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Porque no todo transcurre por el soñado ascenso 

Arranca el 2018 y el Real Valladolid lo hace centrado en el ascenso, cuando muchos de sus problemas y debilidades son independientes a la categoría en la que juega

El recuerdo del 2017 | ‘Un año de grandes decepciones y ciertos alivios’

Se cierra un año, el 2017, y automáticamente arranca otro, el 2018. En clave blanquivioleta la pregunta sobre el deseo para los próximos meses es clara. ¿Qué pides para el equipo pucelano? “Que vuelva a Primera”. La respuesta es fácil pero obliga a una lectura más amplia. Un ascenso no es sencillo y obliga a cumplir muchos puntos antes. Para volver a ser de Primera, por ejemplo, el Real Valladolid debe tener un sustento, una base que ahora mismo no tiene o que, al menos, no puede exponer aún.

Si algo me quedó claro en la presentación del ‘XII Pucela’ es que desde dentro del propio Club se ve a la institución bloqueada y estancada. Se busca otro cambio. Se necesita una evolución y que ésta tenga un poso, un crecimiento y una ilusión. Todo ello no pasa por un ascenso. No sólo por ello. Jamás querré un ascenso como el del Córdoba CF en el año 2014. Sin estructura, sin base y sin conocimiento. El Real Valladolid necesita un proyecto, crecer con él y con todo lo que éste hace sufrir y que, después, éste te lleve a la élite.

Carlos Suárez, en la presentación de Moro y Losada como nuevos vicepresidentes del Club | <em><strong>Foto: RealValladolid</strong></em>

Carlos Suárez, en la presentación de Moro y Losada como nuevos vicepresidentes del Club | Foto: RealValladolid

¡Ojalá!
Ojalá el Real Valladolid esté en Primera en 2018. Ojalá. Será una buena inyección económica para el Club pero será un apoyo económico que no curará todos sus males. Muchos de ellos no están en una categoría sino en una idea. El Real Valladolid puede comenzar a arrancarse ese cartel de “equipo de Segunda” desde el crecimiento en la categoría. Mejorando en aspectos de cantera, de formación y de exportación de jugadores. Dando crecimiento a apuestas de jugadores jóvenes, de casa o de fuera de ella, el Real Valladolid crecerá y volverá a ser aquel club de identidad propia que todos deseamos y que se puede tener en Primera o Segunda. Con identidad, siempre estás dentro de tus objetivos. Siempre.

Estar en la élite es un gran paso. No lo dudo, pero hacerlo preparado y con jugadores competentes, más. ¿Sirve de algo llegar a la élite con una plantilla que debes reformar en más de un 35/40%?  Lo dudo. ¿Se lo podría permitir el Pucela? Gusta estar en Primera, sí, pero no a cualquier precio.

Me gustaría ver al Real Valladolid en Primera, está claro, pero con una idea clara y con jugadores propios para la causa. Paco Herrera dejó un «legado» tras paso por el Estadio José Zorrilla pero, ahora, éste no vale. Se ha empezado de cero. Los Alberto Guitián, Míchel Herrero, Sergio Marcos o Isaac Becerra ya no valen ahora.

En 2017 se ha comenzado un nuevo proyecto. Desde el inicio. Sin sustento. Se está pagando esa desventaja que, ahora, en 2018 no existirá. 2017 ha sido uno a nivel de resultados y otro, bien distinto, a nivel de oficinas. La llegada de Miguel Ángel Gómez es la mejor noticia en Valladolid desde la regreso de Óscar González en 2010. Dando confianza y creyendo en la profesionalidad del nuevo director deportivo y todo su equipo, el Real Valladolid firmará un buen año 2018. Independientemente del resultado final.

Crecerá en él y creará sobre los próximos 12 meses un nuevo Club. Un ‘XVIII Pucela’ que llegará o no a Primera pero que trabajará con sensatez y credibilidad por vivir un ascenso con todas las de la ley. Un regreso a la élite para quedarse por una udea, no para curar heridas, tapar errores y limitar el golpe económico