Ni la clasificación hace justicia a la decadencia pucelana

«Ganando a Las Palmas, la distancia es de cinco puntos», se podía pensar hace una semana. «Si se gana en Valencia, la diferencia es de menos de dos partidos», se podía afirmar estos últimos días. Una y otra afirmación eran verdad, pero ambas eran ilógicas. Pensar en dos victorias y, quizás, en ganar un partido era una utopía que el juego y los jugadores han demostrado. Por difícil que parezca de pensar, este Real Valladolid está por debajo de sus números. Con 16 puntos en 27 jornadas, la imagen es mucho peor que las cifras.

«Con 16 puntos en 27 jornadas, la imagen futbolística del Real Valladolid es mucho peor que las cifras»

Más allá del error de Cenk Ökacar en el segundo gol valencianista, el problema del Real Valladolid es mucho más profundo. Es de juego, de mentalidad, de carisma, de liderazgo… ¡de identidad!. El Real Valladolid es un triste reflejo en el campo de lo que lo es en las oficinas y en las altas instancias. La visita al Estadio de Mestalla estaba detallada, que no definida, por la presencia de Ronaldo Nazário en la previa. El presidente hizo un discreto acto de presencia, casi como el del equipo en el duelo ante los ché.

El Pucela comparecía en un duelo trascendental y definitivo, pero por poco tiempo. El convencimiento duró poco a los de Álvaro Rubio y al propio entrenador riojano. Al equipo le costó, nuevamente, asumir un gol encajado y la evolución del encuentro estuvo definida por detalles individuales e individualistas de un grupo de jugadores roto y desarbolado que, lejos de poder dejar sensación de empaque y compromiso, está roto y buscando el fondo de su rendimiento.

Degradación
El equipo es un drama en muchos aspectos del juego. Lo es por las batallas individuales e innecesarias en las que está definida la temporada y el vestuario. Así, desde un egoísmo deportivo innegable, el Real Valladolid muestra una imagen más triste de la que marcan sus resultados. Este equipo está más roto, más debilitado y más desestructurado de lo que dicen las cuatro victorias en 27 partidos, apenas un 14%, o los 16 puntos obtenidos, que no son más del 19% de la temporada.

«El Real Valladolid cerraba en Mestalla cualquier ínfima posibilidad de salvación para abrir una triste etapa»

El Club está descabezado y el equipo, tan roto como descendido. El Real Valladolid cerraba en Mestalla cualquier ínfima posibilidad de salvación para abrir una triste etapa. Con 11 partidos en el horizonte, el clima, el rendimiento y las inseguridades se van a multiplicar a sus peores versiones. Comienza la etapa más negra de la historia reciente blanquivioleta para más de dos meses de competición. Comienza la degradación de una etapa, de un proyecto, de un presidente, de una propiedad, de un legado…

Cuando menos puede valer, más se debería de valorar

Empate en casa, ante un rival de tu nivel y en el que has tenido una superioridad numérica durante más de hora de juego. Los condicionantes al empate del Real Valladolid en la visita de la Unión Deportiva Las Palmas al Estadio José Zorrilla dejan un aroma a decepción, pero, personalmente, me parece un partido interesante para el colista de la competición y para un equipo que acumulaba seis derrotas consecutivas y una victoria en los últimos nueve partidos oficiales.

«Un equipo que llega de ser goleado hace cinco días no puede tener un techo de resultado y sí de intención e ideas»

El Real Valladolid es el peor equipo de la competición por méritos propios. Los pucelanos se han ganado la etiqueta que defiende actualmente con merecimiento. Tanto deportivo como de gestión. El equipo tiene muchas carencias y el Club es un drama. El último ejemplo es ver la manifestación de antes del partido. Ésta ensombrecía el encuentro y, a su vez, lo definía. Es por ello que un equipo que llegaba de ser goleado (7-1) ante el Athletic Club no puede tener un techo de resultado y sí de intención e ideas.

Obviamente, el partido está condicionado por la pronta expulsión de Scott Mckenna pero ésta, lejos de facilitar todo para el Real Valladolid, elevaba una exigencia que este equipo no sabe gestionar en estos momentos. Sumar demandas al equipo de Álvaro Rubio es contraproducente. Pese a que la expulsión del central escocés llegaba con el tanto de Sandro Ramírez en el marcador, la expulsión amarilla no era 100% productiva para los locales. El clima, la situación, el recuerdo del último partido… todo generaba una sensación de presión para un equipo sin carisma.

Cuando no existe fuerza para tomar decisiones y liderar una situación compleja, la exigencia es el peor aliado. Este Real Valladolid quiere y necesita vivir en un perfil bajo y el encuentro no invitó a ello. El momento del Club invita a tener personalidad y, para ello, Álvaro Rubio tiene que dar con los jugadores preparados para ello. Raúl Moro, Iván Sánchez, Florian Grillitsch… Desde ellos se puede llegar a formar un carácter competitivo, como el que ha tenido el equipo en la última media hora ante el equipo de Diego Martínez.

Acoso sin derribo
Sin capacidad para poder cargar el área, el Real Valladolid ha sido vulgar y, ante todo, miedoso. Los pucelanos han necesitado de la individualidad del ’11’ para llevar el partido a un acoso sin derribo sobre la portería rival. La última media hora de juego del colista de la categoría ha sido muy buena. No ha sido propia de un equipo sin argumentos, sin confianza y sin personalidad. Más allá del importante condicionante de la superioridad numérica, los pucelanos han firmado un encuentro para ganar.

La necesidad blanquivioleta de conseguir puntos es altísima pero, antes de ello, el Real Valladolid necesitaba generar recursos y méritos para ganar. Tras varias semanas sin generarlos, la apuesta por los mejores activos para el momento actual y para el duelo en particular han llevado a los pucelanos a sumar un punto, pero a merecer tres. Así, es cierto que sabe a poco un empate, pero por cómo estaba el equipo y por cómo llegaba, el empte, a mal que sepa, más se debe valorar.

El bochorno de San Mamés no es sólo futbolístico

Encajar siete goles es muy duro, pero, como en todo en la vida, hay que contextualizar. No todas las goleadas sientan igual de mal y no todas las goleadas significan lo mismo. En esta ocasión, la imagen del Real Valladolid en el Estadio de San Mamés confirma el declive institucional de la entidad. Si esta semana afirmaba que es «imposible» poder defender al Club, tras Bilbao queda claro que es imposible poder pensar que el Club no está muerto y enterrado.

«Volver a Sn Mamés es una ilusión muy lejana para el club blanquivioleta. En las condiciones actuales es imposible»

El problema del Real Valladolid no es de una derrota así, ni mucho menos. El verdadero problema del Real Valladolid es lo que significa esa derrota. Perder como se ha perdido y con los detalles que se han hecho es la sentencia definitiva del Club tal y como lo hemos conocido hasta la fecha. El Estadio de San Mamés es precioso. Para todo al que le gusta el futbol es un lugar con personalidad. Entorno, ambiente, clima… Todo lo que engloba al estadio rojiblanco es diferente. Esa sensación de fútbol con un aroma único es tan innegable como va a ser desconocida para el Real Valladolid.

Volver al estadio vasco es una ilusión muy lejana para el club blanquivioleta. En las condiciones actuales es imposible. Comienza una nueva era de la que no se sabe nada y de la que se espera lo peor. Son muchas las entidades que han vivido lo que está sufriendo el Real Valladolid ahora y muy pocas han salido victoriosas de ellas. El Estadio José Zorrilla está viviendo una temporada como fue la pandemia para la sociedad. En aquel momento, con confinamiento incluido, nos vendieron que «saldríamos más fuertes», pero nada más lejos de la realidad.

Una nueva etapa
La actualidad pucelana es similar. Nada de lo sufrido ahora va a hacer que el Club sea más fuerte o que la afición esté más unida. Todo esto define el declive de una institución que debe ser variada en todo. Una pandemia cambia una sociedad y las formas de vida. El paso de Ronaldo Nazário por el Real Valladolid es similar. Ha debilitado todo lo que ha tocado y ha dejado menos profesionalizado lo que se encontró.

«Ronaldo menospreció la historia pucelana y, ahora, dejará una institución devorada y devaluada»

El brasileño va a dejar el Real Valladolid menos realista de lo que encontró. Ronaldo compró una entidad que había normalizado perder y que celebraba ascensos de forma rutinaria para dejar una que normaliza descender y que desconoce donde están sus orígenes y sus señas de identidad. «Aquel que no conoce su pasado está condenado a repetirlo», se dice en muchas ocasiones. Ronaldo ignoró y menospreció la historia de su entidad para crear un nuevo Club pero, ahora, dejará una institución devorada, devaluada y obligada a empezar una nueva etapa.

Institucionalmente, el Real Valladolid ha tocado fondo

Siempre he dicho que el fútbol no son los resultados sino cómo se llega a ellos. El Real Valladolid de la presente temporada es un buen ejemplo de ello. Lo importante, por muy duro que sea, no es caer goleado en el Estadio José Zorrilla sino cómo caes goleado en un partido como local. El equipo de Diego Cocca ha sido humillado por el Sevilla FC en un duelo que sentencia institucionalmente a la entidad.

«El Real Valladolid no está firmando la peor temporada de su historia. Está creando una estocada relevante para su futuro»

El Club es el gran debilitado tras el partido porque el equipo y el aspecto deportivo ya estaban olvidados hace semanas. El problema tras la derrota ante el equipo de García Pimienta no es asumir sin paliativos el descenso sino entender las consecuencias que esta situación puede generar. Ésta no va a ser una pérdida de categoría más. En esta ocasión, el desenlace final va a dejar un lastre incalculable.

Utilizar en muchas ocasiones a la afición es populista, pero en esta ocasión, no. El número de abonados que ha conseguido el Club en los últimos años y haber superado los 24.000 esta campaña va a generar un clima inimaginable en el Estadio José Zorrilla en otras temporadas. En otros momentos, el mundo blanquivioleta de la propia desesperación y enfado se encerraba. En situaciones como ésta, el clima era incómodo, pero no irrespirable. Ahora, las 14 jornadas ligueras restantes se esperan insoportables para el Club.

Mediocridad
El equipo va a sufrir, los jugadores van a vivir momentos complicados, pero el Club va a verse muy señalado. El lastre está sobre la entidad. La imagen de los últimos 10 minutos de partido con las gradas totalmente vacías son un golpe importante para una institución a la venta. En un momento que pudo generar un cambio de tendencia en la historia blanquivioleta y en el apoyo social, el oscurantismo y la soberbia con la que se quiso ignorar a la masa vallisoletana va a salir caro al Real Valladolid.

Cuando en el colista el menor de los problemas es el apartido deportivo, la realidad es tan dura como es, en este caso, elocuente. El Real Valladolid no está firmando la peor temporada de su historia. El equipo blanquivioleta está creando una estocada relevante para su futuro. El horizonte que se está dañando no es el de esta temporada. El daño, casi irreparable, que se está haciendo al Club es de cara al medio plazo. En él no se va a poder construir nada porque años atrás nadie hubo al mando y sin un liderazgo la mediocridad se ha apoderado del blanco y el violeta.

El principal problema blanquivioleta no está en el gol

El Real Valladolid suma 15 goles en 23 partidos. La cifra es pobre, tanto como define ver puerta cada 138 minutos. Los de Diego Cocca tienen un problema con el gol, pero no con el hecho de marcarlo sino con su fabricación. Un tanto es la consecuencia de una acción o de un error, pero en el caso del equipo blanquivioleta es y será, en un alto porcentaje de las ocasiones, cuestión de consecuencia de algo propio.

«El Real Valladolid no entiende cómo se debe ordenar y cómo debe responder porque tiene una importante carencia con el balón»

Por concepto de juego y situación, el Real Valladolid defiende muy atrás. O lo hace él o le obliga la situación del partido y la exigencia del rival. Este viernes, por ejemplo, en Vallecas, ha vivido muchas fases del juego replegado o empujado hacia su campo. El Pucela es dominado más tiempo del que domina. No es un problema. Un equipo como éste debe saber sufrir y entender cómo y cuándo debe defenderse. En este punto está, para mí, el mayor problema del equipo de Diego Cocca.

Ya sea con el entrenador argentino o con Paulo Pezzolano, el Real Valladolid tiene la debilidad y la carencia de la capacidad de respuesta. Ésta se puede y debe tener en muchos momentos desde las transiciones. El Pucela no tiene asentados los principales y mínimos conceptos de los contragolpes. Y no creo que sea por una cuestión de alturas. Este equipo, como en momentos recientes de su historia, no tiene la debilidad por defender en bloque bajo. Esta temporada no se ve un grupo que defienda muy atrás sino un equipo que está mal ordenado.

Una isla llamada Grillitsch
Hablar de un Real Valladolid sin capacidad de respuesta y sin conceptos de transición es pensar en el de Sergio González. El entrenador catalán estaba centrado en defender juntos y abajo. Ahora, no. No se tiene claro dónde se quiere defender ni cómo. Actualmente, y tal y como se ha demostrado en Vallecas, el equipo no entiende cómo se debe ordenar y cómo debe responder. El Pucela tiene una importante carencia con el balón. Ya no es cuestión de defender mejor o peor sino de tener ideas cuando tienes la posesión.

«Los movimientos del Real Valladolid con balón son pobres y, por ello, la presencia de Florian Grillitsch ha gustado tanto en Vallecas»

En muchas ocasiones, equipos como es ahora el Real Valladolid son acusados de que les «quema» el balón. Se señala, también, que no tiene jugadores con personalidad y arrojo para tomar las riendas. Ahora, no creo que sea una cuestión de atrevimiento sino de ideas y orden. Diego Cocca, en la rueda de prensa en Vallecas, ha señalado las «malas decisiones en el último cuarto». El equipo, en fase ofensiva, no tiene acierto en los últimos metros. Carece de él porque nunca llega con superioridad ni velocidad.

Los movimientos del Real Valladolid con balón son pobres y, por ello, la realidad es tan dura y, también, bajo este criterio, la presencia de Florian Grillitsch ha gustado tanto. Tener un jugador que se sepa ordenar desde el balón da claridad, respuesta y superioridad, todo aquello de lo que carece el Real Valladolid y que hace que el equipo no «tenga gol». La realidad del equipo no es no tener gol, es carecer de posibilidades para genera de forma activa ocasiones de gol y conseguir ser dominador de las fases del juego.

La competición no va a esperar más al Real Valladolid

El resultado y las formas. En el fútbol se analiza o, al menos, se debería analizar desde ambos aspectos y de forma independiente. Incluso en el caso del actual Real Valladolid que, por momentos, se quiere agarrar a algún clavo ardiendo pero no consigue aferrarse a ninguno. Tras la visita del Real Madrid al Estadio José Zorrilla es difícil poder aferrarse a uno de los dos conceptos pese a que ninguno deje una sensación tremendamente mala. Sin ser exageradamente negativo el resultado ni las formas, la situación y la tendencia pucelana lo puede todo.

«El vestuario del Real Valladolid está vivo y Zorrilla, enganchado, pero ambos piden alimento a la mayor brevedad posible»

La expectativa que había con el equipo antes del duelo era paupérrima. La situación es tal en el equipo que la convocatoria lo dice todo. Con ello, la honestidad decía que el Real Valladolid iba a vivir una tortura con la visita del líder de la categoría, pero no. Sin ser un partido tranquilo ni un duelo con demasiadas opciones, la sensación tras el juego no es mala. No lo es ya no por el partido sino por el miedo que había en la previa. Minutos antes del inicio, muchos hubieran firmado el resultado final y, sobre todo, la puesta en escena de los de Diego Cocca.

Es tan poco lo que se puede al equipo que todo lo que llega y/o aparece resulta gratificante. Analizar la previa era recordar el duelo ante el Atlético de Madrid. Recordar el último encuentro de Paulo Pezzolano en Valladolid es sinónimo de un tremendo escalofrío. En esta ocasión, el resultado no se ha llevado mucha distancia, pero las formas, sí. Pese a que la sensación de que el Real Madrid no pisara el acelerador al 100% es innegable, la imagen del Pucela no ha sido la de dejadez que se vio aquel día.

Necesaria reflexión
Si tras aquella derrota la decisión fue unánime y directa, el encuentro de este sábado invita a la reflexión y la exigencia. El vestuario del Real Valladolid está en un proceso de querer y éste es un argumento que el Club debe estirar lo máximo posible. Sin casi herramientas ni posibilidades, el equipo quiere o, al menos, lo intenta. Pese a verse superado por el rival, las obligaciones y las necesidades quedan corroboradas. Los mínimos de un partido de élite se han visto. No son argumentos que se puedan estirar en exceso, pero sí situaciones que invitan a exigir a la entidad.

El Real Valladolid demanda refuerzos y los necesita ya no por una cuestión de imagen, decoro y mínimos sino porque existen ciertas o mínimas posibilidades. El equipo se quiere levantar, pero en muchos momentos no sabe cómo hacerlo. Este vestuario tiene pequeños síntomas que el Club no puede dejar morir. La energía de la victoria (1-0) ante el Real Betis aún existe en el vestuario y el entorno, pero se comienza a disimular y difuminar. Esa llama hay que reactivarla porque el vestuario está vivo y Zorrilla, enganchado, pero ambos piden alimento a la mayor brevedad.

«La energía de la victoria ante el Real Betis aún existe en el vestuario y el entorno, pero se comienza a disimular y difuminar»

Diego Cocca necesita argumentos y piezas para dar un ritmo mayor al equipo y un plus a los partidos. Los encuentros se hacen muy largos al equipo. Le ocurrió en Cornellá y ante el Real Madrid. El Real Valladolid quiere aumentar el nivel de exigencia, pero, para ello, Domingo Catoira debe estar acertado y el Club generoso. El momento del equipo no ha terminado, es cierto, pero no se puede alargar más. La competición no espera más.

Sensación de oportunidad perdida, pero no de derrota

Es difícil de entender y, también, es muy difícil de explicar. Resulta tremendamente complicado poder comprender la gestión del banquillo de Diego Cocca en el duelo ante el RCD Espanyol. En la rueda de prensa del argentino, incluso, queda inconcreta su explicación. Respetando al vestuario no quiso señalar en exceso a los jugadores y a su estado de forma. En la previa sí hablaba del mal momento de ciertos activos y creo que ese es el problema que le llevó a entender que el duelo debía terminar con Anuar Tuhami en el campo y no con Iván Sánchez o Mamadou Sylla.

La ilógica de la gestión del partido no pasa por un nombre como Juanmi Latasa y sí por perfiles como Iván Sánchez y Mamadou Sylla

Obviamente, Cocca tendrá sus motivos para entender por qué no quemó todas las balas de los cambios. El Real Valladolid mereció más, sí, pero leyó mal los últimos minutos del partido de la misma forma que no entendió del bien cómo atacar al rival en los últimos 25 metros del campo. El último cuarto del terreno de juego fue la perdición de los de Diego Cocca durante los casi 100 minutos disputados. Ésta fue una parte del terreno de juego en la que el Pucela pudo estar más acertado y en la que se debió generar mayor superioridad para ganar duelos y segundas jugadas.

Analizar, inicialmente, el partido lleva a pensar por qué no jugó Juanmi Latasa. Por características en un jugador diferente a lo que había en el terreno de juego y que, supuestamente, gana duelos directos. La sensación de querer vivir en el área llevaba a pensar en él, pero creo que con él no se equivoca Cocca. Para mí, en el directo del partido y pasadas unas horas desde él, no acierta con las ausencias de Mamadou Sylla e Iván Sánchez. Partiendo de que cualquier situación tiene una explicación, y más con el mercado de fichajes abierto, no apostar por ninguno de los dos llama mucho la atención.

Recursos tangibles
¿El Real Valladolid necesitaba profundidad en el último cuarto? El ’10’ la ofrece y el ‘7’ la ataca. Iván tiene algo diferente al resto y domina el espacio reducido como nadie. De la misma forma resulta incomprensible que el senegalés no entrara al terreno de juego. Después de los elogios del entrenador al jugador por adelantar los plazos de su recuperación ante el Real Betis, no apostar por él como acompañante de Marcos André en los últimos minutos me resulta, futbolísticamente, incomprensible.

Creo firmemente que Diego Cocca no quería un partido abierto y de espacios porque él veía que el equipo estaba bien y que los detalles le podían favorecer en momentos cruciales. Lo entiendo y hasta lo comparto, pero creo que la situación actual del Pucela pide hambre y no sólo ambición. Cocca está diseñando su equipo con carisma. Le está dotando de personalidad con balón, pero este duelo y la situación general invita a ser hambriento en todos los duelos y circunstancias. Esa sensación se genera ganando duelos y, sobre todo, segundas jugadas.

Así, en un duelo como éste, el Pucela pedía argumentos para el pase final y fuerza en los balones divididos y segundas jugadas. Este equipo no tiene recursos múltiples, pero sí posibilidades amplias que fortalezcan su seguridad en la respuesta al partido. El tiempo, los entrenamientos y las incorporaciones ampliarán esas posibilidades pero lo harán siempre con la sensación de que en Cornellá se perdió la oportunidad de tener más sensación de peligro con los recursos presentes en el momento.

El Real Valladolid no tiene nada sobre lo que sostenerse

Lo escribí tras la victoria (2-4) y clasificación del equipo en Ávila. Superar a un equipo de Segunda Federación pareció tener brotes verdes, pero, realmente, los vimos por lo sencillo y facilón que es un aficionado al fútbol. En aquel momento se quiso enfocar la victoria a la irrupción de Marcos Andrés. El brasileño era el foco del equipo en aquel momento, pero ésta fue una mirada simple. El problema del Real Valladolid era y es enorme. Se vio en aquel partido, quedó claro en la victoria (1-0) ante el Valencia CF y se confirmó ante el Girona FC. La llegada de Diego Cocca no ha sumado nada al Real Valladolid. No ha dado ningún plus, tal y como él ha confirmado en la rueda de prensa tras la eliminación copera de este domingo.

Ronaldo Nazário ha sido analizado siempre con «luz corta». Ourense demuestra que el equipo y su concepto futbolístico, también

Caer (3-2) ante un equipo de Primera Federación ha demostrado el momento del equipo. La rueda de prensa posterior de su entrenador, la errónea apuesta por él. Pese a las críticas por el rendimiento del equipo, Cocca se ha mostrado tranquilo porque han crecido sus conocimientos de la plantilla. La Copa del Rey no es un sustento vital para el equipo, pero la imagen, sí. El Real Valladolid se ha devaluado aún más en el Estadio de O Couto porque no existe conocimiento del entrenador con sus jugadores, entre otros factores. El principal problema del Real Valladolid no es su preparador, ni mucho menos. Cocca tiene responsabilidad, sí, pero el que menos de todos.

Nadie le ha apoyado ni le apoyará porque el Club está en un momento de egoísmo máximo. Nadie quiere que este declive le salpique y todos quieren pasar de puntillas por la actual situación. Con todo, el vestuario suma una nueva muesca en el ridículo de su temporada. Esto es insalvable. No hay nada a lo que agarrarse, como tampoco lo hubo en Ávila ni ante el Valencia. Analizándolo en frío, esas victorias tuvieron dos factores ajenos al Pucela que invitaron a pensar en que el resultadismo daría frutos, pero nunca lo da. Ni los dará.

Nada de nada
Fue poco y ha sido por muy poco tiempo pero esas dos victorias hicieron pensar que el equipo tenía algo sobre lo que agarrarse, pero no. No hay fútbol, no hay recursos, no hay alma, no hay coraje, no hay ambición, no hay liderazgo, no hay figuras emergentes… ¡No hay nada! Sólo hubo dos victorias que se produjeron por la diferencia de categoría ante el Real Ávila y por la dinámica de autodestrucción que vivía el equipo de Rubén Baraja. Por el propio Real Valladolid, nada. La culpa del Club, de los jugadores, de los entrenadores y del entorno.

Este golpe copero llega por la exigencia al equipo de ganar un duelo ante un Primera Federación, por los brotes que quisimos hacer verdes tras dos insulsas victorias y por el supuesto efecto del nuevo entrenador. Con estos tres ingredientes se exigía una presencia en octavos de final de la Copa del Rey que, indudablemente, venía grande al equipo y a la entidad. Se daba por hecha por una diferencia de categoría que debían imponerse cuando, realmente, ha vuelto a imperar la «luz corta» con la que se ha analizado al equipo y al Club en los últimos tres años.

Diego Cocca puede respirar recibiendo un Pucela vivo

Antes del inicio del partido ante el Valencia CF, las cámaras y los focos estaban centrados más en la búsqueda de Diego Cocca en la grada del Estadio José Zorrilla que en analizar el tercer once inicial de Álvaro Rubio. El entorno blanquivioleta quiere resquicios de ilusión y la mente humana se centra más en el futuro que en el presente. Se tiene tan poca confianza en el actual equipo que la llegada de un entrenador genera más entusiasmo, pese a que no tenga ni experiencia en Europa. De esta forma, los prolegómenos encontraron al futuro entrenador pucelano en la grada y los comentarios se centraron más en él que en la ejecución de la previa realizada por el preparador interino del equipo.

Álvaro Rubio lideraba su tercer y último partido y los ojos estaban más centrados en un futuro incierto que en un objetivo necesario y real. El equipo blanquivioleta necesitaba la victoria por varios motivos, pero, principalmente, para no cambiar su objetivo en el mes de diciembre. No ganar, pero sobre todo perder, generaba que desde el Estadio José Zorrilla se mirara más en tener una temporada digna que en salvar la categoría. El equipo no podía olvidar su horizonte y desde un partido simple y básico sigue vivo. La supervivencia es el primer sentimiento que se ha apoderado del Estadio José Zorrilla con el pitido final.

Conseguir los tres puntos sirven para que el Real Valladolid pueda decir que está vivo para comenzar una nueva etapa, que no es poco viniendo de donde se viene. Diego Cocca empezará oficialmente su etapa como entrenador blanquivioleta con un grupo que, por lo menos, tiene pulso. El vestuario tiene vida clasificatoria y éste es el único clavo al que se puede amarrar el nuevo cuerpo técnico. El equipo no está muerto porque los tres puntos obtenidos ante un rival directo dejan muy tocado a un Valencia CF que tiene dos partidos menos. Si Rubén Baraja marcaba en la previa como determinantes esos dos encuentros sin disputar, tras el duelo éste es un argumento tremendamente pobre. 

Ni brotes verdes
El Real Valladolid ha ganado con muy poco a un rival débil e inseguro. El Pucela ha conseguido tres puntos con los argumentos con los que está perdiendo de forma habitual esta temporada. En esta ocasión han sido los pucelanos los que no han necesitado de su mejor versión para superar de forma merecida a un rival sin capacidad de respuesta. Álvaro Rubio, en la previa, aseguraba que todo se centraba en aspectos básicos y el partido, tras casi 100 minutos de juego, se ha definido por un error. Una mala acción defensiva de Cristhian Mosquera ha marcado un duelo en el que el Valencia no ha tenido grandes opciones. Es más, si los de Rubén Baraja han podido empatarlo ha sido por una acción puntual de Karl Hein en la que el portero fallaba en el juego aéreo. Por el resto, empate a nada.

Tras 90 minutos, la diferencia estuvo en un error y en el aprovechamiento que Anuar Tuhami hizo de forma progresiva de la concesión ché. Tras el tanto del ceutí, pucelanos y valencianos demostraron por qué están así. Querían y no podían. Querían y no sabían. Querían y no llegaban. Los más de 90 minutos confirmaron el titular de la previa en el que señalaba el enfrentamiento entre último y penúltimo de la categoría. Las etiquetas cumplían la realidad. Tras 90 minutos lo sigue haciendo pese a un intercambio de papeles que hace que Diego Cocca pueda respirar antes de su entrada oficial en un equipo que no llega a tener brotes verdes pero que, por lo menos, obtiene tres puntos para iniciar una nueva etapa desde un hipotético cambio de tendencia y punto de inflexión.