Siempre que una temporada llega al tramo final me acuerdo de Paco Herrera. El exentrenador del Real Valladolid centró mucho su etapa en el Estadio José Zorrilla en la parte final. Aseguró que todo se decidía en las últimas «10 jornadas». En ellas estaba el porcentaje más alto y determinante de la temporada. Todo se resumía en ellas. Lo que se conseguía era merecido. Lo que no, no. Bajo ese criterio, este Real Valladolid ha descendido por méritos propios. Más allá de actuaciones arbitrales cuestionables y situaciones complejas, al Pucela le han faltado muchos registros futbolísticos. Muchísimos.
Paulo Pezzolano ha pasado por LaLiga Santander sin dejar un poso de control ni de dominio de situaciones del juego. El duelo ante el Getafe CF es la gran demostración de los problemas del equipo con el uruguayo al frente y la explicación de por qué el descenso es merecido. El problema está en el duelo ante los madrileños y, también, ante la UD Almería. El uruguayo, en su presentación, aseguró que su visión de juego es «ofensiva» y nada de ello se pudo ver en los 180 minutos finales de la temporada.
Cuando el Real Valladolid se jugaba todo, especuló. Lo hizo en Almería y, también, en un Estadio José Zorrilla lleno. Sin propuesta ni capacidad de respuesta e, incluso, con errores groseros en situaciones ventajosas, la única respuesta posible a tan indigna realidad es la incapacidad de los protagonistas para un evite como el presentado. La falta de dominio para arriesgar, proponer y atreverse en momentos como éste muestra la ausencia de capacidad, herramientas y liderazgo. Sin ellos es imposible conseguir un objetivo, tal y como ha ocurrido.
Argumentos y merecimientos
La ausencia de atributos para ganar uno de los dos últimos partidos señala a Paulo Pezzolano. En ambos encuentros, sobre todo en el disputado este domingo, el duelo estaba en muchos de los parámetros que quería el Pucela. Con la posesión del balón y un rival encerrado en campo propio, el equipo sólo necesitaba argumentos para saber cómo atacar al rival y cómo hacer dudar de su planteamiento. En cambio, el Getafe CF siempre se creyó cómodo y entendió que ocurría lo que él quería, cuando no era así.
Vivir encerrado en tu campo y en un estadio lleno y creyendo en su equipo no es la mejor receta para responder ante un hipotético gol, pero el Real Valladolid no supo crear esa situación e hizo creer a un rival que firmó 64 pases en el partido. El argumento del Getafe CF estaba claro y, además, era esperado. Pezzolano lo dejó claro antes de llegar al minuto siete de partido. Supuestamente, nada le sorprendió, pero él no supo qué hacer para que su equipo creciese en el duelo y creyese en sus opciones. Si creencia no hay argumentos y sin estos, un descenso más que merecido por criterios futbolísticos.