Ese fútbol total que quiere Luis César Sampedro

El Real Valladolid ha iniciado la temporada con fuerza. Pese a la reciente derrota (1-0) ante la Sociedad Deportiva Huesca, la motivación e ilusión es total tras cinco victorias, un empate y sólo dos derrotas. El principal responsable de toda esta ilusión es Luis César Sampedro, aunque sin olvidar el trabajo de Miguel Ángel Gómez en la confección de la plantilla este pasado verano.

Una idea que ha calado en la plantilla
Pagaría por adentrarme en una charla táctica de Luis César Sampedro para descubrir cómo expresa su idea de fútbol a sus jugadores. Si alguien intenta definir lo que él busca, posiblemente, se decantaría por destacar que saca el balón desde atrás y que busca la posesión para llegar a la portería rival. Analizando los partidos disputados por el Real Valladolid durante la presente campaña su idea es mucho más compleja. De hecho, hasta ahora, practica un fútbol total, con multitud de variantes.

Cuando el rival está colocado, el Pucela realiza una salida de balón desde atrás. La busca con los centrales abiertos, el pivote incrustado y los laterales muy adelantados. Normalmente, la idea es tener el equipo bien unido pero el entrenador gallego busca, en ataque, hacer el campo muy largo para descolocar al rival en su presión, consiguiendo que el rival no tenga las líneas cerca. Así, y superada la primera línea rival, el Real Valladolid busca tener espacios para correr. Fútbol agresivo y directo. Asociamos sacar el balón de atrás con un juego de posesión pero Sampedro utiliza esa técnica, precisamente, para todo lo contrario.

Cuando el equipo rival tiene el balón el Real Valladolid presiona de forma muy agresiva, con el resultado de falta o robo. La idea es clarísima. La intensidad como seña de identidad. La última variante, utilizable ante equipos que esperan más replegados, como Club Deportivo Tenerife o, incluso, el Fútbol Club Barcelona B en la segunda parte, es juego por bandas. Los laterales doblan, los extremos encaran y los centrcampistas llegan al remate. En todo caso, este Real Valladolid siempre tiene mucha gente por delante del balón. ¡Un fútbol total apasionante! 

Se encaja muchos goles
Que este Real Valladolid arriesgue tiene su lado negativo, como todo sistema. Pese a ello no detecto tantos problemas defensivos como marcan los goles encajados, influidos por el empate (4-4) ante la Cultural y Deportiva Leonesa. El equipo presiona arriba y en cuanto se ve superado, baja líneas. Deja espacios a la espalda rival para correr. El ataque siempre en la mente de Sampedro. La poca velocidad en el centro de la zaga y la falta de efectivos en la zona central de la media son los puntos débiles del equipo.

Una hipotética falta de coordinación o, quizás, demasiado desgaste físico pueden ser las causas de que los rivales jueguen cómodos en esa zona del campo. No obstante, en general, los partidos se han decantado por el lado blanquivioleta porque se juega a lo que quiere Luis César Sampedro. El Real Valladolid sabe qué quiere y busca esa modalidad de partido. Sabe cómo aprovecharlo.

Plantilla larga y motivada
A principio de curso todo es más fácil. Queda un mundo por delante. Todos se ven con opciones de acabar siendo importantes y luchan por convencer al entrenador. Aún así los partidos demuestran que la demanda del entrenador de tener dos jugadores se ha cumplido y no soóo eso, sino que todos demuestran que pueden ser titulares y rendir al máximo nivel en cualquier competición.

La temporada casi aún no ha empezado. Toca mantener la calma y frenar la euforia, aunque parezca «imposible», ante los buenos resultados y, sobre todo, las buenas impresiones del equipo. Con todo, centrándonos en lo visto, esta plantilla parece estar ganada para la causa y el Real Valladolid demuestra que el rival para ganar a este Pucela va a necesitar hacer muchas cosas bien y depender del mal hacer blanquivioleta, aspecto contrario a lo que se veía en otras temporadas.

Luis César y un estilo definido desde el primer día

La pretemporada 2017 avanza y el Real Valladolid de Luis César Sampedro acumula dos victorias. La última de ellas ante el primer gran rival de entidad del verano. Aunque es cierto que el Athletic Club jugaba el duelo con su segunda unidad, el Pucela logró la victoria y mostró algunos detalles para ser optimistas a estas alturas del mes de julio y con sólo 10 sesiones de entrenamiento en las piernas.

La personalidad de Luis César Sampedro
En las dos últimas temporadas se ha achacado al Real Valladolid, entre otros muchos detalles, que no sabía a lo que jugaba. En concreto, el Pucela de Paco Herrera no pudo o no supo reflejar en el terreno de juego lo que quería su entrenador. El pacense afirmaba en rueda de prensa que quería el balón pero luego no jugaba para tenerlo. No apostaba con todo por su idea. Era un querer y no poder que se tradujo en una indefinición que duró más de tres cuartos de la pasada temporada.

Con la apuesta por Luis César Sampedro, el Pucela se asegura no volver a caer en ese error. El míster gallego apuesta por su idea. Es ciero que para gustos los colores, pero este nuevo Real Valladolid, con dos partidos amistosos y apenas dos semanas de entrenamientos, muestra más personalidad que sumando las dos temporadas anteriores. Sampedro apuesta por tener el balón y para ello lo principal es conseguir recuperar rápido la pelota. Consecuencia: presión alta. La ejecución se lleva a cabo con la defensa adelantada para que el Real Valladolid no se alargue y con la obligación de que no haya distancia entre líneas.

Ésra es la base y la clave para que el estilo triunfe. Cuando se tiene el balón no se rifa. ¡Ni el portero! Los centrales deben estar abiertos, un centrocampista incrustado entre ellos y laterales adelantados. Con un 1-4-2-3-1 muy marcado, el delantero cae a bandas y los tres de la mediapunta y el medio sobrante no paran de moverse. El equipo sabe muy bien su función. Sólo queda engrasar la máquina.

Refuerzos ilusionantes
Bajo esta idea, Luis César Sampedro pudo sacar muchas conclusiones del partido disputado en el Estadio de Las Llanas de Sestao. El choque fue vibrante e intenso, detalles raros para estas fechas. La versión B del Athletic Club llegaba más rodado y eso influyó en que, por momentos, pareciera un partido de competición.

El nuevo míster quiere ser discreto y se guarda sus opiniones en rueda de prensa pero las mías son claras. La primera de todas es que Miguel Ángel Gómez ha firmado a un central de auténticas garantías. Deivid Rodríguez se mostró seguro y, lo más importante, ya empezó a mandar sobre el césped. También quedó patente que este Real Valladolid cuenta con dos laterales con potencial ofensivo, un detalle clave en el estilo pretendido por Sampedro y que era una de las posiciones más débiles de los blanquivioleta.

Además, las bandas parecen estar mucho mejor cubiertas que la temporada pasada. Pablo Hervías, que se mostró muy activo, y Óscar Plano, aunque estuvo algo desaparecido, son dos puntales. Mención especial merece Borja Fernández. El gallego fue el mejor en la primera mitad, cuando más presionó el Athletic. Pese a las críticas sobre su fichaje, va a ser difícil sacarle del once. Otro centrocampista que merece unas palabras es Sulayman Marreh. Tiene un potencial tremendo. Con una planta espectacular y un físico imponente, muestra calidad en sus toques de balón. Sin lesiones, concentración y continuidad, puede ser importante para Luis César.

Compensado a falta de detalles
A falta de tres incorporaciones fijas, central, medio ofensivo y delantero centro, el Real Valladolid tiene un equipo bastante compensado y cuenta con la ventaja de estar casi al completo al principio de la pretemporada. Con ello y la personalidad del entrenador, queda claro que el Real Valladolid de Luis César Sampedro será valiente y buscará que su Real Valladolid sea el protagonista de todo lo que pase en el terreno de juego pero… ¿estamos preparados para «un entrenador osado y valiente»?

Valladolid necesita un entrenador osado y valiente

Luis César Sampedro será el encargado de dirigir al Real Valladolid. En su haber el ascenso del Gimnàstic de Tarragona a Primera, del Albacete Balompié a Segunda o la mejor temporada del Club Deportivo Lugo de su historia. En su debe, el descenso del equipo manchego. Como fortaleza tiene su juego agresivo y al ataque y como debilidad, su fragilidad defensiva. Así podríamos encasillar o etiquetar al nuevo entrenador blanquivioleta.

Luis César es uno de esos entrenadores modernos. Aunque ya es veterano es uno de esos preparadores de perfil apasionado por el fútbol y que disfrutan de cada sesión de entrenamiento. Se podría decir incluso que contagia su pasión por este mundillo a muchos de sus jugadores que, tras ser entrenados por el gallego, inician su carrera en los banquillos. Sus equipos gozan de una gran personalidad, con laterales muy abiertos que ejercen de carrileros, mucho movimiento en la parcela ofensiva y juego de posición.

Aunque se le etiquete como un entrenador de toque y más toque, sus conjuntos destacan por ser agresivos y hacer una presión alta, sin la cual sería imposible tener el control de la posesión y desarrollar ese juego combinativo y de dominio que busca. En definitiva, Sampedro es un entrenador valiente con las ideas muy claras. El problema está en que toda esa personalidad puede transformarse en ciertos riesgos en zona defensiva, perdidas peligrosas y en un sistema que necesita funcionar a la perfección.

El perfil de sus jugadores
Luis César Sampedro necesita disponer de jugadores de un perfil muy concreto. Por ejemplo, Alberto Guitián parece haberse formado para jugar a sus órdenes, mientras que Álex Pérez puede tener problemas. Miguel Ángel Gómez tiene el duro trabajo de encontrar ese tipo de jugador que se adapten a ese estilo. No abundan en el mercado y conformar una plantilla acorde a las necesidades del nuevo míster es gran parte del triunfo futuro. El éxito estará en el equilibrio que el entrenador gallego consiga finalmente y en su capacidad de adaptación.

Por norma general, al gallego se le achaca que con ese juego bonito en Segunda división no se triunfa y nada más lejos de la realidad. Lo difícil es conseguir que el equipo encaje para conseguir jugar como él desea y lo cierto es que ya lo ha conseguido en equipos más modestos. Ahora habrá que ver si la presión de un histórico vuelva a convertirse en un hándicap para todo el que llega al Estadio José Zorrilla y si el Valladolid, como ciudad y afición, está capacitada para un entrenador tan atrevido y valiente como el gallego.

El Real Valladolid basa esta ilusión en el ataque

La esperanza blanquivioleta está más viva que nunca por el bagaje ofensivo

El Real Valladolid llega a las cuatro últimas jornadas con todas las opciones de meterse en el play-off. Tras una temporada llena de altibajos e irregularidad, el Pucela ha aprovechado los tropiezos de sus rivales en esta última fase de la temporada y, tras la victoria (2-1) ante el Real Club Deportivo Mallorca, depende de sus partidos para entrar en la ansiada y soñada fase de ascenso y luchar por llegar a Primera división.

Los jugadores del Real Valladolid celebran el segundo gol de Raúl de Tomás ante e RCD Mallorca <em><strong>(RealValladolid.es)</strong></em>
Los jugadores del Real Valladolid celebran el segundo gol de Raúl de Tomás ante e RCD Mallorca (RealValladolid.es)

Desde los tres atacantes
A principio de temporada, el equipo de Paco Herrera iba a basarse en el centro del campo. Este Real Valladolid estaba siendo diseñado para ser un equipo de centrocampistas. A mitad de temporada, el famoso rombo se convirtió en el mayor punto de debate y el sistema defensivo se convirtió en la única fortaleza donde agarrarse. Con el paso de las jornadas este punto también se volvió en contra del Real Valladolid, focalizado en la goleada (6-2) en el Estadio Sánchez Pizjuán contra el Sevilla Atlético. Por ello han sido los hombres de ataque los que han devuelto la ilusión y mantienen la actual esperanza por disputar el play-off de ascenso.

La tripleta formada por Raúl de Tomás, Jose Arnáiz y Cristian Espinoza ha resucitado el equipo a través de su coordinación, la ocupación de los espacios y sobre todo, la pegada de los dos primeros. Paco Herrera por fin confió en Raúl de Tomás, como pedíamos en estas líneas, y el delantero madrileño se ha convertido en la referencia del equipo. Cada vez que saltaba al terreno de juego el ariete blanquivioleta mostraba su potencial. Conseguía ordenar el ataque, aguantaba la pelota, distribuía y llegaba al remate. El ‘9’ que pedía el equipo.

Sin llegar a la disputa del 50% de los minutos ligueros, el madrileño lleva 13 goles, a los que hay que sumar un tanto copero, y es el máximo goleador del equipo. Si el entrenador extremeño se quejaba a principio de año de que le faltaba un delantero de 20 goles, el tiempo ha demostrado que lo tenía en casa pero que no lo valoraba como tal.

Destacado cambio de sistema
Antes del cambio de situación del ’47’, la llegada de Cristian Espinoza convenció a Paco Herrera para jugar con un sistema más tradicional. Sin hablar de casualidad, la racha del equipo ha coincidido con este cambio. Pese a que el argentino no ha alcanzado todavía su mejor nivel y físicamente no está al máximo, su competitividad y su inteligencia táctica han dado el equilibrio y el plus que faltaba. Además, José Arnáiz, partiendo desde el costado diestro, está siendo un dolor de cabeza para las defensas. No es un extremo al uso pero es la demarcación donde el de Talavera de la Reina mejor se desenvuelve.

Valorando todas las piezas, los laterales no se quedan atrás. Antes llegaban muy justos tras ocupar la totalidad de la banda al actuar como carrileros. Con el cambio de sistema, y fuera de un perfil alejado de sus características, se encuentran más cómodos y lo han conseguido mejorando el nivel, el equilibrio y los resultados. Desde un cambio de sistema ha variado el rendimiento. «Sinergias», que diría Vicente del Bosque.

Problemas por resolver
Pese a las evoluciones y los resultados, este Pucela no es perfecto. Ni mucho menos. Las jugadas a balón parado siguen siendo un dolor de cabeza. Si bien a nivel defensivo el equipo ha mejorado, sobre todo con la entrada en el once de Igor Lichnovsky junto a Álex Pérez, en ataque los de Paco Herrera son incapaces de generar peligro. En el fútbol actual estas jugadas son vitales. En Segunda aún más y el Real Valladolid no sólo no consigue ser eficaz sino que, ni siquiera, crea un peligro real.

Junto a este punto a mejorar el otro gran problema es el estado en el que llegan los centrocampistas, destacando a Míchel Herrero. El valenciano llega al final de temporada fundido tras haber sido el mejor durante meses. Recuperarle debe ser vital para este tramo final. Recolocar a Joan Jordán más cerca de André Leão también ha sido un acierto del míster para facilitar la destrucción y disimular el cansancio acumulado. Positivas son las últimas apariciones de Sergio Marcos o incluso Álex López que, ante la acumulación de minutos, podrían ser una alternativa para dar más empaque a la supuesta zona más importante cuando se diseñaba este proyecto.

En definitiva, este Real Valladolid nos ha vuelto a ilusionar. Otra vez. Los aficionados vivimos de ellas y a pesar de una temporada llena de altibajos, no es menos cierto que este nuevo Real Valladolid, más competitivo y contundente, tiene todas las opciones de meterse en la promoción y luchar por el ascenso hasta el último segundo.

Conservadurismo y tristeza en el Real Valladolid

Las alarmas del pesimismo ya no se apagan en el seno blanquivioleta

A estas alturas de temporada y, precisamente, cuando el estado de ánimo del vestuario del Real Valladolid debería reflejar todo lo contrario, el miedo, el cansancio y las dudas inundan el ambiente blanquivioleta. El conservadurismo de Paco Herrera ha agotado la paciencia de una afición triste y desilusionada.

Paco Herrera saluda a Pablo Machín antes del reciente duelo en Montilivi (RealValladolid.es)
Paco Herrera saluda a Pablo Machín antes del reciente duelo en Montilivi (RealValladolid.es)

El juego y la actual temporada
Las dos cuestiones que influyen en la valoración de Paco Herrera y en consecuencia, en la opinión sobre su renovación y continuidad en el club. son el juego que realiza el Real Valladolid y el proyecto que ha construido Braulio Vázquez. Estos factores se contraponen. Si nos atenemos a la actual temporada, las expectativas no se están cumpliendo. Y en mi opinión, su no satisfacción no es producto de la clasificación, de los puntos y de los resultados sino de las sensaciones que está dejando su dirección desde el banquillo del José Zorrilla.

El principal punto negativo de su gestión es el conservadurismo con el que juega el Real Valladolid. El equipo nunca se suelta y el miedo se refleja en los partidos. La defensa está muy retrasada, la diferencia entre líneas es enorme, el equipo necesita hacer muchos metros, tanto para atacar como para defender, y los jugadores acaban desfondados. Como el equipo no está junto, las segundas jugadas son del rival, los ataques se cuentan con los dedos de la mano y la sensación en el espectador es de falta de intensidad y concentración. Pero nada más lejos de la realidad. El problema es de fútbol.

Paco Herrera protege a los centrales situando la línea defensiva bastante por detrás del centro del campo. Alberto Guitíán y Álex Pérez no destacan por su velocidad y el entrenador se encuentra más cómodo de esta forma pero los problemas más graves se derivan de esa situación. El equipo no puede presionar arriba porque con esa diferencia entre la delantera, los medios y la defensa, el rival encuentra una autopista. No hay profundidad porque los laterales, demarcación clave en el sistema de Herrera, necesitarían ser un portento físico. Dada la situación, es el momento de dar un golpe encima de la mesa, de arriesgar y de ser valiente. Ahora o nunca. ¡Por la afición!

El futuro a medio plazo
A favor de Paco Herrera está el proyecto pucelano. El Real Valladolid necesita continuidad y estabilidad. Las expectativas crecieron. En julio nadie se marcaba el playoff como objetivo y la situación no es dramática. El problema, por ahora, no son los resultados y no se puede variar la idea del club cada semana. Además, Herrera está participando en todas las decisiones deportivas: Promesa, renovaciones, fichajes… Toca mantener la calma.

• ¿Si no se renueva a Herrera, quién sería el nuevo entrenador milagro? Los entrenadores siempre parecen peores cuando se van que cuando llegan. ¿Problema de expectativas o del Club? Curiosa situación •

Desde Valladolid se observa a los demás equipos históricos de la categoría de plata como clubes que ya no son lo que eran. Sin embargo no se acepta que el propio Real Valladolid ya no es capaz de estar arriba por la inercia del nombre y que, por mucho que duela, hay equipos de menor relevancia histórica superiores en la actualidad. Y salvo temporada milagro, sólo pasito a pasito, como diría Enrique Iglesias, el Real Valladolid podrá ser capaz de volver a donde la historia dice que debe estar.

Hay contras y la dinámica actual no es ilusionante pero echar al entrenador, como vemos en la categoría, no suele ser la solución. La dirección deportiva debe mantener la calma y aislarse del entorno y continuar con el proyecto. Paco Herrera va conociendo el club y la ciudad y está colocando las piezas. No se puede criticar a los mandatarios del Real Valladolid por no tener una idea y por traer cada año 15 jugadores nuevos y pedir a la primera dificultad un cambio de rumbo. Empezar de cero por cuarto año consecutivo sería un nuevo error.

Paco Herrera ante su reto vallisoletano más difícil

Por primera vez en la temporada todas las miradas a Herrera no son positivas

Tras un buen inicio de año, el Real Valladolid parecía consolidarse en los puestos de play-off pero tras atravesar la fase del calendario más dura, los de Paco Herrera no han podido mantener el ritmo y, sin perder opciones en su objetivo, se encuentran en el límite para no quedar descolgados de la pelea por el ascenso a final de temporada. Así está llegando el nerviosismo a un entorno que, por primera vez desde su aterrizaje en el Estadio José Zorrilla, mira con dudas y críticas al entrenador extremeño.

Paco Herrera habla con Javi Moyano tras la expulsión de Juan Villar ante el CD Tenerife <em><strong>(RealValladolid.es)</strong></em>
Paco Herrera habla con Javi Moyano tras la expulsión de Juan Villar ante el CD Tenerife (RealValladolid.es)

Las críticas, al banquillo
Paco Herrera, en una de sus primeras intervenciones públicas tras firmar por el Real Valladolid, afirmaba que estaba «ante el mayor reto de su carrera”. Lo aseguraba porque llegaba a un club deprimido, en caída libre y sin base alguna. Iba a comandar un proyecto desde cero, a medio plazo y con la idea de tener un primer año de transición y crecimiento. Con la importancia histórica del Club, que seguro que él sabía, entendía que se le iba acabar exigiendo ascender. Por mucho que se pida, se grite o se repita, en las malas épocas de resultados, que este Real Valladolid necesita formar una estructura, no podemos soportarlo o, simplemente, no queremos.

Es así ya que si el equipo no está en ascenso directo, nada vale. Tras la firma en verano de una plantilla completamente nueva, pensar en un Real Valladolid luchando por el ascenso directo era, cuanto menos, muy optimista. Siendo consecuentes, si al principio de campaña apoyábamos este camino emprendido, la posición que ocupa en estos momentos el Real Valladolid estaría dentro las previsiones.

Es cierto que el juego es mejorable, la dirección del entrenador, también, y así las criticas son razonables y, muy posiblemente, merecidas. Yo soy crítico. Lo soy, sobre todo, en cuestiones estrictamente futbolísticas Mi visión no me hace perder la perspectiva de que en verano el Club contaba con tres futbolistas y que en esta categoría, las circunstancias siempre pueden ir a peor. No hay más que mirar la clasificación.

Cuestión de traumas
Bajo las normas de la categoría de plata, la situación actual del Real Valladolid está marcada por dos escenarios que afectan a la afición y a la plantilla. El entorno está influenciado por la pasada temporada. La actual dinámica de rondar la sexta posición y estar sumergidos en una pequeña mala racha de juego provoca un sentimiento de temor a que el equipo vuelva a caerse. El pasado influye en el problema, no el hecho de no estar dentro del objetivo.

Por otro lado, en el equipo y en Paco Herrera, la racha de cinco derrotas seguidas del comienzo de temporada supone una losa demasiado grande. Mi realidad es que sin ese ciclo de partidos perdidos, el Real Valladolid hubiera tenido otra dinámica. El equipo sería más valiente, no tendría traumas que le afectasen en los partidos, como el propio entrenador reconocía tras el empate (0-0) con el Club Deportivo Tenerife, y una dinámica como ésta no hubiera provocado una nueva inestabilidad.

De Tomás y Álex López
Señalados los miedos, también es cierto que determinadas decisiones crean polémica y debate. La primera el sistema. El famoso rombo no consigue cambiar el ritmo del equipo en la última zona del campo que, siendo bastante consistente, no acaba de crear situaciones de peligro. Posiblemente porque falta la figura de un perfil físico que recorra kilómetros. Así, las críticas en Álex López. El gallego no rinde al nivel esperado. No parece estar en su mejor momento de forma, pero el problema es que lo hace en una posición que requiere unas funciones opuestas a sus cualidades. Conducciones, poderío físico, presión… y la sensación y, en gran parte, frustración, es que no hay en este Real Valladolid ese tipo de futbolista. O sí: Anuar Tuhami.

El segundo tema caliente es el delantero y, en este caso, el protagonista es Raúl de Tomás. Al delantero centro se le ha puesto la etiqueta de revulsivo y sus actuaciones no le aseguran la titularidad. El madrileño ha metido goles de todos los colores. De cabeza entre toda la defensa, desde fuera del área, con calidad desde dentro del área, a la espalda de la defensa e, incluso, ha demostrado ser una amenaza a balón parado. Además, tácticamente, aguanta balones en largo, crea juego y da oxígeno a un equipo con pocos recursos. Su competencia es diferente. Jaime Mata, por ejemplo, abre huecos y realiza un mayor trabajo defensivo, pero su capacidad goleadora es escasa.

Raúl de Tomás ha tenido muy pocas oportunidades y nada de continuidad. La apuesta por él debe mantenerse más allá de un partido desde el principio y con sólo 60 minutos de juego. Ni el mejor delantero de la historia blanquivioleta ha marcado en esos dígitos. Con espacios tan cortos de juego llega su oportunidad. Todos los demás han tenido su momento y ahora le toca al ’47’ vivir el suyo.

Con el madrileño o sin él en el once titular, Real Valladolid seguirá afrontando en las próximas fechas la etapa de partidos que perdió en la primera vuelta de forma consecutiva y que todavía le lastran. La plantilla está ante la oportunidad de olvidar sus traumas y Paco Herrera se enfrenta al mayor desafío dentro del reto más complicado de su carrera. El pacense debe acabar con las dudas del entorno sobre su figura y con la inestabilidad para volver a reconducir el barco pucelano tras perder ante el Girona FC (segundo) y empatar ante el CD Tenerife (quinto).

La gratificante sensación de no fichar en invierno

Ver pasar el mercado de inverno si atacarlo es síntoma de buena planificación

Con el mercado de fichajes de invierno cerrado, el balance en el Real Valladolid es que el trabajo en verano fue bueno. Se conformó una plantilla de garantías y no hacía falta fichar a toda costa. Las salidas de jugadores ha ganado a la entradas y sólo Cristian Espinoza, procedente del Deportivo Alavés, aunque cedido por el Villarreal, llega al vestuario del Estadio José Zorrilla para reforzar la demarcación de extremo.

Braulio Vázquez, junto a Paco Herrera y su cuerpo técnico tras una sesión de entrenamiento <em><strong>(Marca)</strong></em>
Braulio Vázquez, junto a Paco Herrera y su cuerpo técnico tras una sesión de entrenamiento (Marca)

Fichajes invernales, señal de problemas
Decía Paco Herrera en Radio Marca Valladolid, que “el mejor fichaje es no fichar”. Y es que acudir al mercado de invierno con la imperiosa necesidad de mejorar el equipo suele ser sinónimo de malas dinámicas y el ansiado punto de inflexión que se busca con las nuevas adquisiciones funciona en contadas ocasiones. Los equipos en alza buscan retocar detalles y son los conjuntos que se ven con el agua al cuello los que se lanzan a realizar fichajes.

Son pocos los ejemplos de equipos que cambiaron radicalmente su dinámica en esta ventana de fichajes. El más sonado es el Villarreal CF de Marcelino García en 2013. Este año de los equipos metidos en puestos delanteros sólo el Club Deportivo Tenerife ha buscado el impulso definitivo fuera de su vestuario. Una apuesta diferente.

Además tenemos el ejemplo en casa. Los últimos años el Real Valladolid ha dejado el famoso remanente para fichar en invierno y las dinámicas sólo empeoraron. Incluso con llegadas interesantes los vestuarios acaban rompiéndose. Los que ya estaban reducen su confianza y los que llegan no acaban de involucrarse. Sólo Hernán Pérez ha dejado un gran recuerdo de todas los fichajes que Braulio Vázquez ha realizado en esta etapa.

En definitiva, el mercado invernal es muy especial y debe ser utilizado con mucho tacto. La base del equipo ya está constituida desde el principio de temporada y precisamente esa estructura es la que te llevará a conseguir los objetivos. Braulio Vázquez acertó con los cimientos a principio de campaña y ha encontrado en Cristian Espinoza el hombre para potenciar el aspecto del juego más cojo de los de Paco Herrera.

Salidas para potenciar jugadores
En el fútbol actual una de las técnicas más utilizadas por los clubes para potenciarse consiste en ceder a sus propios jugadores. El Real Valladolid ha utilizado poco esta operación, entre otras cosas, porque era el propio club, el que necesitaba préstamos y carecía de jugadores en propiedad. De hecho, Jesús Rueda puede presumir de ser el único jugador que ha protagonizado una cesión fructífera en Pucela.

Braulio Vázquez confirma que los fichajes de jugadores jóvenes con contratos largos son una importante apuesta y una gran oportunidad . Así, con la cesión de Luismi Sánchez e Iban Salvador busca el crecimiento de los futbolistas y, en consecuencia, del Real Valladolid.

No obstante son dos casos distintos. Luismi Sánchez es un jugador disciplinado y con virtudes para ocupar el pivote pero estaba muy necesitado de minutos. Paco Herrera no ha llegado nunca a confiar en el centrocampista andaluz porque a sus buenas maneras unía desconexiones y fallos graves que lastraban al equipo. Posiblemente, no menos que André Leão pero sin los galones y la experiencia del portugués.

Su cesión a Tarragona empieza a descubrirse como todo un éxito. Luismi se ha hecho con la titularidad a las pocas semanas y comanda la media del Gimnàstic de Tarragona. Crecimiento acelerado y asegurado. Por otro lado, con Ibán Salvador se busca madurez y conocimiento de la categoría. El guineano deja entrever un gran potencial pero la actitud tapa sus presuntas virtudes. En palabras del entrenador, el delantero estaba estancado y Braulio busca su explosión en Murcia. Dos salidas pero dos inversiones para el Real Valladolid. Tanto o más que la llegada de Cristian Espinoza, cedido hasta final de temporada y sin opción de compra.

Optimismo blanquivioleta para la segunda vuelta

Comienza la segunda fase de la temporada y el entorno cree en el Real Valladolid

Tras una primera vuelta muy irregular el Real Valladolid ha cogido carrerilla en los dos últimos partidos para meterse de lleno en la zona de promoción y tomar impulso para la segunda parte de la temporada. Con un equipo más hecho, más serio y sobre todo, competitivo, Paco Herrera espera no bajar de la zona alta y luchar hasta el final por estar, como mínimo, en el play-off.

Once titular del Real Valladolid en el Estadio Ramón de Carranza, última jornada de la primera vuelta <em><strong>(LaLiga)</strong></em>
Once titular del Real Valladolid en el Estadio Ramón de Carranza, última jornada de la primera vuelta (LaLiga)

Razones para ser positivos
No hay duda de que el Real Valladolid ha mejorado a lo largo de la temporada. Ha crecido. En competir y sobre todo en solidez. Paco Herrera ha querido, desde su llegada, construir un equipo fiable y es posible que para ello, haya sacrificado alguna oportunidad de sacar más puntos en esta primera vuelta. Todo sea por encontrar definitivamente la fórmula para este Pucela.

El punto más fuerte del proyecto se focaliza en su seriedad defensiva, que se sustenta a través de su pareja de centrales. Ambos, que empezaban la temporada como suplentes, se han ganado a pulso su titularidad. Álex Pérez por su contundencia y Alberto Guitián por su liderazgo. El cántabro es el ejemplo de evolución del equipo. Tras un inicio dubitativo se ha convertido en el eje central de este Real Valladolid. Gracias a su elegante salida de balón y a la buena colocación, las dudas ya son elogios.

En la media Michel Herrero y Joan Jordán se han puesto los galones. El primero mueve el equipo y es el canalizador de todas las jugadas de peligro y el segundo, fundamentalmente sostiene al equipo. Es cierto, que se espera la aparición de otros jugadores pero éste es un aspecto para ser positivos. Por su parte, la línea con más margen de crecimiento es la delantera. Aunque en las últimas jornadas ha dejado detalles para la esperanza, Paco Herrera tiene muchas variantes en ataque que debe concretar lo antes posible.

El apoyo de las estadísticas
Este innegable optimismo se basa y debe seguir siendo así en el fortín que los pucelanos han hecho, por fin, del Estadio José Zorrilla. Como, además, el calendario de esta segunda vuelta depara más partidos como loca obliga a que el Real Valladolid debe aprovecharse de la circunstancia. La mejoría fuera de casa debe ser la guinda para conseguir la continuidad que ha faltado en la primera mitad de competición.

De hecho la puntuación que ha obtenido el Real Valladolid ha sido bastante baja. Por debajo de su historia y sólo tres puntos por encima de la del año pasado, los de Paco Herrera se aprovechan del barato acceso a los play-off de ascenso. Al fin y al cabo, lo que importa es la comparación con los equipos de la categoría y la ilusión se dispara al mirar la clasificación, encontrar al equipo quinto y comprobar que es francamente difícil que el Pucela realice una segunda vuelta con menos puntos. Con cinco derrotas consecutivas y varios fallos fuera de casa y aún así, el Real Valladolid está en la zona noble de la tabla.

No exentos de problemas
El punto negativo de todo lo comentado anteriormente es lo lejano que queda el ascenso directo. Solamente una segunda vuelta histórica permitiría luchar por ello. Rivales asentados aumentan la dificultad de la tarea. Otro de los problemas pucelanos está la nula amenaza exterior en ataque y la poca efectividad de los delanteros. Centralizado en la figura de Jaime Mata, los de Paco Herrera no encuentran el camino del gol con facilidad. Los atacantes crean y producen pero no matan. La explosión de uno de ellos sería el mejor fichaje de invierno para contrarrestar los buenos movimientos de los rivales.

Con todo ello, el Real Valladolid sigue teniendo un déficit en su fragilidad mental. Cada gol o cada derrota es recibida por la plantilla como un mazazo. En esta segunda un gol puede ser suficiente para conseguir una victoria o para cambiar la imagen de un equipo pero los blanquivioleta se caen cuando reciben un golpe. El ejemplo claro estuvo en la derrota (3-1) en Getafe. La transformación de un equipo serio en un juguete por un simple gol llama la atención. Aún así, la segunda vuelta promete y este año si, el Real Valladolid parece estar preparado para luchar por los puestos altos. ¡Que así sea!

El Real Valladolid puede sobrevivir sin Juan Villar

La hipotética salida de Juan Villar no sería tan traumática como puede parecer

En pleno mercado de invierno y con el Real Valladolid en tierras andaluzas para cerrar la primera vuelta de la temporada, el tema sobre la mesa no es la oportunidad que tienen los blanquivioleta en el Estadio Ramón de Carranza de meterse definitivamente en la lucha por el ascenso, sino la posible salida de Juan Villar, su goleador, con destino a Primera división para entrar las filas del Club Deportivo Leganés.

Juan Villar celebra el gol anotado al Sevilla Atlético en el Estadio José Zorrilla (RealValladolid.es)
Juan Villar celebra el gol anotado al Sevilla Atlético en el Estadio José Zorrilla (RealValladolid.es)

La efectividad de Juan Villar
Si en algo se caracteriza Juan Villar, nombre propio de la actualidad pucelana, es en su facilidad para crearse ocasiones de gol. En un Real Valladolid con problemas de eficacia goleadora, su aportación es innegable. Llega siempre a posiciones de remate y aparece desde segunda línea en el lugar idóneo para hacerse su oportunidad. Es ese tipo de jugador que da puntos inmerecidos a los suyos por anticiparse a la jugada. Es de los que tienen “suerte” por encontrarse todos los balones sueltos. En este sentido, su baja sería sensible. 15 goles la pasada temporada y una progresión ascendente en la presente son detalles importante.

No obstante, su aportación global es más dudosa. Es precisamente esa eficacia goleadora la que esconde otros defectos y la que dificulta la definición del delantero blanquivioleta. Este jueves, en Radio Marca Valladolid, Alberto Benítez, periodista aficionado del Cádiz CF, ex equipo de Villar y bien conocedor del jugador, decía que en su etapa como cadista “el equipo jugaba mal y él tenía muy buenos números». De hecho era la “estrella” y tenía grandes estadísticas. Pese a ello era difícil analizar si el problema era a pesar de él o por Juan Villar y que por ello su salida «no provocó un drama en el Carranza”.

Año y medio después, esa situación es similar a la que se vive en el Real Valladolid. Su presencia limita ciertos aspectos del juego, sobre todo tácticos, defensivos y de creación de juego pero potencia otros, como la verticalidad y la eficacia en campo contrario. Regala pero resta. Tiene detalles muy positivos pero, también, negativos.

El punto de vista económico 
En este punto, el análisis está muy claro. Juan Villar acaba contrato en junio y con la lista de pretendientes de Primera división que tiene, su salida a final de temporada no dejaría dinero en las arcas del Estadio José Zorrilla. Así, si tiene que salir, éste es el momento. Es el mismo proceso que utilizó para recalar en el Pucela en el verano de 2015. Sin gasto para un Real Valladolid y sería el utilizado también en esta ocasión. Sólo por media temporada, el club blanquivioleta dejaría de ingresar una cantidad muy valiosa en las circunstancias actuales de la entidad. Ahora bien, el delantero tiene un valor y Carlos Suárez debe jugar bien sus bazas.

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Si por el contrario, se decide luchar por Juan Villar, la renovación debe ser una realidad. Si finalmente se queda en el José Zorrilla, Carlos Suárez y Braulio Vázquez deben conseguir que el onubense estampe su firma en un nuevo contrato porque su marcha gratis a final de curso sería un rotundo fracaso.

Oportunidades para otros jugadores
Paco Herrera repite en cada rueda de prensa que está muy contento con la plantilla que tiene pero con sus hechos demuestran lo contrario. Aún así, hay recursos en el banquillo para sustituir al atacante onubense. Su salida podría ser resuelta con variantes como la entrada de un centrocampista de ataque, tipo Sergio Marcos o Álex López. O, especialmente, la entrada en el once, deseada por la afición, de Raúl de Tomás junto a Jaime Mata.

No son las únicas. Está la oportunidad para jugadores del Promesas, como David Mayoral, que están rindiendo a un nivel espectacular y merecen oportunidades, igual que la tuvo José Arnáiz. Juan Villar es importante, es un indiscutible en el once pucelano, pero ya hay variantes en el equipo y su salida, también, es una oportunidad. Así, si una oferta interesante acaba haciéndose efectiva, el Real valladolid debe aprovecharla. Puede sobrevivir sin él.