El resultado y las formas. En el fútbol se analiza o, al menos, se debería analizar desde ambos aspectos y de forma independiente. Incluso en el caso del actual Real Valladolid que, por momentos, se quiere agarrar a algún clavo ardiendo pero no consigue aferrarse a ninguno. Tras la visita del Real Madrid al Estadio José Zorrilla es difícil poder aferrarse a uno de los dos conceptos pese a que ninguno deje una sensación tremendamente mala. Sin ser exageradamente negativo el resultado ni las formas, la situación y la tendencia pucelana lo puede todo.
«El vestuario del Real Valladolid está vivo y Zorrilla, enganchado, pero ambos piden alimento a la mayor brevedad posible»
La expectativa que había con el equipo antes del duelo era paupérrima. La situación es tal en el equipo que la convocatoria lo dice todo. Con ello, la honestidad decía que el Real Valladolid iba a vivir una tortura con la visita del líder de la categoría, pero no. Sin ser un partido tranquilo ni un duelo con demasiadas opciones, la sensación tras el juego no es mala. No lo es ya no por el partido sino por el miedo que había en la previa. Minutos antes del inicio, muchos hubieran firmado el resultado final y, sobre todo, la puesta en escena de los de Diego Cocca.
Es tan poco lo que se puede al equipo que todo lo que llega y/o aparece resulta gratificante. Analizar la previa era recordar el duelo ante el Atlético de Madrid. Recordar el último encuentro de Paulo Pezzolano en Valladolid es sinónimo de un tremendo escalofrío. En esta ocasión, el resultado no se ha llevado mucha distancia, pero las formas, sí. Pese a que la sensación de que el Real Madrid no pisara el acelerador al 100% es innegable, la imagen del Pucela no ha sido la de dejadez que se vio aquel día.
Necesaria reflexión
Si tras aquella derrota la decisión fue unánime y directa, el encuentro de este sábado invita a la reflexión y la exigencia. El vestuario del Real Valladolid está en un proceso de querer y éste es un argumento que el Club debe estirar lo máximo posible. Sin casi herramientas ni posibilidades, el equipo quiere o, al menos, lo intenta. Pese a verse superado por el rival, las obligaciones y las necesidades quedan corroboradas. Los mínimos de un partido de élite se han visto. No son argumentos que se puedan estirar en exceso, pero sí situaciones que invitan a exigir a la entidad.
El Real Valladolid demanda refuerzos y los necesita ya no por una cuestión de imagen, decoro y mínimos sino porque existen ciertas o mínimas posibilidades. El equipo se quiere levantar, pero en muchos momentos no sabe cómo hacerlo. Este vestuario tiene pequeños síntomas que el Club no puede dejar morir. La energía de la victoria (1-0) ante el Real Betis aún existe en el vestuario y el entorno, pero se comienza a disimular y difuminar. Esa llama hay que reactivarla porque el vestuario está vivo y Zorrilla, enganchado, pero ambos piden alimento a la mayor brevedad.
«La energía de la victoria ante el Real Betis aún existe en el vestuario y el entorno, pero se comienza a disimular y difuminar»
Diego Cocca necesita argumentos y piezas para dar un ritmo mayor al equipo y un plus a los partidos. Los encuentros se hacen muy largos al equipo. Le ocurrió en Cornellá y ante el Real Madrid. El Real Valladolid quiere aumentar el nivel de exigencia, pero, para ello, Domingo Catoira debe estar acertado y el Club generoso. El momento del equipo no ha terminado, es cierto, pero no se puede alargar más. La competición no espera más.
