Cuando se quiere defender, bajo cualquier circunstancia, a un entrenador, se dice mucho que «él no juega». Los errores individuales en el terreno de juego son supuestamente responsabilidad de los jugadores. Los preparadores son ajenos a ellos. Es una forma de centrar el análisis y la responsabilidad, quitando lastre al banquillo. Creyendo, pese a lo que decía Paco Herrera, que en el fútbol todo se puede trabajar, cada uno tiene su peso en los errores, pero sabiendo quién tiene un protagonismo principal y quién no.
Hay muy pocas voces actualmente que puedan defender a Ronaldo Nazário en el Real Valladolid. Es imposible. Al brasileño ya no le vale ninguno de los argumentos que él mismo ha querido estirar. Las reformas del Estadio José Zorrilla o la mejora de los Campos Anexos son argumentos vacíos para justificar una realidad pobre y llena de oscurantismo. Ronaldo está matando al Club, pero no por ello él es el responsable de todo lo que ocurra en el terreno de juego.
«La gestión de Ronaldo es vergonzosa, pero él no tiene culpa del rendimiento de Luis Pérez, Javi Sánchez o Marcos André»
Él, obviamente, es el culpable de la mala planificación deportiva, pero no lo es del lamentable rendimiento de muchos de sus jugadores. Apostar por jutbolidtas que no han pisado la élite sería una culpa del Club. Hacerlo por otros que ya han vivido LaLiga EASports, no y es ahí donde está fallando el equipo que ahora entrena Álvaro Rubio. Aseguré hace semanas que la situación no iba a cambiar por lo que el Pucela firmase en invierno. Las cinco incorporaciones de enero no iban a cambiar la situación. Ésta debía variar desde el crecimiento de los jugadores que comenzaron la temporada e, incluso, los que tiene un arraigo con el Club.
La gestión de Ronaldo es impropia de alguien vinculado al fútbol. Pese a ello, él no tiene culpa del mal rendimiento de Luis Pérez, Javi Sánchez o Marcos André o, incluso, Stanko Juric, Sellim Amallah o Iván Sánchez. Sí que es cierto que el trato e ínfulas de soberbia que el brasileño inyectó a los jugadores en momentos concretos del pasado pueden haber generado un aura que se está cobrando víctimas ahora, pero la realidad sufrida este domingo en San Mamés es única y exclusivamente de los jugadores.
Parcelas individuales
Son ellos los que, supuestamente, abogaron por la presencia de Álvaro Rubio en el banquillo blanquivioleta y son ellos, ahora, los que quedan retratados y expuestos. El Real Valladolid está descendido y el daño que va a hacer esta temporada es irreparable. Lo es para el Club pero, de momento, no para los futbolistas. Estos pueden decorar o maquillar su realidad y lo deben hacer desde una exigencia que no han encontrado ni conocido hasta el momento.
«Para cambiar la situación se necesita liderazgo y Zorrilla carece de él desde hace meses o, incluso, temporadas»
Recuerdo una frase de Jagoba Arrasate en su etapa en el Club Deportivo Numancia en la que decía que un campo de fútbol «son pequeñas parcelas». Cada uno defiende la suya y tiene que tenerla «limpia». Hasta que la propia no es la más limpia del terreno de juego no se puede mirar a la del resto de compañeros. En este Real Valladolid nadie mira la suya. Todos miran las ajenas y todos quieren desviar el foco de la suya para que las miradas se centren en la de Ronaldo Nazário.
La parcela del brasileño está enmierdada hasta el techo. No está nada limpia ni lo va a estar. A él ya no le interesa limpiar y, ni mucho menos, remangarse para intentarlo. Sabiendo cómo está la zona y la responsabilidad del máximo accionista, la situación obliga a amor propio, a responsabilidad y a profesionalidad. La visita a San Mamés debe cambiar la mentalidad. Por la propia imagen de los jugadores y por el futuro de la entidad. El problema es que para ello se necesita liderazgo y Zorrilla carece de él desde hace meses o, incluso, temporadas.
