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Al Real Valladolid se le puede exigir mucho más | La linterna de Ángel Velasco
Desde el 20 de febrero de 2007 acompañando al Real Valladolid con mucha opinión|jueves, julio 18, 2019
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Al Real Valladolid se le puede exigir mucho más 

Pese a la innegable mala racha de resultados e imagen del Real Valladolid, el equipo tiene en su plantilla mucho más potencial del mostrado… y exigido actualmente

La exigencia es el motor del fútbol, de las ilusiones y de las emociones. Así, y sólo así, se puede entender la motivación constante para ganar, crecer y conseguir objetivos. Perdidas las peticiones de crecer y tener tu mejor nivel, todos mueren. Proyectos, jugadores, clubs… Sergio González, que siempre habla de preparar los partidos “desde la mejor versión del rival”, carece de un ambiente que pide la mejor versión de un equipo sobre el que ha dejado de creer porque en el fútbol, el que no pide la mejor versión de alguien, no cree en él.

Once titular del Real Valladolid en la derrota (0-2) ante el Real Betis en el Estadio José Zorrilla | Foto: RealValladolid.es

¿Por qué se puede pedir más?
Como entrenador de fútbol siempre he pensado que si un jugador y un equipo han llegado a un nivel de juego, rendimiento, goles… es porque lo tienen. No creo en exceso en la suerte o la fortuna porque creo que ésta es para equipos y entornos mediocres. Un ejemplo sencillo de esta exigencia: Jaime Mata ya es un goleador. Ésta era una vertiente inimaginable hace 18 meses pero que, ahora, nadie la niega. El año pasado y esta temporada, la de su debut en Primera, el madrileño está marcando la diferencia. Ahora, con el paso de las temporadas, al ex blanquivioleta se le exigirán estas cifras.

Sea justo o no, Jaime Mata va a tener la exigencia de ser determinante y goleador siempre. Dio un nivel y se le exige por él. Es algo que se debe hacer, como ocurre en Inglaterra con Jamie Vardy. El inglés era un delantero mediocre, sin bagaje profesional que explotó en la temporada 2015/2016 y que ya nunca ha bajado de la docena de goles por año. Son dos ejemplos destacados de que no se puede exigir a nadie por lo que no ha dado pero sí por lo que ha conseguido, y así le ocurre ahora al Real Valladolid. La mala racha de juego y resultados del equipo de Sergio González ha despertado la vena de la mediocridad y no de la exigencia. El Pucela lleva un punto de 18 posibles y parece imposible volver a la racha de victorias de finales de septiembre e inicios de octubre.

Conseguir, ya no esa racha de resultados, sino una dinámica similar de juego y sensaciones de aquellas semanas parece una tarea imposible para el equipo. ¿Por qué? “Porque el equipo no tiene más”. Ésta es la vertiente que más se escucha. La vena resultadista se marca en todo, incluso en la exigencia. ¿Por qué no se le puede pedir más a un equipo que ha conseguido sumar, en una fase de esta temporada, 12 puntos de 12? ¿Por qué es necesario ‘enterrar’ a futbolistas que han rendido tanto o de una forma tan específica?

¿Por qué hace sólo unos meses el equipo era perfecto y sólo necesitaba unos retoques ofensivos y, ahora, es un terror al que no se le puede pedir más? ¿Qué ha pasado para este cambio tan radical en las peticiones? El entorno del Real Valladolid se está dejando arrastrar por el discurso de que nada ni nadie vale y que asegura que el equipo no tiene más. Curiosamente, esa vertiente que no ve más opciones al Pucela es la que pide creer hasta el final. Nadie se puede bajar de un barco del que te dicen que no tiene ni motor ni ancla.

Sin exigencia, no hay objetivos
En un mundo tan duro y voraz como el fútbol profesional, la pérdida de exigencia termina llevando a la de los objetivos y a cerrar la temporada. Por ello, si el discurso blanquivioleta no cambia, el equipo morirá. Lo hará desde la mediocridad de una idea que, por ejemplo, no quiere recuperar o potenciar el efecto refrescante de Daniele Verde, el aprovechamiento de Duje Cop, capital en la mejor etapa, las cualidades determinadas de Enes Ünal o las variantes, por ejemplo, de un sistema más contragolpeador y dominador con cinco defensas.

El discurso no quiere hacer creer porque no quiere exigir. Yo quiero creer, porque quiero ver al Real Valladolid en Primera pero, por lo tanto, debo exigir en un contexto futbolístico y no sólo social. Esa creencia parece imposible porque el discurso parece empeñado en confirmar, una vez más, que somos pobres y malos y que el equipo, aquel que maravilló en un momento determinado, no tiene más. ¿Por qué no tiene más? Porque no le exige más. El conformismo destroza ilusiones y proyectos y en el Real Valladolid está siendo así.