Hace unos pocos días, no muchos, escuchaba unas declaraciones de Santiago Cañizares sobre la actualidad del Valencia CF que bien valen para la del Real Valladolid. El exportero detallaba la actualidad valencianista desde la crítica a la «luz corta» con la que se analiza al Club y creo que él, sin mencionarlo en exceso, da con la clave del problema del equipo ché, que es, a la vez, el del blanquivioleta. Por un lado está el problema del Club y por el otro el del primer equipo. Parecen sinónimos, pero no lo son porque con uno se analiza la actualidad social y con otro, la deportiva. Ambas son muy diferentes, pero sobre las dos reina el corto plazo o lo que Cañizares define como «luz corta».
«El verdadero proyecto y gestión de Ronaldo Nazário se comenzó a ver en 2021 tras el descenso y sin protagonistas del pasado»
Creo que en el seno del Real Valladolid se ha analizado de una forma muy similar a Valencia. Ronaldo Nazário está actuando de una forma en la actualidad que no es muy diferente a la de otras temporadas o, incluso, que no se distancia mucho de cómo se ha movido desde su llegada al Estadio José Zorrilla. El problema principal está en cómo de mal está el equipo. Obviamente, ésta es una gestión obligada o aprobada por el brasileño pero que se ha gestionado bajos unos patrones muy similares en toda esta etapa. El problema principal ha sido el tiempo que lo deportivo ha eclipsado lo social. Ronaldo ha utilizado diferentes escudos que, ahora, se han agotado.
Siempre he pensado que el verdadero proyecto de Ronaldo se empezó a ver tras el descenso de 2021. Sin Sergio González ni Miguel Ángel Gómez, contratos del pasado, el brasileño comenzó a trabajar en la improvisación y el oscurantismo, pero el equipo, poco a poco o de forma muy tímida, iba sacando resultados. Todo se tapaba desde el corto plazo deportivo. Llegó José Rojo, Pacheta, e inyectó optimismo, por ejemplo. El equipo ascendió y, ahí, se olvidaron muchos de los problemas. Al año siguiente se descendió, pero esa fue una batalla de la que el brasileño salió casi de puntilla. El culpable, el responsable y el señalado era Paulo Pezzolano. El análisis era única y exclusivamente sobre el apartado deportivo, pero no sobre el declive institucional que se estaba viviendo.
Larga mira y largo plazo
En un momento social inmejorable, Ronaldo comenzó a romper su proyecto. En los primeros años, gustara más o menos, había un portavoz que se acercaba a la realidad de un club humilde. David Espinar comenzó siendo un buen reflejo de lo que necesita en Club pero, poco a poco y coincidiendo con las primeras críticas, el Estadio José Zorrilla se le hizo pequeño. En exigencia, en miras o en ambición. De la forma que fuera, la «mano derecha» del Ronaldo se fue esfumando y, sin él llegó la opacidad total al Club. Aquel que tiene mucho que explicar, se esconde y, por momentos, hasta se marcha. Eso ha ocurrido con el grupo de trabajo de Ronaldo.
«Son muchos los argumentos para ver y entender que el Pucela estaba siendo abandonado e ignorado por su máximo accionista desde hace meses»
La web oficial del Real Valladolid sigue señalando a David Espinar o Matthieu Fenaert como integrantes del Consejo de Administración pero hace tiempo que no se sabe nada de forma oficial de ellos en clave blanquivioleta. Ésta no es una apreciación de la actualidad sino de hace bastantes meses. El Club se ha ido diluyendo o desintegrando, según se quiera ver, de forma progresiva en las últimas temporadas pero, ahora, el análisis se multiplica porque toda esa dejadez, abandono o indiferencia se nota de forma clara en el equipo. Diego Cocca ha recibido en diciembre una plantilla inacabada. El vestuario es un plantel con deficiencias importantes en determinadas posiciones.
El talento se puede cuestionar, pero el número y las demarcaciones, no. El Real Valladolid tiene un vestuario por terminar, como lo es, desde hace más de diez meses, el Club. Una ampliación de capital cuestionable y demandada, un presidente desaparecido, proyectos paralizados… Son muchos los argumentos para ver y entender que el Pucela estaba siendo abandonado e ignorado por su máximo accionista, pero el foco sólo estaba en el apartado deportivo. Cuando éste tiene un color tremendamente negativo, como es actualmente, el resto destaca más, pero no debe ser así. El Club no está en declive porque el equipo esté mal. Es al revés. El proyecto deportivo es nulo porque el Club está desangelado y, quizás, para entender este matiz la luz no debe ser «corta», como decía Cañizares y sí larga. De mira y de plazo.

