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Luis César multiplica las dudas con sus discursos 

Las últimas dos derrotas han hecho mucho daño al Real Valladolid pese a que su entrenador no lo ve así. Luis César sólo aprecia un dolor psicológico en sus jugadores

Puede ser por el árbitro, por el rival, por un aspecto psicológico o físico. Son muchos los factores del juego que pueden provocar una derrota pero, sin duda, todas vienen por problemas o limitaciones futbolísticas. Actualmente el Real Valladolid tiene muchos problemas de fútbol. El equipo no lee bien los encuentros, no supera los errores y no tiene esa personalidad o «competitividad» que necesita. Son errores provocados por temas físicos o psicológicos pero, sobre todo, futbolísticos. Negarlos o no verlos, que viene a ser lo mismo en el mundo del fútbol profesional, es lo que está matando muchos de los posibles análisis de Luis César Sampedro en las últimas semanas. Esquivándolos y analizando sólo los problemas psicológicos y de «tristeza» del equipo, el míster gallego multiplica las dudas que se puedan tener sobre él tras las últimas derrotas.

Luis César Sampedro, en una de sus últimas comparecencias en el Estadio José Zorrilla <em><strong>(RealValladolid.es)</strong></em>

Luis César Sampedro, en una de sus últimas comparecencias en el Estadio José Zorrilla (RealValladolid.es)

Avisos desde Lugo
Este pasado verano, dentro de todo el análisis a la llegada de Luis César Sampedro, me sorprendieron las palabras que Borja García, de ‘Lugoslavia’, me decía sobre el ex entrenador del Club Deportivo Lugo. Me dejó temblando parte de la visión que tenía del gallego. ¿Por qué dejó un sabor “agridulce” si firmó la mejor temporada de la historia del Club?, era mi pregunta. “Se le criticaba por tener el mismo discurso en las ruedas de prensa y por la falta de reacción en los partidos debido, en gran parte, a que los cambios eran siempre los mismos”, aseguró. Esta última situación llamaba mucho la atención del espectador gallego “sabiendo que es un estudioso del fútbol”, como le denominó Borja en verano y como, posiblemente, se denomine el propio Luis César.

En aquel momento me llamó la atención. Ahora, la entiendo a la perfección. Es gran parte del camino que está teniendo Luis César esta temporada y, sobre todo, en las últimas semanas; su peor momento. Sus análisis de las derrotas no suelen llevar un contenido futbolístico. No existe esa dosis necesaria de autocrítica. “Tenemos que salir de esta espiral negativa”, aseguraba el propio míster en Albacete tras perder (2-1) ante el equipo manchego. El cómo no aparecía. “Ganando un partido” parece ser la receta, pero nada más. No hay un contenido, más allá del psicológico, que pueda explicar cómo se puede llegar a ella.

Sólo buenas palabras
“Necesitamos un partido para convertirnos en mejores y para que todos creamos en nuestro equipo”. Así resumía Luis César el último partido y el futuro a corto plazo del equipo. La necesidad es imperiosa, nadie lo duda, pero la necesidad de mejoras parece inexistente. ¿Por qué el equipo no supo encerrar al rival en su área en los últimos minutos? ¿Cómo es posible que el Albacete Balompié supiera llevar sus ideas mejor en el segundo tiempo que el Real Valladolid? ¿Por qué la mejora fue tan pequeña con los cambios?

La lectura no fue buena. Fue simple. Algo mejor fue la de la derrota (2-3) ante el Club Deportivo Numancia. En esa ocasión, Luis César señaló un problema. “Hemos estado mal en los saques de esquina”, aseguró. Detectó un mal y se centró en él para justificar la derrota. Hubo muchos más pero, al menos, en esta ocasión, sí se supo detectar una de las debilidades del equipo. El discurso no fue incorrecto, aunque sí incompleto.

Hubo “una serie de acontecimientos que equilibraron el partido” aseguró Luis César. Nada más. “A seguir”, afirmó. Quedaba trabajar para eliminarlos errores pero esa mejora y evolución no llegó. Ahora, la situación es diferente. “Sólo pienso en entrenar bien esta semana”. Ésta fue su petición tras la última derrota. Una justificación vacía, una exigencia que parece insuficiente y que, honestamente, no se entiende.

No se comprende la falta de autocrítica a lo vivido. Tanto que, contestando a aquella respuesta tan gallega del entrenador de “¿entiendes qué es lo que te quiero decir?”, la respuesta es no. No entiendo un análisis tan vacío. No comprendo que quiera decir tan poco para justificar su mal momento. El discurso de su presentación no es el correcto ahora. Ya sabe dónde está y qué tiene que dar. No hacerlo multiplica las dudas sobre él.