¿Hasta dónde se puede estirar la ilusión por Aguado?

Primero por el factor sorpresa y, después, por el rendimiento ofrecido. Ambos conceptos son los que marcan el análisis y el protagonismo que Álvaro Aguado está teniendo en el Real Valladolid en las últimas semanas. El jienense es uno de los nombres propios del Estadio José Zorrilla tras sus dos titularidades consecutivas, después de sumar minutos en los siete encuentros ligueros y, obviamente, por seguir en la dinámica pucelana. Con todo, y tras ser la figura de la victoria (2-0) ante la Agrupación Deportiva Alcorcón, la gran pregunta es saber hasta dónde podrá estirar el jugador la expectativa generada.

Los dos últimos encuentros han situado al futbolista en un estado y en un lugar que no tuvo ni con su llegada a Valladolid. El mal cierre de etapa en el Córdoba CF generaron recelo en el mundo blanquivioleta pero, ahora, tras el rendimiento acumulado, Aguado es una de las grandes ilusiones pucelanas. La personalidad mostrada, la verticalidad sumada y la juventud que atesora le hacen tener un rol destacado en las expectativas de futuro y no tener techo.

La sorpresa por su peso y rendimiento en las últimas semanas llevan a cuestionarse hasta dónde puede llegar el jugador y cuál debe ser su peso en el equipo. Ambas son preguntas que, actualmente, no tienen respuesta. No la tienen porque hay dos factores que sólo puede calibrar el jugador. Ahora, Álvaro Aguado es un jugador con mucha confianza. En sus declaraciones de las últimas semanas, el ’16’ ha confirmado que está viviendo un buen momento. Desde él puede ofrecer rendimiento y relevancia. Con ellos podrá explotar todo el potencial que atesora y que aún tiene por descubrir.

Un potencial por descubrir
Pese a conocer al jugador de etapas pasadas, las últimas semana están mostrando nuevas cualidades del jugador. Más allá del liderazgo y de la personalidad, Álvaro Aguado está sumando mucho en la construcción y en la dirección del juego. Asume peso para crear, para distribuir y, obviamente, para llegar. Siendo un centrocampista de llegada y peso en los últimos metros desde una posición más liberada en el centro del campo, en los últimos duelos se ha visto un jugador con equilibrio, posicionamiento y compresión del juego.

Necesitando habitualmente de cierta liberación para destacar en el juego, Álvaro Aguado ha sido en las últimas semanas un jugador que ha rendido en muchos frentes pero que, ante todo, ha mostrado potencial y posibilidades. Con un enorme margen de mejor y crecimiento, el techo del jugador es, ahora, inimaginable. Obviamente tiene detalles competitivos que pulir y rasgos del juego que debe corregir desde la acumulación de minutos. En las últimas dos temporadas no sumó todo lo que debería y, desde ahí, se entienden diferentes respuestas al juego.

Pese a ese margen y detalles, el ’16’ es, actualmente, un jugador con peso y futuro en el equipo de Pacheta y en la entidad. Así, su expectativa se puede estirar mucho más. Pese a que la suya haya sido una sorpresa enorme en estas semanas de competición, el techo aún no se ha descubierto y no se ha hecho porque con confianza, minutos y protagonismo, el potencial de este talentoso centrocampista de dominio de balón, conducción y llegada puede dar un importante giro y ser ese activo tan «cojonudo» como Pacheta cree que puede ser para los intereses del Real Valladolid.

Todo lo que puede sumar Sergio León al Real Valladolid

No recuerdo dónde pero después de la victoria (2-0) del Real Valladolid sobre la Agrupación Deportiva Alcorcón escuché una frase que me gustó: «Sergio León no ha venido a Zorrilla a retirarse», escuché. No sé muy bien quién la dijo, pero sí sé que, en gran parte, la comparto. Muy posiblemente ese argumento llegue por las «ganas» que el cordobés demostró en el duelo del pasado domingo, pero creo que el análisis se debe centrar más en otros argumentos, posibilidades y respuestas.

El ‘7’ del Real Valladolid, que disputaba ante el equipo alfarero sus primer duelo como titular, mostró todo lo que puede añadir al Estadio José Zorrilla en la próxima temporada. Sin ser un sublime partido del ex del Levante UD o Real Betis, los 71 minutos acumulados el domingo confirman qué cualidades y rasgos puede sumar al ataque pucelano. Creyendo que en la potenciación de Shon Weissman, Cristo González suma más, Sergio León ayudó en la séptima jornada a muchas de las necesidades del israelí… y del propio equipo.

El ‘9’, obviamente, necesita vivir cerca del área rival y con Sergio León lo hizo. En esa pequeña muestra del modelo de juego que los pucelanos hicieron ante la AD Alcorcón, el ‘7’ fue importante. Lo fue porque mostró cualidades físicas óptimas y un estado de forma en buena evolución. Sin ser un encuentro excelso, en él sí se pudo ver verticalidad, velocidad, combinación y remate en el ‘7’. Con todo, la mejor versión del delantero está mucho más cerca de llegar.

Constante exigencia
Sabiendo y entendiendo que cerca de su mejor estado de forma Sergio León es un jugador diferencial en LaLiga SmartBank, los 71 minutos sumados en el último duelo mostraron, ante todo, evolución. Tras confesar que el estado en el que llegó a Valladolid no era el mejor, ver que su rendimiento está creciendo por la adaptación al equipo y a las cualidades del juego de sus compañeros, le acerca a un rol destacado.

Tras tres temporadas complicadas, Sergio León llegó a Zorrilla demandando peso y minutos pero, a su vez, exigido en su capacidad para dar respuesta a las etiquetas que se le iban a colocar. Por ello, evitar ser visto como un jugador de relleno era capital y él lo ha conseguido con sus primeras participaciones y, ante todo, con su primera titularidad. Desde ella se le ve como un jugador en evolución y como un activo válido para sumar y alejarse de posibles fantasmas que se enterrarán definitivamente con la evolución constante de su estado de forma y rendimiento.

La compleja sensación que se apodera de Óscar Plano

No voy a entrar mucho en los gestos que Óscar Plano hizo o dejó de hacer tras el gol de Shon Weissman en la victoria (2-0) ante la Agrupación Deportiva Alcorcón. Son detalles subjetivos que se pueden interpretar de muchas formas, pero son movimientos que muestran que el jugador no está bien. ¿En qué sentido no está al 100%? Ésa es la gran pregunta que hay sobre el ’10’ y que puede definir por qué a estas alturas de la temporada es un jugador que está lejos de todo. Plano no está cerca de su mejor estado, de la titularidad, de sumar en el equipo y de ser, como poco, relevante en los esquemas de José Rojo, Pacheta.

Actualmente, el madrileño es un jugador que cada semana va a menos. Titular en las primeras seis jornadas de la temporada, el pasado fin de semana fue suplente. La decisión del cuerpo técnico invita a que el jugador asimile cuál es su momento, su estado y sus circunstancias. Lejos de ser un jugador que demande unos grandes contextos de juego en un equipo con la propuesta que el Real Valladolid sí consiguió tener el pasado domingo, la suplencia del ’10’ es única y exclusivamente por una circunstancia personal y mental.

Desconozco si se ve o no se ve en el Estadio José Zorrilla o si estar actualmente de blanquivioleta es una decepción para él, pero la realidad intangible es que el jugador no es ni por asumo lo diferencial que puede llegar a ser. Definiéndose como un atacante de grandes altibajos en una misma temporada, la presente campaña muestra un ’10’ bloqueado y sin ambición. El curso anterior ha hecho mucho daño a los jugadores y al grupo. Se ha cortado mucho la capacidad de respuesta y liderazgo del equipo y de muchos de esos activos que acumulan varias temporadas en Valladolid.

Óscar Plano, por su parte, siempre había sido un jugador decisivo en ataque. La temporada pasada no lo fue y él, por ahora, no está siendo capaz de darle la vuelta a la situación ni se está mostrando con fuerza para resetear como debe su situación. Con todo, creo que el problema de Óscar Plano no es sólo por estar en LaLiga Smartbank ni por haber tenido ofertas de LaLiga Santander. Considero que el principal problema y límite que tiene el madrileño es la de sensación de que ésta es una etapa terminada.

Él llegó al José Zorrilla para conseguir un objetivo que ya tiene. Él dio el salto al Real Valladolid para cambiar su carrera y utilizar Pucela como trampolín pero, ahora, ésta se encuentra igual que en 2017. Cuatro años después, Plano está en el mismo punto porque desde la temporada pasada, y antes de saber el descenso pucelano, la suya era una etapa que ya había terminado.

La responsabilidad de Pacheta
La temporada 2020/2021 hizo daño a la imagen de muchos jugadores pero, sobre todo, a aquéllos que ya eran veteranos en el equipo. Nacho Martínez, Rubén Alcaraz, Jordi Masip u Óscar Plano viven con la sensación de que su etapa en Valladolid ha terminado. Ese sentimiento es muy difícil de controlar y obliga, a estas alturas, a un reseteo que ninguno pero, sobre todo, Óscar Plano no está sabiendo hacer. Ellos no lo están consiguiendo y Pacheta, por el momento, no se lo está inyectando. El perfil del burgalés es, como siempre he defendido y como aseguraba Javier Heredero en Twitter hace poco por Twitter, un entrenador para recuperar y motivar jugadores.

Por convencimiento y estilo, Pacheta es un preparador capacitado para liberar mentes y sumar activos para la causa. Actualmente, no ha encontrado la clave para conseguir que Óscar Plano vea esta temporada como una buena oportunidad para recuperar su carrera y dejar atrás el pobre bagaje de la pasada campaña. Ése es un debe del actual cuerpo técnico ya que él es, en gran parte, el responsable de hacer creer a cualquier jugador. Por ellos pero, sobre todo, por la necesidad de la entidad de «buenos jugadores» como es pero no está demostrando ser el ’10’ puclano.

El sorpasso ha llegado al vestuario del Real Valladolid

Calidad, posibilidades, variantes y alternativas. Siempre he defendido y siempre defenderé lo que entiendo que tenía el Real Valladolid la pasada temporada. El equipo tenía más de lo que ofreció y más de lo que se le exigió. En la temporada 2020/2021 no existió un aprovechamiento de los recursos existentes. El pasado estaba muy presente en la planificación. Al equipo se le analizaba por lo que había conseguido y con quién. Nada más. Así, todo se parecía centrar en nombres que habían sumado pero que, muy posiblemente, no estaban para ser determinantes en ese momento. 

Se vivía del pasado y se dejaba de exigir a otros porque nada parecía hacer mejorar a lo anterior. Lejos de ese enfoque, el Real Valladolid tenía el año pasado más de lo que mostró y más de lo que utilizó. Buscando que Óscar Plano, Nacho Martínez, Rubén Alcaraz o Sergi Guaridola, por ejemplo, recuperaran su mejor nivel desde el terreno de juego, titularidades injustificadas y minutos gratis, el Pucela se derrumbó. Ahora, por fin, parece que se ha cambiado la idea y que en el equipo juegan los que mejor están. Se llame como se llamen, vengan de dónde venga y hayan jugado lo que hayan jugado en la última temporada.

Partiendo del ejemplo de Álvaro Aguado, que regresaba a Zorrilla sin minutos en sus dos últimas cesiones, la situación se explica sola. El jienense  es un buen ejemplo pero, como él, otros tantos. Mirando sólo al presente y al rendimiento más inmediato y reciente, el Real Valladolid está firmando la variación de protagonistas, aquéllo que en política se conoce como ‘sorpasso’. El vestuario del Real Valladolid pide otras caras. Los votos han cambiado de bando y perfil. La experiencia ya sólo es un grado y no el punto de partida de cualquier análisis. Este equipo no necesita a aquéllos que sumaron en su momento sino a los que más puede aportar ahora.

Nombres propios
Con todo, Álvaro Aguado puede sumar y sumará más que Rubén Alcaraz, Gonzalo Plata que Óscar Plano y Diogo Queirós que Joaquín Fernández, por ejemplo. El momento actual habla de una importante crisis en los jugadores de mayor bagaje en el Estadio José Zorrilla y, por el contrario, de una ambición y aire fresco en aquéllos recién llegados al vestuario pucelano. Por ello, el sorpasso deportivo o el intercambio de roles es una realidad. Por necesidad individual de muchos de esos jugadores pero, ante todo, por la calidad y el rendimiento del equipo, la variación se debe confirmar ya.

Que Álvaro Aguado haya sido titular en los dos últimos partidos o que Gonzalo Plata se esté «enganchando» al equipo, tal y como narró Pacheta tras el partido, son detalles que potenciar y rasgos sobre los que crear la expectativa, ilusión y ambición que debe tener el Real Valladolid en esta exigente temporada, aquélla que debe romper con lo establecido y conseguido para mirar sólo al presente y al futuro a corto plazo.

El modelo de juego de Pacheta quiere ser ofensivo

El sistema o el esquema, según se quiera llamar, tiene poco que ver con el modelo de juego de cualquier equipo. Es cierto que contextualiza pero no deja de ser un dibujo sobre el terreno de juego. Lo importante y lo determinante son los movimientos que realiza el equipo después: las ideas. En las últimas jornadas, al Real Valladolid le costaba mostrar qué quería y qué buscaba. No parecía tener una idea de juego clara y definida y, por lo tanto, el resultado era débil y la imagen, muy pobre. En las tres últimas jornadas el equipo se cayó no por el resultado sino por el camino que llevó a él. No existió un estilo ni un modelo y el mundo blanquivioleta se preocupó. 

En la séptima jornada y sin ser un duelo brillante del equipo de José Rojo, Pacheta, el burgalés sí que pudo mostrar cuál quiere que sea su Real Valladolid o, como poco, cuáles quiere que sean parte de sus ideas y fundamentos. Ciñéndonos a la presentación del entrenador como nuevo preparador pucelano, el Real Valladolid quiere ser protagonista desde una exigencia alta de vivir en campo contrario. Pacheta quiere ser atrevido, directo, vertical y finalizador. Estos cuatro rasgos son exigentes y se vieron en cierta medida en el duelo ante la Agrupación Deportiva Alcorcón.

Exigidos por mostrar, el hecho de que el rival pucelano fuese el colista de la categoría es lo de menos. El Real Valladolid debía exhibir qué quiere y cómo lo va a buscar. Sabiendo de dónde venía y hasta dónde se le puede exigir, el Pucela supo utilizar la séptima jornada. Tanto el equipo como su entrenador supieron utilizar bien el encuentro. Salen mínimamente reforzados de la victoria al mostrar parte de lo que quieren y lo que entienden que mejor se define con las cualidades del vestuario.

Tras las tres derrotas consecutivas, el equipo intentó mostrar juego, personalidad y liderazgo desde el primer momento. No siempre estuvo en el mando del encuentro y no siempre fue protagonista, pero sí que consiguió dejar detalles de ese modelo de juego que quiere ejecutar Pacheta y de cómo el burgalés quiere llegar a sus jugadores y convencerles de todo aquello que debe hacerles ver tras el descenso de categoría y la mala racha con la que se llegaba a este encuentro. El Real Valladolid definía el encuentro ante el equipo madrileño desde esas tres derrotas consecutivas. Estas marcaban qué se podía conseguir.

Objetivos para el duelo
Exigiéndose ideas, sensaciones y personalidad, el resultado iba a llegar y así fue. Desde un equipo que quería robar alto, que generaba transiciones rápidas, que era muy vertical y que buscaba finalización con cierta facilidad, el Real Valladolid fue merecedor de la victoria. Lo fue porque hizo más que el rival y porque mostró ideas importantes. Los de Pacheta se impusieron porque Gonzalo Plata sumó verticalidad, porque Shon Weissman y Sergio León sumaron presencia en área, porque Álvaro Aguado y Roque Mesa le dieron velocidad de juego a la salida de balón y porque los cambios mantuvieron la intensidad de los mejores momentos.

Esos rasgos son los que Pacheta había narrado en varias ocasiones. El burgalés hablaba siempre de matices de personalidad, verticalidad y descaro que no se veían. Ante la Agrupación Deportiva Alcorcón, sí. Sin ser un partido excelso ni perfecto, los pucelanos sí que consiguieron cumplir con los objetivos que tenían para el duelo. El Real Valladolid debía ser un equipo de identidad y los vallisoletanos la mostraron ante el colista, sí, pero tras tres derrotas seguidas y muchas dudas y miedos en el ambiente. Obviamente, los contextos propios son más importantes que los del rival.

Lo menos importante es que el Alcorcón fuese el colista

El Real Valladolid se ha impuesto a la Agrupación Deportiva Alcorcón en la séptima jornada de LaLiga SmartBank. Los de José Rojo, Pacheta, han superado a los alfareros en un encuentro en el que no sufrieron en exceso. Los pucelanos fueron superiores a los madrileños en un duelo que merece muchos análisis y todos desde el punto de vista blanquivioleta. El hecho de que el rival fuese el colista de la categoría es lo de menos y es lo menos relevante para entender lo mucho que se puede obtener del regreso pucelano a la senda de la victoria.

La rueda de prensa posterior al encuentro de Pacheta demostró que el entrenador tiene claros los pasos y la evolución que necesita el equipo. Primero, el juego. Desde ahí, las sensaciones y, con ellas, el resultado. El proceso es importante y es el que va a marcar hasta dónde puede llegar el equipo. En esta ocasión y tras tres derrotas consecutivas, el Real Valladolid necesitaba ser superior al rival, crecer en el partido, mostrar su modelo y ser, con todo, merecedor de la victoria. Daba igual quién estuviese como rival porque el principal problema del Real Valladolid era y es él mismo. El buen inicio de la temporada dejaba una esperanza que se derrumbó en las tres últimas jornadas. Tocaba y toca reconstruirla.

El proceso para volver a edificar esa ilusión y expectación es progresiva y, en esta ocasión, se marca desde la consecución de objetivos propios y controlables. El Real Valladolid debe ser vertical, dominador y seguro. Le ha costado, pero lo ha conseguido. No ha sido con una fuerza desmedida pero sí con seguridad. Poco a poco. Paso a paso. El equipo ha crecido en el juego y en las prestaciones y, así, se ha merecido tener cerrado el encuentro antes del minuto 86. Ésta ya es una gran sensación que había que recuperar y que el Real Valladolid ha conseguido gracias a su evolución en el dominio de juego y en la creación de ocasiones.

Contra uno mismo
Pese a que el sistema nunca haya sido el principal problema pucelano, la necesidad de tener dos delanteros sí parecía capital para los de Pacheta. Creo que desde un perfil posicional o dos delanteros, el equipo estará más junto, equilibrado y fiable. En esta ocasión, y exigido para ser dominador, vivir en campo contrario, generar sensación de peligro y crear superioridades y ocasiones de gol, el Pucela ha salido victorioso. Lo ha hecho gracias a centrarse en él y no en el rival.

Cumpliendo con sus propios objetivos, este Pucela tiene un modelo de juego y unos jugadores que ganarán muchos partidos. Buscando sus mejores cualidades y creciendo desde ellas, el Real Valladolid será superior a muchos rivales de la categoría. Colistas, líderes, de play off o recién ascendidos. El rival, en muchos momentos, es lo de menos porque este equipo aún debe luchar contra muchos de sus miedos, fobias, inseguridades y márgenes de crecimiento y evolución. Antes del rival, uno mismo y ahí el Pucela tiene mucho por crecer.

La gran necesidad de crecer desde Fede San Emeterio

Siempre noté que con la idea de juego y fútbol de Sergio González no estaba muy conectado. No me gustaba el qué ni el cómo. En la forma en la que gestionaba y dirigía notaba que el catalán señalaba mucho los perfiles. detallaba y limitaba en exceso. ‘Centrocampista defensivo’ o ‘centrocampista ofensivo’ eran algunos de los ‘estigmas’ con los que el catalán marcaba y definía a su plantilla. No los compartía en su momento pero, en parte y sólo en una pequeña parte, los quiero utilizar ahora para definir desde dónde se debe reconstruir el Real Valladolid y desde qué figura se debe gestar la recuperación.

Tres derrotas seguidas, ya sea en LaLiga SmartBank o LaLiga Santander, obligan a muchas preguntas y las principales están en el centro del campo. El Real Valladolid vive desordenado desde la llamada zona de creación por no tener perfiles de equilibrio y contención, jugadores desde los que se pueda crecer. El matiz de crecer desde un jugador posicional es capital y lo es si se entiende qué debe dar en cada momento y cómo se debe utilizar su figura.

Actualmente y tras ver a un Real Valladolid desordenado en muchas fases de las últimas jornadas, la figura que más y mejor señala desde dónde debe crecer el equipo es Fede San Emeterio. Es cierto que su rendimiento en Pucela en las más de dos temporadas que suma como blanquivioleta no es bueno pero, personalmente, considero que el cántabro nunca ha sido utilizado dónde y cómo debe y que jamás se le han llevado a los contextos en los que mejor se puede definir.

Inmejorable opción
Ahora, y tras sumar 146 minutos, cuatro participaciones y una titularidad en las primeras seis jornadas, el ’16’ del Real Valladolid puede ser el faro desde el que el Real Valladolid pueda crecer y, ante todo, borrar muchos de sus problemas. Los pucelanos no se mantienen equilibrados, se rompen con la posesión al acumular muchos activos por delante de balón y llegan tarde a las segundas jugadas. Estos tres son conceptos que el equipo comenzaría a aliviar desde un rol posicional de un jugador como Fede San Emeterio.

Personalmente, me resulta complicado de entender que un jugador del rol y las cualidades del cántabro no esté sumando más minutos y oportunidades en el momento en el que está el Real Valladolid. El suyo es un perfil muy concreto, aquél que une a un equipo y ese desde el que otros jugadores pueden descatar y deben asumir responsabilidad. Ese toque de jugador de equipo y para el equipo es necesario en cualquier equipo siempre. Para construir una identidad o para reforzarla, y es ahí dónde está el Pucela ahora. Pacheta debe dotar al Pucela de personalidad y confianza y no hay ningún perfil mejor que Fede San Emeterio para ayudar a crecer desde él.

Debo dejar de escuchar las declaraciones de Pacheta

Desde la llegada de José Rojo, Pacheta, al banquillo del Real Valladolid aseguré que me costaría ser objetivo, que no honesto, con él. Tiene muchos aspectos que me gustan y que creo que son capitales para convencer a un vestuario. Su metodología es clara y si consigue entrar en la cabeza del jugador, tiene mucho ganado. La forma de expresarse e intentar convencer es aquella de alguien que está al límite. Si te cala, es un genio. Si no te entra, corre el riesgo de ser visto como un friki. Límites del convencimiento pero, también, de los resultados.

Así, Pacheta, que sabe de las carencias de juego del equipo y de los problemas psicológicos y de confianza del vestuario, se centra en seguir con su idea. La base la va a mantener y sólo va a detallar pequeños matices que, obviamente, no están entrando en la cabeza de los jugadores. Así lo veo y así lo entiendo tras su última rueda de prensa y después de su entrevista de este lunes en La8Valladolid. En su participación en LaJornada, el entrenador del Real Valladolid mostró un discurso correcto y en su línea, algo que, para mí, es muy importante ahora.

En muchas ocasiones me han acusado de centrarme mucho en el discurso, en las ruedas de prensa y en el mensaje. Es posible que le de más trascendencia de la que deba tener, pero es por una cuestión de la seguridad del entrenador y sobre el preparador. Si muestra convencimiento y argumentos en lo que vende, es más fácil convencer al jugador para lo que luego quiera que ofrezca sobre el terreno de juego. Es una cuestión de convencimiento que, por el momento, Pacheta sigue intentando y eso que va conociendo mas en profundidad los contextos y condicionantes a los que se debe enfrentar

Con todo, parece que voy a tener que dejar escuchar al burgalés porque él me sigue convenciendo y desde él sigo viendo que tiene claro cómo llegar al jugador, cómo convencerle y cómo motivarle. No es suficiente, pero no es poco y sí un necesario punto de partida. El Real Valladolid está en un proceso exigente. Pacheta lo sabe. Entendía cuál era éste antes de llegar y sabe a la perfección cuál es ahora, después de tres derrotas. Con todo, sabe cuáles deben ser los objetivos del equipo en las próximas semanas y qué debe exigir al equipo, qué debe marcar como objetivos y cuáles deben ser sus obligaciones.

Los tiempos del Real Valladolid han cambiado en pocas semanas y, ahora, todo se debe centrar en una versión evolutiva y exigente sobre el equipo pero no marcada por la prisa ni, tampoco, por la excesiva tranquilidad. El equipo debe quemar diferentes fases de su proceso de mejora para llegar a su mejor nivel posible en la actualidad. Pacheta tiene claras esas etapas y debe convencer al equipo de ellas. Por ello, el hipotético empate y las pequeñas o minúsculas mejoras en el Estadio de Montilivi eran un pequeño brote verde sobre el que, ahora, debe trabajar el entrenador pese a la derrota (1-0) final.

Mayor exigencia
El nivel mostrado no es el esperado ni el exigido. Al Real Valladolid se le puede exigir y pedir más. Ahora y siempre. Se debe ser ambicioso pero sabiendo que los vaivenes de la competición cambian los análisis, los estados y las confianzas, pero no el punto de credibilidad que se debe ganar semana a semana el entrenador. El discurso no es la parte más importante pero sí es el motor para conseguir muchos argumentos.

El equilibrio en la búsqueda de esos justificantes es capital para que el equipo no pierda credibilidad en la figura del entrenador, aquél que jamás puede perder la compostura. Pacheta, por el momento, no lo ha hecho. Lo descontrolado y perdido que estuvo en Burgos parece que fue una excepción para un entrenador que me sigue convenciendo.

Lo hace porque sabe dónde está, entiende qué contextos va a encontrarse y porque sigue sabiendo qué necesita el equipo. No es fácil y no está acertado en muchas decisiones pero a mí me sigue convenciendo y, quizás, por ello, debo dejar de escucharle y centrarme en lo que veo sobre el terreno de juego aunque haciéndolo, me faltaría algo de cómo yo entiendo y veo fútbol y cómo creo que debe asumir el Real Valladolid la situación en la que está.

¿Por qué no entiendo el centro del campo de Pacheta?

El sábado, durante los primeros 45 minutos de la derrota (1-0) del Real Valladolid en el Estadio de Montilivi, aseguré que no entendía la disposición que José Rojo, Pacheta, hace del centro del campo. Creo que es el punto de partida de muchos de los problemas de estructura y movilidad que tiene el equipo. El Pucela no genera seguridad ni muestra contundencia porque desde el centro del campo no se muestra empaque. Desde ahí, el Pucela se debilita. Obviamente, Pacheta y su cuerpo técnico tendrán herramientas para dictaminar por qué disponen tal esquema y propuesta. Yo, por mi parte y en estas líneas, quiero explicar qué veo, que haría y cómo le buscaría solución.

Inicialmente, el error es, para mí que el equipo juega con poco centrocampista de creación y sí con varios llegadores. Entiendo que Roque Mesa es llegador y constructor de campo rival. Igual que Álvaro Aguado, Toni Villa u Óscar Plano. Ninguno de ellos son lo que yo entiendo como centromcapista con equilibrio. A un equipo no sólo se le sostiene desde el físico o el aspecto defensivo. Hay diferentes formar pero, ante todo, debes alternar esas ideas. Este Real Valladolid no lo está haciendo y está desaprovechando mucho de lo que puede generar un esquema que, personalmente, me encanta porque me he criado con él y porque lo veo muy útil para este Pucela.

Creyendo que este vestuario tiene un problema grave con las transiciones ofensivas desde el último ascenso y siendo yo un fanático de los contragolpes, jugar con un esquema de tres centrales y dos carrileros es, sobre el papel, un ingrediente perfecto para eliminar esa carencia. Con todo, el equipo, lejos de solucionarlo, está aumentándolo porque no es efectivo en las transiciones ofensivas y, además, proque genera debilidad tras ellas al romperse en el intento de correr pero hacerlo sin ideas.

Desde Roque Mesa
Este equipo dispone desde un mal posicionamiento inicial
. El rol de Roque Mesa es incomprensible. Obviamente, va a generar una salida limpia pero, quizás, demasiado individualista. En muchas ocasiones se opta tras la defensa por el jugador más dotado técnicamente para dar el primer pase en la construcción. Tiene lógica, pero no con los contextos del ’17’.

El grancanario tiene ese control del balón y dominio para liderar el duelo que no tiene nadie más en el equipo, pero su juego no es productivo para la demanda actual del equipo. El Real Valladolid no necesita construir desde tan atrás y menos en conducciones o pases arriesgados. Actualmente, tras el descenso y después de tres derrotas seguidas, el Pucela demanda seguridad, crecer pase a pase y evolucionar metro a metro. Poco a poco debe mejorar este equipo y ése no es un rasgo que ofrezca Roque Mesa. No lo ofrece ni lo ofrecerá. No es lo suyo.

Mesa es un jugador que, actualmente, es capital para el Pucela. En lo que yo entiendo que debe ser el Real Valladolid, sí. En cómo está el equipo, también. El ’17’ tiene esa individualidad que demanda este equipo y sobre la que se puede crecer pero desde una demarcación acorde. Por delante de un doble pivote, Mesa sería determinante. El concepto doble pivote es, para mí, vital.

Desde cómo entiendo yo una formación de cinco y qué objetivos tiene, formar con dos centrocampistas ofrecería mucho de lo que necesita el equipo porque resulta curioso pero este Pucela me deja la impresión que se debilita con el balón. Suena utópico pero es real. Con más posesión, más metros entre líneas, menos estructuración y mayores problemas tras la pérdida.

Debilidad con el balón
¿Cuántos pases genera el Real Valladolid entre centrales? No tengo el dato pero sé que son más de lo que el equipo puede asumir porque son estos los que generan la sensación de dudas en el equipo. Al Real Valladolid le cuesta superar líneas rivales porque no tiene referencias fijas en la siguiente línea del esquema. Hay mucha libertad, mucho movimiento, demasiado intercambio… El Real Valladolid no evoluciona porque, posiblemente, no tenga líneas de pase claras en la salida de balón. A estas alturas de la temporada no es fácil, que no imposible, tener automatismos de juego pero sí es necesario exigir ideas de juego y una evolución en la construcción.

Los de Pacheta no las tienen y, para mí y mi forma de ver el fútbol, es por diferentes aspectos que espero haber sabido explicar en estas líneas. Dando por bueno este esquema o sistema para las necesidades actuales y pasadas del equipo, la utilización no es la correcta. Ni en los tiempos, las formas ni, tampoco, en la utilización de las herramientas. Un esquema con cinco defensas o tres centrales es muy útil pero, como cualquier otro dibujo, sí se utiliza con un centro del campo acorde, todo lo contrario de lo que yo veo en este Real Valladolid.