Podemos y debemos hablar sobre la nueva propiedad

Puede ser que éste sea un artículo ventajista, pero es que lo vivido este miércoles con la suspensión del LI Trofeo Ciudad de Valladolid es preocupante. La imagen del Real Valladolid es tremendamente mala tras suprimir un encuentro de preparación a escasas horas de su inicio cuando no es por una cuestión deportiva. De forma oficial o filtrada, nunca se vendió una solución y todo se enfocó hacia la peor medida posible.

En un equipo que necesita competir y ante unos jugadores que necesitan ideas, el Club no dio opciones y sólo dejó la posibilidad de la eliminación del duelo. La suspensión no tiene justificación. Ni en fondo ni en forma, pero las explicaciones, tampoco. La voz para disculparse fue el director deportivo, aquel que en la página web, y siguiendo el estilo de la anterior propiedad, es catalogado como portavoz deportivo. Recibiendo esas explicaciones, me pregunto dónde está la propiedad. ¿Dónde están los nuevos dueños del Real Valladolid?

«El Real Valladolid suspendió el LI Trofeo Ciudad de Valladolid de una forma muy poco profesional»

¿Es esta una explicación que le toca al director deportivo? Creo que no. La decisión no es puramente deportiva. La medida es institucional o, al menos, repercute a lo institucional y, ante ello, se debe escuchar a alguien con peso en la gestión general del Club. La entidad queda muy dañada y el equipo, también. Perder un encuentro amistoso tras ser goleado en el último duelo no es positivo, pero eliminar un encuentro en el Estadio José Zorrilla ante el único rival de LaLIga EASports de la pretemporada con entradas a la venta es injustificable.

El Real Valladolid suprimió una nueva edición de su torneo de una forma poco profesional. El Trofeo Ciudad de Valladolid ha tenido un peso histórico que, muy posiblemente, interesaba potenciar a la nueva propiedad. Éste era el primer día que se abría Zorrilla desde su llegada a Valladolid. Viniendo de donde se viene, era una gran oportunidad de mostrar cambios en la institución, pero nada más lejos de la realidad sufrida en las dos últimas temporadas.

Hace unos días, repasando imágenes de este torneo, pensé en la buena medida que sería recuperar el trofeo de hace unas temporadas, aquél que tenía identidad propia. Era una medida populista, pero necesaria para acercarse a la afición. Sería un buen punto de partida para unos propietarios que llevan un mes casi desaparecidos. Casi. Desde su presentación y tras la inercia de los primeros días, el Club ha estado representando únicamente por Víctor Orta.

Los ingredientes esperados
No estoy asegurando que el grupo Ignite no trabaje por el Real Valladolid. En absoluto. Lo que afirmo, por ausencia de pruebas, es que el Club no está representado por ellos y el aficionado necesita alguien que esté junto al equipo en estos momentos. Ronaldo Nazário nunca estuvo con el equipo en los últimos 15 o 18 meses. Estoy seguro que Diego Cocca pasó por Zorrilla sin conocer al brasileño. Actualmente, quizás hay jugadores que no conozcan a los nuevos propietarios en persona.

«Los ingredientes del Real Valladolid desde el 1 de julio no son los esperados pero sobre todo, los necesarios por el entorno»

No es algo grave, obviamente, pero sí elocuente. Es todo lo contrario de lo que demanda el entorno blanquivioleta y la institución en estos momentos. El Real Valladolid demanda figuras y cabezas visibles. El mundo vallisoletano exige sinceridad y transparencia y estas, en los momentos iniciales, no están apareciendo. No es cuestión de criticar sin fundamento. Es una opinión basada en lo que no se ha mostrado en las primeras semanas en Valladolid.

Es la etapa más fácil de gestionar. Viniendo de dónde se viene, el entorno blanquivioleta pedía poco. El aficionado del Real Valladolid apenas quiere profesionalidad, seriedad y seguridad y, por el momento, el Club no lo está consiguiendo. Un discurso erróneo, un cambio de estilo escalofriante, un torneo mal suspendido… Ojalá todo salga bien y ojalá la responsabilidad impere en Zorrila, pero, por el momento, los ingredientes no son los esperados o, mejor dicho, los que un Club abandonado los últimos 18 meses necesita.

Tres razones para creer en el fichaje de Julien Ponceau

Julien Ponceau es nuevo jugador del Real Valladolid. El francés, con un contrato de tres temporadas, llega al Estadio José Zorrilla en un gran momento de su carrera y, sobre todo, en un punto de madurez y posibilidades que hace pensar que está en el momento clave para encontrar su techo. Con 24 años y un alto bagaje en situaciones parecidas a las que va a vivir como blanquivioleta, el suyo es el fichaje más ilusionante que puede tener el entorno vallisoletano. Ahora y, muy posiblemente, en toda la temporada.

El Real Valladolid necesita situaciones para ilusionarse. Tras lo vivido en la última temporada, el entorno pucelano necesita ilusión, pero debe tener control. Pese a la demanda de un equilibrio en las emociones, el caso de Julien Ponceau tiene varios ingredientes para que la expectativa sea tan alta como lo es actualmente.

«El centrocampista francés es el fichaje más ilusionante que va a tener el Real Valladolid en toda la temporada»

Pese al cambio de país y la llegada a una competición en la que no tiene experiencia, el francés sabe a qué se va a enfrentar esta temporada. Llega de conseguir un ascenso con un equipo recién descendido. Conoce a la perfección la exigencia de volver a construir sobre algo inexistente. Él se cayó con el equipo, pero supo construir para firmar un regreso a la élite. Esos contextos de tener que ser ambicioso en una competición y algo más reservado en otra, demandas muy presentes en Zorrilla, son situaciones que Ponceau ha vivido.

Él sabe y recuerda qué es tener que liderar a un equipo fuerte de la competición. Lo ha hecho en la pasada campaña. Entiende cuál es la necesidad de la entidad y dónde va a estar su exigencia. Nada va a ser un escenario novedoso para alguien de calidad y potencial. El nuevo jugador blanquivioleta es un buen jugador. No es un tiro al aire. Él ya tiene un bagaje sobre el que crear unas expectativas y estas pueden ser altas. Pueden e, incluso, deben serla

Atributos y posibilidades
Deben serlas porque se trata de un jugador de gran conducción, con posibilidades para la construcción, con último pase y determinación para el inicio de las transiciones. Ponceau va a sumar mucho al Real Valladolid en una propuesta de control, dominio y juego combinativo pero, también, en pequeñas fracciones del juego. Tiene capacidad y determinación para sumar en transiciones.

Es ese perfil de variantes que necesita el Real Valladolid para una temporada en la que los jugadores que lleguen al último cuarto deben atreverse a pedir el balón de forma constante. Ponceau tiene esa personalidad para atacar el espacio y para crearlo. Ahí está su variante para el juego y el atractivo de un fichaje que, muy posiblemente, pidiera un cambio.

«Julien Ponceau sabe qué debe conseguir en el Real Valladolid. El fin no es nuevo para él. Los medios, sí»

Tras una vida ligada al FC Lorient, Ponceau se marcha del equipo francés con la entidad en la élite. Con picos de rendimiento y fracciones de desencuentros, como es habitual, el nuevo jugador blanquivioleta abre un nuevo horizonte en su carrera y en su vida. El atractivo de encontrarse una nueva realidad multiplica los esfuerzos que deberá realizar, dejándole como un activo de enorme expectativa para el nuevo Real Valladolid.

Vinculado al Estadio José Zorrilla de una forma segura, Ponceau llega con un bagaje contrastado y un techo por conocer. El nuevo pucelano sabe qué puede dar y qué debe conseguir. El fin no es nuevo para él, los medios para conseguirlos, sí. Esa mezcla entre la exigencia y lo demostrado le hacen un activo interesante. Para la competición y para el seno blanquivioleta.

El intervencionismo en el juego desde cualquier detalle

Entrenar al Real Valladolid no va a ser lo mismo que entrenar al Club Deportivo Leganés. No quiero que parezca que éste es un mensaje soberbio ni prepotente. Se trata de una afirmación que me dice que lo que Borja Jiménez se va a encontrar en el Estadio José Zorrilla va a ser diferente en la temporada 2025/2026 que lo que se encontró en la 2022/2023. En cuestión de exigencia no va a ser igual. No lo va a ser en el juego, en el día a día y en el discurso. 

En el mundo blanquivioleta se ha instaurado, tristemente por la constante presencia del equipo en LaLiga Hypermotion, la sensación de que la exigencia es alta y constante cuando el equipo es de plata y, por ello, Borja Jiménez la tendrá completa si regresa a Valladolid. Por ello va a tener que gestionar todo de una forma muy diferente a la que hizo en su última temporada en la categoría. El ejemplo fue su visita al Estadio José Zorrilla el 17 de noviembre de 2023. Tras seis victorias consecutivas y en un liderato asentado, Borja Jiménez diseñó un duelo ante los de Paulo Pezzolano de poco riesgo. En un bloque bajo durante los 90 minutos, el equipo pepinero destacó por una línea de cinco defensas.

«La última visita del CD Leganés a Zorrilla en Segunda dice mucho de lo que es Borja Jiménez como entrenador»

Los pucelanos tuvieron la sensación de tener el control porque disfrutaron de la posesión (algo más del 66%) y de las ocasiones. 11 tiros, tres de ellos a puerta, dejaron la imagen de que el Real Valladolid fue dominador del partido, pero seis saques de esquina pepineros y tres tiros totales, siendo los tres a puerta, dejaron claro que Borja tuvo controlados todos los detalles del partido. Siendo líder, con una ventaja importante sobre el rival, el futuro entrenador pucelano propuso un duelo ‘feo’ y éste fue un encuentro en el que los vallisoletanos no tuvieron el acierto que sí consiguieron los madrileños.

Obsesión por los detalles
Esa intervención sobre el juego, el devenir del partido y el control de los detalles puede hacer entrada en Valladolid. La llegada de Borja Jiménez dejaría en el Estadio José Zorrilla a un entrenador intervencionista. Pulcro en el día a día, su imagen para los fines de semana es de exquisitez. Tiene controlado todo y, por ello, puede regalar el balón, vivir en bloque bajo, pero tener el doble de saques de esquina y marcar el gol del partido en una de esas acciones a balón parado.

Controlando todas las situaciones del juego y entiendo todos los registros, Borja Jiménez posee un día a día espectacular. Sus equipos están preparados para diferentes exigencias del juego pero estas, principalmente, deben ser bien vendidas. Hacia dentro y hacia fuera. El entorno del Estadio José Zorrilla está muy escamado de celebrar ascensos. El objetivo del Real Valladolid no es vivir otra fiesta de cambio de categoría. La necesidad está en poder disfrutar de una salvación. Para ello la exigencia no está en los resultados, que también, sino en las formas. 

«El momento del Real Valladolid pide el máximo de Borja Jiménez y cualquier error le puede condenar siempre que no sepa cómo gestionarlo»

Hay que saber cómo conseguirlo y cómo transmitirlo. Borja Jiménez es un entrenador de un conocimiento bárbaro. Es alguien del que aprender a diario, pero él debe entender cuál es el envite al que se enfrenta y qué le exige éste. El Real Valladolid llega en un momento complejo y con una exigencia muy alta. Para ello deberá exprimir todos los detalles pero, a la vez, debe saber que por cualquiera puede ser criticado. El momento le pide el máximo y cualquier error le puede condenar siempre que no sepa cómo gestionarlo.

Él, inicialmente, se debe vender desde la intervención en el juego. Desde ella puede mostrar todo lo que necesita el Real Valladolid y empezar a vender por qué, por momentos, los partidos son a merced del rival. En noviembre de 2023 que el líder se adaptara al Pucela en Zorrilla fue tomado casi como una medida de miedo escénico pero tuvo unos condicionantes futbolísticos que no se supieron vender ni con las estadísticas en la mano y ese es el principal problema de Borja. Su perfil de arrogancia positiva es generado, por momentos, por falta de autocrítica. Ahí debe trabajar. Ahí debe crecer.

«Se nota demasiado lo poco que te gusta Álvaro Rubio»

Por un lado está cómo se ha tratado a Álvaro Rubio y, por otro, cómo ha gestionado y liderado él la situación. Le ha faltado atrevimiento, carisma y, también, arrojo futbolístico. Sabiendo diferenciar entre lo que es como persona, como exjugador y como preparador, la última etapa del riojano en el Real Valladolid ha sido muy decepcionante. Obviamente, la tendencia del equipo era clara y la dinámica de la institución también pero, con todo, él debió sumar más o ofrecer más. La situación le superó y él se dejó llevar.

Esta es mi opinión y hace pocos días me llevó a escuchar una reflexión que me decía que «se nota demasiado lo poco que te gusta Álvaro Rubio» y creo que ésta es una reflexión muy simplona. Ésta es una etiqueta demasiado exagerada hacia una crítica lógica y merecida. Si un entrenador se hace cargo de un equipo y en su primer partido recibe siete goles, la realidad ya es muy elocuente. Si, posteriormente, el equipo encadena una derrota tras otra y consigue sumar sólo un punto de 42 posibles, la lectura no es de gustos o preferencia. Es de realidad.

El Real Valladolid estaba muy tocado y el grupo estaba muy debilitado, pero después hubo más. El mayor error de Álvaro Rubio ha estado en la toma de decisiones con la plantilla. Desde el primer día fue muy condescendiente con ella. Hay detalles importantes, pero la gestión de Luis Pérez es el mejor reflejo de la triste gestión del riojano. Álvaro Rubio nunca ha sido visto como el líder del vestuario. Sin liderazgo no ha podido tener orden a un vestuario complicado que, además, se ha descontrolado, muy seguramente, por su perfil.

Dudas, preguntas e interrogantes
El momento de inmadurez del riojano era alto. Él siempre ha sido analizado y visto por cómo fue como jugador y no por el posible o hipotético perfil de preparador. Esta oportunidad le ha sobrepasado y le ha demostrado su actual realidad. Intención ha tenido. Es innegable. Capacidad, no. Es incomprensible cómo gestionó su debut en el Estadio de Gran Canaria, por ejemplo, y éste fue sólo un pequeño reflejo. Hay muchos más. Álvaro Rubio ha tenido demasiadas ataduras y todas, muy posiblemente, llegaban al saber que ésta era una opción de la que tenía que estar agradecido.

«El problema de Álvaro Rubio no sido por dejadez o falta de profesionalidad sino por el poco carisma y liderazgo para utilizar y aprovechar las escasa herramientas»

En cualquier otro Club no hubiera estado en el primer equipo y con cualquier otro vestuario, esta oportunidad no le hubiera llegado. Él ha querido ser agradecido y esa gratitud le ha llevado a decisiones futbolísticas incomprensibles. No tiene sentido que Xavi Moreno haya ido convocado una vez desde su renovación. Me cuesta entender los picos de rendimiento de Tamás Nikitscher. Son ilógicos los constantes cambios de sistema. Merece una explicación la ausencia de Marcos André. Y así podría hacer un listado de varias preguntas y no hablo de resultados sino de las decisiones que han llevado a ellos.

La ilógica de muchas decisiones y los altibajos de muchas decisiones han provocado que la etapa de Álvaro Rubio no se vaya a ser recordada por ningún concepto. Dejando a un lado los resultados, el legado futbolístico de la etapa del riojano es inexistente. No creo que haya sido por dejadez o falta de profesionalidad, ni mucho menos, sino por el poco carisma y liderazgo para utilizar y aprovechar las escasas y cuestionables herramientas a su disposición.

Desgranando un bochorno: preguntas a Álvaro Rubio

No todos los exjugadores están capacitados para ser entrenadores y no todos los entrenadores están capacitados para entrenar a un equipo de las condiciones y circunstancias del Real Valladolid. Álvaro Rubio sabía dónde entraba cuando se hizo de forma oficiosa, que no oficial, con el banquillo del primer equipo. Tras la salida de Diego Cocca, el entrenador riojano asumió el vestuario hasta final de temporada. Aún quedan cinco partidos pero nada de lo que vaya a ocurrir en ellos va a limar el lastre y, en su figura, a quitar la etiqueta que ya le va a marcar en el mundo de los banquillos.

«Me gustaría saber por qué Álvaro Rubio ha actuado así, por qué se ha dejado utilizar y por qué no ha puesto freno»

Si bien es cierto que el exjugador no ha tenido el carisma, el liderazgo y la personalidad que requería la situación, otra realidad es la de debatir si ésta era una oportunidad que le venía grande o, quizás, pronto. Con todo, la principal duda que me surge con la figura del entrenador es la siguiente: ¿por qué? Si pudiera hablar con él mi pregunta sería esa: ¿por qué, Álvaro? Por qué todo, realmente. Me gustaría saber por qué ha actuado así, por qué se ha dejado utilizar y por qué no ha puesto freno. No vale la respuesta de ser ‘hombre de la casa’. Él sabe mejor que nadie que ha estado superado y que, tras ello, ha sido absorbido por la realidad general.

La situación le ha podido, pero realmente, él también ha sumado para que la actualidad sea así. Por todo y con todo, se me ocurren cientos de preguntas que poder hacer al actual entrenador pucelano. ¿Por qué el equipo desciende con Luis Pérez en el terreno de juego? Ésta es, por ejemplo, la última incógnita que se me ocurre para Álvaro Rubio y que confirma su peso en el presente. La gestión ha sido muy cuestionable y hay detalles en todos los momentos. Se pueden señalar momentos concretos y, también, generales.

¿Por qué?
Ver a Álvaro Rubio me lleva, directamente, a preguntar por qué ha aceptado tener esta imagen y por qué asumió ser él el que firmara el descenso más doloroso de la historia. ¿Por qué has seguido hasta el final? Le preguntaría. ¿Por qué ha entendido que ésta era una buena oportunidad? Insisto, no me creo que haya sido por una cuestión de amor y Club. Álvaro Rubio ha puesto en juego su imagen y su futuro. Éste, quizás por agradecimiento, puede seguir en la entidad, pero nunca enfocado a un banquillo. El riojano se ha mostrado como un incapaz para situaciones límite y momentos que han estado muy presentes en la historia blanquivioleta.

«¿Por qué has dejado, Álvaro, tu reputación en manos de alguien que sabes, como todos, que están destrozando el Club?»

El Real Valladolid es un club de picos y, en ellos, Álvaro Rubio no sabe liderar. Esta etapa lo ha demostrado. Sólo ha sabido mostrarse como el perfil que piden unos dirigentes cobardes que están a la deriva. Ahí, el señalado es él. ¿Por qué, Álvaro? ¿Por qué has dejado tu reputación en manos de alguien que sabes, como todos, que están destrozando el Club? ¿Por qué has sido su escudo cuando sabías que la situación era límite? ¿Por qué has puesto en juego tu imagen y tu carrera? ¿Por qué no has dicho lo que vemos todos? ¿Por qué te has hecho este daño, Álvaro? ¿Por qué?

André Ferreira, un capítulo que merece ser abierto

Este domingo no pude ver en directo la derrota (0-4) ante el Getafe CF. Dadas las circunstancias generales del Real Valladolid no intenté alejarme de la información en directo y demandé información de cómo iba el partido y qué sucedía en él. Marcado por el vídeo entre Juanmi Latasa y Luis Pérez, la visita del equipo madrileño al Estadio José Zorrilla debe ser recordado por el nivel de André Ferreira. El portugués disputaba su primer partido liguero de la temporada y confirmó lo lejos que está del nivel mínimo para la competición y para un equipo de los mínimos del Pucela.

Más allá del resultado cosechado en su primer partido de la temporada, la presencia del portugués esta temporada está marcada por los múltiples interrogantes que han marcado su presencia… o ausencia. Nada se sabe de él. Nada de lo que ha ocurrido sobre él tiene justificación. Empezando por lo penúltimo: su lesión o, mejor dicho, sus «molestias». André Ferreira estuvo ausente de las convocatorias del equipo en varias fechas. Es más, se ausentaba de entrenamientos y participaba en pequeñas fases de ellos. El Club nunca emitió un comunicado de su lesión ni justificó, tampoco, sus ausencias más allá de las mencionadas «molestias».

«André Ferreira ha demostrado en las últimas semanas, deportiva y extradeportivamente, por qué no ha sentado al portero más goleado de la competición»

Es llamativo ver que un portero desaparece sin justificación previa, quizás no tanto si es un cancerbero que nunca parece entrar en las alineaciones pese a que su equipo sea el colista y su compañero, el más goleado. Creo que Karl Hein ha rendido esta campaña por encima de la media del equipo. Cuestionarle ha sido simplemente una mirada al pasado o a la ignorancia. Dudar de él es sospechoso y más aún cuando parece que su compañero ni está, ni quiere, ni se le espera. Todo lo que ha señalado a André Ferreira esta temporada ha sido cuestionable.

Actitud en vídeos del Club, incluida, al luso sólo le faltaba ser examinado en el terreno de juego. Sin opciones para Diego Cocca ni en Copa del Rey, el rendimiento del ex del Granada CF fue llamativo este fin de semana. Iniciando porque tres de los goles están muy alejados del fútbol profesional, el jugador queda señalado y, muy posiblemente, sentenciado en una entidad con la que tiene contrato hasta 2027.

Cuota de responsabilidad
Esa vinculación es su sentencia y, a la vez, la demostración del proyecto blanquivioleta. André Ferreira llegó a un Real Valladolid en el que Jordi Masip era titular. Pese a ello, llegó con una cesión con opción de compra obligatoria que le sentencia a él y al Club. Tres años de contrato ilógicos e irresponsables que demuestran cómo está planificada esta temporada y gestionada la entidad. Ferreira no debería haber llegado al Pucela en invierno de 2024 y, mucho menos, en las condiciones en las que lo hizo. El lastre se creó muy pronto y, ahora, llega el peaje.

El Real Valladolid está centrado ahora en la imagen del banquillo entre Luis Pérez y Juanmi Latasa y la patética imagen del duelo ante el Getafe CF pero, detrás, hay muchos protagonistas escondidos y ensombrecidos. Todos merecen su capítulo y André Ferreira no es menos. Él, por el contrato del Club, y por el rendimiento de la temporada y de su debut, está señalado. Debe estarlo porque la exigencia, por mucho que el equipo sea colista, pide mucho más de lo que ha dado y ha conseguido el portugués.

Las razones por las que Luis Pérez no debe jugar más

El Real Valladolid encontró un nuevo fondo en su temporada con la derrota (0-4) ante el Getafe CF este domingo en el Estadio José Zorrilla. El equipo encontró un nuevo nivel para su deplorable temporada y su historia en un día en el que Luis Pérez, uno de sus capitanes, se despidió de la etapa blanquivioleta. Tras lo ocurrido en el banquillo en la segunda parte, el sevillano debe decir que esa fue su última presencia en un encuentro oficial con el equipo pucelano.

Luis Pérez no debe vestir más la camiseta del Real Valladolid. ¡Jamás! Es más, el ‘2’ no debería participar en ningún tipo de actividad más con la entidad. El suyo es un contrato por rescindir o, quizás, por soportar en las últimas ocho jornadas de la temporada. De una forma u otra, el de Utrera no debe volver a competir como blanquivioleta. No debe hacerlo por muchas razones.

«Luis Pérez no debe volver a vestirse de blanquivioleta por una cuestión de lógica. Genera nerviosismo y crispación»

Luis Pérez no debe volver a jugar principalmente por lógica. Su presencia, ya sea en el Estadio José Zorrilla o fuera de él, genera nerviosismo, inseguridad y crispación. Inicialmente, ésta era una situación social y con la grada, pero todo se ha trasladado al terreno de juego. Su egoísmo y egocentrismo le han llevado a ser un problema para el equipo. La selección de jugar los partidos fuera de casa demuestran que él no es un jugador capacitado para sumar. Él elige los contextos de juego pero estos, a la vez, le han devorado.

Pese a estar fuera de la dinámica profesional y deportiva del equipo, Luis Pérez mantiene un ego exagerado. Él tiene sus batallas individuales y estas, además, son más extradeportivas que futbolísticas. Su posibilidad de sumar es mínima y es sin duda uno de los motivos por los que su presencia debe ser cortada al 100%. El egoísmo le ha marcado toda la etapa en Valladolid pero le ha devorado en los últimos meses. Con todo y por todo, su etapa está más que cerrada. Luis Pérez no tiene nada más que aportar al Estadio José Zorrilla. Ni como capitán ni como jugador.

Si a nivel contractual, el Real Valladolid no puede o no le interesa entrar en una pelea burocrática, la presencia del jugador debe ser la justa y necesaria. Su actividad se debe resumir a la obligatoria y a la mínima. Socialmente no está para sumar y futbolísticamente, tampoco. Sus aportaciones deportivas están lejos del nivel de la competición y, posiblemente, por debajo de la media de un equipo que es colista merecidamente. 

5.000 minutos de élite
Luis Pérez es la demostración de lo malo que es mirar los resultados y creer que por la consecución de un objetivo vale todo. EL fin no justifica los medios. Ésta es una temporada que sobraba al jugador. Su etapa estaba terminada antes del inicio. La suya era una fase cerrada tras el descenso de 2023. Diferentes circunstancias derivaron en una continuidad que ha degenerado en una situación límite que, como con todos los jugadores del Real Valladolid, se cerrará con la devaluación de sus credenciales. 

Luis Pérez llegó al Real Valladolid en 2020 como uno de los laterales con mayor potencial de LaLiga Hypermotion. Cinco años después y tras tres temporadas en la élite, el jugador cerró este domingo su etapa en el Estadio José Zorrilla con una imagen lamentable y un valor deficiente. Su futuro tiene menos puertas abiertas ahora, con casi 5.000 minutos en LaLiga EA Sports, que cuando llegó a Zorrilla con 25 años. Este Real Valladolid devora y más con líderes y capitanes como él.

Raúl Moro se va a devaluar hasta final de temporada

Quedan nueve partidos para el final de la temporada y el Real Valladolid no deja la sensación de que vaya a poder estar en situación de ganar ninguno. El equipo de Álvaro Rubio está débil y debilitado. Individual y colectivamente. El final de temporada va a ser duro y ningún pucelano va a salir victorioso de él. ¡Ni Raúl Moro! Pese a que el catalán sea el jugador con más potencial y mercado del Estadio José Zorrilla, estos meses van a devaluar su precio en el mercado.

Pese a que las cifras nunca son 100% oficiales, estoy seguro que la venta de Raúl Moro hubiera sido más elevada en el mes de enero de lo que puede ser el próximo verano. Lo creo por diferentes conceptos. Tal y como expliqué en Radio Marca Valladolid este martes, el Club, económicamente hablando, no ganará con la futuro venta del jugador. No lo hará porque en enero siempre se juega más con la ansiedad y necesidad. ¡De todos! De comparadores y vendedores.

«Nada de lo que ocurra hasta final de temporada va a poder sumar para que Raúl Moro vea mejorado su valor de mercado»

Iniciando el análisis por entender que de no ser por la lesión del jugador, éste no estaría ya en Valladolid o, incluso, que si la oferta hubiera sido desde Alemania, Italia o Inglaterra, y no desde el Ajax de Ámsterdam, tampoco, entiendo que Moro va a pagar diferentes situaciones surgidas en la temporada. La lesión y los plazos de su recuperación le imposibilitan estar en plenas facultades. Sin ellas, él es un jugador condicionado para su juego. Tiene dificultades para encarar, superar el velocidad y ganar duelos individuales. 

Está debilitado y, además, cuando se lesionó el equipo estaba vivo. Ahora, no. Antes, la demanda de un esfuerzo era real. Ahora, quizás, es exagerada. Raúl Moro no tiene la necesidad profesional de arriesgar su futuro. La profesionalidad no obliga a hacer de más, pero sí a estar a la altura. ¿Cuál es en el caso del Real Valladolid? ¿Dónde está el límite o el mínimo en el equipo de Álvaro Rubio? Éste es el principal problema que va a tener el ’11’ hasta el final de temporada. Nada global le va a sumar de forma individual.

Imagen debilitada
Raúl Moro llegó a enero con una tendencia positiva. Se definió, por él y por la tendencia del Pucela, como un activo interesante. Edad, momento, precio… Todo hacía pensar que la operación era fácil. Ahora, unos meses después, con una lesión superada pero que le ha condicionado físicamente y una imagen general bastante pobre, Moro volverá al mercado. Opciones tendrá, pero diferentes. El Ajax, muy posiblemente, siga tras él pero lo tendrá dentro de una agenda con más nombres y posibilidades.

El mercado de invierno dejaba unos contextos que el verano no le va a ofrecer de una forma tan directa y rotunda. Ahí está el problema sobre un jugador que en el Real Valladolid tiene un aura diferencial pero que fuera del Estadio José Zorrilla ha perdido potencia y valor tras enero. Es innegable. Los datos del equipo, los suyos y sus sensaciones determinan que estos meses le han hecho daño. No le han hecho peor jugador, pero le han debilitado su imagen… y su precio.

«Ronaldo Názario ya no juega. Él no ataca ni defiende»

Cuando se quiere defender, bajo cualquier circunstancia, a un entrenador, se dice mucho que «él no juega». Los errores individuales en el terreno de juego son supuestamente responsabilidad de los jugadores. Los preparadores son ajenos a ellos. Es una forma de centrar el análisis y la responsabilidad, quitando lastre al banquillo. Creyendo, pese a lo que decía Paco Herrera, que en el fútbol todo se puede trabajar, cada uno tiene su peso en los errores, pero sabiendo quién tiene un protagonismo principal y quién no.

Hay muy pocas voces actualmente que puedan defender a Ronaldo Nazário en el Real Valladolid. Es imposible. Al brasileño ya no le vale ninguno de los argumentos que él mismo ha querido estirar. Las reformas del Estadio José Zorrilla o la mejora de los Campos Anexos son argumentos vacíos para justificar una realidad pobre y llena de oscurantismo. Ronaldo está matando al Club, pero no por ello él es el responsable de todo lo que ocurra en el terreno de juego.

«La gestión de Ronaldo es vergonzosa, pero él no tiene culpa del rendimiento de Luis Pérez, Javi Sánchez o Marcos André»

Él, obviamente, es el culpable de la mala planificación deportiva, pero no lo es del lamentable rendimiento de muchos de sus jugadores. Apostar por jutbolidtas que no han pisado la élite sería una culpa del Club. Hacerlo por otros que ya han vivido LaLiga EASports, no y es ahí donde está fallando el equipo que ahora entrena Álvaro Rubio. Aseguré hace semanas que la situación no iba a cambiar por lo que el Pucela firmase en invierno. Las cinco incorporaciones de enero no iban a cambiar la situación. Ésta debía variar desde el crecimiento de los jugadores que comenzaron la temporada e, incluso, los que tiene un arraigo con el Club.

La gestión de Ronaldo es impropia de alguien vinculado al fútbol. Pese a ello, él no tiene culpa del mal rendimiento de Luis Pérez, Javi Sánchez o Marcos André o, incluso, Stanko Juric, Sellim Amallah o Iván Sánchez. Sí que es cierto que el trato e ínfulas de soberbia que el brasileño inyectó a los jugadores en momentos concretos del pasado pueden haber generado un aura que se está cobrando víctimas ahora, pero la realidad sufrida este domingo en San Mamés es única y exclusivamente de los jugadores.

Parcelas individuales
Son ellos los que, supuestamente, abogaron por la presencia de Álvaro Rubio en el banquillo blanquivioleta y son ellos, ahora, los que quedan retratados y expuestos. El Real Valladolid está descendido y el daño que va a hacer esta temporada es irreparable. Lo es para el Club pero, de momento, no para los futbolistas. Estos pueden decorar o maquillar su realidad y lo deben hacer desde una exigencia que no han encontrado ni conocido hasta el momento.

«Para cambiar la situación se necesita liderazgo y Zorrilla carece de él desde hace meses o, incluso, temporadas»

Recuerdo una frase de Jagoba Arrasate en su etapa en el Club Deportivo Numancia en la que decía que un campo de fútbol «son pequeñas parcelas». Cada uno defiende la suya y tiene que tenerla «limpia». Hasta que la propia no es la más limpia del terreno de juego no se puede mirar a la del resto de compañeros. En este Real Valladolid nadie mira la suya. Todos miran las ajenas y todos quieren desviar el foco de la suya para que las miradas se centren en la de Ronaldo Nazário.

La parcela del brasileño está enmierdada hasta el techo. No está nada limpia ni lo va a estar. A él ya no le interesa limpiar y, ni mucho menos, remangarse para intentarlo. Sabiendo cómo está la zona y la responsabilidad del máximo accionista, la situación obliga a amor propio, a responsabilidad y a profesionalidad. La visita a San Mamés debe cambiar la mentalidad. Por la propia imagen de los jugadores y por el futuro de la entidad. El problema es que para ello se necesita liderazgo y Zorrilla carece de él desde hace meses o, incluso, temporadas.