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Un entrenador que siempre se sentirá futbolista 

Sergio González siempre será visto como ese centrocampista emblemático

“Hay aspectos en los que ya me sé defender. Sé cómo piensa un futbolista”. Estas son palabras de Sergio González, nuevo entrenador del Real Valladolid, en el año 2012, cuando se estaba preparando para obtener el curso Nacional de entrenador. En aquel momento, el catalán era sólo un proyecto de entrenador que, ahora, seis años después, ya tiene experiencia en la élite y de hacerse con un equipo a mitad de temporada. Dos bagajes importantes en los que ha creído el Real Valladolid para encomendarle esta experiencia de ocho jornadas en el Estadio José Zorrilla. Lo hace con un puñado de partidos en el banquillo pero con una larga experiencia en el fútbol como jugador, la que marca el perfil de entrenador que es ahora. Sergio siempre será visto como aquel emblemático futbolista del RCD Espanyol y del Deportivo de la Coruña, y más para esta breve etapa.

Sergio González, en una rueda de prensa en el Estadio de Cornellá-El Prat | <em><strong>Foto: RCD Espanyol</strong></em>

Sergio González, en una rueda de prensa en el Estadio de Cornellá-El Prat | Foto: RCD Espanyol

Tres etapas; tres experiencias
En el análisis del cambio de perfil que he escrito sobre Sergio González y Luis César Sampedro he conseguido una frase que resume muy bien lo que yo creo que va a ser esta etapa del catalán en el Estadio José Zorrilla. “Sergio va a ser más lo que marque el Real Valladolid que el Real Valladolid lo que quiera Sergio”. En ella intento confirmar que el nuevo entrenador pucelano va a vivir una etapa pasajera en la que le va a costar mucho dejar su huella. Por tiempo, sólo podrá dar pincelazos.

Lo importante es saber cuáles van a ser esos brochazos. Más allá de resultados, lo importante es conocer qué perfil va a ofrecer el entrenador al equipo. Entendiendo el fútbol como la evolución sobre las experiencias y sabiendo que ningún preparador es igual en sus primeros destinos que en los últimos, Sergio es ahora un entrenador con una idea de fútbol muy determinada. Marcado en su etapa del RCD Espanyol por la unión ofensiva entre Sergio García y Felipe Caicedo, el fútbol del nuevo preparador pucelano no conlleva muchos detalles. Busca la sencillez, desde el propio esquema de juego.

Desde un despliegue táctico básico con tres líneas, aunque muchos escalones en ellas, con, por ejemplo, la clara ruptura de las funciones entre los dos centrocampistas, Sergio va a querer tener un Real Valladolid muy móvil. Copiando la base de aquel Espanyol de la temporada 2014/2015, el perfil de aquellos puntas los tiene, el peligro de aquellos extremos, también, y la variante de una defensa que puede ser férrea y solvente, también. Por qué no.

La base de su única experiencia la puede copiar pero, obviamente, Sergio no lo hará. Busca la sencillez pero sabe que todo debe adaptarse a lo que tiene y él no tiene aquella plantilla perica. Sus tres experiencias en los banquillos le ofrecen variantes que mostrar en el Estadio José Zorrilla. Desde la inmediatez que se le exigió en el filial españolista, hasta la adaptabilidad de la selección catalana, Sergio tiene la experiencia de la profesionalidad y de la realidad de saber lo pesada que es la presión de un banquillo.

Un detalle muy elocuente
Obviamente, el nuevo entrenador blanquivioleta siempre va a ser reconocido como ese emblemático centrocampista que le gustaba aparecer por el área rival y que llegó a vestir la camiseta de la selección en 11 ocasiones. Hasta la fecha no se ha arrancado esta etiqueta y, por el momento, no lo va a hacer. Tiene mucho que recorrer como entrenador para poder ser visto de otra manera.

En esta ocasión, esa larga etapa de jugador no debe ser una etiqueta o un lastre. Debe ser la base para ver el entrenador que es. Dentro de esa adaptabilidad que debe hacer él al equipo, Sergio sabe que si quiere hacer algo en estos ochos partidos es desde el convencimiento de los jugadores. Los tiene que dejar libres. Hacer que ellos se sientan, más que nunca, libres pero, también, protagonistas y responsables. Sergio sabe qué es responder en el terreno de juego. Lo hizo en la temporada 1999/2000, cuando ganó su primer Copa del Rey.

Sergio González, junto a Miguel Ribera, su segundo entrenador en el Real Valladolid | <em><strong>Foto: NurPhoto</strong></em>

Sergio González, junto a Miguel Ribera, su segundo entrenador en el Real Valladolid | Foto: NurPhoto

Paco Flores gestionó aquel vestuario para que los jugadores, ahora varios de ellos entrenadores, ganaran aquella histórica final ante el Atlético de Madrid del gol de Raúl Tamudo. Esta y otras experiencias le han llevado a tener un perfil de entrenador que se nutre de la construcción sobre lo que ha vivido y ha entendido como jugador. Ese estilo sobre el campo era de un fútbol de balón, de mucha movilidad y verticalidad. Potenciado por cuatro años con Jabo Irureta, el fútbol que le pide la cabeza ahora a Sergio es un estilo sencillo y simple con visión ofensiva y mucho remate. Como era él en el terreno de juego.

¿Por qué, en su presentación, la única consideración táctica que Sergio aseguró que debe mejorar el equipo es la llegada de la segunda línea para atacar? Obvio. Porque a él, como jugador, le gustaba llegar desde atrás para buscar la portería rival. Así marcó su primer gol como profesional o como lo hizo en las dos finales de Copa del Rey que ganó. El fútbol que, ahora, busca Sergio González es éste, el que le definió como jugador. Tras su paso por el Real Valladolid puede ser otro pero, ahora, sólo es éste.