La tozudez de Sergio y el triste final de Míchel Herrero

Muy posiblemente se pueda hacer un doble análisis de la etapa de Míchel Herrero en el Real Valladolid. El ya exjugador blanquivioleta merece una opinión social y futbolística. Por un lado ha estado su personalidad, su peso y su gestión y, por otro, su fútbol. En éste, en el segundo, el valenciano ha sido capital. Siempre le he dicho a @VictoriJime que me encanta cómo analiza el fútbol y este miércoles tras conocerse la marcha del de Burjasot, la sensación es la de siempre: da en el clavo.

Tras el tweet del Club despidiéndose del jugador, su mensaje era tan sencillo como directo: «uno de los jugadores mas importantes en estos años». En un principio me ha sonado fuerte y, quizás, excesivo pero, con un pequeño análisis, lo he visto acertado, concreto y, lo más importante, verdad. El análisis sobre el ’21’ está marcado por ser la gran definición del Real Valladolid de Sergio González y, a su vez, por el papel residual de la última temporada. Estos contextos marcan la visión pero no por ello deben minimizar la importancia que ha tenido un jugador de elevado peso y enorme rendimiento.

Siempre creí que la etapa de Míchel había terminado hace ahora un año. Sus contextos para sumar en el Real Valladolid se reducían mucho. Confirmando la tozudez de Sergio González y la negativa para variar la demarcación y el peso del jugador, la pasada campaña ha sobrado al jugador. Antes de ello, su peso fue determinante y capital para que el Pucela supiese qué hacer en muchos momentos. Al exentrenador se le pueden y deben achacar muchas decisiones y le señalan múltiples medidas incompresibles, pero el uso y el aprovechamiento del ’21’, no. Quizás por ese buen uso llega un final muy deslucido.

Para Sergio, diferencial
Míchel ha sido el jugador más importante de la etapa del entrenador catalán junto con Kiko Olivas. Muy por encima de otros como Óscar Plano, por ejemplo. Cuando Sergio llegó se encontró un Míchel con un pie fuera de Zorrilla. Ni estaba ni se le esperaba y, al final, consiguió sumar y crecer desde un cambio de demarcación interesante pero con fecha de caducidad.

El Míchel centrocampista y creador tenía un final que Sergio no entendió. Anclado en las medidas que le dieron resultado en fases pasadas, el Real Valladolid descendió, Sergio se mostró incapaz y Míchel cerró como no debía la etapa más amplia y regular de su carrera.

Por no saber gestionar ni utilizar los últimos coletazos del ’21’ para el Real Valladolid, la etapa del jugador queda deslucida pero no por ello se debe olvidar que la poca propuesta que en muchos momentos tenía el último Pucela con balón era la que otorgaba y generaba Míchel. Cuando éste pidió sumar calidad y no cantidad, Sergio optó por otro perfil y por una nefasta utilización de un jugador que llevaba meses barruntando que su final estaba cerca pese a que podía sumar detalles tan diferenciales como el volumen de juego y propuesta que había conseguido en temporadas pasadas.

Javi Baraja, un activo que necesitaba el Real Valladolid

Javi Baraja, tal y como adelantó ElDesmarque Valladolid, no va a seguir en el Estadio José Zorrilla. El entrenador blanquivioleta dice adiós al Real Valladolid y al filial blanquivioleta. El Club habla de un «hasta luego» pero, ciertamente, lo único que queda claro es que el Pucela pierde a un activo importante y a un perfil de entrenador que la entidad necesitaba. Llegado al punto en el que estaba, el exjugador era uno de los pilares básicos de crecimiento de la entidad pero, como viene siendo habitual en Zorrilla en las últimas décadas, el perfil del vallisoletano se pierde.

Una entidad bien sustentada, equilibrada y con vistas a medio y largo plazo trabaja con entrenadores como Javi Baraja y les hace sentirse importantes y respetados. Desconozco si estos detalles han sido los que han propiciado la salida del excentrocampista pucelano pero sí que entiendo que han sido, como poco, influyentes en su decisión. En un momento en el que en el fútbol se define por el ego de todo aquel que participa en él, Baraja también puede haberse sentido llamado por tentaciones del exterior pero, ahí, el Real Valladolid debía haber sido más inteligente y dominador de la situación y de los tiempos.

Tras dos buenas temporadas a nivel personal y después del descenso del primer equipo, Javi Baraja tenía derecho a pensar que su sitio debía ser el primer equipo. Podría ser una sensación comprensible y, también, analizable. Personalmente, considero que no era su momento porque el vallisoletano tenía mucho que ofrecer al Real Valladolid desde roles lejanos a la élite.

Él, como sus ya exjugadores, está en una etapa de formación y desde esa fase podría haber evolucionado y madurado, ayudando, a la vez, a hacer crecer al Club en la creación de potencial. No por falta de resultados y trabajo ni, tampoco, por ausencia de un cuerpo técnico competente, Baraja estaba para seguir ayudando al Club a formar jugadores y a liderar, a su vez, un proyecto del filial que cada vez es más importante en Zorrilla y que está más asentado en sus objetivos.

Rol y cualidades
Javi Baraja sabía cuáles eran sus fases en el Club y aunque haya sentido cierto ego para un salto mayor y una muestra más alta de ambición, el Club no ha estado rápido y no ha sabido gestionar bien la necesidad que la propia entidad tiene de poseer un entrenador con el rol que podría ofrecer Javi Baraja. El vallisoletano debía ser el preparador de club que el Real Valladolid no tiene desde hace décadas y, posiblemente, desde la marcha de Javi Torres Gómez o, incluso, desde la de Pepe Moré.

Baraja cumplía a la perfección con los rasgos y las fases para ser el líder de ese rol que tanto necesita un club asentado, bien estructurado y ambicioso que quiere ser el Real Valladolid. Queriendo estar preparado ante todas las circunstancias, el perfil de Baraja era el idóneo para cualquier dificultad de banquillos que surgiera en Zorrilla pero, quizás, nadie ha sabido hacerle ver la importancia que tenía él y ese rol en Zorrilla.

Así, el Pucela pierde un activo importante, mucho más de lo que parece, para formar y asentar un proyecto en el que no todo estaba mal hecho pese al descenso a LaLiga SmartBank. Este matiz es importante para entender qué debe y qué no debe hacer el Club. No todo es el primer equipo y no todo se debe entender por un descenso. El Club es mucho más y el Club debía tener a Javi Baraja en su estructura. Dónde fuera y cómo fuera.

La necesidad individual de Anuar de abandonar Zorrilla

Jugador de la casa y de esos que muestran sentimiento. Sin análisis futbolísticos, Anuar Tuhami es mucho de lo que cualquier aficionado quiere para su equipo. El ceutí es ese jugador de garra y cierto liderazgo sentimental que encandila porque siempre sabes que no puede hacer ni dar más. Nunca se reserva. Cualquier aficionado lo querría en su equipo pero, tal y como se puede leer en ElDesmarque Valladolid, el Club no cuenta con él. El canterano y activo de la primera plantilla a todos los efectos desde el año 2017 no estará en el equipo de José Rojo, Pacheta, y no lo hará por diferentes motivos.

El principal es por una cuestión de rendimiento. Como en el caso de Álvaro Aguado, Anuar no ha tirado la puerta en sus cesiones. Ni en Grecia ni en Chipre, destinos de cuestionable exigencia, el centrocampista ha llamado la atención del Estadio José Zorrilla. Los informes no son muy buenos y todo hace ver que el jugador no ha explotado como se quería desde su primera salida de Valladolid en el invierno de 2019.

Su marcha al Panathinaikos FC, primero, y al APOEL de Nicosia, después, no han valido para que el jugador explotara ni, tampoco, para que evolucionase como se esperaba. Está en un momento muy parecido al que tenía cuando en la temporada 2019/2020 Sergio González le quitó mucho del peso que le había dado meses atrás. En su segunda campaña en LaLiga Santander, Anuar bajó su rendimiento. Anclado, como muchos, por la propuesta de juego del entrenador catalán, el ceutí tampoco ha mostrado lo que se esperaba de él lejos del paraguas del catalán.

Presos en muchas ocasiones de ese sentimiento y garra más personal que futbolística, siempre se ha esperado mucho de Anuar y, hasta cierto punto, siempre se ha creído más en el ceutí de lo que el propio jugador demostraba. Por ello, y analizado lo realizado fuera de Zorrilla, el jugador no ha confirmado estar capacitado para liderar al equipo y sí ha ratificado que necesita volar lejos de Valladolid y romper el vínculo blanquivioleta. Así, y aprovechando el descarte que Fran Sánchez ha hecho de su perfil, el jugador debe saber elegir qué buscar y dónde hacerlo.

Tiempos de evolución y explosión
Es un momento capital para su carrera y para evitar un estancamiento mayor. Anuar tiene cualidades y, en muchos momentos, estas eran tan diferentes como necesarias para el Real Valladolid. Su conducción, su capacidad para superar líneas rivales con el balón y su llegada de segunda línea fueron importantes pero siempre secundarias. Esas condiciones estaban pero no era determinantes. Ni en su juego ni en el modelo del equipo. No fue sólo una cuestión de Sergio sino, también, de fuerza y consistencia en el rendimiento.

El símil de la puerta siempre está muy vinculado al fútbol y a jugadores y situaciones como las de Anuar Tuhami. Él, en sus cesiones y, obviamente, en su etapa en el primer equipo, debía haber tirado la puerta pero nunca lo hizo. Llamó a ella y se quedó esperando a que se la abriesen. Fue educado y temeroso para que le dieran paso y, en ese tiempo, se ancló y se estancó. No explotó. Así, su etapa se ha cerrado y su marcha, por dolorosa que sea, que la es, es lo mejor para todos. Para él y para el Club. Ambos necesitan volar separados. Costará, pero es lo mejor.

Álvaro Aguado dejará un expediente lleno de preguntas

El Real Valladolid, tal y como se podía leer en ElDesmarque Valladolid, ha hecho una primera lista de descartes. En ella está Álvaro Aguado, como es lógico y normal. Se tenga más o menos confianza en él es imposible contar con un jugador que ha sumado 21 partidos oficiales en las últimas dos temporadas y que ha disfrutado de siete titularidades y cuatro partidos completos desde enero de 2020. Desde aquel mercado de invierno, el bagaje del jienense es bajo y a todo ello hay que sumar la primera fase de la temporada en el Real Valladolid.

En aquellos primeros meses, Aguado estuvo en la plantilla pucelana. Tras su llegada desde el Córdoba CF, el centrocampista fue uno más para Sergio González, pese a que el catalán no contara con él, como le dejó claro. Pese a ello y viéndose como un perfil diferente, Aguado creyó en él y se quedó. Quiso exprimir su oportunidad y el Club accedió. Ahí, posiblemente, se comentó a fraguar el importante listado de preguntas y dudas que hay sobre él.

Su fichaje era una buena idea. Su ejecución, no. Su potencial, su margen de crecimiento pero, también, su rendimiento en el equipo blanquiverde le hacían ser visto como una buena inversión, independientemente del montante económico y de su llegada en una operación junto a Sergi Guardiola. Con todo, su fichaje tenía unas esperanzas pero ha terminado siendo una enorme decepción por la nefasta gestión sobre el activo.

Gestiones incomprensibles
Es cierto que el jugador ha estado marcado esta temporada por una lesión de hombro de la que fue operado pero, siendo cierto, desde su llegada a Zorrilla al jugador siempre le ha perseguido un ramillete de preguntas que nadie ha sabido solucionar ni responder. Desde su inicial estancia en Valladolid, con sus innegables opciones y posibilidades, en 2019 hasta su desaparición en Fuenlabrada mucho antes de la operación, la etapa de Aguado en Zorrilla está definida por el corte que vivió la pasada campaña en la cesión en Soria.

Fue un golpe muy duro del que quiere huir pero que le ha dejado marcado para que, ahora, sea imposible verle como una opción para Pacheta. Es inviable creer en sus muchas posibilidades cuando no lo ha hecho o no le han dejado, nunca se sabrá, en sus dos cesiones vividas desde que el Real Valladolid se hizo con sus servicios en enero de 2019. Un fichaje de calidad muy mal gestionado y sobre el que se agolpan las preguntas.

¿Hay que hacer un esfuerzo por recuperar decepciones?

La situación actual en el Real Valladolid es de análisis. Fran Sánchez, nuevo director deportivo, es la persona sobre la que se centra la mayor porción de responsabilidad y decisión en estos momentos. El cambio de mes variará el foco sobre José Rojo, Pacheta, pero, por el momento, es el de Orihuela el que debe recopilar información y opiniones, entrevistar jugadores y entornos y palpar sensaciones. Con todo ello, la nueva dirección deportiva del Real Valladolid debe entender hasta qué punto y nivel está capacitado para resetear y motivar a decepciones que se produjeron durante la pasada campaña.

Cualquier parte del entorno del Real Valladolid tiene claro que Joaquín Fernández y Rubén Alcaraz fueron dos de las grandes decepciones. Entre las más destacados o, posiblemente, las más importantes. El almeriense y el catalán, por expectativas creadas y rendimiento no creado, fueron dos justificaciones claras de por qué el equipo terminó como lo hizo. Creyendo, además, que tanto uno como otro vivían temporadas importantes para sus carreras pero, ante todo, para su rol y relevancia en el equipo, Fran Sánchez debe calibrar y examinar mucho sus situaciones.

El nivel de esas exigencias creadas hace que se mantenga la esperanza y la motivación de que ambos, con los cambios que se preparan, sepan entender este paso atrás en su carreras como el empuje y el motor que necesitan. Tanto uno como otro fueron importantes, pero no decisivos. Este último término es el que señala su presente pero, a su vez, el que puede marcar su futuro. Analizando su situación individual, recopilando la información que dejan y palpando las sensaciones propias y del entorno, Fran Sánchez debe decidir cómo se puede recuperar una decepción o, por el contrario, si los coloca en el mercado.

Joaquín Fernández y Rubén Alcaraz fueron una decepción la temporada pasada. Es innegable. Lo es, incluso, para ellos y lo es, sobre todo, por la falta de liderazgo. Sin Kiko Olivas y con Míchel Herrero en un segundo plano, ambos debían haber ofrecido más, pero no lo consiguieron y, por ello, ahora se debe calibrar su motivación, su hambre, sus ganas de revertir la situación y su capacidad para esta nueva exigencia a la que se van a a enfrentar.

¿Cómo están después del golpe del descenso? ¿Cómo valoran ellos su temporada 2020/2021? ¿Qué creen que pasó? ¿Se ven capacitados para liderar el equipo ahora? ¿Cómo los ve el vestuario? ¿Qué opina Pacheta de ellos? ¿Qué supone para sus carreras volver a LaLiga SmartBank? ¿Cómo de viable es hacer un esfuerzo económico por ellos? Estas son preguntas que pueden parecer básicas pero son cuestiones que invitan a entender su situación pero, sobre todo, que obligan a leer entre líneas para saber si dos de las grandes decepciones de la pasada temporada están capacitados para sumar, participar y liderar en la siguiente.

Tres jugadores para liderar la motivación blanquivioleta

Cerrada una temporada e iniciada otra, el Real Valladolid analiza su plantilla y lo hace con fuerza y cierta presura. Son muchos los activos disponibles para que Fran Sánchez disponga de su primera planificación en el Estadio José Zorrilla y, ahora, el de Orihuela está pendiente de dictaminar cuál es el perfil para liderar al equipo y cimentar un vestuario fuerte, convincente y con ganas de reivindicación. El aspecto motivacional es importante y es por él por el que hay un cierto núcleo de jugadores que debe asumir la temporada 2020/2021 con ambición.

Creyendo que la etapa de jugadores como Pablo Hervías, Nacho Martínez o Jordi Masip, entre otros, se ha terminado, creo de la misma forma que ha llegado el momento de un perfil de jugador como Kike Pérez, Luis Pérez y Jawad El Yamiq. Los tres, jugadores con un importante margen de crecimiento, son un estilo de jugador que casa con las necesidades y exigencias del Real Valladolid para la nueva temporada. Si bien es cierto que el marroquí es un jugador más veterano que el sevillano y el toledano, su situación es similar.

Los tres suman una experiencia de sólo una temporada en LaLiga Santander pero, pese a ello, están o, como poco, deberían estar llamados a ser jugadores importantes dentro de la planificación y organización de la próxima campaña. En el golpe del descenso ninguno ha sido protagonista capital porque ninguno ha sido indiscutible. Alternando, como muchos otros jugadores, fracciones de protagonismo con fases de ostracismo, el estilo de juego de los tres es lo que les debe hacer ser jugadores importantes para el diseño y el transcurso de la nueva campaña.

En cuestión de juego, tanto el lateral derecho como el central y el centrocampista son jugadores que buscan vivir en campo contrario. En sus cualidades, todos se mueven bien en las exigencias de protagonismo, propuesta ofensiva y transiciones que se le va a exigir al Real Valladolid en la temporada 2021/2022. Con necesidad de proponer y ser protagonista, el Pucela de José Rojo, Pacheta, va a ser un equipo que necesitará correr a su espalda. Ahí se mueve bien Jawad El Yamiq. El campo abierto, el marroquí no sufre.

Análisis pormenorizado
En la necesidad de ser profundo, generar superioridades numéricas y crear verticalidad, Luis Pérez es dominador. Ya lo fue en el Club Deportivo Tenerife antes de llegar a Zorrilla. En LaLiga SmartBank, el de Utrera fue dominador en acciones ofensivas y sumó en transiciones defensivas. En ese ida y vuelta en el que se está definiendo gran parte del fútbol en la actualidad, Kike Pérez puede y debe sumar mucho.

Con destellos en su primera temporada completa en el primer equipo, la próxima debe ser una campaña determinante para el de Toledo. Kike Pérez debe crecer en rendimiento y liderazgo y no hay mejor exigencia que aquélla a la que se va a enfrentar el Real Valladolid en los próximos meses. Dentro de una propuesta llegadora e intensa, el ‘8’ debe ser un jugador determinante para los intereses de un equipo que no debe olvidar de dónde viene y qué ha pasado pero que no debe decidir sólo por el rendimiento de la pasada campaña.

Cuando ningún jugador está al nivel, el análisis se debe realizar sobre el potencial de cada futbolista y, ahí, el Real Valladolid de la nueva temporada debe volver examinar por qué llegaron algunos jugadores y qué hicieron para ello. Las cualidades por las que se les fichó siguen existiendo, pese a que la temporada pasada sólo se vieran en pequeñas fracciones, como ocurrió con Luis Pérez, Jawad El Yamiq y Kike Pérez pero, también, como sucedió con Jaime Mata en la temporada 2016/2017. Un problema de rendimiento y contextos, pero no cualidades.

Yo tampoco querría seguir en el Real Valladolid ahora

Según anuncia el As, Fabián Orellana no quiere seguir en el Estadio José Zorrilla. Tal y como confirma la Cadena SER, Óscar Plano tiene un acuerdo con el Levante UD. Entre tanto, desde medios de Marruecos se asegura, supuestamente, que Jawad El Yamiq no quiere seguir de blanquivioleta. Son muchos nombres de jugadores pucelanos los que se vinculan con otros equipos. Son movimientos normales y, hasta cierto punto, lógicos por parte de unos jugadores que se hacen querer y que se quieren sentir valorados.

La rueda de prensa de presentación de José Rojo, Pacheta, dejó muchos titulares pero uno de los más destacados fue aquel que decía que el que no quiera estar en Valladolid, «no estará». El burgalés busca gente comprometida y concienciada, detalles que pueden ser diferenciales pero que no se pueden calibrar en la actualidad. Tras el descenso del Real Valladolid, lo lógico es que los representantes de los jugadores y los propios futbolistas miren fuera de Zorrilla.

Por mucho que un jugador haya firmado un descenso, su ambición, a veces traducida en egoísmo, es la de estar en las mejores categorías posibles y eso es, ahora, lo que parece que están buscando muchos jugadores aunque, también, sean movimientos protagonistas o para captar la atención, siendo matices determinantes.

En su presentación como nuevo director deportivo, Fran Sánchez pidió tiempo. En la de Pacheta, pidió perdón ya que no había podido contestar a todas las llamadas. El de Orihuela tiene trabajo y aún sigue aterrizando en Zorrilla mientras los jugadores quieren saber qué quiere hacer el Club con ellos. A estas alturas están expectantes y nerviosos y reclaman atención.

La dirección deportiva aún no ha marcado muchas de sus líneas pero los jugadores parece que se mueven. ¡Y es normal! Con todos los cambios vividos en Zorrilla, los jugadores están nerviosos y sus entornos, más. Como en cualquier ámbito de la vida, un profesional quiere sentirse querido y sin noticias del club que es tu propietario, muchas filtraciones son provocadas para agitar un árbol que debe encontrar un nuevo liderazgo. Tras una temporada como la pasada, muchos jugadores no quieren seguir en el Real Valladolid sin noticias, confirmaciones ni apoyos públicos o privados. ¡Y es normal! Yo tampoco querría seguir en Zorrilla si nadie me muestra su apoyo.

Tira y afloja
Tras una temporada en la que no ha habido afición en la grada, los primeros encuentros en Zorrilla con público van a ser muy exigentes para ciertos jugadores y muchos de estos quieren sentirse respaldados por un Club que ha cambiado sus cabezas visibles. Así, la responsabilidad es de la propia entidad y es ésta la que debe decidir con quién contar y cómo cerrar esas filtraciones que, en muchas ocasiones, son sólo eso: filtraciones provocadas para buscar atención.

Sobre ellas debe trabajar el Real Valladolid porque necesita apaciguar los nervios de cara a una temporada exigente y a la que muchos, por el momento, llegan desprotegidos e inseguros. Esa inseguridad por el rendimiento de la temporada 2020/2021 señala a los jugadores que se han movido en las últimas horas. ¿Jawad El Yamiq tiene la confianza del entorno y del Club? ¿Y Fabián Orellana?

Por mucho que sea el Real Valladolid, yo, en la situación de algunos profesionales, tampoco querría seguir en el Estadio José Zorrilla si no me confirman y me aseguran al 100% que cuentan conmigo y cómo lo van a hacer. Sin definir qué quieren de mí, yo también hubiera movido el árbol porque seguro que a esos ya les ha llamado Fran Sánchez y sus representantes no son ninguno a los que el nuevo director deportivo pidió perdón en la presentación de Pacheta.

El fútbol y sus ritmos los marcan los jugadores pero, en esta ocasión, podrían estar haciéndolo para saber no qué quiere el Real Valladolid de ellos pero sí qué buscan con ellos los nuevos dirigentes pucelanos. Ese tira y afloja de todos los veranos se ha aumentado ahora en Zorrilla por los importantes cambios que se han confirmado y aquellos que se esperan ratificar en las próximas semanas. Ahí está el motivo a esos movimientos tal criticados pero, a la vez, tan lógicos de jugadores inseguros por una temporada que ha marcado a todos. ¡A todos!

El perfil de jugador que debe abandonar el José Zorrilla

Después del golpe del descenso y, ante todo, después de cómo se produjo la pérdida de categoría, el análisis sobre la actual plantilla se centra en determinados jugadores que parece que ni pueden ni deben seguir en el Estadio José Zorrilla. La primera y principal mirada critica se centra en aquellos activos llegados en el pasado verano y que no han llegado al nivel esperado. Fabián Orellana, Luis Pérez, Saidy Janko, Jawad El Yamiq o Roque Mesa son, a grandes rasgos, los grandes señalados por el descenso. Su llegada no cumplió las expectativas pero, realmente, no son ellos los que más necesitan salir de Valladolid. ‘Necesitar’ no es ‘exigir’, y el matiz es importante para entender qué es lo que quiero expresar en este artículo.

Creyendo que se debe analizar cada situación de forma concreta y personal, si hay un perfil de futbolista que necesita salir del Estadio José Zorrilla y cerrar esta etapa no es aquel que ha llegado hace pocos meses a Valladolid sino, más bien, todo lo contrario. Entiendo que el fútbol como la vida son ciclos y hay jugadores que ya han cubierto el suyo y que, ahora, necesitan salir de Valladolid. ¿Cómo se detecta el fin del ciclo? Personalmente, creo que con la falta de hambre por un exigente objetivo que ya se ha conseguido.

Sabiendo que el Real Valladolid deberá luchar por ganar todos los partidos y tener la mayor ambición posible, el desgaste será altísimo. Es complicado mantener el nivel por un objetivo tan duro cuando ya lo has firmado. Por ello, el descenso y la formación del nuevo Pucela debe conllevar la salida de ese grupo de jugadores que estuvieron en el ascenso de 2018 o en temporadas cercanas a él. Aquel grupo fue el que llevó a los blanquivioleta al regreso a LaLiga Santander y el que firmó dos permanencias seguidas pero, ahora, pesa más el descenso reciente que los éxitos anteriores.

El desgaste ha sido altísimo para jugadores como Jordi Masip, Nacho Martínez, Míchel Herrero, Óscar Plano o, incluso, otros como Rubén Alcaraz, Pablo Hervías o Sergi Guardiola. Es cierto que ellos ofrecieron un rendimiento que otros no han conseguido pero, con todo y con ello, no creo que deban seguir en el Real Valladolid. Su etapa se ha cerrado, como lo hizo con Javi Moyano o Antoñito Regal. Todos ellos han tocado techo de blanquivioleta y, posiblemente, en su carreras y, ahora, necesitan salir de Zorrilla.

Un liderazgo…perdido
Llega el momento de una nueva etapa y el Real Valladolid debe descubrir qué jugadores pueden sumar en sus nuevas exigencias por momentos actuales, expectativas de futuro y opciones de crecimiento. La mirada al pasado ya no vale. Calibrar por lo que se fue, se ofreció y se sumó es signo de mediocridad, tal y como se confirmó en la temporada 2020/2021 cuando no se tomó una decisión por el éxito de hace unos años y no por los errores del directo.

Aprendiendo de ese pasado, el Real Valladolid debe tomar sus primeras medidas sobre los veteranos y experimentados. Ese es el perfil de jugador que considero que necesita salir del Estadio José Zorrilla. Por el Club… ¡y por ellos! Se debe construir un nuevo equipo y se deben buscar nuevos líderes. Sobre estos, los líderes, es sobre los que más peso y responsabilidad cae tras un golpe como el vivido y, ahora, necesitando refrescar la motivación, incentivar los iconos y potenciar la parte sentimental, el Pucela necesita señalar qué perfil de jugador debe salir de Zorrilla. Sin dramas y por una cuestión del final del ciclo que iniciaron y en el que triunfaron pero que, como todos, se termina, hay jugadores que deben decir adiós a Valladolid. Por ellos, por el Club y por todos. Se necesita un cambio.

Épica nobleza castellana para conquistar el José Zorrilla

El sabio refranero español, que tiene expresiones muy acertadas a todos los avatares humanos, nos dice en una de sus múltiples aportaciones que «a moro muerto, gran lanzada”. Es un refrán que se refiere a quien critica o condena a toro pasado o en ausencia de peligro una actuación o un hecho sin haberlo hecho cuando convenía o era el momento y el caso. No seré yo quien actúe con Sergio González ahora dándole una «gran lanzada».

El entrenador barcelonés es ya historia en el Real Valladolid y el Club y su entorno miran y deben centrarse en el fútbol que desde el pasado jueves cuenta como referencia con el saleño, salense o serranomatiego, como se prefiera el gentilicio, de José Rojo Martín, Pacheta. El que fuera fino interior pero enorme rematador de cabeza tiene un historial humilde tanto como jugador como entrenador, especialmente como preparador pues su experiencia en LaLiga Santander es breve. Al nuevo entrenador del Real Valladolid le avala haber jugado en Primera y haber sido discípulo de entrenadores como José Antonio Camacho o Marcelo Bielsa.

Fuera de esos formulismos que obligan a pensar que uno es buen entrenador si ha sido buen jugador, lo que más me gusta de Pacheta, ahora mismo, es su presentación. Me gustó lo que dijo y me gustaron seis detalles de su discurso. Me gustó su naturalidad, porque no hay duda que no es un impostor; su franqueza, ya que no es un hombre oscuro; su claridad de ideas, porque no divaga en sus expresiones; su rotundidad en los juicios, sabiendo dónde está, el equipo que entrena, qué metas debe conseguir y cuáles son sus misiones; su respeto, ya que habla con cariño a la afición, jugadores y medios de comunicación, y también me gustó su nobleza, al confesar los duros comienzos y su inicial trayectoria como entrenador y secretario técnico.

Nobleza castellana
Todo esto parece que hoy es lo habitual, pero no es así
. Actualmente hay entrenadores que ante los medios de comunicación no dicen nada utilizando los mismos términos que ciertos políticos o previamente ya tienen la respuesta preparada. Mucha palabrería pero poco contenido.

Si el de Salas de los Infantes, a pesar de la chaqueta que llevó a su rueda de prensa, transmite a los jugadores del Real Valladolid los mismos ideales que emitió en la rueda de prensa y les inyecta en la sangre la pasión, la constancia y el tesón como lo hizo en Elche y Huesca, no tengo duda que nuestro Pucela recobrará el puesto de privilegio que le corresponde en la división de oro del fútbol español. Así, una vez más, la épica nobleza castellana conquistará el Estadio José Zorrilla.