Pezzolano y la utilización de los recursos existentes

Tres partidos y tres puntos. Más allá de la clasificación, totalmente intrascendente a finales de agosto, el Real Valladolid suma dos derrotas consecutivas y la sensación de ser un equipo ilógico. A nivel futbolístico, los blanquivioleta son un conjunto sin identidad o, al menos, sin compresión del estilo que quiere imponer Paulo Pezzolano y su extenso cuerpo técnico. El propio entrenador uruguayo aseguraba en la rueda de prensa tras perder (0-2) ante la Agrupación Deportiva Alcorcón que la derrota «era suya», y es verdad. No se puede negar que el responsable del encuentro perdido y de la mala imagen del equipo es el propio entrenador.

¿Por qué es Pezzolano el máximo responsable de la mala imagen del pasado sábado? No se trata de un tópico de entrenador y sí de una responsabilidad por no conseguir adecuarse a los jugadores y a los momentos que estos viven. Dejando a un lado la victoria (2-0) ante el Sporting de Gijón, no por los tres puntos sino por la débil versión del equipo asturiano, ante los alfareros y en Zaragoza se ha visto un equipo de autor. El Real Valladolid ha tenido una idea clara, pero una propuesta ilógica para los jugadores que tiene el equipo ahora y, ante todo, irresponsable por el momento individual de varios de ellos.

Pezzolano ha destacado su idea por encima de sus jugadores y, por ello, el duelo ante la Agrupación Deportiva Alcorcón fue como fue. Los pucelanos se desangraron ante los madrileños por la mala utilización de los recursos existentes. Sin saber explotarlos, los jugadores crearon batallas individuales y por ellas los espacios generados fueron los principales enemigos pucelanos. El Real Valladolid pareció un equipo poco trabajado. Lo fue por la poca creencia de los jugadores en los objetivos marcados y por la apuesta por jugadores sin rodaje ni un buen estado físico. El juego exterior es el mejor ejemplo de estos problemas.

Entendiendo que el equipo tiene bien trabajados los automatismos con balón, tengo claro que Pezzolano no ha valorado todas las consecuencias de estos movimientos y de su idea. Ahí está el principal problema, pero no el único. En Zaragoza, en las cabinas de prensa, los periodistas locales cuestionaban sobre la salida de balón blanquivioleta. «Está haciendo la de Pep Guardiola con Philipp Lahm», me dijo uno de ellos. Los detalles son parecidos, pero la diferencia, abismal. El catalán proponía desde y por el alemán. Pezzolano, no. Da igual que el lateral izquierdo sea Sergio Escuero o Lucas Rosa. Es más: ¡es indiferente quién esté por delante!

Derrotas y heridas
La exigencia que la propuesta de Pezzolano hace sobre el extremo izquierdo es muy alta. Mucha de la salida del equipo pasa por él y por la altura en la que consiga recibir. Tunde había generado ciertas dudas en los dos primeros duelos, pero conseguía unir al equipo. Robert Kenedy, no. El estado de forma del brasileño conlleva pocas exigencias, pero Pezzolano le dio muchas responsabilidades. Marcó en él la exigencia de la amplitud, la verticalidad e, incluso, las transiciones defensivas. El resultado fue el visto. Un equipo débil y roto, que no tenía respuesta ni convicción. No las tenía porque la idea ejecutada no está engrasada y porque, principalmente, la idea de juego no se adecua a la realidad blanquivioleta.

Este martes, en la tertulia de Directo Marca Valladolid, aseguré que así es «imposible» que el Real Valladolid pueda ganar así a la Agrupación Deportiva Alcorcón. A los madrileños y a cualquiera. ¿Tiene mejor plantilla el Pucela que el rival? Sí, rotundamente, pero no bien utilizada. Sin un buen uso de los recursos existentes, cualquier equipo hace aguas y el Real Valladolid es el mejor ejemplo. Pezzolano tiene muy claro qué quiere, pero no elige bien con quién. O mejor dicho: al revés. Tiene jugadores y momentos, pero no un estilo para ellos.

Es debatible el estilo y las consecuencias que genera pero, ante todo, es criticable que no tenga los jugadores más idóneos para ello. Pese a que éste sea un debate antiguo, el uruguayo ha apostado más por su idea que por sus jugadores y el equipo, poco a poco, se rompe. Sin adecuarse a la plantilla y a su nivel, el vestuario perderá la confianza en el entrenador y en ese momento, la temporada estará sentenciada. Ahora mismo, esa sentencia está más cerca de lo que parece porque el Real Valladolid ha sufrido mucho más que dos derrotas. Se están abriendo heridas de juego contra su entrenador y, habitualmente, estas no cicatrizan.

Quizás Luis Pérez no tiene hueco en el Real Valladolid

Recuerdo que tenía un jefe que me recomendó no utilizar el término «rumor». Según él, determinar así una información resta trascendencia al contenido. Tristemente, el mundo del fútbol está lleno. «Me llega», «me cuentan»… Éste es el anticipo del rumor, tal y como ocurrió hace unas semanas con Luis Pérez. Desde diferentes puntos aseguraron que el ‘2’ no contaba para Paulo Pezzolano. Es más, llegaron a transcribir declaraciones de un jugador que ha sido titular en los tres partidos oficiales de la temporada.

El andaluz cuenta, hasta la fecha, con la confianza de Paulo Pezzolano, aunque ésta tiene detalles y mucho matices. El uruguayo confía en el lateral derecho porque lo ha puesto como titular, pero no por ofrecerle un estilo en el que esté cómodo. En su cuarta temporada en el Estadio José Zorrilla y tras 116 partidos, Luis Pérez ha demostrado qué tipo de lateral es y qué necesita para destacar. Nada de lo que a él le ayuda a ser diferencial está en el planteamiento de Pezzolano, pero, en cambio, sí todo lo que saca sus carencias.

La propuesta de balón actual no deja en evidencia sólo a Roberto Kenedy en el extremo izquierdo o las transiciones defensivas en el perfil izquierdo. Luis Pérez está muy señalado tras los primeros 270 minutos por un entramado de juego que muestra su peor versión y que le limita para explotar sus virtudes. Por la superioridad numérica que el equipo busca con la incursión del lateral izquierdo en zonas interiores, el Real Valladolid trabaja siempre con tres defensas. En esa formación, Luis Pérez está exigido en un trabajo posicional.

Cualidades y limitaciones
El suyo no está siendo un estilo de ida y vuelta y sí de crecer desde el balón. Su llegada al último cuarto, su mayor virtud, se centra en acciones en las que llega con el rival muy replegado. Por el estilo de juego es complicado que Luis Pérez pueda generar superioridades numéricas y pueda crecer desde esa llegada a línea de fondo. Exigido a vivir muy lejos de los metros finales, el ‘2’ tiene un centro y una capacidad de cargar el área cuestionables y, por ello, la suya debe ser una presencia en zonas finales desde apariciones en velocidad.

Sus registros son sabidos, pero no utilizados. Luis Pérez es, así, una muestra más del mal uso que el actual cuerpo técnico está haciendo de los jugadores presentes. Sabiendo esta utilización del futbolista, el rumor, que fue sólo eso, tendría más sentido porque pese a que él es indiscutible para Pezzolano en este inicio de temporada, su uso no es el correcto y desde él se podría entender o vislumbrar una salida.

Una derrota que puede generar un daño irreparable

Se lo leía en Twitter a Juan Arranz al final del partido. Es insostenible vivir «hartos» en agosto, y el entorno del Real Valladolid lo está. Es insostenible crecer en una temporada así, pero, también, es imposible imaginar que una campaña así pueda terminar bien. Derrotas como la sufrida ante la Agrupación Deportiva Alcorcón debilitan muchas uniones y rendimientos. Las «sinergias», que diría Sergio González, están totalmente marcadas con sólo tres partidos de competición. Las formas de la derrota ante los alfareros han hecho un daño importante en el clima blanquivioleta y  este es un golpe que puede ser irreparable hacia muchos frentes que deben ser pilares en la temporada.

El debut de John, pese a la ausencia de Jordi Masip, el estreno incomprensible de Gustavo Henrique, la apuesta ilógica por Iván Cédric durante 90 minutos, la insistencia por recuperar en competición oficial a Robert Kenedy, la gestión de los cambios… Son muchos los frentes ilógicos que deja el segundo duelo de la temporada en el Estadio José Zorrilla y todos señalan a una mala gestión y liderazgo de Paulo Pezzolano.

La lectura del uruguayo y de su amplio staff del partido es extremandamente pobre. Privar a un equipo plano y sin último pase de su jugador más diferencial es ilógico. Apostar por variaciones tácticas incompresibles, también. Terminar los últimos 15 minutos cargando el área de jugadores sin capacidad rematadora ante un rival defendiendo en bloque bajo y con solvencia defensiva en el juego aéreo marca, también, una comprensión muy limitada del camino del partido. En gestión, Pezzolano quedó señalado en el inicio. El lectura, con el avance del partido, también.

Cortoplacismo ilógico
Apostar por jugadores de su perfil cuando acumulan sólo un puñado de entrenamientos generó la imagen de un equipo débil y mal estructurado. Señalar a jugadores con un bagaje alto de pretemporada en la tercera jornada liguera abre una herida innecesaria en el mes de agosto. El perfil de Pezzolano es el de un entrenador cerrado y centrado en el corto plazo. Gestionar un equipo en el primer mes de competición como lo haría en el sexto es un error mayúsculo, pero propio de alguien sin visión de medio/largo plazo, como el uruguayo. Su perfil no ayuda a pensar en una evolución individual sino en un aprovechamiento de los momentos individuales.

Considero que todo pasa en el fútbol por el prisma y la exigencia del entrenador. Lo positivo y lo negativo. El duelo ante el Real Sporting de Gijón dejó la sensación de una propuesta clara, pero el tiempo ha confirmado una sensación irreal de aquéllo. En poco más de dos semanas, el Real Valladolid ha sido preso de su propuesta por la falta de evolución, manejo y liderazgo de su entrenador. Todo lo trabajado en momentos anteriores ha quedado olvidado porque él se ha apresurado en apostar por unos protagonistas que no están hechos ni preparados para sumar actualmente en su idea. 

Sin valorar ideas, momentos, condiciones ni estados, Paulo Pezzolano se pegó un tiro en el pie este sábado. El clima del Real Valladolid es el de la inercia marcada por el descenso y por la poca confianza en los perfiles de los actuales protagonistas del Club, aquéllos que están firmando apuestas ilógicas que generan situaciones tan contraproducentes y, posiblemente, irreparables como las que genera algo mucho más duro que la segunda derrota de la temporada. 

Paulo Pezzolano tiene una merecida dosis de realidad

Me repatea que en el fútbol, y en muchos aspectos de la vida, todo se resuma a la «experiencia». En LaLiga Hypermotion, por ejemplo, muchos entrenadores son analizados desde el principio con una vitola en relación al currículum que tienen en la categoría. En muchas ocasiones se resume todo a las vivencias acumuladas en la competición y, ahora, tras el mal partido del Real Valladolid ante la Agrupación Deportiva Alcorcón, Paulo Pezzolano será examinado y exigido por el nulo bagaje que tiene en España y en la competición blanquivioleta actual.

Creyendo que «la experiencia es un grado», como se dice de forma repetitiva en la sociedad, creo que la afirmación es correcta, pero considero que la experiencia es sólo un grado. ¡Sólo uno! A Pezzolano le falta experiencia en España y en su categoría de plata, pero el problema blanquivioleta no está actualmente en eso y sí en la poca realidad y realismo con la que el uruguayo ha analizado el inicio de temporada.

En la victoria (2-0) ante el Real Sportig de Gijón me sorprendió la idea tan clara que tenía el equipo blanquivioleta con balón. En el debut funcionó e ilusionó. El duelo fue medianamente bueno. Ante una mala versión asturiana, los pucelanos se presentaron con una idea en la que la superioridad interior era capital. Los vallisoletanos ya mostraban carencias en las transiciones defensivas pero aquel día fue suficiente para conseguir tres puntos. En Zaragoza, una semana después, no. El partido pidió variantes y evoluciones que el equipo no tuvo. En la tercera jornada, lejos de ver mejorada la versión ofensiva, ésta ha sido el gran problema de los de Pezzolano.

Arrogancia anticompetitiva
El Real Valladolid ha salido este sábado al Estadio José Zorrilla con la sensación de que su idea de juego está ensamblada y que con ella iba a ser suficiente, pero no contaba que el rival conocía su propuesta y que iba a basar el partido en transiciones ofensivas a sus debilidades. Éste es un aspecto básico del fútbol actual que el Real Valladolid pareció ignorar. Por esas carencias defensivas del equipo ha llegado el primer gol y la constante sensación de debilidad.

Han sido 90 minutos de constantes dudas de un equipo que ha mostrado una idea alejada de su realidad y del momento individual de todos sus jugadores. Es ahí donde  Pezzolano queda señalado. Desde fuera y desde lejos, el encuentro ante el equipo alfarero deja la sensación de un Real Valladolid con cierta soberbia y un equipo alejado de las realidades que marca una categoría como LaLiga Hypermotion. El planteamiento de Pezzolano deja flotando una sensación de que el equipo piensa que con balón es suficiente porque sus jugadores tiene suficiente calidad. Independientemente, incluso, de su estado de forma.

El plan de partido muestra cierta arrogancia de un equipo sin ideas ni propuesta sin balón. Los primeros segundos tras la pérdida fueron elocuentes de los problemas de un equipo al que le falta experiencia en la categoría, pero, sobre todo, al que le puede sobrar soberbia sobre sus cualidades y momentos. El vestuario blanquivioleta no está para la propuesta que Pezzolano quiere ahora. Actualmente, los vallisoletanos no puede correr tanto como han hecho este sábado. No pueden estar tan desprotegidos ni vivir tanto en inferioridad. Por buenos que sean, que lo son, la realidad pucelana es otra sobre la que trabaja, diseña e imagina Pezzolano.

La dignidad blanquivioleta de Zaragoza es insuficiente

El fútbol, como la vida, tiene sus términos. Todo debe estar bien determinado y marcado y el momento del equipo de Paulo Pezzolano es un buen ejemplo. El Real Valladolid está limitado, en efectivos y posibilidades, y, por ello, la exigencia sobre el equipo debe ser controlada. Los pucelanos, pese a los condicionantes, deben estar en situación de ganar pero no deben estar exigidos a hacerlo. El matiz, por ejemplo, es diferencial. Buscando definir todo desde el término más apropiado, el Real Valladolid firmó en Zaragoza un encuentro muy digno.

Dicha dignidad es elogiable, pero insuficiente. Para todo. Lo fue para ganar el partido y, también, para ilusionar, convencer y formar un proyecto. Al Real Valladolid se le debe pedir más. En todo y para todo. El encuentro en Zaragoza fue interesante, pero insuficiente. ¿Por qué insuficiente? Porque el equipo tuvo pocas respuestas al juego. La propuesta existió, y fue buena, pero fue insuficiente. No ella, pero sí buscar la victoria sólo con ella. Un equipo que busca la victoria  y que quiere estar en situación de ganar tiene que tener propuesta y respuesta, y los pucelanos sólo tuvieron propuesta. Así, el equipo se cayó en el final de la primera parte.

Los ajustes y los detalles de Fran Escriba hicieron crecer a un Real Zaragoza que tuvo muchas dudas en los primeros minutos del partidos. El inicio del duelo fue blanquivioleta; la evolución del mismo, no. El final del partido, sí, y lo fue porque los cambios sentaron mínimamente bien a un Pucela que ganó en seguridad cuando retiró al único central del primer equipo en el once y en la convocatoria. Con una nueva actuación sobresaliente de César de la Hoz, el Real Valladolid terminó asustando al rival en los últimos 20 minutos, pero antes hubo tramos en los que al equipo pucelanos le faltaron herramientas o ideas, según se mire, para hacer frente al duelo y hacer que éste fuera más que digno.

Condicionantes
La dignidad es mínimamente elogiable para un equipo con muchos condicionantes, que no excusas. Sin tu entrenador en el banquillo, con un director deportivo recién llegado, con un clima socialmente incómodo, con una plantilla con muchas debilidades, con jugadores lejos de su mejor nivel… El Real Valladolid puede estar mínimamente satisfecho, que no contento, con el partido. Lo puede estar porque se enfrentó a uno de los conjuntos más hechos, que no mejores, de la competición. Ante él y con muchos condicionantes, el empate no hubiera sido injusto.

Con Monchu Rodríguez ayudando en la salida de balón y en campo propio, Jony Montiel e Iván Sanchez tenían más libertad. Desde ella el Real Valladolid terminó cómodo, pero impotente. La aparición entre líneas de los dos jugadores interiores mencionados hacia rozar el empate, pero estos estaban poco acompañados. Un lateral izquierdo diestro, un extremo izquierdo agotado, un extremo derecho individualista y un delantero desorientado hicieron que los argumentos finales del Real Valladolid tuvieran poca consistencia y que la propuesta global fuera digna, pero no suficiente. ‘Dignidad’ e ‘insuficiencia’, términos que marcan la actualidad blanquivioleta tras la segunda jornada.

Al Real Valladolid se le caen las pinzas en Zaragoza

No es novedad asegurar que el Real Valladolid está justo de efectivos. Paulo Pezzolano tiene argumentos muy limitados para exponer a su equipo en los partidos. Los blanquivioleta no tienen muchos argumentos para cambiar el partido desde el banquillo. En la victoria (2-0) ante el Sporting de Gijón quedó claro que el vestuario tiene muchas carencias y este viernes, en Zaragoza, ha sido igual. El Real Valladolid ha tenido que demostrar, y lo ha hecho, pero no ha tenido fuerza ni argumentos para contestar a los entresijos del partido. Los pucelanos están cogidos con pinzas y en Zaragoza las perdieron.

La victoria ante los asturianos elevó un poco las expectativas pucelanas y en el Estadio de La Romareda se vieron frenadas. Era de esperar. La exigencia aragonesa no iba a ser la asturiana y el partido en Zaragoza se ha llevado a varios jugadores por delante. A la espera de fichajes, punto determinante, la maña será una de las últimas titularidades de Iván Cédric, por ejemplo. Como él, Zaragoza deja señalados a jugadores como Robert Kenedy o Enzo Boyomo. La actualidad habla de un equipo con pocos recursos y, entre ellos, jugadores lejos de poder sumar. Son varios los activos pucelanos lejos de su mejor nivel y capacidad para poder sumar. Por ello, el duelo en Zaragoza elimina cualquiera excusa y límite: se necesitan refuerzos.

Es obvio que el Pucela demanda jugdores pero, tan claro como ello, queda claro que los de Pezzolano necesitan futbolistas para sumar ya. La competición avanza hacia la tercera jornada y los banquivioleta no tiene tiempo que perder. ¡No pueden hacerlo! El entrenador uruguayo demanda jugadores de primer fila y de rendimiento inmediato. Cerrando agosto no es momento de aclimataciones, adaptaciones o evoluciones. Se necesita cantidad, calidad y seguridad. El tiempo apremia y el mercado y las decisiones han llevado a esta situación.

Mala gestión
La evolución de la ventana de fichajes, las decisiones del Club, como la destitución de Fran Sánchez, y las exigencias deportivas obligan a que el Pucela tenga que hacer un esfuerzo este verano. El perfil de fichajes deben conllevar un riesgo mínimo a corto plazo. Quizás, por todo lo narrado, desde el Estadio José Zorrilla, se debe detallar el perfil de jugadores que deben llegar en los próximos días. Estos no son otros que aquéllos que aporten seguridad. El Real Valladolid no puede vivir en en alambre, como hizo ante el Sporting y como confirmó en Zaragoza. La mala gestión del inicio se comienza a pagar ahora al demandar mucho o casi todo en las últimas semanas.

La parte positiva a la sanción a Paulo Pezzolano

La sanción a Paulo Pezzolano es totalmente desproporcionada. En tiempo y forma. Privar a un entrenador de cuatro partidos tras unas declaraciones que no fueron polémicas y hacerlo cuando han transcurrido más de tres meses son un «agravio comparativo» complicado y peligroso, tal y como recogía la web del Real Valladolid en su comunicado tras conocerse el castigo al uruguayo. La situación es dantesca pero, con el tiempo, positiva. Creo, firmemente, que la sanción va a ser ventajosa para el mundo blanquivioleta.

Considero, tal y como comenté este lunes en la TwitPucela, que lo vivido con el uruguayo será positivo para el Real Valladolid por lo necesitado que la entidad y la afición está de tener puntos de unión. Tras el descenso, las declaraciones desafortunadas de Ronaldo Nazário, el poco movimiento de mercado, la descompensada plantilla existente en el mes de agosto… Los ingredientes de la actualidad del Real Valladolid separan a Club y entorno. Todo los puntos de la actualidad enemistan un punto y otro. En nada están de acuerdo, salvo en la injusticia que se vive sobre la figura del entrenador uruguayo.

El punto de unión actual entre el entorno y el Club es lo ocurrido con la sanción. Inesperado, pero éste puede ser el reinicio de una relación debilitada en los últimos meses. El distanciamiento que la entidad ha querido tener y que ha buscado por diferentes aspectos parecen quedar a un lado por el sentimiento de injusticia y maltrato que se vive actualmente. Así, y pese a ser una situación incómoda, el futuro a medio pazo confirmará que lo vivido con Pezzolano fue positivo para el inicio de la temporada.

Punto de unión
Después de lo vivido y de las expectativas creadas para las primeras semanas de competición, la figura del entrenador está reforzada. Por los tres puntos sumados en la victoria (2-0) ante el Real Sporting de Gijón, por el peso del propio Pezzolano en ellos y por la actuación del Club en la defensa de lo que considera «libertad de expresión», afición y Club están unidos. No mucho, es cierto, pero sí algo más. La sensación de injusticia y menosprecio por la sanción obliga a defenderse de una injusticia que todos tiene clara. Para esa defensa le mejor receta es la unión y el Real Valladolid tiene, al menos, un punto de unión para recuperarla. En esta ‘batalla’ y de cara a a temporada.

Sobriedad defensiva y táctica que potencia el ataque

Muchas veces recuerdo unas palabras de Álvaro Arbeloa en las que aseguraba que el fútbol es un «deporte individual». La opinión básica en la que se dice que este deporte es «de equipo», la evolución marca que los análisis son cada vez mayores desde un punto individualista. Los jugadores buscan lucirse y explotar, pero siempre hay excepciones, y César de la Hoz, nuevo jugador del Real Valladolid, es uno de ellos. El cántabro, con 170 partidos de experiencia en la competición antes de llegar al Estaido José Zorrilla, se está definiendo como blanquivioleta en un centrocampista perfecto para las demandas actuales del equipo de Paulo Pezzolano.

El equipo blanquivioleta es, actualmente, un conjunto cogido con pinzas. Los pucelanos tienen pocas variantes y herramientas, pero las que tienen son diferenciales y lo son, sobre todo, en el centro del campo. El peso de Iván Sánchez y Monchu Rodríguez va a ser diferencial. Pezzolano necesita la mejor versión de jienense y el balear y, para ello, necesita que estén cerca del área. Para que ellos estén llegando o centrando, tal y como hicieron en la victoria (2-0) ante el Real Sporting de Gijón, el equipo demanda un perfil que otorgue equilibrio.

Si Monchu tiene que llegar e Iván debe moverse con libertad, el anclaje debe ser seguro y consistente y César de la Hoz lo es. El de Orejo es un jugador con una estabilidad, seguridad y criterio determinante. Su perfil siempre ha sido uno y ese quedó confirmado y latente en su estreno oficial con el Real Valladolid. Su participación en el estreno liguero del Pucela 2023/2024 no mostró su mejor rendimiento, pero sí todas sus cualidades. Considero que De la Hoz aún puede crecer en su ofrecimiento pero siempre desde las cualidades sumadas en los 90 minutos ante el Sporting de Gijón.

Estabilidad y comprensión
Exigido por la libertad de movimientos que tiene la propuesta de Pezzolano en intercambios exteriores y llegada de los jugadores interiores, el ex de la Unión Deporitva Almeria es un jugador con criterio para sostener al equipo. De la Hoz no es un jugador que vaya a destacar ni a lucirse en muchos duelos pero sí que va a conseguir que otros lo hagan. Con más variantes técnicas de las ofrecia en su primer duelo, su seguridad está en el criterio, en la estabilidad y en la regularidad.

Fran Sánchez no fichó para el Real Valladolid un centrocampista de picos de rendimiento. De la Hoz no firmará grandes desniveles. Por concepción de su juego, él asegura un rendimiento estable y muy táctico. Su ofrecimiento es tan invariable como seguro. Suyas son las participaciones consecuentes y de liberación para sus compañeros desde un criterio táctico innegable y con una seguridad técnica importante. Un jugador silencioso, con experiencia, seguridad y criterio que mostró muchas de sus cualidades en el duelo inagural. En él no dejó mucho rastro de su presencia pero consiguió que otros tuviera un peso relevante. Las coberturas en los dos goles anotados llevan su firma, su trabajo y la compresión táctica que otorga su presencia a todos los movimientos del equipo. ¡Bienvenido! Él, pero, ante todo, su juego.

Una grata sorpresa de Paulo Pezzolano en el debut

Pese a que la temporada pasada, en el tiempo en el que Paulo Pezzolano estuvo al mando del Real Valladolid, mi contenido sobre el equipo era muy reducido mostré mi opinión sobre el uruguayo. No me gustaba su perfil y éste es un estilo que no me casa con las necesidades y exigencias de un equipo como el blanquivioleta en una competición como LaLiga Hypermotion. En los 11 partidos en los que estuvo al frente de los vallisoletanos la pasada campaña vi un entrenador con muchos argumentos dialécticos pero muy pocos en contexto futbolístico. El empate (0-0) ante el Getafe CF fue la demostración de las que, para mí, son carencias de propuesta y lectura.

Ese recuerdo prevalece sobre mí pero, pese a ello, el duelo inaugural ante el Sporting de Gijón me deja la sensación de un Real Valladolid con ideas y argumentos. Por lo visto en los primeros 90 minutos y con las exigentes necesidades de cautela, la versión blanquivioleta en el duelo ante los asturianos es la de un equipo con una idea clara y con detalles tan interesantes como bien trabajados. Con una estructura bien armada para la presión y con variantes para ofrecer superioridad numérica en la salida de balón, Pezzolano me ha dejado un regusto muy dulce tras su primer partido ‘real’ como entrenador pucelano.

En su décimosegundo duelo como blanquivioleta, Pezzolano pudo demostrar qué quiere y cómo lo va a buscar. Con un vestuario muy limitado en efectivos y, por consiguiente, en variantes, el Real Valladolid no fue previsible tácticamente. Esto no quiere decir que los pucelanos hayan sido perfectos ni que haya mostrado un estilo engrasado. Ni mucho menos. Con las posibilidades actuales, el Pucela pudo llevar el partido a su terreno. Paramí, más que suficiente. Con metros para atacar y superioridades numéricas en el centro del campo, Iván Sánchez movía muy cómodo y Monchu Rodríguez tenía mucha llegada.

Inteligente
El plan de partido del Real Valladolid para la primera jornada de competición ha sido inteligente. Paulo Pezzolano no se complicó en la preparación del duelo y buscó crear un clima en el que el ‘8’ y el ’10’ estuvieran cómodos. Éste es un movimiento astuto que le salió bien por el resultado pero, sobre todo, por el rendimiento los jugadores mencionados. En un clima marcado por el posicionamieto y despliegue silencioso de César de la Hoz, el Real Valladolid vivía muy cómodo por delante del cántabro. Desde él, los pucelanos eran superiores por el inteligente planteamiento del uruguayo.

No se trata de un movimiento brillante, pero sí de una idea muy lógica y muy madura. En la situación en la que está el Real Valladolid, Pezzolano se podía haber desgastado en otros frentes, pero él fue simple y sencillo para buscar ser eficaz, tal y como ha conseguido en un debut que le deja en una gran posición. Para mí, un estatus inesperado, aunque sea sólo por un partido.