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De una ilusión no se puede crear ningún sustento 

Cádiz CF 1 – 0 Real Valladolid | La identidad pucelana sigue siendo el gran problema

Tras ganar (3-1) al Real Oviedo y romper la mala racha de cinco semanas sin ganar, el Real Valladolid viajaba hasta el Estadio Ramón de Carranza con la motivación de seguir sumando pero sin la tensión de tener que ganar. Esa etapa de ansiedad ya se había superado. Gracias a ello, se podría ver a un equipo liberado. Sin estrés, los blanquivioleta podrían mostrar sus verdades condiciones y una versión evolutiva de sus objetivos. Las intenciones fueron unas pero la realidad otra bien distinta. El equipo vallisoletano caía ante el conjunto gaditano por un problema de identidad. De exceso de personalidad. El Real Valladolid se encuentra en un momento en el que su estilo le es perjudicial. De la misma forma que Paco Herrera quiso imponer, contra viento y marea, el rombo la pasada temporada, Luis César Sampedro lo está intentando este año con sus ideas. De su ilusión, Herrera no vivió hasta claudicar y, ahora, Sampedro no consigue crecer como quiere.

Deivid Rodríguez, Javi Moyano y Kiko Olivas, ante Salvi en el duelo del Ramón de Carranza <em><strong>(LaLiga)</strong></em>

Deivid Rodríguez, Javi Moyano y Kiko Olivas, ante Salvi en el duelo del Ramón de Carranza (LaLiga)

La remontada al Liverpool
Qué bonita fue la remontada del Sevilla FC al Liverpool en la última jornada de la Champions League. El rescate de un importante punto pero con pocas lecturas futbolísticas. Fue más una cuestión e ilusión y personalidad que una remontada por fútbol e ideas de juego. Esa segunda parte no debe valer al equipo hispalense para crear un sustento de cara al futuro. Es una ilusión y de ellas no se puede vivir. Las ilusiones empujan al trabajo y motivan al vestuario pero no pueden ser un sustento. Se rompen con facilidad.

De la misma forma que el sustento que busca el equipo andaluz no puede ser el de la remontadas, como ha hecho dos veces en una semana, por muy bonito que pueda quedar, el Real Valladolid no puede hacer de los espacios a su espalda su estilo. El Real Valladolid es un equipo que se abre con cierta facilidad. Está en su identidad. Tiene una versión muy ofensiva que, ciertamente, está costando más problemas que alegrías. Los de Luis César Sampedro se ilusionan por tener más versión ofensiva que el rival y que ésta sea suficiente, pero no. En el fútbol las ilusiones son débiles y jamás pueden ser el sustento para un equipo profesional.

Con todo, el Real Valladolid se rompe. Ese ‘sustento’ ofensivo aguantó unas pocas semanas pero, ahora, sin evolución y con los problemas acrecentados y definidos, los pucelanos no son fiables. Ni para la victoria ni para la derrota. Todo parece depender más del acierto rival en encontrar los puntos débiles del entramado pucelano y hacerse fuerte sobre ellos. La capacidad de reacción blanquivioleta es cuestionable.

Derrota muy dolorsa
La ilusión puede mover a un equipo durante un tiempo determinado. Un espacio muy breve que siempre se termina acabando. Una ilusión es una motivación que sólo dura un tiempo prudencial y al Real Valladolid se le ha terminado. Tal cual está diseñado el equipo es difícil poder vislumbrar un cambio y si una claudicación. Parece que todo está marcado para ver a un Real Valladolid inestable. Capaz de la mejor y de lo peor pero muy lejano a poder encontrar una regularidad en la que sostenerse.

Si en Segunda división la regularidad y la seguridad defensiva son vitales para estar cerca de los objetivos, como así es, el Real Valladolid está muy lejos de todo. Las condiciones y rasgos positivos del equipo, que obviamente existen, se pierden al ver a un conjunto débil en la confección de los partidos y roto a la hora de reaccionar. En Cádiz no ocurrió nada extraño ni inesperado. Todo fluyó pro el camino esperado y, quizás, es esto lo que más duele. La derrota llegó por los cauces que se podían esperar. Ahora y hace un mes.