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¿Es posible equilibrar un equipo con rotaciones? 

Luis César Sampedro utilizó 17 jugadores en los últimos tres partidos. ¿Rotaciones?

Uno de las mayores decepciones que dejó el paso de Paco Herrera por el Estadio José Zorrilla fue el poco uso que hizo de su plantilla. El entrenador pacense, que elogiaba constantemente el nivel de sus jugadores, se centró sólo en unos pocos en el tramo decisivo de la temporada. La sensación esta temporada era, en un inicio, diferente. “Era” porque, salvo por la Copa del Rey, Luis César Sampedro no está dando mucho uso a la profundidad de la plantilla que posee. En una semana de mucha carga y con un viaje muy largo, el Real Valladolid apenas ha utilizado 17 jugadores. De todos ellos, seis disputaban los 270 minutos íntegros, cinco superaban los 180 para que el resto no llegaran ni a los 70 minutos. Escalafones muy definidos y muy diferenciados en un claro ejemplo de la poca rotación que existe en el vestuario pucelano.

Luis César Sampedro, en la rueda de prensa tras la victoria (4-0) a la Agrupación Deportiva Alcorcón <em><strong>(RealValladolid.es)</strong></em>

Luis César Sampedro, en la rueda de prensa tras la victoria (4-0) a la Agrupación Deportiva Alcorcón (RealValladolid.es)

De Sampedro a Berizzo
La llegada de Eduardo Berizzo al Sevilla FC y la de Luis César Sampedro al Real Valladolid tienen una firma idéntica. Miguel Ángel Gómez tuvo mucho peso en ambos movimientos. Antes de salir del Estadio Sánchez Pizjuán participó de la contratación del entrenador argentino para, luego, llegar al Estadio José Zorrilla y abordar la llegada del entrenador gallego. Ahora, un entrenador y otro demuestran estilos muy diferentes a la hora de gestionar al equipo y, sobre todo, en el momento de equilibrar a sus jugadores. Si bien el equipo hispalense, dentro de sus objetivos, está marcado por las rotaciones; en el Real Valladolid no parecen existir.

Si Eduardo Berizzo debe responder ante las críticas por las rotaciones y debe salir el director deportivo del club para asegurar que la actuación es la “correcta”, en el Real Valladolid no existe este debate porque el actual cuerpo técnico no ha variado un ápice de su programación en una exigente semana como la vivida.

Con tres duelos en apenas siete días, el Real Valladolid estaba señalado para dar entrada a jugadores con menos protagonismo, pero nada más lejos de la realidad. Luis César Sampedro ha confiado esta semana en 17 jugadores. Entre ellos se han repartido, de forma muy desigual, el pastel de los 270 minutos. Con aportaciones completas y otras muy elevadas, las migajas han sido para siete jugadores, que no han superado en ningún caso los 70 minutos de juego. De igual forma, de esos 17, sólo 14 han formado desde la titularidad.

Son datos que hablan de un grupo cerrado, un sector del equipo que coincide con exactitud con aquel que suma más minutos en la temporada. Nombres como Antoñito Regal, Borja Fernández, Deivid Rodríguez o Jaime Mata se han hecho fuertes en el once titular, dejando en duda a muchos jugadores y cuestionando cómo debe gestionar el entrenador las rotaciones. La importancia de equilibrar las rotaciones y el reparto de minutos y cargas es vital. Tan elevadas como Berizzo puede ser un problema para el crecimiento. Tan inexistentes como con Luis César Sampedro, un riesgo para la evolución del vestuario.

Errores muy recientes
El mayor problema que existe ante un equipo sin rotación es la amplia ruptura que se produce entre dos jugadores del mismo puesto. Teniendo doblada cualquier posición de su vestuario, Sampedro ya ha elegido a sus ‘guerreros’. Antoñito está muy por delante de Javi Moyano, Borja de Sergio Marcos, Mata de Asier Villalibre o Deivid de Alberto Guitián.

Con tal desequilibrio de minutos, la sensación es de una distancia incalculable entre esos jugadores, cuando, realmente, ni es ni debe ser tan elevada. Las diferencias en este Real Valladolid son mínimas y con una plantilla tan amplia como la que posee Luis César Sampedro, las rotaciones parecen ser obligadas. Están exigidas para mantener la competitividad en el equipo y evitar los desniveles de rendimiento y crecimiento que tanto marcaron al Real Valladolid la temporada pasada. No existió rotación, no hubo equilibrio y, por lo tanto, no existió resultado ni participación de esa segunda línea del vestuario blanquivioleta.

Pese a su necesidad, el equilibrio que se busca en las rotaciones es vital. Aún en periodo de formación y estabilización del estilo de juego y de la identidad, repartir los minutos entre los  jugadores resulta tan complicado y exigido como necesario. Es destacacle porque el éxito de las plantillas ofrece resultados a largo plazo y porque los errores del pasado demuestran que crear distancias insalvables entre los jugadores de un mis puesto es un error que se termina pagando. ¡Que se lo pregunten al vestuario de Paco Herrera!


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