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Desequilibrio que podría romper al Real Valladolid 

En los últimos dos partidos, el Real Valladolid ha mostrado la peor cara de la temporada por el desequilibrio, mental y futbolístico, de un equipo que perdió su ‘yo’

Si no quieres taza, taza y media. Nunca mejor dicho. Si nadie quería volver a ver la versión del Real Valladolid en el empate (0-0) ante la Sociedad Deportiva Éibar, los pucelanos la multiplicaron con la primera parte ante el Sevilla FC. Ante los de Pablo Machín, el Pucela fue en el primer acto un equipo desarbolado, maniatado, irreconocible e, incluso, un poco soberbio. Los pucelanos no quisieron ser ellos. Parecieron buscar un estilo que, actualmente, no necesitan y que es, posiblemente, aquel al que nunca deberían llegar. Desequilibrados y desordenados, los pucelanos muestran que ese camino es el que los romperá y el que les llevará a perder mucho de lo ganado hasta el regreso de José Luis Mendilibar al Estadio José Zorrilla.

Sergio González, antes del inicio del partido ante el Sevilla FC en el Pizjuán | <em><strong>Foto: RealValladolid.es</strong></em>

Sergio González, antes del inicio del partido ante el Sevilla FC en el Pizjuán | Foto: RealValladolid.es

Desde la cuestión futbolística…
Dice el refrán que “no valoras lo que tienes hasta que lo pierdes”. En cuestión futbolística, el refrán firmaría, más o menos, que “no valoras aquello que criticas hasta que lo pierdes”. Así se puede confirmar de una forma contundente lo importante que es Enes Ünal para el actual Real Valladolid. Visto lo visto en la primera parte de la derrota (1-0) ante el Sevilla FC, el turco es necesario para el éxito de este equipo. Con sus limitaciones, problemas y exigencias, el ‘9’ es determinante para que el Pucela sea él: un Real Valladolid equilibrado.

Ünal une y compacta al equipo a la vez que potencia los movimientos grupales de la propuesta de Sergio. Junta líneas, reduce distancias, fuerza los espacios… Es un jugador que muestra mucho de lo que debe tener este equipo. Con gol o sin él, el Pucela se muestra cómodo con el turco. En el Estadio Ramón Sánchez su entrada terminó de cambiar un partido que Sergio González y Diego Ribera ya habían variado en el descanso.

Dos detalles, tres puntualizaciones o cuatro movimientos demostraron que el Real Valladolid tiene una identidad y un estilo compactado. El Pucela debe ser una máquina bien engrasada para que todo salga a la perfección. Es un equipo que va al límite y que paga muy caros sus errores. Una mala posición, un mal detalle o un movimiento desacertado, rompe todo. Un detalle negativo destroza todo el equilibrio. Ante el Éibar y Sevilla FC, el Pucela tuvo varios errores y, obviamente, los pagó al conseguir un punto, inmerecido, de seis.

En ambos encuentros, el equipo no fue de una forma conjunta a la presión, no supo correr con balón ni tras el robo, no contuvo la idea de transiciones ofensivas del rival… Poco a poco, todo fue sumando y el Real Valladolid perdiendo su cara, su equilibrio y, por lo tanto, su identidad. Sin estos rasgos, los pucelanos mostraron grietas y posibles fisuras. Futbolísticamente, sin humildad ni realismo, el Pucela es muy vulnerable y no una máquina perfecta, como parecen haber interiorizado algunos sectores.

… hasta la psicológica
Ese equilibrio que tanto necesita el Real Valladolid no es sólo futbolístico. El equipo de Sergio debe volver al camino humilde y reposado del inicio de temporada. Es difícil. Son muchos los cambios que ha sufrido la plantilla, muchos los elogios que ha recibido y muchas las metas que se le han impuesto. Todo ello hace una bola muy difícil de digerir que ciertos jugadores están asumiendo con dificultad o de forma progresiva.

Pese a ser una visión personal, me parece muy criticable la versión que el Real Valladolid ha mostrado en 135 de los últimos 180 de juego. En el duelo completo ante la Sociedad Deportiva Éibar y en la primera parte de la visita al Sevilla FC, el equipo de Sergio se definió como un conjunto altivo e, incluso, mínimamente, soberbio. Los blanquivioleta, psicológicamente, no fueron equilibrados y, además, el contexto futbolístico no ayudó. Con diferentes toques, recados, castigos e, incluso, ‘enfados’, Sergio marcó quién y qué debe cambiar.

En un deporte cada vez más individual, el cuerpo técnico elige cuál deben ser los rendimientos que él quiere para conseguir sus objetivos semanales. Con ellos, él selecciona y determina cuáles le vienen mejor para crear su equipo, su identidad y su futuro. En esa variación está el éxito y, en esta ocasión, ese equilibrio que tanto necesita el Real Valladolid para no romperse.