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Vallecas define un 2019 de gustos contradictorios 

El 2019 se define como el año en el que el Real Valladolid ha demostrado la opción de aspirar a ser visto nuevamente como un equipo y un club de Primera división

31 de diciembre de 2018 | «2019, tantas ideas por cumplir como por conocer»

El Real Valladolid está en Primera división. Vive un buen momento deportivo y un excelente estado institucional. El Club se encuentra muy bien y lo puede disfrutar, en gran parte, por lo conseguido en el Estadio de Vallecas el pasado 12 de mayo. El equipo de Sergio González consiguió en Madrid la salvación en la élite del fútbol español y esto supone un paso importante para el intento de consolidación que busca el equipo en la élite del fútbol profesional. Mirando sólo a los resultados, al Pucela se le puede pedir poco más. En cuestión de sensaciones y peticiones, quizás sí se puede querer ser más exigente y ambicioso.

Kik0 Olivas, la muestra del agotamiento que sufrió el Real Valladolid para conseguir la salvación | Foto: RealValladolid.es

El éxito de Vallecas
El equipo está en Primera. La temporada pasada salvó la categoría y actualmente está holgadamente lejos del descenso. Con estos credenciales parece imposible suspender el año 2019 del Real Valladolid, como así es. Deportivamente el equipo funciona muy bien e institucionalmente, también. Pese a que diferentes proyectos impulsados por Ronaldo Nazário hayan tenido un frenazo importante, el momento de la entidad es muy bueno. 

El éxito que se consumó en mayo en Vallecas engrandece la situación del equipo de un Sergio González que sigue confiando en el vestuario que se he hecho fuerte con él. El entrenador vive los mejores momentos de su carrera como entrenador en el Estadio José Zorrilla y muchos de los jugadores que le acompañan, también.

Es el mejor momento de la carrera de muchos integrantes del Club y es ese punto por donde empiezan los regustos contradictorios que tengo con el momento del Real Valladolid y que tantas y tantas veces he expresado este año pero, sobre todo, en los últimos meses.

Desde el inicio de la temporada 2019/2020 he asegurado que el equipo tiene mucho más de lo que expone. Hace pocos días leí una reflexión de Twitter muy elocuente con esta discrepancia. Ésta decía que al equipo no se le puede pedir más porque “juegan casi los mismos de la temporada pasada”. Es cierto. Los onces tienen pocos cambios, pero la plantilla sí. Con ellos, el equipo ha ganado potencial. En su actual versión y con pequeños cambios que se pueden realizar moviendo algunas piezas ya presentes en el vestuario.

Una oportunidad inmejorable
Creo, realmente, que el equipo está bien confeccionado porque confío firmemente en Miguel Ángel Gómez. Hace años que el Real Valladolid no tenía un activo en el que creyese tanto. Su presencia me tranquiliza y confío en el equipo que ha montado. Tiene sentido, está bien estructurado y tiene opciones, posibilidades y alternativas. Siempre he pensado que Sergio González tiene más bimbres de los que hace gala y de los que potencia.

El Pucela ha tenido en 2019 plantillas limitadas, obviamente, pero con muchas menos carencias de la que Sergio ha querido mostrar. El catalán ha realizado siempre un discurso conservador que se ha entendido en el entorno como de mediocridad. Centrándose sólo en el equipo que subió a Primera, la categoría se puede quedar ciertamente grande pero, en ese caso, habría que preguntarse por qué no se utilizan todas las posibilidades.

Con todo, queda da por bueno el año 2019. El Real Valladolid está bien y lo está en todos los sentidos. Deportivamente está dentro de los objetivos y necesidades básicas e institucionalmente viaja hacia puntos históricos e ilusionanates. Pese a gustos y análisis contradictorios para una misma realidad, el Real Valladolid genera debate por una exigencia honesta y subjetiva que crecerá en 2020, un año para seguir creciendo y pidiendo el máximo. No hay otra receta para crecer.