No sé cuál es el nivel de exigencia que se quiere imponer en el Real Valladolid y, sinceramente, me da igual. No es cuestión de entender, analizar y comprender que el nivel del equipo es éste. He considerado, desde el inicio de la temporada, que este vestuario tenía problemas y carencias. Estos eran mucho mayores que las virtudes pero, en ningún caso, esperaba que el conjunto iba a estar descendido con cinco jornadas de antelación y que no se llegaría a los 20 puntos. El Pucela tenía para más, para mucho más, pero diferentes criterios de exigencia y ambición del pasado reciente han desembocado en este dantesco final de temporada.
Pese a que pareciera que se tocó fondo con la derrota (5-1) ante el Real Betis, que supuso el descenso matemático, la penuria blanquivioleta se ha ido aumentando en las últimas semanas por la condescendencia con la que lo han tratado los diferentes rivales. Si bien es cierto que desde hace dos meses los partidos pucelanos muestran una ley de mínimos para superar a los de Álvaro Rubio, las tres últimas jornadas muestran un posible análisis que nada tiene que ver con el resultadismo.
«El Real Valladolid se está defiendo, incluido en este final de temporada, como un equipo impropio para el deporte de alto rendimiento»
Este martes veía la rueda de prensa de presentación de Luis César Sampedro en el Gimnàstic de Tarragona. En ella comentaba que no es importante dejar la portería a cero sino qué haces para no encajar un gol. «No te puedes sentir orgulloso de no encajar si tu portero ha sido el mejor o si el rival ha fallado tres penaltis», aseguraba. Pese a que todo aquello que pueda decir el gallego sea inapropiado en tierras pucelanas, lleva razón y la lleva en un sentido similar al actual Pucela.
Pese a derrotas como las tres últimas, con un marcador ajustado, los problemas pucelanos son los mismos. El equipo se comporta de forma impropia para el deporte de alto rendimiento. Creo que éste es un matiz importante. Se está exagerando el uso de «fútbol profesional» al enfocarlo sólo en las competiciones de LaLiga. El profesionalismo es mucho más, pero el alto rendimiento, no. El Pucela, con todo, está muy lejos de ser un equipo de máximos y de rendimientos elevados. Por ello pierde por la mínima, da por bueno un resultado así y se olvida de que en dos de esos tres partidos el rival le ha remontado y no ha sufrido para mantener la ventaja.
Si bien es cierto que el duelo ante el Girona FC mostró algo más de empuje y coraje que los anteriores, la realidad pucelana se centra en los mínimos que se ven en todos los encuentros. Tanto de un lado como de otro. El Real Valladolid ofrece lo mínimo para que el clima no pueda ser más nocivo y peligroso. Los jugadores muestran cierta imagen y mínimo coraje. No tienen acierto, porque tampoco lo buscan con insistencia, pero sí un lenguaje corporal aceptable. Los rivales, por su parte, no se exprimen para superar al Real Valladolid. No hace falta.
Un rival cómodo
En cualquier planificación física, los duelos contra el equipo de Álvaro Rubio no dejan impacto ni huella. El Pucela es un equipo sin agresividad, sin ambición, sin arrojo…. sin maldad. Es fácil superar a los de Álvaro Rubio y, más aún, mantenerlos lejos del peligro. El Real Valladolid es un equipo muy fácil de adiestrar a tu antojo en un partido. Poco le invita a reivindicarse y, obviamente, a llevar la iniciativa. El equipo y el grupo están acomodados. Viven conformados con la realidad que se han trabajado y ganado. Con ello son un rival fácil, un equipo que no va a hacer daño. Ni física ni futbolísticamente.
«El Real Valladolid es un rival cómodo, un equipo que no va a hacer daño. Ni física ni futbolísticamente»
El Pucela es un rival que está pasando con mucha pena por las últimas jornadas. No podemos equivocar el análisis. No está rindiendo mejor. Ni mucho menos se está «compitiendo». La temporada está demostrando que este grupo es un triste juguete en manos de los rivales, aquéllos que tiene paternalismo con él porque si necesitan hacerle más daño lo harán, pero ven que no es necesario. Con poco se le gana, se le remonta y se le tiene alejado de cualquier peligro.
