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El Real Valladolid comienza a ser el rival pucelano 

Sporting de Gijón 1 – 1 Real Valladolid | El Pucela suma ante sus mismos errores

El Real Valladolid se marchaba de El Molinón con la sensación de que se le había escapado la oportunidad de sumar tres puntos importantes. El equipo de Luis César Sampedro había terminado siendo muy superior al de Paco Herrera pero las ocasiones no tenían su premio, de igual forma que, en los primeros 45 minutos y fases del segundo acto, Jordi Masip tuvo que sostener al Pucela. En esos momentos los que no acertaban eran los asturianos. El portero catalán tuvo que equilibrar a los blanquivioleta ante la muestra de que los propios  problemas están comenzando a devorar al equipo. Ahora los pucelanos compiten ante el rival pero, también, ante ellos mismos. Los “errores” que se han convertido en “problemas” son ya el mayor peligro de un Real Valladolid que, defensivamente, pierde enteros y cualidades cada jornada que pasa.

· La crónica, realizada para ElDesmarque Valladolid | “Con la miel en los labios” ·

Ibán Salvador pelea por un balón en la primera parte del duelo disputado ante el Sporting de Gijón <em><strong>(LaLiga)</strong></em>

Ibán Salvador pelea por un balón en la primera parte del duelo disputado ante el Sporting de Gijón (LaLiga)

Lo negativo de la personalidad
El Real Valladolid tiene identidad. Es imposible negarlo y más tras ver en el Sporting de Gijón una gran definición de lo que era el Pucela de la temporada pasada. El proyecto rojiblanco de Paco Herrera tiene mucho que ver con lo que era el Real Valladolid la pasada temporada. Querer pero no atreverse, así se podría definir la temporada pasada y, actualmente, al equipo rojiblanco. Herrera quiere mandar pero, a la hora de la verdad, no se atreve. Busca ser protagonista pero, en el partido, cierra filas. Tiene una idea pero no la ejecuta. No se atreve.

Analizando al rival, el Real Valladolid tiene personalidad pero ésta no siempre es positiva. En lo que al partido de El Molinón se refiere se demostraba, en los primeros 45 minutos, que el Pucela tiene detalles dentro de esa identidad que le hacen daño. Le minan mucho más de lo que le apoyan. Es la parte negativa de una personalidad innegable. Esa doble versión de los pucelanos hace que los blanquivioleta peleen contra ellos mismos en muchas fases de sus partidos. El tanto del Sporting llegaba por esa identidad pucelana. El equipo abierto, no sabe defender una transición local. El Sporting corre y no se le frena. Dicho y hecho; gol en contra.

Con el tanto, el Real Valladolid respondió. No se cerró ni se acobardó. Adelantó líneas. Quería darle la vuelta. No tendría grandes ocasiones, no encontraría el camino pero tendría el balón, la sensación de peligro y el dominio. El partido estaba más del lado pucelano que del asturiano pero sin saber cerrar y mostrando, nuevamente, sus problemas defensivos, el Real Valladolid pudo llegar al descanso con un marcador más negativo.

El descanso era positivo para ambos. Uno, el blanquivioleta, estaba en el camino que quiere mientras que el otro, el local, entendía que las ocasiones eran suyas. El peligro era local y el dominio, visitante. Parecía una lectura positiva para ambos equipos pero la respuesta del segundo acto marcaría la realidad, positiva para el Pucela.

Lo positivo de la personalidad
Arrancaba el segundo acto y se comenzaba a ver a un Real Valladolid diferente. Con más frescura en los últimos metros. El último cuarto era atacado con más fuerza. Las luces ya no se apagaban a la hora de la verdad. Los de Luis César Sampedro dieron un plus para comenzar a ver a Diego Mariño en acción. El ex del Pucela había estado desaparecido en los primeros 45 minutos. En tensión pero sin actuación.

Poco a poco se le comenzaba a ver más. Participaciones indirectas pero todo en el preludio de lo que sería la actuación del gran protagonista del partido, junto a Jordi Masip. En el duelo de porteros ambos fueron protagonistas pero el gallego tuvo más peso al realizar un número mayor de paradas. Una de ellas no pudo ejecutarla y Luismi Sánchez firmaba el empate. Era una igualada merecida por la destacable evolución de un Real Valladolid que, en los segundos 45 minutos, supo obtener rédito de la personalidad que tiene marcada.

La presión elevada, los constantes movimientos ofensivos y el poder de la estrategia dieron un punto y un plus de motivación a un equipo que suma pero que potencia los miedos que le hacen ver que tiene en él mismo a su peor enemigo. La personalidad y la identidad de los de Luis César Sampedro pueden llegar a ser el peor sustento de un equipo con demasiados altibajos para la personalidad que posee.


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