El contexto del Real Valladolid no cambia por un gol

Lucas Alcaraz aseguró hace unos días, en la previa de un encuentro de la Unión Deportiva Ibiza, que «los partidos se crean desde un contexto». La frase me encantó. Creo que define mucho de lo que marca la realidad de un partido de fútbol y, también, desmonta ese tópico del fútbol que asegura que «cada partido es un mundo». Cada duelo no es diferente porque sí. Todos está condicionados o contextualizados y el del Real Valladolid ante el Valencia CF lo estaba. Es más, la situación global del equipo blanquivioleta está condicionada y el gol de Cyle Larin no va a cambiar en exceso la situación. Al menos a corto plazo.

Este domingo, tras el partido, reflexionaba el Twitter sobre la visión resultadista que se puede tener del partido por el gol conseguido. El estreno goleador del canadiense cambió la perspectiva del encuentro, pero no va a cambiar todas las dudas y miedos que deja el equipo últimamente. La racha del Real Valladolid era preocupante y no sólo por resultados. La derrota (1-0) de los pucelanos en Mallorca confirmaba la tendencia de los de José Rojo, Pacheta. El cómo se perdió aquel duelo resumía la situación de dudas y de pocas variantes y respuestas del equipo.

Es cierto que de no ser por el gol del canadiense la situación blanquivioleta sería durísima ahora, pero hay que leer más allá de un remate certero. Acumular seis partidos sin ganar, como se hubiera hecho sin el gol del ’25’, acumular un punto de 18 posibles y encadenar seis partidos sin anotar sería dramático, pero no todo cambia por el gol. Cyle Larin, en un escorzo, anotó el gol de la victoria. El remate, por su complejidad, podía haber terminado en la grada. En ese momento, las críticas hubieran sido altísimas. Al equipo y al jugador, incluso. Fallar aquel remate podría haber condenado al futbolista y haber limitado aún más al Pucela.

Un clima similar
El gol llegó, la victoria se consiguió y los pucelanos respiran, pero sólo eso. Por el momento no hay más tras el gol del canadiense y la victoria ante el Valencia CF. Los tres puntos detienen ciertas críticas, pero no todas. El juego del equipo en los primeros 45 minutos fue malo. El Pucela no supo llevar el duelo a ninguno de los registros en los que mejor se mueve. Es cierto que la segunda parte cambió gran parte de la sensación, pero 45 minutos no eliminan la caída libre de seguridad y juego del equipo en las últimas semanas.

Ganar supone un interesante punto de partida, pero no cierra la realidad de un equipo que va a seguir viviendo los próximos duelos desde el contexto de esas cinco derrotas consecutivas. ¿Qué va a primar más en el Reale Arena si en los primeros minutos del duelo la Real Sociedad lleva la iniciativa? ¿Y en casa ante un equipo como el Club Atlético Osasuna? ¿Y en la visita al Real Betis dentro de poco más de 15 días? El Real Valladolid ha perdido mucho en el inicio de 2023. Ha perdido seguridad y convencimiento. En la afición y en el vestuario y nada de eso se recupera por una victoria.

Tal es el lastre de las últimas semanas que Pacheta confirmó que el equipo tenía que volver a su origen. El reseteo ha tenido que ser total porque las dudas eran altísimas. Estas han descendido en y sobre un equipo que sigue y seguirá marcado por un clima de dudas y miedos. Independientemente del gol de Larin en el minuto 90, el contexto pucelano es el mismo y lo va a seguir siendo igual a corto plazo porque las derrotas pesan e imágenes como las de los primeros 45 minutos del domingo lastran. 

Los daños colaterales de la visita a San Mamés

El Real Valladolid está en el peor momento de la temporada y José Rojo, Pacheta, en la etapa de mayor debilidad de su estancia en el Estadio José Zorrilla. Mirando todo con perspectiva, la salida del burgalés es una locura, pero no por ello hay que ignorar un análisis concreto sobre por qué el equipo está cómo está. Los pucelanos encadenan cinco derrotas consecutivas y están mal después de estar muy bien. El equipo blanquivioleta vivía, antes de la disputa del Mundial, su mejor momento del año, pero el duelo en el Estadio de San Mamés trastocó al equipo y debilitó a su entrenador.

Con la perspectiva del tiempo, el duelo ante el equipo de Ernesto Valverde ha cambiado el paso del equipo. Los resultados están acompañados de una mala dinámica de juego y, por qué no pensarlo, de una falta de seguridad y convencimiento. El Real Valladolid no cree en lo que hace y es por ello que pierde. El Pucela quedó tocado en San Mamés porque, muy posiblemente, el enfoque de aquel partido no fue el correcto. Centrando el análisis sólo en el juego y en lo que depende del propio equipo pucelano, el planteamiento del duelo no fue el correcto. Chirrió en un inicio, algo que ha confirmado el tiempo.

En poco más de dos meses y con una Copa del Mundo entre medias, el Real Valladolid ha mostrado sus dos puntos más opuestos. Tras conseguir tres victorias en cuatro partidos y conseguir 17 puntos en 13 partidos, la visita a Bilbao nubló la vista del cuerpo técnico. Nunca he creído que Pacheta quiera «contentar» a sus jugadores y sí equilibrar cargas y estados, pero ese duelo puede ser su excepción. Aquel partido, por la tendencia del momento y el parón que se iba a producir en pocas fechas, obligaba a otra lectura, otro enfoque y otra ambición.

El error del duelo en San Mamés es horas antes del propio duelo. Ojalá lo peor de aquel día fueran los tres goles del equipo vasco

La disputa de la decimotercera jornada exigía el máximo, independientemente de que transcurrieran sólo tres días desde el último partido. Aquel día, el de Salas de los Infantes no gestionó. Él equilibra las cargas, las exigencias y las responsabilidades, pero aquel 11 de noviembre fue diferente. Ese día no se gestionó y sí se premió e, incluso, se regaló. Era un día para conseguir un alto porcentaje del resultado final y para exprimir el momento de determinados jugadores. El enfoque no fue ese y, muy posiblemente, fue ese error el que ha debilitado la imagen del entrenador en el vestuario.

«Por un gato que maté…»
Que Pacheta esté tocado hacia el vestuario en las últimas semanas es una sensación personal. Que lo esté no es alarmante, pero sí elocuente de que algo ha ocurrido y que ese algo no ha estado bien gestionado. El planteamiento aquella noche no fue el correcto. El uso de los recursos, los momentos y los estados no fueron el idóneo. El mensaje que se mandó en aquella fecha fue erróneo porque la mentalidad del equipo quedó mermada y tocado. Creyendo que no todo lo que uno hace bien suma para ganar en el fútbol pero que todo lo que se hace mal sí influye en la derrota, aquel partido dejó, más allá de una mala actuación arbitral, piedras sobre la imagen y la figura del cuerpo técnico.

Con ello y por ello, lo vivido en San Mamés se está pagando ahora. Estoy convencido. El equipo perdió una gran oportunidad aquel día. En todos los sentidos. En el duelo y, quizás, horas antes de él se creó un punto de partida que no benefició a la imagen del entrenador ni a la confianza del equipo. Cuando mejor y más seguro estaba el equipo, en juego, sensaciones y liderazgo, todo se rompió. «Por un gato que mate…», dice el refrán y el fútbol es similar. Castiga los errores y aquel duelo fue un error y no sólo por el resultado. Ojalá lo peor de aquel día fueran los tres goles del equipo vasco.

Lo importante no es lo que queda sino cómo llegas

El Real Valladolid sigue en caída libre. No de resultados, que también, sino de juego. En el fútbol nos quedamos con la consecuencia pero no con la acción. Los de José Rojo, Pacheta, perdieron el duelo en Mallorca porque firmaron un mal partido. De igual forma ante el Rayo Vallecano. Las dos derrotas con las que se llegaba a la visita al Atlético de Madrid no fueron por detalles. La base del partido fue muy mala, independientemente del rival. Que éste fallase un penalti o que marcase en el último minuto era lo de menos. El juego de los 90 minutos, el poco bagaje ofensivo y la nula evolución en el juego durante el duelo completo era lo peligroso de la situación blanquivioleta.

Los pucelanos están en un momento delicado. La situación no es crítica, pero poco le falta. La tendencia es muy peligrosa y exige una análisis concienzudo. No valen medias tintas ni visiones al futuro. Tras el partido, Álvaro Aguado era positivo dentro de la situación y quería analizar la situación desde lo que queda y no desde dónde se llega. En un camino similar, Pacheta. El burgalés quería analizar la situación pucelana desde lo importante que sería ganar al Valencia CF para cerrar la primera vuelta con 20 puntos.

Si el de Salas de los Infantes es simplista y se centra en supuesto, la situación es muy peligrosa. Me parece ilógico analizar, por un solo segundo, la situación blanquivioleta desde el prisma de una hipotética victoria en el siguiente duelo. Ahora mismo, ganar es casi una utopía. Podemos usar muchos tópicos y, sobre todo, aquel que dice que «cada partido es un mundo», pero la realidad asegura que el mundo pucelano está en caída. El Real Valladolid no tiene argumentos ahora para pensar en conseguir una victoria solo. de una situación así no se sale ganando un partido. Este equipo no gana tres puntos bajo la exigencia del «sí o sí».

La mirada más importante
Da igual el rival porque el problema es la tendencia del equipo. Los pucelanos están «sin confianza», como aseguraba Pacheta tras la última derrota en el Estadio José Zorrilla. El vestuario está debilitado y éste no necesita pensar en qué supondría una victoria en la siguiente jornada o qué importante serían 20 puntos para el final de la primera vuelta. Tras cinco derrotas consecutivas y rozando los 500 minutos sin hacer gol, el Pucela necesita realidades, argumentos y respuestas. Los necesita para creer en la victoria.

Los pucelanos no pueden mirar al futuro. No deben. La derrota ante el Atlético de Madrid no obliga a un ‘borrón y cuenta nueva’. No vale, como tampoco valía tras el partido en Mallorca o en Bilbao y, ante todo, ante el Rayo Vallecano. Desde un análisis profundo se pueden recuperar las señas de identidad que el equipo ha perdido en las últimas semanas. Dicho análisis debe ser exigente porque este momento pide ser lo menos simplista posible. El Pucela podrá afrontar el futuro cuando sepa cómo llega a él. Esa es la mirada más importante que debe hacer el equipo. Cualquier otra sería contraproducente o, como poco, errónea.

El problema de Shon Weissman no es la categoría

Shon Weissman no está a su mejor nivel. No está rindiendo como se esperaba. Está en una situación similar a la temporada 2020/2021. El israelí, como hace dos años, no está cumpliendo las expectativas. Con Sergio González no cumplió las de su fichaje y, ahora, las marcadas la pasada campaña en LaLiga SmartBank. De regreso a LaLiga Santander, la sensación con el ‘9’ es similar, aunque por motivos diferentes.

Es una situación similar porque en ambas las marca la sensación de no ser un jugador importante, no tener un rol destacado y no asumir el liderazgo esperado. Está en horas bajas por falta de confianza y seguridad. Shon Weissman no está encontrando este año los contextos que mejor definen su juego. Si bien en su primera temporada en el Estadio José Zorrilla la falta de confianza del cuerpo técnico sobre él era latente, este año es un detalle futbolístico el que está lastrando al jugador y el que le ha llevado a una situación que no está sabiendo gestionar y sobre la que no está respondiendo con efectividad.

El mayor problema del israelí es la falta de respuesta a su situación. El jugador no está bien porque el cambio de categoría ha conllevado a un matiz en el modelo de juego de José Rojo, Pacheta, que es diferencial para la explotación de sus virtudes. El fútbol de Weissman es de últimos metros. Él destaca por su capacidad de remate. Desde el dominio de los últimos metros es determinante. Lo es gracias a una referencia que atrae marcas, genera remates, influye en y para los centros laterales… Weissman es muy completo estando en el último tercio del terreno de juego. Estando, pero no llegando. Un pequeño matiz, sí, pero un detalle diferencial.

Un matiz diferencial
El cambio de categoría ha hecho que el Real Valladolid parta unos metros más atrás. Sin asegurarlo, Pacheta lo ha reconocido. ¿Cuál es el término que más está mencionanod el burgalés a la hora de examinar a su equipo? ¿Cuál es el término que más demanda el de Salas de los Infantes a sus jugadores? ¡»Verticalidad»! El Real Valladolid quiere llegar al área y a esos últimos metros porque sabe que, ahora, le cuesta un poco más tener esa sensación de control sobre el área rival. En ese moviento, Weissman es más indefenso. Menos dominador. 

Pacheta demanda «verticalidad» al Real Valladolid esta temporada y, en esa búsqueda, Shon Weissman es más indefenso que Sergio León

El Real Valladolid tiene que llegar al área y mostrar verticalidad. No ha perdido, en su identidad, vocación ofensiva, pero sí detalles de cómo conseguirlo. Ahí está gran parte de la explicación de por qué Sergio León es más protagonista esta temporada. La victoria (2-3) en el Coliseum Alfonso Pérez de octubre define mucho de lo que busca el equipo. Weissman tendría dificultades para conseguir el segundo gol del ‘7’ en tierras madrileñas o, por ejemplo, el de la victoria (1-0) ante la Real Sociedad. Los detalles están lastrando al israelí para mostrar su mejor versión. Son detalles futbolísticos a lo que no está sabiendo responder , pero no un problema de nivel para LaLiga Santander

Shon Weissman y la rueda de confianza de Pacheta

Cuando un equipo está tocado necesita, en muchas ocasiones, que las individualidades reactiven la situación. En otras ocasiones son las individualidades las que rompen el grupo. El Real Valladolid, actualmente, está debilitado por el excesivo de individualidad que se percibe en el juego. Ya sea por necesidad o por exceso de individualidad, el discurso del entrenador es capital en cualquier situación y el de José Rojo, Pacheta, parece que no cala ahora. Es una sensación personal que se basa en diferentes gestos y actitudes en los partidos. Sólo en la competición. No en el día a día.

Desde la perspectiva y la lejanía de un televisor y desde la interpretación de unos gestos y un mensaje, entiendo que el momento del burgalés no es bueno desde el prisma de sus jugadores. No es que no confíen en él como figura, pero sí que dudan de diferentes decisiones tomadas. A largo plazo puede ser lo mismo. A corto, no. Las dudas son lógicas en una campaña en la que se van a perder más partidos de los que se va a ganar. Es habitual en una campaña de fútbol profesional. Esos gestos que me hacen dudar del momento que vive el liderazgo de Pacheta señalan, en parte, a Shon Weissman. Comparar al ‘9’ con Haris Medunjanin es absurdo e irresponsable, pero este sábado recordé una situación del bosnio con el israelí.

Tras la lesión de Robert Kenedy, el entrenador burgalés llamó a Weissman. Éste se terminaba de cambiar y el preparador le hablaba. Intentaba darle alguna indicación o un mensaje motivacional a un futbolista que estaba pendiente de él. Sólo de él. El mensaje no le caló, seguro. Pacheta no se desesperó, al menos de forma visual. Quien si desesperó fue José Luis Mendilibar el 3 de enero de 2010. Recuerdo perfectamente aquella imagen del vasco dando indicaciones al centrocampista bosnio en el Coliseum Alfonso Pérez. El de Zaldivar perdió los nervios al ver que el jugador no atendía a sus indicaciones.

Elocuente: En enero, con el mercado abierto y con Sergio León sancionado, Sergi Guardiola ha jugado más minutos y ha disfrutado de más titularidades que Shon Weissman

Un entrenador intenta tratar a todos los jugadores igual. Lo intenta. No lo consigue nunca y, en muchos momentos, deja de buscarlo. Lo hace cuando ve que su mensaje no cala. Cuando entiende que el jugador ha dejado de creer en él. Creo que Shon Weissman ha perdido confianza en Pacheta. ¿Por qué? Como en la gran mayoría de los casos: por falta de minutos. El tópico de que el jugador es egoísta es 100% verdad. Todos buscan su éxito. Recuerdo mucho una frase de Álvaro Arbeloa en la que dijo que el fútbol es un «deporte individual». Lo veo así y entiendo que, después, es el entrenador el que elige quién está mejor, fútbolistica y mentalmente, para sumar su juego y objetivos al equipo.

La rueda de juego
Ahí entran múltiples factores que, por diferentes motivos, no han ayudado a que Shon Weissman entre en la rueda de Pacheta esta temporada. A estas alturas, en LaLiga Santander, el ‘9’ ha sumado 650 minutos. El bagaje es pequeño, tanto como sus titularidades y, sobre todo, como los partidos completos disputados. Con una lesión inicial que le lastró para debutar en la cuarta jornada, Weissman ha estado disponible en las 14 jornadas restantes. Por ello y siendo el máximo goleador de la pasada temporada, sorprende la poca apuesta por él.

Cuando un jugador no está en la rueda de un entrenador es, en gran parte, porque él no hace para entrar y más si ambos han obtenido rendimiento mutuo hace sólo unos meses

Pese a que su estreno de la temporada terminó en gol y dicho debut en dos titularidades consecutivas, el tiempo ha jugado en contra del jugador, de su rendimiento y, muy posiblemente, de su unión con Pacheta. Son muchos los detalles que han marcado el cambio de tendencia del jugado hasta llegar a la gran realidad actual. En el mes de enero, momento en el que el mercado esta abierto, Guardiola ha jugado más que él. Con Sergio León sancionado, Weissman no ha sido titular.

Dejando por un momento los aspectos futbolísticos que han generado este rol en el ‘9’ y que son, obviamente, determinantes, la gestión de porqué tiene este papel señala al jugador. Tras ser capital para el entrenador la pasada campaña, si no está en la rueda no es porque el cuerpo técnico no haya querido sino porque él no ha asumido detalles o variaciones propias del cambio de categoría o porque él no se ha sabido adaptar a esos cambios. De una forma u otra, el gran responsable, que no el único, es el propio Shon Weissman. Cuando un jugador no está en la rueda de un entrenador es, en gran parte, porque él no hace para entrar. Más aún si ha sido un jugador tan importante como él hace sólo unos meses.

¿Deberíamos dudar del liderazgo de Pacheta ahora?

El Real Valladolid está mal. El juego en la derrota (0-1) ante el Rayo Vallecano de este sábado lo confirmó, pero la ratificación llegó tras el partido. La rueda de prensa de José Rojo, Pacheta, dejó bien claro que los pucelanos están en un momento de debilidad importante. El equipo está inseguro. Los jugadores no transmiten seguridad sobre el terreno porque, muy posiblemente, su entrenador no consiga influir sobre ellos. El discurso del burgalés no cala en la actualidad sobre el vestuario. Creo que ésta es una realidad que no se puede negar.

Con el mercado de invierno abierto y con muchas operaciones en curso, el Estadio José Zorrilla sitúa al cuerpo técnico en el peor momento del año, pero no por ello en un cambio de tendencia. El Real Valladolid está mal porque los jugadores lo están y porque su entrenador no está en su mejor momento hacia ellos. Todo está fuertemente unido y todo señala al de Salas de los Infantes. Es el peor momento de Pacheta en la temporada y, obviamente, se duda de su liderazgo, la seña de identidad más clara de su perfil.

El actual entrenador blanquivioleta es un preparador que convence en su discurso. No es el mejor estratega, pero sí uno de los que más cala. Así lo cree hasta Lionel Scaloni, reciente campeón del mundo. Pacheta sabe convencer pero, ahora, no llega. No lo hace y no creo que sea sólo por los resultados. Creo que las derrotas del equipo han llegado porque el convencimiento ya era malo anteriormente a partidos, por ejemplo, como el sufrido en Mallorca. Desde fuera y con mucha perspectiva y lejanía, se ve un equipo desdibujado y desequilibrado. Lo veo así porque creo que el entrenador ha forzado diferentes situaciones.

Una gestión cuestionable
En esa imperiosa necesidad que tiene él de tener a todos «contentos», que se dice vulgarmente, o «activos» desde un prisma más futbolístico, se han forzado situaciones difícilmente comprensibles. La gestión de Sergi Guardiola durante toda la temporada ha sido algo esperpéntica, la acumulación de minutos en jugadores como Zouhair Feddal no han equilibrado al equipo, la insistencia reciente para incluir a Robert Kenedy en el equipo no ha generado seguridad… Pacheta ha gestionado muchas situaciones de forma ciertamente incomprensible en su afán de tener a todos los jugadores a un nivel competitivo similar.

Pacheta está débil y debe recuperar el timón del carisma. No debe hacerlo con una victoria y sí con ciertas decisiones de peso y relevancia. El cuerpo técnico debe apostar a corto plazo por situaciones tangibles y no por supuestos. El equipo pide seguridad desde jugadores convencidos y seguros. La inestabilidad se genera por herramientas inconsistentes como son, ahora Robert Kenedy, Mickaël Malsa, Sergi Guardiola o Gonzalo Plata. Apostar por ellos ahora es arriesgado. Se deben recuperar sí, pero no forzar y menos de una forma conjunta. 

Pacheta no va a cambiar. No debe hacerlo, ni mucho menos, pero sí debe entender sobre qué sustentarse ahora. Hay detalles que debe cambiar. Necesita variarlos. El Pucela no debe tener sobre el campo una dosis exagerada de individualismo. Éste debe existir, sí, pero en la medida correcta, aquélla que el cuerpo técnico ha sabido gestionar casi a la perfección hasta este momento, pero que en las últimas semanas se ha desequilibrado por el bajo nivel de credibilidad del liderazgo de un entrenador que no está tan convincente como acostumbra. Una temporada tan exigente como ésta conlleva picos y más durante un mercado de invierno con tantas situaciones por resolver y nervios que gestionar. En este momento, quizás y sólo quizás, la gestión debía ser otra. El liderazgo pedía detalles diferentes.

El Real Valladolid tiene un problema de individualismo

Hacía muco tiempo que no me sentaba delante de la televisión a ver un partido del Real Valladolid con tranquilidad. Tras el cambio de año me obligué a hacerlo para ver el duelo ante el Real Club Deportivo Mallorca como años atrás. Es uno de mis grandes objetivos para el 2023: vivir el fútbol como antaño. Quiero disfrutar del Pucela como lo hacía de pequeño y adolescente: en el sofá de casa de mis padres y con mi padre como único acompañante. Tenemos formas muy diferentes de ver el fútbol pero su visión siempre me ayuda a ver los partidos con sosiego y perspectiva. Aprendo de hacer un enfoque más madurado.

Aunque él siempre vive en una visión negativa y «sintiera» el gol de Abdón Prats antes, incluso, del minuto 80, ver un partido con él me recuerda a cuando veía al Pucela porque era el Pucela y no parte del trabajo. Siendo sincero, disfruté del partido del pasado sábado por cómo lo viví pero no lo por lo que vi. Lo que sentí del juego me preocupa y no por el gol en el tiempo de añadido. Siempre he querido ver el fútbol lejos de un resultado y sí por las sensaciones que deja el duelo. Siendo un «friki», como me denomina un amigo, de escuchar hablar de fútbol, el Real Valladolid me preocupó en Mallorca porque «expuso poco», que diría Paco Jémez.

Para él, un partido se mide por «cuánto estás dispuesto a hacer para ganar» y el Real Valladolid y sus individuos ofrecieron poco en su visita al Estadio de Son Moix. Viendo el duelo pensé en unas declaraciones que tengo grabadas a fuego de Jorge D’Alessandro. Son unas palabras del argentino en 2013, momento en el que era entrenador y no una especie de showman. El 8 de junio de 2013, tras firmar el descenso de la Sociedad Deportiva Huesca a Segunda división B, acusó a Sergi Barjuán, entrenador del Recreativo de Huelva, de «exceso de celo deportivo». Me costó entenderlo pero supuse que criticaba que un rival quisiese ganar un partido de esos en los que, teóricamente, no se juega nada, por venderse u ofrecerse. Es decir, aprovecharse del momento del rival para sacar tajada individual.

De Feddal a Roque Mesa
El sábado recordé aquellas declaraciones porque el Real Valladolid me dejó la sensación de ser un equipo de mucho individualismo y de un intento de aprovechamiento de la situación. La relativa comodidad de la clasificación puedo liberar el ego individual de ciertos jugadores. Siempre he creído que el individualismo es necesario. Todo equipo necesita un jugador atrevido, pero sólo eso: atrevido. La línea entre atrevimiento y egoísmo es muy fina y los pucelanos la superaron en muchos momentos del duelo. Este problema no es nuevo y ya se vio en el duelo copero ante el Deportivo Alavés. 

Cuando un jugador mira sólo por su liderazgo, su foto, su autoridad o su superioridad, se olvida del resto. Pasó en el Estadio de Mendizorroza con Zouhair Feddal y ocurrió en momentos y decisiones en Mallorca. Roque Mesa firmó dos o tres acciones, intervenciones y decisiones que dejaban ver, nuevamente, su carácter. Él es así. Siempre lo ha sido. El Real Valladolid lo fichó siendo así y, en parte, lo fichó por ello. El Pucela quería ese atrevimiento e individualismo, pero un equipo sólo puede soportar un estilo como éste, y en Mallorca se juntaron varios. ¡Hasta Iván Fresneda firmó detalles de individualismo peligroso para el duelo!

Cuando un jugador mira sólo por su liderazgo, su foto, su autoridad o su superioridad, se olvida del resto. Pasó en Mendizorroza con Feddal y en decisiones en Mallorca

Robert Kenedy, por su parte, firmó tres o cuatro acciones que dejaron ver su perfil de juego pero, también, su propuesta, intención y momento. Más centrado en situaciones individuales que lógicas, ya no grupales, el brasileño quedó señalado, pero no fue el único. La falta que cometió el brasileño y que provocó la derrota fue un golpe definitivo, pero no el más importante.

Momentos
De la misma forma que el partido del Real Valladolid no estaba siendo bueno antes del gol de Abdón Prats, la situación del juego pucelano no explotó por esa situación del ’19’. Son ya varios partidos en los que se ven detalles poco productivos para la seguridad de un equipo. Sintiendo eso, recuerdo una charla a la que pude asistir de Óscar Cano, actual entrenador del Deportivo de la Coruña, en la que aseguró que el término que más se escucha en un entrenamiento de un equipo filial es «otra».

Todos los jugadores, antes de dar un pase, ya están pensando en cómo y cuándo le van a devolver el balón. Un filial es, muchas veces, un trampolín y un alto porcentaje de la plantilla busca protagonismo desde el individualismo. El Real Valladolid, aunque no es un filial, puede estar en esa fase o, al menos, esa sensación dejaron los jugadores por los que apostó Pacheta en la dura derrota (1-0) ante el RCD Mallorca. Cada jugador tiene su momento y el del Real Valladolid pasa por una elección diferente de sus protagonistas.