Carlota Castellanos y un gran insulto al Real Valladolid

Si ya éramos pocos y el enfado era mayúsculo… Recientemente, las redes sociales y varios periódicos digitales han publicado y compartido unas declaraciones de Carlota Castellanos, quién, al parecer, es una de las autoras del nuevo escudo del Real Valladolid.

Antes de nada quiero asegurar que lo que voy a escribir a continuación lo hago como profesional que Carlos Castellanos es del diseño gráfico y no como mujer. No quiero, bajo ningún concepto, que tome mis palabras como ofensa por el mero hecho de ser mujer y me considere un machista o un misógino. Lo haría exactamente igual si fuera un hombre y  un alto cargo del Club. Puede dar crédito de ello pues hace unas semanas ya me dirigí al propio Real Valladolid por este mismo asunto.

No hay duda de que el cambio no ha partido de Carlota Castellanos ni de la empresa Future Brand, que es para quien trabaja, pero ambas han cobrado del Club y, por lo tanto, son responsables. La iniciativa ha partido del Real Valladolid, bien dirigido en lo deportivo pero muy mal en lo social pues esta decisión no se sustenta más que por un capricho o por una maldad. La masa social vallisoletana, los aficionados, los que están a las duras y a las maduras, los de siempre, los que no están de paso, los que viajan horas y horas en autobús para ver a su equipo, los que pasan frío en el Estadio José Zorrilla y animan al equipo de sus amores, los que pagan anualmente sus abonos, ninguno de ellos lo han solicitado. Vamos, que no era una «demanda social» como dicen los políticos cuando quiere cometer un atropello.

Pero volviendo a las declaraciones de Carlota Castellanos, que es el motivo de estas líneas, he de decir que son aún peores que las que hizo el Club para justificar el cambio de nuestro escudo. Son sencillamente nauseabundas e insultantes, no sólo a la entidad, sino también a la ciudad, que mantiene aún la laureada y obviamente a la historia cuando dice mofándose  del anterior escudo “poco violeta y verde con pelotitas rojas”.

¡Retratada!
Carlota Castellanos
se ha retratado cuando desprecia la máxima condecoración militar creada por la Cortes de Cádiz en los primeros años del siglo XIX. Esa irrespetuosa actitud sólo es tolerable en España. Sé que el club lo ha hecho, pero no es suficiente. La paciencia tiene un límite y por ello
 quisiera decirle a Carlota Castellanos que los aficionados del Club claro que queremos que el Real Valladolid entre en competiciones europeas, pero no de cualquier forma ni con falta de identidad a nuestro equipo. Así es importante que sepas, Carlota, que ni tú ni tu escudo han abierto las puertas de Europa al Real Valladolid. El Pucela las abrió con mucho esfuerzo y sudor hace ya muchos años.

¿Sabes Carlota, además, qué escudo llevaban los jugadores en sus camisetas en ambas ocasiones? El que tú has destrozado y del que te has reído en redes sociales. Te rogaría, Carlota, que en lo sucesivo fueras más respetuosa con la historia de España, sus símbolos, sus ciudades, sus instituciones deportivas y, por supuesto, con aquellas personas que de una o de otra manera han defendido estas últimas o se han sacrificado por ellas.

Por si no entiendes esto último, me refiero a la Laureada de San Fernando, a la ciudad de Valladolid, al Real Valladolid Deportivo y a jugadores y aficionados de toda la historia de nuestro Club. Con todo y por ellos, tus declaraciones son inadmisibles y un insulto a los aficionados del Real Valladolid.

Innecesario, improcedente, insultante y ‘político’ cambio

El pasado lunes se conoció oficialmente el cambio del escudo del Real Valladolid que figura entre otros muchos lugares, en las camisetas con las que juegan todos los jugadores de las diversas categorías del club. Aunque no soy seguidor de las redes sociales, sí lo son mis hijos y muchos de mis familiares y amigos por lo que me enteré por el comunicado de la página oficial.

El texto de la página oficial no puede ser más nauseabundo. Es propio de un discurso de los actuales políticos que nos toman por imbéciles cuando quieren justificar alguna de sus torpezas, tropelías o desmanes. Es de una hipocresía mayúscula y propio de figurar en aquellos libros que en su día se editaban como “antología del disparate”.

En una de las estúpidas justificaciones, el texto dice que el Club «renueva su identidad», «mira al pasado para proyectarse en el futuro»… ¡El presente parece que no existe para los directivos pucelanos! Igualmente, en ese lamentable escrito justificatorio, dice que el Real Valladolid «ha hablado con todos” y que se ha analizado «documentación histórica y registros fotográficos” y que, cómo no, una empresa ha estado analizando tal cambio.

Lo que, obviamente, no dice el Club es que en ese «riguroso estudio» no se ha analizado el escudo que representaba al equipo vallisoletano en los últimos cuarenta años, ni cuánto ha costado que la determinada empresa pariera ese nuevo escudo ni, lo que es más importante, que los aficionados dieran su opinión al respecto.

Sencillamente, lo que ha ocurrido con este innecesario e improcedente cambio, que no es una demanda social, concepto que utilizan de costumbre los políticos, es una maniobra más de la clase política que vive a sus anchas en todos los organismos e instituciones de España. El deporte en general y el fútbol en particular son el modus vivendi de muchos de ellos. No tengo que recordar quiénes ocupan cargos de alto nivel dentro de las Federaciones, Consejo Superior de Deportes o ciertos clubes de LaLiga Santander.

Como lo que se ha suprimido ignominiosamente ha sido la Laureada de San Fernando, he de significar que la Laureada, máxima condecoración militar, otorgada en su día a la ciudad, se creó en 1811 por las Cortes de Cádiz en honor a un rey excepcional, nacido en Valparaíso un humilde pueblecito zamorano. Su nombre era Fernando III, más conocido por el Santo.

Y para terminar, con el orgullo de ser vallisoletano de nacimiento, aficionado al club de mi tierra y profundamente dolido por este atropello a nuestro escudo, he de decir que la última concesión de tan preciada condecoración fue otorgada a un bravo y heroico vallisoletano, Francisco Fadrique Castroponce por su valiente acción en el Sahara el 13 de enero de 1958. A este insigne brigada legionario vallisoletano nacido cinco de enero de 1919 no os atrevéis a quitársela.

¡Cincuenta años! Un recuerdo pucelano imborrable

Entre los aficionados españoles a cualquier deporte no hay duda que MARCA y AS no sólo son los diarios deportivos  más conocidos sino, también, los más leídos. En mi caso tengo unión con ellos desde las décadas de los 60 y 70. En aquel tiempo no se publicaban los periódicos a diario sino que los lunes se publicaban los deportivos y la famosa hoja del lunes. AS, innovador en aquellos años, publicaba los martes una edición que se llamaba AS color y que compilaba una serie de reportajes a todo color, algo único en esos tiempos. Esa edición contaba con una publicación a todo color y a doble página del póster de un equipo. En aquellos años no era fácil contar con fotos grandes y a color y, por ello, guardo un gran recuerdo de una imagen que acaba de cumplir 50 años.

En la temporada 1971/1972 el Real Valladolid fue una semana el conjunto destacado. El Pucela acababa de ascender esa temporada desde el pozo de Tercera división y militaba en Segunda, categoría en la que pasó más de quince temporadas. El día de la foto en cuestión, que posteriormente publicó el AS COLOR, fue el 5 de marzo de 1972, fecha que ya ha cumplido cinco décadas.

Aquel día, la formación que saltó al césped del Estadio estaba formada por Llácer, Sanz, Docal, Pérez García, Segura, Berriozábal, Astrain, Lorenzo, Álvarez, Lizarralde y Endériz. También jugaron Usandizaga y Jimeno. El adversario fue el RCD Mallorca. Era la jornada 26 y el resultado fue una contundente victoria (4-1) para los locales con goles de Álvarez, Astraín, por partida doble, y Lizarralde. ¡Un gran partido y un recuerdo imborrable!

Grandes jugadores
De aquel equipo guardo un gran recuerdo. El cántabro Manolo Llácer fue una institución del Club. Formó parte de muchos años del equipo y jugó en todas las categorías. Juan Docal, bravo jugador de Laredo y un central contundente y expeditivo. Pepe Pérez García, que es parte de la historia del Club al ser también entrenador. Él era un lateral sobrio, eficaz y muy regular a lo largo de toda la temporada. Segura, por su parte, era un almeriense muy seguro en todas sus acciones. Berriozábal era fuerte y muy seguro por alto.

Aquél, como todos, era un equipo muy físico pero, también, tenía calidad. Astrain era un fino extremo y de mucha clase. Lorenzo, vallisoletano de nacimiento, tenía una calidad extraordinaria, tanta como para llegar a Primera. Manolo Álvarez fue uno de los máximos goleadores del Pucela, jugando siempre en Segunda. ¡Qué decir de José María Lizarralde! Él era otro estandarte blanquivioeta tras nueve temporadas y una zurda magnífica. Todo ese equipazo se cerraba en su once titular con ‘Cachito’ Endériz, un fuera de serie.

De aquella plantilla hay que destacar a otra institución del Real Valladolid como José Antonio Aramayo, a Fede un extremo izquierdo que murió con tan solo 25 años en un accidente de tráfico, a un jovencísimo Agustín Landaburu y otro jugador, muy flaco, nacido en el barrio de La Rubia que tiene por nombre Julio Cardeñosa. «El cani», como le llamaban algunos aficionados, también alcanzó la internacionalidad. ¡Qué equipo! ¡Qué recuerdos!

Ese Real Valladolid consiguió un séptimo puesto que, siendo un recién ascendido, era más que digno. Con el tiempo valoro aquel puesto pero, ante todo, los recuerdos que me dejaron aquéllos jugadores y, ante todo, aquel póster que guardé conmigo durante muchos años y que ahora preside uno de los rincones de mi casa. ¡Ojalá dentro de cincuenta años puedan recordarse efemérides tan simples pero tan emotivas como ésta!

La pólvora estaba inventada para el mundo del fútbol

Para mí, uno de los mejores entrenadores que ha tenido el Real Valladolid o, al menos, uno de los que yo he conocido, es Vicente Cantatore Socci. Como la inmensa mayoría de aquéllos que van a leer estas líneas son pucelanos de corazón y de raza, sabrán, recordarán o les habrán contado cómo jugaba el Real Valladolid del entrenador chileno, aquél que tantas alegrías nos dio a los que desde muy niños hemos seguido las campañas del Pucela.

El argentino, nacionalizado chileno, aterrizó en Zorrilla en 1985 para la primera de sus tres etapas como entrenador y lo hizo siendo fiel a un sistema de juego muy sencillo. Prefería arqueros, que diría él, altos y que dominaran el juego aéreo con solvencia. Los laterales idóneos eran para él debían ser muy rápidos y de marcada tendencia ofensiva. Siempre jugaba con tres centrales muy corpulentos aunque no fueran una maravilla con el balón en los pies. Este detalle táctico, de tres centrales altos, era un claro matiz de Cantatore.

Por su parte los centrocampistas titulares eran los técnicos y los que se dejaban la piel en el campo. Arriba, en la vanguardia, siempre apuntaba por dos puntas rápidos como una flecha. Como puede verse, éste era un despliegue táctico muy simple, como deben ser todos los que se plantean en un terreno de hierba. En 2021, no tiene que venir ningún iluminado a descubrir nuevas tácticas. ¡Todo está inventado!

Preparados para la maratón
Viendo el proceder del Real Valladolid de José Rojo, Pacheta, y la victoria (0-2) en Lugo se plantea un despliegue similar a los que acostumbraba Vicente Cantatore. Desde un portero con más de 1,90 de estatura, tres centrales corpulentos y que van bien al corte y en el juego por alto, un trío de centrocampistas que combinan la técnica con el desgaste físico y dos jugadores que pelean, se fajan y son rápidos, el despliegue recuerda a ese pasado con Vicente Cantatore.

Los mimbres están y el cestero me consta que sabe hacer cestas. Las ideas están claras y, ahora, queda trabajar y exigir para que dure en los 39 ‘combates’ que restan o, en palabras del propio Pacheta, se mantenga en los 39 kilómetros que quedan de esta ‘maratón’ que es la temporada actual. La ‘guerra’ o la ‘maratón’ en LaLiga SmartBank es muy larga, pero parece que el Pucela de Pacheta está preparado y sabe cómo afrontarla y todo con un recuerdo importante hacia un pasado muy bonito.

Épica nobleza castellana para conquistar el José Zorrilla

El sabio refranero español, que tiene expresiones muy acertadas a todos los avatares humanos, nos dice en una de sus múltiples aportaciones que «a moro muerto, gran lanzada”. Es un refrán que se refiere a quien critica o condena a toro pasado o en ausencia de peligro una actuación o un hecho sin haberlo hecho cuando convenía o era el momento y el caso. No seré yo quien actúe con Sergio González ahora dándole una «gran lanzada».

El entrenador barcelonés es ya historia en el Real Valladolid y el Club y su entorno miran y deben centrarse en el fútbol que desde el pasado jueves cuenta como referencia con el saleño, salense o serranomatiego, como se prefiera el gentilicio, de José Rojo Martín, Pacheta. El que fuera fino interior pero enorme rematador de cabeza tiene un historial humilde tanto como jugador como entrenador, especialmente como preparador pues su experiencia en LaLiga Santander es breve. Al nuevo entrenador del Real Valladolid le avala haber jugado en Primera y haber sido discípulo de entrenadores como José Antonio Camacho o Marcelo Bielsa.

Fuera de esos formulismos que obligan a pensar que uno es buen entrenador si ha sido buen jugador, lo que más me gusta de Pacheta, ahora mismo, es su presentación. Me gustó lo que dijo y me gustaron seis detalles de su discurso. Me gustó su naturalidad, porque no hay duda que no es un impostor; su franqueza, ya que no es un hombre oscuro; su claridad de ideas, porque no divaga en sus expresiones; su rotundidad en los juicios, sabiendo dónde está, el equipo que entrena, qué metas debe conseguir y cuáles son sus misiones; su respeto, ya que habla con cariño a la afición, jugadores y medios de comunicación, y también me gustó su nobleza, al confesar los duros comienzos y su inicial trayectoria como entrenador y secretario técnico.

Nobleza castellana
Todo esto parece que hoy es lo habitual, pero no es así
. Actualmente hay entrenadores que ante los medios de comunicación no dicen nada utilizando los mismos términos que ciertos políticos o previamente ya tienen la respuesta preparada. Mucha palabrería pero poco contenido.

Si el de Salas de los Infantes, a pesar de la chaqueta que llevó a su rueda de prensa, transmite a los jugadores del Real Valladolid los mismos ideales que emitió en la rueda de prensa y les inyecta en la sangre la pasión, la constancia y el tesón como lo hizo en Elche y Huesca, no tengo duda que nuestro Pucela recobrará el puesto de privilegio que le corresponde en la división de oro del fútbol español. Así, una vez más, la épica nobleza castellana conquistará el Estadio José Zorrilla.

Medio siglo después y un descenso con paralelismos

De cualquier entidad nonagenaria, sea del tipo que sea, pueden realizarse multitud de estudios, análisis y comparaciones. Entre esas entidades entra, obviamente, un club de fútbol fundado en 1928 a orillas del Pisuerga y que en estas tristes fechas debe tener un análisis que, cuando menos, pueda servir de reflexión a los dirigentes del Real Valladolid. El club de nuestros amores tiene en la actualidad gente más cualificada que yo y también la tuvo en otras épocas. Deseo que la siga teniendo y que recupere la posición que por su historia y, sobre todo, por la ciudad que representa merece ocupar.

En una entidad casi centenaria, al finalizar un ejercicio pueden establecerse diversos estudios y análisis y con ellos programar un futuro ejercicio. En un club de fútbol deben analizarse fundamentalmente los resultados obtenidos, abonados conseguidos, rendimiento de los jugadores, grado de competencia del entrenador, ingresos económicos por publicidad, nivel de los nuevos fichajes, rentabilidad de la cantera, próximas adquisiciones y posibles bajas…

A nadie se le escapa que la temporada 2020/2021 ha sido un fiasco en todos los sentidos, pero no hay que rasgarse las vestiduras en exceso porque no es la primera vez que el Real Valladolid desciende a Segunda división. Es más, en la temporada 1969/1970 bajó a Tercera. Recuerdo aquella campaña perfectamente y entiendo que tiene un cierto paralelismo con la 2020/2021.

Dura época blanquivioleta
En la larga travesía del Real Valladolid por Segunda entre los años 60 y 70, el equipo del viejo Estadio Zorrilla siempre despertaba una moderada esperanza entre los aficionados y quizá esa temporada de 1969/1970 el equipo disponía de una plantilla más que ‘apañadita’.
No voy a relacionar toda esa plantilla pero sí mencionaré a los que dieron un salto a equipos de Primera tras aquel año que terminó en descenso. Jesús Aguilar al Deportivo de La Coruña; Antonio De la Cruz y José María Lasa al Granada CF ambos y luego al Barcelona y al Athletic  Club, respectivamente; Paco Docal se marchó al RCD Espanyol; y Antonio Rivas al Celta De Vigo.

En esa competitiva plantilla también destacaban ‘Cachito’ Endériz, Marañón, Moya y el todoterreno Lizarralde entre otros. Como digo anteriormente la plantilla de esa temporada estaba bien diseñada y podía aspirar a mucho más de lo que consiguió que fue un vergonzoso descenso a Tercera.

En la edición de Segunda división de aquella temporada se batían equipos como RCD Espanyol, Real Betis, Sporting de Gijón, CD Málaga, Rayo Vallecano o Real Murcia pero, también, peleaban otros San Andrés, Córdoba CF, Burgos CF, Calvo Sotelo, Onteniente… o el filial del Elche CF.

El Real Valladolid navegó cierto tiempo en una zona de nadie hasta que el Burgos CF, con una relevante victoria (1-3), colocó un misil en la línea de flotación del Pucela y lo dejó medio hundido aunque ya venía de Oviedo haciendo aguas. Tras estas dos goleadas, el Real Valladolid fue incapaz de conseguir un solo punto en los siguientes cinco partidos que provocaron un total de siete encuentros sin puntuar.

Grandes similitudes
Creo que el paralelismo es obvio entre esas dos temporadas al tener ambas plantillas confeccionadas para conseguir unos alcanzables resultados: ascender a Primera y mantenerse en la élite. Tristemente, el final de temporada fue y es triste y lamentable por resultados totalmente calamitosos. Aún siendo una temporada para olvidar aquélla de 1970, el Real Valladolid ganó 12 partidos y uno de sus jugadores, Paco Docal, marcó 10 goles.

Afortunadamente, un año después el equipo recobró el orgullo y, junto con el CD Tenerife, ascendió a Segunda gracias al acierto del gaditano Manolo Álvarez, que perforó las redes adversarias en 24 ocasiones. Ojalá el paralelismo se mantenga la próxima campaña y un goleador como Shon Weissman sea el protagonista del regreso pucelano a la categoría que no debió perder en este 2021, como tampoco debió hacerlo en aquel duro 1970.

Ronaldo, un buen soldado para la Santa Hermandad

El refranero español es una especie de compendio, casi podríamos decir que un diccionario, de la sabiduría popular acumulada durante muchos siglos. Así, en cada región española podemos encontrar centenares de expresiones y dichos que se ajustan a cualquiera de las muchas vicisitudes que se nos presentan a lo largo de nuestra vida. Una de ellas es muy conocida en toda España y nos viene al pelo tras lo confirmado este domingo pasado en el seno del Real Valladolid: «a buenas horas mangas verdes». A buenas horas, Ronaldo.

Esta expresión alude a los soldados de la Santa Hermandad, Unidad Policial creada por los Reyes Católicos que ni más ni menos fue la primera Unidad de su género en Europa y estuvo en activo hasta 1844, cuando fue sustituida por la Guardia Civil. Este Cuerpo Policial, muy vinculado a nuestra tierra castellana, cumplió un papel fundamental en la lucha contra el bandolerismo pero, paradojas de la vida, no tenía unos medios de transporte adecuados y en numerosas actuaciones llegaba tarde.

Sus miembros se destacaban por un uniforme acorde a esos tiempos en el que eran visibles sus mangas verdes y de ahí la popular expresión que se decía cuando estos esforzados soldados aparecían cuando el remedio llegaba a destiempo o la solución se ofrecía tardíamente y ya era del todo inútil. Esto es lo que ha sucedido en el Real Valladolid en estos días tras la destitución del director deportivo y del entrenador. El remedio llega a destiempo.

Una campaña más digna
Personalmente creo que Miguel Ángel Gómez no merece su despido porque su trabajo con los medios que ha tenido lo ha realizado correctamente. Otro tema es el rendimiento de sus fichajes y el porqué. Con los jugadores que el propio Gómez firmó podría haberse realizado una campaña más digna, indudablemente.
La destitución de Sergio González era obligada sin duda….pero no el 23 de mayo cuando la solución se ofrece tardíamente. ¿Qué resolvemos ahora con la destitución?

El cambio de entrenador debió hacerse mucho antes, cuando existía margen de mejora en el equipo. Sé que no siempre  es la solución pero la necesidad de recuperar al equipo ha existido durante toda la temporada y el Club no la ha atendido. Es obvio que la continuidad de Sergio González no ha sido una decisión acertada y el cese, cuando la temporada ha finalizado con el Real Valladolid ya en LaLiga SmartBank, es cuando menos, inoportuna. Lo dicho, a buenas horas mangas verdes. A buenas horas, Ronaldo.

Un descenso anunciado desde hace muchos meses

Cuando un equipo deportivo, da igual la disciplina que practique, desciende de categoría en una competición liguera, no lo es por casualidad pues se lo ha ido ganando a lo largo de toda una temporada. Este es el caso del Real Valladolid. Normalmente cuando esto ocurre, es debido a varios factores y no sólo a errores arbitrales que éstos últimos pueden costarte la pérdida de algún partido simplemente.

Uno de los factores que sí pueden condenarte al descenso es la nefasta gestión directiva porque el equipo puede estar en manos de un presidente y de una  junta  sin escrúpulos, sin conocimientos y que sólo buscan medrar y enriquecerse en poco tiempo o blanquear dinero. En España, todos sabemos que en ciertos clubs han aparecido magnates de estas características que han hundido no sólo deportiva sino también económicamente a ciertos equipos de Primera y segunda división. El Pucela, afortunadamente, no es uno de esos pues Ronaldo es un hombre del fútbol y con él el club de la ciudad del Pisuerga ha dado – lo necesitaba – un salto cualitativo y cuantitativo. Es más, se ha echado a sus espaldas el legendario club de baloncesto.

La dirección técnica a nivel de despachos ha corrido a cargo de Miguel Ángel Gómez un hombre capaz y honrado que ha hecho todo lo que ha podido en los años que lleva a cargo de la secretaría técnica. Su misión ha sido formar un equipo competitivo acorde a las posibilidades económicas del club, y a mi entender, lo ha conseguido aunque, obviamente, algún jugador no ha alcanzado las expectativas que de él se esperaban. 

Los factores más importante en los éxitos o fracasos de un equipo son los jugadores y los enormes equipos técnicos de la actualidad: entrenador, segundo entrenador, adjunto al entrenador, entrenador de porteros, analistas, recuperadores, fisioterapeutas… Se tiene por costumbre culpar al entrenador de los fracasos y a los jugadores otorgarles el éxito de una temporada. Pienso que no es del todo cierta esta reflexión. El fracaso de esta temporada tiene que repartirse entre jugadores y técnicos, al menos a esa pléyade que se sienta cada semana en el banquillo y se les considera ‘técnicos’.

Como he dicho anteriormente, Miguel Ángel Gómez confeccionó un equipo competitivo. Lo que diríamos en nuestra tierra como «apañadito». Era muy similar a una decena de los que han competido en la misma liga que nosotros. Hemos tenido un equipo muy compensado en todas sus líneas, circunstancia que no siempre ha pasado, incluso compitiendo en LaLiga Santander. Con equipos más limitados técnicamente que éste, hemos hecho campañas muy dignas.

Es más, que yo sepa esta temporada no ha habido ningún jugador que por su comportamiento fuera del terreno de juego, desestabilizara al resto de la plantilla y al cuerpo técnico. A nadie se le escapa entonces que el problema ha estado en el banquillo. Ronaldo confirmó a Sergio y sus motivos tendría. El entrenador contaba con el aval de un ascenso y tres temporadas en la misma categoría, aunque esta es mejor olvidar. Eso nadie lo puede discutir.

Ciertamente todo en esta vida tiene un límite y una duración. Las tácticas y técnicas que se empleaban en los siglos XIX y XX ya no se emplean ni en los terrenos de operaciones ni en los terrenos de juego de ningún deporte. Los medios tampoco son los mismos. El equipo, a mi entender, estaba roto anímicamente desde el mes de marzo. Sin moral ni voluntad de vencer no se puede salir a competir a ningún terreno de juego. La cara de los jugadores ante la adversidad era el reflejo de su corazón. La actitud del entrenador fundamentalmente y la de ciertos jugadores en los últimos partidos ha sido decepcionante, impropia de unos profesionales de Primera.

Ausencia de trabajo
Si a la falta de fe en la victoria unes una manifiesta falta de preparación táctica, no hay duda: el adversario que conoce tu debilidad, te machaca y te vence aunque sea in extremis. ¿Cuántos partidos hemos perdido por los mismos errores tácticos?
Los errores tácticos a que me refiero entre otros muchos han sido: pérdidas continuas de balón en la frontal del área, errores de marcajes dentro del área, contraataques del adversario sin prevenir, ausencia de flexibilidad en los planteamientos de los partidos, falta de motivación en los jugadores…

Estos lances del juego, hoy día con tanto vídeo, tanto analista y tanto ojeador tienen que ensayarse hasta la saciedad así como los puntos débiles del adversario. Por lo visto, en los Campos Anexos, o no se ensayaban o se ensayaban muy poco porque los errores han sido continuos y de la misma identidad. Creo que con todo lo expuesto anteriormente he dejado claro quién es el culpable principal de este descenso y quiénes son los secundarios. El descenso se empezó a fraguar hace ya unos meses.

Espero que el pozo deportivo que es LaLiga SmartBank no atrape indefinidamente al Real Valladolid y lo hunda tanto deportiva como económicamente. La amargura y el desencanto que ha sufrido la afición esta temporada y en especial tras los últimos y vergonzosos encuentros debe transformarse la próxima temporada en alegría y esperanza. No será fácil. La ilusión de todos los blanquivioleta es volver a ver a nuestro Pucela muy pronto en el sitio que por historia le corresponde: la Primera división del fútbol español.