La clave de llevar al límite tus posibilidades futbolísticas

En la previa al duelo, Sergio González habló de una línea «continuista». Desde ella entiende el entrenador catalán que el Real Valladolid va a estar cerca del objetivo. Parece incongruente que las ideas que te han llevado a una delicada situación te vayan a sacar de ella, pero Sergio así lo cree. El que más sabe sobre la situación del equipo así lo ve e invita a que el entorno lo ratifique. Él mismo marcó así los objetivos para un duelo que analizó futbolísticamente desde un contenido que no suele ser habitual en sus comparecencias previas. Sergio marcó objetivos de juego y de propuesta para hacer frente a un RC Celta de Vigo con matices novedosos en relación a la primera vuelta.

El entrenador del Real Valladolid marca mucho sobre lo que se vio ante su equipo pero, en esta ocasión, habló mucho de las necesidades del Pucela de adaptarse a la «verticalidad» del rival, a su «juego interior», a su capacidad para buscar centros al área, a Iago Aspas y a Renato Tapia. Entre todos esos rasgos anunciados el más diferencial es el ’10’ pero el más determinante, el peruano. El centrocampista del RC Celta de Vigo es un jugador diferencial para la propuesta gallega y ese futbolista que hace superioridad numérica en la salida de balón gallega.

Desde él se crea el juego que quiere el equipo de Eduardo Coudet y a él se debe adaptar el Real Valladolid. Para ello, considero que la línea «continuista» de juego del Pucela y de sus ideas será insuficiente en el Estadio de Balaídos. Los de Sergio González no pueden esperar al rival como hacen en la mayoría de las ocasiones. Vivir replegados y en campo propio no es una buena receta para un partido determinante.

En este encuentro, que es capital para evitar más fantasmas y miedos, el inicio del mismo es capital. Si bien ante la Sociedad Deportiva Éibar y el Real Madrid, la tendencia inicial fue la base para ver una cierta mejora en el equipo, en este duelo es capital, también, buscar esa superioridad en los primeros 15 minutos.

‘Problemas’ personales
Debilitando la salida de balón del rival, evitando que crezca desde el juego interior y alejándolo del área, el Real Valladolid tendrá mucho ganado para esos primeros minutos. El inicio es capital. El perfil de Coudet es el de un entrenador que quiere el máximo ritmo en los primeros instantes. El Celta de Vigo va a buscar imponerse desde el pitido inicial y el Real Valladolid tendrá que vivir una fase de sufrimiento en los primeros minutos. Sin saber cómo querrá Sergio González hacer frente a esa situación de salida de balón de Tapia ni cómo emparejará las marcas ante ese movimiento, lo que parece claro por su análisis en la previa es que el Real Valladolid no puede vivir en su campo.

Las líneas del Real Valladolid no pueden estar, de base, en campo propio. Sería un error facilitar la construcción de un equipo con jugadores como Brais Mendez o Denis Suárez. Cuanto más incómodo se sienta el Celta de Vigo, mejor para el Real Valladolid. Es una perogrullada, sí, pero también es un análisis que tiene muchos matices porque para que los vigueses se sientan incómodos, Sergio debe exponer a su equipo a ciertos comportamientos en los que él no se ve cómodo. Adelantar las líneas y tener espacio a la espalda de los defensas es un riesgo que Sergio no quiere correr de la misma forma que es contrario a tener a Jordi Masip fuera del área.

Sergio González anunció en la previa cuáles eran las ideas del equipo para el partido y, también, cuáles eran las credenciales del rival. Entre unos condicionantes y otros aparece un Real Valladolid que debe vivir lejos de su área. Evitando estar muy unido a la zona de Masip, el Pucela podrá llevar al límite a un rival que quiere vivir cerca del último cuarto. Desde él, su juego interior se potencia, su verticalidad se hace protagonista y Iago Aspas es aún más diferencial. Con un déficit de juego y resultados como el actual, el Real Valladolid debe arriesgar y debe llevar al límite a su rival. Independiente de lo que le cueste a él o, incluso, a su entrenador, la calve sigue estando en el Pucela.

La clave de estar atrevido y seguro sobre la posesión

Es indudable, tal y como Sergio González narró en su rueda de prensa previa. El Cádiz CF es un equipo que condiciona mucho los partidos y los planteamientos del rival. Los de Álvaro Cervera son el equipo que menos posesión tienen de la categoría. Ha ganado este año partidos con menos de un 20% del control del balón. Defendiendo en bloque bajo o, incluso «muy bajo», como narró Sergio, los gaditanos buscan el contragolpe desde muy atrás. Potenciando los fallos del rival y sabiendo dónde correr y cómo hacerlo, el Real Valladolid sabe qué exigencias va a tener en y para el último duelo del año 2020 y que no son otras que aquellas que se centran sobre el balón.

En la previa, Álvaro Cervera aseguraba que el blanquivioleta es un equipo que «sabe» qué hacer con el balón. La lectura del experimentado entrenador habla de las cualidades pucelanas con el esférico, hecho por el que se le exigirá a los pucelanos. Sabiendo que van a tenerlo más que el rival y más que en otros partidos, los pucelanos deberán mostrar las cualidades que tienen para él y lo protegidos que deben ser tras y sobre él. La calidad que el Real Valladolid muestra con el balón es capital para ganar el partido pero la seguridad que se muestre sobre él, más aún.

Sobre la posesión
El Pucela debe y quiere tener el balón en el Estadio Ramón de Carranza pero debe hacerlo con la seguridad y la contundencia que un rival como el Cádiz CF exige. Sabiendo que ellos se mueven bien en las transiciones, la principal lectura pucelana estará con el balón y sobre él. No es cuestión de tener la posesión, es una exigencia de saber qué hacer y cómo actuar al recuperarlo y al perderlo. En un encuentro de cambios de ritmo, el duelo estará definido en esos cuatro o cinco segundos que pasen desde que el Pucela robe y tras los que el Real Valladolid pierda.

Esa exigencia tan moderna en la lectura de los partidos va a exigir mucho al Real Valladolid en un duelo que no va a ser nada fácil. Álvaro Cervera y Sergio González tienen ideas similares de juego pero formas muy diferentes de buscarlas. El duelo será una exigencia de saber quién gana al otro en propuesta y en convencimiento para atacar esas fracciones de juego que definen el juego del Cádiz CF. La propuesta amarilla es clara y rotunda, tanto como para obligar al Pucela a adaptarse a esas exigencias.

El del Cádiz CF es un fútbol diferente. Es innegable que te deja el control del partido desde la posesión pero que, de la misma forma, te exige una buena lectura y seguridad con el balón. La respuesta que se tenga a la posesión es capital. El Fútbol Club Barcelona tuvo mucha más posesión que él en el duelo que les enfrentó hace unas semanas pero los amarillos ganaron (2-1) porque exigieron mucho al equipo culé en acciones sin balón, de transición y de presión tras pérdida.

Las lecturas que ocurren sobre la posesión y no con la posesión son aquellas en las que el Cádiz CF es determinante, casi único, y son las que definen la clave para que el Real Valladolid haga un buen partido en el Estadio Ramón de Carranza y cierre el año 2020 con una sonrisa deportiva que entierre el mal duelo ante el Fútbol Club Barcelona y la enorme oportunidad perdida ante los de Ronald Koeman.

La clave de exigirse todo lo posible en cualquier estadio

El enfoque que Sergio González hizo del duelo del Real Valladolid ante el Atlético de Madrid no fue muy correcto. Analizar la visita al Wanda Metropolitano como «un premio» no es el camino. El equipo blanquivioleta se debe pedir más que ir de visita a estadios de gran envergadura. Éste es un enfoque con cierta mediocridad que ha ido muy unido al entrenador catalán en su estancia en el Estadio José Zorrilla pero que, poco a poco, va desapareciendo. Lo va haciendo con discursos como el previo a la visita al Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, aquél que marca todo lo que debe asumir el Real Valladolid para un duelo como éste.

Tras un encuentro copero en el que todo lo que pudo conseguir el Real Valladolid iba a ser catalogado como poco, la visita al equipo hispalense ofrece una oportunidad de crecimiento inmejorable para los blanquivioleta. Buscar la victoria en un lugar como el estadio sevillista es una motivación que debe ayudar al equipo a su crecimiento de las últimas jornadas. Descartando, tal y como asegura Sergio, que la evolución pucelana se deba a un cambio de «actitud», el Real Valladolid está en un buen momento de resultados y crecimiento. El cómo se consiguió la victoria (3-2) sobre el Club Atlético Osasuna sumó un doble valor a los tres puntos y es esa inercia la que debe marcar el camino del Real Valladolid antes de cerrar el 2020.

Tanto éste como los dos últimos partidos del año para el equipo de Sergio González son encuentros que se deben mirar sólo desde la exigencia blanquivioleta. Los pucelanos están en una fase de la temporada en la que aún se deben mirar sólo a ellos. Las tres victorias en las cinco últimas jornadas han llevado al equipo vallisoletano a una situación en la que todo depende de ellos. Todas las exigencias vallisoletanas se marcan en su juego, en su propuesta, en su respuesta, en su lectura… Todo está marcado y definido por ese ‘su’, incluso en la visita al Sánchez Pizjuán o antes de la visita del Fútbol Club Barcelona al Estadio José Zorrilla.

Seis meses después
En gran parte, esta lectura la demostró Sergio González en la previa. El catalán ha querido enfocar el duelo sobre el encuentro del pasado mes de junio. En él, el Pucela estuvo muy bien y sumó un gran empate. En botín, en sensaciones y  enpropuesta, el Real Valladolid estuvo bien. Ahora, con la potenciación de la plantilla y la mejora de los activos, el equipo se puede pedir más, como así parece estar definido el discurso de Sergio. En un fútbol sin público y con grandes comodidades de viaje para los equipos visitantes, las excusas del escenario son secundarios.

Más condicionado está el Real Valladolid en el viaje a Estella del pasado martes que en la visita al Sánchez-Pizjuán. Creyendo fervientemente en ello, la decimocuarta jornada de LaLiga Santander es una fecha importante para los pucelanos y su exigencia. Sergio González ha marcado el listón blanquivioleta en mejorar el duelo de la última temporada, aquél en el que el Pucela demostró tener cualidades y posibilidades. Si el 26 de junio los pucelanos demostraron variables, seis meses después la exigencia propia y futbolística debe ser mayor porque en ella está la clave para ganar y/o crecer en el antepenúltimo encuentro del año.

La clave de saber lo mucho que puede perder el Pucela

¿Cuántas veces hemos mirando y analizado la previa de un partido del Real Valladolid con la sensación de que el equipo no tiene nada que perder y sí mucho que ganar? Las visitas al Estadio Santiago Bernabéu, al Camp Nou o al Wanda Metropolitano tienen un enfoque así. Es cierto que la visión más purista habla de que lo que hay en juego son tres puntos iguales pero el planteamiento futbolístico y mental no es el mismo que ante otros rivales. Esa sensación que conlleva hasta cierta liberación es totalmente contraria en la previa a que Sergio González y los suyos viajen a Estella para enfrentarse al Club Deportivo Cantolagua.

Desconociendo este tipo de competición hasta la temporada pasada, cuando el Pucela se enfrentó al Tolosa Club de Fútbol, la realidad del enfrentamiento entre equipos con tanta diferencia de categoría, de recursos y de posibilidades es indescriptible. En el encuentro se ven conceptos totalmente diferentes de competir y es por ello que mirando a este duelo desde el «respeto» y la «humildad» que pedía Sergio en la previa, el Pucela sigue teniendo mucho que perder pero poco que ganar.

Pese a que se vaya a ver a jugadores con pocos minutos en las últimas semanas y se apueste, incluso, por futbolistas del Real Valladolid Promesas, poco de lo que se vea en el Estadio de Merkatondoa tendrá peso en cualquier futuro blanquivioleta. ¿Va a cambiar la situación de Jawad El Yamiq por muy buen partido que haga en Estella? ¿Va a conseguir evolucionar en su adaptación Luis Pérez con este duelo? ¿Servirá un encuentro como éste para que Toni Villa cambie su papel en el equipo? Presuponiendo una buena imagen, un gran duelo y una victoria del Real Valladolid, nada servirá porque todo será analizado como una exigencia y una obligación.

Obligación vs objetivo
En esa importante pero, a veces, ignorada diferencia entre los obligaciones y los objetivos, éste duelo define muy bien a qué se va a enfrentar el Pucela. En LaLiga Santander, un equipo como el de Sergio González tiene el objetivo de ganar. Puede hacerlo ante grandes equipos pero, a la vez, puede perder duelos directos y esas llamadas «finales». En el fútbol pueden darse cambios de guión que serían inaceptables este martes en lo que el Real Valladolid se refiere. Pese a ese «respeto» con el que se debe mirar al rival y a este formato de Copa del Rey tan atractivo, el Real Valladolid está obligado a ganar al Club Deportivo Cantolagua. Todo lo que no sea la clasificación será una decepción mayúscula.

Conseguir un objetivo no es un éxito pero no conseguir una obligación sí es un fracaso. Se trata de diferencias relevantes en el mundo del fútbol y que demuestra este formato de la Copa del Rey. Que un equipo de LaLiga Santander se enfrente a un conjunto no profesional muestra las diferencias entre un fútbol y otro y, a la vez, exige unas obligaciones que nada ilusionante van a decir sobre el equipo que las firme o los jugadores que las consigan. Conseguirlas no será positivo, perderlas será un fracaso mayúsculo.

La clave de despreciar una igualada no es resultadismo

El Real Valladolid y, sobre todo, Sergio González aprendieron mucho de lo mal que enfocaron el calendario y las exigencias tras la dura derrota (1-2) ante la Sociedad Deportiva Éibar. Se habló de «finales» en el mes de octubre. Un error futbolístico y para este equipo, un grupo que por aquel entonces no estaba preparado para esas dificultades. Analizando todo desde la presión total, el Pucela cayó y fue derrotado merecidamente por una nefasta gestión. Un «atajo» incomprensible. Ahora, ya sea por caer ante el Atlético de Madrid o por la dinámica de resultado anterior, el Pucela afronta el duelo ante el Club Atlético Osasuna con otro aire.

Sabiendo cuáles son sus exigencias y que un objetivo no es lo mismo que una obligación, los blanquivioleta se miran sólo a ellos para este importante encuentro ante los de Jagoba Arrasate. Las peticiones y demandas propias son aquellas que van a hacer crecer a los de Sergio en esta fase de la temporada. Con ellas, el Pucela ganará partidos importantes y duelos más allá de los directos. Ante Osasuna, la mentalidad es capital y tirando de las declaraciones de Sergio González, el equipo se debe exigir ganar el partido, algo muy diferente a «ganar por ganar».

Los pucelanos viven un encuentro «muy importante», todo lo que es un partido ante un rival con un punto más tras 12 jornadas disputadas. Es un encuentro capital pero no definitivo. Por ello, la exigencia es tan importante como el resultado. ¿Se debe ganar? Sí. ¿Se debe hacer todo por ganar? Más aún. Los pucelanos deben entender que su exigencia no es conseguir un resultado, es dar todo por un resultado. Así, la petición es futbolística y no resultadista. El Real Valladolid no se puede conformar con un empate en ningún momento y desde el campo y desde el banquillo se debe dar todo para ello.

Dar todo por ganar
La lectura del partido, que no la propuesta, pasa por ofrecer todos los ingredientes que necesita un equipo que debe ganar. El Real Valladolid necesita la victoria y debe darlo todo por ello. La obligación blanquivioleta para el duelo es que el encuentro termine y nadie pueda dudar de que los pucelanos han dado todo por la victoria. Con esa sensación global, producida por el juego, el aprovechamiento del banquillo y la adaptación a la dinámica del partido, el Pucela estará muy cerca de su tercera victoria de la temporada.

La exigencia de renegar de un empate no es resultadismo, ni mucho menos. Se trata de ambición, aquélla que pide un equipo que vive en zona de descenso y que recibe la visita de un rival que suma un punto más. Con sólo 10 puntos en 12 partidos, la mejora del Real Valladolid está en saber afrontar duelos como el de este viernes con el coraje de ir a por la victoria hasta el último segundo. Así se conseguirán más victorias que aquéllas que son necesarias en partidos importantes, pero en duelos que no son «finales» y que no hay que «ganar por ganar» sino «ganar para crecer» y «ganar para creer» desde la constante intención de ganar. Intención es la palabra determinante.

La clave que va a definir al Real Valladolid en diciembre

El Real Valladolid ha sumado siete de los últimos nueve puntos en juego. Es una buena cifra pero no ha sido suficiente para el equipo de Sergio González. Pese a ser un buen volumen en una fase muy concreta de partidos, la situación clasificatoria de los pucelanos no ha cambiado en exceso ya que llegan al duelo en el Wanda Metropolitano en zona de descenso. La victoria del RC Celta de Vigo en Bilbao no debilita la mejora blanquivioleta pero sí que muestra el déficit de puntos con el que los vallisoletanos llegaron a la novena jornada. 

Teniendo que esperar casi 10 partidos para degustar tres puntos, la exigencia vallisoletana va a ser alta durante un buen tiempo propia y no dependerá de a quién se enfrenten. Los de Sergio no van a poder mirar al rival para limitar sus exigencias porque su necesidad va a ser siempre la misma. El Pucela está obligado a que sus constantes evoluciones le lleven a sumar puntos porque de no conseguirlo, dos malos resultados consecutivos podrían suponer el cierre de la temporada o el de la etapa de Sergio González en Valladolid.

La clave para los partidos más próximos del Pucela, con Atlético de Madrid, Sevilla FC y FC Barcelona en el horizonte, es su propia exigencia. En zona de descenso antes de la visita a Madrid y con un duro calendario antes de cerrar el año 2020, el Real Valladolid se debe centrar en sus posibilidades. Pese a que visitar a un equipo como la actual versión del colchonero puede llevar a pensar en que el Pucela no tiene nada que perder, nada está más lejos de la realidad. En la situación que se ha generado en el equipo blanquivioleta, los pucelanos no pueden regalar nada y deben tener como una obligación su mejora y su imagen.

Poso y relevancia
Desde  la evolución y la muestra de una identidad en el terreno de juego se llegará a ganar partidos, se doblegará el déficit del inicio de temporada y se saldrá de la zona de descenso, primero, y de la zona de peligro, después. Potenciar las posibilidades del equipo es la principal exigencia de un equipo que no se ha mostrado en todo su esplendor ni en el de todos sus jugadores. El margen de crecimiento del Real Valladolid es alto y es ese el que se debe atacar. Más allá de resultados, duelos como el del Atlético de Madrid no son viajes que deban pasar para el Pucela. Deben dejar un poso y una relevancia importante.

En esta ocasión, y antes de visitar a un equipo que no ha perdido en contexto liguero y que apenas ha encajados dos goles, el Pucela tiene una doble evolución que atacar. La variante del lateral derecho y la exigencia ofensiva son retos que debe asumir el equipo desde la ausencia de Sergi Guardiola y Fabián Orellana. La muestra del nivel blanquivioleta habla de que perder a dos de los tres jugadores con más minutos de la plantilla no es un grave problema y sí una oportunidad de mostrar potencial y posibilidades. Ya sea en esquema o en nombres. Esa potenciación es la base del crecimiento y la clave para visitar el Wanda Metropolitano y para afrontar otros encuentros próximos.

La clave de potenciar y no utilizar la inercia adquirida

Me gustó mucho la rueda de prensa de Sergio González previa al duelo ante el Levante UD. Fue sincero y ambicioso desde la seguridad y la confianza que dejan dos victorias consecutivas. Entre todo ese discurso del entrenador catalán destacan dos frases que marcan muy bien cómo se define actualmente el estado y la exigencia del Real Valladolid. Las dos victorias conseguidas y el cómo se han conseguido no son el techo del equipo. El equipo puede aspirar a más y puede pedirse más. Todo llegará si desde el cuerpo técnico se pide al equipo aquéllo que puede y debe ofrecer.

En la comentada rueda de prensa, Sergio aseguró que «tenemos mucho fútbol por demostrar». Bajo ese prisma ilusionante y que este Pucela tuvo en el inicio de temporada en voz de su entrenador, el equipo sabe de sus exigencias pero, también, cómo llegar a ellas. El Pucela asume que está «reafirmado», como asegura Sergio, y así se le puede pedir atrevimiento, descaro y seguridad. Entre los tres puntos del nuevo duelo, la mejor versión del Real Valladolid es posible. Sólo queda pedirla. Sabiendo que las dos victorias adquiridas han sentado bien al equipo para saber hasta dónde se le puede exigir, la visita del Levante UD no puede frenar el crecimiento del equipo. Debe potenciarlo.

El Real Valladolid ha recortado la distancia que tenía con sus rivales. Estar fuera de descenso es sinónimo de haber dejado atrás las presiones, los miedos y las dudas. El equipo ha equilibrado su situación y, con ella, puede asumir más riesgos. Las ambiciones pucelanas no sólo se miran en las victorias sino en seguir trabajando el cómo. Con victorias como la conseguida (2-1) ante el Athletic, el Pucela no conseguirá la salvación. Bajo ese camino, el Pucela no sumará ocho victorias más. Es imposible. Siguiendo en camino de la firmada (1-3) en Granada, sí.

Ni mejor ni peor: más
Explotando las cualidades, atacando los márgenes de crecimiento y utilizando todos los recursos posibles, el Real Valladolid estará en situación de conseguir todos sus objetivos. Siendo ambicioso es más ‘sencillo’ triunfar. A corto, medio y largo plazo. Las victorias, en muchas ocasiones, tapan carencias. Ocurrió ante el Athletic. En otras ocasiones muestran un camino interesante que se vio en el Estadio de Los Cármenes. En tierra nazarí se vio un equipo confiado, de argumentos y respuestas. Bajo esos argumentos, el crecimiento es viable y más en un estado de confianza como el que puede tener el equipo ahora.

Sabiendo gestionar esa ambición y explotándola hasta los límites a los que se debe llevar, el Real Valladolid potenciará la inercia adquirida con las dos últimas victorias. La utilizará pero no vivirá de ella. El equipo ha conseguido mucho en los dos últimos partidos. El punto de inflexión ante el Athletic y el buen partido en Granada son condicionantes ilusionantes para un equipo que puede ofrecer más, no mejor ni más bonito.

Pidiéndolo crecer bajo las herramientas, los protagonistas y le lectura de Granada, el Pucela estará cerca del camino que le lleve a la salvación y a ganar partidos ahora y en todos los futuros posibles. Esa personalidad y ese empaque que ahora sí tiene el equipo serán los que llevarán a que el equipo consiga el objetivo final y, posiblemente, a hacer un buen partido ante el Levante UD.

La clave de comprender que la herencia es minúscula

¡Qué ganas tengo del partido del Real Valladolid en Granada! Es, sin duda, el duelo que más expectativas me ha generado en lo que llevamos de temporada. La victoria (2-1) ante el Athletic Club ha invitado, según varias voces del propio vestuario, a esperar la mejor versión del Real Valladolid aunque también invita a pensar que se puede ver una versión blanquivioleta más cómodo, relajada y expectante a lo que va ocurriendo en el partido. El ejemplo es bien sencillo: el del equipo rojiblanco en Zorrilla. 

Creyendo que en el fútbol siempre que un equipo gana tiene mérito pero que, a la vez, un equipo que pierde siempre tiene demérito, el Real Valladolid ganó a los de Gaizka Garitano porque hicieron determinados aspectos y movimientos del juego bien pero, también, porque el rival hizo otros mal, y eso que llegaba a Zorrilla buscando un punto de inflexión. Una semana antes, los bilbainos habían vivido lo mismo que los pucelanos: una gratificante victoria. Remontar al Sevilla FC fue una bocanada de aire fresco para los vascos que, una jornada después, fueron superados por el Real Valladolid en el marcador.

La remontada ante los de Julen Lopetegui tapó carencias. El resultado mostró cierta ilusión y expectación que la visita al Estadio José Zorrilla volvió a evidenciar. La herencia con la que los vascos viajaron a Valladolid fue pequeña y quedó demostrada ante la primera dificultad. Pese a que los pucelanos terminaron encerrados en su campo y en su área, los vascos no fueron merecedores de la victoria. No lo fueron por méritos y, tampoco, por ideas. Los tres puntos de la semana anterior no cambiaron su situación global. Las carencias eran las mismas y las dificultades , iguales. Además, el gol de Fabián Orellana potenció gestos y un lenguaje corporal de un equipo que se siente perdedor y sin confianza.

Herencia vs exigencia
Ese recuerdo del último rival del Real Valladolid debe estar muy presente en el equipo de Sergio González antes del duelo ante el Granada CF pero, también, en él. El Pucela consiguió una importante victoria en el encuentro anterior a éste. Antes de visitar el Estadio de Los Cármenes, los de Sergio generaron la opción de un punto de inflexión. Recibieron una herencia con la que han viajado a Granada pero que no invitará a nada durante el encuentro. Los tres puntos son importantes para la moral del equipo pero, a la vez, un reto para su propuesta.

Más liberado, al Real Valladolid se le puede y se le debe pedir más. De lo que ha dado en las anteriores nueve jornadas y en el último duelo. Ante el Athletic no se consiguió una evolución en el juego y no se enterraron ciertas carencias pero se consiguió lo que el vestuario y el cuerpo técnico pedían para poder crecer. Desde la victoria se puede crecer más y mejor.

El Real Valladolid la pedía y la necesita y, ahora, que la ha conseguido, llega el momento de pedir y exigir. Es obligatorio hacerlo pero, también, es necesario exigirlo desde una visión realista. El Pucela no cambió en el juego ante el Athletic pero consiguió una herencia, aquélla de la que no se podrá tirar en exceso en Los Cármenes pero que, quizás, sí es el argumento para sostener el cambio que el equipo quiere y necesiat.

La clave de saber que se necesita un punto de inflexión

Cuando un equipo comienza a jugar «finales» en el mes de octubre y cuando sólo se han disputado cinco jornadas, el futuro es negro en caso de perder esos ansiados partidos. Perderlos significa no conseguir los tres puntos, algo que le ha ocurrido al Real Valladolid desde que viajó al Estadio de El Alcoraz. Dejando a un lado la evolución que el equipo estaba teniendo en el juego hasta la derrota (1-2) ante la Sociedad Deportiva Éibar, el Pucela está roto desde entonces. Está sin líder y vive marcado por los bandazos. Con todo, el equipo necesita ganar pero, sobre todo, encontrar un punto de inflexión sobre el que construir.

El proyecto del Real Valladolid, aquél que indudablemente creo que existe, debe encontrar brotes verdes y puntos de inflexión que vayan mucho más allá de su entrenador. El análisis del partido ante el Athletic Club debe dejar dos análisis: por un lado el del equipo y, por otro, el del entrenador. Sergio se la juega a un resultado. Una derrota y, muy posiblemente, todo lo que no sea ganar, es su final. El equipo, por el contrario, debe tener un análisis mayor. Con o sin Sergio el equipo seguirá y pese a las dificultades de puntos con los que se encontrará, la situación es y será reconducible, siempre y cuando se ve un punto de inflexión del equipo en este partido.

Dada la situación actual del equipo, muchas miradas van a la temporada 2009/2010, aquélla fatídica campaña en la que el Pucela acabó descendiendo. Para mí, las comparaciones son mera coincidencia. Por cuestiones deportivas y sociales, los ejemplos no concuerdan pero, en la exigencia actual del Pucela, ambas campañas dejan un punto de unión similar. Tras siete jornadas, el Real Valladolid de José Luis Mendilibar recibía al Deportivo de la Coruña. Los pucelanos estaban fuera de descenso con sólo cinco puntos. El partido era una supuesta «final» que el Pucela debía ganar sí o sí. Todo radicaba en una victoria, o no, como el tiempo demostró.

El partido salió redondo para los pucelanos. Aquel 25 de octubre de 2009 los blanquivioleta se impusieron con claridad (4-0). La lectura de que una victoria lo curaría todo fue errónea porque, después, el Real Valladolid ganó un partido de 18 posibles. El equipo no estaba hecho y pese a que como cualquier equipo debía ganar, el sustento que se pedía no era el necesario. El Pucela debía tener un punto de inflexión en juego y confianza, algo que no consiguió aquel día pese a una victoria que llegó más por demérito rival que por mérito propio. Ahora, más de 11 años después, la situación es similar y va por encima de un resultado.

Más de una victoria
Con Sergio o sin él la semana que viene, la segunda visita de la temporada del Athletic Club al Estadio José Zorrilla muestra la necesidad de que el Pucela cree una tendencia y un punto de inflexión para el futuro a corto y medio plazo. El Real Valladolid debe encontrar equilibrios, sustentos, muestras y posibilidades que lleven a pensar que el equipo está capacitado para hacer frente a sus necesidades y que desde ellas puede conseguir más victorias que una en la novena jornada que paliará el dolor pero que, jamás, lo eliminará con tres insuficientes puntos.

Pese a la situación, la clasificación y la dinámica grupal y, además, la debilidad que ofrece Sergio González, el Real Valladolid aún puede decir mucho esta temporada. Tiene opciones de cambiar la situación pero antes de ello debe conseguir un punto de inflexión en el juego, el mismo que le llevará todas las victorias que necesita y no los tres puntos que disimularían todo pero que prolongaría la principal agonía que tiene el equipo ahora.