Iván Sánchez es la firma escondida del juego pucelano

Iván Sánchez llegó el pasado mercado de invierno al Estadio José Zorrilla para dar un toque diferencial al Real Valladolid. José Rojo, Pacheta, conocía al jugador y aprovechaba la oportunidad de mercado del jienense para reforzar al equipo. Seguramente, ni pensó el ofrecimiento. Recibido, lo traslado al Club y se ejecutó. El ’21’ tiene unas cualidades que inicialmente podían llamar la atención al no tener las demandas pucelanas, pero el burgalés, conocedor de sus posibilidades, no dudó. Esas pocas dudas se debían a las variantes que Iván está consiguiendo ofrecer en las últimas dos jornadas.

Pequeñas aportaciones en sus primeras semanas de blanquivioleta confirmaban que el jugador no estaba bien. Una temporada marcada por una lesión de pubis definía al jugador, pero Zorrilla y, ante todo, Pacheta han devuelto al jugador al estatus que dejó en LaLiga SmartBank al marcharse a Inglaterra. Tras el ascenso del Elche CF, Iván se marchó y lo hizo con la vitola de un jugador descarado y polivalente. Encorsetado en el juego exterior, la visita de la Unión Deportiva Almería al Estadio José Zorrilla confirmó cuál debe ser el lugar del jugador y el peso que debe tomar en las próximas semanas.

Si bien en el empate (2-2) en el Estadio de La Rosaleda, Iván inicio como extremo, la entrada de Gonzalo Plata le llevó a zonas interiores en las que destacó por la capacidad de asociación y de aglutinar vigilancias y marcas rivales. Málaga ofreció un resquicio de juego, variantes y posibilidades que Pacheta aceptó para el encuentro más importante de la temporada. La visita del equipo de Joan Francesc Ferrer, Rubi, a Valladolid no fue fácil en la gestión. Ya no en el duelo, que también, sino en la previa.

Sinergia con Pacheta
Sentar a Álvaro Aguado para un duelo de este nivel no es fácil pero Pacheta lo hizo para dar el juego entrelíneas que el Real Valladolid necesitaba para ser superior a la UD Almería en campo rival. Aceptando ese reto y dicha demarcación, Iván Sánchez destacó porque hizo «jugar» al equipo y a Gonzalo Plata. Narrado por el entrenador pucelano en la rueda de prensa tras el partido, el gran objetivo del ’21’ era «activar» al extremo ecuatoriano y lo consiguió. El buen hacer del ’12 y de Luis Pérez en los primeros 45 minutos tiene la firma escondida pero protagonista de Iván Sánchez.

Aprovechando la lesión de Óscar Plano y utilizando su mejora física de las últimas semanas, Pacheta ha situado a Iván Sánchez en ese rol diferencial que estaba preparado para asumir cuando salió del Estadio Martínez Valero. En aquel verano del año 2020 no se dudaba de la capacidad del jugador en asumir el peso y el rol que tiene, ahora, en Zorrilla. Desde aquel momento todo ha cambiado mucho, salvo su unión y entendimiento con Pacheta.

Un empate que nada tiene que ver con el de Málaga

El Real Valladolid marcó dos goles en el encuentro (2-2) ante el Málaga CF y encajó otros dos. En las formas, incluso, el estilo es parecido al del duelo ante la Unión Deportiva Almería. Por resultado final y formas, el partido parece que se parece algo, pero, realmente, no tiene nada que ver. El empate en el Estadio de La Rosaleda dejó la sensación de un Pucela inseguro en el momento decisivo y, en esta ocasión, se vio un equipo seguro, convincente y convencido. Las formas en el fondo son totalmente diferentes y, por ello, la lectura debe ser otra porque son partidos totalmente opuestos.

La sensación que deja el encuentro es aquélla que dice que el Real Valladolid estuvo cómodo en muchas fases del partido, todo lo contrario que el rival. La Unión Deportiva Almería nunca vio los contextos que más le benefician, pero el Pucela, sí. El partido sólo lo pudo ganar un equipo y ese fue el de Pacheta. El control de la situación que tuvo el equipo blanquivioleta ante un equipo del nivel del andaluz, con su misma ambición y objetivo, habla del buen partido pucelano y de lo nada que tiene que ver esta igualada con la anterior.

En común, un duelo y otro sólo tienen el error grosero de Jordi Masip. En el resto, la resaca es totalmente diferente. Las dudas de La Rosaleda chocan con la seguridad de Zorrilla. Las formas son capitales para entender el análisis pero, sobre todo, para afrontar el futuro a corto plazo del Real Valladolid. Los vallisoletanos viajarán a Miranda de Ebro con la seguridad de saber que tienen un estilo acorde de sus exigencias y que ese modelo de juego es uno por el que el equipo y el cuerpo técnico apuestan hasta en momentos como éste.

Sensación de victoria
En un duelo ante un rival directo, a estas alturas de la temporada y con el marcador favorable, el Real Valladolid quiso imponer su estilo. No buscó improvisar. Sólo mostrar y, ahí, los de Pacheta consiguieron ganar adeptos. En directo y, sobre todo, en frío. El Pucela sigue forjando su camino con personalidad. Tener un estilo no es sinónimo de tener la receta perfecta pero sí saber que el equipo entiende cómo debe buscar el objetivo final. El Pucela lo tiene y lo ha ratificado ante un rival de enormes virtudes que no ha estado en posición de ganar el partido nunca.

El convencimiento de que el Pucela sale fortalecido del partido lo noto, también, en las ruedas de prensa de sus entrenadores. Si bien José Rojo, Pacheta, analizaba el duelo en cómo afecta al equipo y en cómo puede y debe mirar al futuro a corto plazo, Joan Francesc Ferrer, Rubi, centró el análisis en el pasado y en lo «bueno» que era el empate antes del partido.

Sin centrar el análisis a un duelo en las formas, que no en los merecimientos, ningún entrenador saca ventaja de un partido. En esta ocasión y en el enfoque blanquivioleta, nada tiene que ver con el partido anterior. Por suerte, los dos últimos empates pucelanos no tienen ninguna similitud más allá del marcador y, por ello, la sensación actual es que el ascenso está más cerca ahora que antes del partido. Pese a perder dos puntos en un acción a balón parado en el minuto 88, el Pucela dio ante la UD Almería un paso relevante.

Pacheta me representa por sinceridad y convencimiento

El Real Valladolid ha perdido dos importantes puntos en los últimos minutos del partido ante la Unión Deportiva Almería. Es más, el Pucela ha perdido la opción de afrontar las últimas seis jornadas desde el liderato. Lo ha hecho por una acción a balón parado pero, a su vez, lo ha hecho por su personalidad y su idea. Es difícil analizar en caliente un duelo y más si éste termina como ha terminado la jornada 36 de LaLiga SmartBank, pero la única realidad que entiendo es aquélla que tan bien ha definido Javier Heredero en Twitter.

«Pacheta vino diciendo que siempre que marcase el segundo iría a por el tercero. Te puede gustar más o menos, pero no ha engañado a nadie». Ésta es la frase que, para mí, define la actualidad del Real Valladolid y, con ella, estoy seguro que el Pucela conseguirá el objetivo de esta temporada. Es cierto que el mazazo de este sábado es duro y que, como digo en ElDesmarque Valladolid, el «golpe sobre la mesa» que quería el Pucela se ha convertido en «un sopapo en su propia cara», pero el camino está hecho y lo está por la honestidad y sinceridad del entrenador.

El Real Valladolid necesitaba una identidad y tras lo vivido en los últimos años, ésta debía ser potente, fuerte y ofensiva. Pacheta lo ha conseguido. Con dificultad, con pasos complicados y con grandes batacazos, pero la identidad está creada y lo está gracias a las ideas y propuestas de su entrenador, aquéllas que se han visto ante la Unión Deportiva Almería. Cuando un equipo cree en su idea, hasta el mejor jugador rival queda neutralizado. Umar Sadiq no ha conseguido enlazar ninguna transición en el duelo. No lo ha hecho porque por mucho que el Pucela era ofensivo y vivía en campo rival, la transición defensiva era la correcta.

El proyecto merecido
El Pucela tenía controlado el partido porque el duelo estaba dentro de los registros que él quería. Más allá de errores de bulto como el del primer gol almeriense, el Real Valladolid tenía lo que quería y así era sencillo visualizar un final de partido que no llegó. Los vallisoletanos estaban cómodos porque el equipo encontraba todo aquello que su entrenador había prometido. Había transcurrido más de una hora de partido y el juego estaba sobre el área almeriense. Eso es convencimiento.

Muchos otros entrenadores habrían convencido de forma muy fácil a su equipo para dar un paso atrás en los últimos 15 minutos y con el marcador obtenido. Pacheta, no. Él no porque eso hubiera sido engañar a sus jugadores y a su afición. Esa sinceridad, honestidad y convencimiento para que el equipo lo hiciera me representa. ¡Y me encanta! A mí y, seguro, que a un porcentaje muy importante del vestuario. Ambos entendemos que es así y sólo así como este equipo debe conseguir un objetivo pero, ante todo, cómo debe construir un proyecto como el que este Club merece.

La llave del equilibrio, Roque Mesa y el juego posicional

Siempre que analizo algún detalle táctico un poco más profundo de fútbol recuerdo una frase que escuché en una charla de entrenadores a la que asistí. «No analizamos el fútbol. Analizamos lo que sabemos de fútbol», aseguraron en dicha ponencia. Desde ese punto y desde la visión personal desde la que siempre se parte en cualquier análisis, el engranaje táctico del Real Valladolid en esta últimas semanas necesita un examen, un detalle  y una mejora. Los tres aspectos se reducen en un concepto tan básico en este deporte como el aspecto posicional y en un ejemplo que existió en el Estadio José Zorrilla recientemente.

José Rojo, Pacheta, siempre ha defendido que él pondría sobre el terreno de juego a los que «mejor están». Así, actualmente, el Pucela se debe regir desde la presencia de Monchu Rodríguez. El ‘8’ es el jugador más diferencial y más fresco del Real Valladolid en la actualidad. Desde él se crea el equipo. Junto a él, por estatus y rendimiento, están Álvaro Aguado y Roque Mesa. Así, el Pucela tiene un esquema con tres centrocampistas. Desde este matiz se cambia el estilo de las posesiones pucelanas, tal y como narró el propio burgalés, pero también otros detalles.

El empate (2-2) del Pucela en el Estadio de La Rosaleda mostró que este Pucela tiene problemas en las transiciones defensivas. La movilidad de los tres centrocampistas hace que el equipo se desarbole con cierta facilidad y que asuma contragolpes rivales en inferioridad numérica. Entendiendo que  jugar con tres centrocampistas multiplica las opciones pucelanas de posesiones largas y las variantes para dominar con balón el encuentro, el Real Valladolid necesita y debe encontrar juego posicional. Monchu, Álvaro Aguado y Roque Mesa tienen la tendencia, instaurada por el estilo del doble pivote, de ofrecer un desmarque de ruptura tras el pase y, ahora, no siempre es recomendable.

La movilidad de Aguado, Roque y Monchu hace que el Real Valladolid se desarbole con cierta facilidad sin balón y en las transiciones defensivas

Tener un jugador equilibrado y que ofrezca seguridad al equipo no es sinónimo de especular y, ni mucho menos, debe ser visto como un concepto ‘defensivo’. Actualmente, el Pucela necesita ser más equilibrado que nunca para conseguir que la ambición ofensiva y las ganas de vivir en campo contrario tengan resultado y, ante todo, que no generen problemas. A falta de un puñado de jornadas, el Pucela debe tener controlada su propuesta y las variantes que ésta genera. Así, mejorar sin balón y en los primeros segundos tras la respuesta o la pérdida es capital y, ahí, un jugador posicional ayudaría mucho a los de Pacheta.

Roque para el equipo
Analizando la plantilla pucelana, Pacheta no tiene jugadores de ese perfil. En las etiquetas de sus futbolistas no existe un perfil así, pero éste no debe ser un problema. Roque Mesa sabe ofrecer ese estilo. Sabe y debe. El Real Valladolid necesita ese estilo como lo demandaba en la temporada 2014/2015. En una campaña en la que Álvaro Rubio no estuvo al 100% de sus cualidades físicas, Joan Francesc Ferrer, Rubi, creó un estilo posicional en André Leão. El portugués evolucionó mucho en la temporada hasta ofrecer al equipo lectura de juego y movimientos estáticos y de equilibrio.

Ahora, a menos de diez jornadas para el final de la temporada, el Real Valladolid debe ofrecer criterio en todos sus movimientos. Sabiendo que el momento del equipo pasa ahora por un esquema con tres centrocampistas, Roque Mesa debe dar un paso al frente. Su experiencia, liderazgo, carisma y relevancia en el equipo no pueden quedar exentos de exigencia. Así, el granacanario debe ofrecer el criterio, el poso y el juego posicional que Aguado necesita para encontrar espacios, Monchu para romper líneas, Weissman para recibir marcas y los extremos, entre otros, para obtener libertad interior.

En una temporada ciertamente irregular del ’17’ pero, sobre todo, en un momento en el que su juego está marcado por una mínima intrascendencia, ofrecer al equipo un estilo posicional y equilibrado sería la mejor noticia para el Real Valladolid y para potenciar el peso del jugador. Roque Mesa tiene la llave para hacer que el Pucela gane en equilibrio y en seguridad en el momento clave de la temporada. En su mano está la regularidad del equipo y, de paso, la suya.

Jawad El Yamiq explica por qué es capital en el Pucela

El Real Valladolid explicó en el empate (2-2) ante el Málaga CF por qué es tan importante Jawad El Yamiq para el equipo blanquivioleta. Es más, el central marroquí confirmó su importancia en el estilo de José Rojo, Pacheta, con un partido en el que no estuvo sobre el terreno de juego. Analizando la visita vallisoletana al Estadio de La Rosaleda el duelo se va a recordar por los problemas defensivos del Pucela a la espalda de los centrales y, ante todo, en las transiciones defensivas. 

¿Qué peso tienen hoy por hoy las transiciones en el fútbol? Altísimo, casi determinante y, por ello, Jawad El Yamiq es tan importante para el equipo. El ’15’ tiene muchas cualidades para el fútbol de las transiciones. Tanto ofensivas como defensivas. Lo ha demostrado en muchas ocasiones y Málaga fue simplemente la confirmación de su importancia en el equipo y en la idea de juego de Pacheta. El Yamiq hace bueno al equipo porque saca lo mejor de muchos de sus compañeros y demarcaciones sobre el terreno de juego. Con él, Jordi Masip sufre menos, por ejemplo. Los centrocampistas, a su vez, están más liberados.

El Yamiq es un jugador con buena respuesta en pocos metros y pocos segundos. Es un devorador en ambos aspectos y, por ello, el Real Valladolid notó tanto su ausencia en el partido de La Rosaleda. Cuando uno de los partidos en los que un jugador más destaca es uno en el que no está es porque es muy bueno o porque el equipo está hecho para él. El Yamiq, en parte, cumple los dos conceptos. Teniendo grandes cualidades para el fútbol, su estilo es el de este Pucela y el que quiere Pacheta y, por ello, Málaga ha sido tan determinante para confirmar que su estilo es el del equipo y el cuerpo técnico.

Su Pucela 
Devorando las transiciones, siendo vertical siempre con balón y agresivo al corte, Jawad El Yamiq confirmó en Málaga que en un Pucela que quiere ser protagonista, vivir en campo contrario y recuperar pronto el balón, él es capital. Un equipo que quiere se dominador del balón, ya sea con posesiones cortas o largas, se define por lo pronto que recupera el balón y, ahí, El Yamiq es básico. Lo ha sido siempre pero lo confirmó en Málaga, partido en el que no estuvo. Todo porque en el fútbol no existen las casualidades. Hace tiempo que dejaron de existir.

20 minutos de debilidad que cuestionan la seguridad

Qué bien estuvo el Real Valladolid en la primera parte del partido ante el Málaga CF en el Estadio de La Rosaleda. Para mí, y como expliqué en Twitter, una forma de entender que el plan de partido pucelana estaba saliendo es analizar las veces que el equipo pudo robar el balón en campo rival. Ese es un detalle que lejos de ser insignificante era capital. Los de José Rojo, Pacheta, estaban cómodos. Lo estaban porque su idea de juego se imponía. Lo hizo en los primeros 45 minutos del partido y, también, en el primer cuarto de hora de la segunda parte.

Hasta, como poco, la hora de juego, el Real Valladolid fue merecedor de la victoria. No porque fuera mejor que el rival sino porque hacía que su plan de partido estuviera sobre el césped. El planteamiento de Pacheta estaba claro porque el equipo lo plasmaba. Los visitantes mandaban. Pese a ir por detrás en el marcador desde bien pronto, el Pucela se veía cómodo. Vivía en campo rival, tenía posesiones largas, cortas, verticales, pausadas… El Real Valladolid mandaba y el equipo estaba dominador. Los pucelanos no eran resultadistas y se veían cómodos en el guión de partido.

Lo estuvieron en la primera parte y, también, tras la reanudación. El Real Valladolid era lo que quería Pacheta y, por ello, no tiro la toalla tras el gol de Álvaro Vadillo. Sin ver el camino del partido, el marcador hacía pensar en un duelo dominado por los locales, pero nada más lejos de la realidad. El Pucela mandaba y, por ello, supo hacer bueno a Shon Weissman. Los dos tantos del ‘9’ llegan desde una propuesta que define al equipo blanquivioleta. Desde ella se saca una buena lectura del encuentro. Con esos 60, 65 o, incluso, 70 minutos, el Real Valladolid utiliza la jornada 35. desde los últimos 20, no.

Todo de cara y…
Si bien es cierto que las lesiones de Monchu Rodríguez y Shon Weissman obligaron a cambios a Pacheta, las cinco permutas realizadas por el entrenador de Salas de los Infantes debilitaron al Real Valladolid. Así, el equipo perdió su identidad y, sin ella, la inercia que había conseguido. El último cuarto de hora se vivió más en campo propio que rival y ese es uno de los mandamientos que Pacheta nunca va a soportar. Su Pucela debe estar siempre buscando la portería rival y el equipo no lo hizo en el tramo final. ¿Por qué? Esa es la gran pregunta.

Desde una buena respuesta se entenderá qué no debe repetir el equipo y por qué es tan importante ser equilibrado. En conceptos tácticos y de propuesta. Una versión tan bipolar como la vista en el Estadio de La Rosaleda es perjudicial para la imagen y la confianza pucelana, incluso con divisiones tan radicales como ésta. Pese a que la versión positiva haya sido de 70 minutos y la negativa de 20, la segunda es la que se impone y la que preocupa. Cuando todo estaba de cara para el Real Valladolid, el equipo se perdió.

La crónica de la web oficial del Club habla de que todo estuvo «en contra» del equipo pero lo preocupante no es eso, que puede incluso ser debatido. Lo llamativo y perjudicial para la seguridad pucelana es ver que cuando el equipo tenía todo de cara, el duelo se cayó. Ya sea por las lesiones de Monchu o Weissman, por los cambios de Pacheta, por un hipotético vértigo o por una mala gestión de las emociones, el equipo perdió dos puntos por 20 minutos en los que tenía todo a su favor, pero que no supo gestionar y que debilitan su seguridad para las últimas siete jornadas.

Pacheta no explicó todos los ajustes de las posesiones

Tras ganar (4-1) al Club Deportivo Lugo, José Rojo, Pacheta, entrenador del Real Valladolid, aseguró que el estilo de juego de su Pucela iba a cambiar. Con tres centrocampistas sobre el terreno de juego, el estilo de las posesiones del equipo iban y van a ser diferentes. Si bien es cierto que el equipo había tenido una propuesta vertical y con espacios cortos de mando sobre el balón, el retoque iba a hacer que el Pucela tuviera más fases de dominio del balón pero de una forma menos directa. El matiz era importante y claro pero, de la misma forma, incompleto.

Sabiendo y asumiendo que el Real Valladolid había detallado su propuesta con balón, Pacheta no explicó al 100% cómo cambiaba el equipo a nivel global por ese tipo de posesiones que iba a tener. Con una propuesta más dominadora y más controladora, el Pucela debería fijar a los extremos para tener salidas rápidas, por ejemplo. El matiz en la propuesta estaba claro, pero la respuesta, no. Las transiciones son actualmente un porcentaje muy alto del juego y en ellas el Real Valladolid ha estado perdido en Málaga.

En el análisis de estos ajustes tácticos del Real Valladolid aseguré que cualquier manual de entrenador dice que un cambio de dibujo no significa cambiar la idea, pero con matices. La actualidad blanquivioleta es el ejemplo. Con tres centrocampistas han cambiado muchos más detalles en el juego blanquivioelta que el simple hecho de responder con balón. Las transiciones son capitales para este equipo y sin balón, el Real Valladolid estuvo muy débil. Con posesiones más largas, el Pucela parece romperse. Con muchos más metros entre líneas de los habituales, los cambios tras la pérdida debilitan al equipo, tal y como se ha visto en el primer gol malagueño pero, también, en diferentes acciones del partido.

Sólo una parte
El Real Valladolid ha variado detalles en las últimas semanas, más allá de la posesión y Pacheta no los explicó todos. No los explicó o no se les preguntó por ellos, también es verdad, pero la realidad es que el equipo sigue ajustándose y que lo hace a falta de un puñado de partidos para el final de la temporada. Esos detalles y ajustes son los que han hecho, muy posiblemente, que el equipo haya respondido tan mal a transiciones defensivas. La respuesta del Pucela tras la pérdida no es buena y no lo es porque hay diferentes detalles que el equipo no tiene asumidos ni ajustados. 

Este Pucela tenía unos automatismos que ha perdido al dar sentido a los estados de forma. Sabiendo de la importancia de Roque Mesa y Álvaro Aguado en la temporada y del buen estado de Monchu Rodríguez, el equipo se ha ajustado desde el centro del campo. Se ha detallado en todo. Con balón, sin él, tras perder y tras robar. En los cuatro principios básicos del juego hay matices y el Real Valladolid los está ajustando. Señalando a posesiones más largas pero menos verticales, Pacheta sólo contó parte de los nuevos detalles por los que se define su equipo tras la jornada 35 de LaLiga SmartBank 2021/2022.

Iván Sánchez, el gran señalado tras la lesión de Plano

La temporada 2021/2022 ha terminado para Óscar Plano. El ’10’ del Real Valladolid no va a poder sumar ningún minuto más hasta el final de la presente temporada. El Pucela sufre y José Rojo, Pacheta, más. La ausencia del madrileño debilita la propuesta y la confianza del entrenador burgalés por la importancia que tiene para él en un concepto en el que siempre le ha destacado: el «interlineado». Para el cuerpo técnico, Plano es un jugador único en el juego entre líneas. Esa capacidad de asociación de mediapunta del ’10’ parece única en la plantilla pucelana, pero no es así.

Analizando las muchas posibilidades que el vestuario blanquivioleta ofrece para sustituirle, Iván Sánchez es la más similar para conseguir ese «interlineado» mencionado por Pacheta recientemente. Si bien es cierto que Gonzalo Plata es el principal candidato para tomar su puesto y adoptar un rol capital en los próximos meses, Iván es el gran señalado para tomar el peso, la relevancia y el juego de Óscar Plano.

Ambos, madrileño y jienense, son jugadores zurdos que se sienten más cómodos en el perfil derecho. Buscando el juego interior, como Gonzalo Plata, ambos ofrecen su mayor confianza y su mejor rendimiento, por ese orden. Los tres, contando al ecuatoriano, optan por jugar en dicha posición, pero entre el ’12’ y los otros dos hay una gran diferencia en cómo ser diferencial y marcar diferencias. Si bien es cierto que Iván posee una conducción más vertical que Plano, las demandas para ser ese jugador interiorizado que sepa asumir peso en la recepción de balones y pases de seguridad son intrínsecas al propio ’21’.

Con 100 minutos
El perfil de Iván Sánchez tiene muchos de los detalles que, ahora, deja sueltos la lesión de Óscar Plano. Por momento de la temporada, el Pucela necesita liderazgo y personalidad. Él la tiene. A los atributos psicológicos se suman, obviamente, los futbolísticos. En ellos, y con casi 100 minutos ya en las piernas, Iván está para sumar esa variante del juego que deja Óscar Plano.

Asumiendo que será Gonzalo Plata el futbolista que tome galones y fuerza en las próximas semanas sin el ’10’, Iván Sánchez, por su parte, ofrece esos registros que para Pacheta son tan importantes. Él los pone sobre la mesa y el burgalés, obviamente, los conoce. Por ello llegaría al Estadio José Zorrilla en invierno y por ello se va a ver, ahora, la mejor versión del jugador. Seguro.

¿Qué pierde el Pucela con la lesión de Óscar Plano?

La temporada esta llegando a su final. La mejor muestra para verlo es la forma en la que el Real Valladolid anunció la lesión de Óscar Plano. El ’10’ sufrió una importante rotura muscular en la victoria (4-1) ante el Club Deportivo Lugo y se perderá «lo que resta de temporada», tal y como anunció el Club en su página web. De esta forma, el Pucela pierde a un jugador muy importante. Inicialmente, el análisis a la ausencia del madrileño se analiza desde la vertiente de ser uno de los jugadores más utilizados por José Rojo, Pacheta, pero, también, por un activo que no estaba rindiendo a su mejor nivel.

Tres goles y cuatro asistencias en los más de 2.100 minutos sumados esta campaña en LaLiga SmartBank hablan de un rendimiento débil del jugador pero, a su vez, destacan el importante peso que ha tenido para el cuerpo técnico en las 34 jornadas disputadas hasta la fecha. Óscar Plano ha sido capital para Pacheta. Más para el entrenador que para el equipo. El burgalés lo ha utilizado en 32 jornadas. Siempre que ha podido, le ha dado minutos y en 28 de esas 32 fechas, desde la titularidad. El peso del jugador ha sido capital y en muchos momentos no se ha entendido el porqué. El peso no estaba unido al rendimiento, pero sí a detalles que para Pacheta eran y son capitales.

La confianza que el entrenador burgalés ha tenido en el ’10’ en esta temporada ha sido importante. Dejar a dos delanteros en el banquillo para darle la titularidad a él en determinadas fase de la temporada habla del peso que Pacheta quería para Plano. Asegurando que rendía mejor «por dentro», Pacheta confió en Plano como enganche en momentos clave de la temporada. No era una apuesta más. Se trataba de la potenciación de la mayor virtud que el de Salas de los Infantes veía en el jugador: el «interlineado».

La seguridad de Pacheta
En una de sus últimas comparecencias, Pacheta destacó el peso de Óscar Plano entre líneas. Para el entrenador, el ’10’ era capital en la salida de balón y, ante todo, en la exigencia blanquivioleta de superar líneas. Situándose y buscando siempre el juego interior, Plano daba mucho al Real Valladolid. En esa idea de ser vertical, estar presente en campo contrario y generar superioridades, el ’10’ era un punto diferencial. Pacheta lo sabía y se mostraba tranquilo y convencido de obtenerlo.

«La lesión de Óscar Plano es dura para el Real Valladolid ero, sobre todo, para las ideas y planteamientos de Pacheta»

Pese a que el jugador nunca se ha mostrado cómodo de la temporada y jamás ha tenido un rendimiento regular, Pacheta no le ha retirado su confianza. Esa cierta facilidad para aparecer en una línea superior en la que está el balón, esa seguridad para ofrecerse como pase de seguridad filtrado, esa calidad para descargar el juego… Esos movimientos del ’10’, que, a su vez, son tan de mediapunta, han valido para que el jugador tuviera un peso destacado en la temporada y para que su lesión sea una triste noticia. Perderle es duro. Lo es para el equipo pero, sobre todo, para su entrenador. La confianza que Pacheta tenía en él iba por encima de la posición e, incluso, del rendimiento.

En este Real Valladolid, Óscar Plano ofrecía conceptos que eran capitales para los contextos en los que se ha movido el juego del equipo y en los que se va a mover. Ya fuera con posesiones breves pero verticales, como hasta la fecha, o con manejos del balón de mayor control y calidad, como se espera en las próximas semanas, Pacheta quería a Óscar Plano. El entrenador veía este proyecto con el ’10’ y, ahora, en el momento clave lo tendrá que detallar sin las cualidades de un mediapunta que pocas veces se ha movido en su verdadera demarcación peor que nunca ha dejado de ser importante.