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El Real Valladolid basa esta ilusión en el ataque 

La esperanza blanquivioleta está más viva que nunca por el bagaje ofensivo

El Real Valladolid llega a las cuatro últimas jornadas con todas las opciones de meterse en el play-off. Tras una temporada llena de altibajos e irregularidad, el Pucela ha aprovechado los tropiezos de sus rivales en esta última fase de la temporada y, tras la victoria (2-1) ante el Real Club Deportivo Mallorca, depende de sus partidos para entrar en la ansiada y soñada fase de ascenso y luchar por llegar a Primera división.

Los jugadores del Real Valladolid celebran el segundo gol de Raúl de Tomás ante e RCD Mallorca <em><strong>(RealValladolid.es)</strong></em>

Los jugadores del Real Valladolid celebran el segundo gol de Raúl de Tomás ante e RCD Mallorca (RealValladolid.es)

Desde los tres atacantes
A principio de temporada, el equipo de Paco Herrera iba a basarse en el centro del campo. Este Real Valladolid estaba siendo diseñado para ser un equipo de centrocampistas. A mitad de temporada, el famoso rombo se convirtió en el mayor punto de debate y el sistema defensivo se convirtió en la única fortaleza donde agarrarse. Con el paso de las jornadas este punto también se volvió en contra del Real Valladolid, focalizado en la goleada (6-2) en el Estadio Sánchez Pizjuán contra el Sevilla Atlético. Por ello han sido los hombres de ataque los que han devuelto la ilusión y mantienen la actual esperanza por disputar el play-off de ascenso.

La tripleta formada por Raúl de Tomás, Jose Arnáiz y Cristian Espinoza ha resucitado el equipo a través de su coordinación, la ocupación de los espacios y sobre todo, la pegada de los dos primeros. Paco Herrera por fin confió en Raúl de Tomás, como pedíamos en estas líneas, y el delantero madrileño se ha convertido en la referencia del equipo. Cada vez que saltaba al terreno de juego el ariete blanquivioleta mostraba su potencial. Conseguía ordenar el ataque, aguantaba la pelota, distribuía y llegaba al remate. El ‘9’ que pedía el equipo.

Sin llegar a la disputa del 50% de los minutos ligueros, el madrileño lleva 13 goles, a los que hay que sumar un tanto copero, y es el máximo goleador del equipo. Si el entrenador extremeño se quejaba a principio de año de que le faltaba un delantero de 20 goles, el tiempo ha demostrado que lo tenía en casa pero que no lo valoraba como tal.

Destacado cambio de sistema
Antes del cambio de situación del ’47’, la llegada de Cristian Espinoza convenció a Paco Herrera para jugar con un sistema más tradicional. Sin hablar de casualidad, la racha del equipo ha coincidido con este cambio. Pese a que el argentino no ha alcanzado todavía su mejor nivel y físicamente no está al máximo, su competitividad y su inteligencia táctica han dado el equilibrio y el plus que faltaba. Además, José Arnáiz, partiendo desde el costado diestro, está siendo un dolor de cabeza para las defensas. No es un extremo al uso pero es la demarcación donde el de Talavera de la Reina mejor se desenvuelve.

Valorando todas las piezas, los laterales no se quedan atrás. Antes llegaban muy justos tras ocupar la totalidad de la banda al actuar como carrileros. Con el cambio de sistema, y fuera de un perfil alejado de sus características, se encuentran más cómodos y lo han conseguido mejorando el nivel, el equilibrio y los resultados. Desde un cambio de sistema ha variado el rendimiento. «Sinergias», que diría Vicente del Bosque.

Problemas por resolver
Pese a las evoluciones y los resultados, este Pucela no es perfecto. Ni mucho menos. Las jugadas a balón parado siguen siendo un dolor de cabeza. Si bien a nivel defensivo el equipo ha mejorado, sobre todo con la entrada en el once de Igor Lichnovsky junto a Álex Pérez, en ataque los de Paco Herrera son incapaces de generar peligro. En el fútbol actual estas jugadas son vitales. En Segunda aún más y el Real Valladolid no sólo no consigue ser eficaz sino que, ni siquiera, crea un peligro real.

Junto a este punto a mejorar el otro gran problema es el estado en el que llegan los centrocampistas, destacando a Míchel Herrero. El valenciano llega al final de temporada fundido tras haber sido el mejor durante meses. Recuperarle debe ser vital para este tramo final. Recolocar a Joan Jordán más cerca de André Leão también ha sido un acierto del míster para facilitar la destrucción y disimular el cansancio acumulado. Positivas son las últimas apariciones de Sergio Marcos o incluso Álex López que, ante la acumulación de minutos, podrían ser una alternativa para dar más empaque a la supuesta zona más importante cuando se diseñaba este proyecto.

En definitiva, este Real Valladolid nos ha vuelto a ilusionar. Otra vez. Los aficionados vivimos de ellas y a pesar de una temporada llena de altibajos, no es menos cierto que este nuevo Real Valladolid, más competitivo y contundente, tiene todas las opciones de meterse en la promoción y luchar por el ascenso hasta el último segundo.