La linterna de Velasco

La linterna de Ángel Velasco, desde el 20 de febrero de 2007 informando y opinando sobre el Real Valladolid

Express

El proceso de Guillermo Almada es muy cuestionable

Guillermo Almada sabe lo que hace o, al menos, sabe qué busca. Desde el exterior se ve como ilógico, pero el preparador uruguayo tiene definidos sus objetivos para la pretemporada. Él tiene marcado a fuego el primer partido liguero. Ese debut ante la AD Ceuta y, posiblemente, los dos siguientes encuentros. Los tres primeros partidos de la temporada, aquéllos antes del cierre del mercado, son el gran foco sobre el que está centrado el técnico uruguayo.

«Entre el cortoplacismo y la visión a las últimas diez jornadas hay un equilibrio que Almada no conoce»

Él mira única y exclusivamente a esos nueve primeros puntos de la temporada. Es el frente más inmediato sobre el que puede centrarse y es el que le genera más trabajo, más dedicación y más interés. Lo que sobrevuela alrededor parece ser secundario para él y es difícil de comprender. El fútbol es inmediatez, obviamente, pero todo requiere de una mirada a medio plazo. Entre el cortoplacismo y la visión a las «últimas diez jornadas», que tenía Paco Herrera, hay un equilibrio que Almada no conoce.

Si bien es cierto que ha entendido muy bien la exigencia del equipo en esta temporada y la necesidad pucelana de ganar los primeros partidos, el riesgo que Almada está corriendo es alto. Él tiene su objetivo, pero el proceso elegido para conseguirlo es extremadamente peligroso y cuestionable. La instauración de etiquetas en jugadores en la pretemporada es un mecanismo que pone en peligro la salud del vestuario.

Ilógico
Dividir entre titulares y suplentes en agosto es un arme de doble filo. Si bien refuerza las automatismos y las inolvidables sinergias de Sergio González, el vestuario señala a jugadores que se pueden empezar a descolgar de la realidad del equipo, restando, incluso, competitividad del día a día. La necesidad por insistir en determinados trabajos aleja a ciertos jugadores de poder encontrar su mejor versión y participación en el equipo.

«La etiquetas prematuras pueden romper un vestuario y, a la vez, limitar la competitividad del día a día»

Romper el equipo tiene sentido, sí, pero poco recorrido. Con un horizonte de 42 jornadas o, quizás, 46, el Real Valladolid necesita una plantilla larga y rodada. No es cuestión de rotar y contentar a todos los jugadores pero, tampoco, aprovechar el mayor periodo de trabajo para romper los equilibrios básicos de trabajo de un equipo profesional. Conocer quién va a ser titular en el primer de entrenamiento de la semana o, incluso, antes es ilógico y Almada ha decidido este camino hasta en la pretemporada.

𝟭𝟵𝟴𝟴. 𝘗𝘦𝘳𝘪𝘰𝘥𝘪𝘴𝘵𝘢 𝘥𝘦𝘱𝘰𝘳𝘵𝘪𝘷𝘰 𝘺 𝘦𝘯𝘵𝘳𝘦𝘯𝘢𝘥𝘰𝘳 𝘜𝘌𝘍𝘈 𝘗𝘙𝘖. Creo que en el fútbol todo tiene el término apropiado y un porqué obligatorio. Por ello, desde 2007 llevo entrenando equipos y escribiendo sobre cómo entiendo este deporte