres puntos y estos viajan a Zorrilla, sí, pero confirmando que el resultadismo nunca vale porque tiene las patas muy cortas.

Pensar que un partido es bueno por el simple hecho de ganar es un error, tal y como ha confirmado el Real Valladolid en el Estadio de Santo Domingo. Más allá de los tres puntos, los pucelanos no han dejado nada positivo en esta jornada 33 de LaLiga Samrtbank. Puede parecer suficiente, pero no lo es porque el juego, la propuesta y la evolución del partido no deja ningún resquicio de ilusión, confianza o seguridad. Si había una crisis en el Real Valladolid, ésta no se ha curado por esta victoria. El problema es tan propio del equipo blanquivioleta que lo menos reseñable es que el rival fuera el colista y un equipo con una victoria en los últimos 24 partidos.

El problema pucelano no está en el momento o la calidad rival ni, tampoco, en la falta de acierto propio, tal y como ha asegurado Javi Sáchez tras el partido. El principal problema que detecto en el Real Valladolid tras los 90 minutos de juego en Alcorcón es la falta de identidad del propio equipo. El resultadismo no puede ni debe cubrir el descontrol en el que se ha convertido el partido por un innecesario cambio de sistema y una gestión cuestionable de un partido exigente que desde el banquillo no se ha entendido bien.

Nada productivo
Tengo cierta sensación de que se menospreció el partido. Si no llega a ser porque Pacheta es un entrenador que elogia y valora al 100% a los rivales y al trabajo y evolución de todos y cada uno de los equipos de la categoría, entendería que el partido no se afrontó ni gestionó como se debía. No quiero pensar eso, pero me cuesta. Me cuesta porque no comprendo el cambio de sistema, la propuesta con balón en el centro del campo, la disposición de los tres atacantes y, como en el último partido, el asentamiento de diferentes roles y papeles en el equipo.

Cogiendo determinados detalles del duelo, el análisis se centra en dos posibilidades. Una es que el Real Valladolid tiene asumido el play-off y va a rotar para no desgastar jugadores y, otra, unas rotaciones excesivas y gestiones cuestionables por el menosprecio al partido. Sea una u otra, el partido no deja nada positivo en el seno blanquivioleta. Las dos derrotas anteriores no quedan olvidadas por este partido. El fútbol deja un trasfondo preocupante porque, como ha asegurado Alberto Cuesta en Twitter, «había que ganar como fuera y así es exactamente como se ha ganado, de cualquier manera». Y eso nunca vale. Nunca es productivo.

El sorpasso ha llegado al vestuario del Real Valladolid

Calidad, posibilidades, variantes y alternativas. Siempre he defendido y siempre defenderé lo que entiendo que tenía el Real Valladolid la pasada temporada. El equipo tenía más de lo que ofreció y más de lo que se le exigió. En la temporada 2020/2021 no existió un aprovechamiento de los recursos existentes. El pasado estaba muy presente en la planificación. Al equipo se le analizaba por lo que había conseguido y con quién. Nada más. Así, todo se parecía centrar en nombres que habían sumado pero que, muy posiblemente, no estaban para ser determinantes en ese momento. 

Se vivía del pasado y se dejaba de exigir a otros porque nada parecía hacer mejorar a lo anterior. Lejos de ese enfoque, el Real Valladolid tenía el año pasado más de lo que mostró y más de lo que utilizó. Buscando que Óscar Plano, Nacho Martínez, Rubén Alcaraz o Sergi Guaridola, por ejemplo, recuperaran su mejor nivel desde el terreno de juego, titularidades injustificadas y minutos gratis, el Pucela se derrumbó. Ahora, por fin, parece que se ha cambiado la idea y que en el equipo juegan los que mejor están. Se llame como se llamen, vengan de dónde venga y hayan jugado lo que hayan jugado en la última temporada.

Partiendo del ejemplo de Álvaro Aguado, que regresaba a Zorrilla sin minutos en sus dos últimas cesiones, la situación se explica sola. El jienense  es un buen ejemplo pero, como él, otros tantos. Mirando sólo al presente y al rendimiento más inmediato y reciente, el Real Valladolid está firmando la variación de protagonistas, aquéllo que en política se conoce como ‘sorpasso’. El vestuario del Real Valladolid pide otras caras. Los votos han cambiado de bando y perfil. La experiencia ya sólo es un grado y no el punto de partida de cualquier análisis. Este equipo no necesita a aquéllos que sumaron en su momento sino a los que más puede aportar ahora.

Nombres propios
Con todo, Álvaro Aguado puede sumar y sumará más que Rubén Alcaraz, Gonzalo Plata que Óscar Plano y Diogo Queirós que Joaquín Fernández, por ejemplo. El momento actual habla de una importante crisis en los jugadores de mayor bagaje en el Estadio José Zorrilla y, por el contrario, de una ambición y aire fresco en aquéllos recién llegados al vestuario pucelano. Por ello, el sorpasso deportivo o el intercambio de roles es una realidad. Por necesidad individual de muchos de esos jugadores pero, ante todo, por la calidad y el rendimiento del equipo, la variación se debe confirmar ya.

Que Álvaro Aguado haya sido titular en los dos últimos partidos o que Gonzalo Plata se esté «enganchando» al equipo, tal y como narró Pacheta tras el partido, son detalles que potenciar y rasgos sobre los que crear la expectativa, ilusión y ambición que debe tener el Real Valladolid en esta exigente temporada, aquélla que debe romper con lo establecido y conseguido para mirar sólo al presente y al futuro a corto plazo.

El modelo de juego de Pacheta quiere ser ofensivo

El sistema o el esquema, según se quiera llamar, tiene poco que ver con el modelo de juego de cualquier equipo. Es cierto que contextualiza pero no deja de ser un dibujo sobre el terreno de juego. Lo importante y lo determinante son los movimientos que realiza el equipo después: las ideas. En las últimas jornadas, al Real Valladolid le costaba mostrar qué quería y qué buscaba. No parecía tener una idea de juego clara y definida y, por lo tanto, el resultado era débil y la imagen, muy pobre. En las tres últimas jornadas el equipo se cayó no por el resultado sino por el camino que llevó a él. No existió un estilo ni un modelo y el mundo blanquivioleta se preocupó. 

En la séptima jornada y sin ser un duelo brillante del equipo de José Rojo, Pacheta, el burgalés sí que pudo mostrar cuál quiere que sea su Real Valladolid o, como poco, cuáles quiere que sean parte de sus ideas y fundamentos. Ciñéndonos a la presentación del entrenador como nuevo preparador pucelano, el Real Valladolid quiere ser protagonista desde una exigencia alta de vivir en campo contrario. Pacheta quiere ser atrevido, directo, vertical y finalizador. Estos cuatro rasgos son exigentes y se vieron en cierta medida en el duelo ante la Agrupación Deportiva Alcorcón.

Exigidos por mostrar, el hecho de que el rival pucelano fuese el colista de la categoría es lo de menos. El Real Valladolid debía exhibir qué quiere y cómo lo va a buscar. Sabiendo de dónde venía y hasta dónde se le puede exigir, el Pucela supo utilizar la séptima jornada. Tanto el equipo como su entrenador supieron utilizar bien el encuentro. Salen mínimamente reforzados de la victoria al mostrar parte de lo que quieren y lo que entienden que mejor se define con las cualidades del vestuario.

Tras las tres derrotas consecutivas, el equipo intentó mostrar juego, personalidad y liderazgo desde el primer momento. No siempre estuvo en el mando del encuentro y no siempre fue protagonista, pero sí que consiguió dejar detalles de ese modelo de juego que quiere ejecutar Pacheta y de cómo el burgalés quiere llegar a sus jugadores y convencerles de todo aquello que debe hacerles ver tras el descenso de categoría y la mala racha con la que se llegaba a este encuentro. El Real Valladolid definía el encuentro ante el equipo madrileño desde esas tres derrotas consecutivas. Estas marcaban qué se podía conseguir.

Objetivos para el duelo
Exigiéndose ideas, sensaciones y personalidad, el resultado iba a llegar y así fue. Desde un equipo que quería robar alto, que generaba transiciones rápidas, que era muy vertical y que buscaba finalización con cierta facilidad, el Real Valladolid fue merecedor de la victoria. Lo fue porque hizo más que el rival y porque mostró ideas importantes. Los de Pacheta se impusieron porque Gonzalo Plata sumó verticalidad, porque Shon Weissman y Sergio León sumaron presencia en área, porque Álvaro Aguado y Roque Mesa le dieron velocidad de juego a la salida de balón y porque los cambios mantuvieron la intensidad de los mejores momentos.

Esos rasgos son los que Pacheta había narrado en varias ocasiones. El burgalés hablaba siempre de matices de personalidad, verticalidad y descaro que no se veían. Ante la Agrupación Deportiva Alcorcón, sí. Sin ser un partido excelso ni perfecto, los pucelanos sí que consiguieron cumplir con los objetivos que tenían para el duelo. El Real Valladolid debía ser un equipo de identidad y los vallisoletanos la mostraron ante el colista, sí, pero tras tres derrotas seguidas y muchas dudas y miedos en el ambiente. Obviamente, los contextos propios son más importantes que los del rival.

Lo menos importante es que el Alcorcón fuese el colista

El Real Valladolid se ha impuesto a la Agrupación Deportiva Alcorcón en la séptima jornada de LaLiga SmartBank. Los de José Rojo, Pacheta, han superado a los alfareros en un encuentro en el que no sufrieron en exceso. Los pucelanos fueron superiores a los madrileños en un duelo que merece muchos análisis y todos desde el punto de vista blanquivioleta. El hecho de que el rival fuese el colista de la categoría es lo de menos y es lo menos relevante para entender lo mucho que se puede obtener del regreso pucelano a la senda de la victoria.

La rueda de prensa posterior al encuentro de Pacheta demostró que el entrenador tiene claros los pasos y la evolución que necesita el equipo. Primero, el juego. Desde ahí, las sensaciones y, con ellas, el resultado. El proceso es importante y es el que va a marcar hasta dónde puede llegar el equipo. En esta ocasión y tras tres derrotas consecutivas, el Real Valladolid necesitaba ser superior al rival, crecer en el partido, mostrar su modelo y ser, con todo, merecedor de la victoria. Daba igual quién estuviese como rival porque el principal problema del Real Valladolid era y es él mismo. El buen inicio de la temporada dejaba una esperanza que se derrumbó en las tres últimas jornadas. Tocaba y toca reconstruirla.

El proceso para volver a edificar esa ilusión y expectación es progresiva y, en esta ocasión, se marca desde la consecución de objetivos propios y controlables. El Real Valladolid debe ser vertical, dominador y seguro. Le ha costado, pero lo ha conseguido. No ha sido con una fuerza desmedida pero sí con seguridad. Poco a poco. Paso a paso. El equipo ha crecido en el juego y en las prestaciones y, así, se ha merecido tener cerrado el encuentro antes del minuto 86. Ésta ya es una gran sensación que había que recuperar y que el Real Valladolid ha conseguido gracias a su evolución en el dominio de juego y en la creación de ocasiones.

Contra uno mismo
Pese a que el sistema nunca haya sido el principal problema pucelano, la necesidad de tener dos delanteros sí parecía capital para los de Pacheta. Creo que desde un perfil posicional o dos delanteros, el equipo estará más junto, equilibrado y fiable. En esta ocasión, y exigido para ser dominador, vivir en campo contrario, generar sensación de peligro y crear superioridades y ocasiones de gol, el Pucela ha salido victorioso. Lo ha hecho gracias a centrarse en él y no en el rival.

Cumpliendo con sus propios objetivos, este Pucela tiene un modelo de juego y unos jugadores que ganarán muchos partidos. Buscando sus mejores cualidades y creciendo desde ellas, el Real Valladolid será superior a muchos rivales de la categoría. Colistas, líderes, de play off o recién ascendidos. El rival, en muchos momentos, es lo de menos porque este equipo aún debe luchar contra muchos de sus miedos, fobias, inseguridades y márgenes de crecimiento y evolución. Antes del rival, uno mismo y ahí el Pucela tiene mucho por crecer.