Este Real Valladolid está lleno de ilógicas futbolísticas

«El Real Valladolid tiene poca calidad». Ésta es una afirmación muy escuchada en el seno del Estadio José Zorrilla. La situación blanquivioleta se entiende desde los pocos recursos del equipo que, ahora, entrena Álvaro Rubio. El riojano tiene pocas posibilidades futbolísticas, es cierto, pero siempre he defendido que posee más de las que se han utilizado, potenciado y valorado en toda la temporada. El Real Valladolid no tiene una plantilla para estar en la situación en la que está. Ni plantilla ni, sobre todo, jugadores.

«Iván Sánchez no había sido titular en el último mes y apenas había sumado el 12% en los últimos siete partidos»

Sin poder negar que las cualidades del Real Valladolid son limitadas, creo firmemente que este vestuario está desaprovechado. Creo que desde un primer momento está mal gestionado y, con ello y por ello, el rendimiento esta siendo tan nefasto. Pensando, como siempre decía Sergio González, desde la mejor versión de cada uno, el Pucela tiene activos de verdadero nivel e Iván Sánchez es uno de ellos. El empate (1-1) ante la Unión Deportiva Las Palmas ha tenido como gran protagonista. Lo ha conseguido en un duelo en el que no ha sido titular y en una fase en la que no ha tenido peso para el equipo.

Iván Sánchez ha sumado este viernes algo más de media hora, pero no sumaba minutos desde hace tres jornadas. Sin ser titular desde hace más de un mes y con sólo el 12% de los últimos siete encuentros, su situación era ilógica. Lo era antes del rendimiento y lo es, obviamente, tras la aportación sumada ante el equipo grancanario. En el tercio de partido que ha podido sumar, Iván Sánchez ha mostrado ganas, ambición, personalidad e individualidad. En un momento tan crítico como éste, el Real Valladolid necesita jugadores que quieran y necesiten destacar.

Necesidad de él
El clima del Estadio José Zorrilla no invita al optimismo pero, tampoco, al atrevimiento. Pedirla, recibirla y encarar no es fácil. No es sencillo ni habitual, pero Iván Sánchez lo ha hecho este viernes. Ha entrado al terreno de juego en un momento en el que el equipo estaba en el área pero en el que no conseguía cargar los últimos metros. Había presencia, pero era testimonial. Con él, el equipo ha dado un plus y ha conseguido que las acciones en los últimos metros no dejaran opción al contragolpe rival.

«Álvaro Rubio no puede desaprovechar más a un jugador como Iván Sánchez para una situación como ésta»

Con Iván Sánchez en el terreno de juego el Real Valladolid ha sido más fuerte, más consistente y más seguro. Ha firmado una de las mejores fases de juego de la temporada en ataque. Lo ha hecho ante un rival cansado por una inferioridad de más de una hora de juego, pero no hay que olvidar que el que ha firmado media hora de juego consistente, ofensivo y de variantes ha sido el colista, aquél que sumaba seis derrotas consecutivas, gracias al liderazgo de un jugador inexistente en el último mes.

El ’10’ debe tomar mucho más peso en el equipo de cara a las próximas 12 jornadas. El Real Valladolid tiene una necesidad imperiosa de un jugador como él. En un equipo al que le cuesta profundizar, llegar al último cuarto, sumar calidad y tener determinación, un perfil como el del jienense es capital. Iván Sánchez debe sumar y Álvaro Rubio no puede desaprovechar más a un jugador como él para una situación como ésta.

Cuando menos puede valer, más se debería de valorar

Empate en casa, ante un rival de tu nivel y en el que has tenido una superioridad numérica durante más de hora de juego. Los condicionantes al empate del Real Valladolid en la visita de la Unión Deportiva Las Palmas al Estadio José Zorrilla dejan un aroma a decepción, pero, personalmente, me parece un partido interesante para el colista de la competición y para un equipo que acumulaba seis derrotas consecutivas y una victoria en los últimos nueve partidos oficiales.

«Un equipo que llega de ser goleado hace cinco días no puede tener un techo de resultado y sí de intención e ideas»

El Real Valladolid es el peor equipo de la competición por méritos propios. Los pucelanos se han ganado la etiqueta que defiende actualmente con merecimiento. Tanto deportivo como de gestión. El equipo tiene muchas carencias y el Club es un drama. El último ejemplo es ver la manifestación de antes del partido. Ésta ensombrecía el encuentro y, a su vez, lo definía. Es por ello que un equipo que llegaba de ser goleado (7-1) ante el Athletic Club no puede tener un techo de resultado y sí de intención e ideas.

Obviamente, el partido está condicionado por la pronta expulsión de Scott Mckenna pero ésta, lejos de facilitar todo para el Real Valladolid, elevaba una exigencia que este equipo no sabe gestionar en estos momentos. Sumar demandas al equipo de Álvaro Rubio es contraproducente. Pese a que la expulsión del central escocés llegaba con el tanto de Sandro Ramírez en el marcador, la expulsión amarilla no era 100% productiva para los locales. El clima, la situación, el recuerdo del último partido… todo generaba una sensación de presión para un equipo sin carisma.

Cuando no existe fuerza para tomar decisiones y liderar una situación compleja, la exigencia es el peor aliado. Este Real Valladolid quiere y necesita vivir en un perfil bajo y el encuentro no invitó a ello. El momento del Club invita a tener personalidad y, para ello, Álvaro Rubio tiene que dar con los jugadores preparados para ello. Raúl Moro, Iván Sánchez, Florian Grillitsch… Desde ellos se puede llegar a formar un carácter competitivo, como el que ha tenido el equipo en la última media hora ante el equipo de Diego Martínez.

Acoso sin derribo
Sin capacidad para poder cargar el área, el Real Valladolid ha sido vulgar y, ante todo, miedoso. Los pucelanos han necesitado de la individualidad del ’11’ para llevar el partido a un acoso sin derribo sobre la portería rival. La última media hora de juego del colista de la categoría ha sido muy buena. No ha sido propia de un equipo sin argumentos, sin confianza y sin personalidad. Más allá del importante condicionante de la superioridad numérica, los pucelanos han firmado un encuentro para ganar.

La necesidad blanquivioleta de conseguir puntos es altísima pero, antes de ello, el Real Valladolid necesitaba generar recursos y méritos para ganar. Tras varias semanas sin generarlos, la apuesta por los mejores activos para el momento actual y para el duelo en particular han llevado a los pucelanos a sumar un punto, pero a merecer tres. Así, es cierto que sabe a poco un empate, pero por cómo estaba el equipo y por cómo llegaba, el empte, a mal que sepa, más se debe valorar.

La responsabilidad de Javi Sánchez es máxima

Hablando de responsabilidad, hay que centrarse en los jugadores. La situación vivida este domingo en la bochornosa derrota (7-1) en el Estadio de San Mamés señala a los futbolistas. Dentro del vestuario, la responsabilidad es compartida, pero no a partes iguales. Hay activos con un peso mayor porque la expectativa y la exigencia no era igual para todos.  A cada uno hay que exigirle dentro de su papel y, ahí, Javi Sánchez es uno de los jugadores más expuestos.

¿Por qué la exigencia sobre el ‘5’ es mayor? Porque la merece. Javi Sánchez es un gran jugador. Creo que es uno de los mejores activos de Real Valladolid. Tiene formación, base, realidad y margen de mejora. Es un jugador de enorme potencial que, puliendo detalles y regateando lesiones, puede llegar a cotas mucho más altas de las que puede aspirar el Real Valladolid ahora. Además, ésta era una campaña muy importante para él.

Exigencia merecida
Tras disputar sólo seis duelos en el ascenso blanquivioleta, la suya era una exigencia alta porque todas las connotaciones de la temporada señalaban a un perfil como el suyo. Javi Sánchez es un jugador formado y preparado para la exigencia. Está educado para tener liderazgo y está hecho para responder a cualquier situación. La formación en el Real Madrid le prepara para ello. Nada de lo que se está encontrando actualmente puede sorprenderle pero, con todo, está mostrando un nivel muy débil.

El rendimiento siempre se debe analizar desde las expectativas. Pedir que Javi Sánchez liderara el Real Valladolid este año no era una exageración. Cumpliendo 28 años, en su sexta temporada en el Estadio José Zorrilla y con contrato hasta 2026, el de Getafe tenía todos los ingredientes para salir poderoso de esta temporada pero, por desgracia, su responsabilidad en que el equipo sea colista es máxima.

«Ronaldo Názario ya no juega. Él no ataca ni defiende»

Cuando se quiere defender, bajo cualquier circunstancia, a un entrenador, se dice mucho que «él no juega». Los errores individuales en el terreno de juego son supuestamente responsabilidad de los jugadores. Los preparadores son ajenos a ellos. Es una forma de centrar el análisis y la responsabilidad, quitando lastre al banquillo. Creyendo, pese a lo que decía Paco Herrera, que en el fútbol todo se puede trabajar, cada uno tiene su peso en los errores, pero sabiendo quién tiene un protagonismo principal y quién no.

Hay muy pocas voces actualmente que puedan defender a Ronaldo Nazário en el Real Valladolid. Es imposible. Al brasileño ya no le vale ninguno de los argumentos que él mismo ha querido estirar. Las reformas del Estadio José Zorrilla o la mejora de los Campos Anexos son argumentos vacíos para justificar una realidad pobre y llena de oscurantismo. Ronaldo está matando al Club, pero no por ello él es el responsable de todo lo que ocurra en el terreno de juego.

«La gestión de Ronaldo es vergonzosa, pero él no tiene culpa del rendimiento de Luis Pérez, Javi Sánchez o Marcos André»

Él, obviamente, es el culpable de la mala planificación deportiva, pero no lo es del lamentable rendimiento de muchos de sus jugadores. Apostar por jutbolidtas que no han pisado la élite sería una culpa del Club. Hacerlo por otros que ya han vivido LaLiga EASports, no y es ahí donde está fallando el equipo que ahora entrena Álvaro Rubio. Aseguré hace semanas que la situación no iba a cambiar por lo que el Pucela firmase en invierno. Las cinco incorporaciones de enero no iban a cambiar la situación. Ésta debía variar desde el crecimiento de los jugadores que comenzaron la temporada e, incluso, los que tiene un arraigo con el Club.

La gestión de Ronaldo es impropia de alguien vinculado al fútbol. Pese a ello, él no tiene culpa del mal rendimiento de Luis Pérez, Javi Sánchez o Marcos André o, incluso, Stanko Juric, Sellim Amallah o Iván Sánchez. Sí que es cierto que el trato e ínfulas de soberbia que el brasileño inyectó a los jugadores en momentos concretos del pasado pueden haber generado un aura que se está cobrando víctimas ahora, pero la realidad sufrida este domingo en San Mamés es única y exclusivamente de los jugadores.

Parcelas individuales
Son ellos los que, supuestamente, abogaron por la presencia de Álvaro Rubio en el banquillo blanquivioleta y son ellos, ahora, los que quedan retratados y expuestos. El Real Valladolid está descendido y el daño que va a hacer esta temporada es irreparable. Lo es para el Club pero, de momento, no para los futbolistas. Estos pueden decorar o maquillar su realidad y lo deben hacer desde una exigencia que no han encontrado ni conocido hasta el momento.

«Para cambiar la situación se necesita liderazgo y Zorrilla carece de él desde hace meses o, incluso, temporadas»

Recuerdo una frase de Jagoba Arrasate en su etapa en el Club Deportivo Numancia en la que decía que un campo de fútbol «son pequeñas parcelas». Cada uno defiende la suya y tiene que tenerla «limpia». Hasta que la propia no es la más limpia del terreno de juego no se puede mirar a la del resto de compañeros. En este Real Valladolid nadie mira la suya. Todos miran las ajenas y todos quieren desviar el foco de la suya para que las miradas se centren en la de Ronaldo Nazário.

La parcela del brasileño está enmierdada hasta el techo. No está nada limpia ni lo va a estar. A él ya no le interesa limpiar y, ni mucho menos, remangarse para intentarlo. Sabiendo cómo está la zona y la responsabilidad del máximo accionista, la situación obliga a amor propio, a responsabilidad y a profesionalidad. La visita a San Mamés debe cambiar la mentalidad. Por la propia imagen de los jugadores y por el futuro de la entidad. El problema es que para ello se necesita liderazgo y Zorrilla carece de él desde hace meses o, incluso, temporadas.

Ni Ronaldo ni Pezzolano son culpables de San Mamés

Siempre he asegurado que José Luis Mendilibar cambió mi forma de ver el fútbol. Su primera temporada en el Estadio José Zorrilla me hizo ver este deporte desde un prisma futbolístico. Desde aquel momento, en cierta medida, empecé a analizar el juego. El vasco cambió la forma de verlo y Jose Mourinho, en otra parte, la de analizarlo. El portugués, en muchos momentos, utiliza la sencillez y la simpleza más absoluta y estos son los rasgos que necesita el Real Valladolid actualmente.

La derrota (7-1) del equipo de Álvaro Rubio en el nuevo Estadio de San Mamés es dolorosa, pero es, a la vez, muy fácil de entender y analizar. El Real Valladolid estuvo superado en todo lo que se vivió en el estadio bilbaíno. El Pucela y todos y cada uno de los jugadores que forman este equipo no fueron merecedores de la categoría. Para analizar los detalles hay que estar en el campo y ver el juego en directo. Éste te ofrece muchas respuestas. Pese a no estar en el campo rojiblanco, el Pucela demostró y confirmó muchas de sus carencias.

«Destituido Paulo Pezzolano, el equipo no ha mejorado. Ha empeorado y muchos jugadores se han visto más expuestos que nunca»

El Real Valladolid fue humillado deportivamente porque está roto. Sin más. El equipo ya no es que sea una sombra de lo que fue, sino que los jugadores son un retal de lo que pueden llegar a ser. ¿Por qué? Por la falta de exigencia, la necesidad de acomodarse y la nula ambición. Es fácil, ahora, llevar razón, pero los argumentos que definen esta situación se sostienen en muchos momentos de la temporada y, posiblemente, desde el verano.

La principal razón por la que el Real Valladolid fue humillado en San Mamés fue por el ascenso del pasado mes de mayo. El resultadismo tras el éxito. Conseguir el objetivo tapó muchas carencias y situaciones que, ahora, están explotando. De la misma forma, muchos jugadores están expuestos y están mostrando sus carencias porque ya no tienen escudo. Destituido Paulo Pezzolano, el equipo no ha mejorado. Es más, sin el uruguayo se ha empeorado y muchos jugadores se han visto más expuestos que nunca.

Ingredientes significativos
Situaciones como las que se han vivido en las últimas semanas con Luis Pérez son fruto de la temporada pasada. El ‘2’ nunca debió empezar esta temporada. La suya es una etapa finalizada que sólo se sostiene porque el equipo consiguió el ascenso y porque Pezzolano, muy posiblemente, tapó muchos de sus problemas y carencias la temporada pasada. El resultadismo por el ascenso tapó muchos problemas que, ahora, florecen. El andaluz es un ejemplo, pero no el único. Como él Javi Sánchez, Marcos André e, incluso, Anuar Tuhami.

«Álvaro Rubio es un perfil cómodo para el vestuario, fácil para el Club, pero irresponsable para la situación general»

El ceutí es todo corazón y sentimiento, pero la situación no obliga a agarrarse el escudo y sí a liderar. Este Real Valladolid no tiene líder y por ello, muy posiblemente, Pezzolano tuvo que adquirir ese perfil hace un año. El uruguayo se puso solo frente al mundo exterior y dejó que le partieran la cara. Los futbolistas, por su parte, estaban tranquilos, situación que quieren recuperar con Álvaro Rubio. El riojano es un perfil cómodo para el vestuario, fácil para el Club pero irresponsable para la situación general.

Si el vestuario no tiene ni el liderazgo ni el carisma que requiere la situación, el entrenador debe asumir la responsabilidad. Así, Álvaro Rubio no es lo que demanda la actualidad. Sí, como tanto se lee, el riojano era la gran demanda del equipo, el problema es mayúsculo. La utilización que se va a hacer de una figura de peso en la historia blanquivioleta y de un entrenador en formación por jugadores terminados en su etapa en Zorrilla o que están viviendo un paso testimonial por la capital del Pisuerga lo confirma todo.

Con todo se ratifica el porqué de la derrota en San Mamés. Si en una coctelera juntas a jugadores con contrato hasta 2027 que están vetados por el Club, un preparador solicitado por el vestuario pero en un momento contraproducente para la entidad, activos sobre el campo con una dejadez absoluta, otros con una imposibilidad psicológica para rendir y unos pocos más lejanos a una versión digna de su nivel o, incluso, del profesionalismo, el marcador es tan duro como el que se vio (y mereció) este domingo.

Ronaldo Nazário lo está haciendo mal, sí, muy mal, pero lo vivido en Bilbao lo firmaron los jugadores y un cuerpo técnico que conocía a la perfección a quién puso y por qué. Álvaro Rubio miraba, seguro, de reojo los entrenamientos de Diego Cocca. Imaginaba qué haría él si volviera a subir al primer equipo. No necesitó aclimatación, pero vivió un día duro por un resultado merecido. Nadie estuvo a la altura.

El bochorno de San Mamés no es sólo futbolístico

Encajar siete goles es muy duro, pero, como en todo en la vida, hay que contextualizar. No todas las goleadas sientan igual de mal y no todas las goleadas significan lo mismo. En esta ocasión, la imagen del Real Valladolid en el Estadio de San Mamés confirma el declive institucional de la entidad. Si esta semana afirmaba que es «imposible» poder defender al Club, tras Bilbao queda claro que es imposible poder pensar que el Club no está muerto y enterrado.

«Volver a Sn Mamés es una ilusión muy lejana para el club blanquivioleta. En las condiciones actuales es imposible»

El problema del Real Valladolid no es de una derrota así, ni mucho menos. El verdadero problema del Real Valladolid es lo que significa esa derrota. Perder como se ha perdido y con los detalles que se han hecho es la sentencia definitiva del Club tal y como lo hemos conocido hasta la fecha. El Estadio de San Mamés es precioso. Para todo al que le gusta el futbol es un lugar con personalidad. Entorno, ambiente, clima… Todo lo que engloba al estadio rojiblanco es diferente. Esa sensación de fútbol con un aroma único es tan innegable como va a ser desconocida para el Real Valladolid.

Volver al estadio vasco es una ilusión muy lejana para el club blanquivioleta. En las condiciones actuales es imposible. Comienza una nueva era de la que no se sabe nada y de la que se espera lo peor. Son muchas las entidades que han vivido lo que está sufriendo el Real Valladolid ahora y muy pocas han salido victoriosas de ellas. El Estadio José Zorrilla está viviendo una temporada como fue la pandemia para la sociedad. En aquel momento, con confinamiento incluido, nos vendieron que «saldríamos más fuertes», pero nada más lejos de la realidad.

Una nueva etapa
La actualidad pucelana es similar. Nada de lo sufrido ahora va a hacer que el Club sea más fuerte o que la afición esté más unida. Todo esto define el declive de una institución que debe ser variada en todo. Una pandemia cambia una sociedad y las formas de vida. El paso de Ronaldo Nazário por el Real Valladolid es similar. Ha debilitado todo lo que ha tocado y ha dejado menos profesionalizado lo que se encontró.

«Ronaldo menospreció la historia pucelana y, ahora, dejará una institución devorada y devaluada»

El brasileño va a dejar el Real Valladolid menos realista de lo que encontró. Ronaldo compró una entidad que había normalizado perder y que celebraba ascensos de forma rutinaria para dejar una que normaliza descender y que desconoce donde están sus orígenes y sus señas de identidad. «Aquel que no conoce su pasado está condenado a repetirlo», se dice en muchas ocasiones. Ronaldo ignoró y menospreció la historia de su entidad para crear un nuevo Club pero, ahora, dejará una institución devorada, devaluada y obligada a empezar una nueva etapa.

Pese a todo, Álvaro Rubio tiene crédito ilimitado

Me hubiera encantado conocer, realmente, los motivos por los que Álvaro Rubio no ha sido presentado oficialmente como entrenador del Real Valladolid y por los que el riojano no ha sido, ni tan siquiera, confirmado oficialmente como preparador del primer equipo. Hay algo detrás, obviamente. Desconozco si contractual, económico y administrativo. Hay un detalle que evita poder anunciar quién va a ser el entrenador hasta finales del mes de mayo.

«Deportivamente, no hay solución y, por ello, Álvaro Rubio tiene crédito ilimitado hasta final de temporada»

No es posible anunciarlo y, además, es hasta contraproducente. Antes de visitar el Estadio de San Mamés parecía obligatoria pero, ahora, tras vivir un ridículo vivido, el enfoque puede cambiar. Es complicado entender o vislumbrar qué va a ser del Estadio José Zorrilla en unos meses. Todos los puestos y estamentos están en el aire. Hay, incluso, un cambio de propiedad que lo podría cambiar todo. El Pucela se debe definir en uno de los momentos más delicados de su historia y en una fase en la que no hay capacidad de maniobra.

Deportivamente, no hay solución y, por ello, Álvaro Rubio tiene crédito ilimitado. Pese a que la derrota en Bilbao tenga y deba tener una repercusión sobre el entrenador, tal y como se ha enfocado sobre Paulo Pezzolano y Diego Cocca, el momento blanquvioleta lo lastra todo. El Club está muerto y, por ello, Álvaro Rubio va a terminar la temporada. Las próximas 13 jornadas van a estar acompañadas de la firma del riojano y de su más que posible salida del Club.

El perfil de Álvaro Rubio
La situación es tan delicada que no respeta a nadie y va a poder terminar con la historia de más de 300 partidos de Álvaro Rubio como jugador blanquivioleta. Visto y analizado por lo que fue como futbolista, el actual preparador pucelano va a tener que salir del Estadio José Zorrilla por la puerta de atrás. Lo va a hacer sin ser responsable ni culpable, pero sí por ser cómplice. Es difícil decir que no a entrenar en la élite del fútbol español y más siendo un entrenador de la casa, pero Álvaro Rubio no es el perfil que demanda la situación.

«El Real Valladolid está muerto. Sólo un milagro le va a salvar de poder vivir un futuro medianamente creyente»

El Real Valladolid está muerto. Sólo un milagro le va a salvar, pero no de mantener la categoría sino de poder vivir un futuro medianamente creyente. Ese hilo de esperanza se basa en el perfil del entrenador hasta mayo. Éste debe ser de personalidad, de carisma y de fuerza. El preparador pucelano debe tener arrogancia y debe ser hasta maleducado.

Con una versión de sinceridad que es hasta grosera, el Real Valladolid señalará sus verdaderos problemas y, sólo así, podrá crecer o, como poco, respetarse. Ese perfil en el banquillo es necesario, pero, pese a ello, el Club ha optado un estilo más acorde a sus necesidades y a las demandas del vestuario. Elocuente. Tristemente elocuente.

Resulta imposible poder defender al Real Valladolid

Recuerdo que en la Facultad tenía un profesor que decía que no era malo ir contracorriente, que no «a contracorriente». «No siempre hay que pensar como todos. Es, en muchas ocasiones, bueno analizar por qué una opinión es común. En múltiples ocasiones es porque esa es la opinión fácil, pero no la elaborada», venía a decir. Muchas veces pienso en ello como en aquel fotógrafo que busca otro lugar al habitual porque quiere un enfoque diferente. Intento ser profundo en el análisis sobre el Real Valladolid, pero no es fácil. Creo que todo es más fácil y todo parte del abandono y la dejadez.

«El último esperpento del Real Valladolid es que Álvaro Rubio se ha confirmado a él como entrenador hasta final de temporada»

Analizar la situación actual del Club sin parecer un aficionado ultra es difícil. Es tremendamente complicado poder defender al Real Valladolid. Es imposible poder entender esta situación. Lo es porque es insostenible y esperpéntica. El último capítulo ha llegado este viernes cuando Álvaro Rubio ha confirmado que va a ser el entrenador del primer equipo hasta el final de temporada. Ya no es que no tengo una rueda de prensa oficial sino que el Club, a estas alturas, no haya sabido comunicarlo.

Ya no hablo de las formas, que también, sino del contenido. El Club no tiene ni un líder ni un guion. El Real Valladolid está muy tocado. ¡Está abandonado! Y lo está en todos los ámbitos. Lo fácil es mirar el deportivo, pero el Club está debilitado en todas sus líneas. Hay tantos frentes ilógicos e irresponsables que no sé por dónde empezar. Intento mirar el detalle, que habitualmente es el que te da la respuesta que te falta, pero tampoco es posible.

Responsabilidad
No sé cuándo se ha perdido la noción de la realidad en el Estadio José Zorrilla ni, ante todo, por qué, pero la realidad es que desde el Club se muestra una situación extremadamente compleja. En febrero, por ejemplo, el entrenador ha asegurado que el Club le insta a no utilizar a dos jugadores con contrato hasta 2027. Lo anuncia él y lo hace sin poder explicar por qué. El oscurantismo llega a ser uno de los grandes problemas de la entidad. Es una carencia importante, pero no la única.

La apuesta por Álvaro Rubio no tiene fundamentos deportivos. No los tiene, pero, tampoco, se han querido ofrecer. No se quiere dar la cara, algo tan impensable como irresponsable. La entidad está desestructurada. No es cuestión de señalar a las personas, pero sí a los cargos y a las responsabilidades. Este miércoles fue oficial la salida de Matthieu Fenaert, CEO del Club, y con ella los comentarios fueron los esperados. Se le criticaba por «no hacer nada» y por «no dar la cara». Su cargo está para, obviamente, ser productivo pero él, quizás, no.

«No se ve capacitado para su cargo», leía. Para ostentar ese cargo sí estaba capacitado y preparado, pero para las responsabilidades que conlleva, no. De la misma forma, el portavoz oficial del Club. No es lógico que éste no haya hablado más que para (intentar) salvar la imagen del Club tras la salida de Juma Bah. Desde entonces, nada. Ni él ni nadie, pero él es responsable en este momento. Él es el que debe dar la cara. El portavoz oficial del Real Valladolid no habla en un momento en el que debe dar muchas respuestas. ¡Incomprensible!

No es cuestión de proyecto
Inesperadamente, el Estadio José Zorrilla ha señalado a un entrenador ‘interino’ como el portavoz oficial. Desde este viernes, la imagen del Real Valladolid es Álvaro Rubio. ¡Para todo! El movimiento es fácil o, mejor dicho, facilón. Colocar a un exjugador de su peso en el Club y en la ciudad es fácil. Es tan cómodo como irresponsable. Que él haya hecho oficial su evolución al primer equipo es ridículo. Que él haya confirmado los problemas con Amath Ndiaye y Robert Kenedy ya no es fácil. Es ridículo.

Ridículo, patético, incomprensible, vergonzoso, ilógico… Los términos con los que se puede definir los movimientos del Real Valladolid llevan un camino en el que un descenso no es un final, sino un principio. El Real Valladolid está muerto. En todo. Hace tiempo el plano deportivo podía ser un excepción, pero las carencias, la degradación y la mediocridad se han contagiado. La historia del ‘manzana podrida’ se ha cumplido en el Estadio José Zorrilla y la dejadez se ha apoderado de toda la entidad.

«Escudándose en quién fue como jugador y en el cariño que se le tiene por aquella etapa, el descabezado Real Valladolid se aferra a Álvaro Rubio»

De esta forma, en las próximas semanas la imagen y la responsabilidad va a ser Álvaro Rubio. Escudándose en quién fue como jugador y en el cariño que se le tiene por aquella etapa, el descabezado Real Valladolid se aferra a él. Se agarra a él para que desde él se frene la crispación. No se va a reducir pero, al menos, no debe crecer. El Club quiere que no vaya a más. Este enfoque no es cuestión de tener o no  proyecto. El momento habla de una cuestión de tener o no vergüenza y dignidad porque la realidad va a quemar al Álvaro Rubio entrenador y no es propia para el Álvaro Rubio leyenda del Club.

Diego Cocca se ha ido sin conocer a Ronaldo Nazário

Hay situaciones que demuestran el declive de la realidad del Real Valladolid y Diego Cocca lo ha vivido en persona. Hace unas pocas temporadas, un jugador o un entrenador no se sentía blanquivioleta hasta que no se hacía (y publicaba) una foto con Ronaldo Nazário. El brasileño era la imagen y, desde él, se generaba una tendencia y una comunicación medianamente abierta.

Esta claridad se ha ido perdiendo hasta llegar a la dura y triste realidad actual. En estos momentos, nada sucede desde el brasileño. Su intención es no firmar ningún movimiento ni actividad para evitar comentarios y, así, poder dañar su imagen. Ronaldo se ha convertido en una figura al más puro estilo de Peter Lim. Vive alejado, física y figuradamente, del Club pero exige reuniones presenciales. Las decisiones relevantes del Valencia CF se toman en Singapur, pero no porque las tome el propio Lim, que también, sino porque exige la presencia de sus trabajadores.

Grandes heridas
En las últimas semanas ha ocurrido lo mismo con el exdelantero. Él ha requerido la presencia de Matthieu Fenaert en Brasil. Lo ha hecho en un momento crítico , pero en el que el Club tenía un entrenador ‘nuevo’. Diego Cocca apenas ha sumado 60 días como blanquivioleta y en ese tiempo no ha conocido al máximo accionista o, al menos, no ha trascendido nada. Ese detalle es elocuente del momento que vive el Club.

La imagen de Ronaldo no se quiere vincular con el colista de LaLiga EASports, de la misma forma que el Club no ha tenido confianza sobre Diego Cocca. La credibilidad con el argentino ha sido limitada y, por ello, no se le ha tratado como sí se hizo con los antecesores. No ha sido por él, que también, sino por el declive de una entidad herida de muerte.